Capítulo 28

The One That Got Away

In another life, I would be your girl

We'd keep all our promises

Be us against the world

(Katy Perry)

Cuando entró a aquel pub no sabía ni que esperar o porque lo había ido hasta ahí. Su móvil no paraba de sonar ignorando contantemente las llamadas y los mensajes. No necesitaba verlo para saber de quien se trataba. La insistencia e impaciencia de Olenka a veces podría resultar ser un tanto molesta.

Aun no la había invitado a la boda de Sesshomaru y francamente no le apetecía invitarla, ante su familia ella era una extraña.

El pub estaba completamente abarrotado, entre grupo mixto de amigos, parejas y uno de puras mujeres.

Se acercó a la barra y tomó asiento en un banco, a lado de él había un hombre que hablaba en un acento afrancesado. Entonces volteó a verlo y descubrió que era el mismo hombre con quien Kagome había estado en un restaurante aquella tarde.

―Si, firmó contrato – decía en francés ― ¿Cómo estás tú? ¿Y las niñas? ¿Por qué no estas dormida?

Le pidió un whisky al barman y de inmediato se lo sirvió. Dándole un pequeño sorbo continuó escuchando la conversación de su vecino de al lado.

―También te amo y te extraño – dijo en tono meloso – Si todo sale bien, estaré regresando mañana. – lo vio esbozar una sonrisa y él también le dio un trago a su bebida – Ve a dormir, pero antes dales un beso a las niñas de mi parte.

Sabía lo que estaba diciendo porque él también hablaba esa lengua.

Miró hacia el frente y vio la figura del hombre reflejado en el espejo que había en frente de la barra. Era alto y se parecía mucho a un actor que no recordaba su nombre, pero lo sabía porque su secretaria Sarah estaba vuelta loca por él.

Lo vio colgar su móvil y él también tenía la vista en frente, sus ojos café oscuro conectaron con los dorados de él.

― ¿Mal día, amigo? – preguntó él, olvidándose de su idioma francés.

Inuyasha apretó los labios en una fina línea y asintió.

―Como no tiene una idea, amigo. – respondió, pidiendo otro trago.

El hombre dio media vuelta hasta situarse en frente de Inuyasha y lo miró atentamente.

―Permítame darle un consejo.

Entonces Inuyasha irguió su espalda, giró el banco para estar a la par de ese hombre.

―Cuando yo tengo un mal día, lo que hago es pensar en mi familia – esbozó una sonrisa y suspiró de amor – En mi esposa y en mis dos hijas. Y pienso que todo lo que hago es por ellas. Quiera o no, después de eso todo se hace más ligero y el día transcurre como cualquier otro.

El detalle que sus días se estaban haciendo más pesados desde la traición de Kagome. Casi no dormía, comía poco e incluso no podía acostarse con ninguna otra mujer. Era como si ella hubiese lanzado un hechizo sobre él, arruinándolo para otras mujeres.

― ¿Y si es una mujer por la que uno esta así?

El francés roló los ojos y le dio un trago a su bebida.

―Lo mejor que debería hacer es solucionar las cosas – apuntó un dedo al cielo, mientras dejaba su vaso vacío en la barra – Preguntarse así mismo ¿Esto tiene arreglo?

Inuyasha se encogió de hombros y suspiró.

―No creo.

―Dice eso porque aún no ha encontrado dicha solución – levantó ambas cejas – Si tiene confianza, aún es temprano, podría contarme sus penas y con gusto le daré un consejo. Soy muy bueno en ello.

Y así, ambos en lugar de pedir bebida tras bebida ordenaron una botella del mejor whisky un cubo de hielos y un poco de agua mineral.

De vez en cuando el francés dejaba suspendido el vaso en sus labios cuando escuchaba con atención cada palabra de que pronunciaba su amigo, el desconocido.

―Bueno…― dijo, pensativo – Perdone que le diga esto…― estaba preparado para ser franco – Pero es usted un idiota.

― ¡¿Disculpe?! – exclamó Inuyasha, un poco ofendido ante el insulto.

