Capítulo 18

Sobria y un partido de americano

Como si hubiese leído los pensamientos, Kagome trató de hacer más hacía abajo el dobladillo de la camisa. Ante él se sentía completamente desnuda. Estaba magnifico, con su cabello negro alborotado, esa camisa de lino blanca arremangada hasta los codos los jeans desgastados.

― ¿Cómo llegué aquí? – fue su única pregunta.

Pero en cambio, Inuyasha la guio hasta una amplía encimera ara hacerle tomar asiento en uno de los bancos. Sirvió un poco de jugo de naranja y lo dejó justo en la barra. Kagome no tenía muchas ganas de meterse algo al estómago. Aun lo sentía revuelto junto con las interminables nauseas.

― ¿No lo recuerdas? – alzó una ceja divertido y decidió jugarle una broma.

―Solo recuerdo caminando por las calles con ese estúpido vestido.

Kagome arrugó la ceja, ahora que recordaba ¿Dónde había quedado ese estúpido vestido?

―Por cierto ¿Qué le has hecho?

―Lo mandé a tirar – su respuesta fue rápida.

―Pero era…―suspiró, iba a decir "exsuegra" ―No importa.

Inuyasha esbozó una media sonrisa y negó con la cabeza. Entonces fue al refrigerador y sacó un recipiente con varia fruta picada, bajo la atenta mirada de Kagome. Abrió uno de los gabinetes en color caoba y sacó un pequeño platito junto con un tenedor.

―Dudo que a estas alturas te pida el vestido. Y en dado caso que lo haga necesitaría más que una tintorería para quitarle el vómito.

Ante esa revelación Kagome hizo un gesto de desagrado.

― ¿Tan mal estuve?

―Uuy si ― él asintió – Te tomaste cuatro caballitos de tequila. Cuando llegué al bar tu nuevo mejor amigo, Shippo estuvo a cargo de ti toda la noche.

¿Solo cuatro caballitos? ¡Con cuatro caballitos se había puesto ebria! Era como si Inuyasha le estuviese describiendo a una persona totalmente desconocida para ella. Jamás perdía el estribo cuando se trataba de tomar. Ahora ¿Su nuevo mejor amigo? A él sí que no lo recordaba en absoluto.

–Además – Inuyasha se aclaró la garganta y esbozó una media sonrisa por lo que iba a decir ― No parabas de decirle a él que yo era un Dios del sexo.

Él guardó la compostura, quería reír a medida que ella iba abriendo la boca.

Kagome abrió la boca formando una "o" y no pudo evitar sentir su cara arder ante aquella revelación. ¿Dios del sexo? ¿En serio ella había dicho eso? Bueno, si lo había pensado en más de una ocasión, pero jamás se hubiese atrevido admitirlo delante de nadie. gracias a esa Kagome ebria, ahora él sabía lo que pensaba de él.

¡No más tequila!

– Ah y no olvidemos cuando llegamos aquí, terminamos teniendo sexo en cada rincón de este lugar – bromeó, esperando a ver como lo tomaba.

Y con eso ella terminó por levantar más el rostro para sostenerle la mirada, ahora sí que sus mejillas no solo le quemaban, sino que ardían como si hubiese estado en el infierno.

―Ándale, justo así tenías esa preciosa boca.

―Dime que es mentira – pidió, llevándose las manos a la cabeza.

―Ojalá así lo fuera – se mordió el labio inferior – Pero así pasó.

Dejó el plato con la fruta servida en frente de ella, sólo por ver su mirada perdida y pensativa, como si estuviese tratando de recordar lo que había hecho la noche anterior. Entonces fue que decidió apiadarse de ella y revelarle la verdad.

―Oye – dijo en tono quedó y Kagome levantó la mirada para verlo – No pasó nada. La verdad fue que sí, te traje aquí porque venias demasiado ebria, te di un baño y te quedaste profundamente dormida.

No quería decirle lo que en aquel estado le había pedido. Suficiente tenía con aquella broma y todo lo que debía procesar en un solo día.

―Eres…― pero mejor se contuvo.

―Solo quería ver tu reacción – dijo guiñando un ojo y usando las mismas palabras de su madre.

Kagome decidió callar, pero luego pensó por lo que él tuvo que pasar, traer una mujer en estado de ebriedad no era nada sencillo. De hecho, jamás en su vida se había puesto así y no recordaba cuanto fue lo que tomó.

―Gracias – dijo al fin – Por todo.

Inuyasha asintió y se sentó en frente de ella, solo observaba como jugaba con la fruta, ni siquiera le había dado un trago a su jugo de naranja.

―Necesitas comer – pidió – No lo has hecho desde ayer.

