Alerta: Si aún no has leído cielo rojo, te invitó a que lo leas, aquí tenemos un "Multiverso BPB" como le digo.
Capítulo 19
El dichoso cuadro
Aguardaban a que los chicos salieran de los vestidos, esa noche habían ganado el partido por lo que las habían invitado a cenar unas hamburguesas. El campo aún estaba iluminado y solo esperaban a que la última persona saliera para poder cerrarlo.
Su hermana y Ayame conversaban con algunas de las novias y esposas del equipo de los chicos. Entre risas y bromas así estuvieron por un buen rato. Esperando a sus respectivos novios.
Entonces, rumbo al pasillo que daba hacia los vestidores lo vio salir con Naraku y Koga. Llevaba su hombrera colgada atrás de la espalda y en la otra mano cargaba una pequeña mochila roja
A juzgar por esa risa, la plática entre ellos había sido divertida. No cabía duda de que él disfrutaba salir con sus amigos. Inuyasha reparó en ella y esa sonrisa cambió a una más jovial, casi seductora.
― ¿Están listas? – preguntó Koga, abrazando a Ayame por la cintura – Les advierto que esas hamburguesas no son normales.
― Podemos con eso y más ¿No es así Kikyo?
Kikyo, que no abrazaba a Naraku y solo estaba situada a su lado asintió.
Inuyasha se detuvo justo en frente de Kagome, a esa distancia podía oler su rica loción y todo si sistema nervioso comenzó a flaquear.
― ¿Quieres ir con ellos? – preguntó, susurrándole al oído.
― Y de no hacerlo ¿A dónde iríamos?
― Prefiero algo más íntimo, donde solo podamos estar….
― ¡Ya los escuché! – exclamó Koga – Ni crean que van a irse por ahí sin nosotros – señaló a su amigo – Bestia, nos debes una cena.
Y ante ese comentario él volteó a ver a su amigo y le extendió el dedo medio, algo que el otro fingió sentirse ofendido ante tal acción.
Él le ofreció su mano y ambos salieron del lugar. Abrió la puerta del copiloto para que ella entrara y después abrió el maletero para guardar sus cosas. Los primeros en salir había sido Naraku y Koga, pero antes de incorporarse al tránsito le habían advertido que nada de desviarse del camino. Si por él hubiese sido, se la habría llevado a si departamento, ordenar algo y ver "Netflix ".
Podía escuchar en su cabecita la marcha imperial de Star Wars mientras observaba con asombro esa negra hamburguesa con tres pisos, doble carne, lechuga, tomate, aritos de cebolla y un queso manchego escurriendo por todos lados. Con una así fácilmente podrían comer cuatro personas. No es que no fuese de buen comer, al contrario, le gustaba degustar todo tipo de variedades, pero esa hamburguesa literalmente sería su Némesis aquella noche.
Kagome y él estaban un poco más apartados del resto del grupo, por lo que se había generado una burbuja entre ellos y solo escuchaban mormullos inaudibles.
― Fácilmente comen cuatro con ella – comentó, sin saber por dónde iniciar – De pronto puedo oír la marcha del imperio en mi cabeza retándome a comerla.
Inuyasha alzó una ceja ante aquel comentario, tomó una papa frita y se la llevó a la boca.
― Star Wars, Marvel…
Comenzó a enumerar las cosas que estaban ligadas a ella. Al parecer ya empezaba a conocer sus gustos.
― ¿Hay algo más que deba saber de usted?
Kagome se mordió el labio inferior, recordando que no había sido sincera con él del todo y en ese tema estaba involucrado su perro.
― Yo…― roló los ojos – Te mentí.
Ella quiso reír al verlo arquear una ceja de manera divertida.
― Intente darle croquetas a tu perro.
Ante aquella confesión, Inuyasha no hizo más que solo reír, captando la tención de varios comensales incluidas las de sus amigas. Había pensado que tal vez la confesión seria otra y no esa.
― Me hacia una idea sobre ello– respondió.
― Yo que iba a saber que tu perrito gourmet no come eso.
― ¿Perrito gourmet? – repitió – Estoy seguro de que Roco se sentiría ofendido al escuchar su mote. Es muy sensible.
Así pasaron esa noche, entre risas y una plática amena. Conociéndose entre ellos. Koga no pudo evitar sorprenderse de que las chicas si hubiesen terminado con esas mega hamburguesas, la única que de plano no pudo fue la propia Kagome.
Kikyo no pudo llevar a Kagome a casa, ya que decidió pasar la velada en casa de Naraku, siendo Inuyasha quien la llevase. Se despidieron, pero quedaron de verse al día siguiente para ver el dichoso cuadro.
