Capítulo 1
EPOV
Salgo del baño mientras me pongo mi camiseta y camino hacia la cama. En ella se encuentra Jacob con un libro entre sus manos. Levanta la vista y hace a un lado la cobija para hacerme lugar, palmea un par de veces el mullido colchón.
—Anda, ven —me dice—. Por favor, no te enfades.
—Jacob, no. Ya hemos hablado de esto millones de veces —le digo mientras me acuesto—. No creo estar preparado.
—Nunca se está preparado para ser padre, Edward —ahí está, nuevamente se ha enojado—. Sólo sucede.
—Jake, no es la primera vez que te lo digo y no porque saques el tema a colación una y otra vez yo cambiaré de opinión o me sentiré más preparado.
Así han sido los últimos meses desde que se le cruzó por la cabeza el tener un hijo, al parecer tener treinta ya es demasiado tarde para procrear y si dejamos pasar un año más seremos padres longevos. No logramos llegar a un acuerdo, para mí es bastante pronto, para Jacob pareciera que sólo tenemos una sola oportunidad y era de vida o muerte que la aprovecháramos.
Observo cómo se levanta y avienta las cobijas de manera furiosa, después toma su almohada y comienza a caminar hacia la puerta. No lo detengo, en todos los años que llevo de conocerlo he aprendido a dejarlo solo cuando se enfurece. Uno de sus grandes defectos, se cierra como cámara hermética cuando se enfada. Antes de salir lanza un puñetazo a la pared que está al lado de la puerta, deja una pequeña hendidura. Suspiro resignado porque esta charla está lejos de terminar y estoy comenzando a agotarme.
Jacob y yo llevamos tres años siendo pareja, en el último año él se mudó a vivir conmigo a mi casa en Malibú a petición mía. Ese simple paso significó un gran avance para mí, hasta que conocí a Jake me la pasé dentro de relaciones esporádicas, encuentros de una sola noche. Chicas y chicos pasaron por esta habitación o por cualquier otra donde me encontrara. Después de que él llegara tomé la decisión de sentar cabeza porque realmente, durante un tiempo, Jacob me hizo pensar que era el indicado para hacerlo, para comenzar una relación será y duradera y es que resulta fácil, increíblemente fácil, convivir con él; pero los últimos meses han sido frustrantes y me ha hecho cuestionar tantas cosas en nuestra relación. Alice piensa que es mi miedo al compromiso lo que comienza a poner trabas, yo sinceramente no lo sé.
Giro por toda la cama y disfruto de por lo menos tener este tiempo a solas para pensar, aunque tengo básicamente todo el día de mañana para hacerlo. Mi trabajo como arquitecto me permite hacerlo desde casa y sólo asistir a las reuniones programadas con los clientes o ir a la supervisión de obra. Jacob como abogado sale cada día a trabajar y suele llegar un poco tarde, así que tampoco es que convivamos mucho, sobre todo porque busca convertirse en el nuevo socio del bufete. Emmett dice que es justo por eso que nuestra relación funciona.
Me quedo dormido y decido no darle más vueltas al asunto. Al día siguiente lo hablare con él, sin embargo eso no sucede, lo escucho salir desde temprano, sólo suspiro frustrado. Eso definitivamente no es bueno. Me levanto y voy a prepararme una buena taza de café; mientras espero a que esté listo reviso mis actividades para el día de hoy, sólo planos y más planos. Perfecto.
Mi teléfono suena y voy a la isla de la cocina. En ese momento el café se encuentra ya listo para beber.
—Cullen —respondo sin mirar quien me ha llamado.
—¡Hermano! —grita Emmett desde el otro lado—. Estuve pensando en lo que me dijiste sobre los arcos para la casa de los Thompson y creo que tengo la solución.
—Me parece bien —es todo cuanto digo.
—Oh, oh. No te escuchas bien ¿otra pelea con Jacob? —me pregunta.
