Capítulo 24

Punto de quiebre

Ayame

(en línea)

Kikyo y Kagome, más vale que lleguen a la cafetería. Solo estamos Sango y yo.

El primer mensaje era del grupo que tenían, mientras que el segundo mensaje era directo a ella.

Y no me dejes en visto perra, sé que ves los mensajes. ¡CONTESTA!

Kikyo miró por última vez el mensaje antes de bloquear su móvil. Contemplaba a su hermana y de vez en cuando revisaba sus signos vitales tras el monitor. Aparentemente todo estaba bien y no había de que alarmarse. Hace más de media hora que había hablado con su madre, por lo que probablemente ella estuviera en camino.

No sabía cómo decirles a las chicas que su hermana estaba en un hospital y en cuidados intensivos. Una porque sin dudarlo tendría a un ejército de chicas acosando a cada doctor y enfermera para que le brinden atención a Kagome y dos, por los motivos que mencionó Suikotsu. Estaba delicada y solo una persona podía estar en la habitación.

―Doctora Higurashi.

La llamaron a sus espaldas y al girarse vio al docto Suikotsu, quien estaba parado en el marco de la puerta con unos papeles en mano. Kikyo acarició la frente de su hermana y le dio un beso antes de irse.

Una vez que estuvo frente a su colega, éste le extendió unos papeles y ella los tomó con manos temblorosas.

―Ya tenemos los resultados de tu hermana.

Kikyo miró los papeles y frunció el cejo al ver el resultado. Alzó la vista y Suiktosu asintió.

―Hay una fuerte cantidad de Escopolamina y debido a los índices altos en su organismo fue como se pudo detectar. Una dosis así pudo desencadenar en algo trágico, afortunadamente la persona que la tajo llegó justo a tiempo.

Frunció el cejo ¿Quién rayos le había dado esto?

― ¿Sabes quién fue? – preguntó seria.

―El personal de urgencias solo mencionó que la trajo una señorita, preguntó por ti y después se fue. Realmente no tenemos mucha información al respecto. Habría que esperar a que ella despierte. No estaría de más que le hicieras una prueba para determinar si sufrió alguna agresión de índole sexual.

Kikyo apretó los nudillos de sus manos. Había hecho muchas de esas pruebas, pero hacerlo en su hermana simplemente le retorcía el interior.

―Pero no sólo es eso lo que me preocupa. Hay otra cosa.

Kikyo alzó una ceja ¿Había algo más que omitió su compañero?

― ¿Qué otra cosa grave le puede pasar a mi hermana?

Suiktosu se acomodó sus lentes y le pidió los resultados de Kagome a Kikyo, quien se los devolvió sin problema.

―Le hemos hecho estudio de todo – comentó – Incluido éste.

A Kikyo se le heló la sangre al ver aquel papel. Observó los resultados y después a su hermana.

― ¡Maldición!

Era positivo.

―En este ramo tú eres experta. También hazle una ecografía para determinar cuánto tiempo tiene.

Reposó una mano en su hombro y la miró como si se tratara de un hermano hacía una hermana.

― Ya he mandado a que le suministren un tratamiento. La sobredosis que sufrió podría ser fatal para el producto, así que las próximas veinticuatro horas serían cruciales, por lo que debemos monitorearlos.

Ella asintió, pegando a su pecho los análisis de su hermana.

―Gracias Suikotsu.

En cuanto se hubo ido el doctor mandó a una enfermera para que le mandaran un ecógrafo. No tardaron ni diez minutos cuando ya lo tenía a un lado de la cama de su hermana. Se cubrió las manos con unos guantes de látex en azul cielo. Extendió las sabanas que tapaban a su hermana y fue recorriendo el dobladillo de su bata blanca hasta el vientre. Vertió un poco de gel azul en él.

Dio un largo suspiro, mientras dejaba suspendido en transductor en el vientre de su hermana. En la pantalla del ecógrafo se mostró imágenes no muy claras. La contempló, ella aún estaba inconsciente. Los resultados eran positivos y no había forma de que se hubieran confundido en el laboratorio. Siempre eran precisos y claros.

Si quería salir de dudas era mejor hacerle la ecografía.

Así que hizo un poco de presión contra su piel y el transductor para buscar en su vientre si había algo ahí adentro. Localizó la matriz sin ningún esfuerzo y exhaló fuerte al ver lo que se mostraba en la pantalla del ecógrafo.

―No puede ser.