En dado caso que hubiese uno.
A la mañana siguiente, Kagome únicamente había pasado por su equipo de trabajo al museo. Todos sus compañeros le habían mostrado su apoyo, ya que algunos fueron testigos de cómo mandaba al demonio a su ex prometido, incluyendo su jefe. Luego de eso ya se encontraba en camino al departamento de Inuyasha. Realmente esperaba que existiera ese cuadro de lo contrario ese hombre tendría problemas.
Le envió un mensaje anunciando que ya estaba abajo, pero en cambio de ir por ella le pasó la contraseña del ascensor. Kagome saludó al portero y éste la abrió la puerta, saludándola. Tal y como le dijo, entro al elevador y pudo la contraseña. De inmediato las puertas se cerraron tras de ella y a los pocos segundos ya se encontraba en el ático de Inuyasha.
Normalmente cuando iba al trabajo siempre trataba de lucir impecable y esa no era la excepción. Llevaba un vestido verde olivo y unos tacones en color carne. En una mano iba colgando su bata que usaba para no ensuciarse de pintura y en la otra una caja con todos los materiales que ocupaba.
El lugar estaba desierto, salvo solo se escuchaba "29 palms" de Robert Plant, insistía, si su padre y él se hubiesen quedado todo el día de ayer conversando, lo más probable el tema a discutir era el rock clásico. Al cruzar el pasillo descubrió una figura cuadrada, fácilmente podría medir como un metro noventa y estaba cubierta por una sábana blanca, lo que deducía era el cuadro.
Pero ni rastros de Inuyasha, solo había una computadora portátil de última generación sobre el elegante comedor que estaba al fondo del lado opuesto y a Roco, que parado a un lado del dichoso cuadro. La curiosidad pudo más que ella, no es que era una entrometida, nunca le gustaba indagar en cosas ajenas, pero si iba a trabajar con ese cuadro debían conocerse primero antes de meterle mano. Dejó sus cosas sobre un sofá y camino hacia él.
La sabana blanca de seda resbaló en cascada, sobre el marco dorado y el lienzo. Develando así la figura que estaba pintado en él. Ahí, sobre el lienzo, había una mujer en medio de un campo de lavandas vestida únicamente con un camisón. Acariciaba su abultado vientre con mucho amor. En frente de ella y con un porte imponente, estaba sentado un gran danés moteado en blanco y negro. El perro tenía levantada su patita izquierda para tenerla apoyada en la panza de la mujer. Juntos, esperaban un amanecer en tonos que parecían naranja y morado pero que habían perdido su color con el paso del tiempo. Debajo de éste estaba la firma del autor, pero solo había puesto su nombre: "Anthony".
Vaya, sí que era una obra de arte aquel cuadro.
Si su memoria no le fallaba ese cuadro podría haber sido hecho como en 1817, sin duda debía ser tratado con mucho cuidado y respecto.
―Era mi antepasado.
La voz de Inuyasha justo de tras de ella hizo que pegara un saltito, llevándose las manos al corazón.
―Me has asustado.
Él esbozó una sonrisa y se disculpó. Ambos se detuvieron frente al cuadro mientras contemplaban la obra hecha por el autor.
― ¿Y cuál es su historia?
El rostro de aquella mujer plasmada en el lienzo era una de una mujer enamorada, plena y feliz. Por un momento pudo llegar a sentir el aire fresco de aquel amanecer, del pequeño toque de aquel perrito sobre su vientre y de la dicha que le invadía.
―Era mi tátara, tátara – y después de enumerar unos cuantos más "tátara" concluyó – Abuela.
Lo vio que se sentaba en una de las orejas del sillón, con los brazos cruzados y su mirada fija en el retrato.
―Veras, ella era inglesa. Y fue prácticamente obligada por su familia a contraer matrimonio con un duque, todo por interés económico.
― ¡Qué horror! – exclamó.
―Pero así era en aquellos tiempos. Claro, hubo cortejo y ella se enamoró realmente de él. Ella si se estaba casando por amor – respondió él – Bueno, ambos se casaban por amor. Pero casualmente, en la celebración él novio desaparece…
Kagome buscó un lugar donde sentarse y comenzó a escuchar la historia que Inuyasha iba relatado. La mujer del cuadro había sufrido no solo las humillaciones de un marido que había regresado para vengarse de ella, por pensar que tuvo la culpa de intentar asesinarlo, sino la pérdida de un bebé y los constantes peligros que a ellos los asechaban.
― ¿Y después que pasó? – preguntó aún más intrigada.
