"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi"

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"THE OFFICE"

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Capítulo 8

DESAYUNO

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Una extraña sensación de comodidad me despierta, más bien, intento abrir los ojos, pero no puedo, trato de salir de un sueño bastante profundo. Intuyo que ya debe haber amanecido, la habitación no se ve tan oscura. Debe estar nublado porque el sol no me ha dado en la cara como de costumbre ¿debo ir a trabajar? No, es sábado. Sonrío y me giro para acomodarme de lado y dormir otro rato en la suave almohada…las fundas tienen un olor muy agradable y las sábanas me acarician de una manera placentera, tanto que jamás las había sentido tan cómodas.

Abro los ojos alterada, no estoy en mi casa ¿dónde estoy? Aún está algo oscuro pero seguro mi habitación no es tan grande como esta. Me miro, noto que estoy completamente desnuda, solo cubierta por esa suave sábana— ¿Ahora qué hiciste, Akane? —me digo, arrepentida como cada vez que bebo y trato de recordar algo de lo de ayer. Estuve con Shinnosuke…sí, hablé con él un par de cosas y se fue detrás de Shampoo, como de costumbre; luego entré al bar, un rato después alguien vino a hablar conmigo y bebimos. Saotome ¿por qué apareció ahí? Piensa Akane, piensa.

Tengo una extraña sensación en los labios, un olor a colonia muy conocido está en mis manos y en mi nariz…se parece al que usa Saotome; de pronto mi sentido del olfato abre una especie de rayo de luz en mi cabeza y vienen a mí las imágenes de todo lo que pasó ayer. ¡SAOTOME! ¡Él y yo nos besamos! Y no conforme con que él lo hiciera primero, yo lo besé después… ¡mierda! ¡¿qué más pasó?! Mi memoria deja caer lo sucedido como si mil cinematógrafos proyectaran la película de mi día anterior.

Le dije que no estaba tan ebria y que fuéramos a otro lado ¡maldita sea mi putería! ¿es esto entonces un motel? No lo parece, la habitación está muy ordenada y la decoración no se ve vulgar, o por lo menos es lo que alcanzo a ver en la penumbra.

Salimos casi corriendo del bar hacia el auto de Saotome, que seguía en el estacionamiento del edificio de las oficinas de la Orochi. Llegamos, en ocho minutos al barrio de Minato, Saotome manejaba como si estuviera en la fórmula uno. Se estacionó en un sótano y subimos por el ascensor, mientras esperábamos llegar al piso número 9 volvimos a besarnos abrazados como si quisiéramos fundirnos el uno con el otro, tocándonos por encima de la ropa mientras yo jadeaba y él parecía maldecir y gruñir al mismo tiempo. Al abrirse las puertas, me llevó en paso veloz hasta su apartamento, abre con su llave y cierra de una patada, apresurándose para seguir con el juego previo que comenzamos desde el bar. Me toma por la cintura y sin dejar de besarme y acariciarme caminamos a tientas hasta la habitación. Ni cuenta me di cuando me quité los zapatos; nos deshicimos de la ropa del otro con vehemencia, como si el solo contacto nos quemara. Nos lamíamos como si fuéramos animales, boca, cuello, senos; sentía la imperiosa necesidad de que me hiciera suya de cualquier manera, estaba demasiado excitada y dispuesta a que hiciera conmigo lo que a él se le antojara.

