Capítulo 26
Entre consejos y promesas
― ¿Y bien? - Kagome la miró impaciente
La mirada de su madre era de su hija hacia el folder que sostenía, donde contenía las supuestas fotos de ella con su ex prometido en una posición incómoda.
―Que la modelo tiene mejores tetas que tú.
― ¡Mamá! ―exclamó ella, avergonzada.
―Estoy hablando en serio.
Su madre cerró el folder y lo dejó sobre el sofá. Después tomó asiento al borde de la cama, junto a ella. La tomó de las manos y le sonrió.
―Aunque ese modelo de las fotos nada que ver con Hoyo. Tu ex prometido era una varita seca.
― ¿Qué opinas?
―Que esas fotos son más falsas que las tetas de Pamela Anderson. Además, Hoyo debe estar agradecido. Le hicieron un favor con ese cuerpo que claramente no tiene.
Ella le regaló una sonrisa a su hija para levantarle un poco el ánimo y por último le acarició la frente, acomodando un mechón de su cabello por detrás de su oreja.
―Inuyasha no cree eso – explicó con un matiz de tristeza.
―Hija, te voy a decir un secreto ―le guiñó un ojo y trató de ser lo más simpática posible para levantarle el animo a su hija ―Todos los hombres por naturaleza son. Noventa y cinco por ciento pendejez y cinco por ciento inteligencia. Tu padre, aun siendo un neurocirujano entra en esa categoría.
― ¡Madre! – volvió a exclamar.
―Si, si, si – agitó una mano para obligarla a callar – Me extraña de Inuyasha que, siendo un hombre de negocios, un importante y exitoso "arquitecto", se deje manipular por algo así.
Kagome de su mirada hacia el folder que descansaba en el sofá. Aun no podía entender los motivos que incitaron a Hoyo a cometer ese acto atroz y francamente no tenía deseos de averiguarlo. Aunque por él había perdido un bebé. Si, algunas mujeres lloraban la perdida de uno, pero ella no. De hecho, en sus planes no encajaba tener hijos tan pronto. era joven, tenía veinticinco años y no se veía cambiando pañales y dando papilla.
De hecho, primero debía estar mentalmente preparada antes de engendrar uno y hacerlo sufrir.
Así que, en ese aspecto, estaba un poco agradecida. Porque si ese bebé se hubiera aferrado a la vida, probablemente Inuyasha no le hubiese creído que sería de él. Incluso terminaría juzgándola cada dos por tres, como lo hacía sin parar el hecho de que se acostara con él mientras ella estaba prometida a otro.
No se iba a tirar a llorar, no iba a implorar un perdón o un "yo no fui". Porque el día en que todo encajara en su lugar, sería él quien tendría que hacerlo. Su conciencia estaba más que limpia como un cuarto de quirófano.
―Pero aún está el hecho de que perdí un hijo.
―Si – asintió con tristeza su madre ―No te voy a negar que en el fondo de mi quiero ser abuela. Pero viéndolas a las dos, a ti y a Kikyo, siendo buenas en lo que son, me queda claro que lo seré dentro de varios años más. – apretó un poco las manos de Kagome ― ¿Sabes la regla 90/10?
Kagome negó.
―Bien – asintió su madre, lista para la explicación – No somos responsables del noventa por ciento de las cosas que nos pasen, pero si del diez por ciento. Ejemplo, no fuiste responsable de que Hoyo te hiciera esa bajeza y ni de que perdieras a tu bebé. Pero eres responsable de elegir lo que sucederá después.
Comenzaba a comprender las palabras de su madre. Una mujer con profesión que decidió dejarla por cuidar a sus hijas.
―Eres joven, me has expresado más de mil maneras tu deseo de irte al museo de Paris ¿Por qué no lo intentas? Comenzar de nuevo, ver gente nueva, conocer otra cultura totalmente diferente a la nuestra.
―No es tan fácil, tengo que volver hacer solicitud.
―Me has dicho que en dos meses se abrirá una vacante – ella esbozó una sonrisa – Probablemente esta sea la definitiva. Y si te aceptan, ve. No te preocupes por nosotros. Ahora es tiempo de que emprendas tus alas por ti misma.
