Capítulo 20
Quédate está noche.
Terminó su última reunión de la tarde, cerró la pantalla de la computadora portátil. Sus ojos se enfocaron como un depredador al ver a su presa. Ahí, al fondo y con unos auriculares estaba ella. Concentrada en su trabajo, ahora estaba regresando el color del gran danés que estaba dibujado sobre el lienzo.
Kagome se había quitado los zapatos y se vez en cuando golpeaba el piso con sus pies descalzos al ritmo de algo que estaba escuchando. Le había colocado una mesa a la altura de su cintura por si llegaba a cansarse de tener esa paleta de pintura sobre sus manos y así fue. La había dejado ahí y solo se giraba cada vez ocupaba algo de pintura.
Inmediatamente tomó su móvil que estaba sobre la mesa, abrió la cámara y la enfocó a ella. Estaba tan relajada y toda su atención enfocada en aquel cuadro que por algunos instantes llegó a sentir celos de él.
Comenzó a imaginarse una y mil maneras de hacer que pierda aquella concentración. Estaban solos, en su departamento y ya no había alguien en medio. Por lo que no podría haber un daño a terceros. Dejó su móvil en la mesa, se levantó con mucho cuidado de la silla sin llegar hacer ruido y que la pusieran en alerta. Pero era imposible que lo escucha, tenía el volumen alto del audio y hasta donde él estaba podía escuchar Señorita de Cama Cabello.
Avanzó hacia ella con suma elegancia, cada paso que daba iba dejando una prenda en mármol. Comenzando por aquella camisa de lino azul marino, después le siguió una de tirantes que caía en el mismo sitio que la otra.
Se detuvo atrás de ella para permitirse respirar ese perfume de fresa y jazmín que tanto lo tenían cautivo desde que se subió aquel avión, cambia do todo su maldito mundo. Ahora lo único que deseaba era besarla, desnudarla y llevarla a su cama.
Besó su nuca y sintió como arqueaba la espalda ante aquel íntimo contacto. Las manos de Inuyasha viajaron hasta los auriculares y se los apartó de la oreja.
― ¿Qué haces? – preguntó entre jadeos, sintiendo sus cálidos labios sobre su cuello.
Ella tuvo que apartar la brocha del cuadro para no mancharlo y arruinar por completo la pintura, dejándola sobre la mesita. Se pegaba a su espalda con exquisito placer.
― ¿No es obvio, pequeña? – susurró en su oído.
Una de sus manos continuaba su explosión. Arrasando con esa bata blanca llena de pintura, cuando la liberó de ella la arrojó por enésima de su cabeza. Todo sin dejar de besar su cuello. Ahora esos dedos largos y expertos masajeaban sus muslos por encima de la tela de su vestido. Recorriendo la tela a su paso hasta llegar al dobladillo.
―Inu.. Yasha – volvió a jadear.
―Adoro como suena mi nombre en tus labios ¿Te lo he dicho antes? – su voz sonó ronca y excitante
No, se dijo así misma, arqueándose una vez más cuando sintió sus dedos apartar la fina de la de su ropa interior y llegar a su centro. Ella se abrió más al sentir como acariciaba sus paredes, el modo en que llegaba a si clítoris sin necesidad de tardarse en su búsqueda.
Su otra mano buscó el cierre del vestido, baja dolo lentamente. Desnudó un hombro y despistó un beso en él, luego el otro y repitió la acción, desabrochando su paso el sostén, liberando sus pechos.
Aquellos pedazos de tela caían en puntos diferentes. Su vestido verde resbalaba por su cuerpo hasta sus caderas y el sostén aterrizó en el suelo.
Acunó uno de ellos con una mano, masajeándolo, pellizcando un pezón. Mientras que la otra mano, un dedo hábil y experto penetraba en su interior, moviéndolo de arriba abajo, entando y saliendo de ella.
Kagome gimió y se arqueo contra su espalda, separando aún más sus piernas. Permitiéndose que la llevara a un lugar lleno de placer. Sentía esa corriente liquida recorrer su cuerpo y acumulándose en todas partes.
―Ahhh…
Pero casi rompe a reír cuando la escuchó protestar tras su espalda.
Kagome había protestado cuando él apartó la mano de botón. Pero luego cayó, cuando él hizo girar el banco y ajora estaba frente a él. Tuvo que tragar saliva con dificultad al verlo con el torso desnudo.
Y tal como lo había hecho en Cancún, se llevó sus dedos hasta su boca para saborear el sabor de ella.