Ahí, en su vientre había una pequeña bolita de carne, pero en la pantalla se veía entre negro y gris. Lo midió y así determinar cuantas semanas de embarazo tenía su hermana. Aquel producto medía cuatro centímetros, por lo que calculaba tenía unas 4 o tres semanas. Las mismas que cuando la encontró llorando en su habitación justo después de haber tenido un encuentro con el maldito de Inuyasha en un baño.

¿Se había tomado con exactitud las pastillas que le recetó? O probablemente ese medicamento no surtió efecto en ella.

Dejó el transductor en el ecógrafo y retiró del vientre de su hermana el exceso del gel con un pañuelo. Volvió a cubrirla con las sabanas y se quedó contemplando por un momento el vientre de Kagome.

Iba a ser tía.

Una esperaba que la noticia fuera en un entorno alegre, preparar algún juego de adivinanza o encender una vela como normalmente suele hacerse cuando se va a rebelarse el sexo del bebé. Aquí, apenas ese bebé era una célula que con el tiempo se volvería uno. Pero enterarse en un hospital, con la madre inconsciente y tras unos análisis por una sobredosis definitivamente no era la más alegre.

¿Lo sabría? ¿Kagome sabía que está embarazada? ¿Y el estúpido de Inuyasha?

No sabía porque, pero un intenso odio y rencor hacía él se estaba formando. Tal vez él era el causante de todo esto y por eso no estaba aquí el maldito para afrontar las consecuencias de sus actos.

Si lo vería juraba que lo mataría.

No, es más, ni incluso permitiría que la viera.

Miró su reloj, había pasado media hora y su madre aún no llegaba. Se estaba quedando dormida en la habitación de Kagome hasta que parpadeó al sentir que vibrara de nuevo su móvil, lo sacó y de nueva cuenta era su amiga Ayame.

Ayame

(en línea)

Ok estúpida, ¿Dime que carajos está pasando? Le hemos mandado miles de mensajes a Kagome y no contesta. Realmente estamos preocupadas por ella. Rin es muy reservada, no dice tampoco nada.

Responde y no me dejes en visto!

Esta información no podía decirla por mensaje ¿Qué les iba a escribir?

"No te alarmes ni mucho menos te alarmes Ayame, pero Kagome sufrió una sobredosis, está internada en el hospital y además está embarazada, pero podría perder al bebé por los medicamentos". Cuando sabía de sobra que era justamente eso lo que iba a pasar.

Así que marcó su número y no espero ni un segundo cuando su amiga ya estaba tomando su llamada.

― ¿Todo bien? – se escuchaba preocupada – Realmente estamos preocupadas. Rin no sabe que decirnos. Tú y Kagome no contestan y…

―Kagome está internada en el hospital – soltó de golpe, las cosas como eran.

― ¡¿Qué?! – exclamó ― ¡¿Cómo?! ¡¿Por qué?

Kikyo suspiró y se llevó las manos a la frente.

―Ayame, ahorita no puedo darte mucha…

Pero calló cuando vio que de repente las sábanas blancas que cubrían el cuerpo de Kagome comenzaban a tornarse rojizas, justo en el vientre. Donde hace unos momentos había hecho una ecografía.

―Debo dejarte.

Colgó y lo primero que hizo fue retirar las sábanas del cuerpo de su hermana. Estaba teniendo una hemorragia que provenía desde el vientre. Rápido llamó a dos enfermeras y se la llevaron a un quirófano, pero cuando estaba a punto de ingresar, una doctora la interceptó.

―No puedes hacer esto – dijo arrebatando el expediente de las manos de Kikyo. – Suikotsu hablo conmigo. Dijo que las vigilara.

―Claro que puedo hacerlo, Hitomiko– protestó.

Hitomiko era la esposa de Suikotsu, ella y Kikyo compartían la misma especialidad.

– Es mi hermana.

―Si lo sé – ella asintió – Y por eso no tendrías cabeza suficiente como para salvarle la vida a ella o al producto. Así que déjame hacerlo yo.

Kikyo se aferró a la barra de la camilla, contempló a su hermana y después al vientre. Cualquier minuto de atraso seria crucial para salvar dos vidas. Así que soltó la barra y asintió.

―La dejo en tus manos.

Hitomiko la había mandado a una sala de esperas, se cubrió la boca con una mascarilla y entró por un pasillo que la conduciría al quirófano.

Solo contempló como su colega entraba al quirófano con su hermana y fue ahí donde todo le pareció una eternidad.

Realmente este día estaba siendo de mierda.

