Prólogo.

La caliente lluvia choca contra la piel desnuda de Kyoka, sintiendo una gran relajación en su cuerpo por el tacto del agua de la ducha. Explorando cada rincón de su cuerpo, chocando contra su pecho, para descender y dar a conocer su entrepierna arrinconada por sus largas piernas. La joven Kyoka tiene su mirada al techo, pensando en lo que dijo su hermano Izuku.

Siendo regañada por este, siendo solo su delito llegar tarde a su hogar al tener que trabajar en una tarea en dúo por su profesor Aizawa. Cuando llegó, él la regañó por llegar enplena noche, aunque Jiro fue traída por un chófer de la familia de Momo, siendo este el nombre de su compañera de clases y la elegida para trabajar juntos para terminar su tarea.

– Hermano... Idiota.

La armonía de la lluvia al caer en el suelo, opacan las suaves palabras que ella suelta, poniendo un semblante irritante. Molesta por sus regaños seguidos, aún cuando no son hermanos de sangre, él siempre hatomado la imagen del hermano mayor y el cuidador de ella. Sin importarle que su timidez y la incapacidad de defenderse a el mismo, se entrometía para defenderla. Un error que, en el presente no se interpone en muchas ocasiones en su vida, superando su exceso de timidez.

Agarrando la llave de agua, el tacto del metal empañado por el vapor, no le incomoda. Sin importarle, detiene el fluir del agua, quedándose en esa posición por unos instantes, sintiendo como sus ojos violetas son inundados por leves lágrimas, permaneciendo en ellos al poner sus esfuerzos en que no salgan, esa sensación atacósin razón, y se fue como tal.

Sus descalzos pies al contactar con el suelo, estremecen a Kyoka, dándose cuenta de que el frío está arropando su cuerpo con mayor fuerza a cada segundo.

– Oh... Maldita sea, lo que me faltaba.

Al extender su húmeda mano al sitio donde ponen las toallas, ninguna de estas están. Con su entrecejo arrugado, de sus labios fruncidos un quejido muestra su enojo.

– ¡Hermano, tráeme una toalla!

Dando otro paso, deja una huella de sus pies por el agua, con su mano remueve su fleco al estar molestandosu vista, provocando que gotas caigan. Deteniéndose en el espejo, observa las partes de su cuerpo que se pueden reflejar en el, poniéndose enfrente, sus dos pezones erectos por el frío le resaltan, mirándolos con curiosidad y con sus cejas arcadas.

– ¿Cuanto van a tardar en crecer?

A bajo volumen, murmura para ella mientras con sus dos manos masajea lo bajo de sus pechos, los cuales al no ser tan voluminosos, con sus palmas tapa sus pezones y gran parte de sus pechos.

– ¿Puedo hacer que un chico se interese en mí?

Nuevamente aquella sensación que inundan sus ojos, vuelven afectando con solo uno de ellos, esta vez sin evitar que se libere tal presión. Mientras una lágrima cae al suelo, desliza su mano izquierda para que viaje por su plano vientre, uno fuerte pero suave al tacto.

– ¡Ah!

Un gemido al descender aún más, hace que Kyoka se muerda sus labios para no exponerse ella sola. Al estar a solo centímetros de su entrepierna, abriendo sus muslos pálidos para que sus dedos se acerquen más, laelectrizanteburbujeante sensación empiezan a surgir, estimulando con mayor precisión, aumentando su lujuria de querer masturbarse. Ignorando el espejo, y solo queriendo apreciar su figura como es, con su cuerpo esbelto pero con sus atractivos, siendo uno de ellos las curvas que tiene en sus caderas, los muslos con un volumen algo relevante, siendo su mayor atractivoesos mismos, siendo incluso provocativo para que su hermano se fije, solo para burlarse de él, pero nunca lo hace, aliviando que por lo menos no sea un pervertido.

Las yemas de sus dedos ya alcanzan el extremo de su abertura, aumentando las sensaciones electrizantes en su cuerpo, hasta que al llegar a su clítoris, Kyoka queda pálida, con sus bombeos de su corazón en un veloz ritmo, siendo tanto que incluso sin apoyar su mano en su pecho puede sentir las palpitaciones. Observando con sus pupilas imprecisasel espejo, dirigiendo con lentitud a la puerta del baño, observando el sedoso y alborotado pelaje verde. Siendo el propietario, un obsequio de su hermano Izuku, un conejo de felpa con pelaje descuidado, formando rizos en sus cortos mechones.

– ¡Kyoka! Te traje la toalla. — La altanera voz de su hermano la puso nerviosa, además de estar desnuda tieneel miedo de que haya entrado, encontrando a ella en plena estimulación. Izuku no es un pervertido, pero al ya estar en la edad de adolescencia no duda que lo verá con ojos lascivos, y eso es lo menos que quiere, teniendo un odio a ese tipo de personas por la convivencia de Denki y, las palabras siempre dichas de Mineta.

– ¡S-sí, Ya v-voy Izuku!

Con un sonrojo en su rostro, el tinte rojo en sus mejillas acompaña a sus nervios provocados por el llamado de su hermano. Con apuro, al dar media vuelta no es consciente del charco de agua que se formó por las gotas que caían de su cuerpo, siendo ahora lo que cubre el cuerpo de Kyoka es un frío que no tarda en hacer que temblores aparezcan. Al dar el primer paso, siendo uno largo, su talón se resbala con el suelo, perdiendo por completo el equilibrio y hacer que su trasero choque contra el mismo charco que ella provocó.

– ¡Ahhh!

Su expresión de asombro al sentir como caía, no fue igual de fuerte como al tener el impacto contra el charco. Quedándose en esa misma posición al caer, teniendo sus muslos separados exponiendo su entrepierna, con sus rodillas flexionadas. El golpe es agudo pero crece gradualmente, siendo más sensible al tacto, teniendo una de sus manos en el punto donde se golpeó. Kyoka está concentrada en su situación, acordándose que su hermano está fuera, cuando este mismo abre la puerta.

– ¡Hermana!

Izuku, joven de cabello verdoso teniendo una toalla colgada en brazo, como si fuese uncamarero, cambia su semblante de preocupación, la cual surgió por el grito y el ruido que provino del baño, al ver en la posición que esta su hermana.

Observando a Izuku, teniendo sus parpados más abierto de lo normal, antes creyó que él había entrado pero, ahora al tenerlo en frente de ella no puede decir nada, olvidando por completo por unos segundos su golpe, solo concentrada en ver a su hermano por la sorpresa que le provoca el tenerlo adelante de ella.

– ¿He-hermana? — En sus mejillas, un sonrojo casi similar aparece, al igual que en la parte superior de sus orejas. Llevándose por la curiosidad, viajan de su rostro, para abajo, enfocando en sus pechos con aún sus pezones erectos. Notando esto y volviendo en si, su cuerpo se exalta al percatar como los ojos esmeralda de su hermano, siguen bajando a paso lento, tapándose con sus dos manos su entrepierna, como moviendo todas sus piernas para cerrarlas.

Izuku al darse cuenta de su forma de ver, vuelve a levantar su mirada con mayor vergüenza y nerviosismo de la situación, queriendo pensar algo para noquear como un pervertido. Quedando callado al solo hacer contacto visual, teniendo los ojos lagrimosos y con su ceño fruncido por el enojo, muestra parte de sus dientes al morder a ellos mismos como otra señal de su enojo.

– Izuku... ¡Asqueroso pervertido!