Capítulo 15

"Desaparecida"

De camino a casa de sus padres, Inuyasha tenía la vista fija en la carretera, pero su mente estaba concentrada en otra cosa, en una mujer de cabello azabache y ojos chocolate. Revivía a cada instante lo que sucedió en aquel baño con el peligro de que alguien de seguridad abriera la puerta. Aunque francamente bien le importaba si los hubiesen visto o no.

Que irónico era el destino, se volvía a decir a sí mismo. Encontrar a la chica que le robaba el sueño para descubrir que era una mujer comprometida a punto de casarse con un completo cretino. Y eso fue lo que más le enervó la sangre.

Apretó los puntos en el volante y sus nudillos prácticamente se tornaron blancos. ¿Qué hombre obligaría a su pareja dejar su carrera solo por mero capricho?, bueno, su madre era una, pero su padre jamás la había obligado a dejar su carrera, al contrario, ella lo había hecho por el amor que le tenía a Sesshomaru y a él, esa había sido la diferencia. Pero esa clase de tipos, como las de Hoyo Masterson, les vendría mejor ir solos que acompañados. Tendría que estar completamente ciega o enamorada de él para aceptar esas condiciones.

¿Ella lo amaba?

La Kagome que había conocido en el avión era muy distinta a la que tuvo en sus brazos. La chica tímida que con un rubor le aclaró a una azafata que no eran nada a una joven tímida que se acercó a él una noche en un antro para plantarle un beso y después terminar en la cama de una suite con un completo desconocido.

―Muy bien. ― La voz de su madre lo sacó de sus pensamientos. ― ¿Quién es ella? – preguntó con picardía.

―Nadie― respondió mientras tomaba una curva.

―Ah no – Izayoi negó – Te conozco, te tuve nueve meses en mi vientre. No me salgas con eso. Así que dímelo – ella se le quedó viendo unos instantes – Por lo que pude ver, entre ustedes hay o hubo algo.

―Ya te dije que no es nadie – repitió una vez más mientras detenía el auto en frente de la casa de su madre.

Izayoi se desabrochó el cinturón de seguridad y observó unos instantes a su hijo, posteriormente le tocó el hombro y le regaló una cálida sonrisa.

―Puede que este comprometida y se vaya a casar el sábado – dijo – Pero aún no está casada y por lo que pude ver, creo que esa chica no es muy feliz con el idiota que tiene como prometido – después se llevó una mano al pecho – Porque créeme, es un idiota. Así que, si ella te gusta y tú le gustas a ella, podrías intervenir.

Inuyasha sonrió, pero fue más bien una fina línea que sonrisa.

―Gracias madre, pero ya dije que no es nadie.

―Si claro – ella asintió con sarcasmo – Y yo soy Meryl Streep

Ambos se despidieron y no puso el auto en marcha hasta ver que su madre entraba a casa y era saludada por el mayordomo. Entonces arrancó su auto y fue directo a su departamento.

Al entrar fue recibido por su amigo peludo, Roco, a quien gracias a él pudo dar con Kagome. Se quitó saco y la pajarita dejándolas sobre la mesita del recibidor. Fue directo a una pequeña cantina que tenía al extremo opuesto de la sala para servirse un poco de brandy. Cuando tomó asiento en un amplió sofá, su amigo peludo se acercó a él y apoyó la cabeza en una de sus rodillas.

Inuyasha asintió y le acarició el lomo, por primera vez comenzaba a sentir celos de él. Seguramente había dormido con ella en la cama toda la noche junto a ella, sabía dónde vivía o probablemente la había visto desnuda.

― ¿Cómo es ella, Roco?

Y como si el Husky supiera que le estaba hablando, alzó la cabeza y ladro. Ante ese gesto, Inuyasha esbozó una sonrisa. Era como si él le hubiese dado una respuesta.

― Intentó darte croquetas ¿verdad?

Roco se movió quedando panza arriba y se llevó ambas patas la nariz, porque ahí quedaba clara su respuesta de "croquetas".

―Lo sabía – respondió mientras sonreía.

