Capítulo 23
¿Culpable o no?
No tengo ya derecho a reprocharte nada
Pues nada queda ya de ti, de mí, de ayer
(Culpable o no – Luis Miguel)
Cinco horas después.
Respondía varios correos y de vez en cuando le mandaba mensajes a Kagome, pero comenzaba a preocuparse cuando ella había dejado de contestarle justo más de dos horas. Probablemente en el museo no había mucha recepción dada la seguridad. Pero veces anteriores se habían mensajeado sin presentar ningún problema.
Ya había perdido la cuenta de cuantas veces le había marcado y en ninguna de ellas le contestaba. En los mensajes ni en visto lo había dejado. Si, esto no le gustaba, era poco habitual en ella. Una vez ya se lo había aplicado, pero después de aclarar las cosas entre ellos e iniciar una relación en sus vidas, no había vuelto a suceder.
Preocupado, decidió ir en busca de su hermana al hospital, probablemente ella estaba ahí o incluso a la cafetería de Sango. Probablemente estaba platicando con sus amigas y se le había ido el tiempo.
Se acomodó el saco y la corbata cuando Sarah, su secretaría entraba con un pequeño sobre de color amarillo en la mano.
―Señor, le han enviado esto.
Lo depositó con manos temblorosas sobre la palma de su mano. Inuyasha arqueó una ceja al ver que no llevaba remitente.
―Gracias Sarah.
La mujer asintió y lo dejó solo.
De nuevo en la privacidad de su despacho, abrió el sobre y salió una nota escrita con pedazos de revista y periódico.
"Ve lo que hace tu novia cuando piensas que está trabajando"
Frunció el cejo y al inclinar el sobre saltó una memoria USB de color negro. No alcanzó a tomarla y esta cayó a la alfombra persa, junto a sus perfectos zapatos ilustrados. Se inclinó a levantarla, contemplándola ese objeto que tenía entre sus dedos y después a su MAC, decidió salir de dudas.
Alguien le estaba pasando una mala jugada.
Sus pasos fueron lentos, desbloqueó la pantalla y por último buscó el adaptador para la memoria. Espero a que la leyera y volvió a fruncir el cejo al ver el nombre de aquel objeto:
"La infiel"
Su pulso se aceleró, su corazón decía que lo abriera, pero su mente era otro cantar. Sin importarle que pudiera contener aquella memoria, fue que le dio clic al nombre y al instante se abrió una carpeta.
Carpeta que contenía algo que le hizo helar la sangre. No helar, hervir y todos los adjetivos que pudieran existir. Comenzó a ver una por una las fotos, las poses el video, los gemidos. Tomó la pantalla de la MAC para lanzarla contra la pared. Cada cosa que se encontraba a su paso iba directo al piso.
―Es una maldita…
Tiró todos los papeles que estaban acomodados en el escritorio.
―Yo…de imbécil...― el teléfono fue a dar contra la puerta – Dándole todo y así me paga.
La puerta se abrió y entró Sesshomaru, seguido de Rin a su espalda. En todo momento él la cubría con su cuerpo para evitar que un objeto fuera a dar hasta ella. Vio a su hermano, sentado en el pido y recargado en el escritorio.
― ¿Ha pasado algo? – lo miró a los ojos.
Inuyasha vio a su hermano y después a Rin.
―Ten cuidado con sus amigas – dijo mirando a la prometida de su hermano – No sabes la calaña que pueden resultar.
―No estoy dispuesto a permitir que insultes a mi prometida – lo miró serio.
―Piensa bien en casarte hermano, solo buscan tu dinero – fingió no irlo o más bien lo ignoró.
―Ceo que acabas de recibir una mala noticia. Mejor me voy.
Sesshomaru se levantó y tomó a Rin de la mano, para sacarla de ahí, pero antes de que se pudieran marchar, Inuyasha tenía una última cosa que decir y eso sería para su futura cuñada.
―Dile a Kagome que se vaya al infierno.
Cinco horas antes.
Kagome llegó con diez minutos de retraso al punto de reunión y no es que eso fuese habitual en ella, sino más bien no le daba la suficiente importancia como para hacerlo, después de todo se vería con su ex, no iría a una entrevista de trabajo.