Kagome esbozó una media sonrisa, entonces al ver que jugaba con el tenedor reparó en que no llevaba el anillo de compromiso que Hoyo le había dado, recordaba no habérselo arrojado en la cara, lo único que le había tirado era el ramo.

― ¿Y el estúpido anillo?

―Ah – Inuyasha esbozó una media sonrisa – Esa parte si me la sé. Quise pagar la cuenta, pero tu amigo Shippo me dijo que le habías pagado con él.

Shippo, anillo, la verdad no recordaba nada. Maldición, no lograba recordad absolutamente nada. Pero ¿Ebria con solo cuatro caballitos? Podría ser que se los tomó como agua y más aunado a eso que prácticamente no había comido absolutamente nada era probable que por eso hubiese llegado a aquel estado.

― ¿Qué piensas hacer ahora? – preguntó Inuyasha, picando con un tenedor un trozo de mango.

Ella simplemente jugueteaba con la fruta, la verdad no tenía deseos de comer. Su estómago estaba completamente cerrado.

―Tengo que devolver los regalos de boda – respondió – Vender mi departamento…― hizo una pausa – Aunque eso está por ver y sin olvidar que debo cancelar el viaje de luna de miel.

Así es, ella no solo había adquirido el departamento, sino que también el viaje de luna de miel.

Inuyasha asintió, mirándola atentamente. La verdad no se la quería imaginar en un viaje de bodas con aquel estúpido.

―Si quieres le puedo decir a mi secretaria que te ayude con la cancelación del viaje.

Kagome lo vio y negó, ya era mucho lo que él había hecho por ella como ara añadir otro granito de arroz.

―No – ella negó – Creo que ya has hecho mucho por mí, así que…

―Tonterías – irrumpió – Mañana se pondrá en contacto contigo para que le pases toda la información.

Ella asintió y esbozó una sonrisa.

―Gracias.

Justo en ese momento se escuchó el ascensor abrirse y las voces de una mujer mayor. Cuando Tsubaki apareció justo en medio del pasillo.

―No sabe lo que tuve que pasar – su eco sonaba en todo el pasillo – Todas las vendedoras me miraban muy raro por la talla que…

Pero guardó silencio al ver a la pareja que estaba en la barra. Primero reparó en Inuyasha, quien tenía un codo recargado en la barra y la miraba con una media sonrisa y después a la joven que estaba sentada en un banquito bebiendo un jugo de naranja. Rápidamente la escaneó de arriba abajo, era demasiado bonita, piernas largas, cabello negro azabache y ojos chocolate si su vista no le fallaba.

Se alegró al saber que ese joven no era para nada lo que había pensado.

―Tsubaki, aquí estoy.

Kagome cerró aún más las piernas, recordando que no llevaba más que únicamente esa playera. Que, por cierto, si conociera a su padre hablaría y hablaría de toda la historia del rock clásico, algo que Hoyo jamás le prestó atención. Únicamente bostezaba y asentía cuando ameritaba la ocasión.

La mujer dejó las bolsas de comparas sobre la barra, justo a un lado de Kagome y se presentó ante ella.

―Hola cariño – le dio un beso en la mejilla, sorprendiendo a la joven – Me llamó Tsubaki, le ayudó al señor Taisho con las tareas de la casa.

―Encantada – Kagome esbozó una sonrisa ante la efusiva mujer – Kagome Higurashi.

―Eres muy bonita – comentó, mirándola a ella y después a Inuyasha – Ya decía yo que ese vestido horrendo no era suyo.

Kagome parpadeó al escuchar la palabra "vestido", así que ella se había encargado de deshacerse de él.

― ¿Qué le hizo?

―Oh – Tsubaki dejó de mirar a Inuyasha y le prestó atención a ella, tomando asiento en otro banquito – Si lo he tirado a la basura. Estaba hecho un desastre, pero justamente un vagabundo pasó y se lo llevó. No sé qué clase de mujer se casaría con un trapo así. – hizo una mueca – Un vestido de los ochenta, ay no – se estremeció de pies a cabeza.

Bueno, ella se iba a casar con ese horrendo vestido, ya no tenía nada que la ligara con Hoyo, salvo devolver los obsequios de los invitados, cancelar el viaje de luna de miel ―que ella misma había pagado – y estaba entre vender o no el nuevo departamento que adquirió.

―Tsubaki ya se puede retirar– dijo de pronto Inuyasha. ―Gracias por todo.

―Pero tengo cosas que hacer aquí ―protestó la mujer, negándose a ir, ella deseaba seguir platicando con la joven.

―Vaya a casa a descansar, no la ocuparé en domingo.

―Pero…

Cuando vio esos ojos pasar de dorado al rojo comprendió que deseaba que se largara para que lo dejara solo con la joven. Movió una ceja de arriba abajo en señal de picardía a lo Inuyasha sólo suspiró ante aquel acto.

