Disclaimer: Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, sólo la historia es de mi autoría. Este es un regalo de cumpleaños para la artista Marlene Acosta. Yaoi CHICO X CHICO. AU. Misterio. Policial. Horror. Fantasía. Narusasu. Lemón. Muerte de personaje

Cap 1: Sangre

- Por favor déjame entrar ―supliqué con mi voz más aguda de lo normal―. ¿Por qué huyes de mí, Sasuke? ―Pregunté de manera lastimera. Herido por sus acciones―. ¿Acaso no somos mejores amigos? ¿Ya no me amas? ―Interrogué perdiendo la paciencia que intentaba mantener.

Estoy frente a la puerta de tu habitación. La cerraste en mis narices sin tener ni una pizca de consideración hacia mi rostro. Ignoras mis gritos y sigues en lo tuyo. Oigo como los muebles crujen al ser empujados y arrastrados contra el suelo. Seguramente estás arruinando el hermoso piso de madera que tiene tu habitación. Ese que tanto solías presumir cuando aún estabas sano. Cuando tu cordura no pendía de un hilo. Ese hermoso tiempo pasado en el que sonreías con prepotencia y lucías altivo y radiante. Te veo a través de la cerradura de tu puerta e intentaste cubrirla deprisa al notar mi ojo espiándote. Sólo quiero saber si estás bien. Me preocupas, mi amor. ¿Qué ha sucedido con el Sasuke que yo conozco? Ese bastardo engreído que miraba a todos con aquella superioridad típica. Ahora estás tembloroso. Pareces otra persona,

Tus familiares y amigos están preocupados también. Estás paranoico y fuera de ti desde hace algún tiempo. ¿Cuándo sucedió? Todo esto es tan confuso. No me di cuenta de tu problema. Tal vez yo era el responsable por no darte la seguridad que merecías. Me siento tan inútil al no poder atenderte como te mereces. Hago un enorme esfuerzo por entrar a tu habitación girando la perillas con insistencia. Empujo con todas mis fuerzas la puerta y consigo moverla un poco a pesar de los muebles. Es tu mesa de noche la que pusiste allí en un intento de alejarte de todos. Entré con tranquilidad queriendo evitar alterar. Busco en la habitación donde te encuentras. Te hallé en una esquina temblando con algo entre tus manos. El sonido de una pequeña explosión rompe el silencio de la habitación y al verme noto la razón.

- Sasuke… ―susurró sintiendo como mi ropa se mancha de sangre.

Me ha disparado. La persona dueña de mi corazón acaba de herirme de una manera que jamás espere. Incluso pareciera que has intentado matarme. ¿Por qué? Yo soy quien más te ha amado. ¿Acaso mentías cuando decías que mi compañía era la única que necesitabas? A mí mente sólo acuden los recuerdos de cómo llegamos a esto…

El llanto de un bebé había interrumpido el tiempo de meditación en el templo de la deidad zorro. Los monjes de allí eran en su gran mayoría ancianos. Había algunos más jóvenes, pero esos eran generalmente niños huérfanos encontrados en los alrededores de ese sitio. El rezo a las antiguas deidades había sido paulatinamente abandonado por los habitantes de aquella ciudad. Pocos se unían por cuenta propia a una religión como la suya. Adorar al Kyubi, el espléndido zorro de las nueve colas que resguardaba a Konoha, era tonto en esos tiempos. Con el avance de la tecnología, poco a poco encontraron sus propias tradiciones y costumbres obsoletas e inútiles. Los festivales y fiestas se conservan, pero sólo por el ingreso económico y la diversión.

Cada solsticio el templo se llenaba de puestos de comidas y juegos, era únicamente en esas fechas cuando el templo se veía vivaz. El resto del año era bastante silencioso. Y más que todo primaba el misterio. Pues los monjes mostraban poca intención de interactuar con las demás personas. Siempre eran abocados a su tarea y centrada en honrar a la deidad. Naruto creció allí. Rodeado de las costumbres de aquellos ancianos monjes. Él adoraba enormemente cada una de esas tareas cotidianas que ejercían los mayores. Desde la búsqueda de comida para la deidad como los cánticos de cada día. Rezos, ofrendas y bailes ceremoniales, todo eso era amado por él. Sin embargo, llegó un punto en el que aquello dejó de ser suficiente y quiso ver más.

―Creo que me perdí ―dijo Naruto para sí mismo mientras vagaba por las calles en plena noche.

En su intento por evitar ser atrapado por los monjes en medio de su travesura, no tuvo mejor idea que salir de noche. A altas horas aprovechando que todos estaban profundamente dormidos. Caminó sin dificultad por el bosque. Algunos búhos hacían aquel típico sonido que muchos sentían aterrador. Para Naruto no lo era. El rubio no conocía el miedo a esas pequeñas criaturas de la noche. Ni siquiera al aullido de los coyotes o lobos en la distancia. Había vivido en aquel templo alejado de todos. Protegido y adorado por los monjes del lugar desde el día en que llegó. Nunca le hizo falta nada. No había necesidad de salir por comida, pero cuando se aburrió de los mismos sabores de siempre decidió salir a probar algunos nuevos.

Había tenido problemas para ubicarse, pero confió en sus instintos. Siguió las luces y los sonidos más estruendosos. Carteles con enormes letras de colores extravagantes brillando en neón. Vio a las personas ir y venir apresuradas. Algunas tenían un aroma extraño. Orina, alcohol y sexo fueron identificados fácilmente por su agudo olfato. Estornudó asqueado maldiciendo su sentido del olfato. Se detuvo un momento a restregarse la nariz siendo pateado por un transeúnte borracho y descuidado. Nada más verlo y aprovechando que estaba tirado en el suelo, lo sujetó por el cuello y arrastró a Naruto a un callejón oscuro. En ese lugar el sujeto se sintió seguro de no tener testigos para lo que iba a hacer.