Quería llorar, en serio que deseaba hacerlo. Su madre era un tesoro sin igual, lleno de sabios consejos y mucho amor que dar.
― ¿Cómo le haces? – peguntó mientas se enjuagaba una lagrima.
― ¿Cómo le hago para qué?
―Para ser tan sabia.
Ella esbozó una sonrisa y le dio un beso en la frente.
―Porque soy tu madre y punto.
Pegó su frente a la de ella y así permanecieron varios momentos.
―No hay nada más en este mundo por el que me sienta orgullosa que por mis hijas. Quería cuatro, pero ustedes dos me valieron por diez.
Kagome la miró con esos ojos de amor, de un hijo hacia un padre.
―Te amo, gracias por ser mi madre.
―No – ella negó – Gracias a ti, por haberme hecho madre.
En cuanto salió del despacho de Hoyo para verlo instalado en su nuevo puesto salió por los elevadores de Hamilton Group y se topó con una enfermera que ni perdón le había dicho. No tenía importancia detenerse y darle catedra de modales. Pero iba tarde y debía pasar al corporativo Taisho. Esa tarde invitaría a Inuyasha a almorzar y dado su estado de ánimo por la ruptura con su novia, probablemente aceptaría.
Seguramente el pobre estaría devastado, desconsolado, pero ahí estaba ella. Dispuesta a ofrecerle su apoyo durante ese proceso amargo.
Todo su plan había salido a la perfección. Las fotos y los videos eran perfectos y el imbécil se había trago el cuento. Solo esperaba que esa mujer no actuara legalmente en contra de Hoyo, porque, si era así, ella negaría absolutamente toda relación con él.
Ni siquiera esperó a que la secretaría de Inuyasha anunciara su llegada, de hecho, ella no lo necesitaba. A pesar de que sus padres estaban distanciados por motivos obvios, estaba segura de que con el tiempo todo se resolvería.
Al abrir la puerta lo vio sentado en aquel odio banquillo, mientras dibujaba algo distraídamente. No llevaba saco y las mangas de su camisa las tenía enrolladas hasta los codos.
Sigilosamente se acercó a él y le cubrió los ojos.
En automático él se puso tensó y palpó sus delicadas manos.
― ¿Quién soy? – le susurró al oído.
Inuyasha al escuchar esa voz se puso tenso y dio un largo suspiro.
¿Cuántas veces debía decirle a Sarah que no deseaba que nadie lo interrumpiera mientras diseñaba?
Pero la voz de esa pequeña mujer le alteraba los nervios considerablemente.
De hecho, no estaba de humor para soportar visitas y mucho menos la de ella. Lo que quería era refugiarse en su soledad mientras dibujaba. Eso le hacía bien, le permitía a su mente estar distraída y no pensar en las cosas que habían sucedido.
Ese día acababan de reparar su pc después de haberla lanzado por los aires. Mas bien se la remplazaron, porque la otra no tenía ninguna solución. Estaba herido, dolido. Había ido a buscarla al hospital, comprobar por sí mismo que tan grave estaba, pero al verla ahí, en esa camilla no hizo más que aumentar su dolor.
Dijo cosas que probablemente se arrepentiría, pero ella había sido más hiriente al confesarle todo. Desde el hecho de que se acostara con su ex prometido solo para vengarse de su prima y de haberlo seducido a él por su dinero.
La Kagome que había conocido en Cancún era muy distinta a la que dejó en el hospital.
Gracias a ella, no, a sus amigas, Naraku y Koga le habían dejado de hablar desde la última vez que se vieron, que fue cuando se embriagó.
― ¿Qué haces aquí? – preguntó con amargura, mientras se recargaba en el pequeño respaldo del banco.
Yura sonrió.
―Viene a invitarte almorzar.
Inuyasha alzó una delgada ceja y miró a la mujer que tenía delante de él.
―Lo siento Yura – negó, levantándose de su asiento – Pero no puedo, tengo un compromiso previo.
―Siempre me dices eso – protesto, caminando detrás de él. – Puedes cancelarlo ¿Sí? – dijo, mientras parpadeaba sus largas pestañas.
Él suspiró y negó.
―No puedo, discúlpame.