―Abre más las piernas.
No era comentario, era una orden y solo al ver que se inclinaba supo lo que iba hacer. Y tuvo que recargarse de espaldas en el respaldo del banco. Inuyasha arrancó la tela de su ropa interior, observó su entrada, era rosa y la sentía hinchada por sus dedos que habían estado ahí. Deslizó un su dedo índice por las paredes y la escuchó jadear. Se inclinó más, pasando una de sus piernas por encima de su hombro y antes de saborear su interior la miró por el borde de su vestido.
Kagome tembló ante aquella mirada hambrienta y llena de deseo.
Entonces un grito involuntario se escapó de sus labios al sentir su húmeda lengua en su interior. Perdió la cuenta de cuantas veces había arqueado la espalda. Sus manos se detenían en si cabello sedoso, empujando un poco más hacia ella, para que no se detuviera. Movía sus caderas de arriba abajo al compás de esa lengua hábil.
No quería tener un orgasmo rápido quería seguir desfrutándolo, así que cuando sintió que estaba a punto de hacerlo, intentó apartarse, pero las manos de Inuyasha se anclaron a sus caderas. Acercándola más a su lengua.
―Inuyasha… Creo que me…
―Hazlo – susurró contra sus paredes y de nuevo volvió al ataque, succionando su clítoris.
Kagome no pudo más. Su cuerpo su convulsiono ante aquel orgasmo intenso. Provocando que otro grito se escapará de sus labios. mientras la embolia una explosión de mil emociones.
Inuyasha se apartó de ella, fue hasta sus labios y la besó intensamente, saboreando su propio sabor en sus labios.
La hizo bajar de aquel banco y al hacerlo, el vestido terminó por caer al piso, dejándola completamente desnuda ante él.
La tomó en brazos, buscando una vez más sus labios para apoderarse de ellos. Kagome enredo sus manos en su cuello mientras le permitía llevarla hasta la habitación.
Ya ahí, la dejó con mucho cuidado al borde de la cama. Fue hasta la mesita de noche donde buscó varios preservativos. Ante su mirada chócate se quitó el pantalón y los bóxer. Liberando su excitado miembro. Rasgó la envoltura del condón y fue poniéndoselo con mucho cuidado.
Se acercó a ella como un felino dispuesto a devorarla. Kagome esbozó una sonrisa y se arrastró hacia atrás, dispuesta a jugar con él. Pero esa felicidad duró poco cuando su cabeza chocó con el respaldo de la cama y ahora estaba a merced de é.
Aún estaba húmeda podía sentirlo entre sus muslos. Los labios de Inuyasha una vez más buscaron los suyos, nunca se cansaría de besarla, adoraba hacerlo.
Quería marcarla para él, hacerla suya para siempre. Ahora que ya no había más idiotas revoloteando a su alrededor.
Para ella este encuentro era muy diferente a los anteriores. Podía sentir como su corazón latía desbocado, su respiración se aceleraba y sentía como pequeñas mariposas revoloteaban en su interior. Separó sus piernas y le dio acceso a él.
Sus movimientos eran tiernos, marcando un ritmo más tranquilo. Lo comparaba como estar a bordo de un barco y las olas quietas lo movían lentamente
Una mano posó por debajo de su cadera para hacerla girar de tal modo de que ella quedara ahora a horcajadas de él. Le estaba dando a ella el poder de manejar su propio ritmo y así lo hizo.
Inuyasha masajeaba sus dos pechos y se maravilló al ver su figura bañada por los rayos de la luna. Su cabello largo y azabache parecía ser tocado por ellos y convertirlos en pequeñas hebras plateadas. Tenía sus hermosos ojos cerrados y podía ver como se dejaba llevar por el aquel placer.
Se inclinó y justo en ese momento ella arqueaba la espalda de tal modo que sus pechos quedaron a la altura de sus labios, llevándose uno a la boca, después otro.
De pronto en esa habitación comenzó a sentirse mucho calor. Calor que emanaba de sus cuerpos. Ya no podían más y ambos llegaron al mismo tiempo.
Ella dejó caer la cabeza hacia el frente, apoyándola en su hombro. Él acariciaba su largo y revuelto cabello.
Kagome se irguió y sus miradas se encontraron. Siendo él quien sonreirá primero.
― ¿Qué me has hecho, pequeña? – preguntó en un suspiro.
Tomó su mano y la llevó a su pecho, sin perderla ni un instante de vista.
―No solo estás metida en mi piel – dijo con expresión de alguien que hubiese descubierto algo valioso – Sino que ahora estas llegando aquí – esa mano se dirigió a su corazón.