―Tú me darás mucho dinero ―susurró alzando el cuchillo contra el rubio.

La sangre comenzó a manchar el suelo en aquel callejón. Nadie oyó los gritos en el mismo y poco y nada les importó a las personas lo que un maleante de mala vida hiciera con Naruto. Él no era nadie. Y como tal no merecía ayuda por parte de los demás. Sin embargo, nadie contaba con que él lograra salir de aquella situación. Limpio no, por supuesto que no. Su boca estaba manchada de sangre y por lo mismo quiso parar a beber algo de agua. Caminó alejándose del escandaloso lugar y encontró una parte más tranquila. Una zona apartada llena de la naturaleza que tanto amaba. Arboles altos y bien cuidados, flores adornando el camino y una fuente con agua cristalina. Ideal quitarse la sangre de su boca y descansar un rato.

―¿Estás bien? ―preguntó un joven de cabellos azabaches acercándose a él con un pañuelo en mano.

No buscaba nada en particular en ese parque, sólo quería descansar un poco, pero cuando te vi quedé fascinado. Eras un joven bastante atractivo, tus cabellos oscuros ondeando al viento y ese aroma tan particular tuyo. Sin embargo, más allá de tu apariencia y aroma lo que me cautivó de ti fue esa sonrisa. Esa pequeña curvatura que tenías en tus labios mientras me limpiabas la boca con tu pañuelo. Revisaste si no tenía heridas y al no encontrar ninguna sólo suspiraste aliviado. ¿Por qué te alegraba tanto que yo estuviera sano y salvo? No me conocías ni yo a ti. Ni siquiera me has dicho tu nombre, pero deseo conocerlo. También quisiera que conocieras el mío. Oírte llamándome por mi nombre con esa voz me generaría escalofríos. Me alejé de ti sin decir nada para darte una pequeña sorpresa. Corrí tras unos arbustos buscando algo con lo cual vestirme. No quería que me vieras desnudo, al menos no todavía. Me puse el pantalón de quien fue mi asaltante y salí a tu encuentro. Para mi sorpresa ya no estabas.

Uchiha se había retirado del parque creyendo que Naruto se había alejado internándose en el bosque. Le restó importancia al asunto y se alejó sin más. Debía llegar rápidamente a su casa para no preocupar a sus familiares. Sin saber que el otro había regresado e incluso se sentó en una banca esperando a verlo. Quizás por alguna casualidad volvería o sólo se alejó en búsqueda de algo. Eso razonaba el joven de ojos azules desde su posición. Mas, cuando las horas pasaron se resignó de aquella idea y decidió abandonar ese sitio para ir a comer. No tuvo mucha dificultad en encontrar algo de su gusto y teniendo su estómago lleno se dispuso a dormir. Buscó un lugar apartado en ese mismo parque. Los árboles zozobraban al igual que los arbustos, así que no teniendo donde ir, era mejor ocultarse en ese lugar hasta saber a dónde ir.

He comido algo bastante desagradable. Creo que debo seleccionar mejor y no tomar cualquier cosa que encuentro a mi alcance. No todo es de calidad. Quiero buscar un sitio para dormir más cómodamente, pero conseguir una casa sin dinero es complicado. Y como conseguir dinero tampoco lo tengo claro. Si volviera al templo todo sería mucho más sencillo. Allí tendría comodidad y comida sin ningún esfuerzo, pero aún no he visto a ese chico. Quiero verlo de nuevo. Tal vez si lo espero en este mismo sitio regrese. Ese chico era tan atractivo.

―¡Oye! ―gritó una voz muy conocida caminando por el parque―. ¿Estás por aquí?

Naruto al reconocer la voz del azabache que lo había limpiado el día anterior se acercó emocionado. Aquel chico sonrió al ver aparecer al otro, sorprendiéndose de haberlo hallado con tal facilidad. Había asumido que le tomaría más tiempo encontrarlo e incluso tuvo en mente la posibilidad de no volver a verlo jamás. ¡Cuánta alegría embargó su corazón al verlo! El joven azabache se acercó a él y lo abrazó con un cariño que no creía que alguien de su porte tuviera. Acercó su rostro al contrario y lo restregó contra el suyo. La pálida piel era suave y tibia al tacto. Pasó un poco su lengua sobre aquella superficie y sintió un sabor jamás probado anteriormente. Sus dientes acariciaron la superficie de la tersa piel debatiéndose de si debía morderlo o no. Le tentaba hacerlo, pero no llevó a cabo su cometido al ver a alguien acercándose a ellos. Frunció el ceño cuando aquel sujeto de cabellos blancos tocando tan confianzudamente al moreno.

―¡Hey, Sasuke! ―gritó Suigetsu mirando curioso lo que llevaba entre sus brazos―. ¿Qué haces con ese animal salvaje? Tíralo deprisa ―ordenó alzando la mano para quitarle al zorro de sus brazos.

―Lo encontré anoche ―respondió mientras acariciaba la cabeza del animal intentando calmarlo―. Tenía sangre en la boca, creí que podría estar herido ―explicó echando un rápido vistazo al animal.

―Quién lo diría ―exclamó con sarcasmo el joven de cabellos blancos―. El gran Uchiha Sasuke tiene debilidad por los animales pequeños ―se burló.