En cuanto Naraku y Koga entraron al complejo de Inuyasha, fueron asaltados por el guardia de seguridad. Se veía mortificado, algo que no les agrado en absoluto.

―Qué bueno que han llegado – dijo él – Le hemos estado llamando y no contesta. Los vecinos han escuchado fuertes golpes que provienen en su departamento.

Koga y Naraku se miraron uno al otro.

―Gracias – asintió el ojiazul, encaminándose hacia el elevador – No encargaremos de todo.

Naraku se recargó de espaldas, con las manos en el bolsillo de su pantalón. Estaba entre la espada y la pared, por un lado, había dejado a la mujer que ama en mirad de una crisis. Kikyo en ese momento ocupaba todo su apoyo debido a lo que le pasó a su hermana. Pero por el otro, también se encontraba Inuyasha, que más que su amigo era como su hermano. En ningún momento le había contestado ni una sola llamada y ese era factor para preocuparse.

― ¿Qué crees que haya pasado entre ellos?

La voz de Koga lo sacó de sus pensamientos y simplemente se encogió de hombros y negó, no sabía y sospechaba que él conocía una parte de la historia.

Cuando había salido del hospital lo primero que hizo fue localizar a Koga para saber si él al menos tenía contacto con Inuyasha, pero no fue así y ahora aquí estaban ambos, metidos en un elevador rumbo al departamento de su amigo.

―No sé, habría que averiguarlo por Inuyasha.

El elevador se detuvo en la última planta del edificio y Koga introdujo la contraseña. Automáticamente las puertas se abrieron dándoles entrada a la morada de su amigo. Las luces estaban apagadas por lo que buscaron el interruptor para encenderlas. Una luz blanca iluminó el pasillo, pero no les agradó lo que vieron.

A mitad del pasillo había un jarrón hecho añicos contra el piso, los retratos que él tenía de su familia también estaban junto a los vidrios. Koga volteó a ver a Naraku, preocupado por el estado de su amigo.

Otro interruptor y toda la luz iluminó el inmueble. Todo era un caos, los sofás volteados, la estantería donde tenía recelosamente sus libros estaba vacía y en su lugar estaban tirados en el piso.

Sintieron un movimiento y a continuación voltearon a ver en dirección hacia el despacho que usaba cuando trabajaba en casa. Roco, el Husky de Inuyasha estaba parado justo en frente de la puerta contemplando algo o a alguien. La luz estaba encendida y Naraku le hizo una seña para ir en esa dirección.

Se asomaron con cuidado a la puerta del estudio y todo en él estaba boletado al revés. Al fondo se encontraba su amigo, sentado en una silla de cuero y bebiendo una botella de tequila.

Quien se acercó primero a él fue Naraku y arrugó la frente cuando el olor del licor les llegó a las fosas nasales.

Le tocó y el hombro y él alzó la cabeza.

― ¿Estas bien? – preguntó.

Y mientras él llamaba su atención, Koga se acercaba sigilosamente del otro lado para quitarle la botella de licor.

― ¿Te…― su lengua se trabó y se vio obligado a callar unos segundos ― ¿Te parece que lo estoy?

Naraku frunció el cejo, era como si escuchara a un niño con problemas de lenguaje.

―Necesitamos hablar – intervino Koga, sentándose al borde del escritorio ― ¿Nos puedes explicar que te ha pasado?

Inuyasha esbozó una media sonrisa y se recargó en el respaldo de su silla.

―Pregúntale a esa puta desagradecida.

Ambos amigos fruncieron el cejo al escuchar que se expresaba de esa manera de alguien y más de una mujer, por el término que había empleado.

―Inuyasha, necesito que seas claro – dijo Naraku, mirándolo serio.

― ¿Es que no estas enterado? – Inuyasha se inclinó y toco el hombro de su amigo – Si fuera tú, me alejaría de esas hermanas Higurashi – después vio a Koga – Incluso de todas esas amigas. Ya le he dicho a Sesshomaru, pero el imbécil prefirió ignorarme.

―Inuyasha, dinos de una vez que ha pasado – exigió saber Koga, ignorando el comentario de su amigo.

Inuyasha esbozó una media sonrisa y después negó. A pesar del daño que Kagome le había hecho, no les mostraría las fotos ni el video que había recibido.

―Esa puta me engañó, se acostó con su ex prometido después de haber aceptado mi propuesta para iniciar algo juntos.

Naraku suspiró, por lo visto él no sabía nada de lo que le había pasado a Kagome.

―Inuyasha, Kagome fue ingresada a urgencias. Esta en cuidados intensivos.