Ambos se habían citado en un restaurante poco concurrido, lo que le pareció un poco extraño, inclusive sospecho. Pero tal vez suponía que Hoyo lo había elegido por si alguno de los dos terminaba recriminándole a otro sus engaños, llegando al punto de los gritos, y con eso llamar la atención de los comensales y todo el personal que laboraba ahí. Podría ser lo más sensato dado la situación de ambos.
Al entrar, fue recibida por un mesero que la llevó directo hacía donde estaba él, que la esperaba en un rincón bastante apartado.
Con un largo resoplido, avanzó en su dirección. En cuanto llegó de inmediato se puso de pie y aguardó hasta que ella ocupara un lugar frente suyo.
Muy bien, la estaba recibiendo amablemente y eso le daba un poco de mal espina.
Tomó asiento y contempló una rosa roja que había en la mesa, alzó una delgada ceja y lo miró fijamente, esperando una respuesta.
―Una ofrenda de paz.
No la quiso ni tocar, así que la dejó ahí, donde estaba.
― ¿Podemos ir directo al grano? ― preguntó mientras colgaba su bolso en un pequeño perchero que había colocado el mismo mesero.
Pero antes de que Hoyo respondiera Hoyo, el mesero apareció nuevamente interrumpiéndola.
― ¿Desean algo de tomar? – llevaba una Tablet en mano para poder realizar el pedido
Hoyo le cedió la palabra a Kagome, para que fuese la primera en ordenar.
―Solo una limonada, gracias – miró al joven con una media sonrisa.
La verdad es que tenía el estómago cerrado a causa de estar ahí con su ex prometido, hablando de su fracaso como pareja.
― ¿Y usted, caballero? – preguntó, ahora mirando a Hoyo.
Él se llevó una mano a la barbilla y contempló todo el menú que había en él, pero lo cierto es que no iban a tener tiempo ni de comer, así que únicamente ordenó un trago fuerte.
―Un whisky.
― ¿En las rocas o seco?
―Seco.
Hoyo esperó a que el mesero se llevara el menú y los dejara solos para poder hablar. Contemplaba a la mujer que por poco iba a ser su esposa. Estaba nervioso debido a lo que intentaría hacer y confiaba en que todo saliera conforme a lo planeado. Luego de esto, saborearía el triunfo de su venganza y sobre todo de su ascenso, así que debía ser cauteloso si quería que todo saliera bien.
― ¿Ya me vas a decir para que querías verme? – volvió a preguntar.
―Veo que estas impaciente por irte – comentó con un poco de burla.
―No me apetece estar ni cinco minutos aquí contigo – respondió mordaz – Pero tengo que hacerlo si quiero pasar página contigo.
―Que directa – bufó.
―Siempre lo he sido y más si se trata de ti.
La miró por unos instantes, no era la misma Kagome que había conocido cuando estaban juntos. Esa mujer tenía un algo que la había puesto más hermosa ante sus ojos, incluso era segura de sí misma. Tal vez ya lo era antes y con él no se mostraba así.
― ¿Ya tienes una relación con ese tal Taisho? – él también era directo.
― ¿Ya sabes el sexo del bebé que vas a tener con mi prima?
Esa respuesta le hizo reír un poco, Kagome era una mujer lista, lástima que nunca se había dado cuenta de eso.
― ¿Qué tal es en la cama? – volvió a intentar.
― ¿Qué tal lo fue Eri?
Si, no estaba dispuesta a ceder hablando de su nueva relación. Era obvio que después de aquella boda fallida ella retomaría su vida, así como él. Lo malo es que el padre de Eri lo había obligado a cumplirle a su hija. Ahora estaba viviendo con ella en un modesto departamento, pero no tenía intenciones de formalizar ese compromiso, estaba con ella por el bebé, no porque en realidad la amara.
―No― negó – Aun no se sabe el sexo del niño.
―Si – asintió ella – Ya tengo una relación con él y…― con una sonrisa, respondió su segunda pregunta – Es bastante bueno en la cama. Corrección, mejor que bueno.
Hoyo apretó formó un puño con su mano por debajo de la mesa, de haberlo visto probablemente sus nudillos estarían blancos debido a la fuerza que aplicó. Pero él tampoco se quedó atrás, si ella presumía su relación con Inuyasha Taisho, él haría exactamente lo mismo. Aunque su relación con Eri no era un cuento de hadas.