―Comprendo – dijo ella, levantándose del banquito.

― ¿No desea jugo de naranja? – preguntó Kagome, reteniéndola unos segundos.

― ¡No querida! – ella negó con una sonrisa – Mi jefazo – dijo mirando a Inuyasha – Es tan generoso que hoy me pagó el almuerzo.

Dicho esto, sacó la tarjeta de crédito y se la dejó sobre la barra ante una mirada atónita de Inuyasha, pero sin querer a llegar a decir nada.

―Muchas gracias, señor Taisho. – le volvió a dar un beso en la mejilla a Kagome y se despidió – Preciosa, cuídate mucho. Luego seguimos hablando con más calma cuando no haya hurracas en el alambre.

La escucharon irse a toda prisa llamando el ascensor y luego nada.

De nuevo se habían quedado completamente solos y el silencio se hizo presente entre ellos. Kagome se quedó encantada con aquella mujer, seguramente tendría temas de conversación demasiado frescos.

―Es agradable.

―Es entrometida – miró el lugar donde hace unos minutos estaba ella – Pero leal.

Inuyasha reparó en las bolsas de boutique que se encontraban en la barra y le hizo una seña a Kagome.

―Eso es para ti – explicó – Lo único que llevabas era ese vestido y dudo que quieras andar solo con una playera.

Kagome se sonrojó al ver aquellas bolsas, la verdad era un detalle muy lindo por su parte y si, se sentía francamente incomoda.

―Gracias.

Él asintió y la vio bajarse del banquito, tomar las bolsas e irse a la habitación. Pasó a lado de Roco, que se agachó con cuidado para que no se viera más de la cuenta y le acarició la cabeza.

Pero justo en ese momento sonó su móvil y frunció el cejo al ver que se trataba de su padre, lo había olvidado, aquel domingo tendrían una reunión familiar para iniciar con los preparativos de para el cumpleaños de su madre. Entonces miró el trayecto por donde se había ido Kagome.

¿Sería muy apresurado si la llevaba a casa, con el afán de que conociera a su familia?

Si, era muy pronto. Ella probablemente tendría que arreglar sus cosas antes de iniciar una nueva relación con alguien más. Aunque por dentro se moría de ganas por ser él quien sanara ese corazón que estaba dañado.

―Dime – dijo en tono seco.

―Te espero aquí en media hora – respondió muy molesto.

― ¿Sucede algo? – exigió saber.

―Lo sabrás en cuanto llegues.

―Muy bien – caminó hacia la ventana y se quedó contemplando por un rato la ciudad desde su ático – Estaré ahí en una hora.

―Media hora – aclaró su padre.

―Tengo algo importante que hacer, dame eso y de lo contrario no me veras ahí.

Escuchó como su padre suspiraba, para después hablar entre dientes.

―Está bien. Una hora, ni más ni menos.

Después de un baño refrescante, Kagome se probó el vestido que Tsubaki amablemente le había comprado y le encantó. Era de color café con corazones blancos estampados por todos lados y las sandalias hacían juego con él.

¿Él le había dado la talla o la propia mujer había adivinado?

Se sentó al borde de la cama, que, por cierto, antes de irse a duchar había acomodado las sabanas y ahora no se veía rastro de que alguien hubiese dormido en ella. Acarició la fina tela del cubrecama, deseando por recordar que era lo que realmente había pasado. A ella solo venían imágenes de un beso, pero no llegaba más a allá.

Entonces, realmente Inuyasha se había preocupado por ella, cuidándolo en su estado de ebriedad. Ojalá no lo hubiese hecho y en lugar de salir huyendo de la iglesia sola, lo hubiese tomado de la mano para salir de ahí los dos juntos.

¿Se vería mal si iniciaba una nueva relación con él, después de desojar a Hoyo?

Bueno, de él ya no sentía nada, pero si le dolía la traición de su prima Eri y realmente esperaba que ese infeliz se hiciera cargo del bebé que ambos habían engendrado. Un año así, eso nunca se lo imaginó.

Con un suspiró salió de la habitación y cerró la puerta a sus espaldas. Inuyasha estaba de espaldas, con la vista fija hacia la ciudad y al parecer hablaba con alguien. Fue entonces cuando lo vio colgar y guardarse el móvil en el bolsillo del pantalón. Ella carraspeó para llamar su atención e Inuyasha giró lentamente.

― ¿Qué quieres hacer? – preguntó, acercándose a ella.

Lo tenía tan enfrente que lo único que deseaba era pasar sus dedos por aquel cabello corto y alborotado. Besar aquellos labios como lo había hecho en varias ocasiones, ahora, ella estaba libre y ya no existía ni un resquicio de culpa. Pero no, debía ir a casa, sus padres estaban seguramente preocupados por ella.