El ojidorado lo miró, preocupado desde luego, pero eso ya no era su problema.

―Probablemente se pegó una borrachera con su ex.

―No creo que Kagome sea capaz de tal cosa.

Naraku se movió de su lugar y rodeó el escritorio. Inuyasha alzó una ceja. Su amigo defendía a una vulgar en lugar de ponerse de su parte.

― ¿No me crees? Te puedo mostrar las fotos y los videos.

―Inuyasha – intervino Koga – Creo que todo tiene una explicación.

―Si ― asintió él – Yo tengo una mejor. Que te parece esta – miró a Naraku y prosiguió – Se pegó una borrachera o se drogó con su ex prometido. Llámalo como quieras. Para después terminar en un hotel. Todo por vengarse de su prima.

―Estas mal de la cabeza – Naraku negó.

― ¿Cómo es posible que te mueva un par de nalgas en lugar de creerle a tu puto amigo?

Que se refiriese así de Kikyo le hicieron encender. Era como si alguien hubiese esparcido gasolina para después prenderla con fuego. Todo su cuerpo temblaba. Apretaba sus manos en puños y lo único que deseaba era tumbar a su mejor amigo de un puto puñetazo.

Koga pareció advertirlo, pues antes de que éste se abalanzara sobre Inuyasha, él ya estaba deteniendo.

―No lo hagas – dijo él ― ¿No ves en qué estado está?

Naraku vio a Koga y después a un Inuyasha hecho un desastre y por último asintió.

―Espero no te arrepientas algún día de haber juzgado mal a Kagome. La conozco desde que Kikyo y yo íbamos a la Universidad.

―Entonces no la conoces bien. Me preguntó si su profesión como reparadora de arte le deja dinero o lo complementa con Onlyfans.

Naraku frunció el cejo.

― ¡Suficiente, te voy a partir la cara carbón!

Pero Koga lo agarró por la espalda para retenerlo. Era más alto que él y por consiguiente tenía más cuerpo, pero aun así empleó toda su fuerza en retenerlo para que se fuera contra su amigo.

― ¡Basta, Naraku! – dijo tras de su espalda – Es evidente que está mal. Debemos dejarlo y ya mañana hablaremos con más calma.

Naraku asintió, pero aun así Koga no lo había soltado. Observaba su aun amigo, Inuyasha alzó la cabeza y esbozó media sonrisa.

― ¿Prefieres más la compañía de esas mujeres que la de tu propio amigo?

Naraku suspiró, la verdad es que estaba perdiendo la paciencia y si no salía de ahí, tanto él como Inuyasha lo iban a lamentar el resto de sus días.

―Creo que será mejor irme.

―Ya vez – volvió hablar Inuyasha. – Entonces si prefieres un par de nalgas que a tu amigo.

―Hasta que llegaste hijo de puta.

Utilizó toda su fuerza para zafarse de Koga y una vez liberado fue directo hasta Inuyasha. Con un simple movimiento lo levantó de las solapas de su camisa para dejarlo no muy sutilmente en el escritorio. Alzó el puño y lo suspendió en el aire. Estaba a punto de golpear a su amigo, pero al ver su rostro desencajado fue lo que se lo impidió.

―Jamás te vuelvas a referir así de Kikyo. Ella es algo más que una puta noche de sexo.

Lo soltó y salió del estudio, dejando solos a Koga e Inuyasha. El ojidorado miró a su amigo, quien estaba a punto de seguir los pasos de Naraku.

― ¿También te vas?

―Si – asintió ― Y antes de que insultes a Ayame, déjame decirte que ella también es algo más que una noche de sexo. Creo que deberías aclarar las cosas con Kagome y preguntarte a ti mismo porqué está internada en el hospital.

Inuyasha agarró la botella y se dejó caer en el suelo. Sacó una caja de cigarros del escritorio y encendió uno. Había dejado ese vicio hace un año, pero ahora una fuerte necesidad por fumar se apoderaba de él.

Los vio salir del estudio, levantó la botella, pero la dejo suspendida en el aire a centímetros de su boca. Se llevó una mano a la cabeza y la dejó recargada en la nuca. Apartó la botella de tequila para dejarla en el suelo.

Roco se acercó a él y posó una pata en su rodilla

Inuyasha acarició el lomo de su mascota. Por él había dado con Kagome. Ojalá nunca se hubiese perdido ya que así el camino de ella y él jamás se hubieran encontrado.

Pero de pronto estaba la parte en que ella se encontraba internada.

Está en cuidados intensivos.