― ¿Qué deseas, Hoyo? – preguntó Kagome, una vez harta de escuchar la historia de amor entre su ex y prima – Dudo que pedirme perdón sea lo último que quieres.
―Te equivocas en eso Kagome – se adelantó a preguntar – A pesar de las cosas horribles que te hice aún tengo sentimientos.
Kagome esbozó una sonrisa incrédula ante tal comentario. Era como si el imbécil se estuviera burlando de ella.
El mesero llegó con sus respectivas bebidas antes de que ella le lanzara una ofensa.
Antes de darle un trago a su bebida y comenzar con los reclamos, prefirió ir al tocador a refrescarse un poco. Habían comenzado con todo el primer encuentro, por lo que se supone uno saldría vivo de ahí.
Hoyo miró a su alrededor y muy discretamente vertió todo el contenido de la droga al vaso de Kagome. Se suponía que debía ser solo una pisca, pero se le había ido la mano. En cuanto la vio Sali por el pasillo se incorporó y casi sonrió cuando le daba un trago a su bebida. Unos minutos y esa cosa haría efecto.
― ¿De modo que tu intención es pedirme una disculpa? – preguntó, mientras le daba otro trago su limonada. Realmente estaba deliciosa y tenía demasiada sed.
―Así es – asintió, con una media sonrisa al ver el vaso vacío de ella – Y no sabes que tan arrepentido estoy.
― ¿Por qué ahora? – Kagome se encogió de hombros – Además, nos dijimos cosas horribles en el altar.
―Ya te dije, yo también quiero comenzar una nueva vida y para eso, debo dejar el pasado limpio.
―Si me vas a reclamar…― un fuerte mareo la golpeó de repente – El…anillo – sus ojos se sentían pesados― O – trató de parpadear – El vestido… ya no lo tengo.
Pero cerró los ojos al sentir de nuevo un fuerte mareo. Al abrirlos, todo le daba vueltas y veía al hombre que estaba frente de ella de manera triple. Él se preocupó y se levantó para auxiliarla.
― ¿Estas bien?
Negó, tal vez no había desayunado lo suficiente, pero comenzaba a sentir su cuerpo débil y por más que tratara de levantarse sus piernas no respondían. Era como si llevara cemento en lugar de pies.
Lo mejor que podía hacer era salir de ahí e ir en busca de Kikyo o llamarle, pero en cuanto intentó tomar su bolso, el pequeño perchero cayó al piso llevándose su bolsa con él.
―Creo que…
Fueron sus últimas palabras antes de caer desmayada.
Hoyo se precipitó metiendo la mano por debajo de la mesa para que su cabeza no se golpeara contra ésta.
El gerente, al ver la escena, no dudo en acercarse a ellos para auxiliarlos.
―Hay que llamar a una ambulancia – indicó el gerente, mirando a uno de sus empleados.
―No será necesario – se apuró en responder Hoyo – Es una amiga de la familia. La conozco bien, la llevaré personalmente al hospital.
― ¿Desea que les ayuden uno de mis chicos? – preguntó aquel hombre – La señorita se ve mal.
―No se preocupe, no será necesario.
El gerente lo miraba un poco desconfiado, pero aun así no se atrevió a indagar más en el asunto y dejó que se marchara con la mujer. No le pidieron la cuenta sobre las bebidas y dejaron que se marchara con la mujer en brazos.
Un mesero le ayudó a subirla al asiento trasero del auto, dejando a un lado de ella su bolso.
Hoyo subió al asiento de conductor y salió a toda marcha de ahí con destino desconocido. Esquivaba uno a uno los autos que se atravesaban a su paso. De vez en cuando, miraba por el espejo retrovisor para comprobaba que Kagome siguiera inconsciente y si, estaba completamente dormida. Había sido una prueba de fuego rociar un poco aquella rosa con la Escopolamina que le había dado Yura, ese era su plan de escape en dado caso que ella no se fuera al tocador y aprovechar ese momento para introducir la droga en su bebida.
Todo había salido conforme al plan.
