Antes de empezar a leer: esta historia contiene mucho DRAMA Y ANGUSTIA PSICOLOGICA, y se tocan temas como la homofobia, el rechazo, y la aceptación de genero y los problemas de identidad en menor medida. Si por algún motivo no te gustan o soportas esos temas, te recomiendo no lo leas.

Capítulo 1.

—Steve, respira—Natasha estaba a su lado dedicándole una sonrisa consoladora, intentando infundirle calma.—Estoy segura de que ese puesto será tuyo.

El semblante de Steve era serio, parecía tenerlo todo bajo control, pero en verdad estaba nervioso, y Natasha lo conocía demasiado bien como para dejarse engañar por su semblante.

El problema es que el empleo seria para quién ganara el concurso a la mejor idea propuesta, explicada y detallada; y habían demasiados participantes como para no sentirse inseguro.

La prestigiosa empresa Stark Industries iba a contratar al ganador del concurso en un puesto bastante bueno, algo increíble considerando la gran importancia de aquel lugar. Para eso, primero debía mandar una propuesta original, y si esta quedaba entre las mejores podía pasar al siguiente paso. El problema principal era que considerando la importancia de Industrias Stark, cualquiera querría trabajar allí, y solo podía ganar uno de los cientos de interesados que se presentaron. Y para rematar, el paso final era que los 10 participantes con la mejor propuesta tendrían la entrevista final con el mismísimo Anthony Stark para saber cuál sería el ganador.

Y Anthony Stark era el dueño y heredero de aquella inmensa compañía, bastante conocido por todo el mundo como el genio, millonario y playboy más grande de la historia.

Eso era suficiente para ponerse más que nervioso.

Giró su cabeza hacia el fondo del pasillo y se fijó en la secretaria tras el escritorio. Detrás de ella estaban unas enormes puertas donde se llevaría a cabo la entrevista: la oficina de Stark. La secretaria era una mujer bonita, con un largo cabello marrón amarrado en una trenza, y unos ojos muy claros enmarcados entre unas largas pestañas. Tenía un pequeño gafete que rezaba Hope Pym, y le había prestado relativamente poca atención al grupo que prestaría la entrevista con su jefe. Apenas levantaba la cabeza de vez en cuando del computador para pedir que pasara el siguiente cuando el anterior salía y se levantaba de la silla para llevar una carpeta con los datos del participante. Ni siquiera los miraba demasiado.

Steve era el último. Pasaban por orden alfabético del apellido, él era R, así que debía esperar.

Sintió a Natasha colocar una mano en su pierna para infundirle tranquilad y hasta ese momento él se dio cuenta que se estaba moviendo como si pedaleara en una máquina de coser antigua.

Un viejo habito que hacia cuando estaba nervioso.

—Intenta calmarte—repitió con semblante serio, preocupada por su amigo. — Si te ves muy nervioso darás una mala impresión.

— ¿Me veo nervioso?

—No, pero sé que lo estas.

Steve asintió sin cambiar mucho su expresión de seriedad. Bajó su cabeza para verificar por quinta vez si sus pantalones estaban lo suficientemente limpios. Volvió a levantar la vista hacia ella y le sonrió, luego vio el gafete que ella tenía donde rezaba "visitante" y pensó en la suerte que tenia de que le habían permitido a su amiga el paso hasta aquel nivel del edificio, no habría podido sentirse confiado estando solo en aquel sitio. Natasha movió la cabeza ligeramente de lado a lado, sin saber realmente como ayudar a su amigo. Desde que le habían dicho que logró pasar a la segunda fase, casi una semana atrás, había estado en un estado de estrés y nerviosismo tal, que por ocasiones llegó a pensar que se rompería en varios pedazos.