Había alcanzado a escuchar a Naraku. Pero antes de que su mente lo fuese llevando por otro lado que no era. Un lado en que ella era inocente y que todo fue un engaño de un tercero.

Pero no, sacudió la cabeza y al recordar las fotos y videos de índole sexual una intensa rabia a se apoderó de él.

Mañana iría a comprobar si estaba bien. Si así fuese el caso le diría unas cuantas verdades y que esperaba no volver a verla en toda su vida. Podrían tener amigos en común con novias en común, pero eso no iba a significar que debían verse.

Le dio un pequeño traguito a su botella. Escuchó la notificación de un mensaje de su móvil, así que estiró la mano hasta el escritorio y lo tomó. No podía verlo bien, así cerró un ojo y vio que era un WhatsApp.

Acabo de llegar de Rusia y estaré una temporada en New York. Me gustaría verte

Al final el mensaje era enviado con un sticker de besos.

Dudó un poco, golpeando el móvil contra sus labios. Penando en si responder o no, había pasado un año sin verse. Esa mujer era muy ardiente y probablemente le haría olvidar el mar rato con Kagome.

Encantado. Dime donde te hospedas e iré a verte cuanto puedo

Que fácil se le había quitado la borrachera al recibir el mensaje de aquella mujer, en cuanto visitara a Kagome iría a verla a su hotel.

Había pasado media hora y aun su compañera de ginecología no salía para dale información. Se sentaba, se volvía a parar para terminar dando vueltas por toda la maldita sala de espera. Ahora sentía lo que los familiares de los pacientes experimentaban estando en la fría soledad de ese rincón, aguardando a recibir información de sus familiares.

―Kikyo, hija.

Escuchó la voz de su madre que provenía a sus espaldas. Ella se giró y ambas corrieron a abrazarse. En ese momento se permitió llorar de nuevo.

― ¿Cómo está mi Kagome? – preguntó su madre – Tuve que escaparme de tu padre. Escondí las cosas de Kagome en su habitación antes de que él las viera.

―Mamá será mejor que te sientes. La noticia que tengo que darte no es muy grata.

Kikyo la tomó de las manos, suspiró y se armó de valor para dale toda la información a su madre. Desde la sobredosis que había en su cuerpo, su embarazo e incluso un posible aborto, que de eso ya se encargaba su amiga.

Kikyo sintió temor al ver como su madre se llevaba las manos al pecho. Desde luego era una noticia devastadora para una madre el saber que su hija se encontraba seriamente grave.

― Pero ¿cómo? – gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas ― ¿Quién le hizo esto? ¿Y con que propósito? ― de pronto, frunció el cejo ― ¿Fue ese Inuyasha?

Su hija la rodeó por los hombros y tomó asiento a su lado.

―No sé mamá – suspiró – Pero debemos esperar a que ella despierte y nos aclare todo.

Cuando salió la doctora Hitomiko, en busca de Kikyo. Se encontró con un ejército de chicas y de chicos esperando noticias de ella. Se acercó a su amiga y su madre, pero todos la rodearon. Inclusive el cardiólogo Naraku.

― ¿Y bien? – preguntó Kikyo.

Ella negó.

―Lo siento Kikyo – miró a la madre de su paciente – Debido a los altos índices químicos en su cuerpo, el producto no pudo resistir. Ya la han trasladado a una habitación. Solo puede estar un familiar.

Antes de irse, volvió a disculparse con Kikyo y junto a su madre, desaparecieron por un pasillo para conducirla hasta la habitación de su hija.

― ¿A qué se refirió con producto? – preguntó Sango.

Kikyo no sabía cómo decirles a sus amigas que Kagome estaba embarazada, incluso le dijo a su madre que no les comentara nada. Pero ahí, delante de ella no solo estaban sus amigas, Miroku, ahora novio de Sango. Sino también los amigos de Inuyasha, Naraku y Koga.

No tenía el valor para decirles que estaba embarazada. Por primera vez no encontraba las palabras a los familiares de un paciente.

―Se refiere a un embarazo.

Quién explicó ese término por ella había sido Naraku, algo que agradeció. Las miradas iban de todos a ella. Naraku y Koga se miraron con el cejo fruncido.

― ¿Kagome estaba embarazada? – preguntó Rin.

Ella asintió.

―Tenía cuarto semanas. Y no creo que haya sido de Hoyo. Recuerden que habían tenido más de tres meses sin sexo antes de la boda – explicó Kikyo.

―Entonces Inuyasha era el padre – dijo Sango.

