Los personajes de esta historia pertenecen a CAPCOM.

Disfruten de este Cleon, amigos lectores.

Capítulo 1: De cacería.

Leon Scott Kennedy era un muy atractivo agente de la D.S.O. Ninguna mujer que tuviera sangre en las venas se resistía a su encantadora mirada. Aunque para Leon las mujeres habían pasado a segundo plano desde su ascenso, la compañía de una bella dama siempre le venía bien hasta al hombre más ocupado del mundo. En esta ocasión, Leon empezaba sus ya merecidas vacaciones después de una misión en Rusia. Su jefa, Ingrid Hunnigan se había apiadado del alma cansada del agente y le había concedido un respetable periodo de vacaciones; claro, siempre y cuando el mundo no necesitara del servicio profesional de Leon.

Eran las 9:00 a.m. Washington había amanecido con un clima favorable para cualquier tipo de actividades, sin embargo, Leon había escogido pasar el día mirando películas a través de la plataforma de Netflix. Sentado en el sofá, relajándose como hacía muchos años no lo había hecho, el rubio recibe una llamada un tanto inesperada. Estaba casi seguro de que había surgido un problema en la oficina cuando de repente contesta el aparato.

—¡Leon!— saludó una voz al otro lado del teléfono— Me he enterado de que estás de vacaciones, los chicos y yo iremos en la noche a una de esas discotecas, ya sabes, se aparecen jovencitas guapas por ahí— Leon sonrió al darse cuenta que Carlos Oliveira, su viejo camarada, era el autor de la llamada.

—Qué considerados son ustedes al recordarme mi soledad— responde en modo de broma el rubio — ¿quién te ha dicho que estoy de vacaciones?

—Vamos hombre, los rumores corren rápido. Además, no creo que tengas mucho que hacer, después de todo, tu fugaz relación con la espía terminó hace mucho. Es hora de ir a cazar un par de chicas buenas y quién sabe, quizás una de ellas sea buena en la cama y te olvides por un rato de Ada, ¿qué dices?

Leon recordó el final de su "fugaz relación" con Ada Wong. Era una tarde de julio, el agente volvía del trabajo cuando se encontró a Ada mirando hacia la distancia desde el balcón de su departamento. El rubio se acercó a su mujer para saludarla, no había vuelto la noche anterior por un desastre de informes en la oficina y tuvo que quedarse a resolver el problema, pero la espía no pareció importarle mucho la presencia del agente.

—Bonita la vista a estas horas, ¿no?— dijo Leon para romper el hielo. Ada suspiró profundamente, con aire nostálgico y en el viento se percibía el olor a despedida.

—Tengo que irme— respondió la espía, en seco — Lo que sea que estemos haciendo, no está funcionando. No me lo tomes a mal Leon, pero siempre supimos que lo nuestro no iría más allá de sexo casual, no sé por qué me he quedado tanto tiempo. Sabes que eres guapísimo y bueno en la cama, sin embargo… no veo nada más allá de esto. Me conoces lo suficiente como para saber que digo la verdad, no puedo quedarme más. No quiero quedarme más.

Leon tragó saliva para simular digerir todo lo que había escuchado de la espía por la que tanto enloquecía. Él estaba esperanzado por esa nueva relación, creía que esta vez las cosas podrían salir mejor; pero en el fondo, Leon sabía que Ada tenía razón. Ada nunca se entregó en cuerpo y alma como él a ella, y si no hubiera sido por el sexo, se habría dado cuenta desde mucho tiempo antes que la "relación" estaba vacía y que no llegarían a ningún lado. El rubio la miró derrotado y con amargura en su pecho, dejó ir a la espía. Tras meses de haberse marchado Ada, Leon había superado ya su recuerdo y se sentía libre de cualquier sentimiento hacia ella. Carlos tenía razón. Tenía que recuperar su vida.

—Está bien— respondió Leon, a la vez que esbozaba media sonrisa—Nos vemos en la noche.

— ¡Increíble! Bueno pues, nos vemos entonces. Acabo de mandarte la ubicación del lugar. No me falles, Leon. Los chicos y yo te esperamos afuera. Ah, y se me olvidaba… vístete bien, que con esa cara de amargado no impactarás mucho— respondió Carlos, burlándose de la seriedad de Leon.

— ¡Vete a la mierda!— colgó.

