N/A: Corregido en 08/2021. Este fic surgió por la necesidad de un Tokka adulto y por resolver la paternidad de Suyin tratando de no salirme mucho del canon, incluyendo los comics. Agradezco muchísimo vuestros reviews. A los que todavía no lo hayáis leído: espero que os guste :)
1. Bienvenido de nuevo
Aun cuando no sabía del todo qué hora podría ser, Toph notaba como empezaba a caer el sol por el frio que entraba desde la ventana. Se asomó a disfrutar de los últimos rayos mientras Lin, plácidamente acurrucada entre sus brazos, tomaba leche. Le gustaba acaríciale el pelito, que había pasado de ser una pelusilla a unos gruesos rizos. Su piel era suave, igual que la mantita que la envolvía. Toda ella enterita era suave, allí recogida en su pecho.
Aquel era un buen momento de paz. Lin tenía la boca llena, así que no podía llorar. La gente empezaba a recogerse en casa y las calles se iban silenciando, como si la luz del sol barriera la ciudad. Era agradable sentir el tibio calor de los últimos rayos. Muchas veces se quedaba cerca del sueño. El trabajo era cansado y llegaba tensa a casa. En ese tranquilo momento, su cuerpo se relajaba y se destensaban todos los músculos. Alguna vez se había quedado dormida, pero el sueño duraba poco; Lin lloraba buscando la teta o removiéndose incomoda.
En aquella ocasión, fue el teléfono el que la sacó de su calma. La pequeña se sobresaltó con su respingo y empezó a llorar. No conseguía acostumbrarse a aquel aparato… Le disgustaba que pudieran contactar tan fácilmente con ella, como si la controlaran… Le obligaban desde la jefatura de policía a que contara con uno. Si por ella fuera, lo enterraba en el jardín.
Se incorporó a regañadientes, meciendo a Lin con cuidado, y descolgó:
—Eeeh… ¿Sí? —Se sentía estúpida hablando a través del cacharro.
—¡Toph! —escuchó decir a Katara—. ¿Qué tal? ¿Estas ocupada?
—No. —Pero Lin bramaba con fuerza—. No mucho. ¿Por qué llamas?
—¿Te molesto?
—No, es sólo… —Que no quería ser molestada en casa, aunque no lo dijo—. ¿Qué pasa?
—Adivina quien se acaba de presentar en la isla.
Sonaba profundamente emocionada. Dudaba que tanta emoción fuera por Zuko ya que les había visitado recientemente. Sin ser capaz de pensar nada más, preguntó, aun así:
—¿Zuko?
Katara rio. Por el fondo escuchaba a los chiquillos gritando felices y a Aang hablando con otro hombre. Pero no era Zuko. ¿Quién, entonces?
—¿Sokka? —preguntó, cayendo entonces en la cuenta.
Escuchó el barullo al otro lado del teléfono, las voces, los gritos… Y al poco, su voz:
—¡Hey! ¡Hola! ¡Probando, probando! —Sí que era él—. ¿Toph?
—Hola.
—¡Oh, funciona! —exclamó a lo lejos. Los escuchó reír a todos—. ¡Menudo invento! ¡Pensaba que Katara me tomaba el pelo! O que se había vuelto loca. —Y se echó a reír con malicia.
Le había cambiado la voz. Sonaba más maduro, aunque seguía siendo el mismo.
—¿Cómo tu por aquí? —preguntó ella.
—¡Todavía no había conocido al pequeñajo! Y me contaron que tú también diste a luz. ¡Y la oigo! ¡Vaya buen par de pulmones!
Toph acercó con maldad el teléfono a Lin y cuando se lo colocó de nuevo en la oreja, lo escuchaba reírse a carcajadas.
—¡Venid para acá! Katara está preparando una buena cena. —Antes de darle tiempo a pensárselo, añadió—. Mañana es festivo, así que olvídate un poco del trabajo.
—¡Voy a buscarte con Appa! —escuchó a Aang por detrás.