―Los animales son mejores que las personas, al menos ellos no hacen comentarios desagradables ―contraatacó con una sonrisa prepotente apretando un poco más al zorro.

―Ya, ya ―dijo el otro rodando los ojos con fastidio―. Mejor suéltalo o llama a control animal. Llegaremos tarde a la clase de Orochimaru y ya sabes cómo se pone contigo ―le recordó consiguiendo que el joven de ojos negros frunciera el ceño.

Naruto no entendía muy bien de lo que estaban hablando, pero se dispuso a averiguarlo. Uchiha lo había bajado cerca de los arbustos prometiéndole llevarle algo de comida en cuanto saliera de sus clases. Agitó la cola como si de un perro se tratara y lamió la mano ajena. Sasuke se alejó con un buen humor que murió al darse cuenta de que había llegado tarde. Pese a que había corrido el último tramo de aquella distancia, para cuando llegó, el maestro Orochimaru ya estaba dentro del aula. Tenía el libro abierto y sus demás compañeros ya estaban sentados allí. Aquella sonrisa le dio mala espina cuando lo vio asomarse por la puerta.

―Oh, Sasuke-kun ―siseo de una manera condescendiente mientras se relamía los labios de una manera que le provocaba asco―. Veo que llegas tarde a mi clase. Supongo que entiendes lo que eso significa, ¿verdad? ―preguntó sólo para hacerlo darle la victoria en voz alta.

―¿Tarea extra? ―preguntó tanteando terreno―. Me retrasé porque estaba ocupado en un asunto importante ―excusó.

―¿Un familiar tuyo ha fallecido? ¿Te has accidentado camino aquí? ―cuestionó cerrando el libro en sus manos para girarse y verle con toda su atención―. Yo te veo bastante sano y completo. Estás castigado, Sasuke-kun. Tendrás que quedarte después de clases.

―Yo… lo entiendo ―aceptó finalmente resignado a no poder escaparse.

―Bien, entonces ve a tu asiento ―ordenó señalando su asiento como si no supiera donde le tocaba acomodarse.

Le había tocado un castigo. Y no uno cualquiera, debía quedarse después de clases con aquel maestro con cara de reptil. Ese tipo siempre buscaba las maneras de hacerlo quedarse más tiempo en contra de su voluntad. Una respuesta errónea, una tarea incompleta, cualquiera fuera la razón intentaba castigarlo. ¡Y él le dio un motivo válido! Quiso golpearse la cara por haberse entretenido más tiempo del que tenía. El zorro cachorro que encontró le había preocupado. Se comportaba como un perro callejero y si algo le tenía inquieto era la cantidad de personas capaces de asesinar a un animal indefenso. No era sorpresa, desgraciadamente, encontrar perros y gatos envenenados por personas sin quehacer. Un zorro podía valer mucho por su pelaje. Y aquel pequeño de pelaje casi dorado no atraería buenos ojos. Intuyó que alguien pudo intentar hacerle daño y de ahí la sangre en su boca. Se habrá tenido que defender el pobre.

―Tú sí que tienes mala suerte, amigo ―susurró Suigetsu estando sentado al lado de Uchiha―. Te digo, debiste tirar aquel tonto animalejo y venir deprisa ―se burló causando el enfado de su interlocutor.

―Mejor cierra la boca ―murmuró entre dientes apretando el lápiz entre sus dedos conteniendo su molestia.

―Sólo digo que conociendo la rara fijación que tiene nuestro maestro contigo debiste ser más precavido, pero ¿me escuchaste? No, preferiste perder tu tiempo con ese animal ―regañó manteniendo su rostro oculto por un libro.

―¡Ya cierra la boca! ―ordenó alzando la voz al haber perdido la paciencia por su torpe amigo.

―¡Uchiha! ―llamó Orochimaru mirándolo con seriedad―. Tu castigo aumenta de nuevo. Ahora tendrás que quedarte después de clases por dos semanas ―dijo con una sonrisa muy disimulada.

―¡¿Dos semanas?! ―gritó sin poder evitarlo―. ¿Está loco? ―preguntó antes de llevarse la mano a la boca cubriéndola como si pudiera tragarse sus palabras anteriores.

―Qué sea un mes entonces. Faltarle el respeto a tu maestro es una grave ofensa ―comentó con una risilla mal disimulada.

Sabiendo lo inútil que sería protestar, permaneció en silencio. Alegar pidiendo que le bajaran el castigo sólo le daría la excusa ideal para aumentarlo aún más. Maldijo nuevamente su suerte, al maestro y a su amigo por meterlo en ese problema. Claro que tuvo que mantener aquello oculto en su mente. Sólo esperaba que el zorrito no estuviera en peligro mientras él estaba castigado. Lo ideal sería llamar a control de animales, pero nunca se había topado con un animal salvaje y no sabía del trato que recibían. Con su aversión hacia las personas su amor a los animales era inversamente proporcional. Por ello, lo menos que deseaba era que lo sacrificaran al pobre. Además desconfiaba de las palabras que pudieran decirle. Si preguntaba si mataban a los animales "rescatados" seguramente la respuesta sería no. Tal vez debería llevarlo a su casa hasta saber qué hacer exactamente con él. Tenía incluso sus dudas de si un zorro podía vivir en esa zona.

―La clase ha terminado, alumnos. Recuerden entregar su proyecto la próxima semana ―les recordó con una sonrisa maliciosa―. Excepto tú, Uchiha. Tienes que quedarte para tu castigo ―dijo con una gran sonrisa.