―Probablemente lo mismo que me estás haciendo tu a mi – confesó, acomodando un mechón de su cabello rebelde.
Volvió a besarla.
―Quédate esta noche a dormir conmigo.
Era otra orden que se escuchaba más a suplica.
―Inuyasha… ― intentó protestar, pero guardo silencio al ver sus ojos dorados.
―Por favor.
Si, ahora si era una súplica y ante eso ella no pudo hacer más, solo aceptar aquella propuesta. Y así, abrazados se quedaron dormidos en la cama.
Despertó al sentir un cuerpo cálido entre sus brazos. La miró y soltó un pequeño suspiró que más bien pareció una risa al verla. No dormía como la típica princesa o modelo, con un cabello ordenado y kilos de maquillaje. Sino más bien con un cabello que parecía telaraña y la boca un poco entreabierta.
Era la primera vez a sus treinta y seis y dormiría toda una noche con una mujer. Normalmente se citaba con ellas o las llevaba a un hotel y después se iba. No es que fuese un carbón, además ellas también buscaban solo sexo y no una relación.
Pero esa pequeña, esa mujer con aroma a fresa y jazmín, era totalmente opuesto a ellas. Era una mujer hermosa, inteligente, hábil con la pintura y demasiado cálida. ¿Qué más podría pedir un hombre en una mujer así?
Ella se estaba colando más afondo en su interior y por primera vez no sentía miedo o una reacción que le permitiera salir huyendo de ahí. Descubrió en sí mismo que deseaba que lo en volviera aún más.
Miró su reloj, era temprano aun ya que marcaba las ocho de la noche y aún no cenaban y podía permitir que durmiera con el estómago vacío.
Sutilmente la fue despertando. Kagome se desperezo, como si hubiese dormido toda la noche, cuando en realidad solo habían sido dos horas.
― ¿Ya amaneció? – preguntó somnolienta, acorrucando la cabeza en su pecho.
Él esbozó una sonrisa y una vez más sus dedos se enredaron en su cabello.
―No – respondió con suavidad, besando la coronilla de su cabeza – Pero son las ocho y aún no cenas.
Ella se inclinó al escuchar esa palabra mágica, lo cierto es que se moría de hambre y ante ella apreció un kilo de alitas que con gusto comería.
Inuyasha se levantó de la cama y Kagome se mordió el labio inferior al ver como su lindo y redondo trasero era iluminado por los rayos de la luna
Salió por un momento de la habitación y regresó con ella a la cama, pasó una mano por sus hombros, cuando ella se quedó recostada en su pecho. Ambos se recargaron en el respaldo de la cabecera mientras decidían que ordenar.
―Ayer comimos hamburguesa – comentó él mientras observaba el menú ― ¿Qué te parece una ensalada Cesar?
Kagome arqueo una ceja, si bien ese día no había podido comer aquella hamburguesa. Lo cierto es que ahora si tenía más hambre de lo habitual.
Después de discutir como una pareja de recién casados, él eligió una ensalada y ella esbozó una sonrisa al ver que había cumplido su antojo. Un kilo de alitas para ella sola.
El repartidor no tardo más de una hora cuando ya les había dejado la orden en la recepción. Inuyasha bajo, vestido con un short negro y una camisa verde.
En cambio, Kagome, Inuyasha le había prestado la misma playera anterior. Estaba convirtiéndose en su favorita.
Inuyasha contemplaba con admiración mientras observaba aquella mujer ir por decima novena alita y en cambio él solo con una ensalada.
―Ha este paso me vas a dejar en la ruina, pequeña.
Kagome aguantó el impulso de reír ante aquel comentario.
―Y tú, a este paso que vamos me dejaras sin ropa interior – comentó, mientras untaba la decimonovena alita en salsa ranch.
Él soltó una carcajada ante su respuesta e inclinándose un poco ante ella, susurro contra su oreja.
―Será mejor que cuando estés conmigo no uses – le guiño un ojo cuando ella lo veis con indignación – Lo digo por el bien de tu ropa interior.
―Atrevido.
Le lanzó una rebanada de zanahoria, pero Inuyasha la pescó en el aire y se la llevó a la boca de un solo bocado, guiñándole nuevamente el ojo.
―Y contigo más.