―Si – asintió aquel hombre – Es un idiota – volvió a recalcarlo –Lo primero que debió hacer fue ir a buscarla y ver como estaba. – lo señaló – Sus amigos le dijeron que se encontraba en un hospital internada, delicada. Debió salir a su encuentro y hacer a un lado su enfado.

Inuyasha lo miró por el encima de su vaso antes de darle un trago. Aquel hombre tenía mucha confianza como para llamarlo idiota, pero por muy extraño que le pareciera, no le molestó del todo.

Pero muy en el fondo de su ser sabía que ese hombre tenía completamente la razón. Debió preocuparse más por ella y dejar de lado su maldito ego herido. Ya posteriormente que se recuperara, ahora sí, exigir una explicación. En cambio, a eso ¿Qué había hecho? La atacó, la juzgo y condeno tal y como ella le dijo esa tarde.

― ¿Y qué habría hecho en mi lugar? – preguntó Inuyasha.

Vio como el hombre se recargaba en su asiento mientras analizaba lo que pensaría. Después esbozó una media sonrisa y arqueó las cejas.

―En primer lugar, mi esposa y yo nos tenemos demasiada confianza. Hay amor y no necesitamos buscar en otro lado lo que no se encuentra en un círculo de pareja. – se encogió de hombros – Claro, que si llegara a mis manos un video de ella lo primero que le diría sería "amor, que lindo cuerpo tienes. Me siento alagado de tenerte a mi lado".

Veía un poco dudoso aquel hombre de ojos dorados, se veía a leguas que pasaba por un trago amargo.

―Dice amar a esa mujer y lo primero que debió hacer fue confiar y no dudar de ella – continuó su vecino de copas – Sin importar las circunstancias en las que se conocieron.

―Pero las pruebas estaban ahí, en fotos o video.

El hombre que estaba delante de él asintió. Observaba sus movimientos, mientras rellenaba dos dedos su vaso vacío de Whisky.

― ¿Y se ha puesto a pensar si son falsas? – arqueó una ceja – Hoy en día todo se puede editar. Me ha dicho que eso le llegó en formato USB ¿No le parece sospechoso?

Inuyasha lo volvió a mirar fijamente, sólo desvió la mirada cuando escuchó la risa de una mujer y volvió a fijar su mirada dorada en el francés.

Aquel hombre lo estaba haciendo dudar sobre lo que anteriormente pensaba.

―No…lo…había pensado.

El francés lo señaló y asintió.

―Por qué estaba cejado por su odio. Porque pensó que, si ella puedo engañar a su prometido con un desconocido, fácilmente lo podría engañar a usted. Una mujer que fue engañada por su prometido con su prima difícilmente podría confiar en alguien más al grado de entregar su corazón. Pero si el nuevo hombre que tiene delante de ella deposita toda su confianza en que no será esa clase de hombre que cree que será….― asintió – Si, estoy seguro de que entregaría su corazón sin pensarlo.

Entonces recordó las palabras que le había dicho esa tarde, palabras mordaces que se habían clavado en su ser y no se las podía quitar de la cabeza. Podía mirar en aquellos ojos chocolate todo el dolor que en ellos cargaban, aquella mirada triste. Y por primera vez se sintió un maldito culpable.

Era cierto, nunca le dio la oportunidad de defenderse, únicamente lo que él había hecho era hacerla sentir cada vez más culpable sin importarle su salud.

"Elegiste juzgarme, condenarme."

"No voy a pedir disculpas por como elijo reparar lo que tú y tu desconfianza rompieron."

Inuyasha se quedó pensativo, mientras que su compañero lo miraba con atención.

― ¿Lo he puesto a dudar, no es así caballero?

Él asintió.

―Es usted muy directo – admitió el ojidorado

Vio como aquel hombre de ojos café asentía levemente y le daba un trago su vaso en forma de salud.

– Por cierto ¿Cuál es su nombre?

―Antonio – respondió él – Antonio De la Rosa.

xxx

Contempló al grupo de chicas que se encontraban charlando adentro de la cafetería de Sango. Koga y Naraku estaban a lado de sus respectivas parejas. Era un hermoso cuadro familiar o, mejor dicho, un cuadro conformado de puros amigos.