Comenzaba a sudar mucho y tuvo que poner el aire acondicionado al máximo. Escuchó su móvil y le dio una ojeada. Estaba sobre el asiento del copiloto y era Eri quien le estaba marcando, pero en esos momentos no tenía tiempo para contestarle a esa fastidiosa mujer. Ahora estaba concentrado en su plan y de llevarlo a acabo.
De nueva cuenta se escuchó un móvil vibrar, pero no era ninguno de los suyos. Probablemente era el de Kagome que sonaba adentro de su bolso. No iba a ver de quien se trataba la llamada, así que lo único que hizo fue ignorar las diez llamadas.
Estacionó el coche en un hotel de paso, llevaba a una Kagome inconsciente entre sus brazos. Pero dado que el hotel era de mala muerte no le cuestionaron en absoluto por el bienestar de la mujer. Los empleados habían visto cosas peores que eso.
―Ha bebido mucho – fue la justificación de Hoyo.
Como pudo, Hoyo estiró la mano para recibir las llaves que el empleado del mostrador le estaba entregando. Entonces, con Kagome aún entre sus brazos, fue como se dirigió a la habitación que le había sido asignada.
En cuanto entró con ella a la habitación lo primero que hizo fue dejarla sobre la cama perfectamente tendida. Luego sacó un celular diferente al de él, lo había adquirido especialmente para aquella ocasión. Fijo la cama en un punto estratégico donde se vieran ambos. Aun no comenzaba a grabar, primero quería contemplar el rostro de aquella mujer que le había causado tantas desgracias en tan solo un puto día. Pero que él también lo había hecho.
Tomó asiento al borde de la cama, justo a centímetros de ella. Kagome dormía plácidamente, era inconsciente de lo que le pudiera pasar en esos momentos. Acomodó un mechón de su cabello por detrás de su oreja. Llevaba un hermoso vestido amarillo y las mangas le llegaban a la mitad del brazo.
Quería tocarla, pero su mente le decía que no. Que ella ya no le pertenecía como antes.
Justo en ese preciso momento empezaba a estar en una guerra mental. Si, había querido vengarse de ella y cuando Yura le ofreció la oportunidad, había aceptado sin importar las consecuencias.
Pero ahora al tenerla así, delante de él.
Frágil, inocente, inconsciente.
Su moral le decía que no. Que eso no era lo correcto, que incluso él había sido el causante de haberle hecho más daño.
Debía admitirlo, la había engañado con Eri, a quién incluso dejó embarazada.
Se llevó una mano a la cabeza y la dejó sobre la nuca, no, no podía. Simplemente no podía aprovecharse de ella y más si se encontraba en ese estado.
Ella no merecía otra mala jugada de su parte. Además, no era un maldito violador.
Levantándose de la cama fue hasta un sofá donde estaba recargado su saco, buscó su móvil en los bolsillo. Buscó entre sus contactos y marcó el número que deseaba.
Esperó dos o tres tonos.
― ¿Qué quieres?
―Ocupo un favor.
―Tú dime…
Antes de salir, se quedó viendo el rostro de aquella mujer que aun dormía. Como no deseaba que alguien más entrara, puso seguro por dentro, tiró las llaves adentro de la habitación y cerró.
Kagome abrió los ojos, aturdida se llevó las manos a la cabeza. Desconocía el lugar donde estaba, trató de levantarse de la cama, pero al hacerlo sus piernas flaquearon y la llevaron directo al suelo. Parpadeó, todo estaba un poco nublado y lo primero que vio fue su bolso en un sofá. Se arrastró hasta él y buscó algo en su interior, creía haber tomado su móvil cuando la realidad era que lo confundió con un paquete de pañuelos.
Como pudo se agarró por el borde del sofá, intentó ponerse de en pie y tomó su bolso. Daba pequeños pasos hasta la puerta, en un principio batalló en abrir porque tenía seguro.
Una vez afuera. Estudió el estrecho pasillo, éste estaba desierto, no había ningún alma en pena en él.
No sabía qué hora era, pero podría decirse que pasaban más de las cinco de la tarde.
Al llegar al mostrador se sujetó fuerte de la barra antes de caer. Una encargada de mostrador al ver el estado de la joven se acercó a ella y la tomó por la cintura para amortiguar su caída.
― ¿Está bien, señorita? – preguntó la joven, un poco asustada.