Entendía bien él por qué de los nervios del otro, tenía ya un tiempo largo queriendo conseguir un trabajo en su amada área. Las ofertas de empleo anteriores solicitaban experiencia previa, y Steve no la tenía. Así que cuando en el anuncio de Industrias Stark vio "Experiencia previa no requerida" casi se cayó de la silla por la emoción. Si bien Steve trabajaba en una librería y de vez en cuando conseguía clientes particulares para poder mantenerse, en verdad quería trabajar en algo de su área. Su sueño era algún día poder sustentarse como freelance, pero primero necesitaba haber trabajado en algún sitio, necesitaba un buen curriculum para que sus potenciales clientes confiaran en él. Es muy difícil que contraten a un freelance sin experiencia previa en alguna empresa, con lo cual pudiese respaldar su trabajo.

— ¿Cómo se ve mi cabello?—preguntó Steve, y Natasha no pudo evitar sonreír. Su amigo jamás se preocupaba por su aspecto físico, estaba verdaderamente al borde de una crisis nerviosa.

—Se ve perfecto Steve.

Quizás estaba tan nervioso en cuanto a su aspecto físico por causa de Stark. El magnate era conocido, entre muchas cosas, por su extraordinaria y fina forma de vestir, con camisas que fácilmente podían costar mucho más que la vieja moto de Steve.

—Iré a traerte un café—mencionó poniéndose de pie.

Steve giró rápidamente la cabeza hacia ella, y la miró como si fuera un extraterrestre haciendo malabares.

—No me dejes solo Nat. —pidió con voz casi cortada para que la secretaria que estaba tecleando algo en la computadora no pudiera escucharlo.

En verdad no quería quedarse solo. ¿No era patético? Se suponía que era un hombre adulto y aun así estaba más que aterrado de entrar a aquella oficina.

—Steve, no creo que toque tu turno por ahora—acomodó mejor su chaqueta antes de dar media vuelta dispuesta a buscar aquel café. — Todos los que han entrado tardan alrededor de media hora. El ultimo que entró tiene apenas unos diez minutos.

Rogers asintió sin muchas ganas y, después de pensarlo bien, concordó en que un café le caería de maravilla en esos momentos. Vio a Romanoff alejarse de él, llegar al ascensor y desaparecer tras las puertas metálicas.

Cuando ella desapareció inevitablemente se empezó a sentir más ansioso todavía. Comenzó a estrujar sus manos, sintiendo muchas ganas de que Nat llegara con el café para poder relajarse y volver a tenerla a ella a su lado.

Se sobresaltó ligeramente al escuchar abrirse las puertas que lo separaban de la oficina de Stark. No pensaba que ya sería su turno, las entrevistas eran más largas. Tragó fuerte cuando vio que salía Cristopher Paul—si mal no recordaba— con paso fuerte y furia manando de sus ojos. Parecía, incluso, que se pondría a llorar de rabia en cualquier momento.

Cuando pasó frente a Steve se detuvo un momento para verlo sentado.

—Ese hombre es un imbécil, lárgate mientras tienes oportunidad— su irritación era palpable y luego siguió su camino directo al elevador.

Eso aumentó sus nervios mil veces más, y sus ganas de ir al baño también aumentaron considerablemente.

Casi ni se fijó cuando Hope levantó el auricular del teléfono e intercambió dos palabras con su jefe.

—Rogers, Steve. — La secretaria pronunció su nombre mientras se levantaba, cargando una carpeta entre sus manos. Steve pensó que la carpeta contenía su información y se la llevaría a Stark, como había hecho con los anteriores. — Acompáñame por favor.

Sentía el taconeo de la secretaria más agudo y ensordecedor de lo que realmente era, o quizás era su propio corazón que comenzó a latir desbocado en cuanto se levantó de la silla y caminó hasta la oficina. Oficina que en sí misma era intimidante de lo inmensa e imponente que era. Stark estaba en el fondo, de espaldas a unos grandes ventanales que daban una vista completa de la ciudad. Su escritorio era de caoba con el logo de la empresa tallado en el frente. Anthony se veía verdaderamente imponente. Un fuerte olor a lavanda llenó sus fosas nasales, seguramente de algún aromatizador.

—Señor Stark, este es el último.