No sabía cómo se tomarían aquella noticia. Luego de que firmara contrato para incorporarse a la nómina de Louvre, su nuevo jefe le explicó que la esperaba hasta el lunes, los gastos de traslado corrían por parte de la empresa, así como buscarle un departamento cerca del museo.

Pero eso no era lo inquietante, Rin se casaba el sábado, por lo que solo estaría presente en la ceremonia religiosa y después abordaría el vuelo que la llevaría a Francia. Sin duda tenía mucho que hacer, como empacar sus maletas, poner a la venta su departamento todo amueblado. Total, le iban a pagar un mega sueldo y con ese dinero fácilmente podría ir adquiriendo cosas necesarias para amueblar el que tuviera en París.

La cuestión era ¿Cómo lo tomarían sus amigas?

― ¿Meditando?

La voz de Miroku la interrumpió de sus pensamientos. No se había dado cuenta de su presencia hasta que lo vio sentado en el cofre de un auto, con el uniforme del equipo de americano que usaban los chicos.

― ¿Estas jugando con Koga y Naraku? – preguntó, mientras se acomodaba a un lado de él.

Miroku asintió.

―Estás viendo a su nuevo quarterback.

―No lo sabía.

―Inuyasha dejó el equipo. Un día, Koga estaba esperando a Ayame en el hospital, mientras tú estabas internada. Me vio buscando unos accesorios de americano, me preguntó y ahí se dio todo.

―Que bien.

Pero él frunció el cejo al verla pensativa. Tras varios meses de ver a las chicas reunidas, conocía muy las personalidades de cada una. Incluso cuando algo malo les pasaba. En ese momento, a ella le había pasado algo y sus ojos se lo decían.

― ¿Te ha sucedido algo?

Ella se mordió el labio inferior y miró hacia la ventana, donde se veía a Ayame sacándole la lengua a Kikyo y ocultándose atrás de la espalda de su novio.

―Me han ofrecido un nuevo empleo.

Miroku asintió y esbozó una sonrisa.

―Felicidades.

―Es en Paris – sus ojos no se despegaban de sus amigas – Y tengo que irme en seis días. – se encogió de hombros y miró al novio de su amiga – No sé cómo decirles.

Él se levantó del cofre y le pasó un brazo por alrededor de los hombros. También contempló al grupo de chicas que estaba a simple vista de ellos.

―No debes preocuparte por ellas. Son chicas fuertes, decididas y sea cual sea la decisión que tomes, te garantizo que siempre tendrás su apoyo.

― ¿Cómo se los digo? – lo miró.

Miroku se encogió de hombros y avanzó con ella hacia la entrada de la cafetería.

―Siendo honesta. Háblales con la verdad. Si, se pondrán tristes en un principio al saber que el grupo se hará pequeño, pero después lo olvidaran y te felicitaran.

En cuanto entraron al local todas guardaron silencio, Sango le sirvió café a Miroku una vez que ocupara un asiento vacío. Kagome estuvo de pie, observando a sus amigas, cada una también hacía lo mismo.

― ¿Por qué esa cara de espanto? – preguntó Ayame.

―Chicas…― Kagome se sostuvo del respaldo de una silla, mirando hacia abajo y luego a cada una – Hay algo que debo anunciarles.

Silencio total.

Pero fue arruinado por un comentario de Ayame.

― ¿Te vas a aumentar de pecho?

Kagome alzó una delgada ceja y negó.

―No…

― ¿Te cogiste a otro extraño?

Esta vez abrió los ojos como plato y volvió a negar. Desde luego aquel comentario no encajaba, a partir de ahora había cero hombres en su vida.

―No. – respondió mordaz.

―¿…

―Ayame – interrumpió Kikyo, al ver que Kagome estaba incomoda ante las pregunta de su amiga – Deja que termine. Ni siquiera ha dicho nada y ya la estas acosando.

―Solo trataba de adivinar.

―Pues no lo hagas.