―Hospital…Metropolitano – hablaba como en códigos – …Kikyo… Higurashi….
Fue su única respuesta antes de caer nuevamente inconsciente.
Junto a otro empleado, llevaron a la joven al hospital que había indicado.
Kikyo volvió a intentarlo una vez más y de nuevo la enviaba a buzón. No era muy típico de Kagome hacer eso, normalmente contestaba a la primera. Ni siquiera las chicas habían dado con ella. Pensó que probablemente estaría con Inuyasha, pero cuando intentó llamarle, también le mandaba a buzón.
¿Les habría pasado algo?
Estaba preocupada por su hermana, aquel día se iban a poner de acuerdo sobre el color de los vestidos de dama que usarían para la boda de Rin. Ella misma les había dado carta abierta para que eligiesen el color y diseño.
Probablemente Inuyasha y Kagome estuvieran con Rin y Sesshomaru y por eso no le contestaban. Así que le marcó a su amiga, pero al hacerlo ella lo hizo con una voz baja.
―Rin ¿Kagome está contigo?
―No – respondió ella.
― ¿Estas cerca de Inuyasha?
―Kikyo…― Rin bajó un poco más la voz – Inuyasha está muy mal, recibió una noticia y no sé qué es. No dice nada. Prácticamente volcó su oficina, Sesshomaru al oírlo salió a buscarlo, pero tuvieron un ligero roce. Algo pasó, al final me dijo que le dijera a Kagome que podría irse al infierno. ¿Sabes que ha pasado?
Kikyo se llevó una mano al pelo ¿Qué demonios había pasado?
―Per…
Antes de que pudiera seguir preguntando, una enfermera entró apresuradamente a su consultorio.
La joven estaba agitada, tenía el rostro desencajado y por ende estaba muy nerviosa.
―Disculpe doctora, tiene una emergencia.
―Sally tengo otra emergencia aquí. Pídele a otro doctor que se haga cargo – respondió sin colgar la comunicación con Rin – Mi hermana no aparece.
―Se trata de su hermana…― dijo agitada – La han traído inconsciente. Esta en urgencias.
Sin despedirse de Rin colgó la llamada y prácticamente se fue corriendo hasta urgencias. Tuvo que tomar las escaleras porque el elevador de empleados estaba demasiado lento ese día, cosa que la irritó por completo.
Urgencias era un caos, muchos pacientes heridos, gritos sin censar de mujeres y hombres que esperaban atención. Iba buscando a su hermana por las distintas camillas que se encontraban ocupadas, pero en ninguna de ellas estaba y eso la hizo sentir frustrada, casi desesperada.
Comenzaba a sentir pánico, un poderoso nervio de apropió de ella. Solo quería verla sentada, con alguna herida superficial y esbozando una sonrisa como tonta.
Pero no fue así, porque escuchó el sonido de un desfibrilador.
Sus pies se movieron en dirección hacia un cubículo que tenía una cortina blanca recorrida.
Se detuvo a pocos centímetros de ahí, sólo para escuchar el sonido de la carga de aquel aparato. El corazón le latía con fuerza, sus manos le sudaban, algo le decía que no lo hiciera, que no viera el interior de ese pequeño lugar, porque se llevaría un profundo dolor.
Pero no le importó.
Recorrió lentamente las cortinas y su alma, corazón y todo se fueron al piso.
Ante ella pasaron imágenes de Kagome y ella discutiendo, de Kagome y ella riendo, de Kagome y ella siendo consoladas una a la otra. De Kagome ella jugando en la nieve mientras su madre les preparaba un chocolate caliente.
―Eres una tonta – dijo ella sacándole la lengua a su hermana menor.
― ¡Mamá! ¡Kikyo me dijo tonta!
―Chismosa – le sacó la lengua.
―Idiota – Una Kagome de cinco años también lo hizo.
―Lo que digas será al revés.
― ¡Ya basta niñas! – las reprendió su madre.
―Ella empezó ―respondió Kagome.
― ¡Son hermanas! ¡Deben llevarse bien!
― ¡Nunca! – exclamaron las dos al unísono.
― ¡Me voy a casar! – había dicho ella feliz.