Ni siquiera es necesario detenernos, me penetra de una sola vez pues estoy demasiado húmeda…ahora él está sobre mí, siento su peso sobre mi cuerpo y cómo se mueve como si de eso dependiera su vida; lo está disfrutando, lo sé por los sonidos que salen de su garganta, nos movemos con cadencia mientras se adentra cada vez más y con más fuerza se abraza a mi cuerpo. Me gusta, quiero más, pego mi pelvis lo más que puedo a la suya apoyando las puntas de los pies en la cama. Me sigue gustando, pero el placer aun me es insuficiente, mi cuerpo me exige todavía más. Alzo las piernas y aprieto mis muslos en su cadera, lo siento llegar al punto exacto donde puedo encenderme. He soltado un gemido tan intenso que creí vislumbrar una sonrisa engreída en medio de ese par de zafiros, tal parece que Saotome ha adivinado lo que quería, porque ha empezado a moverse un poco más rápido y mi cuerpo se llena de pronto de una sensación cálida que me recorre una y otra vez hasta la médula. No sé si es por causa del alcohol que me siento tan desinhibida, nunca me había sentido así con los tipos que me liaba después de un par de tragos. Creo que tendré un orgasmo en cualquier momento. Sé que estoy a punto, me abrazo a su cuello y consigo más contacto con él, eso me enciende— Ranma… —le susurro al oído y me penetra tan duro que estoy casi por escurrirme— ¡Ranma! —grito y el no para, vuelve a hacerlo otra vez y exploto. No quiero terminar, quiero seguir hasta que los espasmos en mi vientre desaparezcan por completo. Me aferro con más fuerza a su cuello y no puedo controlar mis manos que se deslizan de manera involuntaria y tiendo a hundir mis uñas en su espalda; él se apresura y de adentra en mi con tanta intensidad que vuelvo a gritar y lo escucho gruñir en mi oído. Ya ha terminado; me besa en los labios y lo veo levantarse. Estoy exhausta, mojada y extasiada; no puedo dejar de temblar, tomo aire, me muerdo los labios que aún conservan su sabor. ¿A dónde se ha ido Ranma? extraño sentirlo dentro de mí. Me acurruco entre las sábanas mirando hacia la puerta; el cansancio se apodera de mí, cierro los ojos y me quedo dormida. No recuerdo más.

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Tengo los ojos abiertos mientras muerdo la sábana, mirando hacia el techo. Eso no fue un sueño, definitivamente me acuerdo de todo. Me acosté con mi jefe y fue… ¡wow! No sé cómo pasó…bueno, sí. Todo por culpa del alcohol, ahora ¿qué voy a hacer? ¿dónde está Saotome? ¿saldría a correr? Yuka me contó que el tipo es un obsesivo del ejercicio, mi teléfono se quedó sin batería y no puedo ver la hora. Quizá es temprano todavía y esté haciendo su recorrido.

Tengo que aprovechar la oportunidad para irme ¿qué demonios hice? ¿dónde está mi ropa? Observo el suelo de la habitación, pero está completamente limpio. En una silla veo mis prendas, perfectamente dobladas, ¡incluso mi ropa interior! ¡qué vergüenza! Por suerte no me puse nada que estuviera roto o remendado. Trago duro y me visto lo más deprisa que puedo, tengo que largarme antes de verle la cara, no sé cómo voy a hacer el lunes cuando lo vea ¿y si renuncio? No, no puedo, le debo dinero todavía, cincuenta y cuatro mil novecientos doce yens para ser exactos. Llevo la cuenta de memoria. Aunque con lo que ha pasado, quizá me perdone la deuda… ¡¿qué estoy pensando?! —Además de alcohólica eres una puta, Akane —me digo, al tiempo que el arrepentimiento me envuelve otra vez. Abro la puerta de la habitación con sigilo, no sea que haya alguien más en casa. No se escucha nada. Camino de puntas por el pasillo que da a la sala y lo miro sentado en la barra de la cocina, mirándome con una sonrisa en el rostro.

—Buenos días —me saluda con una voz más ronca de lo habitual. Es la voz seductora que usa cuando hace las presentaciones o cuando habla con algún prospecto de cliente.

Me sonrojo y agacho la cabeza, miro al suelo porque muero del azoro, muy apenas y me acomodé el cabello, debo parecer un desastre— B-buenos días —respondo en un intento de controlar los nervios.

Me enseña su sonrisa completa, él por supuesto ya está bañado y viste casual, con una camisa negra de mangas cortas que le ajusta como segunda piel y unos jeans oscuros. Nunca lo había visto con ese look ¡se ve buenísimo! Respiro profundo porque no me atrevo a decir nada ¿será que va a correrme o mi trabajo ahora consistirá en hacerle favores sexuales? Me giro y miro hacia la puerta, no está tan lejos, puedo decirle: —¡Nos vemos el lunes! —y fingir que no pasó nada, o: — gracias por recibirme esta noche en tu casa, debo irme —algo que no suene comprometedor, aunque con lo que hicimos ayer solo faltó que le diera las amígdalas.