Mientras esperaban a que volviera el bisonte volador, Sokka se divertía jugando con Kya y Bumi en el patio. El niño era un auténtico nervio y no parecía perder energía. Le recordaba a él, todo el rato jugando a pelear sin dar tregua. La pequeña le seguía torpemente el ritmo y cuando se cansaba, se liaba a gritar y a rodearle jaleando a su hermano. Se le subían por todas partes, le tironeaban y reían felices.
Tras perder la cuenta de las rondas que llevaban (en las cuales siempre se había dejado ganar), la noche se echó en el cielo y al levantar la vista para contemplar la luna, vio llegar a Appa. Aterrizó en el centro del patio y de él bajó Aang como un soplido.
—¡Aquí llegan las invitadas! —exclamó.
Y de un salto aterrizó Toph, agarrando con cuidado la bebé que colgaba entre telas en el frente de su torso. En un principio tardó en reaccionar, puesto que no daba crédito a lo que veía: una mujer de pies a cabeza. No se la veía pequeña como recordaba, sino que había ganado voluptuosidad e imponía con una poderosa presencia. Era como si hubiera crecido sin haber ganado centímetros. Su pecho se había ensanchado, al igual que las caderas. Tenía una firmeza femenina, un aura solemne…
—¡Wow! —exclamó—. ¡Cómo has cambiado!
Aunque seguía cubriendo el rostro con su largo flequillo, la vio sonreír socarronamente. Le extendió los brazos pidiendo un abrazo y se lo dio, con cuidado de no chafar a la cría.
—¿Has perdido fuerzas o qué? —se burló ella, y lo apretó un poco más.
Sokka rio en su hombro y la abarcó con toda la amplitud de sus brazos, con ternura.
—Felicidades por la niña.
Soltó el abrazo y se inclinó frente al saquito que descansaba en el pecho de Toph. Se asomaban unos rizos en lo alto, un denso cabello oscuro. Pudo entrever una carita delicada, de piel blanquita y mejillas rosadas, que dormía plácidamente. Fue entonces cuando cayó en la cuenta.
—¿Y Kanto? —preguntó.
La sonrisa de Toph desapareció. Aang dio un respingo y le puso mala cara, dándole a entender que no sacara el tema. Por la reacción de su amigo, entendió que se habían separado.
—¿Y Suki? —preguntó ella en respuesta.
Touché.
En la sobremesa, después de una buena y deliciosa cena, fueron rodando los vasos y las botellas de licores. La cálida luz de la lámpara otorgaba un ambiente íntimo a la estancia y todos se acomodaron en las sillas mientras charlaban despreocupadamente. Se sentían como años atrás, los cuatro unidos compartiendo sus vidas. Llegados a ese punto, antes de que la pereza venciera a Katara, se encargó de acostar a los niños. Acostó también a Lin, dando por hecho que aquella noche la pasaban todos allí. Al regresar al salón, todos seguían hablando animadamente y reían con las anécdotas de Sokka.
—¿Y cuándo regresarás al Sur? —le preguntaba Toph.
—No tengo que volver. Me quedaré aquí. Ya he arreglado todos los asuntos que tenía allí pendientes.
—¡Oh, pensaba que estabas de paso! —exclamó Katara, sentándose junto a ellos—. ¿Por qué te quedas aquí con nosotros en la isla, entonces?
—¡No nos molestas! —se adelantó a aclarar Aang.
—¡No, no, claro que no molestas! —repuso Katara, ofendida por la mala interpretación—. Me refiero al hecho de que no pases por casa.
—Suki está empaquetando sus cosas.
Un silencio denso se instaló en el salón. Su hermana y Aang le miraban perplejos. Los ojos de Toph miraban bajos, perdidos en algún punto, pero abiertos de par en par.
—Entonces es definitivo —dijo Katara con voz queda.
—Eso me temo —suspiró él. Notaba cómo había cargado el ambiente y añadió—. ¡Pero no hablemos de eso ahora! Celebremos mi vuelta. No creo que deba volver al Sur hasta dentro de un tiempo. —Se afanó en llenar rápidamente los vasos, derramando licor por la mesa torpemente, y se los ofreció mientras alzaba el suyo en alto—. ¡Un brindis por mi vuelta!