De mala gana el joven azabache se quedó en su lugar hasta que sus compañeros se retiraron del salón de clases. Cuando ya no quedó nadie tuvo que seguir a Orochimaru hasta su oficina. Sus castigos eran en ese sitio y los rumores no le daban buena espina. Era un lugar cerrado, con ventanas cubiertas por persianas y con unas paredes tan gruesas que era difícil oír lo que sucedía dentro. Definitivamente odiaba estar castigado. El maestro lo hizo pasar primero y tras eso cerró la puerta con llave. Su sonrisa ancha no le gustó, pero se mantuvo serio e indiferente mientras lo seguía con la mirada hasta verlo sentarse en su silla. Con lentitud entrelazó las manos y apoyó su barbilla en las mismas sin quitar aquellos ojos amarillentos de él. Lo miró de arriba abajo examinando su cuerpo de manera repugnante.

―¿Y mi castigo será una tarea, proyecto o qué? ―preguntó queriendo alguna excusa para largarse de aquella oficina cuanto antes.

―Oh vamos, pequeño ―dijo con una voz baja e algo agitada―. Podrías negociar que no estés castigado, claro si haces algo por mí ―agregó llevando una de sus propias manos bajo el escritorio.

―No sé de qué me está hablando ―dijo de inmediato Uchiha fingiendo no entender―. Si no tiene un castigo adecuado me temo que debo irme a mi casa ―afirmó retrocediendo hacia la puerta.

―No te hagas el tonto, niño ―replicó el mayor levantándose de su asiento sin siquiera molestarse en cerrarse el cierre del pantalón. Era evidente la erección que tenía entre sus piernas y sus intenciones no podían ocultarse―. Si eres bueno conmigo podría mejorar tus calificaciones ―ofreció.

―Yo tengo notas perfectas por mérito propio ―refutó con indignación por semejante idiotez. Siendo un alumno destacable no podía ser que ofreciera eso.

―Y podrías dejar de tenerlas si te niegas ―amenazó mientras se acercaba a él y le sujetaba el mentón con fuerza―. ¿Qué dices a eso? ―preguntó sonriendo con la lengua paseándose por sus propios labios antes de inclinarse para besarlo. Siendo impedido por un rodillazo a su entrepierna.

―Me pone una mano encima y lo denuncio ―advirtió Sasuke aprovechando que el otro se dobló de dolor para robarle la llave―. ¡No sabe con quién se metió, desgraciado! ―gritó antes de salir de esa oficina.

Estaba tan asqueado y furioso por el acontecimiento que se limitó a salir corriendo de allí sin mirar atrás. No quería ver a ese repugnante sujeto nunca más en su vida. Lo primero que haría sería delatarlo con el director al día siguiente. Sí, eso haría. Prepararía una carta de queja formal esa noche y le haría pagar. Sin embargo, lo haría después. Su prioridad era llegar a su casa y bañarse. Sentía escalofríos recorriéndolo por completo, como si por su cuerpo corriera adrenalina pura. No obstante, eso no eliminaba su sentimiento de impotencia y asco. ¿Cómo podía pasarle eso a él? Siempre se jactó de ser una persona fuerte y orgullosa y ahora lo único que atinó a hacer fue huir. Mientras se alejaba se planteó otros escenarios en su imaginación; a él mismo golpeando a su maestro, sacando fotos o videos incriminarlos o tal vez pedirle a su amigo que lo esperara a que termine el castigo. Pudo hacer tantas cosas y sólo huyó asustado. De pronto un sonido conocido detuvo su andar. El leve quejido provenía de aquel zorro al que prometió darle de comer. Se acercó a él y le acarició la cabeza.

―Lo siento, se me olvidó traerte comida ―se disculpó sintiendo como se acercaba a él y le lamía la cara―. Si vienes conmigo te daré la comida que te prometí. Hoy no estoy de humor para quedarme fuera de mi casa ―explicó alzándolo en brazos.

Aunque sonara tonto, no quería estar solo. Su casa estaba la mayor parte del tiempo sola. Sus padres a menudo trabajaban mucho y no tenían tiempo en la casa a menos que fuera para descansar. Su hermano, ya universitario, vivía en un complejo departamental para estudiantes. Siendo un chico de dieciséis años quizás debería lidiar solo con ese asunto. Mas, tenía la duda de cómo sería visto él si lo contaba. Era un chico, no podía dejarse acosar como si fuera una chica. Preveía las burlas y comentarios despectivos por no golpear a su maestro. En su mente ya era un hecho que le dirían "marica" "miedoso" o "afeminado" por no molerlo a golpes. Porque eso era lo que haría un verdadero hombre, ¿cierto? Golpear a cualquiera que se metiera con ellos. Soltó un largo suspiro al volver a imaginarse esa situación nuevamente con otro resultado. A medida que iba acortándose el trayecto a su hogar comenzaba a disminuir la rabia y comenzaban las dudas. ¿Qué dirían sus compañeros si se sabía lo que le sucedió? Todos sabían por rumores lo que hacía Orochimaru, si él fue allí a sabiendas de eso, ¿no era su culpa también?

―Al menos tú no me juzgas, ¿verdad? ―preguntó Uchiha acariciando al zorrito en sus brazos―. Siento usarte para desahogarme, pero admite que es un trato justo. Yo te doy comida y tú oyes mis problemas ―explicó antes de abrir la puerta de su casa.