Inuyasha rodeó el escritorio y rebuscó unos papeles en el cajón de su escritorio sin prestarle atención a la mujer.
―Además, te recuerdo que tu padre ha prohibido relacionarte con esta familia.
Ella apoyó ambas manos sobre la mesa del esa y lo miró.
―Con una llamada a mi papi arreglo todo.
Él esbozó una media sonrisa y se pasó las manos por el cabello.
―Disco...
Pero ambos escucharon la puerta del despacho abrirse y el sonido de unos tacones golpear el piso. Yura se hizo a un lado, mientras la mirada se perdía en la mujer que entraba en el estudio.
Tenía una cintura de sirena, unas piernas kilométricas, larga melena color castaña. Llevaba un vestido rojo que le llegaba cinco dedos por encima de las rodillas. Al llegar hasta el escritorio, aquella dama se quitó sus lentes de sol, revelando unos hermosos ojos azul zafiro.
Yura se quedó boquiabierta, esa mujer era impresionantemente hermosa.
Sus senos no eran ni grandes, pero tampoco pequeños, sino más bien perfectos y se moldeaban al vestido.
Entonces fue cuando lo comprendió, porque vio que ella y él intercambiaban miradas.
― ¿Y tú eres? – preguntó, mientras rompía la conexión que había entre ellos dos.
La mujer dobló un poquito la cabeza y la miró, sus labios rojos carmín esbozaron una lánguida sonrisa.
Levantó una mano hacia ella.
Yura sintió que en ese momento iba a tener una rival potencialmente alta. Haber quitado del camino a una simple reparadora de arte que se la pasaba entre cuatro paredes viendo pinturas en lienzo a una mujer en todos los sentidos.
Tenía cuerpo de modelo, es más su rostro perfectamente pulido le era familiar.
―Olenka Kalashnik – su tono fue ruso – Mucho gusto.
Entonces fue ahí cuando lo supo. Era nada más y nada menos que una de las modelos más cotizadas de Victoria's Secret. Muchas marcas de lujo incluyendo Gucci se la peleaban con tal de que apareciera en sus pasarelas. Con veintinueve años en su haber, poseía una inmensa lista de amantes, pero nunca asimiló a Inuyasha con esa mujer.
Al ver que menuda mujer no aceptó su mano, la bajó con mucha elegancia. Giró su cabeza hacia Inuyasha y con una sonrisa, preguntó:
― ¿Estas listo?
―Claro – él asintió – Solo deja me pongo el saco. ¿Te espero afuera?
―Desde luego, cariño.
Ella asintió, volvió a colocarse sus lentes de sol y al girarse para salir del despacho, miró a la mujer que tenía a su lado, pero lo hizo de arriba abajo, como si de un bicho se tratara.
Yura en toda su vida no se había sentido tan humillada de esa forma.
―Amm…con permiso señorita.
Lo vio componerse las mangas, la corbata y por último el saco. Pero antes de que se fuera, ella ya estaba en frente de él, interponiéndose en su camino.
― ¿Quién es ella?
― ¿Tengo que darte explicaciones? – alzó una ceja.
―S…
La tomó de los brazos y la hizo a un lado, inclinó y poco la cabeza y la miró fijamente.
―Será mejor que te vayas a casa y no vuelvas.
―Pero….
―No quiero prohibirte el paso a esa empresa. Así que espero que no regreses. Es por tu bien.
―Yo te amo.
Inuyasha negó y le acarició la cabeza, no sabía porque, pero le dio un abrazo consolador. Era como una niña caprichosa ante un juguete que jamás iba a tener por mucho dinero que tuviese su padre.
―Es mejor que te olvides de mí. Eres joven y sé que encontraras a alguien mejor que yo.
Yura levantó su pequeña cabeza y miró aquellos ojos dorados. Si supiera el imbécil lo que había hecho con tal de quedarse con él. Si supiera el maldito que la mujer que amaba era inocente. Pero si ella no podía estar con él, él no estaría con ella y de eso se encargaría.
Que importaba si saliera con esa modelo, al fin de cuentas probablemente era solo sexo más no amor y de eso, saborearía la venganza a su gusto.