―Debo ir a casa – explicó – Probablemente mi madre está muy preocupada por mí.

Inuyasha asintió y antes de irse le entregó el móvil de Rin.

―Te lo llevaste cuando saliste huyendo de la iglesia. Tu amigo Shippo lo guardó por ti.

Kagome arqueó una ceja.

―Ese tal Shippo debe ser una excelente persona – comentó ella, con una sonrisa – Lo conoces más tú que yo y eso que dices que es mi nuevo mejor amigo.

Pero esa sonrisa bastó para que Inuyasha perdiera los estribos, ahora estaba sobria y lo único que andaba era besarla, saber si realmente aquel fuego de anoche aun existía. Sin decir más, pasó un brazo alrededor de su cintura y la atrajo hacia él, de una manera brusca pero protectora.

Sus miradas se encontraron sin bajarlas. Inuyasha trazaba pequeños círculos alrededor de su mandíbula y poco a poco fue atrayendo sus labios a los de ella. El beso comenzó lento, como el de dos enamorados que están bajo el efecto de los primeros días de enamoramiento, luego más intenso, aquellos amantes habían pasado a algo más que un beso. En ellos había fuego, pasión.

Ancló ambas manos a su cintura, avanzando hasta acorralarla en una pared. En cambio, Kagome pasó sus brazos alrededor de su cuello, poco a poco fue escalando por su cuerpo hasta enredarlo en sus piernas.

Las manos de Inuyasha se movían por todo cuerpo, marcando a fuego vivo su estrecha cintura.

Ambos se apartaron para tomar aliento, respirando con dificultad.

―Kagome…―suspiró contra sus labios – Debemos parar.

―Pero tú no quieres – respondió agitada – O te apartarías.

Él esbozó una sonrisa ante la misma respuesta que le había dado en el baño, aquel día en que se enteró que estaba prometida a un idiota.

―Mañana – sugirió – Ven mañana, así podrás ver el cuadro que quiero que repares.

Kagome arqueó una ceja, pues la verdad no esperaba que dicho cuadro existiera. Más bien pensaba que era una tetera para traerla aquí y hacer de ella lo que quisiera. Aunque cabe señalar que hubiese deseado lo segundo.

― ¿El cuadro existe?

Inuyasha soltó una risa y apoyó su frente en ella, bajando sus piernas hasta el piso.

―Desde luego y te queda exactamente esta semana para hacerlo. Te pagaré hora extra, hablaré mañana con Myoga. – de pronto él arqueó una ceja ― ¿Qué pensabas?

―Nada – ella negó, un poco apenada por sus pensamientos.

― ¿Kagome?

―Bueno – ella roló los ojos y se encontró con su cálida mirada, lo tenía muy cerca de ella – Creí que solo era mentira para atraerme aquí y hacer lo que quisieras conmigo.

Inuyasha esbozó una media sonrisa, tomó su cara entre sus manos y le dio un casto beso que se prolongó más de lo normal, si no salían de ahí ambos terminarían desnudos y en la cama.

―Acertó usted señorita Higurashi. Pero hoy no.

Cuando Inuyasha se apartó de ella, Kagome sintió un pequeño escalofrío.

―Debo llevarte a casa, tu familia aún está preocupada y esperan que regreses.

Únicamente tomó el móvil de Rin, seguramente las chicas se querrían reunir para infundirle ánimos después de lo sucedido el día anterior. Pero lo cierto era que no se sentía completamente infeliz del todo. Al menos ella se sinceró en el altar antes de cometer alguna idiotez.

No pudo dejar pasar desapercibido la manera en que Inuyasha la tenía agarrada de la mano y la conducía hacia la salida. El guardia los saludó, fueron hasta el estacionamiento y la ayudó a subir al auto.

A pesar de que Kagome le había dado la dirección y que él se estaba guiando por medio de una aplicación GPS, ella le iba diciendo que atajos tomar. En cuanto estacionaron el auto la ayudó a salir y juntos cruzaron el camino de graba hasta llegar a la puerta. No fue necesario llamar a la puerta, pues como si hubiese estado esperando impaciente todo el día el regreso de su hija abrió inmediatamente la puerta, abalanzándose sobre su hija.

― ¡Gracias al cielo! – las lágrimas de alivio comenzaron a salir de sus ojos – ¡Estas bien!

Entraron a la casa, Kikyo y su padre aguardaban su regreso.

―Tu padre está molesto con su hermano – comentó, tomándola del brazo – Y yo con tu tía desde luego. Jamás creí que su hija te hiciera algo así.

―Mamá yo….― trató de interrumpirla, la verdad no deseaba hablar sobre el tema.

