Marinette se odia.

Le molesta las personas egocéntricas, solo piensan en ellos, pasan por encima de todos, y aunque eso no fuese así, ellos juran estar por encima de todo y de todos.

¿Cómo una persona puede ser así?

Le caen bien a todo el mundo, aunque hay excepciones, es que simplemente hay personas (a su parecer) ciegas, quienes les encantan estar al lado de ellos, que no ven los desesperante que pueden llegar a ser, no tienen miedo de sentirse menos, tienen a esas personas en un magnífico pedestal que en realidad no existe.

Y no existirá nunca, ¡por todos los miraculous!

Supuestamente ellos, por ser ellos nada más, ya tienen a todas las personas del mundo a sus pies, y es que eso es lo que más le molestaba a marinette (además de el hecho de que hablen de ellos mismos y sus tantas virtudes tooodo el día), no podía ni siquiera imaginar la cabeza de ese tipo de personas ¿tendría un altar de sí mismo? ¿o un espejo gigante dónde solo se para en frente para hacerse cumplidos?

Le parecía algo realmente patético. Solo es una persona, como todos las demás. Ni que alzaran alguna estrella o algo basta.

Y, aunque Chat Noir no era una persona así, para nada, pero si un narcisista la mayoría del tiempo, y eso digamos también lo metía en la misma bolsa de egocentrismo (aunque sí, ¡ya lo sabe! no es la moyoría del tiempo).

Pero bueno.

Aquí entre nosotros, esa parte de él, le cae de la patada.

Un grano en el trasero.

Una cosa odiosa.

Insoportable.

Y, cuando Marinette cayó en cuenta de que se sorprendía así misma pensando demasiado en él últimamente (justo como ahora), que se le aceleraba el corazón cada vez que flirteaba con ella y de que le gustaba más de lo que quería admitir, se odió.