―Piénsalo bien – respondió Kikyo, no muy alegre por la noticia. – Digo, aún eres joven. ¡Tienes veinticinco años! ¡Sal! ¡viaja! ¡y si quieres cogerte a otro solo hazlo y ya! – ese había sido su consejo.
―No puedo hacerle eso a Hoyo.
―Tú te lo pierdes, pero ese inútil no es el único hombre en la vida.
El doctor que traba de reanimar el corazón de su hermana se quedó por unos instantes inmóvil al ver a la doctora Higurashi recorrer aquellas cortinas.
―Kagome…― Quiso interceder, pero alguien la tomó por la cintura, apartándola de ella.
―Llévensela de aquí – ordenó el doctor Suikotsu, pues él sabía el parentesco entre las dos hermanas – Y que no entre – observó a una enfermera ― Aumente la carga a 250
― ¡SUELTAME! – le gritó a la persona que la alejaba de ella ― ¡NECESITO VERLA! ¡NECESITO…ESTAR… CON…ELLA!
¿Qué haría si perdiera a la única hermana que tenía? No solo perdería a una hermana, sino a una cómplice de juego, a una amiga a quien buscar cuando necesitaría un abrazo consolador. Tantas veces que en el pasado la había protegido de imbéciles y del mundo como para que terminara en una sala de urgencias y luchando por su vida.
¿Qué demonios le había pasado?
¿Qué demonios le había hecho Inuyasha?
Naraku la sacó de urgencias y la llevó a una zona más tranquila. Por un momento la había dejado para ir en busca de una bebida que la pudiera tranquilizar. Al llega hasta ella le extendió el vaso con café. Kikyo lo miró con los ojos bañados en lagrimas y al final lo aceptó, sin beberlo.
―Esto te tranquilizara.
―Déjame en paz – se limpió una lagrima – Solo quiero que salga Suikotsu y me informe como esta mi hermana.
― ¿Ya le hablaste a tus padres? – preguntó, sentándose a su lado.
―No ― ella negó y rompió a llorar nuevamente – Y no sé cómo se los voy a decir. Esto va a romper a mi madre.
Hubo un silencio, frunció el cejo y miró a su novio. Él debía saber algo del cambio repentino de Inuyasha.
― ¿Sabes que pasó entre ella e Inuyasha?
Negó porque era la verdad. Incluso todo lo que estaba pasando era muy extraño. Inuyasha hubiera sido el primero en decirle si algo malo había sucedido. Él estaría aquí al enterarse de lo que le había pasado a Kagome.
―Será mejor que le hable.
Se apartó un poco de ella en parte para vigilarla por si salía corriendo en busca de su hermana. Suikotsu era muy estricto en cuanto a su trabajo y que ella intercediera no hacía sino empeorar las cosas.
Arrugó la frente, Inuyasha nunca tardaba en contestarle y lo mandaba a buzón por segunda vez. Molesto por esa situación le envió un WhatsApp esperando a que lo contestara, pero ni en visto lo había dejado. Al final le marcó a Koga, quien le comentó que también había tratado de entablar comunicación con él, pero le fue imposible hacerlo.
Pero antes de irse en busca de su amigo permaneció unos instantes ahí con Kikyo, aguardando impaciente a que saliera su colega.
El corazón de Kikyo regresó a la vida al ver salir a Suikotsu quitándose una mascarilla de la boca. Se detuvo delante de ella y se arrodillo.
―Logramos estabilizar a tu hermana – informó – Pero permanecerá en cuidados intensivos hasta que salgan los resultados de los estudios que le hemos mandado hacer. Una vez con ellos, sabremos cuales fueron sus causas y el tratamiento a seguir, por lo tanto, hay que esperar. Aun su corazón esta débil por lo que sugiero que únicamente un familiar permanezca con ella.
Ella asintió y lo único que hizo fue abalanzarse hacía él y abrazarlo fuertemente.
―Gracias Suik.
Cuando se hubo ido Suikotsu, Naraku la llevó hasta la habitación de cuidados intensivos donde estaba su hermana. El corazón se le partió en mil pedazos al verla conectada tras un respirados artificial. Dormía tranquilamente, le habían colocado un suero vía intravenosa. De vez en cuando analizaba el monitos para ver su ritmo cardiaco, al menos estaba en lo normal. Tal y como lo había mencionado su colega.
