Hey! No tengo mucho que decir esta vez, la semana ha ido tranquila pero con unas lluvias que parece que a chuchito se le olvidó cerrar la llave en el cielo (una disculpa si alguien es religioso y la broma le cae pesada). Espero tengan un excelente inicio de semana. ¡Gracias por continuar aquí!


RESPUESTAS A REVIEWS:

Tenshi Everdeen: Te lo digo, yo NUNCA exagero xD. Ya viene la parte bonita de todo esto, antes de que todo se vaya alv de nuevo OwO. Gracias por leer y por tus comentarios - inserte corazoncito aquí- .

LostNeko120: Estas dos o se aman o se sacan los ojos, no hay punto medio xD. Gracias por leer ~


"No significa nada"

Capítulo 6:

Super Yang al rescate.


¿Superficial?

Ella no era superficial, no se podía ser superficial con gente como la ojimorada, lo evidente saltaba a la vista, y durante esos meses, Yang Xiao Long no había mostrado nada que contrariara la opinión de Blake.

Bueno… tal vez un poco. Es decir, cada que se topaban, Belladonna la saludaba con cordialidad gracias a que su percepción de Yang se suavizó. Tras observarla por algunos meses, su forma de ser con sus amigos, con sus compañeros, con el que parecía ser su padre, nunca mostró esa bestialidad que la pelinegra había detestado desde el momento en que le contaron acerca de los chicos de Atlas que había mandado al hospital, o desde que vio el espectáculo que armó con un chico en la cafetería, que bueno, no sabía que aquella chica era la misma de la que tanto había escuchado hablar, hasta que se presentó ante ella como la famosa Yang Xiao Long. Parecía… una persona agradable… alguien que brillaba con luz propia y con quien simplemente no podías enojarte, y ese era el asunto… No importaba a cuántos golpeara o su mal historial de comportamiento, de alguna manera nunca veía repercusiones en ella o a su alrededor, incluso la gente con la que se peleaba, salvo una minoría, se volvían amigos de la apodada Firecracker.

El sentido de la justicia de Blake no le permitía mirar esto con buenos ojos, aunque esa era una tendencia infantil, así que se limitaba a pensar que la rubia debía comprender algún día que sus acciones tienen consecuencias.

Llegó el día siguiente a la discusión de Blake y Yang en el gimnasio, la capitana se veía igual de resplandeciente que siempre. Claro, era imposible que de alguna manera le hubiera hecho daño, esos ojos amatistas dolientes habían sido su imaginación, ellas no eran ni siquiera amigas, de todas maneras… Aunque tampoco se merecía todo lo que le dijo… estaba estresada, habían tenido que llenar el lugar de Raf en la cuadrilla y el estrés de los próximos exámenes la estaban volviendo loca.

— ¿Estás lista para el gran día? — le preguntó uno de sus compañeros, mientras le ofrecía la mano para chocar los cinco.

— Lista, estoy. Pero igualmente nerviosa, sabes lo que significa este juego para la guerra no oficial de Atlas y Beacon, así que debemos hacerlo excelente— respondió.

— Tranquila, ese es nuestro sello, siempre lo hacemos más que excelente, incluso la nueva chica ha mejorado con una rapidez asombrosa, así que no te preocupes, se irán de aquí sabiendo que no pueden ni con nuestro equipo de fútbol americano ni con nuestra cuadrilla— el chico de cabello plateado elevó el brazo y cerró el puño, buscando animar a su capitana.

— Cierto, gracias— Blake sonrió y caminó con él hacia el campo.

Las amigas de Blake llegaron corriendo a jalarla con premura, ante el desconcierto de ambos chicos.

— ¡Rápido señorita capitana, necesita ver esto!

— ¿Qué ocurre? — dijo mientras reía.

— ¡Los de animación tienen un duelo con los de equipo americano!

— ¿Un duelo? ¿Una pelea?

— Algo así— las chicas sonrieron entre sí.

— Seguramente la inició Yang, ¿verdad? Es que esa chica no tiene remedio, tenemos el juego mañana y ella está haciendo tonterías, ¡es la capitana! ¡Cielos! — los ojos ambarinos de la pelinegra se encontraban fijos en la salida, por lo que no miró que sus amigas le rogaban, suplicaban e imploraban que mantuviera la boca cerrada.

— El duelo es de quién hace más flexiones, no es una pelea a golpes— se apresuró a decir la más baja.