― ¡Ya! – intervino Kagome ― ¿Cuál es mi sueño? – preguntó de repente.

Todas se quedaron mirando una a la otra sin que contestar. Sus pensamientos iban desde un adoptar un perrito, irse de viaje o comprarse un carro nuevo. Pero entre ellas había una que si podía responder a esa pregunta.

―Tu sueño es trabajar para el museo de Louvre – concluyó Kikyo.

Pero antes de que Kagome respondiera, Kikyo captó la mirada de su hermana y al verla lo supo todo. Abrió aún más los ojos y se llevó las manos a la boca.

― ¿Dime que no?

― ¿Qué no qué? – preguntó Ayame confundida.

― ¿Sí? – preguntó Kikyo, levantándose de su asiento para llegar a lado de su hermana.

― ¿Si qué? – volvió a decir Ayame – Yo no entiendo nada. – miró a Sango frustrada ― ¿Tú sabes?

Sango negó mientras miraba como Kikyo y Kagome se fundían en un abrazo.

― ¡Firmé contrato esta tarde! ¡Me voy a Paris!

En ese instante, Ayame le estaba dando un trago a su bebida y al escuchar la noticia escupió todo de un solo soplido. Rin, Sango y ella se miraban una a la otra, aun no podían asimilar aquella noticia, de hecho, no lo estaban intentando. Únicamente Koga y Naraku compartieron una mirada sin decirse nada.

― ¿Cómo que te vas a Paris? ―preguntó Rin, levantándose de su asiento.

Kikyo y Kagome se separaron. Kagome esbozó apretó los labios en una fina línea, había llegado el momento de revelarle que no podía estar completamente al cien por cien en su boda. Incluso tenía que organizar todo desde ya.

―Cabecita rosa – avanzó hacía ella, la tomó de las manos y la miró a los ojos – No podré estar completamente el día de tu boda. Solo estaré en tu ceremonia religiosa. Me quieren el lunes y tu boda es el sábado.

― ¡Puedes irte el domingo! – protestó ella.

Debía ser cuidadosa, últimamente Rin andaba sensible, no sólo por los preparativos de la boda que estaba en puerta sino por su embarazo.

―Lo sé – Kagome se encogió de hombros – Pero si me voy el domingo todo será apresurado. Necesito tiempo.

― ¿Y un día es suficiente tiempo? – reprochó Ayame ― ¿Cuándo pensabas decirnos esto? – se estaba molestando.

―Ayame, tranquila – trató de calmarla Sango.

― ¡NO! – exclamó la pelirroja – Dice que se va el sábado, porque el lunes inicia un nuevo trabajo lejos de aquí. – sus ojos verdes se clavaron en los de ella ― ¿Cuándo aplicaste a esa vacante?

Kagome miró fijamente a Ayame, nunca la había visto en esa actitud y era normal, tal vez la noticia de su partida no le había caído bien después de todo. Sabía que a alguna de ellas no lo iba a tomar bien y prueba de eso, aquí estaba ella protestando. Tal vez estaba en una etapa de negación al saber que el grupo se reduciría.

―La verdad había aplicado a esa vacante cuando estaba prometida – respondió, omitiendo el nombre de su ex prometido – Nunca pensé que llegarían a ofrecérmelo. No solo es un puesto como restauradora sino como jefa.

Ante ese comentario Naraku y Koga le aplaudieron, eran los únicos que estaban al margen. Koga de vez en cuando acariciaba el hombro de Ayame, consolándola.

Kagome avanzó hacia su amiga, Ayame se levantó un poco desganada de su asiento y ambas se quedaron mirando una a la otra. Ella le ofreció una sincera sonrisa y extendió sus manos hacia ella, la pelirroja dudó unos instantes y al final estrechó sus manos con las de ella.

―Es una oportunidad que no puedo dejar pasar – explicó – Tú sabes cuánto he luchado por algo así. No puedo darme ese lujo.

Una lagrima resbaló por la mejilla derecha de Ayame, sorbió su nariz y al final asintió. Comprendiendo la decisión que había tomado una de sus mejores amigas.