―Por cierto, también la madre de Hoyo ha estado marcando. La muy descarada dice que reconsideres casarte con ese hombre, que no desea a tu prima como nuera ¿Puedes creerlo?

Mientras Kagome y su madre hablaban, Kikyo se cruzó de brazos y observó a Inuyasha, que hasta hace momento estaba recargado en una pared cruzado de brazos.

― ¿Cómo la has encontrado?

―Te dije que la encontraría – respondió.

―Gracias.

Kagome seguía escuchando todo lo que su madre estaba diciendo, sin que ella pudiera detenerla. La verdad no quería seguir hablando del tema, es más deseaba pasar página. Enterrar el maldito pasado con ese imbécil y mirar hacia adelante, al futuro. Un futuro que estaba hablando con su hermana.

―Incluso la abuela Kaede le ha retirado su apellido. No quiere volver a verla nunca más.

―Madre ya no quiero hablar sobre eso – dijo agobiada.

Entonces, su madre reparó en Inuyasha, después en ella, comenzando a armar las piezas de un rompecabezas. Se había desvelado con su hija Kikyo toda la noche charlando de lo sucedido y del porque Kagome le había sido infiel. Claro que al principio su hija le pidió disculpas por haber incitado a su hermana a cometer tal cosa, pero viendo delante de ella al hombre con quien engaño a Hoyo, incluso hasta ella hubiese hecho lo mismo.

―Bueno – ella asintió – Como desees – entonces miró una vez más a Inuyasha – Gracias por traer a mi hija sana. Señor…

Inuyasha se acercó a ella e hicieron las presentaciones, también el padre de Kagome estuvo presente. Después de varios minutos más Inuyasha subía a su coche y se iba directo a casa de sus padres. La madre de Kagome y Kikyo se había asomado a la ventana para ver al joven.

―Definitivamente – dijo ella – Habría hecho lo mismo que tú.

― ¡Mamá! – exclamó Kagome.

―Si – asintió – También habría engañado a mi prometido con ese pedazo de hombre. ¡Si es muy guapo! – esbozó una sonrisa, pero al ver a su marido, que la miraba con el ceño fruncido, esbozó una divertida sonrisa – Ay vamos, sabes que es broma. Sabes que jamás haría eso.

―Si nos disculpan – interrumpió Kikyo, pasando un brazo alrededor de los hombros de su hermana – Debemos irnos. Hay una reunión de emergencia con las chicas. Vamos Kagome.

Inuyasha estacionó su auto y entró a la casa. el mayordomo le explicó que su padre lo esperaba en la sala de estar junto con el señor Jackson y su hija. Al escuchar esos nombres no pudo evitar hacer una mueca.

¿Ahora que deseaba esa niña mimada?

Abrió la puerta y lo primero que vio fue a Yura sentada en un sofá echa un mar de lágrimas y a lado de ella su padre, consolándola y mientras tanto, Ino no Taisho, su padre extendiéndole una caja de pañuelos para enjuagar sus lágrimas.

―Acordamos una hora – dijo su padre cuando reparó en él – Y has tardado más que eso.

―Lo siento, el tránsito.

―Bien – su padre asintió – Ahora cierra la puerta y entra.

Inuyasha frunció el cejo, cerró la puerta y tomó asiento en una silla apartado del resto. Contemplaba a Yura llorar, pero él sabía que esas lagrimas eran demasiado fingidas.

― ¿Me puedes decir a que se debe esto? – preguntó, mientras ponía un pie arriba de su rodilla.

―Tu comportamiento con Yura me tiene decepcionado hijo.

Él observó a Yura y ella simplemente esbozó una media sonrisa bajo el pañuelo.

― ¿Qué hice exactamente?

La verdad desconocía, lo único que había hecho fue decirle que nunca tendrían una relación y que dejara de ser tan caprichosa.

―Hijo – dijo su padre serio ― ¿No vez que la unión entre ella y tu beneficiaria aún más nuestras acciones?

Ah, ya sabía a donde iba el rumbo de esta conversación. Seguramente Yura se creía con poder sobre el todo porque su padre anhelaba una unión entre ellos dos.

―Pero…

―Pero nada – interrumpió su padre – deberás casarte con ella y si no lo haces vete olvidando de la compañía.

Inuyasha se puso serio de repente, amaba su compañía, pero no amaba a Yura y además no podía dejar a la mujer por la que no podía dejar de pesar. Ahora ella libre para formalizar algo más.

Poniéndose de pie estaba listo para una respuesta, Yura se había puesto seria de repente y el padre de ésta tenía el cejo fruncido.

―Yo…

― ¡CON UN DEMONIO!

Se escuchó una cuarta voz y todos voltearon a ver de quien provenía, era nada más y nada menos que de Izayoi, la esposa de Ino no Taisho y madre de Inuyasha.

