Nadie sabe que estás aquí… A nadie le importa que estés aquí… Y nadie vendrá por ti.

La vocecita en su cabeza repetía una y otra vez como un mantra gastado.

Fijó la vista en la pared dándole la espalda a su esposo que dormía del otro lado. Tenía las extremidades adormecidas, pero el dolor en su entrepierna palpitaba recordandole cada segundo de la noche anterior.

Ya no tenía lágrimas que llorar ni fuerzas para gritar, solo quería dejar de existir.

La mano del hombre a su lado la atrajo hacia él arrastrándola por el colchón hasta pegarla a su cuerpo, sintió la repugnancia de su piel pegajosa, apelmazandose contra la suya.

"Me gusta cuando no te resistes y aceptas tu destino." Le habló al oído apartando su cabello de la oreja. " valió la pena esperarte por tres años, aunque hayas venido a matarme."

"¿Qué hiciste con mis acompañantes? Necesito saberlo…"

Sintió el movimiento de su pecho contra su espalda, estaba riendo.

"¿Tanto te preocupan tus sirvientes?" Hizo una pausa mientras que las yemas de sus dedos recorrían su espalda, apartando su cabello. "Los maté… usé a la última para traerte hasta aquí." En los espacios que encontraba iba besando y lamiendo su piel. Sen sintió deseos de vomitar.

"Ellos no sabían nada…" intentó apartarse de él pero de inmediato sintió la cadena que los unía tensarse. El daimyo agarró su cuello con fuerza y enterró su cabeza en la almohada.

"Veo que aún queda en ti algo de espíritu… voy a quebrarte hasta que ya no ofrezcas resistencia." Apretó su garganta cortándole la respiración. "Voy a dejarte cicatrices que Konoha no podrá borrar."

*

Kakashi entrenaba con Naruto o más bien lo intentaba. Su mente no estaba concentrada en nada que no fuese la imagen de Sen llamándolo escoria. La sangre le hervía de pensar en lo que pudiera estar pasándole en ese preciso instante, maldijo una y mil veces el deber.

El recuerdo de su padre colgado en la sala de su casa regresó a su mente, lo vio tan nítido frente a él que todo lo demás se desdibujó.

"Sensei… ¡Sensei!" Cuando volvió en sí vio a Naruto refunfuñando entre dientes. Antes de que pudiera responder alguien apareció en el campo de entrenamiento. Cuando el humo se disipó Yamato apareció ante ellos, a ninguno de los dos le gustó su expresión.

El tiempo se hizo más lento y Kakashi sintió que las piernas le temblaban. "Sarutobi Asuma murió en combate."

Asuma muerto, era imposible. Asuma volvería y él iría a visitarlo como siempre, Kurenai estaría ahí regañandolos a ambos… como siempre.

Kurenai… Sus pensamientos fueron hacia ella y la imaginó vestida de negro a los pies del monumento.

Miró a Naruto, pero el chico estaba petrificado, probablemente con pensamientos similares a los suyos.

Salió del campo de entrenamiento y sin pensarlo sus pies los llevaron hasta el apartamento que compartían Asuma y Kurenai.

Cuando la kunoichi abrió la puerta ambos compartieron su tristeza con una simple mirada. Ella se hizo a un lado para dejarlo pasar.

"Vine de inmediato…" Ella se sentó frente a él en el sofá, tenía los ojos perdidos en el vacío y las mejillas húmedas de tanto llorar.

Kakashi se sentó a su lado e hizo algo que a él mismo le sorprendió, rodeó a Kurenai con sus brazos y la dejó llorar sobre su pecho. Los gritos ahogados se perdían en su chaqueta mientras se desahogaba.

"¡No quiero vivir sin él! ¡Devuelvanmelo!" Él pasó sus manos de arriba abajo por su espalda intentando calmarla sin éxito.

"Te juro que vengaré su muerte… No descansaré hasta hacer que paguen por esto."

Esto era lo que quería evitar para Sen, este tipo de vida en la que no sabes si volverás a ver a tu esposo o si será solo un nombre más en la historia de la aldea. La angustiosa espera tras aceptar una misión y el terrible desenlace después de fallarla.

"Estoy perdida sin él…" Kurenai se separó un poco de él y buscó un pañuelo de la caja que reposaba en la mesa, donde había ya un puñado acumulados. "¿Qué sigue después de la muerte de quién más amas?"

"No lo sé…"

Antes de irse le hizo jurar que no haría nada estupido, aunque dudó que ella lo estuviera escuchando. No sólo habían matado a Asuma, también una parte de Kurenai murió aquel día.

Se presentó ante Tsunade aun con la chaqueta humedecida con las lágrimas de su amiga. Habían algunos ninjas rodeando a la hokage, planeando el siguiente paso de la aldea ante la amenaza que se acercaba a pasos de elefante.

Kakashi esperó a un lado con la mirada fija entre sus pies y las manos en el bolsillo hasta que todos salieron.

"Acabo de ver a Kurenai…"

La rubia se levantó de su silla pero Kakashi levantó una mano para detenerla.

" y sentí que hice lo correcto en no casarme con Sen."

Tsunade entornó los ojos. "¿cómo puedes ser alguien tan denso?"

"Aún así…" Kakashi exhaló con fuerza mientras agachaba la cabeza. Tsunade se detuvo frente a él y se vio tentada a tocar su hombro cuando lo vio temblar "He decidido ir por ella…" Levantó el rostro y la hokage vio lágrimas humedecer su ojo visible hasta perderse en su máscara.

No era la primera vez que Kakashi veía a una viuda llorar pero era la primera vez que lograba empatizar con el sentimiento.

"¿Crees que las mujeres de los ninja se arrepienten por un segundo de su decisión?" Kakashi la miró y se dio cuenta que lloraba con él.

"No creo que Kurenai se arrepienta de lo que vivió al lado de Asuma… ¡Yo jamás me arrepentiré de haber amado a un ninja!"

El jonin quedó petrificado frente a ella sin saber cómo actuar. Conocía la historia de Tsunade y Dan, aunque no era algo que tuviese presente al momento de lanzar su comentario.

"Debemos crear un mundo en donde estas situaciones sean solo historias del pasado, por las nuevas generaciones y por nosotros mismos." Tsunade usó las mangas de su kimono para secar sus lágrimas. "Necesitaremos toda la ayuda posible, ve por Sen y tráela de regreso." Tsunade sacó de su bolsillo un papel doblado y lo puso en su mano.

"Su familia ya lo sabe, se agruparán en el país del fuego. Estarás sólo con ellos." La hokage puso una mano en su hombro y lo miró a los ojos, estaban hinchados y dos marcas humedecidas bajaban por sus mejillas.

Él se limitó a asentir con la cabeza y salió de la oficina tan rápido como llegó.