Sé que es una historia extraña la que les voy a contar, pero espero que se queden conmigo a averiguar el final…
Verán, desde que entendí lo que es una marca de alma gemela siempre soñé con despertar una mañana y encontrar una marca en alguna zona de mi cuerpo. Desde muy temprana edad entendí que esa sensación extraña en mi pecho era el vacío que tenía por la falta de mi otra mitad. Cuando cumplí seis años, mamá me explicó que estas marcas aparecen entre los 6 y los 14 años, asegurando que máximo haya ocho años de diferencia física entre las dos mitades, pero también me dijo que si no aparecía no es por que hubiera algo malo en mí, sólo que mi alma gemela había decidido no venir al mundo en esta vida.
Durante ocho años cada mañana me desperté a revisar cada rincón de mi cuerpo de manera meticulosa y cada mañana me llevaba la misma decepción. Sin embargo, el día de mi cumpleaños número 15 fue el más triste. Ese día supe que no encontraría a mi alma gemela en esta ocasión, no era mi destino en esta vida, quizá en la próxima tendría más suerte.
"Tranquila, Clarke" me dijo Octavia, una de mis dos mejores amigas desde que podía recordar. "Tus mamás tampoco tienen marcas y son felices, seguro encontrarás a alguien que te haga feliz."
Sí, mis madres no tenían marcas de alma gemela, pero tenían un lazo. Una de ellas es Alfa y la otra es Omega. Mami portaba con orgullo en su cuello la marca de la mordida de mamá y yo dominaba que eran la pareja más feliz que conociera. Estaba consciente que existe la posibilidad de que algún día forme ese lazo con alguien, aún faltaba ver si yo me manifestaré como Alfa u Omega pero eventualmente sucederá. Es imposible que termine siendo Beta, sería demasiada mala suerte. No es que ser Beta sea malo, pero en lo más profundo de mi ser, siempre he necesitado de esa conexión especial.
"Y si no es así, nos tienes a nosotras, somos los tres mosqueteros ¿Qué no?" dijo Raven con una de sus sonrisas características.
"Ya sé que las tengo a ustedes, pero realmente tenía la esperanza de que algún día aparecería esa estúpida marca." Me sentía irritada, decepcionada y dolida.
"Vale ya relájate, por más que te alteres no lograrás que suceda. Lo único que vas a lograr es que te dé un dolor de cabeza y tendré que golpearte con las almohadas."
"Raven, ¿qué te hace pensar que golpear a alguien es un buen remedio para el dolor de cabeza?" Octavia preguntó rodando los ojos.
"Sé que no lo es, pero al menos así le dolerá con provecho" dijo Raven encogiéndose de hombros a lo que sólo respondí con un resoplido de molestia. "En fin, ya es tarde y debo irme a casa ¿Vienes, Octavia?"
"Quédate…" le dije a Octavia con mirada suplicante.
Las habría invitado a ambas si no supiera bien que los padres de Raven nunca la dejan dormir en casas ajenas. Ni siquiera porque su familia y la mía se conocen desde hace más de diez años. Octavia, sin embargo, prácticamente vivía en mi casa.
Su madre trabajaba turnos dobles en una cafetería para mantener la casa y su hermano mayor, Bellamy, era un bueno para nada que pasaba la mitad de su tiempo anudando a cualquiera que se dejara y la otra mitad emborrachándose en la sala de su casa con sus amigos, otros Alfas buenos para nada. Octavia, habiéndose manifestado como Omega el año anterior, ciertamente se sentía más segura en mi casa y mis madres no tenían ninguna objeción a sus prolongadas estadías; para ellas era como si tuvieran una hija más y para mí era perfecto no tener que crecer como hija única.
"Me quedaré con esta zopenca" dijo Octavia rodando los ojos. Fingiendo molestia por tener que quedarse, yo sé de sobra que le fascina estar en mi casa por lo que no me sentí ofendida.
"Vale. Nos vemos después, niñas" se despidió Raven de ambas y salió de mi habitación.