Aun así, no consiguió subir los ánimos. Katara y Aang le miraban con lástima. Sólo Toph le siguió la corriente y no acertó al tocar su vaso, lo que lo hizo más triste aún.
—Chin chin —dijo con sorna—. Por los solterones.
—Oh, Toph… —suspiró él con resignación.
Brindaron sólo ellos. Sokka se bebió de un trago su vaso y Toph, dudando de si era prudente beber también, se mojó tímidamente los labios. Cuando recibió el sabor del licor, después de tanto tiempo sin probar alcohol, le dio un buen sorbo y se disponía a acabarse el vaso de no ser porque Katara se lo quitó de las manos.
—¡Toph! —exclamó—, ¡Contente! Aún estas dando el pecho.
—Me he ordeñado antes de venir. Traigo un biberón —dijo a modo de justificación.
Esa broma sí consiguió destensar el ambiente. Sokka y Aang se echaron a reír, aunque a Katara no pareció hacerle gracia. Pasaron así la velada, entre risas y bromas, charlando sin más. Se procuró no mencionar de nuevo a Suki, tampoco a Kanto, y cuando la noche ya estaba bien entrada y les vencía el sueño los anfitriones prepararon un par de camas para los invitados.
Instalaron a Toph cerca de la habitación de los niños (por si Lin se arrancaba a llorar) y a Sokka en la habitación contigua. Recogieron el salón por encima, apagaron las luces, se desearon unas buenas noches y se retiraron cada uno a su habitación.
—Sokka…
Cada vez que separaba sus labios de los de ella, pronunciaba su nombre. Por eso no dejaba de besarla. No hacía falta que articulara su nombre, porque cada poro de su cuerpo lo estaba gritando. La recorrió de arriba abajo con las manos, acariciando su suave piel, y cuando se separaba para coger aire…
—Sokka…
Hundió la nariz en su cabello, tras su oreja, besándole en el cuello e inspirando hondo. Le encantaba su olor dulce. A cada beso le robaba un suspiro y a cada caricia le hacía temblar bajo su cuerpo.
—Suki, no te vayas —pidió entre beso y beso.
Ella no respondió. Notó como aquellas manos se aferraban a su cuerpo, como si aceptaran sin palabras su petición. Subieron sinuosamente por su espalda, por sus hombros, por su cabeza y le soltaron la coleta. Él, aun hundido en su cuello, notó cómo los dedos se colaban entre su cabello y acariciaban con ternura. Aquellos dulces labios le besaron en el hombro y suspiraron de nuevo contra su piel:
—Sokka…
Pero cuando abrió los ojos no reconoció el perfil que esperaba encontrar. La piel era de un blanco de porcelana, puro, limpio, y el cabello en el cual respiraba en vez de pelirrojo era negro. Se retiró cuidadosamente y se encontró con un par de ojos blanquecinos que miraban allí donde le intuían, pero que no se fijaban en nada. Unos labios rosados se entreabrían en busca de los suyos. Las manos que le acariciaban el cabello le tomaron de la nuca y lo acercaron a esa boca que se fundió en la suya.
—Sokka…
—Toph…
Se despertó de pronto ante los llantos de un bebé. Creía que seguía en la Tribu Agua del Sur y cuando fue a encender la luz allí donde la recordaba, se encontró con la pared. Recordó entonces dónde se había quedado dormido y cuando dio con la luz, se encontró en la habitación de invitados de su hermana. Acalorado, se desperezó de la manta y se sentó en el borde de la cama. ¡Qué sueño! Llevaba noches soñando recurrentemente con Suki desde que acordaron separarse, pero el sueño nunca había derivado a otra mujer… Mucho menos a Toph.
Reparó en el llanto del bebé, aún traspuesto de aquella ensoñación, y se incorporó para ir a ver si se trataba de Tenzin o de Lin. Si se iba a alojar allí durante una temporada, no era buena idea que fuera cerca de la habitación del bebé… Tendría que hablarlo con Katara, aunque no quería parecer desagradecido.