Blake redujo el paso cuando escuchó esto, sólo para ver que la rubia mencionada pasaba a su lado, dirigiéndose al campo. Parecía que iba caminando detrás, seguida de un par de chicos que le dieron a la capitana del equipo de animadores una mala mirada.

— Metiste la pata. — dijo una de las chicas, quien fue inmediatamente callada por otra.

La pelinegra se mordió el labio inferior y continuó su camino hasta el campo.


— ¡Hey! ¿Qué hacen, chicos? Si el entrenador no nos mira sacando los pulmones en la cancha, nos tocaran trescientas abs a cada uno.

— Vamos, capitana, ¡hemos entrenado duro! Algo de desestrés antes de mañana no está mal, y todos nosotros estaremos en la cancha.

— Hm, no lo sé, chicos— Yang ladeó la cabeza, poniendo las manos en cada lado de su cintura.

— Tal vez su capitana no puede superar la marca que hemos impuesto nosotros— dijo uno de los integrantes del equipo de animación, con clara burla, pero sin buscar ofender.

— Si creen que van a hacerme entrar en el juego sólo por…— comenzó a decir la rubia, con una sonrisa.

— ¡Deshonra! — cantó el chico.

— ¡Mentiras! — corearon el resto del equipo de animación.

— ¡Desgracia!

— ¡Vergüenza!

Yang sonrió y se quitó la sudadera.

— Ustedes lo han querido así, ¡venga! ¿Cuál es la marca y qué están haciendo?

— Flexiones con el miembro más pesado de nuestro equipo a la espalda, el récord lo tengo yo, con 137— el chico infló el pecho —. ¿Crees poder superarme?

— Listo, pero si hago más que tú, nos invitarán el almuerzo más tarde, ¿trato?

— No lo sé…

— ¿Qué cantabas hace rato? — Yang rememoró —. Deshonra~

— Ya, vale, inténtalo, capitana— el chico se apartó mientras sonreía a sus compañeros, quienes lo miraban con los ojos entrecerrados.

Yang avanzó al centro de la multitud y varios gritaron, expectantes.

Blake, quien había visto la escena desde la lejanía, se vio tentada a tomar a su equipo y llevárselo a entrenar, pero sus amigas la convencieron para que dejara que el pequeño duelo se llevara a cabo.

— Vas a ver a Yang sudar— inquirió una de las chicas con la ceja alzada.

— ¿Consideras eso sexy? — otra frunció el ceño con desagrado.

— ¿Tú no?

— Cielos— Blake rio ante la discusión y se llevó el puño a los labios, mirando cómo la rubia comenzaba a subir y bajar con Hazel a su espalda.

Las repeticiones pasaron una tras otra, cada vez los gritos de apoyo subieron de tono mientras Yang se acercaba a las 130 flexiones. La pelinegra ya se había acercado, envuelta en la emoción de momento, la rubia no estaba ni cerca de caerse, y sus músculos se tensaban con cada elevación.

— ¡128! ¡129! ¡130! ¡131! ¡132! ¡133! — algunos chicos del equipo de fútbol americano celebraron la igualdad, pero ahora, tocaba mirar hasta donde llegaría la rubia.

Los minutos pasaron, y finalmente, Yang se levantó con notable esfuerzo.

— ¡Quítate, Hazel! — le gritó al castaño y este se levantó de la espalda de la capitana — ¡Mierda!

— 177 flexiones, ¡nuestra capitana es la mejor!

— Meh, seguro no le gana a la nuestra en sentadillas— dijo otra chica, intentando iniciar un nuevo reto.

Blake y Yang se miraron por un momento, pero la ojimorada apartó la vista, rascándose la nuca.

— Ah, el entrenador llegó hace un rato y nos está mirando con diversión, eso significa que estamos fritos, así que debemos irnos, ¡nos vemos en el almuerzo! — y con esto dicho, la apodada Firecracker partió con su equipo, celebrando la comida gratis que acababan de ganar.

— Te evadió— apuntó Ilia.

— Deberías disculparte, asumir cosas de las personas puede herirlas, simplemente dile que no piensas lo que dijiste en el pasillo y que hablaste por impulso— propuso.

— Sí…— Blake pasó su mano por su antebrazo derecho y se encogió de hombros. Ya se sentía mal por el malentendido, pero mirar a la capitana del equipo de fútbol americano evitarla de una manera tan evidente le hacía ver que de verdad había herido a la rubia de alguna manera, no sólo con lo que había dicho antes de llegar a la cancha, sino también por lo ocurrido en el gimnasio.