"Y bien, ¿algo especial que quieras hacer para finalizar tu cumpleaños?" Octavia se levantó para buscar un pijama, de tanto tiempo que pasaba en mi casa prácticamente la tercera parte de su clóset estaba revuelto entre mi ropa.
"Nah…" le contesté sin ánimo. Había adoptado una postura como de estrella de mar completamente desparramada sobre la cama. Octavia me dio un golpe en el estómago con una de las almohadas que me hizo abrir los ojos de golpe.
"Ya deja de estar haciendo drama, te aseguro que no es el fin del mundo. Quiero decir que sólo tienes 15 años, Clarke." Me empujó un poco para poder sentarse en la cama y empezó a acariciar mi cabello ausentemente. "Aún queda mucha vida por delante ¿no crees? Aún hay tiempo de sobra para que conozcas gente y experimentes nuevas cosas." Hubo una pequeña pausa. "Te propongo que salgamos a ver las estrellas un rato."
Sonreí complacida y me levanté de la cama. Tomé una manta y salí por la ventana de mi habitación para extenderla sobre el tejado. Octavia me siguió y pronto estábamos acostadas viendo a las estrellas. Mi cabeza estaba sobre su estómago, por lo que nuestros cuerpos formaban una especie de T. Una de sus manos se movía sobre mi cráneo acariciando únicamente con la punta de sus uñas. Una vez más me estaba explicando sobre las constelaciones, pero yo no le estaba poniendo atención.
"¿Por qué no puedes ser tú mi alma gemela?" pregunté de repente. Su mano se detuvo en seco y pude notar su nerviosismo.
No es que estuviera enamorada de Octavia ni nada por el estilo, pero ella es la persona que más me conoce y en cuestión de segundos puede levantar mi ánimo sin importar lo mal que me sienta. El silencio duró unos segundos más y sentí la necesidad de romper la seriedad del momento con una broma, sin embargo, la mano de Octavia volvió a moverse tranquila en mi cráneo.
"Por que así no funciona, genio"
Ambas nos reímos y continuamos viendo las estrellas sin decir nada más.
Algunas semanas después de mi cumpleaños, Octavia y yo estábamos viendo una película de terror con un bowl de palomitas en medio de las dos cuando mamá entró a la habitación y casi nos hace morir del susto. Ambas brincamos de la cama tirando el bowl con lo que quedaba de las palomitas. Mamá dio un resoplido exasperado y rodó los ojos.
"Niñas, ya va a ser hora de cenar. Recojan su tiradero y bajen a ayudar con la mesa." Se giró para salir de la habitación y sin voltear a vernos agregó, "y por favor abran una ventana. La habitación huele muy mal."
Antes de que yo pudiera reclamar a su comentario, mamá había cerrado la puerta tras ella.
"Lo siento" dijo Octavia.
"Obvio no se refiere a tus feromonas, tonta" le dije lanzándole una palomita a la cara y empezando a recoger el reguero de palomitas que había por la cama y el suelo.
"¿Cómo lo sabes?"
"Por que mamá es Alfa. No hay manera de que le parezca desagradable tu aroma. Digo, no es como que va a brincar sobre ti como una posesa en celo, pero es biológicamente imposible que sienta desagrado por el olor de una Omega. Cosa muy distinta sería si fueras Alfa."
Desde que se manifestó como Omega, Octavia tenía muchas inseguridades. Principalmente de su aroma. En la escuela no parecía atraerle a ninguno de nuestros compañeros Alfa y eso le daba demasiados dolores de cabeza. En alguna ocasión me confesó que tenía miedo de nunca encontrar a su pareja, peor aún porque ella tampoco tenía una marca de almas gemelas. En varias ocasiones he intentado convencerla para que no se preocupe por esas cosas, le he dicho que es muy joven para pensar en aparearse y unirse eternamente a alguien.