―Él le dio la libertad que se merecía, pero poco después ella misma fue quien corrió a sus brazos. Se la llevó a vivir a Toscana – señaló el cuadro – Y una mañana contempló a su esposa justo al amanecer. Habló con un pintor, que casualmente fue el primero que la quiso cortejar y juntos llegaron a este resultado final.
― ¿Y deseas que lo repare?
Inuyasha asintió.
―Así es. La mujer que está en el cuadro es parienta de mi madre. Ella no sabe que lo tengo y que el cuadro se perdió con el paso del tiempo. Es la única heredera a él. Así que pienso dárselo el día de su cumpleaños ¿Me ayudas?
Kagome se quedó contemplando por unos momentos la mujer que tenía enfrente suyo, por un instante hasta le pareció que tenía un pequeño parecido con ella. Pero si era algo para hacer feliz a la madre de Inuyasha, con gusto le ayudaría.
―Por eso estoy aquí.
Inuyasha sonrió.
―Bien – se levantó de su asiento ―En ese caso te dejo con él.
Antes de comenzar a preparar la pintura, se puso su bata y unos guantes de látex blanco. Palpó con las yemas de sus dedos que tan frágil era y que pintura era la adecuada para él, realmente se veía deteriorado por el paso del tiempo, pero ella era experta y en el pasado les había devuelto la vida a varios cuadros. Si tuviera tiempo le llavearía más de una semana, algo que claramente no tenía. Así que debía de trabajar horas extras en él. Tenía justamente esa semana, sin olvidar el tradicional apoyo que le daban a Sango cada vez que tenía un pedido grande. Así que el viernes todas se reunirían para ayudarle con la elaboración de los postres, ya tenían experiencia, pues tenían a parte las recetas que generosamente ella les compartía.
Atrás de ella podía oír a Inuyasha como entraba a juntas por medio de la aplicación de su computadora. Hablaba incluso con su secretaría, quien le daba unas cuantas indicaciones entre ellas la de ayudarle con la cancelación de vuelo. Así que en ese aspecto no le apuraba, era bueno tener una ayuda extra.
Tan sólo cuando terminó de hablar con Sarah, ella le estaba marcando a su móvil, le dio todos los datos del vuelo, al finalizar le mandó un mensaje para comunicarle que el reembolso se haría efectivo dentro de los cinco días hábiles. Eso la dejó más tranquila, al menos Hoyo no intentaría cambiar su nombre por el de Eri, en dado caso que el idiota quisiera irse de viaje.
El primer brochazo fue con delicadeza, dándole vida una vez más al campo de lavanda, estaba tan concentrada que no se percató que Inuyasha estaba una vez más sentado en aquel sofá, observándola muy atento.
― ¿No tienes trabajo que hacer? – dijo un poco incomoda, no le gustaba que la observaran mientras hacía su trabajo.
― No – é negó – Soy jefe.
Ella volteó a verlo y vio en él esa aura de arrogancia y seguridad que lo caracterizaban.
― Perdón…je― fe.
― ¿Cómo fue que te decidiste a dedicarte a esto? – señaló con la mirada el cuadro y su material.
Kagome se apartó un poco del cuadro para estar a la altura de Inuyasha.
― Larga historia.
― Tenemos tiempo para una larga historia.
Ella esbozó una sonrisa y dejó su paleta de pinturas sobre una mesita, para tomar asiento en un banquito que él le había dado.
― Mi padre es un neurocirujano retirado.
¡Vaya! – exclamó con admiración.
― Y deseaba tener hijos varones para que siguieran el mismo camino que él. Mi hermana Kikyo si lo hizo, solo que se llevó una decepción al ver que elegía Ginecología y obstetricia.
― ¿Y qué reacción tuvo contigo? – preguntó con curiosidad.
Ella esbozó una sonrisa al recordar cómo había reaccionado su padre al decirle que no deseaba ser doctora.
― Una vez vi como restauraban un cuadro, me quedé tan fascinada que decidí dedicarme a ello. Desde luego él dio un grito en el cielo al saber que su única esperanza se le iba entre pinturas y lienzos.
Pero de hecho aún no cumplía su máximo sueño o más bien, no alcanzaba su meta. Y era algún día entrar al museo del Louvre en Paris. Incluso había aplicado a una vacante hace tan solo medio año y todo bajo secreto, sin que sus amigas incluso su familia y ni hablar del innombrable se enteraran de eso. A estas alturas estaba consciente que jamás llegaría ese día. No era que no estuviese cómoda en el actual museo donde trabajaba, no. Myoga era un excelente jefe y todo el equipo que trabajaba ahí eran buenos con ella. Aun así, sentía que le faltaba un empujón más logar ese objetivo.
A veces se imaginaba sentada en un pequeño restaurante de París, bebiendo un delicioso café mientras contemplaba la maravillosa vista de la torre Eiffel.