―Te voy a extrañar horres – dijo sinceramente – Rin se va a casar y dudó con el marido que se cargue la vaya a dejar salir y más si está embarazada. – después miró a Sango – Con Sango no es lo mismo, se la pasa en esta cafetería y Kikyo ―suspiró – Ella tiene sus guardias en el hospital. Tú eres la única que aguanta mis tonterías.

―Lo sé flaca – le acarició el hombro – Pero siempre estaremos en contacto. Sabes que estaré ahí cuando me necesites.

Ambas se abrazaron, pero por fin había entendido que aquella oportunidad que su amiga tenía difícilmente podría rechazarla, así que no le quedaba más remedio que asimilar el hecho de que su amiga se iría lejos de ellas.

Al final se abrazaron, deseándole todo el éxito que ella se merecía. Después de tanto sufrimiento, esto le había llegado como bálsamo para reparar las heridas del pasado y era justo que comenzara de nuevo.

―Al menos tendremos donde ir de vacaciones – bromeó ella – Nada más ni nada menos que Paris.

Ahora tocaba el turno de disculparse con cabecita de color rosa. Sabía que el día más importante de su vida estaba a la vuelta de la esquina y que no lo compartiera con el grupo completo iba a resultar difícil para ella.

―Lo siento – se encogió de hombros al ver el rostro de Rin.

Rin, en lugar de reprocharle, únicamente esbozó una sonrisa y fue ella quien la abrazó.

―Felicidades – dijo, mirándola a los ojos – Eres como una hermana que nunca tuve y ver que tienes este logro, simplemente me llena de orgullo. No te preocupes si no puedes estar en la celebración, me conformo con verte en la iglesia vestida de dama.

Sango había salido por un momento a la cocina y volvió con una botella de champagne, la reservaba para una ocasión especial y está era una. Tras de ella iba Miroku, con varias copas. Abrieron la botella y se sirvieron un poco de aquel líquido. Todos estaban rodeando la mesa, Kagome y Kikyo quedaron en el centro.

―Porque vengas más logros – dijo Sango.

Llegó a su departamento muy cansada, sabía que mañana debía iniciar con la venta de su departamento. Era mejor venderlo amueblado, total nada de lo que tenía ahí se lo iba a poder llevar. Koga se había ofrecido en conseguirle a un agente inmobiliario muy bueno que le ayudaría con eso y que se pondría en contacto en cuanto antes.

Miraba a su alrededor, la pantalla, los muebles blancos, la pared pintada en color beige, ese departamento por el que había luchado en el pasado ahora se quedaría atrás.

Sus amigas, si bien habían fingido tomarlo bien, sabía en el fondo que estaban demasiado tristes. Ahora solo faltaba anunciarles a sus padres que se iría a Francia. Por su madre no había problema, pues ella misma le aconsejó que tomara las riendas de su vida y volara alto. Aceptando ese trabajo sin importar lo que dejaría atrás.

En cierta forma le dolía un poco saber que dejaba a grandes amigos, a su familia. Pero sobre todo le dolía saber cómo acabaron las cosas entre Inuyasha y ella. Los malentendidos entre ellos no se llegaron a solucionar y francamente eso si le hacía sentir un poco triste. Pero él había decidió dejarla atrás, bloqueándola incluso desde el WhatsApp, si él pudo hacerlo ¿Por qué no hacer lo propio? Al fin de cuentas, la oportunidad ahí estaba.

Firmó un contrato por impulso, porque en un principio iba a renunciar a ese sueño por él y comenzaba a sentir un poco de remordimiento.

Era como comprar una bolsa o unos zapatos por impulso, ya sea porque estaba enojada o triste. Posteriormente, luego de ver el desfile de esos accesorios llegaba el arrepentimiento y se cuestionaba el por qué había hecho esa compra compulsiva.

O comer una pizza entera por si sola y después lamentarse el haberlo hecho.

Bueno, ahora eso iba tomando peso, pero no para hacerla flaquear ni mucho menos dudar. Solo era cuestión de abrazarse a ese sueño y hacerle frente ante un nuevo reto. Estúpida no era, era una mujer lista, preparada, decidida y ante eso nada la haría cambiar de parecer.

