Capítulo 22

Un día de estos

"El amor, es la palabra que resuelve el crucigrama"

(Un día de estos – Marwán)

Aquellos ojos la contemplaban fijamente, como si estuviese esperando el memento a que ella se dignara en prestarle atención y comenzar su restauración. Pero por más que acercaba el pincel a esos ojos azules, no pudo darle brillo.

Su mente estaba en otro lado. No había podido dejar de pasar en su propuesta. Inuyasha quería pasar a una relación más seria. Ya no eran suficientes los besos, abrazos o sobre todo el sexo. Que más que eso ya era algo más, era hacer el amor.

Toda esa complicada que compartían, los juegos, las bromas entre ellos era lo que alimentaba cada día a esa "relación" que tenían.

Con un largo suspiro, se resignó a dejar aquel cuadro. Salió por unos momentos y dio un pequeño paseo por el museo. A pesar de ser lunes estaba muy concurrido. Esbozó una sonrisa al ver como un niño se le escapaba de los brazos de su madre y ella pegaba una carrera atrás de él. Sus risas inundaron todo el pasillo hasta que al final, ella pudo atraparlo.

¿Estaba lista para otra relación?

No hace mucho había salido huyendo de una iglesia vestida de novia. No hace mucho se había acostado con un desconocido en su viaje de despedida. El desconocido que jamás llegó a imaginar que cambiaría su vida radicalmente.

Tenía miedo, si, debía admitirlo. Apenas se estaban conociendo y cada día se metía en su piel, en si mente y en su corazón.

Si, debía ser honesta consigo misma. En tan solo poco tiempo se había enamorado de él. Y él en cambio quería pasar a otro nivel.

¿Qué pasaba si decía sí?

¿Hacía falta la etiqueta de "novi "?

Salió del museo y lo primero que hizo fue comprar un helado. Aunque en esos momentos como deseaba que la cafetería de Sango estuviese cerca, tal vez ella le hubiera dado un sabio consejo.

Rin estaba ocupada con los preparativos de su próxima boda y no deseaba agobiarla. Recordó como ella se disculpa por casarse y ella no. Aunque técnicamente había sido una tontería. Además, su compromiso con Hoyo estaba destinado al fracaso.

Pero era mejor no ir por ese lado, había pasado página y ahora está comenzando de nuevo.

A pesar de haber pasado una semana, Inuyasha no la había presionado para que le diera una respuesta, al contrario, era muy paciente. Cerró por unos momentos sus ojos, se visualizó a él y ella. Compartiéndolo todo, riendo juntos.

Era tan tangible aquel pensamiento, que casi lo pudo abrazar, escuchar cada una de sus risas y sí.

Al abrir los ojos todo se hizo más claro. Si deseaba tener algo más que solo sexo en la regadera. Debía darse una oportunidad, darle una a él.

Su móvil sonó y miró la pantalla, esbozó una sonrisa. Ahí estaba el dueño de sus pensamientos, el que hacía vibrar su corazón, pero sobre todo el chico que le estaba pidiendo una oportunidad para ir más allá de una relación sexual.

―Casa de citas ¿En qué puedo ayudarle?

Lo escuchó reír del otro lado de la línea y eso le iluminó su día.

― ¿Qué servicios ofrecen, pequeña?

Se alegró de escuchar su respuesta, él le estaba siguiendo la corriente y eso le animo a seguir.

―De todo un poco – respondió ella― El especial de la casa es "Masaje con final feliz" pero nos adaptamos a las necesidades del cliente.

Y ahí estaba otra pequeña risa.

― ¿Segura que a todas mis necesidades?

Lo conocía tan bien, que podía imaginárselo sentado en aquel lujoso despacho, mirando tal vez por la ventana o simplemente recargado en su silla con la vista al techo y sus largos dedos sobre su mandíbula, mientras se dejaba llevar por la conversación.

―Completamente segura señor.

―Eso tendría que verlo está noche.

―Nuestro lema es calidad no cantidad.

Ambos terminaron por reír, haciendo una pausa mientras recuperaba el aliento y fue el propio Inuyasha quien habló primero.

―Paso por ti a las ocho. Mi madre nos espera para cenar.

Esa noticia no la esperaba, no solamente iría a cenar a casa de su madre, sino que probablemente estaría cerca de su padre. A pesar de haberla visto en un par de ocasiones no dejaba de causarle nervios.