El perro se levantó dejándolo completamente solo, entonces reparó en las braguitas que le había quitado y que guardó celosamente en su saco. Apuró su bebida para ir a buscar aquella prenda, cuando la tuvo en sus manos esbozó una sonrisa seductora. Si, esa mujer además de fascinante usaba ropa interior sexy.

Mañana la tendría aquí para ver el cuadro que deseaba que ella misma reparara, por lo que debía maquinar un plan perfecto para volverla a tener ahora si, en su cama. Y así hacerle entrar en razón con respecto a su boda, en dado caso que ella ya no deseara casarse.

Pero ahora que lo pensaba, si, había sido un inconsciente por haberlo hecho sin protección, no tenía ninguna justificación salvo que se dejó llevar por las emociones que volvió a sentir tan solo con tenerla a centímetros de ella, de sus manos posadas sobre esa piel cálida y tersa. Si existiera la posibilidad de que ese encuentro tuviera consecuencias desde luego que respondería.

De pronto esa ligera idea lo hizo esbozar una sonrisa, Roco y él eran los únicos que se hacían compañía y la idea de alguien pequeño revoloteando alrededor no le pareció descabellada. Solo que ella estaba prometida y se iba a casar el sábado.

Sacó su móvil del bolsillo de su pantalón y le envió un mensaje, frunció al cejo al ver que no tenía respuesta. Así que le marcó y tampoco le contestaba las llamadas, estuvo así un par de minutos y las un ultimo intento, decidió desistir. Ya mañana hablarían con tranquilidad.

Como se lo había recetado su hermana, en cuanto amaneció lo primero que hizo fue ir a la farmacia a comprar aquellas pastillas. Tuvo que esperar una larga fila mientras la cajera atendía para su disgusto muy lentamente. Miró su reloj de pulso, eran las ocho de la mañana. Iba vestida como quien no quisiera ser reconocida, con unos leggins negros, una sudadera y gorra verde de los Packers, tenis deportivos en blanco y para terminar su conjunto unos lentes oscuros.

Llegó su turno y la cajera se le quedó viendo un tanto desconfiada por su atuendo. Kagome sintió como si la estuviera viendo como un ladrón a punto de pedirle que le entregara todo el dinero que había en la caja registradora. Pero simplemente suspiró y alzó una ceja entregado la receta médica de su ginecóloga. La chica, una mujer de mediana estatura y con una coleta, la miró y asintió. La vio desaparecer entre las estanterías donde se encontraba toda clase de medicamentos acomodados en orden alfabético. Mientras esperaba a que le llevara las pastillas, observó que en el mostrador había toda clase de productos, incluyendo agua embotellada. Tomó una botella y la dejó en el mostrador para después pagarlas junto con el resto.

Luego de pagar salió a toda prisa de la farmacia junto con su medicamento y la botella purificada. Abrió el empaque y si, efectivamente en el contenido venían tres pastillas en color blanco. Abrió una y se la llevó a la boca pasándola con agua.

Esa mañana le mandó un mensaje al señor Myoga que no podría asistir a trabajar el día de hoy. Su jefe pareció entenderlo bien, pensando que eran temas de la boda, incluso le dio el viernes para que pasara esos dos días con tranquilidad y sin presiones antes de la boda.

Se recargó un poco en el respaldo del conductor, ya iban a dar las nueve y su teléfono no paraba de timbrar. No necesitaba ver la maldita pantalla del móvil como para saber de quien se trataba. Supuestamente hoy tendría que estar en el ático de Inuyasha para revisar esa dichosa pintura que deseaba reparar como regalo para su madre.

Del cual, llegaba a dudar un poco. Probablemente utilizó esa excusa para atraerla hasta su guarida con el propósito de retenerla. Pero no, ese día no le contestaría a nadie, salvo que fuera alguna emergencia por parte de su madre. Hoy, Kagome Higurashi no estaba ni para sus amigas ni mucho menos para Hoyo.

Encendió el auto y se puso en marcha, ese día se la pasaría en la casa donde viviría con Hoyo después de la boda. Estaba amueblada y tenía todas las comodidades, seguramente ahí nadie la molestaría por algún par de horas.

― ¡Maldición! – gruñó por sexta vez.