Dejó el móvil sobre la barra de la cocina y fue hasta el refrigerador (nevera) y sacó un refresco, mientras contemplaba todo el departamento. pensando en lo que se podría llevar y que no. Lamentablemente nada de eso podría irse con ella, únicamente su ropa. De su coche, probablemente se lo dejaría a sus padres y en vacaciones cuando regresara, lo sacaría.

Se escuchó la alarma de una notificación y al ver de quien se trataba hizo una mueca.

Hoyo

Antes que nada, siento haberte arruinado la vida. Entiendo que no quieras responderme, pero necesito hablar contigo. Hay algo que me consume y quiero aclarar las cosas contigo.

¿Podemos vernos? Te prometo que no intentaré nada malo.

¿Por qué carajos seguía aceptando mensajes de ese hombre?

Se quedó pensativa unos minutos, la última vez que accedió a verlo ella había despertado en un hospital con una fuerte cantidad de escopolamina y derribado a eso desencadenó que perdiera un bebé.

¿Es que no se cansaba de joderle la vida?

Pero en el fondo tenía muchas dudas, saber porque le había arruinado la vida, el saber los motivos que lo impulsaron a cometer ese acto atroz. Hoyo no era malo, era estúpido, fácil de manipular y probablemente alguien por encima de él estaba moviendo sus hilos. Utilizándolo como eso, como un títere.

Era lunes por la noche, pensó, estaría muy ocupada con los preparativo de su mudanza, la boda de Rin. Su nuevo jefe, Antonio De la Rosa le había explicado que el billete de avión lo estaría recibiendo por correo a más tardar el miércoles. Probablemente lo podría ver hasta el viernes por la tarde, no le apetecía verlo en toda la semana.

Pero ahora sería ella la que elegiría el lugar y la hora. Nada de esperar a que él le indicara donde verse, si quería hablar con ella sería bajo sus propios términos y si se rehusaba, entonces que le fuera bien.

Le envió su respuesta, siendo el viernes a las cinco de la tarde frente al parque del museo. Nada de restaurantes, todo sería en público, era mejor prevenir que lamentar.

Volvió a dejar el móvil en la encimera y en esta ocasión escuchó un ligero golpe en la puerta. Frunció el cejo, no esperaba a nadie, luego de que se reunía con las chicas cada uno se marchaba a casa. mucho menos esperaba paquetería, había dejado de adquirir cosas innecesarias por internet.

Avanzó lentamente hacia la puerta y observó por la mirilla, su corazón dio un pequeño golpecito al ver al hombre de traje desarreglado que estaba frente a su puerta.

Nunca le había dado la dirección de departamento ¿Cómo era posible que supiera donde era? Al menos que les preguntara a sus amigas, incluso a Naraku y Koga. Pero dudaban que con que ellos serían capaces de decirle algo.

Era mejor no abrir, fingir que no estaba en casa. Total, se cansaría y se marcharía.

―Kagome, sé que estás ahí

Frunció el cejo al oírlo ya que se escuchaba borracho.

―Te he seguido hasta acá por si te lo estas preguntando.

Ella asintió, bien, al menos eso tendría explicación.

―Así que abre.

Ella negó, no, no se iba a someter ante su orden. Ya mucho tuvo que soportarlo cuando llamó puta justo antes de que firmara el contrato.

―Vete Inuyasha – fue su única respuesta – Estas ebrio.

―Abre o te garantizo que me quedaré aquí toda la noche si es necesario.

―Espero que pases buena noche.

Un fuerte golpe la hizo saltar. Inuyasha había golpeado la puerta con su puño.

―Necesitamos hablar…

Kagome negó, fue por un momento a la cocina, tomó el móvil y le envió un mensaje a Naraku. Esperaba que él pudiera venir por su amigo y llevárselo a casa.

― ¿Ahora si quieres hablar después de que me llamaras puta? Mejor vete Inuyasha antes de que llame a la policía.