Al llegar no le sorprendió que todo estuviera a oscuras. Se abrió pasó a la cocina y buscó un pequeño plato para colocar algunas sobras que encontró en la heladera tras haberlas recalentado un poco. Acercó el plato al zorro y lo vio olfatear curioso antes de darle un mordisco. Al notar su sabor, el animal continuo comiendo con alegría. Sasuke sonrió levemente al ver la alegría del pequeño. Se convenció aun más de que cualquier ser vivo era mejor que una persona. Ellos no iban con segundas intenciones. Deseaba ir a bañarse, pero se sentía inquieto. Conociendo a Orochimaru sería aún más exigente con él buscando excusas sin sentido para vengarse de él o peor aún terminar lo que comenzó. Quería acusarlo por acoso, pero no tenía pruebas que presentar. Sería su palabra contra la del maestro y si fallaba simplemente quedaría tachado de mentiroso. Tendría que tomar el asunto en sus propias manos. Vio los cuchillos en el fregadero y se le ocurrió una idea. Fue deprisa a buscar su mochila y metió dos cuchillos de cocina ocultos entre sus libros.

―Espérame aquí, zorrito ―pidió al pequeño acariciando su cabeza―. Voy a solucionar un asunto pendiente ―avisó mientras salía corriendo rumbo a la escuela.

Aún no había pasado mucho tiempo, así que existía la posibilidad de encontrarlo en la escuela. O mínimo podría interceptarlo en el camino y asegurarse de dejarle las cosas en claro. Estaba nervioso. No iba a negar que muchos pensamientos cruzaron por su cabeza, pero el miedo creciente a lo que podría hacerle superaba todo. No quería contarle a nadie. Ya había barajado sus posibilidades y en su mayoría las cosas no salían a su favor. Lo más lógico era cortar el problema de raíz antes de que fuera demasiado tarde…

A la mañana siguiente, Uchiha se despertó en su cama. Aun llevaba puesta su ropa de la noche anterior. No se había cambiado y además tenía un peso extra encima. Aquel zorro dormía sobre él como si fuera un gato. Aunque fuera bastante liviano, le costaba un poco sentarse con ese pequeño allí. Su ropa estaba húmeda y algo pegajosa, con sus dedos examinó aquella sustancia descubriendo con horror lo que era. Estaba manchado de sangre en la parte delantera de su chaqueta. Espantado abandonó su cama y fue directo al baño para lavarse y a su vez enjuagar aquella ropa. Se dio una ducha con agua tibia y repasó mentalmente lo que había sucedido la noche anterior. Tomó aire buscando calmarse y regresó a la habitación viendo al zorro sentado en la cama mirándolo fijamente. Se le acercó notando que estaba sucio su pelaje también. Así que lo llevó al baño y lo lavó con calma. El animal sonaba feliz de las atenciones dadas.

―No sé de dónde salió esa sangre ―comentó preocupado secando al zorro con una gran toalla―. Tú no estás herido, ¿verdad? ―preguntó palpando el cuerpo del otro para buscar heridas―. Creo que no. Entonces la sangre no puede ser tuya ―suspiró largamente.

Tras eso se vistió con ropa limpia y se llevó su mochila a la cocina para prepararse un desayuno rápido. Se le estaba haciendo tarde así que se sirvió un vaso de leche y se preparó un pan tostado. Dejó un plato de agua y uno de comida para el zorro antes de salir por la puerta de su casa. Supuso que sus padres ya habían ido a trabajar como de costumbre, por lo cual no había peligro de que descubrieran al zorrito. Repentinamente se volteó viéndolo con una sonrisa. Esa pequeña bola de pelos le había hecho compañía cuando más lo necesitó. Siempre le estaría agradecido por semejante gesto hacia su persona. Iba casi trotando por los nervios. Se preguntaba si lo que hizo el día anterior funcionó o por el contrario sólo cavó su propia tumba. Un golpe en su espalda por parte de su amigo de blanca cabellera lo hizo volver a la realidad.

―¡Hey, Sasuke! ―gritó Suigetsu con una gran sonrisa mostrando sus colmillos―. ¿Qué te sucede, viejo? Te ves más pálido y sombrío de lo normal ―señaló con un tono levemente cambiado a preocupación.

―No he dormido bien eso es todo ―respondió Uchiha queriendo sacárselo de encima lo más pronto posible.

―¿Tan malo fue el castigo de Orochimaru-sensei? ―cuestionó viéndolo fijamente.

Ante aquella pregunta el azabache se tensó. Iba a responder algo, pero no le salían palabras adecuadas para ello. El joven de ojos violáceos iba a insistir nuevamente en su pregunta, pero fue interrumpido por los gritos de varios alumnos. Vieron a chicos de su escuela corriendo apresurados rumbo al edificio. No podía ser que estuvieran llegando tarde y menos podía ser que repentinamente les naciera el deseo de ser puntuales. Eso los hizo deducir que algo fuera de lo común había sucedido. Intrigado comenzó a correr mientras jalaba a Uchiha de la mano. Lo arrastró a donde una multitud de jóvenes y maestros se amontonaban en la entrada principal de la escuela. Allí estaba el maestro Orochimaru. O mejor dicho lo que quedaba de él. Veían un enorme charco de sangre alrededor de su cuerpo inerte. Una expresión de terror quedó congelada debido al rigor mortis en su cuerpo. Entre los murmullos se decía que tenía heridas en el abdomen y pecho como si hubiera sido apuñalado múltiples veces.

―¡No puedo creer esto! ―exclamó Suigetsu sin alcanzar a detallar completamente el estado del cuerpo.

―No armes tanto escándalo ―ordenó Uchiha mirando hacia otro sitio. Evitando a toda costa ver el cuerpo.

―¡Pero es que mira! ¡Nuestro maestro fue asesinado brutalmente! ―gritó sujetando a Sasuke por el hombro.