Después de la cena y de otra increíble sesión de sexo en la barra de la cocina, en la mesa y en el sofá, se quedaron viendo varios capítulos de How I Met You Mother hasta muy entrada la noche. Por más que trataba de prestar atención a Barney Stinson mientras le explicaba algo a su amigo Ted, el sueño comenzaba a invadirla. Se acurrucó en el hombro de Inuyasha para quedar completamente dormida.
Él sintió su peso ligero contra su cuerpo y al verla dormida no pudo evitar sonreír.
¿Cuántas veces lo había hecho? No sabía, ya había perdido la cuenta.
Apagó la televisión y se la llevó en brazos hasta el dormitorio. La recostó con cuidado en la cama y cubrió su cuerpo con una sábana. Él la siguió varios minutos después, se acomodó contra su cuerpo, rodeando su cintura con una mano y atrayéndola hacía sí.
Esa noche sabía que dormiría con ella hasta el amanecer. La primera noche en Cancún no valía, pues ella había huido y él despertado solo.
Despertó temprano aquella mañana, por la ventana comenzaba a verse el amanecer. Sintió sus brazos rodear su cintura, alzó la cabeza y se encontró con su perfecto rostro. Estaba dormido y se veía completamente relajado.
Apartó su mano con sumo cuidado para no despertarlo y bajó de la cama. Lo primero que hizo fue ir al baño para lavarse los dientes. Busco entre los cajones de los muebles si encontraba un cepillo nuevo, por ningún motivo usaría el de él. Si, tuvo suerte al dar con un paquete nuevo, lo abrió y comenzó a enjuagarse la boca.
Luego fue hasta la cocina para preparar algo de desayuno. Como el cielo le dio a entender pudo dar marcha a esa sofisticada cafetera. Sirvió un poco de fruta en dos platos mientras cocinaba unos huevos con tocino. En el refrigerador estaba colgada una hoja con instrucciones de lo que en las mañanas y tardes le tocaba a Roco de comer y donde encontrarlo. No lo pensó dos veces y abrió una latita Gourmet para servirlo en su plato.
El Husky se acercó ella y antes de que probara alimento le lambio la mejilla. El perrito gourmet era agradecido.
Varios minutos después lo vio aparecer en medio de la sala. Vestido con un traje gris, camisa negra y una corbata que, hacia juego con el traje, su cabello perfectamente acomodado y una fragancia masculina que inundó todo el lugar. Kagome suspiró al verlo.
―Pequeña, me gustaría quedarme todo el día contigo – explicó, sentándose en un banquillo justo en frente de la barra – Pero Sesshomaru no va a poder ir y alguien tiene que resolver todo
Ella dejó una taza de café sobre la encimera y asintió.
―De todos modos, tengo que pasar a casa y arreglarme. Un depravado rompió mi ropa interior.
Inuyasha al escuchar eso rompió a reír y acto seguido le dio un sorbo al café.
―Puede que me lleve a tu perrito gourmet. Mi madre terminó adorándolo.
Él miró a Roco, que estaba jugando con uno de sus tantos juguetes. Pero al darse cuenta de que era observado, alzó su cabeza y miró fijamente a su amo.
―Le hará bien salir. Desde que se perdió no lo ha hecho.
Antes de despedirse la atrajo hacía si y la beso intensamente. No quería soltarla, sentía que si lo hacía desaparecería.
―Trae más ropa – sugirió contra sus labios – Deseo que te quedes más días.
―Pero…
―Tú elijes – la interrumpió cuando ella intento protestar – Es eso o te compró ropa con tal de que no salgas de aquí.
Ella negó, no tenía que hacer eso, además aún tenía la maleta que se llevaría a su nuevo departamento, solo era cuestión de pasar por ella.
―No tienes que hacer eso – respondió – Iré y volveré en poco tiempo. Tengo que continuar con el cuadro.
El cuadro, la fiesta de su madre eran otro factor. Deseaba llevarla a casa de sus padres y presentarla como la mujer que se estaba colando en su interior
―Ven a la fiesta de mi madre este sábado. – pidió.
Ella negó y no era porque no lo deseara, bailar con él toda la noche, estar a su lado de pronto pareció una idea tentadora, pero tenía un compromiso con su amiga Sango y era muy importante.
―Me encantaría – rodeó su cuello con sus brazos y parándose de puntillas le dio un beso en los labios – Pero tengo un compromiso con mi amiga Sango y no puedo dejarla sola en esto.
Inuyasha suspiró con resignación, pero asintió en forma de aceptación. Se despidió una vez más de ella, con resignación salió del departamento, dejándola sola. Mientras subía a su coche sonrió, por otra primera vez, cuando llegara a casa ella lo estaría esperando.