Era la décima vez que le marcaba en el día y ahora lo mandaba directo a buzón. La había estado esperando en su departamento como habían quedado el día de ayer, pero ella no se presentó y ya eran las nueve y media. No había ido a la oficina por que la estaba esperando a ella, tenía planes para todo un día que incluso le pidió a Sarah que cancelara todas sus citas.

Decidió como última instancia hablar al museo donde Kagome trabajaba, probablemente se le pasó que tenía una cita con él. Pero su enfado no disminuyó, al contrario, se intensificó cuando el anciano Myoga le explicaba que ella no acudió a trabajar ese día.

Estaba preocupado, desde ayer que no le tomaba las llamadas y estaba mucho más enfadado porque ese anciano no se atrevió a darle la dirección donde vivía. ¿Cómo iba a dar con ella? Si los únicos lugares donde la podía localizar eran en el museo y en su celular. En uno no se presentó a trabajar, en el otro no le tomaba las llamadas.

La deseaba aún más que ayer, quería volverla a verla y hacerle entrar en razón, de que su destino no estaba al lado de ese inútil. Si no, de que le diera una oportunidad a lo que estaba surgiendo entre ellos dos, de que esa magia que sentían se expandiera más a medida que estaban juntos.

Pero era tarde, solo tenía que esperar a que Hoyo le pasara los datos donde se efectuaría la boda, iría y la haría recapacitar, aunque él mismo tuviera que interceder.

Como especie de invocación llegó una notificación a su móvil, era un correo de Sarah, enviándole todos los datos de donde se realizaría la boda. El día, iglesia y todo ese tipo. No le puso atención a la recepción ni a la boda civil, porque primero era la religiosa y esa le interesaba más, ahí es donde intercedería.

Kagome entró al departamento que con esmero compró. Si, sonaba ridículo, pero todo lo que estaba ahí, desde la pequeña repisa hasta el televisor de alta definición que colgaba de una pared eran suyos. Todos esos años de ahorro y trabajo estaban bien empleados ahí. Fue hasta la cocina y tocó con sus dedos el mármol de la isla. Había un horno de dos pisos y las gavetas de la cocina de color caoba contrastaban con el fino piso.

Era el departamento de ensueño que cualquier chica a punto de casarse.

Dejó las bolsas de cartón sobre la isla y sacó un bote de nieve, había comprado provisiones antes de ir a aquel lugar. Así que fue hasta la sala y se acomodó en el amplió sofá blanco. Encendió el televisor y buscó algo en Netflix. Sus primeras opciones para elegir era una película romántica como "Orgullo y perjuicio" o algo de acción y aventura como las películas de Marvel. Ella y Ayame siempre discutían sobre quien era más atractivo, si Chris Hemsworth o Sebastian Stan.

Volvió a escuchar su móvil y no le dio importancia.

Realmente estaba muy desanimada ese día. Su vida era un desastre y por primera vez comenzaba a ver como un error el haberse acostado con Inuyasha en Cancún. Su vida, si no era normal antes de él, al menos era organizada y no estaba hecha girones. Antes de él estaba "ilusionada con su boda", veía con lo que ella creía "amor" a su prometido.

Pero a quien quería engañar, siendo franca y honesta consigo misma, era lo mejor que le había pasado. Gracias a él veía con otros ojos a Hoyo.

Entonces, reparó en él. Tenía que hablar y decirle que no podía seguir con la boda a pesar de estar a tan solo dos días. Pero por más que se esforzara en llamarle este no le contestaba, tal vez era porque aún estaba enfadado por el hecho de haberlo dejado plantado la noche de ayer.

Y ahí estaba de nueva cuenta, en cuando colgó inmediatamente saltó la llamada de Inuyasha.

Se mordió el labio inferior, por un lado, tenía miedo de contestarle y decirle donde se encontraba, probablemente terminarían cogiendo, cosa que no podía permitir que sucediera una vez más. Por otra parte, seguía molesta por su acción la noche anterior. Estaba molesta porque sin su consentimiento él no usó protección.