―Pero no tengo nada que ponerme. Solo llevo mi ropa del día.

Lo cierto es que la ponía nerviosa volver a ver a sus padres. El día de la fiesta de su madre, solo había cruzado palabras con ella, pero jamás con el señor Taisho.

―Si por mi fuera irías desnuda. Creo que es tu mejor Outfit.

― ¡INUYASHA!

―No me disculpo porque lo que dije es verdad. Aunque lo cierto es que no importa lo que te pongas pequeña, siempre estas hermosa ante mis ojos.

Ya, con eso tenía el "si" que tanto deseaba. Afortunadamente no estaba presente para ver lo roja que sus palabras la habían puesto.

―Gracias, tú también.

Después de unos segundos más él tuvo que finalizar la llamada, ya que Sarah había interrumpido para recordarle su próxima junta.

Cuando terminó la llamada con Inuyasha, frunció el cejo al ver que le entraba una nueva, pero esta era de Hoyo. No lo había bloqueado de su móvil y mucho menos borrar su número. Así que solo bloqueó el aparato y decidió ignorar la llamada.

Mas tarde se encargaría de ponerlo en lista negra.

Tal y como lo había dicho, él pasó a las ocho por ella. Al salir por la puerta principal, saludó amablemente al guardia, éste le dedicó una sonrisa amable despidiéndose de ella.

Hacia una fresca pero agradable noche, pero aun así se había puesto un ligero suéter. Entonces, al levantar la vista lo vio. Su coche estaba estacionado justo en frente de ella. Inuyasha se encontraba recargado en la puerta del copiloto, con los brazos cruzados y unas gafas de sol.

Realmente se veía como modelo de alguna colonia para caballero. Tuvo que tragar saliva con dificultad al ver como arqueaba una ceja por debajo de esas gafas oscuras.

¿Quién llevaba lentes para sol en plena noche?

Avanzó en dirección a él, el sonido que hicieron sus tacones contra el piso la ponían cada vez más nerviosa. Más bien, él era quien le hacía sentir así y estaba segura de que nunca dejaría de sentirse así.

O tal vez era el simple hecho de cómo iba vestida aquel día. Llevaba una falda de tablones en como guindo, que le llagaba por debajo de la rodilla y una blusa blanca de encaje. Sus tacones hacían juego con la blusa.

De hecho, prácticamente la mayoría de su guardarropa consistía en faldas y vestidos. Casi era muy inusual que usara algún pantalón, salvo en ocasiones especiales.

―Y luego dices que no tenías nada que ponerte – comentó él cuando ella se detuvo justo en frente suyo.

―La invitación me ha caído de sorpresa – explicó.

Estacionó el auto justo taras de un Mercedes Benz en color gris. El ayudó a bajar del auto ofreciéndole su brazo. Antes de que él abriera la puerta lo había hecho un mayordomo por él y juntos entraron a la lujosa mansión. Kagome se quedó contemplando maravillada tanto lujo y una exquisita decoración femenina. La madre de Inuyasha tenía un delicado gusto. No había entrado a esa parte de la casa el día de la fiesta. Pues solo estuvieron en el jardín y se retiraron en cuanto los postres terminaron.

Izayoi les había pedido que se quedarán a cenar, pero ya era mucho la hospitalidad que habían recibido esa noche por parte de ella y no querían aprovecharse de la situación.

― ¿Dónde está mi madre?

―Sus padres, así como su hermano y si prometida los esperan en la sala.

Kagome se sintió más relajada, al menos cabecita de color rosa estaría ahí con ella.

En cuanto llegaron a la sala, se dibujó una "o" en el rostro de Kagome al ver donde estaba colgado el cuadro que había reparado. Estaba colgado arria de una amplía chimenea, le habían colocado unos grandes garrones repletos de rosas blancas.

―Kagome.

La vocecita de Rin llamándole captaron toda si atención. Saludó a los presentes primero comenzó con Sesshomaru, después con Izayoi y por último Inu no Taisho.

―Kagome Higurashi.

―Kagome – dijo el en tono serio ― ¿Me puedes responder una pregunta?

―Papá, hoy no – interrumpió Inuyasha.

La mirada de Kagome iban de Inuyasha hacia su padre. Tenía todos los rasgos de él, incluso el propio Sesshomaru, salvo que éste tenía la mirada más gélida que los otros dos.

―Por mí no hay problema – respondió con una sonrisa nerviosa.