Su madre dio el grito en el cielo al ver una vez más al Husky y él mucho más al verla. Se sorprendió al saber que le pertenecía a Inuyasha y no dudo en pensar en los caprichos del destino. Desde luego le preguntó por la noche que pasaron, pero ella prefirió omitir algunos detalles.
Ahora subía la maleta a su coche, su madre no protestó ni se opuso al saber que pasaría una semana con él, todo por tener listo el cuadro.
―Como si hubiera nacido ayer hija. Solo si van a tener sexo seguido usen protección. Hoy en día traer un bebé es muy complicado.
― ¡Mamá! – exclamó avergonzada.
― Para eso te quedarás una semana. Y no me digas que no, ya que no nací ayer.
―Bueno…―no sabía que decir – Debo irme.
― ¡Cobarde!
Estaba teniendo un pésimo día reunión tras reunión terminarían por agotarlo. Deseaba verla, saber cómo iba su día. Sonrió ante la idea que cruzó por su cabeza, antes de entrar a su próxima junta le dio la indicación a su secretaria Sarah de que se comunicara con ella para pedirle que fuera a verlo a su trabajo.
Kagome se había puesto una falda holgada en color azul marino junto con una blusa blanca y zapatos de tacón blanco. Miro el imponente rascacielos que se alzaba ante ella. Aún no podía creer que la hiciera venir hasta ahí. Así nunca iba a terminar de reparar el cuadro y tendría que trabajar tiempo extra para entregarlo en tiempo.
Cuando entró al recinto, la atendió amablemente una chica afro, llevaba su cabello perfectamente acomodado y un traje sastre. En cuanto le dio su nombre la hizo pasar inmediatamente, indicándole el número de piso.
Al llegar al último piso, este era mucho más sofisticado que los anteriores. El piso de lo pulcro que estaba fácilmente se podía reflejar en él. Los muebles eran de un tono blanco, en la mesa del centro había varias revistas de negocios perfectamente acomodadas y en otra más pequeña una jarra de cristal llena con agua y varios vasos.
Avanzó un poco temblorosa al único cubículo que estaba al fondo, a tras de una mujer menuda y madura, se encontraba un muro de madera con letras doras "Corporativo Taisho".
―Bunas tardes – saludó con amabilidad a la mujer.
La mujer, que estaba tecleando algo en la computadora, al escuchar aquella voz suave levantó la cabeza y sus ojos se encontraron. Ella se quitó los lentes y la miró atenta.
― ¿En qué puedo servirle, señorita? ― preguntó con amabilidad.
Kagome carraspeo un poco, al dar su nombre de inmediato la mujer se puso de pie, la saludó y al final la hizo pasar al despacho de Inuyasha.
―El señor Taisho no tarda. La reunión terminará en diez minutos – explicó ― ¿Desea algo de beber?
Ella sonrió y negó.
―No, gracias.
El imponente despacho era demasiado amplió, estaba impregnado su aroma en cada rincón de aquellas paredes. La luz del día traspasaba las cortinas blancas que estaban recorridas, tapando así la enorme ventana. Había un imponente escritorio de la más fina madera, al centro una silla tapizada en cuero negro. A la derecha estaba otro de los sofás del mismo diseño de la recepción y a un lado de éste estaba una mesa de arquitecto. Se acercó y con la punta de sus dedos tocó los bordes.
Imaginándose cuantas horas pasaba ahí sentado, dibujando algún rascacielos. Lo sabía porque había varias marcas de borrador sobre el papel que estaba perfectamente colocado en la mesita.
En cierto modo sus trabajos eran algo similar, sólo que el dibujaba y ella restauraba.
La puerta se abrió se abrió lentamente a sus espaldas sin que ella se percatara de quien entraba.
Antes de entrar le había dado la indicación a su secretaria de que nadie lo interrumpiera, así que una vez adentro de su despacho cerró la puerta con llave tras su espalda. Se recargó en la base de la puerta, cruzándose de brazos y contemplándola fijamente.
La deseaba aquí, ahora y podría decirse que para siempre. Así que se acercó a ella, aspirando su delicioso aroma, deslizando una mano por su vientre y acercándola a él. Se maravillo al sentir su esbelto cuerpo contra el suyo.
―Si seguimos así…―jadeó al sentir sus labios por su cuello, sus manos hurgando por cada rincón de su cuerpo – Jamás terminaré el cuadro a tiempo.
―Eso pretendo – confesó entre pequeñas risas – Retenerte el tiempo suficiente para mí.