Se sentó en una silla que se encontraba a lado de la cama y como si fuera un niño en busca de consuelo, tomó su mano y se la llevó a la mejilla.
― ¿Quién te hizo esto?
Analizaba su rostro, pero no había ninguna huella de violencia o de algún otro tipo. Lo único que se le venía a la mente era el imbécil de Inuyasha, seguramente el hijo de puta era el causante de ese estado. Si ese maldito se atrevía a pisar un pie en ese hospital, ella misma se encargaría de enviarlo directo al infierno tal y como lo deseó él de su hermana.
― ¿Crees que Inuyasha tenga algo que ver en esto? – le preguntó a Naraku, sin dejar de ver a su hermana.
Naraku arrugó el entrecejo ante tal pregunta. Por un momento se sintió ofendido de que atacara así a su mejor amigo. Lo conocía casi de toda la vida y era la persona que menos buscaría dañar a otro semejante.
―Desde luego que no – respondió con seguridad – Él es la persona más sensata que conozco.
― ¿Entonces cómo te explicas lo que le pasó? – lo miró directamente a los ojos.
―Hay que esperar a que ella despierte. Es lo único que debemos hacer. – comenzó a adaptarse un poco ― Debo ir a verlo.
Él empezó a caminar hacia la salida, con los bolsillos en su bata blanca, pero se detuvo al escuchar la voz de su novia.
―Dile que ni se le ocurra aparecer por aquí.
―Como tú digas, Kikyo. – respondió con un suspiro.
Kikyo permaneció todo el tiempo posible a lado de su hermana. No quería hablarles a sus padres sobre el estado de Kagome. Además, conocía a su padre y estaba seguro de que indagaría más en el asunto, al grado de volver a retoma su profesión como neurocirujano y atender a su hija especialmente.
Su móvil vibró tras su bata y lo sacó del bolsillo. Se mordió el labio inferior al ver el nombre de su madre plasmado en la pantalla. Tenía que calmarse antes de tomar la llamada.
― ¿Qué pasó, mamá? – preguntó, con el tono habitual que hacía cuando ella le marcaba.
― ¿Me puedes explicar que ha pasado entre Kagome e Inuyasha? – respondió preocupada –Acaba de mandar a su chofer a dejar las cosas de tu hermana a la casa. No me dio explicación, solo me dijo que eran indicaciones de Inuyasha. ¿Dónde está mi hija?
Antes de responder, Kikyo vio a su hermana y todos esos aparatos que estaban conectados a su cuerpo.
―Esta… ― suspiró – Esta con Sango y las chicas – mintió ― Hoy vamos a elegir vestidos para la boda de Rin.
― ¿Por qué no me contesta el móvil? – exigió saber ella.
―Se quedó sim batería – mintió.
Pero a escuchar un suspiro de su parte, supo que su madre no se había tragado cada una de sus mentiras. Las madres eran las criaturas con poderes fuera de este mundo para adivinar o de alguna manera saber lo que pasaba.
―Dime la verdad hija – su tono era sereno, pero en el fondo estaba preocupada por su hija ― ¿Kagome está bien?
―Mamá – Kikyo sollozó
―Las dos nunca han sido buenas mintiendo – respondió ella, también al borde de las lágrimas.
―Está bien – respondió – Pero un poco delicada.
―Iré para allá. No hay que decirle nada a tu padre. Ya sabes cómo se pondrá. Comenzará a indagar en el historial clínico de Kagome.
―Gracias ma.
Hola
Volví, solo de pisa y corre. Ya lo tenía desde ayer en la noche, pero como estaba agotada no lo pude colocar. Ya casi salgo de mis deber escolares (jaja bueno, al menos los de la bendi. Me sentí como cuando estaba en facu)
Y para calmaras un poco después de tanto drama (que si sentí el corazón latir mientras Inuyasha recibía el paquete, igual a mi la sangre se me heló) les daré un pequeñito spoiler.
Si, Hoyo se arrepintió al final, pero a la persona que le habló fue a Bankotsu, que es un experto en edición. Casi al final veremos esto.
Gracias por leer este fic, nos vemos en el próximo capítulo, recuerden que ya estamos sobre el final.
Besos y abrazos.
BPB