Lo sé, irónico si tomamos en cuenta que yo constantemente estaba esperando que apareciera mi marca de alma gemela. Pero vamos, que si lo ves desde mi punto de vista tiene sentido. La marca de alma gemela no es una unión sexual. Hay casos de almas gemelas en que cada uno tiene su pareja sexual pero su alma está unida de una manera más profunda. Tu alma gemela se convierte en cualquier cosa que necesites: un mejor amigo, un protector, un amante, un compañero incondicional en cada una de las etapas de tu vida. El vínculo no inicia por una atracción física, si no por la necesidad de complementar a la otra persona. Encontrar a tu alma gemela te permite ver el mundo a color y eso es lo que yo tanto anhelaba. Así que bueno, vaya par de amigas. Una sufría por la falta de una marca y la otra sufría por falta de un Alfa.
Raven solía burlarse constantemente de nosotras. Era más que claro que Raven sería Beta y no tenía marca de alma gemela pero tampoco la necesitaba. Su fisiología como Beta le otorgaba ese privilegio porque no tenía que sufrir con ningún anhelo como el mío o el de Octavia. Raven no percibía las feromonas que los Alfas u Omegas despiden por lo que no podían afectarla y tampoco tenía discromatopsia (incapacidad de ver colores). A veces la envidiaba, creo que es mucho más fácil que la nuestra.
La cena transcurrió sin mayor relevancia. Mamá y mami nos interrogaron como siempre sobre la escuela, si nos iba bien en las materias, si nuestros compañeros eran buenas personas, etc. Pero nada fuera de lo normal. La verdad es que tenía la mejor familia que podría desear.
Tras la cena, Octavia y yo recogimos la mesa y lavamos los platos. Mientras mis mamás se arreglaban para salir. Cada cierto número de meses mis madres se iban po días. Ellas suelen explicar que es para mantener la chispa en su relación. Soy lo suficientemente grande como para saber que en realidad se trata del celo de mami, sin embargo, como no tenía intensiones de pasar por esa penosa conversación con ellas; prefería seguir fingiendo que eran simples viajes de pareja.
"Clarke, por favor compórtense como sé que saben hacerlo. No quiero regresar y que haya ninguna sorpresa" me dijo mami con tono serio mientras le ayudaba a buscar su abrigo y su bolso.
"Te lo prometo, mami" le dije con una sonrisa sincera.
Mami me dio un abrazo de lado y me dio un beso en la frente. Mamá también se despidió con un beso no sin antes advertirme que si se me ocurría hacer alguna cosa que ella no haría estaría en serios problemas. Antes de marcharse, ambas le dieron un abrazo a Octavia y salieron de la casa.
"¡Fiesta!" gritó Octavia cuando escuchó que el auto salía de la cochera de la casa y yo solté una carcajada.
"Estás loca" le dije rodando los ojos de manera exagerada.
"Qué aburrida, Griffin. Si fuera tú, haría una fiesta en mi casa cada que mis madres salieran a romancear. O sea, ellas salen a divertirse como adolescentes ¿pero tú y yo nos debemos quedar aquí a esperarlas como viejitas?"
"No importa lo que digas, jamás me vas a convencer para hacer una fiesta. Mamá me mataría sólo por siquiera pensarlo."
"Vale, abuela ¿entonces que haremos en los siguientes días?" me dijo con voz aburrida.
"Dije que no haría una fiesta en casa, nunca dije nada sobre ir a la fiesta de alguien más" le dije con una mirada sugerente. Octavia me miró con los ojos abiertos como platos.
"¿Iremos a una fiesta?"
"Sí, así que corre a ponerte algo bonito porque iremos a una fiesta de los de último año."
Una hora después estábamos llegando a la dirección de la casa donde era la fiesta. Era nuestra primera fiesta con chicos del último año y claramente estamos muy emocionadas. La verdad no sabíamos qué esperar. Pero cuando llegamos fue como entrar en una de las películas que tanto nos gustaba ver. Había música a todo volumen, grupitos de gente bailando por aquí y por allá. En la cocina, estaban las estrellas de americano compitiendo para ver quién podía beber más cerveza. En el jardín estaba otro grupo jugando beerpong y a decir verdad la mayoría ya se veían bastante pasados de copas pero no importaba. Esa sería una de las mejores noches de nuestra vida.