La hizo girar cuidadosamente sobre sus talones para tenerla frente a él, la tomó en brazos. Kagome enredó sus piernas alrededor de su cintura, mientras buscaba sus labios, enredando sus dedos en aquel cabello que tanto le gustaba. Llegaron al escritorio donde la sentó al borde de éste. Sus manos buscaron el dobladillo de su falda, que fue recorriendo lentamente, cuando llegó a su triangulo, se apartó un poco y la miró con una ceja arqueada, con una expresión juguetona.
― ¿No traes ropa interior, pequeña?
Kagome le guiñó y esbozó una media sonrisa un tanto seductora.
―Protección a ella, señor Taisho.
Lo último que escuchó fue un gruñido de su parte antes de entrar en ella y llevarla al mismo cielo.
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Entró a su oficina sin ser anunciada, la hija de un Jackson jamás esperaba en una recepción. Ella si se lo proponía entraba y ya.
En cuanto lo hizo visualizó al hombre con quien quería hablar. Arqueó una ceja al ver lo insípido y feo que era. No podía entender como dos mujeres habían terminado con él. Oh si, a él también lo mandó a investigar. Hoyo al ver el revoloteó que había entre su secretaría y la mujer que estaba parada ante él, se puso de pie y sus miradas se encontraron.
―Le dije que no podía entrar señor sin una cita – explicó su secretaria un tanto agitada.
Hoyo asintió y despidió a su secretaria, para que los dejara solos. Jamás había visto a esa mujer y verla le causaba un poco de desconfianza.
―Se le ofrece algo, señorita…
―Jackson – ella se acercó a una silla y con elegancia se sentó, dejando al hombre con la mano extendida. ―Yura Jackson, pero usted puede decirme señorita Jackson.
―Muy bien, señorita Jackson – Hoyo fue a ocupar su habitual lugar y miró con atención a la mujer ― ¿Qué puedo hacer por usted?
Yura se inclinó un poco en el escritorio y le susurró.
― ¿Qué tanto está dispuesto a vengarse de su ex prometida?
Hoyo al escuchar eso apretó los dedos en forma de puño, sus nudillos comenzaban a tornarse trasparentes debido a la fuerza que aplicaba.
― ¡La odio! – respondió sin pensar – Esa mujer me dejó humillado ante mi jefe. Mi jefe había asistido a la boda. Gracias a eso no se logró mi ascenso.
Ella esbozó una media sonrisa, conocía al señor Hamilton porque su padre tenía excelentes negocios con él. Una llamada y su ascenso quedaría listo en tan solo una semana, siempre y cuando él estuviera dispuesto ayudarla.
― ¿Qué pensarías si yo podría solucionar eso? – preguntó con una sonrisa – Ella se metió con el hombre que debió ser para mí.
Al ver que fruncía el cejo, Yura de apiadó de él, confesándole con quien se había acostado su ex prometida, cosa que aun desconocía.
―El hombre, el extraño con quien su ex prometida se acostó es nada más y nada menos que Inuyasha Taisho.
Hoyo quiso irse de espaldas ante aquella revelación. La muy puta no había sido después del todo tan estúpida, se había enredado con uno de los hombres más ricos del mundo.
―Así es – ella asintió – Por eso deseo que me ayude a separarlo. Probablemente él no desee nada conmigo, pero si yo no puedo estar con él, él no estará con lo que más quiere.
Lo veía un tanto confundido o más bien indeciso y tuvo que darle ese pequeño empujón que necesitaba.
―Píenselo señor Masterson. Es un juego ganar ― ganar. En el que usted se vengará de aquella mujer y al mismo tiempo obtendrá un ascenso.
Cuando sintió que logró sembrar la duda en su cabeza, se levantó y caminó hacia la salida. Pero la voz de él la detuvo.
―Acepto. Solo dígame como.
Yura esbozó una sonrisa, había logrado su objetivo.
¡Hola!
Por esta razón el capitulo anterior se los hice cortito, espero les haya gustado mucho. Y pues nada, más que simplemente agradecerles un montón, creo que no me cansare de hacerlo en cada capítulo y perdóneme si suena repetitivo.
Estoy pensando seriamente en unos finales alternativos, para que vean como hubiera sido. Porque tengo varios finales, pero solo se puede elegir uno ¿Verdad? Que más quisiera ponerlo todo, pero así no es.
Aún no sé cuándo vaya a ser la recta final, creo que ya estoy cerca por como vamos con la historia, pero yo les iré diciendo.