—El desayuno está listo —dice, mientras me hace la seña para que me siente frente a él en la barra. ¿Me hizo el desayuno?

—Ya tengo que irme a casa —sigo fingiendo demencia, es lo mejor. Lo miro de reojo y me cruzo de brazos, quizá así deje de temblar.

—Desayuna primero —Saotome lo dice con una singularidad que hace que me flaqueen las piernas.

—No, de verdad, tengo que regresar ya.

—¿Esperarás una hora para llegar a tu casa y comer algo? Mejor siéntate, desayuna conmigo —más que tuviera razón, tenía esa extraña necesidad de tenerlo cerca; esa colonia que usaba invadía toda la habitación, me producía pensamientos poco adecuados para el momento, además, moría de hambre y la verdad era que en casa no tenía nada.

—Está bien. —me senté en una silla alta y me ofreció un plato con avena, frutas y sirvió en vasos: leche, agua y jugo; todo se veía delicioso. Le di las gracias cuando me tendió unos palillos y comencé a comer. No me quitaba la vista de encima, me sentía más nerviosa que antes ¿y si me pedía tener sexo después del desayuno?

—¿Dormiste bien? —preguntó de pronto. Casi se me atora el bocado que estaba masticando ¿era sarcasmo? Ni siquiera estaba enterada de cuánto había dormido, hace mucho que no lo hacía tan plácidamente.

—Sí, gracias…tu departamento es muy bonito ¿tienes mucho viviendo aquí? —mejor cambiar el tema, antes de que me pregunte si me gustó lo de ayer, porque le iba a responder que sí y no iba a tener que insistirme para repetirlo.

—Desde que comencé a trabajar en la Furinkan.

Se hizo un silencio incómodo, él no dejaba de verme y de sonreírme cada que nuestras miradas se encontraban, yo lo evadía de inmediato y observaba el fondo del plato, un par de veces miré sus manos grandes y sus dedos largos, un espasmo en mi vientre se despertó, pero debía contenerme para regresar pronto a casa. Terminé y me limpié con la servilleta, salté de inmediato al suelo para salir de ahí cuanto antes, mientras menor fuera el contacto, mejor, quién sabe lo que estaría pensando de mí.

—Gracias por el desayuno, ahora sí me tengo que ir…no encontré mis zapatos— dije admirando el suelo, para no tener que ver otra vez lo bien que se veía con esa camisa y esos jeans que le marcaban justo las áreas con las que estuve "jugando" ayer.

—Te llevo a tu casa —tomó las llaves que tenía sobre la barra, parecía tener todo calculado.

—¡No! De verdad, no quiero molestar. Es fin de semana y debes tener cosas qué hacer.

—No me molesta…—me lo dijo mirándome a los ojos y sonriendo ¡otra vez! Quería hacerme caer en sus brazos de nuevo.

—Sabes que vivo muy lejos de aquí y tendrías que estar casi dos horas en el tráfico. Solo dime dónde están mis zapatos —dejar que me llevara a casa era un arma de dos filos, porque sacaría el tema de lo sucedido la noche anterior, o acabaríamos en un motel a mitad de camino…si es que lográbamos salir del apartamento; además, nunca ningún tipo me había acompañado a mi casa, siempre que despertaba en un lugar, el tipo seguía roncando y ni cuenta se daba de cuando me iba.

Me miró y se me acercó, yo estaba a punto de orinarme de la emoción-temor-excitación que me provocaba— Déjame llevarte a la estación entonces.

—Está muy cerca, puedo ir caminando.

—Pues vamos caminando —dijo, sin lugar a un "no" por respuesta; no solo en la oficina tenía el mando, en la cama dominaba y en la cotidianidad estaba acostumbrado a ganar. Me señaló hacia la puerta para que me adelantase. Creo que ya no tenía otra opción, así que me resigné y caminé acartonada hacia la entrada. Nuestros zapatos estaban ahí, juntos, un par junto al otro. Puede que sea algo estúpido, pero eso me hizo poner más roja que un tomate.