Con un beso en la frente la dejó sola en el despacho. Era lo que había temido, a pesar del esfuerzo que hizo por convencerlo de que Kagome no era lo correcto para él, de que podía estar ella, sabía que el resultado no iba ser el esperado.
Suikotsu no sabía cómo correr a aquel grupo de chicas. Sango y Ayame estaban haciendo una fiesta en la habitación de Kagome, tratando de animarla. Pero seguramente eso era lo que necesitaría su paciente debido a los acontecimientos que le habían pasado.
― ¿Puedes creer que cabecita rosa escogió amarillo para los vestidos de dama? – preguntó Ayame.
―Es bonito – protestó Sango.
― ¡VOY A PARECER LIMONADA! – gritó Ayame.
Kagome esbozó una sonrisa ante el comentario de su amiga.
―Y Koga no tendrá más remedio que beber de tu limonada – bromeó Kagome
―Kagome, contrólate por favor – le señaló la pelirroja.
Ayame tomó una gelatina que estaba sin comer, le retiró la envoltura, pero al llevarse la primera cucharada hizo una mueca de asco.
―Esto esta desabrido – volvió a dejar el vasito sobre la bandeja – En este instante le digo a Koga que te traiga algo sustancial.
―La comida de hospital es sustancial – intervino Suikotsu – Además no puede comer nada de grasas.
― ¿Ni siquiera una hamburguesa doble con queso? – bromeó Kagome.
―Nada de eso – su doctor negó.
Kagome hizo una mueca y le dibujó en sus labios la palabra "ayúdame" a su amiga.
Todos los que estaban presentes en aquella habitación sabían lo sucedido. Bueno, menos Suikotsu, quien no sabía el resto de la historia.
Aquella mañana su esposa había llevado los resultados que le hicieron para determinar si no sufrió ninguna agresión de índole sexual, pero estos afortunadamente salieron negativos. Lo que suponía que Hoyo ni siquiera la había tocado.
Pero ¿Bajo qué propósito lo había hecho? Lo mejor sería irlo a buscar en cuanto saliera del hospital, pedirle una explicación si era muy hombre como para hacer lo que hizo, debía serlo a la hora de ser honesto con ella.
―Bueno – suspiró el doctor – Las dejaré estar con la paciente diez minutos. Después vendré para despedirlas. No puede recibir muchas visitas ¿De acuerdo?
―Si, doc. – asintieron al unísono Sango y Ayame.
Esperaron a que se fuera el doctor para ahora así hablar de temas más serios. Como el hecho de lo que estuvo haciendo al día siguiente.
―Debes acordarte de algo – insistió Ayame.
―Nada – ella negó, un poco incomoda.
―Debemos decirle a Inuyasha que…
― ¡Basta!
Ayame y Sango se quedaron calladas mientras contemplaban a su amiga. Era evidente que el tema le dolía mucho y sobre todo le incomodaba.
―No recuerdo nada de lo que pasó y agradecería mucho que no insistieran en el tema.
―Pero Kagome – protestó Ayame – Hoyo intentó violarte, incluso te drogó. Debemos actuar legalmente contra él.
―No me tocó.
―Pero gracias a eso tú…
Sango al ver lo que iba a decir mejo cerró su boca y el silencio reino en aquella habitación. No sabía cómo actuaría su amiga si le recordaban dos por tres la pérdida de su hijo, el hecho de que la violaron y que Inuyasha la creyera una puta.
―Volviendo al tema de la boda de Rin – Sango le dio un giro a la conversación – Ocupamos que te mejores pronto. Porque nos va a esperar una inmensa montaña de pan y fondant para la elaboración de su pastel.
―Si― asintió Ayame ― Y como Kikyo es demasiado inútil con el fondant necesitamos a un experto en eso.
― ¿Qué yo qué?
Voltearon a ver en dirección hacia donde provenía esa voz. Ahí estaba, su hermana Kikyo con una bata rosa y unos papeles en mano.
―Que eres muy inútil con el fondant – repitió la pelirroja.
―Y tú eres demasiado lenta.
― ¿Qué dijiste? ¡Yo no soy lenta!
Ayame se levantó, pero Sango intervino antes de que esas dos se agarraran en un duelo de palabras. Kagome contempló la escena con humor, no podía reír porque le dolía demasiado el estómago como para hacerlo.
