Disclaimer: Quiero más a Justin yo que la Rowling. Cero pruebas y cero dudas.
"Este fic participa en el minirreto de junio para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Condición: Escribir sobre la vida de un alumno de Hogwarts de nuestra casa una vez finalizado el curso escolar.
Personaje: Justin Finch-Fletchey (ft La Siempre Divina Minerva McGonagall).
Utilicé mi participación extra.
Beta: Nea Poulain.
Terapia
—¿Hemos terminado, medimago Finch-Fletchey?
—Llámame Justin.
La adolescente de dieciséis años estaba repantingada en el cómodo sofá que Justin había transformado mágicamente. A pesar de su mirada indolente y del desprecio de la mueca de sus labios, Justin veía en sus ojos la vulnerabilidad provocada por una de las suposiciones que había lanzado para intentar hacerla reaccionar.
—¿Ha terminado ya la sesión, medimago Justin? —La chica rodó los ojos, haciendo especial hincapié en el título. Justin reprimió una sonrisa y asintió aunque todavía quedaban cinco minutos para terminar—. Genial. Me voy entonces.
—Espero que tengas buena semana, Amanda. Nos veremos el sábado que viene a la misma hora.
Si Amanda masculló alguna despedida, Justin no la oyó. Se levantó de su butaca al oír el portazo que indicaba que la chica había salido y suspiró pesadamente mientras ordenaba las notas de esa sesión en el expediente. Un toque amable en la puerta le interrumpió. Justin frunció el ceño, no esperaba a ningún paciente más y Amanda seguramente habría entrado como un vendaval.
—Adelante.
—Buenas tardes, señor Finch-Fletchey —dijo McGonagall, entrando con elegancia y sentándose con decisión.
—¿Profesora McGonagall? —preguntó Justin, anonadado al verla allí.
—Directora McGonagall, de hecho —contestó esta, esbozando una sonrisa amable para suavizar sus palabras—. Aunque espero que pueda llamarme Minerva, si no le parece mal.
—Desde luego —dijo Justin, sentándose frente a ella, totalmente desconcertado. Contuvo una carcajada histérica al darse cuenta de que se estaba comportando como un estudiante cuando estaban en su propia consulta y era Minerva quien estaba en el lado del escritorio de las visitas—. Lo siento, no recordaba que tuviera una cita con nadie a esta hora.
—Porque no la había concertado. Espero que sepa disculparme. —Justin se quedó en silencio, expectante—. Sé de varios alumnos que acuden a usted los fines de semana. —Era evidente; ella firmaba los permisos para que pudiesen ir a su consulta de Hogsmeade—. También sé el buen trabajo que está haciendo con ellos. Amanda está más centrada desde hace unas semanas, por ejemplo.
—Me alegro, direct… Minerva.
Amanda había perdido a su madre en un accidente de escoba varios meses atrás y estaba necesitando de toda la ayuda posible para gestionar sus sentimientos. Justin se alegró de que la terapia estuviese funcionando.
—Hogsmeade está realmente cerca de Hogwarts —dijo McGonagall, con aire casual.
—Por eso puse la consulta aquí —repuso Justin, intuyendo por dónde iba la profesora.
Había tenido la idea de abrir la consulta al terminar sus estudios, recordando que ni él ni ninguno de sus compañeros había tenido a quién acudir tras la guerra, dispuesto a que a la siguiente generación no le ocurriese lo mismo.
—Una idea excelente. A Hogwarts le vendría bien si tuviese ocasión de visitar el castillo un par de veces a la semana. Por supuesto, primero necesitaré conocer sus honorarios.
Justin amplió la sonrisa, feliz ante la perspectiva de volver al colegio. Si había un sitio donde podía ser útil, era en Hogwarts.
