Capítulo 2: Una Razón
Malon estaba ligeramente confundida. La presentación tan tranquila de aquel niño la había enmudecido un poco, pero también, la mantenía sin habla el hecho de que, de alguna forma, sentía que lo había visto antes.
–Tú... tú eres... –Decía Malon, mientras limpiaba sus lágrimas. –¿Te he visto?
–Sí. –Respondió Link, con una sonrisa incomoda tras la cara de la niña. –En el centro de la ciudadela. Y afuera de la entrada del castillo de Hyrule.
–Claro, eres el niño hada. ¿Por qué estás aquí? ¿Y dónde está tu...?
–Disculpen por interrumpir, niños. –Dijo el guardia, con un tono un poco impaciente. –Pero solo vinimos por el caballo, y no hay tiempo para charlas.
–Es una yegua. –Link y Malon dijeron a la vez.
Y ambos voltearon a verse. Malon con un rostro sorprendido y confundido, y Link la miraba con una mueca, señal de que sentía haber dicho algo que no debía.
–¿Conoces a Epona?
–Ehh, yo... algo así. –Link para nada tenía claro que decir. –Espera un poco.
Evitó a Malon para hablar con el guardia, tratando de conseguir algo de tiempo extra, cosa que parece da resultado, pues el guardia empieza a temblar ligeramente de las piernas. Al final, el guardia termina de rodillas, mientras Link se aleja.
–¿Qué hiciste? –Malon preguntó.
–Ah, nada en especial. Solo diré que me sorprende lo que puede hacer alguien por una máscara.
Malon siguió sin entender, pero eso no era lo importante ahora. Quería saber por qué un niño que solo vio una vez quería llevarse a una yegua tan importante para ella.
–Bueno. –Malon cambió su actitud en un segundo. De tristeza y dócil a ruda con ceño fruncido, como una niña podría hacer. –Eso no me importa, ¡¿por qué quieres llevarte a Epona? ¡Es MI yegua!
–Hija, calma. –Talon se interpuso en la conversación. –No tienes que tratarlo tan mal, no parece un chico malo.
–¿Y tú qué sabes? –Respondió Malon, con los brazos cruzados y haciendo puchero.
Link la miraba algo curioso, intentando ocultar una sonrisa. Malon respondió con una patada y un puchero, intentando expresar una rudeza por sobre la de Link.
–¡Malon! –Talon gritó.
–Oye –Decía Link, mientras se sobaba la rodilla. –¡Eso me dolió!
–No me importa –Contestó Malon. –Epona se queda aquí y no harás nada al respecto.
–¿Por qué no me das la oportunidad? –Respondió Link, ya compuesto tras la patada. –Yo sé que es una yegua muy buena.
–¿Y cómo sabes eso? Nunca platiqué contigo sobre Epona, y casi nadie se interesa por ella, ¿por qué tú?
Malon parecía quebrantarse de nuevo, por lo que Link, tratando de tranquilizar las cosas, acercándose lentamente y hablando suave.
–Te suplico por favor que me dejes convencerte que Epona estará en buenas manos. Sé que suena raro, pero, te juro que la conozco muy bien.
Malon seguía confundida, pero la insistencia y seguridad de Link la hacían creer un poco en él, y que posiblemente habla con la verdad.
–Bien, ¿cómo piensas demostrarlo? –La niña dejó de lado el lado rudo un poco para mostrar un poco de interés.
El niño Link respondió con solo una sonrisa, para después mirar al establo.
–¿Te parece bien si vamos a verla?
Señaló el campo de caballos al fondo de la granja. Malon sin saber que responder exactamente, miró a su padre Talon.
–Ve con él, hija.
Voltea de nuevo a Link, y mantiene su sonrisa, cosa que hace abrir la confianza de esa niña granjera.
–Está bien.
Tiempo después, Malon y Link se encuentran en el campo de caballos de la granja. Ella se encontraba mirando a los caballos correr, mientras Link estaba sentado en el pequeño comedor techado de caballos, observando a la pequeña Epona que parecía jugar trotando en círculos.
–No estás diciéndome por qué debería confiar en ti. –Malon dijo.
–No me has dado chance de hablar. –Link respondió.
–Pero simplemente no te entiendo. –Ella dijo, mientras se sentaba a su lado. –¿Por qué Epona? ¿Cómo es que sabes su nombre? ¿Te la quieres llevar solo porque es de tu tamaño? ¿Qué no hay caballos en el castillo de su mismo tamaño?
Malon miro a Link curiosa, pero él tenía una mirada incomoda.
–Esas... fueron muchas preguntas, Malon.
