Para desgracia de Kakashi no sólo tenía prohibido ir por Sen sino que además no podía recurrir a Asuma para desahogarse. Su compañero había partido con su equipo a una misión contra Akatsuki y quién sabe cuándo volverían. Pasaba los días entrenando con Naruto a la espera de noticias que le dieran indicios de la ubicación de Sen.

Un día mientras caminaba decidió seguir a Sakura hasta una pequeña librería en busca de alguna pista sobre el paradero de la chica.

"Sólo me dijo que hay cosas que es mejor no desear…" La kunoichi bajó la vista evitando el ojo descubierto de su Sensei. "¿Regresó el grupo de búsqueda?"

"No…" Kakashi exhaló visiblemente cansado. "Tienen órdenes de no volver hasta encontrar algo…"

"Espero que esté bien, de verdad quería que se quedara en la aldea…" Kakashi puso su mano afectuosamente sobre el hombro de la chica y se despidió. Todos los que lo culpaban lo hacían porque conocían la situación desde su perspectiva, sin embargo parecía que Sen había manejado sus asuntos en total discreción. De otra manera Sakura habría explotado en insultos contra él.

Los ancianos habían sido particularmente agresivos con él cuando lo llamaron ante ellos exigiendo una explicación. Después de ver su reacción ante la propuesta de matrimonio, estaba claro que él era el culpable de la desaparición de la princesa.

Cada día de regreso a casa iba dando pasos cansados hacia la entrada de la aldea para verificar que no hubiese ninguna novedad, pero desde que sus compañeros lo veían acercarse le hacían señales en el aire de que nada había cambiado.

*

Sen sintió su estómago retorcerse y le pidió a los hombres un momento para descansar, habían pasado algunos días desde que salieron de Konoha y solo se detenían por algunos minutos.

"¡No podemos hacerlo! los ninjas de Konoha nos siguen el rastro. Cada segundo es valioso." El hombre le contestó con brusquedad y le dio un jalón a las riendas del caballo haciéndolo andar más a prisa. Las contracciones de su estómago iban en aumento, solo había comido un poco de pan duro en la mañana y un sorbo de agua con un ligero sabor salino.

"Necesito descansar…" No pudo evitar que su voz se quebrara por un segundo. "Suna…" pero al girarse a ver a su criada solo escuchó un grito ahogado y después un negro absoluto invadió su vista.

Cuando abrió los ojos estaba en la habitación de un palacio, con sus manos recorrió la delicada sábana que la cubría y suspiró con tranquilidad al pensar que estaba en casa, que su hermano estaría en el pasillo a la espera de que ella despertara. Se incorporó en la cama y vio sobre la mesa un espejo, lo tomó y examinó su rostro detenidamente; aunque había llorado por varios días antes de salir de Konoha, su piel seguía viéndose tan hermosa como siempre. Quizás se desmayó en el camino porque no estaba acostumbrada a montar a caballo, pero ya nada de eso importaba. Ahora estaba en un lugar que podía llamar hogar. Volvió a fijar su vista en el espejo y pasó sus dedos por sus labios y recordó con amargura los besos de Kakashi, cómo ardían sus labios cada vez que estaba cerca de ella. Antes de que el rubor encendiera sus mejillas dejó el espejo a un lado.

La puerta se abrió y un hombre entró de espaldas a la habitación. Emocionada y sin mirar dos veces corrió hasta él para envolverlo en sus brazos. "Gracias… gracias…" él se giró poniendo su mano sobre la cabeza de ella, aferrandola a su cuerpo hasta que estuvieron frente a frente. "Debí escucharte… lo lamentaré todos los días de mi vida…" Sen hundió su rostro contra las capas del kimono mientras sollozaba.

"Creo que me encanta verte llorar…" esa voz, tan grave y profunda. No era la de su hermano. Llena de horror y con los ojos aún cerrados levantó su rostro y una mano se posó en su barbilla. "Adelante… contemplame, tendrás que hacerlo todos los días hasta que mueras."