― ¿Ya vez? – comentó Inu no Taisho, mirando a su hijo – Por ella no hay problema.

Solo esperaba que no fuese una pregunta capciosa porque ahí si no era muy buena ello.

―Que banda es mejor ¿Rolling Stone o Led Zeppelin?

Se quedó callada por unos momentos, aquel hombre la miraba atentamente con sus ojos dorados y cabello plateado debido a las canas. A su mente vinieron aquellas veces cuando era pequeña y entraba al estudio de su padre mientras que escuchaba música solo para terminar contándole la historia del rock clásico. Y más grande, le mostraba seguido su colección de vinilos. A Kikyo solo le gustaba uno que otro, pero a ella, en su mayoría eran sus favoritos.

―Bueno – ella se aclaró la garganta, buscando una respuesta adecuada – Son bandas completamente diferentes. Pero debo decir que me inclino más por Led Zeppelin. El desborde sensual y sexual en el escenario de Robert Plant y Jimmy Page era único.

Inu no Taisho arqueó una ceja y al final esbozó una sonrisa.

―Me agrada está chica – y sin soltarle la mano miró a su hijo – Solo un tonto sería capaz de dejarla.

Kagome se sonrojó ante el comentario de su padre. Realmente era increíble el parecido que tenía con sus hijos. Probablemente en el pasado, en su época de juventud había tenido muchas novias. Y con estos pensamientos fue como los seis se dirigieron al gran comedor, donde la cena ya estaba lista. Como era de esperar, Inu no Taisho ocupó su habitual asiento al lado de su bella esposa. A su izquierda se había sentado Sesshomaru y a lado de él Rin. Del otro lado de Izayoi había sido ocupado por Inuyasha y Kagome. Pero en lugar de que ella quedara al último, él la obligó a estar en medio de su madre y él.

― ¿Higurashi, es correcto? – dijo Inu no Taisho viendo fijamente a la joven.

Ella levantó la cabeza, un poco apenada.

―Tu nombre me resulta familiar – dijo mientras picaba con un tenedor su ensalada ― ¿Tienes algún pariente que sea cirujano?

―Papá – volvió a interceder Inuyasha.

Su padre lo observó sin decir nada y por ultimó miró a la joven, esperando una respuesta de su parte.

―Si – asintió con admiración hacia su padre – Mi padre es un neurocirujano retirado.

Inu no Taisho alzó su delgada ceja, Izayoi no le quitaba la vista a su marido, un poco confusa por la indagación.

― ¿Albert Higurashi?

Kagome levantó aún más cabeza y arrugó el entre cejo. ¿De dónde conocía aquel hombre a su padre? ¿Y qué historia tenían en común?

―Es mi padre – respondió con orgullo.

Inu no Taisho dejó los cubiertos sobre la mesa, se recargó en su respaldo llevándose una servilleta a los labios y por último comenzó a reír ante tal coincidencia y sobre todo ante las miradas de su familia y las novias de sus hijos.

― ¿Estas bien, querido? – preguntó Izayoi un poco asustada.

Él pidió unos minutos para recuperar el aliento y después dio un largo suspiro.

―Disculpen – dijo un poco más repuesto – Es que las coincidencias son muy grandes. Ellas dos – señalando con la mano a Rin y Kagome – Son amigas, amigas que a su vez salen con estos dos – ahora señalaba a sus hijos – Y, por último, está el padre de esta señorita… – señaló a Kagome ― ¿Alguna vez te ha contado tu padre sobre mí?

Ella negó sin dudarlo puesto que su padre nunca hablaba con ella de amigos o pacientes que había tenido en sus años de gloria como neurocirujano.

―Pues te contaré como lo conocí.

Ahora si la que estaba asombrada con las coincidencias era la propia Kagome. De cómo cada hilito la fue llevando hacia Inuyasha y como acabó aquí, en un comedor, hablando con el padre de él, sobre como conocía a su padre.

Si, era algo confuso de describir puesto que ella misma estaba confundida.

―Lo conocí antes de mi primer matrimonio – comenzó a relatar – En ese tiempo era un joven, por así decirlo, que solo se dedicaba a la diversión. Nunca tuve sentido de la responsabilidad por nada y pensaba que con el dinero de mi padre ya tenía mi vida resuelta.

Todos lo escuchaban con atención.