―¡No me interesa! ―replicó alejando su hombro del otro―. Es más me alegra que esté muerto ―agregó con odio recordando lo sucedido el día anterior.

―¿Y por qué te alegra, jovencito? ―preguntó un sujeto de cabello castaño y mirada muerta viéndolo fijamente.

―¿Quién es usted? ―cuestionó Uchiha sorprendiéndose por su repentina aparición.

―Soy un oficial de la policía ―dijo sacando su placa para mostrarla junto a su identificación―. Mi nombre es Tenzou Yamato y estoy investigando su caso ―se presentó mientras guardaba su placa en el bolsillo―. Ahora, ¿podrían hacerme el favor de acompañarme? Deseo conocer los por menores del occiso en relación a los de su entorno.

Uchiha se mantuvo indiferente en su expresión. Bien sabía que si demostraba algún tipo de nerviosismo podría darse a malar interpretaciones y se convertiría rápidamente en el sospechoso número uno. De hecho, por sus comentarios anteriores intuía que a los ojos de aquel oficial posiblemente ya era uno. Suigetsu también recibió una indicación de seguir al oficial. Yamato había alzado la mano y hecho un gesto con el dedo pulgar como si pidiera aventón. A diferencia de su mejor amigo, al chico de cabellos blancos lo puso extremadamente nervioso ser interrogado. De reojo observaba a Sasuke repasando los hechos del día anterior. La última vez que él vio a su maestro con vida estaba quedándose a solas con su amigo. ¿Sasuke sería capaz de matar alguien? Quizás lo había hecho en defensa propia. No descartaba la posibilidad de que el azabache fuera agredido sexualmente por aquel sujeto de ojos amarillentos. De primera mano sabía bien esa fijación del mayor por sus alumnos.

―Bien ―dijo Yamato cuando los menores llegaron a un auto de la policía tras seguir al oficial―. Los llevaré a la estación de policía y les haré unas sencillas preguntas ―explicó mientras les abría la puerta―. No están en problemas, así que no tienen nada de qué preocuparse. Sólo queremos saber qué tipo de persona era como maestro.

El adulto habló de manera tranquila mientras les regalaba una sonrisa amigable. Los menores lo veían con desconfianza de lo que pudiera sucederles al ir a la comisaría. Especialmente el azabache temía por su coartada. No tenía a nadie que mintiera por él. Además todos sabían que él había sido el último en estar a solas cuando Orochimaru estaba vivo. Estuvieron solos en la escuela sin nadie que lo socorriera cuando necesitó. Tuvo que tomar cartas en el asunto. Sólo intentaba defenderse. No era su culpa lo que sucedió, ¿cierto? ¿Verdad que la policía entendería sus acciones? No, no lo harían. Lo juzgarían con prisa y sería sentenciado antes de siquiera poder dar su versión de los hechos. Tendría que darse prisa e inventar una excusa creíble sobre su paradero al momento del homicidio. Contuvo el aire mientras entraban a la estación de policía tras estacionarse el auto.

―Pasarán a la sala de interrogatorios uno a la vez ―explicó Yamato cuando llegaron delante de la puerta―. Por favor deja tu mochila aquí. Es por protocolo ―comentó mientras señalaba al chico de blancos cabellos―. Normalmente en la entrada los revisarían y les guardarían sus pertenencias, pero están muy ocupados revisando a criminales peligrosos como para preocuparse por unos cuantos libros y cuadernos.

El moreno gruñó por lo bajo ante aquello y se acercó a su amigo con la mochila en la mano. Se la dejó a regañadientes antes de susurrarle con claro tono de advertencia que no tocara sus cosas o se lo haría pagar. Luego de eso atravesó aquella puerta donde dio inicio las preguntas del oficial. A Suigetsu poco y nada le importó la amenaza de su amigo. Supuso que tenía algún sucio o vergonzoso secreto en su mochila. Condones, cuadernos rosas, algún peluche tierno. Reía por lo bajo de sólo imaginar las bromas que podría gastarle con su "secreto". Incluso podría usarlo para chantajearlo y exigirle que le pasara la tarea. Pese a ser amigos, el otro siempre le negaba sacarlo de sus frecuentes apuros. Sin embargo, apenas la abrió volvió a cerrarla. Observó a su alrededor si alguien más había visto el contenido de aquella mochila. Cerró los ojos e intentó tomar respirar profundamente para tranquilizarse.

―Sigues tú, Suigetsu ―dijo Uchiha saliendo de aquel cuarto. La puerta estaba abierta con el capitán allí esperando.

―Ya, ya voy ―tartamudeando acercándose al otro para entregarle su mochila lo más naturalmente posible―. No, no vi nada ―murmuró nervioso.

El oficial no perdió detalle de las expresiones faciales de ambos chicos. Aunque no pudiera oír sus palabras, podía notar los nervios y la tensión entre ellos. Algo estaban ocultando y su deber era descubrir qué. Hizo pasar al segundo chico mientras anunciaba a Sasuke que podía retirarse a su casa si así lo deseaba. Sin perder el tiempo, pero manteniendo la compostura salió de allí sin desperdiciar ni un segundo más. Abrazó la mochila con fuerza y no fue hasta que llegó a su hogar que no se permitió suspirar de alivio. Cerró con llave su puerta y revisó el contenido de su mochila. Gruñó molesto al ver que se olvidó de sacar los cuchillos de allí de la noche anterior. Los lavó rápidamente y los volvió a guardar en su lugar como si nada hubiera sucedido. El zorrito mascota que había llevado a su hogar se le acercó repentinamente. Uchiha lo tomó entre sus brazos intuyendo que deseaba algo de comer. Había salido temprano y con el correr de las horas no le extrañaba que deseara el "almuerzo".