¿Era ese un motivo fuerte para estarlo? ¡Desde luego si! Aunque claro, no podía echarle toda la culpa a él porque en parte también fue suya, ella misma también se había dejado llevar por la magia del encuentro.

La frustración de Sango fue mayúscula, Kagome no le tomaba las llamadas. Incluso a ninguna de las chicas, esa noche todas estaban reunidas en la cafetería y las únicas que faltaba era ella y Kikyo. Bueno, Kikyo era comprensible, su turno terminaba hoy y por eso le era imposible acudir al encuentro.

―Debemos decirle ya – dijo Ayame en tono desesperante – No puede ser que cuando estamos a punto de confesarle que Hoyo le es infiel, suceda algo. Es como si el puto destino se empeñara en ir en contra.

―Tiene que ser mañana – comentó Rin – Sin fallas y pase lo que pase debemos decirle.

―Lo malo es que no contesta las llamadas. Dice su madre que salió temprano esta mañana y que no sabe dónde está.

― ¿Creen que está en el departamento nuevo que adquirió? – preguntó Rin.

―No lo creo – Ayame negó – Ese sería el último lugar en la tierra a donde iría.

― ¿Cómo puedes estar segura de eso? – la cuestionó Sango.

―Porque la conozco y si ella misma desea terminar el compromiso con Hoyo. Dudo que vaya a ese lugar para imaginar como hubieran sido las cosas si se hubiera casado con él.

―Anda muy extraña – confesó al final Rin.

―Así es cabecita de color rosa – asintió Ayame – Y no es para tanto.

Entonces Sango cayó en la cuenta de que no les había dicho nada a sus amigas acerca del encuentro que tuvo con aquel hombre. bueno, no fue un encuentro, ella misma se escondió para que no la viera.

― ¡No te pases! – exclamó Ayame ― ¿En serio estuvo aquí?

Sango asintió.

― ¿Y qué hiciste? – preguntó intrigada Rin.

―Me escondí. Él me hubiera reconocido en cualquier instante. Seguramente me preguntaría por Kagome.

―Tonta – chistó la pelirroja – Debiste de hacerle frente a ese tipo y decirle que, por su culpa, Kagome está hecha un lio sentimentalmente.

―No fue culpa de él – aseguró Rin – Recuerda que también Hoyo fue culpable. Ese hombre infiel no la merece.

―Por eso es importante decirle.

―Encontrarla y decirle – aseveró Rin.

Pasaron a otro tema, le cuestionaron a Ayame el porqué de su alegría, pero ella simplemente se sonrojó y decidió no contar nada. El tema de Koga era algo que deseaba guardarse para sí misma, pues quería averiguar hasta donde llegaban las cosas con él y si iba en serio.

―Estoy saliendo con alguien – dijo – Pero no es nada serio. De hecho, hoy tiene un partido de americano con unos amigos y me invitó. ¿Quieren ir?

Sango y Rin se quedaron viendo una a la otra, pensando si sería lo correcto o no.

― ¿Y dices que no es serio? – Rin arqueó una ceja.

― ¡Oh vamos! – exclamó la pelirroja – Las noches de chicas no son lo mismo si el grupo no está completo – esbozó una sonrisa ― ¿Qué dicen? ¿Me acompañan?

El móvil de Inuyasha timbró y por instante pensó que era Kagome, pero no, era uno de sus inútiles amigos. Con un suspiró descolgó el teléfono para contestar de mala gana. La verdad no tenía ánimos de escuchar las bromas absurdas de Koga.

― ¿Qué quieres?

―Vaya, creo que no tuvimos un buen día hoy – comentó en son de burla.

―Mira Koga, no estoy de humor para soportar tus estupidez.

―Uy – silbó tras el móvil – Definitivamente no estas de humor.

― ¿Me vas a decir de una vez que quieres?

―Bestia, hoy tenemos partido ¿Lo has olvidado?

Inuyasha se llevó las manos a la cabeza, si, lo había olvidado por completo, pero no estaba de humor para ir y soportar las constantes burlas de sus inútiles amigos.

―No cuentes conmigo esta noche.

―Pero si eres nuestro co…

― ¡Ya dije que no cuentes conmigo!