―Querida – ordenó Ino – Esta conversación es entre mi hijo y ellos – señaló a sus acompañantes.

Pero Izayoi fulminó con la mirada a esa niña estúpida y mimada que tanto odiaba.

―He escuchado todo – dijo furiosa – y TÚ – señaló a su marido – No vas a casar a ninguno de mis hijos con mujeres que no aman – realmente estaba muy molesta – Porque si lo haces, más vale que vayas pensando en una tercera esposa Inu no Taisho – miró a su esposo, después a la niña mimada y a su padre – Así que elije, tu estúpido amigo o tu mujer.

Su madre se había detenido de brazos cruzados a lado de su hijo, Inuyasha no pudo evitar esbozar una sonrisa ante las agallas de esa mujer. Realmente era demasiado admirable la forma en que había intervenido. De no haber sido por ella renunciaría a todo con tal de estar con Kagome. No era un idiota, tenía su propio patrimonio y fácilmente podría vivir bien. Formaría su emporio sin necesidad de ayuda de su padre.

Inu no Taisho estaba atónito, miró a su esposa e hijo y después a su amigo junto a su hija. Se aclaró la garganta y muy apenado, respondió.

―Edward – dijo él – Creo que esta conversación no tiene caso.

Su amigo frunció el cejo y se levantó molesto.

―Me lo prometiste, prometiste que tu hijo Inuyasha se casaría con mi hija.

―Si – respondió Izayoi – Pero yo no quiero que me hijo se case con una estúpida niña caprichosa como Yura.

― ¡Yo no soy estúpida! – ella se puso de pie y miró a Izayoi ― ¡Usted es la estúpida y mala aquí!

Si había algo que no le gustaba al jefe de esta familia era que alguien se metiera con su mujer y esa joven había cruzado la línea de fuego.

―Creo que será mejor que se vayan.

―Pero…

―No casaré a mi hijo con una niña como ella – señaló a Yura – Ha insultado lo que más amo. Así que, por favor, retírense.

El padre de Yura se le quedó viendo y negó, tomando a su hija se dirigió hacia la salida y se detuvo en el centro de la puerta.

―Hasta aquí termina nuestra amistad Taisho. Espero que no te arrepientas de esta decisión.

Aprovecharon que Inu no Taisho acompañaba a su examigo a la puerta, su madre y él se quedaron solos en el despacho. Ahora Izayoi ocupaba la silla principal del escritorio, observando a su querido hijo.

―Y dime ¿Siempre si se casó esa chica?

Inuyasha esbozó una media sonrisa y negó.

― ¿Interrumpiste la boda? – preguntó sorprendida – No puedo creerlo.

―No madre, nada de eso. Ella misma la interrumpió, dijo que no podía casarse con él y salió huyendo de ahí.

Izayoi se llevó una mano al corazón de felicidad, realmente estaba feliz por su hijo.

―Tienes que traerla aquí. necesito conocerla más – empezó a jugar con un abrecartas – Ah sí, en mi cumpleaños. Quiero que la traigas en mi cumpleaños.

―Madre es complicado, falta ver si ella lo desea.

―Puedes obligarla, pero de que la tengo que conocer lo tengo que hacer.

Guardaron silencio cuando el jefe de familia entraba al estudio y una vez más se disculpaba con su "amorcito" por haberle causado ese disgusto tan grande. Cuando Inuyasha vio como su padre le daba un beso en la mejilla y ella lo abrazaba con amor, aceptando sus disculpas, se vio reflejado en ellos, solo que en lugar de que su madre, la persona quien lo abrazaba era Kagome.

―Bueno, debemos comenzar con los preparativos para el cumpleaños de tu madre – dijo su padre, tomando asiento a lado de él, una vez que le pidiera disculpas por lo que hizo.

―De la mesa de postres me encargo yo – intervino su mujer – Conozco a una chica fantástica y es muy buena repostera. De hecho, estamos en comunicación constante y ya he hecho el pedido.

Inuyasha y su padre asintieron.

―Invitados…

―En mi lista solo tengo cien – comentó su esposa – Y no quiero que tu amigo ese venga.

―Descuida, dudo que lo veamos más por aquí.

― ¿Me ocupan para algo? – preguntó Inuyasha, al sentirse excluido.

Su madre lo vio y negó.

―Creí que tenías cosas más importantes que estar aquí. No te ocupo para nada, yo misma puedo organizar mi fiesta. Así que largo.

Inuyasha se despidió de sus padres, pero de tras de él escuchó como su padre admiraba lo bella que se veía hoy su mujer, se detuvo en medio de la puerta y los vio a ambos tomados de la mano, no había palabras entre ellos, solo sus ojos hablaban por sí mismos.