Decidió intentar esperar a que estuviera sola, pero ni bien se iba una o dos personas, llegaban más, y con el pasar de las horas, la idea de disculparse se tornaba cada vez más angustiante e incómoda.

Al final del día decidió dejar de esperar el momento adecuado, la próxima vez que se encontrara con ella, se disculparía, sin importar quién estuviera presente. Con ese pensamiento, se adelantó a la entrada de los dormitorios, donde, a lo lejos, miró la llama encendida que parecía el cabello de Yang bajo la luz rojiza del atardecer. En ese momento sintió que todo el mundo desapareció alrededor, la sonrisa en su rostro era tan reconfortante para el preocupado corazón de la pelinegra que, por un momento, olvidó el motivo por el que la estaba esperando, sin embargo, ese sentimiento fue reemplazado por desconcierto cuando miró a una chica acercarse a la rubia con notable familiaridad.

Era bonita, bastante más pequeña que Yang, más pequeña que Blake.

Había bajado de un taxi, ahora entendía por qué la ojimorada no había avanzado más hacia la entrada de los dormitorios. La estaba esperando.

Se abrazaron, Yang besó su frente y volvió a rodearla con sus brazos. Nunca la había visto así, sostenía a aquella chica como si fuera todo para ella… ¿cuál era su relación? ¿Y por qué debería importarle? Estaba ahí para disculparse por la hostilidad que había entre ellas últimamente, porque no era más que su culpa. Había sido infantil… bueno, no sólo ella, pero si en la rubia quedaba disculparse, entonces estarían dando un paso en la dirección correcta, pero… ¿hacia qué dirección?

— ¡Espero tengas galletas! No pienso salir hasta mañana, el viaje fue agotador— la pelinegra se colgaba de la más alta, quejándose de lo difícil que era hablar con las personas.

— Dentro de unos meses vas a venir aquí, y vas a tener que preocuparte de tus cosas, incluso el tío Qrow te ofreció trabajo en su bar, ¿no crees que es hora de que comiences a dejar esa ansiedad social? — le dijo la ojimorada, despeinándola mientras reía, pero en el momento en que su vista se posó sobre Blake, su rostro se deformó a una mueca incómoda.

Esto de alguna manera hizo punzar el pecho de la chica de ojos ambarinos.

La capitana del equipo de animadores percibió esto, ahora no sabía si acercarse o no, así que, con rapidez, sacó su celular y se sentó en una de las jardineras, pretendiendo que no la había visto, aunque sus miradas ya se habían encontrado.

Yang pasó de ella y por fin, Blake dejó salir el aire que había estado conteniendo. Cerró los ojos con fuerza mientras agachaba la cabeza y suspiraba con pesadez… Al otro día sería el juego contra Atlas, así que definitivamente no habría posibilidad de que hablaran a solas, mucho menos acompañadas. Sin mencionar que no podía tener ninguna distracción en mente, ni ella ni la rubia… Si no era en ese momento, no sería al siguiente, ni el siguiente, pues era fin de semana. Y entre más pasaba el tiempo… más difícil se volvía.

Sin embargo, el nudo en su pecho no le permitía ir a la habitación de Yang, pues tenía visitas… ¿un familiar? ¿… su novia?

— Al diablo— tomó su celular y miró que tenía varias llamadas perdidas de Ilia, una de sus amigas del club de animadores.

¡Blake! Llevo horas intentando contactarte.

— ¿Qué ocurrió?

— Es Charmine.


El gran día había llegado, la apodada Firecracker estaba rebosante de adrenalina. Su hermana había venido a mirar la universidad y a verla jugar, así que lucir genial ante su pequeña era lo único que le interesaba en ese momento. Sin embargo, había algo de hiel en su vida en ese momento.

Se había encontrado mucho con Blake el día antes del juego, lo que le hacía pensar más y más en que le debía una disculpa por lo ocurrido en el gimnasio, pero en el momento en que iba a hacerlo, escuchó a la pelinegra difamarla, haciendo ver que no importaba lo que la chica de ojos amatista hiciera, sólo sería una busca problemas para la capitana del equipo de animadores. Eso no debería importarle, es decir, muchos a su alrededor lo pensaban, pero viniendo de ella… dolía de una manera que pocas veces había sentido, y eso la hacía enojar. Quizá era porque la juzgaba sin conocerla, y vaya que a Yang le podían esas personas que sacaban conclusiones sin saber el contexto de la historia, o quizá era porque le gustaba, y no deseaba que tuviera esa opinión de ella. Fuera lo que fuera, la presión en su pecho no se iba, y la oportunidad de empujar y someter a alguien con la fuerza que le daba esa frustración, le iban como anillo al dedo.