Kikyo tomó asiento en una pequeña silla, ya estaba cansada y para su suerte hoy terminaba su turno. Le dolía el cuello y las dosis de café ya no hacían tanto efecto como para mantenerla despierta.

De pronto sintió unas manos firmes que le masajeaban del cuello hasta la espalda y un pequeño gemido de placer se escapó de sus labios involuntariamente.

―Sabes – Naraku se inclinó y le susurró al odio – Nos imagino a ti y a mi en mi departamento. Con una botella de vino tinto y…

Ella se levantó al ver que Naraku no había terminado su oración. Esbozó una sonrisa seductora, así como a él le encantaba torturar con su encanto a las enfermeras y a ella le producía satisfacción torturarlo.

― ¿Y que más te imaginas? – preguntó, mientras se acercaba a él y jugaba con el dobladillo de su bata.

Él alzó una ceja y también sonrió con picardía al imaginarse lo que le estaría haciendo en esos momentos si ambos estuviesen en un departamento, los dos solos.

―No te puedo decir lo que estoy imaginando en estos momentos. Solo te diré que las palabras desnuda y cama están involucradas.

Kikyo soltó una pequeña risa.

― ¡Vaya! ¡Es usted un pervertido doctor Becker!

Naraku se llevó una mano a la nuca y se encogió de hombros, mirándola con cierta culpabilidad en sus ojos.

―Siempre si se trata de ti, mi querida Kikyo.

Si, era un pervertido y si se trataba de ella mucho más. Solo que no lograba convencerla de salir con esa. Kikyo lo tenía completamente fascinado, no sólo porque era una mujer con un amplio sentido del humor, sino que además era bella, inteligente y muy entregada a su profesión.

Amaba todo de ella, incluso la admiraba más cuando con tal de salvar una vida decidió pagar ella misma todo un quirófano, así como los honorarios de todo el personal.

―Supe lo que hiciste – comentó, mientras ahora caminaban por un amplio pasillo.

― ¿Hubieras hecho lo mismo?

―Por supuesto. La vida vale más que cualquier otra cosa, incluso si se trata de dinero.

Hubo un silencio mientras ambos caminaban, entonces Kikyo se detuvo y lo miró por unos instantes.

― ¿Qué harás el sábado?

La verdad no tenía nada que hacer, últimamente Inuyasha y Koga estaban en su mundo, casi no se hablaba con Sesshomaru, otro cerrado del grupo. Así que la idea de ir a algún lugar a hacer alpinismo le llamó la atención.

Y que ella tocara ese tema, le resultaba tremendamente excitante, estaba haciendo buenos progresos en cuanto a su conquista se trataba.

― ¿Por qué? – deseó saber – ¿Las palabras desnuda y cama de pronto te abrieron el apetito?

Kikyo frunció el cejo ante su osadía y negó con la cabeza. Ese hombre, a veces podía ser encantador pero otras veces un cretino y otras muy apuesto. A lo que se resumía cretino y guapo.

―No te hagas ilusiones "que―ri―do" – ella negó – Mi hermana se casa este sábado y no tengo pareja. – explicó.

Se acercó lo suficiente a ella como para poder sentir su aliento sobre su cara, Kikyo sintió una ligera punzada de nervios ante esa mirada intensa.

―Si voy a estar contigo todo el día, acepto.

―Bien – respondió nerviosa, haciéndose un poco hacía atrás – Te paso por What's la dirección.

―Estaré impaciente por recibirlo.

Viernes…

Por más que quiso desesperadamente no acudir a aquella reunión. Aquí estaba, aparcando su auto en el estacionamiento de aquel. Estaba molesto porque no pudo comunicarse con Kagome todo el día de ayer, tanto que ni a salir a jugar con sus amigos había querido. Se la pasó prácticamente en vela intentando comunicarse con ella y eso lo tenía completamente preocupado. En cuanto terminara su reunión con Tontossai Johnson, iría directo al museo en busca de ella.

Le haría saber que tan preocupado estaba.

En cuanto llegó fue recibido por un mesero, se quitó las gafas de sol, el chico lo miró y le indicó que la persona a quien buscaba ya lo estaba esperando en un reservado.