―¿Me estuviste esperando? ―preguntó curioso mientras le servía algo de comida en su plato―. Hoy empecé el día con el pie izquierdo ―le explicó mientras le acariciaba la cabeza―. Eres lo único que me está alegrando un poco el día ―afirmó al sentir como lamía su rostro animosamente.

Tras aquello, Uchiha decidió permanecer el resto del día en su hogar junto a Naruto. Las clases se habían cancelado por ese día lógicamente y al día siguiente estarían de luto por Orochimaru. Alguna ceremonia mortuoria en honor al fallecido sería realizada y obligatoriamente tendría que asistir. Como odiaba eso. Fingir que extrañarían a alguien así de desagradable le repugnaba en lo más profundo de su alma. Se sentó a leer un poco para pasar el rato en lo que despejaba su mente del interrogatorio de ese día. Era estresante repasar sus palabras. Y debía memorizarlas correctamente o su coartada caería con facilidad. El pequeño zorrito le daba pidiendo atención. Buscó una pequeña pelota olvidada en un cajón. Un juguete suyo cuando era pequeño, la arrojó viendo si el zorro la perseguía o no. Para su sorpresa la persiguió y la trajo de regreso en su boca como si de un perro se tratara. Pese a saber que estaba mal lo que pretendía hacer, tomó la decisión de adoptarlo.

―Si quieres quedarte conmigo, te haré un lugar ―comentó Sasuke como si el zorro pudiera entender sus palabras―. Dudo que mis padres se den cuenta de tu presencia. Nunca están de todas maneras ―afirmó sabiendo que ellos trabajaban desde la mañana temprano hasta el anochecer.

El pequeño animal comenzó a dar vueltas antes de dar un salto a la silla y de ahí a la mesa donde había unos potes vacíos de ramen. No había nada más rápido para cocinar y la noche anterior no tenía muchos ánimos de nada. Vio con gracia como el zorro metía la cabeza dentro de los potes vacíos y se le quedaban pegados los narutomakis en la cabeza. Soltó una breve risa. La primera desde que ese día inició.

―Creo que te llamaré "Naruto", ¿te gusta? ―preguntó con una sonrisa viendo al animal mover la cola alegremente―. Eres como un perro quién lo diría ―exclamó sorprendido por su parecido con ellos.

A partir de ese día se decidió que el zorro, bautizado Naruto sería su compañero. Esa tarde se la pasó enseñándole trucos. Le mandaba a buscar la pelota, a sentarse, dar la pata y trucos básicos que recompensó con comida y narutomakis. Descubrió que esos le gustaban bastante. Se felicitó a sí mismo por entrenar al animal. Si aprendía los trucos básicos pronto estaría listo para algo más desafiante. Después de todo quería enseñarle a ocultarse cuando le hiciera cierta señal. De esa manera aunque sus padres estuvieran en la casa podría mantenerlo oculto con facilidad. Se fue a dormir junto a Naruto al caer la noche. Y a la mañana siguiente procedió a su rutina normal. Se bañó y arregló con su ropa negra para el acto en honor a su fallecido maestro. Soltó un largo suspiro, sólo había asistido a una de esas ceremonias y había sido hace bastante tiempo cuando una maestra de otra clase había sido atropellada. Notó con algo de tristeza que no había tenido tiempo con sus padres.

―Ni siquiera saben que mi maestro fue asesinado ―susurró para él mismo alistándose para salir―. Aunque creo que es lo mejor por el momento ―comentó viendo al zorrito meterse dentro de su mochila―. ¿Quieres venir conmigo? ―cuestionó con una pequeña sonrisa.

El animal movió la cola y se enrolló dentro sin oponer resistencia a que la cerrara. Sasuke tuvo mucho cuidado al ocultar al zorro allí. Tener un poco de compañía durante el funeral le caería muy bien. Además temía que de dejarlo solo pudiera hacer algún desastre en la casa. La vez anterior se había comportado extremadamente bien, pero nada le aseguraba que seguiría así por más tiempo. Tomó el transporte público y pronto vio a los demás alumnos vestidos de negro al igual que él. Todos se fueron alineando con las velas y flores en las manos para presentar sus respetos. Notó una mirada insistente sobre su persona e intentó ignorarla. Suigetsu por algún motivo no se le había acercado en lo más mínimo. Siendo extraño, ya que siempre solía ser alguien difícil de sacarse de encima. Un breve discurso dado por la directora del colegio dio fin a la ceremonia dejando a los alumnos libres de hacer lo que les diera la gana.

―¡Oye, Sasuke! ―llamó Suigetsu acercándose a él por primera vez en ese día―. ¿Podemos hablar? ―preguntó recibiendo un leve asentimiento de cabeza de parte del otro―. En privado, es importante ―remarcó con seriedad.

―De acuerdo ―aceptó el moreno mirando a sus alrededores. Cuidando de que nadie los viera irse.

Tenía un mal presentimiento. El chico de cabello albino siempre fue alguien muy bromista y jovial. No podía creer que estuviera deprimido por la muerte de su maestro. Nunca había sido especialmente unido al occiso en primer lugar. Caminaron en silencio hasta el patio trasero de la escuela. Aquel sitio donde la mayoría de los alumnos iban a ocultarse para fumar o besarse por la privacidad que ese sitio ofrecía. Una vez que se aseguraron de estar solos se decidió hablar.