–Lo siento. –Ella se retrajo un poco. –Pero… realmente ella es mi yegua favorita. No creo que lo entiendas, ni podría hacerte entender.
–Sí puedes. –Link lo dijo muy seguro, tanto que sorprendió a Malon. Cosa que le hizo dar cuenta que había hablado de más.
–¿Cómo? –Ella preguntó, muy curiosa.
–Bueno, eh... –Link parecía ocultar algo que ya sabía. –Podrías... decirme cada detalle específico de ella. ¿Qué come? ¿O cómo le gusta que la llamen?
–Se llama Epona. Se supone que ya sabes.
Malon sin querer, había puesto al pequeño Link en una encrucijada.
–Ci-cierto. Eh bueno. –Link se levantó y trotó un poco al campo, alejándose de Malon. –Sabes, cuando venía camino acá, el guardia me dijo que cada vez que vienen a recoger la leche, escuchan una melodía muy linda. Me preguntaba si sabes cuál es.
La voz de Link se trababa mientras terminaba cada palabra, algo sospechoso para Malon, pero que no le tomaría tanta importancia. De cierto modo, algo dentro de ella quería creer en ese niño rubio. Ella se levantó para ponerse a su lado, teniendo la respuesta en la punta de su lengua.
–Supongo que esa melodía es esta.
Malon puso la espala recta, se puso las manos al pecho y tras una bocanada de aire, empezó a cantar. La melodía que era sello de ese rancho, que armonizaba el trote de los caballos y un recuerdo muy especial.
La canción de Epona.
Mientras Malon la armonizaba, Link estaba impresionado, con una impresa sonrisa, una mirada nostálgica y con ligero brillo en sus ojos. Cuando Malon acabó la canción, Link se apresuró a limpiarse los ojos, y a su vez, la pequeña Epona trotaba a paso lento hacia los niños, llamada por su canción.
–La llamé La Canción de Epona. –Malon decía mientras acariciaba a la pequeña yegua. –Es un recuerdo de alguien muy especial, y siempre la canto cuando estoy con los caballos para no olvidarla.
–¿No olvidarla? –Link preguntó, curioso. –¿A quién te refieres?
Malon se dio cuenta que su plan para encubrir los verdaderos sentimientos por Epona fallaron, cosa que hizo esquivar la mirada de Link, pero sin poder mentirle.
–A... a mi mamá. –Respondió casi para sí misma. –Me recuerda mucho a mi mamá.
Hubo un ligero silencio entre los dos, pero también una pequeña conexión común, cosa que Link sentía, pues recibió la noticia con una comprensión bastante alta.
–Te entiendo. –Link dijo, sin mirar a Malon quien seguía esquivándolo. –Yo no conocí a mi madre, pero me han dicho cosas muy bonitas sobre ella. Hizo muchas cosas por mí.
Link volteó para ver si Malon se recompondría, pero mantenía igual. Cosa que no le gustaba mucho, e intentaba buscar una forma de romper ese hielo incómodo.
–Oye. –Link chocó hombros con ella. –¿Qué cosa más recuerdas de tu mamá?
Malon cambio su postura, pero seguía sin mirarlo, cambiando su objetivo al suelo.
–Si hay algo que quieras contarme. Si no, no pasa nada.
–Son muchas cosas. –Malon dijo. –Pero no eres alguien a quien quiera contarle eso.
Malon se alejó un poco de Link, y se acercó a Epona.
–Quisiera que me dieras la razón verdadera por la que quieras llevarte a Epona... pero si desde el castillo dieron la orden, creo que no importa que diga que no.
Ella soltó un tono desganado, pareciendo que estaba resignada a perder a su yegua favorita. Cosa que a Link lo entristeció un poco, por lo que sin pensar demasiado, halló la solución para que Malon no se sintiera mal.
–Oye. –Link le habló a Malon para que volteara. –¿Sabes qué es esto?
Malon dio la vuelta, y observó lo que parecía un instrumento, hecho de lo que parecía cerámica, de un color azul marino y con aquel logo triangular de la realeza.
–¿Qué es eso? –Malon preguntó.
–Es una ocarina. Regalo de la familia real de Hyrule, especialmente de la princesa Zelda. –Un cambio de tono se notó en su voz, además de una ligera sonrisa.
–¿A caso esa cosa la uso la princesa antes, o por qué te vez tan feliz?
Un rubor repentino se mostró en Link tras las palabras algo ácidas de Malon, pero se compuso para responderle.
–En realidad, es un tesoro familiar niña, que pasó entre generaciones y generaciones de la realeza.
–Genial, pero lo siento. Epona no vale esa cosa.
–¡No es intercambio, tonta! ¡Es…!