Durante el camino no hablamos mucho, un poco del clima, de la belleza de la zona, puesto que era una muy elegante, de las tiendas cercanas. Saotome no dejó de mirarme en todo el trayecto. Por fin llegamos a la estación y yo me alejé lo suficiente para hacer una profunda reverencia— Gracias de nuevo por el desayuno. ¡Nos vemos el lunes! —me di la vuelta y me apresuré a llegar a las taquillas del tren. Lo vi sonreír de reojo y lo escuché decir: —¡Hasta el lunes!

La hora que hace el tren hasta la estación más cercana a mi apartamento, estuvo llena del recuerdo de la noche anterior. Cuando llegué a casa me tumbé en la cama sin poder dejar de pensar en lo sucedido. Tenía mucho de no pasar una sesión de sexo memorable, soñaría con eso todo el fin de semana, consciente de que tenía que pensar lo que iba a hacer el lunes. Metí mi mano en las bragas y me dispuse a rememorar a mi interlocutor de la noche anterior.

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Tomé una decisión, no podía permitir que el acostón con mi jefe interfiriera en mi vida profesional, aunque hubiera sido uno de los mejores que había tenido, así que tendría que afrontar las consecuencias. No sabía lo que iba a decirle ni cómo sacaría el tema, pero lo haría. Si no se podía hoy, quizá mañana o durante la semana. No creo que Saotome fuera de los que le anda contando a todo mundo que se acostó con alguien ¿o sí? ¿Y si trataba de abordarme?

Definitivamente la situación no era igual que con Shinnosuke, porque Shinno y yo éramos novios, ambos queríamos hacerlo desde la primera vez…con Saotome también, pero ¡todo era distinto! —Akane ¡eres una golfa! —me dije a modo de reproche.

Ese día me puse la blusa de botones más oscura que tenía, un blazer que me quedaba un poco ancho y mi falda más larga, sin medias, para no complacerlo, no quería que pensara que quería volver a hacerlo con él o algo así, mientras menos me mirara, mejor.

Llegué a tiempo a la oficina y me senté en mi lugar, ni siquiera alcé la vista para ver si Saotome ya había llegado. Estaba encendiendo mi portátil cuando mi teléfono sonó, era él: —¿Puedes venir a mi oficina? —su voz seductora otra vez ¿porqué hacía eso? Temblé un poco, pero me armé de valor y fui hasta ahí, aunque las rodillas no me respondieran del todo y caminara a paso de avestruz. Cerré la puerta tras de mí y me acerqué a su escritorio, colocó un móvil, era el mío— Lo dejaste olvidado en mi apartamento.

Cuando lo tomé, acercó la mano y la puso sobre la mía; me congelé, no hice un solo movimiento hasta que él la retiró, coloqué el aparato en mi bolsillo e hice como si no hubiera pasado— Gracias. —iba a darme la vuelta, pero sentí que era el momento para hablar con él. —Saotome ¿podemos hablar?

—Ranma —me corrigió y esbozó una sonrisa, mirándome a los ojos. Inhalé profundo para no sonrojarme.

—Eh…Ranma. Es sobre lo que pasó entre nosotros el viernes, sábado-noche del viernes… ¡sábado!

—Sí ¿alguna queja? —dijo apoyando el mentón en su mano, lo cual me mostraba su delineada quijada en su pose de modelo.

—¡No! No…nada de eso —comencé a reírme nerviosa, él volvió a sonreír también y rápido desvié la mirada antes de caer derretida— es que es algo qué…—inhalé hondo, tenía que ponerme seria— …no debió pasar.

—Pasó —dijo, sin dejar de sonreír. Colocó la mano en la asidera de un cajón y comenzó a abrirlo. Lo mejor era soltar todo de una vez, antes de que sacara un preservativo y lo hiciéramos sobre el escritorio.

—Sí, pero no fue algo coherente, el alcohol puede hacer que uno haga cosas y…tú eres mi jefe y yo soy tu… ¡una empleada! y esto no debe llegar a más. Lo mejor Saotome…

—Ranma —volvió a interrumpir.

—Ranma, es que nos olvidemos de lo que pasó y actuemos como adultos…además, te pediría un favor personal, uno muy grande ¿puedes no decírselo a Shinnosuke?