Cuando llegó a la altura de la habitación, se encontró con sus sobrinos durmiendo plácidamente. Al escuchar con detenimiento, creyó que el llanto provenía del salón y fue cruzando la casa a tientas forzando la vista con la tenue luz de la luna.
—Qué torpes sois a oscuras —escuchó decir en voz baja a Toph.
Y la encontró allí, en el porche del salón, recostada contra una columna y amamantando a Lin. Bañada por la luz de la luna, su piel se veía impecablemente blanca. Su rostro, cuello y pecho desnudos parecían brillar bajo la delicada luz. La larga melena negra le caía por la espalda y no vestía nada más que un camisón que debió prestarle Katara. Se había cubierto torpemente los brazos con un pañuelo mal colocado que le resbalaba por el hombro.
Era la primera vez que Sokka la veía plenamente como una mujer. Como una hermosa mujer. Nunca se había fijado en lo bonita que era. Tampoco nunca había tenido ocasión de verla haciendo algo tan delicado…
—¿Te ha despertado? —le preguntó Toph, refiriéndose a Lin.
—Sí, pero aun así tampoco estaba durmiendo bien…
Cruzó el salón y se sentó a su lado. La pequeñaja le sorbía con fuerza, agarrándole el pecho con las manos.
—¡Vaya, sí que debía tener hambre! —exclamó en voz baja.
—Es muy glotona —dijo Toph entre risas—, lo ha sacado de su padre.
E instantáneamente vio el arrepentimiento en el rostro de Toph. Se vio tentado de preguntar por él, aunque no quería incomodarla, y ya que la puerta ya había sido abierta fue ella la que se avanzó.
—Al final no funcionó la cosa… Él quería que nos casáramos y todo eso… Ya sabes que no me van las ceremonias. —Y le dedicó una sonrisa torcida—. No sólo por la boda, sino por una vida tan monótona… No es lo que quiero… No quiero ataduras.
—Un bebé es una atadura bastante importante.
—Ya lo creo… Suki y tú fuisteis listos.
—No digas eso… —Ante su respuesta, la vio angustiarse por si había sido indiscreta—. Nos planteamos tener un hijo, pero parecía más una excusa para tratar de estar más unidos. Como si el hecho de tener un bebé fuera a salvarnos… Tal vez nos hubiera separado del todo. Ante la duda, valía más la pena dejarlo estar y no forzarlo.
—Sí, parece lo más sensato.
Pocas veces había compartido momentos tan íntimos y sinceros con Toph. Generalmente tenían conversaciones tontas, mundanas, llenas de bromas y sin importancia. Cuando eran niños tenían un sentido del humor similar y se entendían muy bien. Ahora se hablaban como un buen par de amigos adultos, responsables… Pocas veces había charlado así con ella.
—¿No te quedarán las ganas de ser padre? —le preguntó.
—Das por hecho que me voy a quedar soltero —le respondió él con sorna. Toph rio y negó con la cabeza, dándole por caso perdido—. ¡¿Oh, acaso dudas?!
—Se te pasa el arroz, Sokka —dijo ella entre risas.
—¡Todavía soy capaz de seducir a quien me proponga! —siguió bromeando él—. Es cuestión de tiempo… ¿Acaso tú no te ves con nadie más?
—No, yo ya he tenido suficiente con los hombres… Todos quieren que seas de su pertenencia y yo no soy de nadie.
La vio ponerse seria poco a poco, perdiendo la sonrisa que se le asomaba. Lin se había desenganchado y ya dormía, con las manitas relajadas y respirando hondo. Toph, ensimismada en sus pensamientos, no se había dado cuenta. A Sokka le daba cierta vergüenza observar su pecho desnudo. Con la niña enganchada no resultaba erótico, pero una vez se había soltado debía reconocer que era sensual la manera en cómo le caía el tirante del camisón. Su piel era de una blancura excepcional. Ya no quedaba nada de la niña que en su día conoció.