Nos encontramos con otras amigas del colegio quienes nos ofrecieron de tomar lo que ellas estaban bebiendo. No tengo idea de qué era, tenía un sabor dulce, pero a la vez era fuerte. Me estaba divirtiendo de sobre manera, aunque también extrañaba a Raven, pero sus padres eran demasiado estrictos, de ninguna manera la dejaban estar fuera de casa después de las nueve de la noche y como no la dejaban dormir en otras casas tampoco podíamos usar esa escusa para lograr que viniera con nosotras. Octavia notó mi falta de ánimo.
"Deja de preocuparte por Raven. Vamos a divertirnos." susurró en mi oído como si pudiera leer mis pensamientos.
Tomé su mano y nos dirigimos hacia donde estaba la mayoría bailando. Entre tragos, baile y risas ésta estaba siendo la mejor noche de todas. En algún punto de la noche un chico, que sólo conocía de vista en los pasillos de la escuela, se acercó a bailar conmigo. Era un poco más alto que yo, castaño, delgado, no era tan bien parecido, pero tampoco estaba feo y bailaba muy bien. La música cambió de ritmo, empezaba a sonar una canción lenta y creí que este chico me pediría que paráramos, pero para mi sorpresa me tomó de la cintura y me pegó hacia él para seguir bailando.
Un escalofrío recorrió mi espalda cuando su cuello quedó tan cerca de mi nariz. El chico debía ser una Omega porque no tenía olor ni actitud de Alfa. Tenía un aroma muy peculiar que provocó algo extraño en mi cuerpo. El problema es que mi cuerpo no podía decidir si era una sensación placentera o todo lo contrario. Estaba empezando a sentirme rígida, mis músculos se tensaron y mi respiración se volvió entrecortada. Me estaba sofocando, se me dificultaba respirar, volteé a mi alrededor en busca del par de ojos verdes que tanto conocía y como si se tratará de magia, Octavia estaba a mi lado en cuestión de segundos.
"¡¿Qué te pasa?!" gritó el castaño un tanto molesto cuando Octavia lo empujó con fuerza para apartarlo de mí.
"Aléjate. De. Ella." Octavia prácticamente le estaba mostrando los dientes y el castaño echó un paso hacia atrás.
Antes de marcharse, murmuró algo que no pude entender pero debió haber sido algo malo porque noté que Octavia se tensó ante sus palabras. Mis sentidos estaban fuera te tono en ese momento, algo en mi interior me decía que seguramente había bebido mucho más de lo que pensaba.
"Vámonos por favor" le dije a Octavia apretando el puente de mi nariz. Estaba empezando a sentir un fuerte dolor de cabeza y mis músculos no dejaban de tensarse.
En menos de treinta minutos ya estaba en mi cama perfectamente arropada con el pijama puesto. Octavia había hecho la mayor parte del trabajo, yo estaba demasiado mareada y desorientada como para si quiera concentrarme en bajar el zipper del vestido.
"¿Qué diablos has tomado?" me reclamó Octavia mientras pasaba un pad con desmaquillante sobre mi cara.
No le respondí, la sensación de malestar era demasiado fuerte como para discutir con ella. Me concentré en la sensación del pad húmedo pasando por cada centímetro de mi cara. Aún que Octavia estaba enojada conmigo, los movimientos de su mano eran completamente delicados. No tenía intenciones de lastimarme e incluso se sentía como una ligera caricia aunque su piel no tocara la mía directamente.
"Listo, ya duérmete" me ordenó Octavia cuando estuvo complacida con su trabajo en mi cara.
"Gracias" le respondí con voz somnolienta y dejé que Morfeo me recibiera con los brazos abiertos.