Lo vi alzar las cejas, creo que no esperaba mi discurso de ética, también cerró su cajón y ahora solo mostraba ligeramente su sonrisa— Bien.

Me sorprendí ¿así de fácil había sido? Me extrañé, porque por lo general los tipos cuando no me lloraban, me recriminaban por hacerles perder su tiempo y su dinero— ¿De verdad? ¿no hay problema?

—No, ninguno —su expresión no cambió, me sorprendió que fuera tan maduro. Quizá por eso tenía tanto éxito en la vida, tomaba las cosas como eran y no se aferraba a nada ni a nadie…o quizá yo no le gustaba para nada.

Suspiré aliviada, una cosa menos de la cual preocuparme— De acuerdo, pues…gracias —Di media vuelta y me fui a mi lugar, no me creía que todo fluyera así, a mí no me pasaban las cosas de ese modo. Lo que sí noté de inmediato es que, desde ese momento, Saotome no volvió a dirigirme la palabra, a menos que fuera estrictamente necesario y sentí que desde esa vez comenzó a ignorarme.

A veces sentía su mirada, pero cuando volteaba a verlo, él estaba en otra cosa. Obviamente me había borrado, yo no significaba nada para él. Ya ni siquiera me regañaba cuando no llevaba las medias, solo había sido, como lo sospeché, un acostón.

AKANE.

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._O_

Cuando Akane me pidió que no le dijera a Shinnosuke que habíamos tenido sexo, caí en la realidad. En cuanto cerró la puerta, abrí el cajón de mi escritorio, saqué la rosa roja que tenía guardada para ella y la tiré a la basura. No es que me hubiera decepcionado, es que era tan obvio que Akane estaba perdidamente enamorada de aquel tipo ¿Qué te pasa, Saotome? Es solo una mujer más en tu vida con la que te has revolcado. Me enfoqué en el trabajo y decidí dejar el tema.

Pasó una semana de mucho trabajo y seguíamos sin conseguir ningún visto bueno por parte del cliente, lo contrario al equipo de Shampoo y Shinnosuke, que recibían halagos cada vez que avanzaban con alguna propuesta; nosotros no habíamos salido de la etapa uno. No sabía qué me enervaba más, el saber que iba a perder ese proyecto o que Akane hubiera menospreciado el momento que tuvimos juntos. Estaba seguro de que lo había disfrutado tanto como yo y ahora tenía que pretender que no había pasado. Tenía coraje, porque la tonta de Akane estaba preocupada de lo que pensara el tal Shinnosuke, cuando con todo gusto yo hubiera repetido esa noche que tuvimos a diario si ella hubiera querido.

El resto de la semana transcurrió así, sé que ella estaba al pendiente de mis movimientos porque me observaba cada tanto, pero mi madre se encargó de inculcarme el orgullo masculino y la autoestima. Siempre seré un hombre y no un payaso como Shinnosuke prendado de un par de tetas.

El fin de semana estuve en mi apartamento y por la tarde, no aguanté más. Tomé las llaves del auto y salí para despejarme. Conduje hasta llegar a mi destino, me estacioné, subí las escaleras y llamé a la puerta. Nadie salió. Bajé a la tienda a preguntar— Disculpe, ¿sabe si la joven que vive en el piso de arriba ha salido? —el dependiente estaba agachado detrás de la caja y cuando se levantó no podía creer lo que veía.

—¿Tendo?

—Saotome ¿qué haces aquí? —le sorprendió verme. Estaba vestida con un mandil azul, playera y jeans. Era domingo.

—¿Trabajas aquí? —pregunté. Si donde vivía tenía un aspecto lúgubre por fuera, ese negocio parecía un nido de ratas con mucha luz incandescente.

—Solo los fines de semana —respondió, mientras seguía acomodando la mercancía en el mostrador.

—¿Por qué? Tienes tu trabajo en la agencia.

—Necesito dinero para terminar de pagar lo que te debo.

Sonreí— El dinero no es una urgencia, quedamos en que ibas a tomar mis llamadas, responder mis correos y…

—Saotome…

—Ranma.