Link paró su sobre enojo para componerse, de nuevo, y tratar de llevar su plan a cabo.
–Mejor, observa. –Link dijo, para después entonar la ocarina.
Lo que hizo Link después, fue algo que dejó a Malon sorprendida, y un poco hipnotizada. Con una gran facilidad, un cariño transmitible y obvia pasión, tocaba la canción de Epona con la ocarina, de una forma que Malon no había experimentado antes. Su atención en Link tocando el instrumento se vio desviada a los movimientos que hacía Epona. Corría más, relinchaba más, y su energía se había multiplicado, tan solo por Link tocando su canción.
Cuando Link terminó de tocar, Epona detuvo su entusiasmo para acercarse a Link muy lentamente, para postrar su cabeza en el niño y este le acariciara ligeramente la crin blanca que la diferenciaba de todo el establo.
–Eso… -Malon dijo. –Fue genial. ¿Puedes tocar canciones solo escuchándolas una vez?
La pregunta hizo volver a Link en su modo misterioso, batallando en responder otra vez.
–Eh bueno, más o menos. Solo pasa cuando la melodía me… gusta mucho.
Link pensó de inmediato que dijo la cosa más estúpidamente cursi del mundo. Sin embargo, al mirar a Malon, un lindo brillo se formó dentro de sus ojos.
–¿Te gusta mucho mi canción?
–S-sí. –Link batalló en mirarla un poco. Pronto se le ocurrió algo para ocultarlo –¿Te... te gustaría que toquemos juntos la canción? Yo tocó, tú cantas.
El brillo en los ojos de Malon se intensificó, junto a una sonrisa de oreja involuntaria.
–¡Sí!
–Bien, hagámoslo. –Link le devolvió la sonrisa. –A la cuenta de tres. Uno, dos, tres.
Al unísono, Link y Malon hacían ver su talento con la canción. La melódica voz de Malon junto a las notas de viento que soltaba Link, se unían en una versión única y preciosa, que incluso llamó la atención de Talon, Ingo, y el guardia que acompañaba a Link. Mirando de lejos, Talon sonreía al escuchar a los dos niños por fin congeniar, sabiendo que las cosas por fin terminarían bien.
Finalmente, ambos acabaron la canción, cruzando miradas, compartiendo una sonrisa y riendo entre ellos, terminando con Malon dando un puñetazo amistoso, y corriendo por la granja de caballos. Link seguido, siguió su juego, corriendo detrás de ella.
Un juego que duró hasta el atardecer.
El rancho se tiñó de anaranjado, mientras todos se encontraban en la entrada. Malon con su padre, observando a Link poniéndole un asiento a Epona, lista para partir. Al terminar, Link le dio la orden al guardia de que era hora de partir, mientras él sostenía a Epona de la cabeza para poder darle la vuelta.
Malon estaba mucho más tranquila, pues pudo comprobar que Epona estaría en buenas manos. Su duda de por qué quería a su yegua desapareció, pero una nueva apareció en su cabeza, diciéndola en voz alta.
–¿A dónde irás? –Dijo sin pensar tanto, y sin esperar una respuesta clara.
Link se quedó quieto por un momento, aunque parecía largo por la pregunta que se le hizo, dejando a Malon un poco apenada por lo que hizo. Sin embargo, el pequeño volteó y respondió.
–Voy en búsqueda de una amiga. –Dijo Link, sin dejar de mirar a Malon. –Perdí a alguien especial para mí, y espero poder encontrarla. Quizá incluso con ayuda de Epona podría encontrarla.
–¿Ella conoce a Epona?
–Sí… algo así. –Link dijo, mientras se subía a Epona. –Creo… creo que esa es la razón por la que quiero a Epona.
Malon se sorprendió, y se sintió mucho más tranquila conociendo las verdaderas razones de aquel niño rubio.
–Mucha suerte… eh…
–Link.
–¡Link, claro, claro! –Malon se despidió con su mano y una sonrisa.
Link respondió ligeramente igual, mientras montado en Epona, salía lentamente del rancho, para aventurarse a lo que fuera, mientras Malon esperaba no solo que Epona regresara, sino también que Link pudiese cumplir con su misión.
Hey, ¿qué tal? Mucho tiempo sin una historia, ¿verdad?
Realmente no hay forma que pueda decir que lo siento por tardar tanto en sacar la continuación de esta historia. Quienes le han dado follow a este fanfic, les agradezco con todo mi corazón. No quería contarlo para mantener el secreto de la historia, pero procuro que esto dure nada más 5 capítulos, por lo que espero me sirva para continuarla y terminar esto y disfruten la lectura completa.
Sin nada más que decir, Flor De Canela se despide.