—Ya sabes, sigue con lo mismo —doy un sorbo a mi café mientras abro la puerta francesa que da a la piscina.
Me siento en la pequeña sala de jardín que tenemos bajo la pérgola. La vista es increíble desde este lugar, tanto por el magnífico jardín como por la playa que se observa a lo lejos.
—Creí que lo dejaría por la paz después de llevar dos días sin sacar el tema —comenta.
—Bueno, pues reservó todas sus dosis para el día de ayer. Desventajas de haber sido domingo —me encojo de hombros—. Es que, en serio, pareciera que está obsesionado con el tema de ser padre —me río.
—Sí, creo que esto ya ha ido más allá, pero creo que debes de empezar a considerarlo —me dice.
—¿Estás hablando en serio? —pongo la taza en la mesa que tengo enfrente. Me encuentro estupefacto ante las palabras de mi amigo.
—Sólo digo que debes de empezar a realmente poner en perspectiva tanto pros como contras, porque hasta ahora lo único que has estado haciendo es rehuir y negarte.
En eso Emmett tenía completamente razón. Lo único que he estado haciendo es negarme sin exponer algún argumento más que el no sentirme preparado y para ser sinceros, tampoco le he dado mucha oportunidad a Jacob de exponerme sus puntos. Sé que dentro de sus preocupaciones se encuentra la edad y aunque para mí puede ser algo insignificante para él quizá es de suma importancia el ser padre a temprana edad.
—No quiero decir con ello que debas acceder a tener un hijo, sólo que lo hablen sin peleas y escuchando —me explica.
—Sí, quizá tengas razón. Es sólo que no me veo teniendo un hijo con Jacob —respondo.
—¡Uy!
—¿Qué? Ya te he dicho en otras ocasiones que no quiero tener hijos —frunzo el ceño ante su respuesta.
—Sí, pero acabas de decir que no quieres tener un hijo con Jacob, no que no quieras tener un hijo —caigo en la cuenta de lo que dice—. Edward, más allá de sus discusiones en los últimos meses sobre este tema ¿todo está bien con él?
—Sí, hasta antes de que Jacob empezara con toda este asunto de los hijos todo estaba bien. Incluso ahora, cuando no habla de eso disfrutamos los dos como siempre.
—Está bien. Entonces sólo deben hablarlo, recordar por qué están juntos —dice Emmett.
Emmett tiene razón, debía sentarme y charlar de manera calmada con Jacob. La primera vez que habló de esto conmigo no reaccioné muy bien, simplemente expresé que no quería hacerlo y me levanté de la mesa dejándolo ahí a mitad del restaurante. Regresé solo en esa ocasión a casa.
—Lo pensaré —es todo lo que respondo porque ahora debo de ponerme a pensar—. Perdón, te desvié del tema ¿para qué hablabas?
—Oh, sí, los arcos. Estuve pensando que quizá podríamos mover las columnas y ampliarlos —me dice—. Chécalo, pero me parece una opción viable.
—Sí, me suena una buena opción. Revisaré los cálculos y planos.
—Bien, entonces te veo mañana en la revisión de la obra.
Después de colgar y terminar mi taza de café me pongo manos a la obra y después de medio día me doy un rato para pensar en todo el asunto del bebé. Pienso mi relación con Jacob, en los grandiosos momentos que he pasado a su lado, en lo bien que me hace sentir conmigo mismo y cuando estoy con él. Traigo a mis pensamientos todas aquellas razones que me hicieron arriesgarme y tener una relación seria con él. Cuando lo conocí no creí que fuera más que una simple aventura de unas pocas semanas cuando mucho, pero conforme los días pasaron me di cuenta que las cosas marchaban diferente a otras aventuras, comencé a ver ciertos aspectos en mí y en él que me hicieron plantearme por primera vez la posibilidad de tener un futuro al lado de alguien. Quizá ya había comenzado a madurar o quizá fue una mezcla de factores, pero la decisión en su momento fue muy fácil de tomar, a diferencia de ahora.