El juego comenzó, la presentación del equipo de animadores de Atlas fue la primera en llevarse a cabo, después de eso, empezaría el partido. En el medio tiempo, sería el turno del equipo de animación de Beacon. No había que menospreciar las habilidades de los atlesianos, pero definitivamente Beacon tenía una rutina más vistosa y emocionante para mostrar, sólo era cuestión de tiempo para que salieran a escena, y todos estaban expectantes.

El partido se encontraba en veinte puntos a favor de Beacon, así que la presentación del equipo de animación de aquella universidad no haría más que calentar los ánimos para la aparente victoria de la universidad anfitriona. Sólo había un problema tras bastidores, y es que uno de los chicos del equipo de animación había sido suspendido por ingresar al plantel bebidas alcohólicas, así que se encontraban con el reemplazo de la chica.

— Deberíamos suspender las acrobacias, Lisa entrenó, pero no todo el tiempo con nosotros— dijo Cinder.

— Opino lo mismo, la verdad no vale la pena arriesgarnos así— dijo Mercury, mientras miraba al reemplazo.

La incertidumbre estaba presente desde el día anterior en el equipo, pero Blake había pasado buena parte de la noche trabajando en una solución al problema. No habían podido apelar a la misericordia del director tanto como para dejar a Charmine participar en el juego, pero sí como para sólo suspenderla del equipo en vez de retirarla completamente.

— Escuchen, ya hablamos de esto, no vamos a suspender las acrobacias aéreas, sólo sigan mi plan y todo estará bien— habló Blake.

— Sólo pudimos practicar la nueva rutina tres veces antes del partido, ¿en serio crees que estará bien? En una casi te les vas de las manos.

— Y en la última salió perfecto, atengámonos a ello, en cualquier caso, si llego a romper la cama que me harán Elm y Joanna, ya habrán amortiguado mi caída lo suficiente.

— Intenten que no tengamos que hacerlo— expresó la de cabello azulado.

— Saldrá bien— apoyó Blake y les brindó una sonrisa tranquilizadora a los chicos.

No les quedó más que apoyar a su capitana, sabían que con la chica Belladonna nada podía ser menos que perfecto al entregar un resultado final, y añadir dos personas más a una formación altamente estética ya era mucho decir de las ganas que tenía la pelinegra de que saliera bien y cuánto había pensado para que nadie saliera lastimado. Esperaban que la chica nueva, el reemplazo de Charmine y la cama de brazos improvisada en caso de caída que harían Elm y Joanna, sirvieran de algo.


— Y entonces tuviste que ir y torcerte el tobillo— dijo Blake, mientras presionaba con el dedo en el moretón de Yang.

— ¡Auch! ¡Ya! ¡Ya entendí! ¿Cómo iba a saber que tenías un plan de respaldo? ¡No nos dijiste nada!

— Era improvisado, además sería una mala capitana si no hubiera pensado en uno, dada la situación— se cruzó de brazos.

— ¡Ajá! Entonces había posibilidad de que fallara.

Blake cubrió su rostro con su mano. Por fuera podría parecer que estaba exhausta de lidiar con la rubia, pero en realidad se estaba riendo.

La escena había sido alucinante. Estaban llevando la rutina a la perfección, Blake fue elevada por sus compañeros, y, tal cual el peor resultado predecía, la otra torre no iba a poder recibirla, así que Elm y Joanna deshicieron la formación y se prepararon para recibir a Blake, sin embargo; entre el gemido de sorpresa de la multitud, los gritos de un chico llamando a Yang se escucharon con claridad, la fornida animadora de cabello castaño apenas pudo voltear cuando miró que la capitana del equipo de fútbol americano pasaba entre ellas, empujándolas con las hombreras que llevaba puestas y recibiendo en sus brazos a la pelinegra, quien estaba tan anonadada como sus compañeros y la gente presente en el recinto. Yang la miró con preocupación, mientras le preguntaba si estaba bien, a lo que la mujer de ojos ambarinos sólo atinó a asentir. Inmediatamente tras dejarla en el suelo, se dispuso a volver con su equipo, al mirar cómo caminaba su petardo humano, el entrenador se dio cuenta de que el impacto de la caída de Blake había hecho a Yang torcerse un tobillo, quizá por lo impulsivo de su actuar. Así que, después de un coscorrón, la mandó a la enfermería, dejando a Jaune como el capitán auxiliar del equipo y llamando a Hazel para asegurar la fuerza que habían perdido con la rubia fuera del juego.

