Capítulo 18

La fiesta de fin de año fue esa noche, jueves 18 de junio. Cada uno de los estudiantes se encontraban reunidos en el gran salón a la hora habitual... La cantidad y diversidad de alimentos que se les presentó fue increíble, y el legendario apetito de Ron fue saciado por la comida.

La única cosa que molestó a cualquiera fue el hecho de que el Gran Salón estaba decorado en el verde de los Slytherin ya que habían ganado la Copa de las Casas.

A medida que la fiesta llegaba a su conclusión, Dumbledore se acercó de la silla a la tribuna con alas en la parte delantera de la Gran Sala, justo en frente de la mesa principal... Al levantar los brazos el silencio cayó sobre los estudiantes reunidos, muchos de los cuales aún tenían sus trajes de la graduación sobre sus hombros. "¡Otro año se fue!" dijo alegremente. "Y ahora debo preocuparme con los sifones de un anciano antes de hundir nuestros dientes en nuestro delicioso banquete. ¡Qué año ha sido! Esperemos que todas sus cabezas estén un poco más llenas de lo que estaban... tienen todo un verano por delante antes de que comience el próximo año... Ahora, como lo entiendo la copa de la casa aquí necesita ser otorgada, y los puntos son: en cuarto lugar, Gryffindor, con trescientos dos puntos; en el tercero, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos puntos; en el tercero, Ravenclaw con cuatrocientos veintiseis puntos... Y en primer lugar, Slytherin con cuatrocientos setenta y dos puntos."

La mesa de Slytherin explotó de alegría cuando el resto de las casas solo aplaudieron cortésmente cuando Dumbledore pidió silencio nuevamente.

"Sí, sí, bien hecho, Slytherin." dijo Dumbledore. "Sin embargo, los eventos recientes deben tenerse en cuenta y tengo algunos puntos de último minuto para otorgar... Primero, al Sr. Ronald Weasley por el mejor juego de ajedrez que Hogwarts ha visto estos muchos años: cuarenta puntos."

Ron se puso rojo cuando sonrió ante el aplauso que le dio el resto de la escuela, excluyendo a Slytherin.

El ruido de la mesa de Gryffindor podría haber elevado el techo. 'Trescientos sesenta y dos.' pensó Harry sacando cuentas enseguida. ¡Ahora estaban de terceros!

"Segundo, a la señorita Hermione Granger, por el uso de una lógica fría frente al fuego le concedo a la casa de Gryffindor: cuarenta puntos." continuó Dumbledore, lo que provocó que Hermione rompiera en llanto y enterrara su rostro en sus manos.

Eliana le dio una palmada en la espalda, sonriéndole a Harry.

"Tercero, a la señorita Eliana Ross por arriesgar su propia seguridad por la seguridad de sus amigos: cuarenta puntos."

Eliana se sonrojó, luchando contra una sonrisa cuando recibió su propio aplauso, desconcertada por toda la atención, pero no pudo evitar que la sonrisa se extendiera mientras contaba los puntos. Eran ciento veinte puntos más.

"En cuarto lugar, al señor Harry Potter." la sala quedó en silencio esperando que Dumbledore continuara. "Por puro valor excepcional y las agallas para arriesgar su propia vida por sus amigos y por la escuela: ¡le otorgo a la casa de Gryffindor sesenta puntos!"

Enseguida los aplausos explotaron por toda la habitación.

"¡Estamos empatados con Slytherin!" dijo Hermione felizmente a sus amigos, que estaban sonriendo. Si Dumbledore solo le daba a uno de ellos solo un punto más, entonces...

"Y finalmente." añadió Dumbledore luego de pedir silencio. "Se necesita mucha valentía para enfrentar a tus enemigos, pero mucho más para enfrentar a tus amigos. Por lo tanto, le concedo diez puntos al Sr. Neville Longbottom."

Gritos de alegría resonaron en todo el Gran Salón mientras que Neville se sorprendió por lo que había ocurrido cuando se unió lentamente a los vítores.

Harry no pudo evitar reírse al ver la expresión de Malfoy. Le hubiera encantado tener una cámara para capturar el momento... No tenía precio.

"Suponiendo que mis cálculos son correctos, creo que un cambio de decoración está en orden." llamó Dumbledore sobre el aplauso que incluso Ravenclaw y Hufflepuff se habían unido... Dando una palmada convirtió los colgantes verdes en escarlata, la plata en oro y la serpiente Slytherin se convirtió en un león de Gryffindor.

Y mientras reía y aplaudía con sus amigos Harry supo que aquello era solo el comienzo de una serie de batallas contra Voldemort y sus seguidores... Pero mientras tuviera a sus amigos sabía que sobrevivirían, porque todos tenían algo por lo que valía la pena luchar.


Al día siguiente los estudiantes estában caminando, y subiendo al tren.

"¡Vamos, apúrense! ¡Llegarán tarde! ¡El tren se está yendo!" Hagrid apresuraba a los primeros años. "¡Sigan! ¡Vamos, dense prisa!"

Harry le entregó a Hedwig a un hombre del tren antes de caminar hacia una de las puertas abiertas del tren donde se encontraban sus amigos quienes saludaron a Hagrid, que les devolvió el saludo.

"Vamos, Harry." dijo Hermione mientras subía al tren.

"Un minuto." dijo Harry antes de acercarse a Hagrid.

"Pensé que te irías sin despedirte." dijo Hagrid sacando al mismo tiempo un álbum rojo del bolsillo de su abrigo para dárselo al chico frente a él. "Esto es para ti."

Abriendo el álbum, Harry vio una imagen en movimiento de él cuando era un bebé con sus padres... Todos sonreían y saludaban. "Gracias, Hagrid." con una sonrisa sacudió la mano del gigante, y luego lo abrazó con fuerza.

"Oh... Sigue... sigue debes irte." Hagrid lo palmeó en el hombro aguantando las ganas de llorar... Cuando él niño comenzó a alejarse lo detuvo a mitad de camino. "Oh, escucha Harry, si ese idiota del primo tuyo Dudley te da algún problema siempre podrías, um amenazarle con un buen par de orejas para acompañar esa cola."

"Pero Hagrid, no podemos hacer magia lejos de Hogwarts." Harry frunció el ceño. "Tú lo sabes."

"Yo sí, pero tu primo no, ¿verdad?" Hagrid rio junto con Harry antes de hacerle señas hacia el tren. "Ya debes irte."

Asintiendo Harry se alejó regresando a la puerta del tren donde Hermione, Eliana y Ron estában esperandolo.

"Se siente extraño volver a casa, ¿no?" preguntó Hermione.

"No voy a casa." dijo Harry antes de mirar hacia Hogwarts. "Estoy en ella." con una sonrisa hacia sus amigos subieron al tren enseguida mientras éste sonaba el silbato de arranque.