Leon se levantó del sofá para limpiar su departamento que se lo pedía a gritos. Un hombre ocupado como el agente, no podía limpiar como deseaba su morada y el rubio se adentraba tanto en su trabajo que ni siquiera había contratado a una persona que le ayudara con el aseo de su hogar.

Al terminar la limpieza, Leon caminó hasta el armario de su habitación buscando algo "decente" que ponerse para la reunión con sus amigos, pero entonces se dio cuenta de la poca ropa que tenía y que los chistes de Sherry sobre que él parecía retrato eran ciertos. La cosa se había puesto difícil para el agente, puesto que hacía mucho tiempo que no había comprado ropa y había perdido el estilo juvenil que hace unos años le había costado varios revolcones con mujeres hermosas. No supo a quién recurrir, así que se aventuró al centro comercial a buscar algo para ponerse sin parecer un "chavo-ruco". Al final no le fue tan mal, el personal de Calvin Klein lo habían asesorado muy bien y estaba contento con sus compras.

Regresó a su departamento a bañarse y vestirse para ir con sus amigos ebrios. Al mirarse al espejo, el agente se dio cuenta de que no todo estaba perdido y que con un poco de suerte, esa noche se llevaría a alguien a la cama. Lo necesitaba. Él sabía dar justo en el clavo, aún tenía el toque para seducir a una mujer, y una gran ayuda era esa loción que Angela Miller le había regalado un par de años atrás.

Leon llegó hasta la discoteca, donde Carlos, Jake, el viejo Barry, Parker y Billi "el mandilón" Coen, esperaban por el último de la manada.

Todos entraron muy animados, la noche era larga y el ambiente pintaba que esa noche sería un éxito. Jake Muller fue quien llamó primero al mesero, quien trajo varias botellas de cerveza y Wiski para celebrar que Leon estaba de vuelta en la manada.

—Qué gusto me da que hayas podido venir, Leon. Hace mucho tiempo que no bebíamos juntos— dijo Barry mientras sostenía su cerveza

—El trabajo me ha mantenido ocupado, pero supongo que tendré mucho tiempo libre— respondió Leon

— ¡Y Scott entra en la cacería!— dijo Jake señalándole al agente a una rubia que lo miraba desde la barra— Anda, chaval. Invítale un trago, muéstranos que el antiguo tú aún tiene esa magia con las mujeres.

Leon fulminó a Jake con la mirada y se dirigió hacia la barra donde estaba la mujer de cabellos rubios. Ella inmediatamente notó la presencia del sensual agente y le dedicó una sonrisa.

Leon aún sabía cómo tratar a las mujeres y no le costó demasiado trabajo sacarle el número a la rubia, quien después de haberse bebido un par de tragos con el agente y haber bailado con alguien tan talentoso como él, le sugirió irse a un lugar "más tranquilo". Leon entendió lo que la mujer quiso decir y con un ademán se despidió de sus amigos para llevarse a la rubia a su departamento para estar más cómodos.

— ¡Cabrón!— gritó Carlos — ¡Ni treinta minutos!—

— ¿Cuál es el secreto?— preguntó Billy

— ¡No ser un mandilón!— contestó Leon de forma burlona, puesto que Billy se había casado con Becky tres años atrás y solamente obedecía las órdenes de su esposa.

Leon salió de la discoteca y llevó a aquella mujer a su departamento, donde después de unas copas más, se la llevó a la cama sin más preámbulos. El agente demostró su gran desempeño sexual, pues al terminar el acto después de varias repeticiones, la rubia, quien decía llamarse Jamie, había dicho que era el mejor polvo que había tenido en años. Esa noche, por primera vez en meses, el rubio había dormido con una mujer.

Mientras el agente dormía, una mujer se apoderaba de sus sueños. La mujer más hermosa del mundo, de cabellos de fuego, de ojos celestes y labios carmín. Claire Redfield había sido más que una amiga para Leon, pues siempre sintió más que una amistad por la pelirroja, pero sus sentimientos nunca habían estado tan claros como hasta esa noche, cuando Ada se había marchado junto con el mar de dudas y sentimientos erróneos de Leon para con ella. Ahora estaba claro que siempre amó a Claire Redfield como se ama a una mujer que merece tener al mundo entero a sus pies. La sombra de la espía había cegado y confundido a Leon por un largo tiempo, y ahora se preguntaba si sería una buena idea buscar a la menor de los Redfield después de años sin tener contacto.

¿Claire Redfield lo amaría todavía?

Más adelante subiré el resto de los capítulos. Mientras tanto, les deseo un gran día. Espero leerlos pronto.