Ilia animó a su amiga a ir con Yang, ella podía hacerse cargo del equipo desde ahora. La pelinegra no lo dudó ni un poco y alcanzó a quienes llevaban a una renegona Yang en la camilla, alegando que era demasiado para una torcedura.

— Deberías pensar…

— Más en mis acciones, ya sé— la rubia se recargó en las almohadas que tenía en la espalda —. Lo siento… por eso… y por lo del gimnasio, no quería llamarte superficial ni nada de lo que dije. Quizá no es el momento, pero bueno, ya que estamos aquí y sólo puedo escuchar los silbatos del juego, no quiero que sea incómodo para ti estar aquí, ya que insistes en quedarte… Digo, no me molesta, pero tú no tienes una lesión, puedes ir con tu equipo— Yang se rascó la cabeza, intentando disimular su nerviosismo y vergüenza.

— En realidad… yo también había estado buscando el momento para disculparme contigo— Blake inhaló y exhaló con profundidad —. Cuando llegué a Beacon, me contaron muchas hazañas de la gran e ingobernable capitana del equipo de fútbol americano mixto, así que me hice una idea de ti. No soporto a la gente que siempre se sale con la suya, ¿sabes? Mucho menos quienes se valen de su fuerza, altura o habilidades para sobreponerse a los demás— al mirar el ceño fruncido de la rubia, se pudo hacer una idea de lo que le pasaba por la cabeza —. Pensaba eso, pero ya no… Esa vez… en el gimnasio… estaba muy estresada por la deserción de Raf, los exámenes, así que no estaba en mi mejor momento, así que sólo me desahogué contigo de la peor manera, todo lo malo que había pensado de ti se arremolinó en mi mente y sólo salió. Intenté por pensar que era tu culpa y que eras incorregible, pero, sentí que te había hecho daño, a eso se sumó lo que pasó en el túnel— Blake infló ligeramente las mejillas y se forzó a mirar a Yang —. Y lo siento por eso. En verdad no quise lastimarte, ni sólo encerrarme en mi enojo inmaduro.

La chica de ojos morados como amatistas se quedó un momento mirando fijamente a Blake, torturándola al pensar en cuál sería su respuesta.

— Wow, haces ver mi disculpa como nada ante todo el discurso que me has dado— sonrió con burla, ganándose un almohadazo de parte de la pelinegra —. Ya, en serio, acepto tus disculpas, espero tú aceptes las mías.

— Las acepto… gracias.

— Bueno, pues, llevémonos bien, señorita capitana— Yang le extendió la mano a Blake, quien la aceptó con una sonrisa, estrechándola.

— Lo mismo digo.

La mano de Yang era cálida, de inmediato la hizo sentirse más tranquila, y ahora toda la hostilidad que había sentido entre ellas, se había ido para dejar paso a una extraña atmosfera que no podía describir con otra palabra que no fuera "suave".

El contacto entre sus manos se prolongó más de lo normal, Yang había comenzado a acariciar con su pulgar el dorso de la mano de Blake, logrando que la piel de la pelinegra se erizara. No rompían el contacto visual, esa mirada que las amatistas de la rubia le daban a la chica de ojos ambarinos era tan tranquilizadora y llena de cariño que logró que un ligero sonrojo llenara las mejillas de Blake. Esa sensación reconfortante le duró poco, al recordar a la pelinegra de puntas rojizas que Yang había estado abrazando a la entrada de los dormitorios. Esa memoria hizo que su mano huyera del tacto de la flamante chica, quien estaba claramente confundida.

— ¿Estás bien? — preguntó, al notar el cambio en el ambiente.

— Sí… es sólo… esto se está tornando raro, y no quisiera que tengas ningún malentendido con tu novia ni nada parecido.

— ¿Novia? — Yang elevó una ceja con extrañeza.

— La chica que llegó ayer a los dormitorios… cuando nos encontramos en la puerta…— si Blake tuviera orejas de gato, estas seguramente se habrían agachado.

