"Nada mal Kakashi..." Asuma golpeó el hombro de su amigo mientras bebía una lata de cerveza. "Eres consciente de que metiste la pata por intentar no meter la pata."
El jonin tosió un poco antes de voltear a ver a su amigo. Estaban sentados sobre el techo del apartamento que compartía con Kurenai tratando de eludirla.
"Permíteme darte un consejo…" Asuma dejó salir una bocanada de humo antes de apagar su cigarrillo en la suela de sus sandalias.
Kakashi entornó los ojos "No te rindes con tus consejos."
"No. Escúchame, deja de empujar la felicidad cuando la tienes frente a ti. Solo eso…" Asuma encendió otro cigarrillo y dejó caer su espalda sobre el tejado. "Es un patrón en tu vida…"
"Solo trato de evitar otra tragedia." Pasó sus dedos por su pelo blanco, deshaciendo los nudos que se habían formado.
"¡Yo también!" La risa de Asuma retumbó sobre el tejado. "Aunque te niegues a casarte con ella, no hay marcha atrás. Se quedará en la aldea y tendrás que vivir con eso."
Kakashi enterró la cabeza entre sus rodillas. "No es gracioso. Si tan solo me hubiese escuchado habría podido explicarle que deseo estar con ella… de verdad."
Asuma dejó de reír y adoptó una expresión sería en cuanto vio una figura familiar subir al tejado.
"Quiero estar con ella…"
"¿Quieres que hable con ella?" Kurenai traía una bolsa con más cervezas. "O puedes pedirle ayuda a Guy, no sé… últimamente tienes ideas geniales."
"No quiero ser una molestia…"
"Vienes aquí con el rabo entre las piernas cada vez que tienes problemas con ella… ya lo eres." La kunoichi dejó caer la bolsa frente a él y cruzó los brazos sobre su pecho.
"Kurenai…" Asuma se levantó y le dijo algo al oído mientras acariciaba su hombro con dulzura. Kakashi los miró con envidia mientras destapaba otra cerveza.
"Disculpa… estoy un poco… alterada." Se despidió de Kakashi y se retiró dejándolos nuevamente solos. Los hombres estuvieron en silencio por largos minutos, cada uno sopesando sus sentimientos desde situaciones dispares. Asuma embriagado por la felicidad que le producía la presencia de Kurenai en su vida y Kakashi en la angustiosa necesidad de contacto y afecto pero con la renuencia al compromiso; no porque fuera un libertino sino por el miedo primario a hacer sufrir a los demás, algo que había aprendido desde su infancia y cuyo trauma seguía sin superar.
Rechazaba estudiantes cada año con el fin de no involucrarse con nadie y evitar exponer a los jóvenes a la dura vida de un ninja. ¿Cómo pudo pensar que sería más fácil con una mujer? La culpa era de Naruto y los demás, habían ablandado su corazón vendiéndole la absurda esperanza de que podía vincularse afectivamente a los demás sin consecuencias.
El resultado: Sasuke en manos de Orochimaru.
Ambos siguieron bebiendo en silencio, cada uno absorto en sus pensamientos.
*
Sen iba de un lado a otro con un pensamiento tras otro en una angustiosa cadena. No soy suficiente para un ninja. La vida la estaba castigando por haber arrastrado a sus acompañantes a una muerte segura, debía ser eso, no había otra explicación para tanta infelicidad. Se culpó una y otra vez por pretender ser feliz cuando llevaba sobre sus hombros los cadáveres de tantos que inocentemente la habían acompañado al país del rayo.
"Espero que tengas una muerte lenta y dolorosa, padre…" se detuvo ante el espejo colgado en la pared, la habitación se reflejaba tras ella, con apenas la luz de la luna entrando por la ventana, se vio así misma como una aparición con sus ropas blancas y el pelo en la cara.
Le había pedido a Tsunade que le diera una habitación más pequeña en la mansión hokage y de esta manera no sentirse tan sola. Desde su discusión con Kakashi solo había recibido Sakura un par de veces, la chica realmente se preocupaba por ella y procuraba entretenerla con historias de la vida diaria en Konoha.
"Que tonta he sido…" su risa apenas se oyó por encima de su respiración. "Pensar que podrían verme como alguien normal."
"Hime-sama…" su corazón dio un salto al escuchar aquella voz, tragó saliva y se fue girando lentamente en sus talones hasta que la tuvo frente a frente.
"Hime-sama…" era Suna, la menor de sus damas de compañía. Tenía ambas manos extendidas hacia ella cómo queriendo alcanzarla. Sen dio un paso lento hacia atrás, temblaba tanto que sus dientes chocaban unos con otros.
"Soy yo… Suna." Cuando la figura entró al rayo de luz que invadía por la ventana, Sen vio su rostro y comprobó que era ella.
"Eres su fantasma… has venido a llevarme contigo." Antes de que Sen pudiera correr la figura se abalanzó sobre ella y cubrió su boca con una mano.
"Por favor escuche, no estoy muerta. He venido por usted. Escapé del país del rayo para venir por usted. ¡Por favor créame!" La respiración de Sen se calmó un poco, pero aún no podía pensar con claridad. "Estoy aquí con usted, todo estará bien." Suna acarició la espalda de su ama con suavidad de arriba abajo hasta que su respiración se estabilizó."
"Pensé que habían muerto…" Se aferró a la espalda de su criada abrazándola con fuerza mientras sollozaba. "Todo fue mi culpa… perdón."
"Todo estará bien… pero ahora debemos irnos."