Mamá llama después de la hora de la comida, está preocupada por sus tuberías y como papá lleva fuera desde hace unos días por un congreso en Seattle decide que soy la mejor opción a sus problemas. No me molesta, de hecho creo que puede ser una buena escucha en este momento y puede darme otro punto de vista. Así que tomo mis cosas y voy hacia la casa de mi madre.
—Cariño —mi madre sale y toma mi rostro entre sus manos para besarme ambas mejillas—. Gracias por acudir en auxilio de tu madre.
—Bueno, no es como que me dieras mucha opción —le sonrío y ella entrecierra sus ojos—. Claro está que he venido con mucho gusto —pongo una enorme sonrisa en mi rostro.
—Ajá —después entra a la casa y la sigo de cerca. Atravesamos la sala y un espacio de lectura para llegar a la cocina—. Esa fuga me está matando, el goteo me está costando pinchazos en mi cabeza —hace una mueca graciosa mientras todas la palabras salen de su boca como un torbellino—. En fin, ya estás aquí. Ponte a trabajar mientras te sirvo un trozo de tarta.
—A sus órdenes mi general —me pongo a trabajar tal cual mi madre me lo ha indicado. Me doy cuenta que es algo tan sencillo como cambiar los empaque y por suerte mamá siempre es precavida y tiene de reemplazo.
—Así que dime ¿cómo está Jacob? —me pregunta desde atrás. Bueno al parecer es cierto eso de que las mamás tienen un sexto sentido para presentir las cosas.
—Bueno, digamos que hemos tenido mejores momentos —explico sin girarme a verla, dejo a un lado las llaves y empaques—. Jacob sigue insistiendo en el tema de tener hijos.
—Y tú sigues con la misma perspectiva de no querer tenerlos —añade ella.
—No es que no quiera tenerlos, el problema es que Jacob quiere tenerlos ahora —me giro para encararla. Ella está recargada en la isla—. Alice dice que es mi temor al compromiso, Emmett cree que debería de estudiar los pros y contras en lugar de sólo negarme a tenerlos y que eso no significa que esté accediendo.
—¿Y qué dices tú?
—Yo digo que no tengo ni puta idea de qué quiero —respondo de manera sincera—. Perdón.
—Siempre te lo he dicho, Edward; una de las cosas más importantes para que una relación funcione es la comunicación, pero hay cosas que ni ésta puede solucionar, como por ejemplo, cuando las metas de ambos son incompatibles.
—O sea que mi relación ya se jodió —dejo caer mi cabeza.
—No, sólo que creo que primero deben hablar bien, de manera asertiva, escucharse, pero tanto él no puede obligarte a tener un hijo ahora como tú no puedes prohibirle el que los tenga.
—Es sólo que no me siento capaz o preparado para criar a otro ser, ¡ni siquiera tengo un perro, por Dios! —gruño. Escucho una pequeña risita de mi madre.
—Cariño, nunca se está lo suficientemente preparado para ser madre o padre, puedes o no desearlo y planearlo, en todo caso nada te garantiza estarlo.
Tuerzo mi boca en un gesto.
—Jake dijo algo así.
—Con esto no quiero decir que debes acceder, sólo quiero que tengas los argumentos válidos para saber que no quieres tener hijos —se acerca a mí y besa mi mejilla—. Subiré a guardar la ropa de tu padre.
—Gracias, mamá —la abrazo antes de que se dé la vuelta.
—Oh, cariño, cuando quieras.
Termino de cambiar los paquetes y regreso a casa. Ya es tarde y Jacob no ha regresado a casa, típico de él cuando se encuentra enojado, como dije, una cámara hermética. Le llamo, pero no obtengo respuesta. Justo ahora me siento frustrado pues al parecer nunca me sentiré lo suficientemente listo para poder procrear y esa no era una razón suficientemente válida.