Hope le hizo señas para que se sentara en uno de los cómodos sillones que había frente al escritorio. Stark parecía aburrido leyendo algo desde su teléfono, y le prestó poca atención a su secretaria cuando esta le dejó la carpeta sobre su escritorio. Steve pudo notar que en el escritorio había un cenicero con un cigarrillo pobremente apagado, y entendió que el olor tan fuerte del aromatizador era para disminuir el olor a cigarrillo en la oficina.

—Al fin es el último. —Suspiró Stark sin importarle sonar grosero aunque Steve estuviera presente.

Rogers carraspeó un poco, podía estar nervioso, pero tampoco dejaría que lo tratarán igual que a un florero.

Tony levantó la vista para verle, lo reconoció de la foto que estaba anexada a su curriculum y proyecto, y sonrió al instante. Se había leído cientos de propuestas en menos de una semana, y la del rubio presente fue una de las que más le llamó su atención. Tanto, que terminó releyéndola varias veces y viendo la foto del otro sin poder evitarlo.

Además de inteligente es muy guapo, pensó Tony con una sonrisa.

—Oh, tu eres el del proyecto Marvel—terminó diciendo el millonario rompiendo el silencio, —debo decir que es un nombre ridículo, pero una propuesta muy buena.

Steve sonrió ante eso, el nombre lo había escogido Sharon y él no se había negado, aunque en verdad sonaba a algún tipo de caricatura o juego para niños pequeños.

—Entonces tú eres...

—Steve Rogers, mucho gusto en conocerlo señor Stark.

Stark volvió a sonreírle y se acomodó ligeramente en la silla. Estando tan cerca Steve se dio cuenta de que las revistas de corazones no le habían hecho verdadera justicia al millonario. Era atractivo, más de lo que cualquiera podía describir, y tenía la mirada más seductora que jamás le hubiese visto a una persona.

Esos ojos parecían querer proclamarse como los dueños del mundo.

Anthony aclaró su garganta antes de volver a hablar.

—Bien Steve, lo normal es que te haga preguntas de la propuesta, pero ya la leí, así que sería algo estúpido—dijo encogiéndose de hombros mientras giraba ligeramente en la silla, —y también me leí tu curriculum, así que sería igual de estúpido preguntarte nada sobre ti. ¿Imagino que no te molesta que me salte esas ridículas formalidades protocolares?

—En lo absoluto—respondió Steve, pero le surgió una inmensa duda ¿Qué le preguntaría si se suponía que aquello era una entrevista?

—Entonces creo que puedo ir al punto—Stark se inclinó hacia adelante, colocó los codos sobre el escritorio y juntó sus manos antes de mirar directamente al rubio—Te seré sincero, si quieres el puesto lo único que necesitas es hacerme sexo oral.

¡¿Qué dijo?! Pensó Steve, creyendo que estaba entendiendo mal.

Lógicamente debía haber escuchado mal.

—No entendí lo que dijo señor Stark—exclamó frunciendo el ceño. Quizás necesitaba limpiarse mejor los oídos.

—Que todo lo que necesitas para obtener el puesto es acercarte y chupármela, y ya está. Muy fácil ¿O no?

— ¡¿Se ha vuelto loco?! —casi gritó echándose hacia atrás en su silla.

— ¿No quieres el empleo? —El millonario lucía mortalmente serio. Casi como si no estuviesen hablando de hacer una felación en medio de una entrevista de trabajo. — Te estoy prácticamente regalando una oportunidad en un millón.

Steve apretó los puños, sintiendo que el otro se burlaba de sus capacidades.

—Claro que quiero el empleo, pero no me rebajaré a ese acto. Soy suficientemente capaz de conseguir un maldito puesto por mis méritos. — Elevaba la voz sin proponérselo y ni siquiera notó cuando dijo aquella maldición. Intentaba mantener la compostura sentado en aquella silla, pero la simple propuesta le estaba dando ganas de golpear a aquel sujeto— ¿acaso cree que me venderé por un miserable trabajo?

— ¿Venderte? ¿Miserable? Vamos Steve, es algo simple, mucha gente lo hace para subir de puesto.

—Yo, no.— Casi deletreó las palabras. —Ni por un millón de dólares lo tocaría, ni siquiera con un palo.