Sen abrió los ojos lentamente y lo vio, el daimyo del rayo. Intentó apartarse de él pero solo logró que la atrajera más hacia su cuerpo. Estaban tan cerca que podía sentir los latidos de su corazón en un frenético palpitar. "Sabía que era una buena idea dejar a la chica viva…" la hizo girar hasta ponerla de espaldas contra él y apretó sus manos en su espalda dejándola inmóvil. "Ni siquiera intentes congelar el tiempo, sé cómo funciona tu pequeña habilidad. Si me mantengo a tu alcance no me afectará." La empujó de cara a la cama y antes de que ella pudiera incorporarse sintió su cuerpo aplastándola sobre las sábanas.

"Si veo que las hojas de aquel árbol se detienen por un segundo, te mataré aquí mismo."

"¿Dónde está Suna?" Intentó levantarse pero él seguía presionandola con fuerza a la cama.

"Está con las otras criadas…" acercó sus labios a su oído y comenzó a susurrar "deberías preocuparte por ti misma." Tomó una de sus manos y le puso lo que parecía una pulsera dorada, cuando Sen giró su rostro para observarla mejor se dio cuenta que estaba conectada a una larga cadena que sonaba al moverse.

"Empleé el tiempo que estuviste en Konoha para investigarte y diseñar este mecanismo que nos mantendrá juntos por toda la eternidad."

A este punto la fuerza había abandonado su cuerpo, la falta de alimento y el trayecto del viaje habían hecho mella en su resistencia. Dejó de forcejear y relajó sus músculos bajo el peso de aquel hombre mientras él terminaba de explicar cómo funcionaban sus cadenas. El otro extremo estaba atado a la cintura del Daimyo, lo que implicaba que partir de ese momento compartirían cada momento de sus vidas juntos.

"Mi hermano sabrá de esto… Konoha no lo permitirá." Sintió los dedos de él recorrer sus labios mientras la callaba.

"Creo que no entiendes tu situación…" Siguió su recorrido separando sus labios e introduciendo dos dedos dentro de su boca. "Nadie vendrá por ti, eres mi esposa. A partir de hoy se hace efectivo el contrato que establecí con tu padre."

Esperó a que hubiera metido sus dedos hasta el segundo nudillo y lo mordió con el último rastro de fuerza que le quedaba.

"¡Eres una perra!" Con su mano libre comenzó a darle puñetazos en el rostro hasta hacerla sangrar. Sen dejó ir sus dedos y escupió la sangre sobre la sabana.

"¡Me das asco!" Se sintió aliviada cuando él se levantó de ella para enfocarse en sus dedos sangrantes. Aprovechó el momento para sentarse en la cama y revisar su rostro en el espejo, tenía una leve cortada en la ceja derecha y la piel alrededor comenzaba a ponerse morada.

"Si vuelves a hacer eso, cortaré tu lengua…" Algunas voces se acumularon en el pasillo y el daimyo permitió que algunas criadas ingresaran. Ninguna era familiar para Sen, todas eran del país del rayo y estaban preparadas para lidiar con la situación.

"Cubran el golpe con maquillaje y déjenla presentable para esta noche." Así siguió dando órdenes mientras veía como la desnudaban y bañaban frente a él. Aunque intentó inútilmente cubrir su cuerpo, las criadas hacían su trabajo con tanta rapidez que no le permitían ocultarlo de la mirada penetrante de ese hombre.

"Pierdes el tiempo si crees que podrás encontrar aliados en las tierras del rayo, todos saben a qué te envió tu padre." Sus palabras le dieron escalofríos de los pies a la cabeza y no se sorprendió cuando las criadas peinaron su cabello con más brusquedad de la necesaria.

"¿Qué quieres de mi?" Sen veía su reflejo en el espejo mientras las criadas cubrían su piel con un bálsamo hidratante que la hacía brillar al contacto con la luz.

"Obediencia…"