―¿Para qué me trajiste aquí? ―interrogó el moreno abrazando con cuidado la mochila donde estaba oculto Naruto―. Tengo algo de prisa ―dijo queriendo irse a casa para sacar al zorro para estirarse.

―Es sobre el interrogatorio de la policía ―soltó finalmente viéndolo con seriedad―. Todos sabemos que Orochimaru era un pervertido. No es tu culpa lo que sucedió ―consoló mirándolo con lástima.

―¿De qué estás hablando? ―preguntó con una cara pálida y algo nerviosa―. No sucedió nada de eso conmigo. Yo no soy ningún debilucho como para dejarme abusar por él.

―Lo sé ―suspiró Suigetsu acercándose a él para sujetarlo por los hombros―. Sé que lo asesinaste en defensa propia ―confesó viéndolo cara a cara.

―¡¿De dónde demonios sacaste eso?! ―exclamó separándose por completo del otro.

―No finjas ―pidió el de los ojos violáceos frunciendo el ceño―. Vi los cuchillos en tu mochila. Seguro que si la policía investiga van a encontrar sangre en alguna prenda tuya o en los cuchillos ―explicó.

―¿Qué demonios les dijiste a los oficiales en la estación? ―preguntó sujetando con una mano la mochila y con la otra jaló el cuello de la ropa del otro.

―Sólo la verdad ―contestó con simpleza―. Él era un depravado y se merecía lo peor ―afirmó sin ningún rastro de remordimiento―. Por eso debes entregarte y explicar que lo asesinaste en defensa propia.

―¡No te metas en mis asuntos! ―ordenó Sasuke encolerizado por las palabras de su amigo.

―Entiéndeme, Sasuke ―dijo intentando abrazarlo siendo rechazado rotundamente―. Yo haría lo que fuera por ti. Eres una persona sumamente especial para mí. Tanto que mentí sobre donde estuviste anoche y dije que estabas conmigo ―explicó recibiendo un duro golpe en la boca.

―Idiota ―reclamó Uchiha mostrándose aún más molesto que antes―. Tu mentira nos meterá en problemas a ambos. Yo ya expliqué donde estuve y por tu culpa van a pensar que soy culpable.

―¡Deja de fingir que no eres el responsable!

―¡Cállate! ―gritó abrazando con ambos brazos la mochila que aún conservaba con él―. No vuelvas a meterte en mis asuntos o te arrepentirás, Suigetsu.

Dicho eso, Sasuke se retiró deprisa de aquel sitio. No se había dado cuenta que su conversación no tenía nada de privada o secreta. Había otra persona escuchando a detalle cada palabra. Estaba sumamente intrigado por el asesinato de Orochimaru y si alguien deseaba encontrar al culpable precisamente era él. Tendría que conseguir aquellas prendas y cuchillos mencionados antes de poder entregar a Sasuke a las autoridades. O quizás sería mejor hacer otra cosa…

Uchiha estaba muy alterado. No sabía si debía hablar con alguien o no. Podría pedirle ayuda o consejo a sus padres o hermano, pero ¿cómo? Ahora estaba inquieto intentando adivinar las hipótesis de la policía respecto al caso. Él había dado una explicación convincente que no dejaba lugar a la mala interpretación. Tenía "pruebas" circunstanciales para salvarse. Nada definitivo, pues dependía de los programas de televisión que vio y alguno que otro vecino al que vio en el camino a su casa. El problema era que quedaba el espacio de tiempo correspondiente al homicidio. Se lo vio llegar a la casa en la tarde y de ahí alegó estar toda la noche en su casa. Confiando en no haber sido visto cuando salió una segunda vez. Ahora por la mentira de Suigetsu lo subía como sospechoso. Dos historias que no concordaban eran cuando menos llamativas. Maldijo su suerte por no haber guardado aquellos malditos cuchillos. Se los había olvidado por un maldito descuido. Ahora tocaba deshacerse de la ropa con sangre sin que nadie supiera de la misma. ¿Cómo? Lavarla no serviría del todo, quemarla llamaría la atención y regalarla era un juego azaroso. No le quedaba más remedio que enterrarla en algún sitio donde nunca la fueran a buscar.

―¡Eso tendré que hacer! ―se dijo así mismo yendo a buscar la ropa que se había cambiado.

Luego de haberse bañado aquella mañana puso toda esa ropa en una bolsa y la oculto en el fondo de su armario. Por mucho que su familia no frecuentara estar en casa era mejor no dejar nada a la vista por si acaso sucedía algún imprevisto. La sacó de su escondite y la metió dentro de mochila junto a una pequeña pala de jardinería que tenía su madre. Si elegía un buen sitio no necesitaría excavar demasiado profundo. Le dejó un plato de comida y agua a Naruto y salió de la casa cerrando con llave. Se había puesto ropa ancha y una gorra que le tapaba bastante el rostro y partió rumbo a un sitio de lo más alejado. En cierto bosque poco frecuentado por las múltiples muertes sucedidas y no resueltas encontró su sitio ideal. Según las historias era allí donde muchos asesinos iban a cazar a sus víctimas o deshacerse de cadáveres. Sólo esperaba no toparse con algo de eso. Caminó un largo rato internándose en lo más profundo y ocultó las ropas en un pequeño pozo que encontró. Agradeció no necesitar remover la tierra y se limitó a arrojar allí sus prendas y colocarle rocas encima tapando el hueco. Con algo de suerte nunca removerían eso. Después de todo no habría motivo para hacer cosa semejante.

―Bien, todo resuelto ―se dijo para sí mismo antes de emprender el viaje de regreso a su hogar.

CONTINUARÁ…