―Por cierto ¿Dónde carajos esta ese imbécil? – volvió a preguntar la pelirroja.

Se sentía la tensión, Kikyo abrió sus fosas nasales para respirar profundamente.

―No sé y honestamente no quiero que lo mencionen ninguna de ustedes. – fue dando pasitos hasta el pasillo – Pueden irse a casa o quedarse. Les sugiero lo primero, las mantendré informadas cuando ella despierte – una lagrima resbaló por su mejilla – De todos modos, lo peor ya pasó.

Decidieron que lo mejor era volver mañana, cada uno en un turno distinto para relevar a Kikyo o a su madre. A quien de plano no habían dejado fue a cabecita rosa, debido a su estado y planes de boda.

Naraku sin duda permaneció a su lado, ya que él también tenía turno aquella noche. De ratos se la dejaba sola para atender a un paciente y de momentos regresaba a estar a su lado.

― ¿Creen que deba suspender mi boda? – preguntó Rin, mientras que Miroku y Sango la llevaban a casa.

Sango miró a su ahora "novio", le decía así porque apenas estaban intentando una relación.

―No creo, Rin – ella negó, hablando desde el asiento del copiloto – Ella se negaría rotundamente a que hicieras eso por ella.

―Además aún no despierta – intervino Miroku – Hay que ver cuál es su reacción ante la noticia.

Si, y eso era lo que más les dolía, una chica tan dulce y buena como ella, envuelta en una tragedia.

Kikyo de vez en cuando se asomaba a la habitación para vigilar a su hermana. Kagome permanecía conectada a un respirador, mientras que sus signos vitales se escuchaban aparente bien tras aquel monitos. Su madre la tenía agarrada de la mano mientras le acariciaba la frente y el cabello.

― ¿Sabes? – escuchó que le hablaba – Tu padre al final si pudo anotar un jonrón, pero vino utilizando oxigeno debido a la emoción – sonrió amargamente ― ¡Oh, cariño! Solo quiero que abras esos ojos.

Pero no solo se iba a quedar ahí iba averiguar que era lo que le había ocurrido y como fue a dar al hospital en un estado tan crítico. Frunció el cejo y se dirigió ingresos, donde automáticamente pidió que le dieran las pertenecías de su hermana. La empleada le dio una bolsa de plástico blanca donde venía la ropa y la bolsa. No le dio tanta importancia a la ropa, así que rebuscó en el bolso un indicio de algo.

Aparentemente todo estaba en orden, cartera, un lápiz labial, pañuelos y su móvil.

El móvil.

Lo tomó y aún tenía poquita batería. Lo desbloqueó sin apuros, ya que su hermana no era de las que ponían ninguna contraseña al móvil.

Efectivamente tenía muchas llamadas pedidas, entre las cuales estaba Inuyasha, Ayame, su propio número. Mensajes de WhatsApp de su jefe, el grupo de las chicas, Inuyasha. Todo el mundo la había buscado el día de hoy.

Pero frunció el cejo al ver un nombre en aquella lista. Ingresó al chat que tenía con él.

Ahí decía en que restaurante se citaban y a que hora.

― ¡Infeliz hijo de puta!

Ya tenía a su sospechoso numero uno, porque el dos era Inuyahsa. Mañana le haría una visita a ese cabrón y le exigiría una explicación.


¡Hola!

Na: Así es mi hermana cuando me va a dar una noticia…comienza con "Perla, no te vayas a espantar ni alarmar…pero….la abuela se cayó y esa sangrando" tan sutil siempre tú, ya sé que cuando me dices "no te espantes ni alarmes" es lo primero que tengo que hacer.! ¡Estúpida mía y de mi corazón, te amo!

Quiero agradecerle a Ljubi-sama, me acabas de dar una super idea en cuanto a ese personaje que tenía rezagado. Me refiero a Antonio De la Rosa. (Te debo un libro corazón. Aun llevó las primeras quince paginas de tu vida. Pero prometo escribir más de ti)

Para quien no sepa quien es, es un personaje creado por mí. Lo pueden encontrar en "Conquistando a un Lord". Le cambiara la vida a Kagome, pero no en el sentido romántico. Sino laboralmente. Creo que después de esto, ella tendrá que darse un tiempo en el amor, ya que es un imán para atraer imbéciles.

A mi Rey0109, gracias por soportarme cada vez que tengo una idea, corro y te pregunto si esta bien, que le quito que le agrego.

Ah si, y odié a Inuyasha.

Besos y abrazos.

BPB