— En la puerta— la ojimorada miró a otro lado, intentando captar lo que su acompañante le decía —. ¡Ah! ¿Cabello negro con luces rojas? ¿Pequeña? ¿Bonita y adorable? — preguntó, dejándose llevar por la calidez que le daba recordar a su hermana, quien, por cierto, seguramente estaba fuera de la habitación, sin querer entrar, ya que le daba pena conocer gente nueva.

— Supongo que sí— una espina quería salir en alguna de las palabras de Blake, pero no la dejaría saber que sentía algo parecido a los celos.

— Ah, ella, ¡Sis, ya entra!

La puerta se abrió ligeramente y Ruby se asomó con timidez.

— Estás ocupada, yo estoy bien aquí— dijo.

— Vamos, ven si no quieres que me pare, sabes que puedo hacerlo— le respondió Yang, mientras le sonreía con diversión. Pensar que Blake creía que eran novias, ¡vaya cosa!

— Ahh… — refunfuñó la menor, mientras entraba en la habitación.

— Blake, ella es Ruby, mi hermana, Ruby, ella es Blake, la…

— Capitana del equipo de animadores, he escuchado mucho de ti— saludó con toda la seguridad que pudo sacar de su pecho. Si Yang iba a forzarla a interactuar con personas, la haría pagar.

— ¿En serio? — Blake miró a la rubia con una sonrisa.

— Ruby— la chica de ojos morados entró en pánico, se había cegado tanto por la idea de presentarle a la pelinegra a su hermana menor, que había olvidado completamente lo mucho que la menor Rose sabía de Blake.

— Mi hermana se la pasa pensando en cómo agrada- ¡Hya! — la rubia se paró de un salto, ignorando su lesión y lanzándose sobre la menor, intentando callarla.

— ¡Yang, tu lesión!

— ¡Tú, pequeño monstruo come galletas! — la mayor de las hermanas Rose-Xiao Long comenzó a aplicar una llave lo suficientemente fuerte como para desquitarse, pero no tanto como para lastimar a la ojiplateada.

Blake no pudo contener su risa, así que la dejó salir mientras se cubría los labios.

Yang aflojó el agarre al mirar a la pelinegra hacer eso, y Ruby pudo escapar con éxito, corriendo a la puerta.

— ¡Voy a preguntarle a la enfermera si ya puedes irte a la habitación! ¡No estoy huyendo!

La apodada Firecracker bufó derrotada, y Blake la ayudó a levantarse.

— Tu hermana es adorable.

— No, olvida lo que te dije, ¡es un demonio!

— Uno bonito.

— Uno bonito— repitió Yang, sonriendo —. Entonces… ¿estamos bien?

— Ya me agradas más, si eso te reconforta— rió con malicia.

— ¡Lo dijo sólo para molestarme! ¿Y qué hay de usted, Señorita Celosa?

— No eran celos— Blake desvió la mirada mientras cruzaba las piernas.

— Seguro, por eso estabas tan incómoda con la idea de que tuviera novia— la estocada de Yang dejó a Blake sin saber qué responder, sabía que estaban bromeando, pero bien decían que entre una broma y otra…

— ¿Ya no te duele? — preguntó, mientras posaba su mano con maliciosa intención sobre la lesión de Yang.

— ¡No! ¡Ya! ¡Lo siento!

— Eso pensé— Blake sonrió—. Estamos bien— dijo, mordiéndose el labio delicadamente, para calmar su nerviosismo.

La chica de ojos morados se tapó la cara y se hundió más en las almohadas que tenía en la espalda.

— Cielos, Blake, me vas a matar.

— ¿Qué? — preguntó la pelinegra, confundida.

— Eres muy bonita— respondió, sin quitarse las manos del rostro. Cosa que la pelinegra agradeció, pues estaba segura de que ahora no sólo sus mejillas, sino todo su rostro estaba teñido de grana.

Antes de que pudieran seguir hablando, Jaune y Nora entraron por la puerta, ambos con los brazos en los hombros de Ruby. Blake inmediatamente los reconoció como los dos que le habían lanzado aquella mirada de molestia en el túnel del campo, después de que se le fuera la lengua con el reto de los equipos, así que decidió que era hora de irse. Se despidió cordialmente de todos y salió de la habitación.

Ya en su dormitorio, se recostó en su cama y miró el techo. Las palabras de Yang aún seguían en su mente, y con ello, una sonrisa tonta apareció en su rostro.

… Ella le había dicho que era bonita.