Un par de horas más tarde, entre mis sueños lograba percibir un aroma dulce recorriendo mis pulmones. Era algo que me parecía conocido pero a la vez me resultaba nuevo. El aroma era cada vez más fuerte, más embriagante pero era muy placentero.
"¿Clarke?"
Escuché mi nombre a lo lejos, casi como un susurro, pero no hice caso, me negaba a despertar y abrir los ojos. Temía que al abrir los ojos el aroma que me estaba consumiendo desaparecería.
"Clarke."
Esta vez fue un poco más clara la voz pero de cualquier forma me negué a prestarle atención. Todos mis sentidos estaban bloqueados excepto mi olfato. Estaba segura que había encontrado el origen de ese aroma porque cada vez era más fuerte.
"¡Clarke!"
Un grito, que reconocí como la voz de Octavia, me hizo abrir los ojos de golpe. Entonces fue consciente de lo que estaba sucediendo. El aroma era Octavia, mi nariz estaba enterrada en su cuello, justo donde se encuentra la glándula que produce las feromonas. Tenía a Octavia completamente apresada entre mis brazos. La estaba cuchareando y no sólo eso. Mi cuerpo se movía de manera involuntaria para frotarme contra ella. Quería parar pero a la vez no quería. Estaba consciente que no era normal que estuviera frotándome contra mi mejor amiga pero se sentía muy bien. Mi cuerpo estaba teniendo reacciones que antes no había experimentado. Poco a poco mi cerebro fue recorriendo cada parte de mi cuerpo, como si estuviera realizando un reconocimiento y noté algo diferente entre mis piernas. Era algo duro, que antes no estaba ahí. Solté a Octavia de golpe y me giré dándole la espalda. Me hice un ovillo en la cama, intentando abrazar mi propio cuerpo.
"Perdón, perdón, perdón…" empecé a susurrar como si fuera mi nuevo mantra.
Finalmente me había manifestado y de la manera más humillante posible. Mi primera erección había sido contra el trasero de mi mejor amiga y tenía pánico de que ella reaccionara mal. Que tal que ahora Octavia ya no se sentiría segura en mi casa, quizá ahora ya no querría pasar tanto tiempo conmigo por miedo a que yo me lanzara sobre ella. Quizá había perdido a mi mejor amiga para siempre y las lágrimas empezaron a deslizarse por mis mejillas.
"Hey, tranquila" jamás había escuchado una voz tan dulce en Octavia. Me abrazó por detrás con cuidado de no rozar tanto nuestros cuerpos y acarició mi cabeza, quitando los mechones de cabello que caían sobre mi cara. "No pasa nada, Clarke. Todo está bien. No quise asustarte, sólo necesitaba que despertaras."
"Perdóname" le volvía a decir entre sollozos. Estaba muy angustiada, no quería perder a mi mejor amiga y mi cuerpo se estaba volviendo loco en este momento. No podía controlarme. Estaba temblando y continuaba pidiéndole disculpas una y otra vez como un disco rayado.
"No tengo nada que perdonarte, no estoy enojada contigo." Dijo Octavia mientras seguía acariciando los mechones de mi cabello. "Ven…" se alejó un poco de mí y se acostó boca arriba sobre la cama. Me giré un poco para verla y repitió. "Ven, Clarke" al ver mi inseguridad me tomó de la mano para jalarme ligeramente. "Ven, huéleme…"
Me acerqué a ella con un poco de nerviosismo y lentamente llevé mi nariz a su cuello. Inhalé profundamente y mis pulmones se volvieron a llenar de su aroma. Eso me tranquilizó un poco, no había rastros de molestia en el olor de Octavia. Sólo la olía a ella y estaba casi segura que estaba despidiendo otras feromonas especiales para tranquilizarme. Permanecí allí un largo rato, con mi nariz cerca de su cuello para no perder ni un segundo de su dulce olor.
"¿Puedo…?" le pregunté después de un tiempo. Ni siquiera estaba segura de qué es lo que estaba pidiendo pero Octavia lo entendió porque me dio permiso sin pensarlo.