Él asintió y entró, pero se detuvo unos momentos al ver al prometido de Kagome con una señorita que claramente no era ella, aunque tuviese un poco de parecido. Frunció el cejo.

―Señor – le llamó un mesero – Es por aquí.

Inuyasha parpadeó y se vio obligado a seguir al joven hasta donde estaba Totossai. En cuanto el hombre lo vio se levantó de su asiento y le extendió una arrugada mano.

―Me alegra que haya venido señor Taisho – comentó el hombre – Estaba convencido de que cancelaría.

―Señor Johnson.

Aunque el hombre lo había citado para hablar sobre un nuevo proyecto de infraestructura, pero Inuyasha tenía la vista clava en Hoyo, el prometido de Kagome.

A tres lugares estaba él con una mujer de cabello corto. Parecían discutir por algo, aquel imbécil articulaba las manos de un lado a otro, señalando a la chica y ella, ella también fruncía el cejo por algo que le había dicho, su enfado se notaba en sus ojos y claramente se veía que estaba a punto de llorar, pero se contenía por hacerlo.

― ¿Y qué le parece la propuesta, señor Taisho?

Inuyasha parpadeó y dejó de contemplar a la pareja para prestarle una vez más atención al hombre que tenía en frente de él.

Pero a pesar de tener un ojo en Hoyo, sus oídos estaban atentos a lo que el anciano le explicaba. El pobre hombre no quería demoler su edificio, al contrario, quería que le rediseñaran todo desde adentro junto con la remodelación. Pero simplemente ese edificio era más viejo que sus antepasados.

―Seré sincero señor Johnson. Pero si sólo quiere un diseño de interior, mi hermano conoce a una muy buena. Ahora, le diré con toda honestidad que se ocupa demoler y edificar uno. – se levantó de la silla – Si le interesa hágamelo saber.

Sacó unos billetes y con eso pagó la mitad de su cuenta. Pero estaba más interesado en acercarse a la mesa donde estaba aquel hombre.

―Señor Masterson – arrastró cada palabra con si quisiera arrastrarlo a él por el fango – Que gusto verlo.

El rostro de Hoyo fue un poema, su cara pasó por varios colores, pasando por el rojo al verde.

―Ssseñor Taisho – respondió nervioso.

Igual que la noche de gala, su tono estaba cargado de un nerviosismo puro y lo veía como si de un Dios se tratara.

― ¿No me presenta a la señorita?

Reparó en la joven y ella al ver lo guapo que era agachó la cabeza incapaz de sostener su mirada por unos minutos más

―Claro, le presentó a Eri Adamas.

Por un momento Eri se sintió nerviosa ante la presencia de ese hombre. Derrochaba un aura tremendamente varonil y seductora, se podía ver que era seguro de sí mismo además de guapo. Y cuando por fin pudo mirarlo a los ojos, se quedó embelesada por ese par de ojos dorados. Olía rico, gel y crema de afeitar. Se mordió ligeramente el labio inferior al ver esos brazos escondidos bajo un saco de color azul marino.

Incluso llegó a pensar que por ese hombre abortaría con tan de estar a su lado. Hoyo no era nada comparado con él.

―Señorita Adamas – Inuyasha extendió una mano hacia él y la estrecho – Un placer.

Entonces aprovechó el momento de interrupción, usaría a Hoyo para preguntarle por Kagome en parte porque deseaba saber si ella estaba bien y por el otro para confirmar sus sospechas. Si eran cierto lo que él estaba pensando, el tal Hoyo le negaría la relación que tenía con su prometida.

― ¿Y su prometida?

Pareció que la chica, la tal Eri se removía incomoda en su asiento en cuanto escuchó pronunciarle ese nombre.

―Descansando, pidió un descanso de dos días antes de la boda – explicó.

Bien, al parecer la chica si sabía de la existencia de una prometida, por lo que eso reducía a que la conocía. Pero ¿Quién era ella?

―Ah que bien. Me la saluda.

Después de intercambiar varias palabras más terminó por retirarse y salir de restaurante. Fue hasta donde estaba aparcado su auto, cuando estaba en el interior decidió marcarle una vez más a Kagome y una vez más lo mandaba directo a buzón.