Si, esas eran sus amigas. Locas, divertidas, con un gran amor que dar a todos los que las rodeaban. Se sentía afortunada de pertenecer a ese círculo, porque no cualquiera tenía amigas que estaban dispuestas a darlo todo por el todo con tal de que sus seres queridos estuvieran bien.
Después de bromear un poco más las chicas se habían retirado para dejar a Kagome y a Kikyo solas. Esa tarde había enviado a su madre a casa para que descansara, mientras ella se hacía cargo de su hermana.
― ¿No tienes bebés que trae al mundo? – preguntó, mientras la veía hojear una revista.
―No – ella negó – Mis pacientes aún no están en la última etapa.
― ¿Ni vaginas que revisar?
Kikyo suspiró cerró la revista y se cruzó de brazos.
―Muy bien ¿Qué quieres? ¿Quieres estar sola?
Desde luego, si su respuesta era un sí, no iba a dejarla sola. No después de que la enfermera Sally le hubiese contado los acontecimientos de aquella mañana. Si tan sólo no hubiera ido a ver a Hoyo tan temprano, ella hubiese estado a su lado para hacerle frente a ese cretino. Claro, que Kagome aun no le explicaba los motivos por los cuales Inuyasha había ido a vela, suficiente tenía que lidiar.
―Él estuvo aquí.
Kikyo levantó la cabeza, la miró y asintió.
―Lo sé, Sally me lo dijo. Ya he dado instrucciones de que le nieguen la entrada.
―No te preocupes por eso, estoy segura de que no volverá.
―Mejor, porque si lo hace no sabe de lo que soy capaz.
Como pudo, Kagome sacó el folder por debajo de las sabas. Lo había escondido cuando las chicas llegaron, incluso su madre le sugirió deshacerse de él, pero ella se negó rotundamente. De eso se encargaría ella.
―Vino a entregarme esto.
Kikyo frunció el cejó y tomó el folder que su hermana le tendía.
―Antes de que lo veas, déjame decirte que no soy yo.
Su hermana alzó una delgada ceja y asintió. En cuanto abrió el folder o pudo más sino esbozar una sonrisa y atacarse de risa. Esas eran las fotos más falsas que había visto en toda su maldita vida. Conocía a su hermana, la había visto en traje de baño y sus tetas no eran lo bastante grandes como la mujer que estaba sobre esa cama.
―Desde luego que no eres tú. Tus limones no se comparan con ese par de melones.
― ¡Kikyo! – exclamó indignada Kagome.
― ¿Qué? – ella se encogió de hombros – Tus tetas son muy pequeñas a comparación de la chica de la foto – sacó una foto y se la mostró – Cualquiera en su sano juicio se daría cuenta de este tremendo error. Hoyo debió ser más cuidadoso al respecto, lo que demuestra que nunca te conoció.
Después volvió a ver la foto y miró detenidamente al chico que estaba sobre esa mujer. Tenía un cuerpo atlético, brazos y espalda perfectamente marcados, pero en la foto había un error, algo que nadie había notado. Un pequeño tatuaje en forma de espirar del único lado de apreciación de su cuello.
¿Dónde había visto ese tatuaje?
― Nunca he sabido lo que es coger con una ginecóloga. Dicen que son buenas en la cama ¿Tú que dices?
―Que te quedaras pensando como es. Así que déjame en paz.
Ahora que lo recordaba, ese tatuaje lo había visto en el amigo de Hoyo. En Bankotsu, solo lo había visto un par de veces, pero se grababa a fuego a las personas. Si hacía deducciones lo más probable es que Hoyo hubiese buscado a su amigo para ayudarle a editar esas fotos y enviárselas a Inuyasha. Tal vez en un principio se iba hacer esas fotos con Kagome, pero se arrepintió al momento y así utilizó el material que su amigo poseía. Porque era sabido que el fetiche de ese hombre era grabarse mientras tenía sexo con cuanta mujer cruzara por su cama.
¿Con que propósito? Esa esa era la duda.
¿Quién le ayudó a conseguir la droga? Tal vez Renkotsu.