Empecé a acariciar uno de sus brazos, ella llevaba una blusa de manga corta para dormir por lo que podía sentir la piel de su brazo directamente bajo mi palma. Con cada roce me recorría una descarga eléctrica por todo el cuerpo y estoy segura que a Octavia le pasaba lo mismo. Después de un rato me mudé de su brazo a su cara. Noté que Octavia cerró los ojos para dejarme trazar cada una de sus facciones con la yema de mis dedos.
Cuando estuve satisfecha de que había memorizado cada una de sus facciones bajé mi mano a su estómago. Me quedé quieta, notando que Octavia se había tensado un poco pero finalmente se relajó lo que me dio valor para empezar a trazar delicados círculos en su estómago sobre su playera de dormir. Ambas suspirábamos de vez en vez. Eran sensaciones nuevas para las dos y era muy agradable. Con un poco más de valor, deslicé mi mano bajo su playera para continuar con los círculos pero esta vez podía sentir su piel. Era cálida y muy suave.
Sin estar consciente de mis movimientos, mi mano había subido sobre su estómago un poco más de la cuenta. Podía percibir la curvatura de la base de uno de sus pechos en las puntas de mis dedos. Me detuve en seco. Busqué la mirada de Octavia y ella estaba igual de petrificada que yo. No retiré mi mano pero tampoco me animaba a ir más arriba. Era un pequeño roce, las puntas de mis dedos apenas tocaban el contorno de su pecho derecho, casi imperceptible, pero era suficiente para que las descargas de energía se intensificaran. Entonces Octavia cerró los ojos y dio un ligero asentimiento de cabeza para darme permiso de proseguir.
Soltando el aliento que no sabía que estaba conteniendo, proseguí a trazar el contorno de su pecho con la yema de mi dedo índice. Sentía como la temperatura de mi cuerpo se elevaba cada vez más. La sensación entre mis piernas era insoportable. Me dolía lo rígido de mi ahora elongado clítoris pero no quería terminar con este hechizo. No estaba segura hasta dónde me dejaría llegar Octavia pero quería disfrutarlo al máximo. Quería explorarla y memorizar cada centímetro que ella me permitiera tocar.
Los ojos de Octavia se apretaron con fuerza cuando por fin me animé a tocar su pezón. Era chiquito pero estaba rígido como una roca. Pasé las yemas de mis dedos alrededor de él, siguiendo el contorno de la aureola y luego lo pellizqué ligeramente entre dos de mis dedos. Octavia soltó un tímido gemido, el tierno sonido mandó una descarga eléctrica por todo mi cuerpo que explotó en mi centro. Octavia estaba disfrutando de mis caricias y eso me hizo sentir orgullosa. Jamás había experimentado nada de esto con alguien así que era bueno saber que no lo hacía tan mal. Nos quedamos mirando un momento a los ojos, aún en la obscuridad de la habitación podía notar que las pupilas de Octavia estaban completamente dilatadas.
"Quiero verte…" le dije acariciando su otro pezón con mucha delicadeza. Estaba fascinada con su cuerpo y no sólo quería memorizarla con mis manos. Quería verla por completo. Conocer cada rincón de su cuerpo.
Octavia entendió a lo que me refería porque se alzó un poco de la cama, apoyándose en sus antebrazos para permitirme alzar su playera. Se la saqué con mucho cuidado. Quedé completamente impresionada cuando tuve sus pechos completamente desnudos frente a mí. Se me hizo agua la boca pero me controlé para no hacer algo que pudiera hacerla sentir incomoda. La observé por varios minutos antes de animarme a poner nuevamente mis manos sobre su cuerpo.
"También quiero tocarte" dijo Octavia con la voz ronca interrumpiendo mi avance, me pareció que era el tono más sexy que había escuchado en mi vida.