―Hasta que una noche… había bebido hasta morir. La lluvia era muy intensa así que no le di importancia y subí a una moto que tenía en aquel tiempo, lo único que deseaba era llegar a casa. Ya sabrán como terminó todo. Llegué al hospital en mal estado, casi a punto de la muerte. De no haber sido por él otra cosa hubiera sido. Si vivía estaría invalido de por vida, pero él hizo todo lo posible y desde ese día nos hicimos amigos.

Kagome estaba con la boca abierta, ya que seguía sin creerlo.

―Después de la cirugía y rehabilitación, descubrimos que a ambos nos gustaba la misma música. E incluso, por caminos separados nos dimos cuenta de que habíamos ido en nuestra época de adolescencia al mismo concierto de Queen. Desde ese instante nos hicimos buenos amigos, hasta que después debido a nuestras agendas apretadas fue como nos distanciamos poco a poco – concluyó con una profunda nostalgia al ver a la hija del hombre que un día le salvó la vida – ¿Ahora qué es de él?

Kagome parpadeó al darse cuenta de que se estaba dirigiendo a ella.

―Sale a jugar béisbol cada miércoles con sus amigos. – sonrió ― Mi madre dice que es más probable que les lleve un tanque de oxígeno antes de que anoten un jonrón.

Ante ese comentario arrancó las risas de los demás comensales.

―Me gustaría un día de estos unirme a esos partidos.

―Claro – ella asintió – Le puedo pasar su número para que se vuelvan a poner en contacto. – dijo sonriendo.

Luego de la cena, Kagome e Inuyasha paseaban por el jardín tomados de la mano, todo bajo la atenta mirada de sus padres.

― ¿Qué has pensado en mi propuesta?

Ella se detuvo y dio media vuelta de tal modo que quedó en frente de él, todo sin soltarlo de la mano. Su mirada dorada estaba fija en ella y no perdía de vista cada movimiento que daba. La luna enmarcaba perfectamente su rostro y esos ojos parecían brillar con intensidad.

¿Estaba lista? La respuesta era sí. Había encontrado a la persona perfecta con quien compartir victorias y derrotas. Porque si algo era sabido, estaba ya radicalmente enamorada de él y de su corazón sería muy imposible que alguien lo fuera a remplazar.

Dio medio paso hacia él, decidida, segura de su respuesta y sin ningún temor. Tomó su otra mano y las junto con las suyas.

― ¿Estas listo para dar ese paso? – fue su única pregunta.

Él reclinó su frente con la de ella, le dio un beso en la mejilla, después un beso fugaz en los labios.

―Tan seguro como el día que te hice mía por primera vez.

Esa respuesta la hizo temblar, desde luego que recordaba esa primera vez en Cancún con él.

A Inuyasha le hormigueaban las manos, deseaba un "si" de su parte y si su respuesta era lo que no esperaba eso no detendría hasta lograr que ella cambiaria de parecer. Tal vez se precipitó un poco en proponérselo, probablemente no confiaba en nadie debido al engaño que recibió por parte de su prima y prometido. Pero él no era uno de ellos y eso se lo haría saber en cada momento, hasta que lograra confiar nuevamente.

Entonces, al verla a los ojos y ver como le regalaba una sonrisa, supo que todo iría bien entre ellos. Porque solo para él bastaron unas cuantas horas en un avión para descubrir que era la otra mitad que tanto esperaba. Claro que en un principio sintió temor cuando se enteró que estaba prometida, eso por poco lo volvía loco. Saber que en un momento a otro la perdería para siempre le hacían perder la cordura.

―Arriésgate a mi lado – le susurró soltando sus manos para abrazarla a la cintura y atraerla a él – Se mi completo, así como yo lo soy del tuyo.

Sin prolongarlo más, dio esa respuesta que tanto había estado conteniendo.

―Si.

Él sonrió, la levantó en el aire, Kagome flexionó las rodillas antes de que Inuyasha comenzara a dar vueltas como loco con ella en sus brazos, para después sellar el inicio de una nueva relación con un beso tierno que después se convirtió en algo más urgente y por primera vez desearon estar en el rincón de su morada para sellarlo de otra manera distinta.

―Probablemente ponto seremos abuelos – dijo Izayoi, observando a la pareja muy discretamente por la ventana.

―Si pronto ya vamos a hacerlo. Recuerda que Sesshomar y su prometida serán padres.