Observó con una mezcla de timidez y culpa. Toph, de no ser ciega, ya se hubiera dado cuenta. Por respeto, apartó la mirada y musitó:
—Ya se ha dormido.
Toph volvió de sus pensamientos y palpó a la niña entre sus brazos, acariciándole con cariño el rostro. Se subió el tirante y se cubrió el pecho, permitiendo que por fin Sokka pudiera volver la vista hacia ella. La dirigió hacia la niña; le enterneció la manera en que su madre le rozaba la mejilla.
—Se parece a ti —le dijo Sokka.
—Eso dicen… Pobrecilla —respondió ella con ironía.
Los dos se echaron a reír, tratando de no subir el volumen, pero aun así Sokka repuso:
—No, es verdaderamente bonita. Parece una muñequita de porcelana.
—¿Y yo también parezco una muñequita de porcelana?
—No, tú pareces una estatua de mármol.
A Toph se le escapó una carcajada en alto. Se tapó la boca, conteniendo la risa, y seguidamente le propinó un golpe en el brazo.
A la mañana siguiente todos salieron al patio a despedirlas. Aang las subió a Appa delicadamente acompañándolas en el aire mientras Toph sólo podía escuchar a todo el mundo bajo tierra. Cuando sus pies se separaban del suelo se sentía incómoda, pero desde que había tenido a Lin lograba una entereza que nunca antes había tenido. Notaba los latidos de su bebé en el pecho y eso la reconfortaba; no se permitía ninguna debilidad aun estando completamente a ciegas. Era una fortaleza sobrehumana.
—¡Nos vemos, Toph! —le gritó Sokka desde abajo.
—¡Me verás tú! —respondió ella con sorna.
Lo escuchó reírse con su voz grave. Tenía una risa contagiosa, muy profunda, que le resonaba por el pecho. No podía evitar sonreírse cada vez que le oía.
—¡Toph, si necesitas cualquier cosa, no dudes en llamarnos! —le dijo Katara. Después le murmuró a su hermano—. Tiene alergia al teléfono.
—¡Te oigo! —gritó ella desde lo alto.
—¡Eh, fuera bromas! —escuchó a Sokka—. ¡Yo tengo tiempo libre, puedo echarte una mano con la niña!
—¡¿Tú?! —se burló ella.
—¡Tiene buena mano con los niños! —le defendió Katara.
—¡Siiií! —gritaron Kya y Bumi.
—De acuerdo, lo valoraré. Envíame tu vida y experiencia laboral a mi despacho —respondió ella, divertida—. ¡Ah, y una carta de recomendación por parte de los niños!
Escuchó a los hermanitos inspirar sorprendidos y después se echaron a gritar, emocionados. Se despidieron a prisas, alegando que debían ir a por lápiz y papel, y entre risas Aang se subió de un salto a Appa y despegaron.
Dos días después, estando Toph en su despacho, llamaron a la puerta.
—Adelante.
Por las pisadas supo que se trataba de su asistente. La muchacha era novata, una aprendiz del metal, y dadas las malas calificaciones que recibía decidió hacerla útil siendo su secretaria.
—Ha recibido correo.
—No me trates de usted —suspiró ella, incorporándose—. No soy mucho más mayor que tú.
—De a-acuerdo… Ehhm… —La notaba ponerse nerviosa con cualquier tontería—. Es del concejal de la Tribu Agua del Sur.
¿Sokka?
—¿Y qué dice?
—Pues… Le- Te manda una especie de currículo. Creo. —La muchacha sonaba confundida—. ¿Puede ser?
Se le escapó una sonrisa.
—Puede ser.
—Pero… Te detalla su experiencia como niñero.
Y se echó a reír. Podía notar la incomodidad de la chica, que reía tímidamente con ella sin acabar de entender.
—¿Nada más? —preguntó Toph, tratando de contener sus carcajadas.
—Dice que te adjunta una carta de recomendación de los honorables Bumi y Kya.
—Léemela, por favor.
—No creo que pueda… —Hubo un silencio mientras sólo la escuchaba remover los folios—. Son garabatos.