― ¡Con un demonio! – le pegó al volante.

Estaba pensando seriamente que ella había colocado su numero como restringido. Pero aún no lo había bloqueado de WhatsApp, solo que esta vez, desactivó las palomitas azules y ya no podía ver si estaba en línea o no, lo que eso lo dejaba con una incertidumbre. Si trataba marcarle por ese medio tampoco tenía un gran resultado.

Esa pequeña lo había condenado a verla hasta el día de su boda.

Kagome observó el nombre de la persona que le marcaba por medio del What's y una vez más la ignoró. Había desactivado su estado en línea, las palomitas azules, todo, con tal de que él no estuviera al pendiente de ella. Sabía que era infantil, que debía bloquearlo, pero no podía hacer eso, era conocido de su jefe y hacerle eso implicaría tener problemas con él y explicarle lo sucedido.

Estaba un poco más tranquila en cuanto al encuentro que había tenido con él. Todo el jueves se prácticamente había estado desaparecida pero ahora estaba renovada y con un buen estado de animo y eso para ella bueno. No quería escuchar su voz una vez más y acabar teniendo sexo. Él era fuego y se acercaba, terminaría ardiendo más en sus llamas.

Lo mejor era dejar las cosas así, no había podido cancelar su boda con Hoyo y mañana se realizaría.

¿Habría tiempo de decirle que no?

―Kagome… ― la voz de Ayame la sacó de sus pensamientos.

Esa noche estaban todas reunidas, menos Rin. Quien alegaba ir retrasada por algo que a última hora captó su atención.

― ¿Estas bien? – preguntó la pelirroja.

Ella sonrió y asintió.

―Debería estarlo ¿No? – se encogió de hombros – Después de todo mañana me caso.

―Queremos decirte algo – explicó Kikyo – Algo que debió haberse dicho desde Cancún.

―Claro – ella asintió, prestando atención a sus amigas ― ¿De qué se trata?

―Kagome, Hoyo te….

Pero los gritos de Rin las interrumpió. Ayame y Kikyo resoplaron al mismo tiempo.

―Estuve así – le susurró Kikyo a Ayame.

― ¡Chicas! ¡Chicas!

Las cuatro levantaron al mismo tiempo la mirada para ver a la más pequeña del grupo.

―Les tengo una noticia.

El rostro de Rin estaba iluminado por una radiante sonrisa, era de una chica que estaba plenamente enamorada.

― ¿Ya no eres virgen, cabecita mundo de color rosa? – bromeó Ayame. - O te dieron por el chiquito.

Pero Kagome se mordió el labio inferior para evitar reír ante el comentario. Si la pelirroja supiera en qué modo encontró a "Cabecita mundo de color rosa" no haría precisamente ese tipo de bromas.

Rin esbozó una sonrisa, quería saltar de emoción, abalanzarse sobre ellas, saltar, gritar, compartir la emoción que sentía con sus amigas.

― ¿Te dieron un aumento? – intentó adivinar Sango.

―Coincido con Ayame – comentó Kikyo – Ya no eres virgen.

La pequeña negó al ver que sus amigas no atinaban a lo que les quería decir.

― ¡ME CASO!


Hola, chicas

Antes que nada, quiero mandarle la mejor vibra a un amigo que conocí aquí, fue el primero y me refiero a Goldd77, esta un poco delicado de salud, lamentablemente le dio Covid. Así que, desde aquí, deseo que te mejores pronto.

Espero estén bien y que este capítulo les haya gustado, sé que les dije que subiría hasta mañana pero ya lo tenía escrito .

Eyyy que bien, se nos casa una del grupo, pero ya veremos que pasa con Kagome, lo más probable es que en el siguiente capítulo sepamos lo que sucedió en el primer capítulo, cuando ella sale huyendo de la iglesia.

¿Quién habrá sido el responsable?

¡Ay no sé, que nervios!

Gracias por seguir el fic, y si les brindó con eso un poco de ánimo para eso son, para sacarnos de nuestro estres o si tuvimos un mal día.

Besos

BPB