Entornó los ojos y luego puso ese gesto de hastío que me indicaba que la estaba exasperando, me gustaba provocarle eso— Ya es bastante complicado seguirnos viendo después de lo que pasó, y además deberte esa cantidad.

—¡Ah! ¿entonces no lo has olvidado? —repliqué en tono burlón—y eso que fue tu idea.

—¿Mi idea?

—Sí, tú quisiste que sucediera —la observé sonrojarse y apretar los labios, estaba seguro de que venía una retahíla de las que solía darme.

—Estaba ebria.

—Entonces ¿me engañaste? Dijiste que no lo estabas.

—Ni siquiera recuerdo lo que te dije.

—¿Ah no? —le respondí sarcástico.

—No.

—¿Y por eso te pone nerviosa estar cerca de mí? ¿quieres saldar la deuda que tienes conmigo porque te es complicado verme? Dudo que no lo recuerdes.

Resopló, pero se incorporó envalentonada alzando la barbilla— Aunque pretendas hacerme sentir nerviosa, cómo dices, no lo vas a lograr. Ya sé a qué has venido.

—Pasaba por aquí…

—¿A una hora de tu casa? Claro, —dijo con sorna mientras ponía bruscamente etiquetas en color verde fosforescente sobre paquetes de galletas con la etiquetadora— vienes por más sexo.

—¿Tan perversa y sucia es tu mente que piensas que vengo por más? Que poca estima te tienes —me burlé.

—¿Y entonces a qué has venido?

En ese momento, el dueño de la tienda se asomó por una puerta cercana al mostrador— ¡Tendo! ¿acaso se te paga por platicar?

—¡Estoy atendiendo a un cliente! —respondió de mala gana.

—Pues ¡termina de atenderlo! Quiero que cierres después de que se vaya, ¡ya se me hizo tarde para llegar al bingo! —dijo el hombre calvo y regordete.

—¡Váyase ahora! Yo cerraré —bufó y volvió a concentrarse en las etiquetas. El hombre pasó junto a nosotros, maldiciendo por lo bajo y a pesar de eso noté cómo escudriñaba a Akane con la mirada, babeaba por ella. Me giré y coloqué de frente en una pose de amenaza para aquel imbécil, que entendió a la primera. Lo vi tragar duro, bajarse el ridículo sombrero que portaba hasta los ojos y salir de la tienda lo más rápido que le dieron sus cortas extremidades. Ella también se dio cuenta de lo sucedido.

—¿Celoso?

—No me gusta que ningún tipo se pase de listo con ninguna mujer —mi justificación era muy pobre, aunque pienso que fue efectiva.

Akane sonrió, bajó la cabeza antes de que el cansancio volviera a notarse en su rostro y continuó acomodando paquetes— Lo mejor es que te vayas, no he terminado aquí.

—Yo tampoco he terminado —la miré fijo, ella hizo lo mismo, sonrió ligeramente.

—¿Vienes por algo del trabajo? Porque si es así, lo haré el lunes, hoy estoy demasiado ocupada, ya se está haciendo tarde.

—Me doy cuenta de todo lo que haces, es domingo y sigues trabajando con todo tu empeño, solo hay que ver cómo has colocado uniformemente las etiquetas. En la agencia llevas al pie de la letra la secuencia de los proyectos, eres perfeccionista.

—Cualquiera puede hacerlo.

—Creo que la única que no se da cuenta de lo bien que haces todo, eres tú. Deberías sentirte orgullosa de ti misma.

De nuevo se sonrojó, no se lo creía, quizá faltaba que alguien le dijera lo que valía.

—Solo lo dices para burlarte.

—No, Akane. Es la verdad, a mí me gusta cómo eres.

Alzó la mirada— ¿Qué?

—Me gustas.

Bajó la cabeza y se mordió el labio inferior, se había puesto nerviosa y por supuesto, trató de eludir mi confesión— D-debo terminar de trabajar, no puedo atenderte.

Me apoyé en el mostrador para acercarme lo suficiente— Podrías si quisieras, atenderme aquí mismo.

El rubor atrapó sus mejillas, casi podía sentir cómo se elevaba la temperatura de su cuerpo, puesto que comenzó a respirar agitadamente mientras nos mirábamos de manera intensa.