Lo vio recargar la frente en la puerta, de vez en cuando jugueteaba con la corbata medio puesta. Su cabello estaba alborotado. Realmente se veía demasiado mal. Su conciencia le decía que lo dejara ahí, total ya no era su problema. Su corazón le dictaba que le abriera, podría caer en una congestión alcohólica y podría ser fatal.

―Si no abres, esta será la última oportunidad que te daré de hablar.

Ella frunció el cejo, indignada.

¿Oportunidad?

No, ella sería quien diera la última palabra, no él.

―Entonces, adiós Inuyasha y buena suerte.

Otro pequeño golpe a la puerta, si seguía permitiendo eso podría dañar la puerta y entonces tendría que cambiarla.

― ¿Por qué dejamos que las cosas llegaran a este límite?

Comenzó a bajar la guardia, se recargó de espaldas contra la puerta y por extraño que pareciera podría escuchar su respiración.

Por favor, vete, sino cambiaré de opinión. Te dejaré entrar y no podré irme a Francia.

―Así fue como lo decidiste tú, no yo – respondió dolida – Por favor vete.

También lo escuchó como se recargaba de espaldas contra la puerta.

― ¿Entonces así va a terminar todo?

Kagome suspiró, miró hacia el frente y agachó la cabeza.

―Supongo que sí. – lagrimas comenzaban a brotar – Mejor regresa con tu modelo rusa. Estoy segura de que te ha de estar esperando.

Lo escuchó soltar un juramento. Dios que fuerte estaba siendo en esos momentos como para no abrirle y lanzarse a sus brazos. Si, estaba segura de que sus amigas la tacharían de estúpida por haberlo hecho. Estúpida e inmadura. Luego de todas las cosas que él le había dicho en el hospital sin tener consideración alguna por su salud.

―Ella no me interesa – respondió con honestidad – Quiero hablar contigo.

Volvió a golpear con un puño la puerta. Comenzaba a desesperarse, no conseguía convencer a esa mujer de que le abriera. Luego de terminar su ultimo trago y despedirse de su nuevo amigo, había salido disparado en su búsqueda. Sabía dónde encontrarla, con sus amigas. Pero le dio vergüenza entrar ahí e interrumpir un tipo de celebración. Sabría que no sería bienvenido o que lo verían mal, por eso aguardó impaciente, esperando en su coche a que ella saliera, siguiéndola hasta su departamento.

Antonio le había dejado muchas dudas, como el hecho de que nunca le dio la oportunidad a ella de hablar, de conocer la versión de su historia. Por eso estaba ahí, quería saber lo que en realidad pasó. Y si en realidad Hoyo la había drogado tal y como Kikyo defendía a capa y espada, se las haría pagar cada una con creces.

―Lo siento Inuyasha, no puedo hablar hoy. Vete.

Insistió de nueva cuenta en que se fuera.

Demonios, se llevó las manos a la cabeza. Como deseaba tirar esa maldita puerta de una sola patada, entrar y buscarla. Tomarla en sus brazos, abrazarla, besarla. Quería hacer tantas cosas con ella que su mismo fuego lo estaba consumiendo.

Escuchó como las puertas de un ascensor se abrían y salía Naraku, vestido únicamente con un pantalón negro y una camisa blanca de lino. Al verlo sentado en el suelo, esbozó una sonrisa y le tendió la mano.

Inuyasha dudó un poco.

―Vamos a casa.

―Ella no quiere hablar conmigo.

Su amigo se encogió de hombros, mirando la puerta de Kagome, donde seguramente estaba observando por esa pequeña rendija, agradeciendo su intervención y luego a Inuyasha.

―Lo sé – asintió – y tú no estás bien como para hacerlo. Ven, te llevaré a casa.

Con el corazón partido y agradecida con su cuñado, observó cómo se llevaba a Inuyasha lejos de su complejo.

Por esa razón era por lo cual esperaba a que fuera sábado para poder irse a Francia y no volverlo a ver. Tal vez en otra vida coincidieran, sería su chica, mantendrían promesas que pudieran cumplir. De ser solo ellos dos, contra el resto del mundo.