La cara de Tony fue de sorpresa mal contenida, pero luego en su expresión se instauró una mueca de diversión que enojó aún más a Steve.

— ¿Te doy tanto asco? —preguntó elevando las cejas.

—En este mismo instante me da la repulsión más grande del mundo. —Steve se levantó, dispuesto a irse para no tener que aguantar ver más la cara del otro.

—Qué cosas, tu a mí me pareces muy atractivo, de todas formas no es necesario la chupada. Era solo una prueba.

— ¿De qué está hablando? —Se detuvo a media caminata, girando sobre sus talones. — ¿Está loco acaso?

Stark volvió a sonreír, sintiendo ligera felicidad en haber molestado a otro.

—Siéntate por favor—Steve parecía reticente a hacerlo, pero cuando vio que el otro le esperaba para seguir hablando, obedeció a regañadientes. — Tu propuesta fue muy brillante, inclusive estuve tentado a elegirte inmediatamente sin tener que hacer toda esta tontería de los diez semifinalistas, pero Pepper... ¿sabes quién es?

—He oído de ella. —Reconoció recordando que no había revista de chismes o programa de entretenimiento que no tocara el tema Stark-Potts de vez en cuando—Es su novia y la encargada financiera de la empresa.

—Olvida lo de novia, quédate con lo de encargada. Ya la conocerás, ella es una dictadora, —dijo, y simuló tener un escalofrió recorriéndolo. —Me dijo, no, mejor dicho, me exigió que si no seguía con lo de las semifinales me cortaba los... ya sabes. Dijo algo relacionado acerca de no escogerte solo porque eres muy guapo, ella cree que solo elegí tu propuesta por tu foto.

—Mi propuesta es muy buena—respondió ligeramente ofendido—y muy bien estructurada.

—Lo sé, lo sé. Pero bueno, ella es la jefa, y debía hacerle caso. Aunque no te negaré que eres muy guapo.

—Señor Stark...

Stark levantó los brazos, clamando un son de paz.

—Nada de insinuaciones ni chupadas de por medio, a menos de que tu quieras, claro está.

— ¿Puede llegar al maldito punto de todo esto? —En menos de 10 minutos el millonario había provocado sus nervios hasta el punto de decir dos maldiciones en contra de sus principios, eso era llegar a otro nivel en la escala de ser insoportable.

Stark volvió a sonreír, encantado ante el ceño fruncido del rubio.

—Para mí, tú eras el ganador desde un principio, pero como te expliqué, Pepper me obligó a hacer las pruebas pensando que podía encontrar a alguien más capacitado que tú. Como me vi obligado a obedecerla, decidí... cambiar un poco las preguntas.

— ¿Qué fue todo esto?

—Pruebas—admitió sin nada de vergüenza.

— ¿Qué derecho tiene de hacerle este tipo de pruebas a la gente? —preguntó sin ocultar el reproche en su tono de voz. ¿Acaso Stark se creía una deidad por encima de los demás?

—Es mi empresa, y el puesto para el que compiten es más alto del que ustedes creen. Por ejemplo, ¿viste al que estaba antes de ti?

—Salió hecho una furia. —recordó Steve. —Me dijo que usted es un imbécil, y estoy empezando a creer que quizás tenga razón.

—Ouch, eso dolió. Pero él dijo eso porque aceptó chupármela por el puesto.

Steve tosió un poco por atragantarse con su saliva, tuvo la desgracia de imaginarse que antes de entrar él, aquel otro chico estaba arrodillado entre las piernas de Stark.

—Oh no, no pasó nada de lo que te imaginas—dijo entendiendo los pensamientos del otro,— ya que cuando aceptó, obviamente falló la prueba. Él se hizo el ofendido por qué falló, y salió echando humos.

Bueno, pensó Steve eso era un poco diferente.

Si el otro chico había salido enojado porque estaba dispuesto a ganarse el puesto de esa forma para que luego le dijeran que era una prueba, dejaba ver a Tony un poco mejor.