― ¿Por qué elegiste arquitectura? – ahora le tocaba a ella hacer las preguntas.
― Porque yo desde pequeño siempre tuve admiración por mi padre. Bueno, mi hermano y yo lo admirábamos desde pequeños. Así que ambos decidimos estudiar arquitectura.
― ¿Te gusta?
― Desde luego que si – asintió ― Y más si soy el jefe.
Kagome entornó los ojos hacía él al ver que respondía con ese aire de arrogancia. Fue hasta que vi su cara que él terminó rompiendo a reír.
Risa que fue interrumpida por el móvil de Kagome. Ella lo sacó desde el bolsillo de su bata e hizo una mueca al ver de quien se trataba.
― ¿Qué quieres?
― ¿Se puede saber porque demonios cancelaste el viaje? ¡Estoy en el aeropuerto! Intentando cambiar tu nombre.
Lo que suponía, sus sospechas hacían sido las correctas. Ese idiota quería disfrutar de algo que a ella le había costado adquirir.
― ¿De modo que pretendías irte a dar la vida con mi prima, a costa de mi dinero?
Inuyasha al escucharla, su semblante cambió, arrugó el entrecejo al oír como discutía con ese idiota. Lo único que deseaba era arrebatarle el móvil y gritarle que no la buscara más, pero sabía que eso ya era una batalla que le correspondía a ella.
― Escúchame, perra, zorra….
― Si vas a seguir insultándome, hasta aquí terminamos la conversación, Hoyo.
― Por tu maldita culpa todo se me fue en picada. No me dieron aquella promoción que tanto había buscado…
― Es una pena – interrumpió.
― Pero te advierto una casa. Llegará el día en que yo me vengue de ti, eso puedes tenerlo siempre presente. Encontraré el modo de hacerte pedazos, así como lo has hecho conmigo maldi….
No quiso seguir escuchándolo y antes de que concluyera con sus amenazas, cortó la llamada.
Inuyasha la veía agitada y tuvo que ir a la cocina por un vaso de agua, se lo ofreció y ya más tranquila le preguntó si estaba bien.
― Si – asintió – No te preocupes, todo está bien.
Y ante una sonrisa que no les llegaba a los ojos, decidió retomar su labor con el cuadro. Él asintió, sólo para hacer lo propio, pero en su portátil.
Xxx
― No fue fácil ocultarle toda esa información al señor Taisho.
Una joven de cabello corto se llevó una mano al mentón mientras analizaba un folder con diferentes documentos y varias fotos de él con una mujer de cabello largo paseando en un yate.
― Al grano, deme toda la información que sabe. – exigió saber ella.
― Se conocieron en un viaje a Cancún – explicó el detective – De ahí surgió algo o solo tuvieron un encuentro. El asunto es que ella estaba comprometida, se casaría este sábado, pero gracias a ese encuentro, la boda no se efectuó. Dejando en el altar al novio.
Ella asintió en todo momento, observando las fotografías de esa mujer que se lo había arrebatado. Si, era bonita, pero no más hermosa que ella.
― ¿Y qué hay del pobre desdichado? – refiriéndose al novio.
― Me informar que después de la boda todo se le vino abajo. Supuestamente hoy le darían un ascenso gracias a esa boda, pero tras lo sucedido no se realizó.
Si, le había pagado el doble a ese detective que Inuyasha había contratado. Ella misma siempre estaba un paso más adelante que él. Si no era para ella no sería de nadie más y ese desdichado sería una pieza fundamental para su venganza.
― Muchas gracias, señor McGregor por su valiosa información.
― Un placer trabajar con usted, señorita Jackson.
Yura esbozó una sonrisa, utilizaría a aquella mujer para destrozarle el corazón a Inuyasha, tal y como él le había destrozado todas sus esperanzas de una vida con él.
Holii
¿Apoco creyeron que así nada más se iban a alejar Yura y Hoyo? Pues nooooo mi "ciela" (cielo) pero falta ver que tienen preparado y como ella orquestara todo para separarlo.
Gracias Andy (Rey0109) por ser mi guía espiritual en esto y abrirme la mente cada vez que te molesto con alguna idea, gracias por ese apoyo
Y a todas ustedes por seguir esta historia, por su apoyo incondicional, la verdad no pensé que esta locura fuese a gustar mucho. Eso que se me ocurrió en tiempos de ausencia y era algo que quise hacer.
Espero les haya gustado el pequeño ligue que hice entre este fic y Cielo Rojo, pensé que lo había escrito en el final y no fue de esa manera, así que decidí hacerle un pequeño homenaje aquí.