―No me refiero a ellos – respondió con una sonrisa, mirando a su esposo y después señaló a la pareja que estaba en el jardín – Sino a ese par.

Inu no Taisho contempló a su esposa y después a su hijo y dudó por unos segundos.

―Pienso que te estas precipitando, querida mía – dijo él, mirando a la mujer que tanto amaba – Estoy seguro de que para ver un hijo de Inuyasha tendrás que esperar. Creo que primero pensaran en disfrutarse como pareja.

Con un rostro un poco desilusionado, suspiró.

―Tal vez tenas razón, pero si algún día tienen uno, deseo que sea una niña. Con los ojos de él y el cabello de ella – lo miró ― ¿Te la puedes imaginar?

Una notificación llegó al móvil de Inu no Taisho y sacó el móvil de su bolsillo para responder el mensaje que le había llegado. Izayoi arqueó una ceja al verlo sonriente mientras tecleaba su respuesta.

― ¿Por qué tan sonriente? – preguntó fingiendo celos, ya qué él jamás en la vida le había dado motivo aparente.

―Querida mía…― suspiró abrazándola por el hombro – Mañana tengo un partido de beisbol y todo gracias a Kagome.

― ¿Desde cuándo sabes jugar beisbol? – pregunto con cierto humor – Probablemente también ocupes un tanque de oxigeno como dice la madre Kagome.

Su marido solo entornó nos ojos hacía ella y al final, le dio un tierno, pero casto beso en los labios.

Al día siguiente, Kagome bostezó mientras entraba por la puerta de empleados del museo. Tenía sueño y en gran parte se lo debía a Inuyasha, todo gracias a que deseaba averiguar como era el "Masaje con final feliz" de la llamada anterior.

Pasó por delante de un guardia quien la saludó alegremente y ella le devolvió el gesto de la misma manera. Siempre había sido amable con todo el mundo sin menospreciar el rango que ejercían dentro del museo, pues todos eran una pieza fundamental para aquel lugar.

En cuanto llegó vio que su compañera Kanna no paraba de llorar, estaba desconsolada. Kagome dejó su bolso y se acercó un poco, arrodillándose ante ella para averiguar que era lo que la había puesto así. Normalmente era una chica muy alegre que sonreía a cada segundo.

― ¿Todo bien, Kanna?

Kanna, una joven pálida, de cabello negro y ojos del mismo color negó con la cabeza.

―No – suspiró – Me he enterado esta mañana que han rechazado mi solicitud para el Louvre. Sé que se abrirá una vacante dentro de dos meses, así que no dudé en enviar mi información. Pero esta mañana Myoga me ha dicho que tienen en la mira a alguien más.

― ¿Te han dicho a quién? – preguntó con el pulso acelerado.

Había pasado hace tiempo de que ingreso su solicitud al museo de Paris, pero francamente ya lo daba por perdido. Ahora las cosas eran distintas, tenía a alguien diferente en su vida. No arriesgaría su relación por uno de sus sueños. Si lo ponía en una balanza, pesaba más todo lo que sentía por Inuyasha que un simple museo.

Pero no era uno cualquiera. ¡Sino nada más ni nada menos que el Louvre!

―No, según es confidencial – negó, sorbiendo la nariz en un pañuelo – Solo sé que a él o ella le harán la propuesta en cuanto la vacante este abierta.

De pronto Kanna alzó la cabeza y la miró por encima de su pañuelo. Sus ojos negros se clavaron en ella y en ese momento Kagome sintió un intenso escalofrío.

― ¿Y si te lo piden a ti?

Kagome se levantó del piso sin decir ninguna palabra, avanzó a su lugar y la miró.

― ¡Cómo crees! – exclamó – Y si lo hicieran….― se quedó pensativa por unos segundos – Francamente no sé si aceptaría.

Kanna abrió los ojos de golpe, se bajó de su pequeño banquito y avanzó hacia Kagome. Mirándola perpleja.

―Kagome Higurashi ― dijo indignada –¡Serías una tonta si rechazas una propuesta así!

― ¿Por qué? – ella levantó una ceja y miró a la joven.

―Porque…bueno – balbuceaba al ver la intensa mirada de Kagome ― ¡Es el Louvre!

― ¿Y qué tiene que ver eso?

― ¿Cómo qué que tiene que ver? Ahí se encuentran los máximos exponentes de arte. Es el mejor museo y un excelente historial en tu currículo. Te daría prestigio.