—Tú me has parecido la mejor opción desde un inicio, y ahora veo que no te dejarías tentar ni siquiera por una buena oportunidad, además de que en verdad eres guapo, es un bonus para mis ojos. Eres de mi tipo ¿sabes? Más alto que yo, fuerte, inteligente además.

—Señor Stark, —le interrumpió con voz seria, no tenía ganas de que quedaran malentendidos entre ambos— quiero aclararle que no me atraen los hombres.

— ¿Y? realmente no importa, puedo apreciar la belleza de alguien sin esperar nada a cambio.

Steve comenzó una cuenta en su mente intentando concentrarse en algo que no fuera ese halago y de esa forma no sonrojarse, fracasó. Tony sonrió y tomó el auricular del teléfono para marcar la extensión de su secretaria, cuando esta contestó, dijo algo que Steve no se esperaba.

—Hope, no es necesario esperar hasta mañana, he tomado una decisión. Steve Rogers ganó.

...

UNAS SEMANAS ANTES

—Explícame de nuevo ¿Cuándo te diste cuenta de que yo siempre tengo la razón y decidiste hacerme caso? —Pepper Potts cruzó las piernas sintiéndose victoriosa, tantas veces reclamándole a Anthony de que necesitaba quien le ayudara y por fin su amigo se daba cuenta. —Digo, es que me sorprende que Rhodey y yo te rogáramos tantas veces por lo mismo, para que de la nada tú me digas que aceptas mi propuesta.

El aludido llevó el cigarrillo a sus labios sin responderle a Pepper, sabiendo que tendría que aguantarla en su modo victoriosa durante un par de días que le resultarían bastante pesados.

Tony era un genio, eso nadie podía negarlo, pero incluso los genios más brillantes necesitaban delegar funciones de vez en cuando. Las dos funciones más importantes de la empresa eran la parte financiera y la parte creativa. Pepper cumplía con la parte financiera y las relaciones —técnicamente era la presidente—, pero ella sabía que manejar una empresa como Stark Industries no era nada fácil, y tenía su propio equipo personal: Wanda Maximoff y Harold Hogan. Ellos tres eran la parte más alta de las finanzas, y luego se apoyaban en los gerentes de cada departamento.

Anthony Stark era el principal encargado de la construcción y planificación de los proyectos y por ningún motivo quería entender que él también necesitaba ayudantes. Se la pasaba trabajando solo en las ideas que luego entregaba al departamento de calidad o producción, pero él necesitaba su propio equipo personal para no agotarse tanto. Unos meses antes había llegado hasta ellos Bruce Banner, un compañero de la universidad de Tony que, cuando se quedó sin empleo, Pepper aprovechó para hacerlo trabajar con Tony. Al principio el millonario había estado reticente a aceptarlo, le ofrecía un cargo alto en la empresa, pero no apoyaba la idea de Pepper de que delegarle parte de sus funciones. Tony quería mucho a Bruce, pero siempre decía que él era lo suficientemente capaz para tener asistentes. Pero dos meses atrás había aceptado darle más responsabilidades al científico, e incluso buscar a alguien más para ayudarle en los diseños y reducir su carga laboral.

Todo un logro que Pepper aún no creía.

—Soy un hombre inteligente mí querida Pepper, puedo cambiar de parecer. —respondió cuando ella volvió a preguntar acerca de su cambio de opinión.

— Así veo, pero tengo una duda ¿por qué un concurso? —Potts revisó de nueva cuenta el anuncio que pensaban publicar, descontenta por la forma de actuar de Anthony. — Yo puedo ayudarte a conseguir a alguien con capacidades sin tener que pasar por todo eso que planteas, te vas a aburrir de entrevistar a tantos y explotaras.

—No quiero a ningún pretencioso que venga con aires de grandeza, quiero a alguien sin experiencia.

— ¿Y eso? Es más difícil, ¿tendrás la paciencia para entrenar a alguien?

—Quiero ver algo, eso es todo. —sentenció abriendo su laptop y dando el tema por cerrado.

Pepper asintió sin estar demasiado convencida de aquello, pero no todas las batallas se podían ganar, y ya Tony estaba cediendo en lo de delegar funciones, eso era más que suficiente para ella.