Si, eso era lo que deseaba algún día y tras de él, cerró la puerta, dejando a sus padres en la intimidad de su despacho. Antes de arrancar el auto, su móvil timbró, lo sacó de su bolsillo para tomar la llamada, era Koga.

―Bestia – gruñó su amigo – ¿Siempre si diste con la novia?

Inuyasha frunció el cejo.

― ¿Qué quieres Koga? – contestó tajante y Koga supo que no debía ir por ese tema.

―Bueno, hoy tendremos partido de nuevo ¿Vienes o vas a hacerte el amargado? Por tu culpa perdimos la vez pasada.

―No sé.

― ¡Oh vamos! – exclamó él ― ¡Eres nuestro Quarterback estrella! No nos hagas esto.

Después de meditarlo durante unos segundos, accedió a ir al partido. Solo que tendría que ir por sus cosas a su departamento y después los vería allá.

Kagome esbozó una sonrisa cuando Shiori le extendió una taza de té y unos pastelillos. Justo aprovechó para devolverle el móvil a Rin, quien no tardó en enviarle un mensaje a su prometido.

―Siento habérmelo llevado – dijo apenada.

―No te preocupes – respondió Rin con una amplia sonrisa. ―Yo habría hecho lo mismo.

Ella se sentía afortunada por tener las mejores amigas. Podrían ser las chicas más disparatadas del mundo, pero en el fondo eran otra cosa.

―Por cierto, debiste ver como Naraku le partió la cara a al idiota ese con tal de defender a Kikyo– comentó Ayame – Se volvió su héroe a partir de ese momento.

―No es verdad – dio Kikyo apenada.

― ¡Ay vamos! – exclamo Sango – Sabes que es verdad.

―Hasta tuve que detener a Koga para que no interviniera. Entre ellos seguramente lo habrían dejado como estampilla de colección.

―Disculpen – dijo Kagome confundida – ¿Me estoy perdiendo de algo?

Es cierto, la única que no sabía entre la conexión que había entre Naraku y Koga con Inuyasha era precisamente ella.

―Kagome – Ayame se aclaró la garganta – Koga, el chico con el que estoy saliendo es amigo de Inuyasha y Naraku.

Vaya, sí que era pequeño el mundo. Conocía a Naraku porque varias veces había ido a ver a su hermana al hospital y ahí estaba él. Pero jamás se imaginó que fuese tanta casualidad.

―Y llegamos a la conclusión que mi prometido e Inuyasha son hermanos ¿No es fantástico? – irrumpió Rin – Si llegaras a formalizar la relación con él prácticamente seríamos cuñadas.

Bueno, ella se había dado cuenta de la conexión que había entre ambos. Vaya, sí que el mundo era pequeño y conspiraba contra ti para llevarte a otro destino, a otro camino que jamás llegaste a pensar que existía.

―Hola mejor y nueva amiga.

Alguien le llamó por un lado y Kagome se giró para verlo bien. Era un chico joven que iba acompañado de Shiori.

― ¿Disculpa…pero…

―Ah es normal. Son los efectos que deja el tequila– él se acercó y la saludo – Soy Shippo y no parabas de decir que era tu nuevo y mejor amigo.

Al escuchar eso, las chicas voltearon a verla un poco recelosas ante ese comentario.

― ¿Mejor amigo? – repitió Ayame celosa.

― ¿Se conocen? – preguntó emocionada la empelada de Shiori – Es mi compañero de universidad― dijo con una sonrisa.

―Bueno – Kagome carraspeo – Ayer nos conocimos.

―Y ayer me pagaste con un anillo.

― ¿Pagaste en un bar con tu anillo de boda? – todas preguntaron al mismo tiempo.

Kagome se encogió de hombros y asintió. Al parecer era la única que seguía sin recordar nada era ella misma. Esos estragos que generaba el maldito tequila. Nunca más volverían a tomar. Realmente deseaba saber qué es lo que había pasado, estaba prácticamente segura de que algo le había dicho a Inuyasha y él era lo suficiente caballeroso como para revelar lo que realmente le había dicho. Por más que obligaba a su mente a regresar en el tiempo solo llegaba justo al momento donde entraba en aquel bar.

Shiori y Shippo se despidieron, esa tarde iban a tener una cita irían primero al cine y después a cenar.

―Creo que mi niña está creciendo – comentó sentimental Sango.

―Nuestra niña – aclaró Kikyo – Recuerda que tras la muerte de madre la hemos cuidado como una hermana.

Ayame había dejado de prestarle atención al grupo por estar mandándole mensajes al chico con el que estaba saliendo o más bien, como ella decía en secreto "su novio" a pesar de que aún no se lo hubiese pedido.

―Chicas, hoy tienen partido los chicos – comentó con una sonrisa ― ¿Vamos?