Di un ligero asentimiento de cabeza y Octavia tomó la base de mi playera para sacarla lentamente. Tampoco llevaba sostén bajo el pijama por lo que quedé totalmente expuesta a su mirada. El frío de la noche me hizo estremecer un poco. Octavia me observaba recostada boca arriba sobre la cama y abrió los brazos invitándome a acercarme. Gustosa me dejé abrazar por ella. La sensación de su pecho desnudo contra el mío era reconfortante. Nuevamente enterré mi nariz en su cuello para olfatearla. Podía sentir a Octavia hacer lo mismo, ella también estaba disfrutando de mi aroma.
Prácticamente estaba recostada sobre Octavia y no había nada en este mundo que me hiciera querer separarme de ella. Sus manos recorrían mi espalda y mis brazos con ligeros toques. En algunas ocasiones podía sentir las yemas de sus dedos rozar con los costados de mis pechos y era maravilloso. Mi pelvis dio un empujón involuntario contra ella cuando sentí a Octavia dar una lamida en mi cuello, justo donde está mi glándula y ella soltó otro gemido de placer.
"Necesito que me toques" dijo Octavia mientras continuaba dando lametones en mi cuello y entendí perfecto a lo que se refería.
Levanté mi rostro renuentemente porque quería seguir aspirando el aroma que desprendía de su cuello pero necesitaba verla para comprobar que lo que estaba entendiendo era lo que ella quería decir.
"Por favor" me suplicó con los ojos completamente obscuros.
Sentí un escalofrío cuando separé un poco mi pecho del calor de su cuerpo. Y pude notar que a ella también le dio frío porque sus pezones se endurecieron aún más. Observé un momento su rostro, jamás había estado tan consciente de lo hermosa que es. Me acerqué lentamente y posé mis labios sobre los de ella. No era mi primer beso pero este era muy diferente a los anteriores. No había prisa, no había ninguna lengua húmeda queriendo entrar con urgencia en mi boca, no eran los labios hoscos de ninguna persona que me hubiera besado antes en la intensidad hormonal de alguna fiesta. Era un beso tranquilo que ambas estábamos disfrutando al máximo.
Entre ligeros besos nos deshicimos poco a poco de nuestros pantalones del pijama. Acariciando con pena la piel desnuda que quedaba al descubierto de nuestras piernas. Cuando por fin estuvimos desnudas, sentí una pena enorme. En medio de mis piernas había una protuberancia que no estaba acostumbrada a ver.
"Hey…" dijo Octavia tomando mi barbilla para que la viera a los ojos. "Eres preciosa"
Me dedicó una hermosa sonrisa y volvió a abrazarme para que me recostara sobre ella. Esta vez abrió un poco sus piernas para permitir que me acomodara en medio. Nuestras partes más íntimas aún no se tocaban pero podía sentir su humedad en mi vientre. Me sorprendió y a la vez me dio orgullo saber que yo había provocado eso.
Me acomodé mejor sobre ella y en esta ocasión mi clítoris, ahora completamente erecto como un pene, rozó con los labios exteriores de su sexo. Ambas nos estremecimos al instante con la nueva sensación. Mi corazón latía a toda velocidad, estaba a punto de perder la virginidad con mi mejor amiga. Perderíamos la virginidad juntas.
Octavia empezó a mover sus caderas para buscar la fricción de nuestros cuerpos. Jamás había experimentado una sensación tan deliciosa. Era errático el ritmo de sus caderas pero estaba generando mil sensaciones en mi cuerpo. Sin darme cuenta empecé a imitarla. Pronto las dos estábamos jadeando, el ritmo de nuestras caderas se había acompasado. Mi pene se deslizaba sin dificultad entre sus labios mayores. Compartíamos besos y caricias por donde nuestras manos lograban llegar. Estaba a punto de explotar pero necesitaba algo más profundo para llegar.
"Clarke, más…" dijo Octavia con la voz entrecortada y me hizo saber que ella se sentía de la misma manera que yo. Ambas estábamos cerca del clímax pero necesitábamos algo más.