—Voy a cerrar —puso de inmediato un código a la caja registradora, se quitó el mandil y lo lanzó hasta un colgante que estaba en la pared. Salió del mostrador y caminó hasta la entrada, yo fui tras ella. Apagó la luz y la ayudé a cerrar la cortina de acero. La ansiedad por ella me carcomía, no podía esperar para tenerla otra vez entre mis brazos.

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¡HOLA! Gracias por haber leído hasta aquí. Agradezco a mi beta reader Sailordancer7 a quién dedico este capítulo por haber concluido su importante trabajo de tesis y además darse el tiempo para revisarme los capítulos. ¡Felicidades de nuevo por este gran paso! Y también a mi querida Sakura Saotome, que yo creo es el primer capítulo de este fic que le ha gustado, porque ella es team RanmaxAkane al cien por ciento y espero que así siga. Ella hace que la historia se mantenga en control sin tintes tan oscuros. Gracias también mi niña, por tu apoyo. Les recuerdo que tanto Sakura como Sailordancer7 que tienen en este momento sus fics "Por un Sueño" y "Cherry Blossoms" respectivamente. Recuerden que lo que motiva a escribir a los escritores, gran parte son los reviews, así que escríbanles para que pronto puedan subir otro capítulo. Ambas historias están para comerse las uñas.

Ahora sí, vayamos al fic. El capítulo anterior recibí prácticamente la misma pregunta de todos los reviews: ¡¿porqué lo dejas ahí?! Pues precisamente para sembrar un poco de duda y que ustedes empiecen a armar lo que piensan que va a suceder. Y ahora en este capítulo ¿qué irá a pasar? ¿Akane se va con Ranma? ¿se arrepiente? ¿creen que le haya dolido la indiferencia de Ranma? Sí, ya sé que quedó un poco corto, pero fue también conciso este capítulo. Creo que era lo que muchos venían esperando.

Pauvishana, Alexandraaa417, Viviana Jurez, SARITAINMELOVE, Airyisabel, Benani0125, D-Infinity, Paola Andrea1, Akanita87, Bayby Face, ojuan, , Esmeralda Yasmin, Karol Butz Molina, Daniela Valezka Avila Gallardo, Karol Butz Molina, nancy reyes, Lu chan 87, Bealtr, MelAngi, Elisa LJ, LUMAMI, ilusión29, Sailordancer7, Guest, Silvia, Guest, Alicia, Strix0702, AkaneMx, Guest, Guest, Nicky, Liz, Guest, Guest, Liz, Niomei, Bianka Sherlin, Guest, Peque T, azzulaprincess. Mil gracias a todos por dejar su review, me motivan, a veces me hacen reír y hacen que me aplique cuando escribo. Gracias a los que comparten el fic; a quienes se leen más de una vez el capítulo, espero que sea porque les ha gustado y se entienda bien. A los que durante la semana en mi página de Facebook de Susy Chantilly entran para preguntarme cuando actualizo o para seguir comentando sobre el fic. Un millón de gracias, me encanta saber de ustedes, que les guste o no lo que escribo y que estén ahí dándose un poco de tiempo para leer.

A mis Locas por el Dios Griego que siempre están cuando las necesito, que siempre me apoyan compartiendo el fic desde su página del mismo nombre, lo mismo que las páginas que siempre lo hacen: Ranma Fanfics por siempre, Fanfics y Fanarts de Ranma Latino, Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, y Es Tu Mundo Fanfics, que recientemente me di cuenta de que también compartían mis historias. Síganlos en Facebook, hacen un trabajo muy bonito, manteniendo vivo el fandom de Ranma y muchos otros.

Recuerden que la historia se actualiza tentativamente cada dos semanas, los martes, si es posible. Mis betas y las Locas no me permitirían dejar tirado un fic, así que esto sigue.

Para los que gustan de la serie Violet Evergarden, estoy escribiendo un one shot, en cuanto lo suba les avisaré únicamente por la página de Susy Chantilly. Les adelanto que es un VioxDietfried por si gustan leer, estén muy pendientes.

Los leo muy pronto.

Susy Chantilly.