― ¿Qué partido? – preguntó Kikyo.

Ayame lo había olvidado, la última vez que se reunieron solo estaban Sango, Rin y ella, estas dos no quisieron ir al partido así que fue ella sola.

― ¿De qué más? Americano obvio. Hoy juegan Naraku, Koga, además me acaba de decir que Inuyasha también está incluido – esbozó una sonrisa ― ¿Vamos a darles porras?

Aquella tarde Sango no pudo acompañarlas pues tenía una cita con Miroku, por lo que cerró un poco más temprano la cafetería y Rin, bueno ella vería a Sesshomaru para determinar algunos detalles en cuestión de la boda, ellos si iban rápido.

Estacionaron el auto a un lado de las canchas. sobra decir que estaban bien cuidadas, en el centro estaban reuniéndose uno por unos los jugadores. El equipo contrario al de Inuyasha llevaba un pantaloncillo rojo con una playera ajustada en color blanco, y el de los chicos era todo en azul marino con su respectivo número en color blanco. Comenzó a sentir un poquito de calor al verlo con esos pantaloncillos algo ajustados, mostrando toda su retaguardia.

Cuando el ojidorado reparó en ella no pudo evitar esbozar una sonrisa, pues apenas hace unas cuantas horas la había dejado en casa de sus padres.

Tanto Kikyo como Ayame se habían ido a saludar a Naraku y Koga. Esta última se abalanzaba al cuello de aquel chico que tanto la estaba volviendo loca, le alegraba verla así, feliz, por fin había llegado alguien que le había puesto los pies en la tierra.

Inuyasha acercó a ella y Kagome al ver el logo en el casco que llevaba en su mano hizo una mueca, era guapo pero algún defecto iba a tener.

―Vaya no sabía que le ibas a los Patriots.

Inuyasha esbozó una sonrisa y guiñó un ojo.

―Es el mejor equipo.

―Desde luego que no – ella negó.

Él fingió ofenderse ante aquel comentario e indignado se apartó un poco de ella.

―Y Según tú ¿Quién es el mejor?

Kagome esbozó una sonrisa y respondió con mucho orgullo.

―Los Packers.

Ante aquella respuesta Inuyasha no hizo sino solo reír y verlo hacer eso le daban muchos años de vida a Kagome. Nunca había discutido así con alguien ni siquiera cuando estaba con el imbécil aquel ya que no era muy fanático del juego y de ningún deporte.

―Sabía que tenías un defecto.

― ¡Oye! – le dio un golpe en el ante brazo y lo sintió duro.

Ya no hubo espacio para más bromas, pues Naraku había ido por él y prácticamente se lo llevó arrastrando. Inuyasha ocupó su lugar justo de tras de Koga, determinado que jugada iban a ser. Era notorio cuando él iba a los partidos, pues comenzaban ganando.

Tal vez eso era lo que necesitaba, una distracción pensó ara si misma mientras observaba el partido, suficientes cosas habían pasado ayer que necesitaba borrarlas de su vida y sus amigas siempre estaban a su lado para inyectarla de ánimos y más aquellos ojos dorados que a veces no perdían la oportunidad de verla.

En esta ocasión el marcador estaba reñido y solo faltaba un punto para que el equipo de los chicos ganara. Por encima del medio minuto, antes de que se acabara el fin del partido, Inuyasha visualizó a Koga, no había nadie que lo cubriera, por lo que no lo pensó dos veces y le lanzó el balón. Todo al mismo tiempo que un jugador del equipo contrario lo tacleaba, derribándolo inmediatamente al piso. Aunque ya nada se podía hacer, pues el ojiazul había atrapado el balón anotando así el touch down del gane.

― Seguramente es bueno en la cama por esos brazos. – le susurró al oído la pelirroja.

― ¡Ayame! – exclamó Kagome, preocupada.

Ante esa abrupta caída, Kagome no pudo resistir el impulso de llevarse una mano al corazón al verlo tendido con los brazos abiertos, la caída había sido demasiado abrupta, solo había visto como sus piernas flotaban y caía con el codo apoyado en el pasto. Lo vio reír a través su casco y se sintió más tranquila. El chico, que había derribado a Inuyasha le ayudó a ponerse de pie. Solo había quedado como una jugada que no trascendió a más.

En cuanto sus miradas se cruzaron él simplemente le guiño un ojo.

Y si, era el chico más apuesto.


Hola!

Una vez más quiero agradecerles por su lindo y querido apoyo para esta historia.

En el próximo vamos a ver algo a lo que yo le llamo "multiverso BPB" porque el cuadro que Kagome tendría que reparar esta ligado a Cielo Rojo (no es loco esto?) Por lo que si no lo han leído, los invito hacerlo :)

Millll gracias de nuevo.

Besos

BPB