Era muy extraño que después de haber cometido aquel acto en contra de su hermana, él hubiese escalado de puesto tan rápidamente. Por lo que alguien más arriba que él le ayudó en eso.
Pero ¿Quién?
―Veo tu cara – Kagome interrumpió sus pensamientos – Y de una vez te digo que no trates de hacer nada.
―Pero…
―No – ella negó – Las cosas caerán por su propio peso. No voy a hacer yo la que esclarezca todo esto.
De pronto, Kagome vio un destello de ira en sus ojos y supo que había ido a ver a su ex prometido. {
―Por favor dime que no fuiste a verlo.
―Bueno – Kikyo roló los ojos, se encogió de hombros y al final suspiró – Tal vez le hice una visita civilizada.
―Civilizada estoy segura de que no tuvo de nada.
Kikyo se levantó de la silla, camino de un lado a otro de la habitación y al final miró a su hermana.
―Si, está bien, no fue civilizada. Quise averiguar qué te había pasado, vi tus mensajes y los de él. Al final lo deduje todo y si, lo amenacé con denunciarlo por intento de homicidio.
―No debiste hacer eso.
―Claro que si – Kikyo se encogió de hombros – Tenemos pruebas Kagome. Ese hombro te drogó y estuvo a punto de violarte y no olvidemos que gracias a él…
―Si vas a decir que aborte es mejor que lo omitas.
―Tú misma lo acabas de decir.
Ella regresó hasta Kagome, tomó asiento al borde de la cama y la miró.
― ¿Podemos demandarlo? En la cárcel le darán una bienvenida.
―Nada de eso.
― ¿Por qué? – preguntó frustrada, quería hacerla reaccionar.
―Porque el karma será peor que eso.
― ¡Ay, por favor! – suspiró frustrada.
A veces quería estrangulara hasta hacerla entrar en razón, pero cuando se encerraba en una idea no había nadie que la sacara de eso.
―Promételo Kikyo.
Sin ninguna respuesta.
―Kikyo.
Kikyo la miró con el cejo fruncido.
―Está bien, lo prometo.
Eran las cuatro de la tarde y aún tenía mucho trabajo. En el área de reparación era un caos tras recibir la incapacidad de Kagome. Había puesto a Kanna a cargo, pero sin duda no era tan capaz como lo era Kagome.
Estaba a punto de gritar de frustración cuando su secretaría le anunció que tenía una llamada del museo de Paris.
Myoga levantó su teléfono y contestó, la conversación de dio en tono fluido y en francés.
―Señor De La Rosa, que gusto ¿Qué puedo hacer por usted?
―…..
―Qué maravilla saber que lo tendemos aquí en dos semanas ¿Algo en particular que desee para su estancia?
―...
―Ella se encuentra incapacitada por el momento, pero para ese tiempo ya se habrá incorporado con nosotros.
―...
―Sin duda eso...― estaba perplejo ante la noticia que le estaban dando – Es una gran noticia. No me cabe duda de que aceptara está oferta tan importante. Siempre ha expresado su deseo de unirse a su equipo. Pero debo decir que se estaría llevando una persona fundamental para mi museo, aunque si es por el bien de ella, me alegra saber de ese paso tan importante que dará.
Hola
Primero que nada, quiero pedir disculpa, si hay un hombre que me está leyendo, quiero decirles que espero no se hayan sentido ofendidos en la parte donde la madre de Kagome le da consejos a sobre los hombres. No todos son.
Este Cap. está dedicado a la persona más importante de mi vida. A mi mamá, gracias por ser como eres, tan sabía, tan llena de consejos, por tener siempre algo que decirme, por decirme "cállate" "cállate" "Y nunca te callaste" mientras tratas de darme tu punto de vista de algo que a mí no me agrada. Por utilizar siempre conmigo la misma referencia "Eso que más odias, es iguala ti. Y por eso, eres igualita a tu padre"
Mas que mi gran apoyo, eres mi mejor amiga. Gracias por ser mi mami.
Y si, esa frase de Por naturaleza los hombres son es de ella.
Espero que este capitulo les haya gustado, por eso les decía que no tenía un numero exacto de cuantos serían, probablemente estemos a dos o a tres, más los que se vienen de finales alternos.
Gracias por leerlo, nos vemos en otro cap.