Ella se encogió de hombros mientras preparaba sus materiales para iniciar con su labor del día.

―Me siento muy bien aquí. Además, este museo también da prestigio curricular – le guiñó un ojo.

Sin decir nada más ambas comenzaron con su trabajo respectivamente. Pero Kanna había logrado sembrar en ella la espina de aquella duda, de lo que pasaría si fuese ella la elegida. Aunque bueno, había varios que competían por ingresar a aquel museo, así que seguramente ella sería una de las descartadas y en ese sentido no le preocupaba en nada.

Escuchó su móvil vibrar desde en interior de su bolso, esbozó una sonrisa, probablemente era Inuyasha, pero no. En cuanto vio aquel nombre esa sonrisa como vino se fue.

Era una vez más Hoyo ¿Qué deseaba? ¿Llamarla nuevamente puta? ¿El vestido de su madre que ya no tenía? O ¿El anillo con la que se pagó una tremenda borrachera?

No había podido ni borrar su numero ni bloquearlo puesto que tenía otras cosas más importantes en que pensar y hacer como para estar al pendiente de si su ex le llamara. Pero algo en ella le decía que, si quería comenzar una relación seria con Inuyasha, debía cerrar un capitulo en su vida, y ese capítulo se llamaba "Hoyo".

A lo mejor si contestaba la llamada y hablaba con él unos minutos, pondría fin a todo, lo bloquearía de por vida. Bueno, no tanto, iba a ser padre del hijo que esperaba su prima Eri y por desgracia, no podía borrarla de por vida, al fin de cunetas era su familia. Pero eso no querría decir que deseaba estar completamente cerca de ella. A fin de cuentas, el engaño de ellos dos era difícil de perdonar, pero ella también había sido infiel, así que ambos se merecían arreglar un poco lo que ellos mismos destruyeron. Terminar civilizadamente y cada uno irse por caminos separados.

Si, eso sería lo más razonable, poner las cartas sobre la mesa y acabar con todo eso.

Antes de que la segunda llamada finalizara, pico el icono de contestar. Aguardó unos instantes, esperando la reacción de él, si la volvía a insultar le colgaría y ahora si que ni hablar civilizadamente haría.

¿Estás ahí?

Bueno, se escuchaba tranquilo, eso le daba confianza para contestar. Habían pasado semanas desde aquel fatídico día que ninguno de los dos se había dirigido la palabra.

― ¿Qué quieres, Hoyo? – preguntó seria, tranquila, sin llegar al insulto ― ¿Hablas solo para insultarme?

No – respondió rápido.

―Si es para pedirme el anillo o el vestido de tu madre te aclaro que ya no los tengo.

No es nada eso.

Ella arqueó una ceja, su instinto le decía que colgara, su razón le decía que continuara.

― ¿Entonces?

¿Podemos vernos esta tarde? – preguntó ― La verdad es que me gustaría hablar contigo. No quiero intentar solucionar las cosas, lo que hicimos no tiene reparo eso lo entiendo. Pero creo que ambos no terminamos bien.

Instinto: No lo hagas idiota.

Razón: Si, hazlo, que te vea feliz y empoderada.

―No sé si sea lo correcto – respondió titubeante.

Por favor – insistió él tras el teléfono – Después de lo que hablemos te garantizo que no nos volveremos a ver.

Bueno, al menos luego de hablar ya no se volverían a ver.

Llevándose una mano a la frente fue que accedió a aquella propuesta.

―Bien, dime donde y a qué hora nos vemos.

Hola

Espero que les haya gustado este capítulo, veamos si Hoyo se arrepiente de lo que hará o no.

Muchas gracias a todas por sus lindos comentario y por seguirme en la aventura. Ya poco a poco se nos viene el final de este fic y junto con él los finales alternos que tengo preparado para él.

Adoro las coincidencias, no me esperaba que el padre de Inuyasha conociera al de Kagome, eso les juro que no lo veía venir.

Quiero agradecerle a una persona muy importante en vida, mi papá, así como es el padre Kagome así es el mío. Adora el rock clásico y siiiii, el suertudo fue a ver a Queen en su época de juventud, dichoso él que estuvo cerca del magnifico Freddy Mercury. Tenía una repleta colección de discos de vinilo y digo tenía porque un día mi mamá se los tiró a la basura (no pregunten porque jaja). Y bueno, también me daba catedra de lo bueno que era el rock.