Con manos temblorosas, tomé mi pene por primera vez entre mis manos. Era una sensación extraña, totalmente nueva pero no tenía la cabeza para analizarlo. Octavia abrió más sus piernas dándome el espacio necesario para alinear mi pene con su entrada. Otro choque eléctrico recorrió mi cuerpo cuando la punta de mi pene tocó el canal. El calor del cuerpo de Octavia me llamaba. Apoyándome con mi mano, poco a poco fui entrando en Octavia. Fui a la una velocidad tortuosamente lenta, mis instintos me gritaban que entrara en ella de un solo golpe pero sabía que la lastimaría si hacía algo así. El avance fue lento pero después de algunos segundos estaba completamente dentro de ella.
Las paredes de su sexo me apretaban, el calor que sentía ahí dentro me provocaba éxtasis pero me mantuve quieta. La respiración de Octavia era acelerada y estaba enterrando sus uñas en mis hombros lo que me hizo saber que aún no estaba lista para que me moviera en su interior. Llevé mi boca a su cuello, empecé a darle besos y lametones para relajarla. Noté que surtía efecto cuando dejó de lastimarme con sus uñas y una de sus manos viajó a mi trasero para darle un apretón. Octavia estaba lista para que me moviera.
Inicié con movimientos lentos, sacando sólo la mitad de mi extensión para volver a entrar en ella. Cada embestida nos dejaba sin aliento. Pronto Octavia acompañó mis movimientos haciendo que se hicieran más profundos y un poco más rápidos. La humedad de su cuerpo cada vez aumentaba más y hacía más placenteros nuestros movimientos. Estábamos muy cerca, pero había algo más que necesitábamos para terminar y no estaba segura de qué era.
Octavia empezó a besar mi cuello, daba fuertes lamidas justo arriba de mi glándula y eso me estaba enloqueciendo. Mis movimientos se aceleraron aún más cuando Octavia tomó entre sus labios mi piel y succionó fuertemente. No estaba mordiendo y sus dientes no estaban rozando mi cuello. Su intención no era marcarme, sólo quería estimularme y vaya que lo estaba logrando. Justo en ese momento lo sentí por primera vez, el nudo que estaba empezando a formarse en la base de mi pene era más que notorio. Tenía la necesidad de empujarlo dentro de Octavia antes de que fuera más grande pero no estaba segura si podía hacerlo y me frené por un segundo.
Octavia volvió a darme un apretón en el trasero, empujándome hacia ella y ahí supe que tenía bandera verde para para hacerlo. Octavia me estaba dando permiso de meter mi nudo en lo más profundo de su ser. Mi Alfa interior se creció con orgullo al saber que sería la primera en anudar a Octavia. Sin pensarlo dos veces di otra embestida con más fuerza y sentí mi nudo ingresar en ella. Me quedé sin oxígeno por unos momentos, mi cerebro dejó de funcionar, mi cuerpo se había reducido a esa sección en la que estábamos unidas, me movía por instinto en su interior, sintiendo como tocaba cada milímetro de su canal. Octavia soltó un grito ahogado en mi hombro y la sentí contraerse alrededor de mí, complacida de haberla hecho llegar por fin me dejé ir. Dos embestidas más y llegue al primer orgasmo de mi vida.
Unos minutos después ambas estábamos recuperando el aliento. Era consciente de como estaba descargando mi semilla en su interior y eso sólo hacía que mi Alfa se sintiera más satisfecho. La abracé con fuerza moviendo de vez en vez mis caderas para otorgarnos un poco más de placer. La besé por un largo rato, sólo despegándome de su boca cuando era necesario respirar y después bajé a su cuello. Ahora olía diferente, no era tan intenso como el olor que me despertó pero seguía siendo igual de dulce. Besé su cuello, lo lamí y empecé a dar ligeros arañazos con mis dientes.
"¡Ni se te ocurra!" dijo Octavia sacándome de mi ensueño. "No vas a marcarme en tu primer celo"
Di un suspiro entendiendo perfecto a lo que se refería y me consolé succionando su glándula. Si no podía morderla, al menos dejaría una marca por algunos días.