Pasan de las ocho de la noche y no hay señales de Jacob, hasta después de cuarenta minutos recibo un mensaje de él diciendo que se quedará con uno de sus amigos ya que tiene mucho trabajo con un caso. Así que esas eran las consecuencias de las que todo mundo hablaba. Pienso en aprovechar el espacio y tiempo sin Jacob para pensar como me han dicho Emmet y mi madre.
¿Estaba preparado para tener un hijo? Quizá sí, el asunto es que nunca había pensado en ello. Económicamente ganaba bastante bien y Jacob también lo hacía, así que por ese lado el niño quedaría más que cubierto, pero dudaba de que tuviera habilidades paternales. Quizá todo este asunto me ha tomado por sorpresa y no he sabido cómo ¿Me gustaban los niños? Sí, o por lo menos se me daba con facilidad el tratar con ellos, podía jugar con los hijos de algunos excompañeros o amigos, pero supongo que no es lo mismo a tener hijos propios ¿Quería tener hijos? Bueno, realmente nunca me había planteado esa idea hasta que Jacob llegó un día del trabajo pidiendo que tuviéramos un hijo. Podía imaginarme cargando, alimentando y cambiando pañales a un bebé, pienso que sería lindo el tener un pequeño corriendo por la casa, aunque lo que me atemorizaba es que fuera tan pronto ¿Qué haría con un bebé? Evidentemente lo amaría y cuidaría, tampoco es que fuera un cabrón desconsiderado e incapaz ¿Qué sucedería en mi relación con Jake si continuaba negándome? Temía que la respuesta a esa pregunta fuera que no existiría más nuestra relación y él terminara mudándose ¿Cómo me sentiría con ello? Dolería mucho, se ha convertido en parte importante de mi vida, es alguien especial para mí. Mi primer intento de una relación terminaría fracasando ¿Alice tendría razón y tengo un problema con comprometerme?
—Joder, esto es una mierda.
Camino hacia mi habitación y decido tomar una ducha rápida para quitarme la tensión. No respondo el mensaje de Jake. Sé que sólo es una pataleta más… o quizás no.
Esa noche mis sueños se plagan de llantos de bebés, conmigo cargando pequeños bultos arrugaditos y rosados; alimentándolos y jugando con ellos. En todas aquellas imágenes me vi tranquilo y feliz ¿Acaso esa era una señal de que podía hacerlo? Al despertar de pronto no me pareció tan descabellada la idea de tener un hijo. Tengo treinta, tengo la madurez y solvencia económica necesaria, incluso si Jacob no estuviera podría mantenerlo, pero ese es el punto, él estaría conmigo para hacerlo, lo haríamos juntos. Claro que podría funcionar, él es quien está más preparado para ello y no me dejaría solo, estaría ayudándome. Podríamos no hacerlo de manera instantánea e irlo planeando poco a poco. Podríamos irlo organizando, quizá si él cediera en ese sentido del tiempo y que no tiene que ser justo ahora sería más fácil.
Después del desayuno decido marcarle, pero nuevamente no obtengo respuesta. Así que mejor le envío un mensaje.
Jake, necesito hablar contigo. Creo que podemos solucionar esto. Te quiero. E.
Espero que no lo ignore. De todas formas prepararé algo para él, para cuando llegue a casa. Quiero que entienda que podemos ir planeando y organizando todo para hacerlo en un tiempo, mismo que esperaba que me sirviera para terminar de hacerme a la idea.
Hago mis visitas, continúo con mis planes, pero no recibo respuesta. Me pregunto si esto significa que nuestra relación se ha ido al caño. Espero con paciencia a que llegue. Lo hace pasadas las siete. Me encuentro sentado en la isla, él me mira, veo resignación en su mirada y eso me asusta un poco. Quizá Alice tenía razón y él no iba a soportar tanto tiempo mi mierda.
—Recibí tu mensaje —se recarga en la pared— ¿Qué es lo que tienes que decirme? —su voz es gruesa, más de lo normal, como siempre que pone su barrera entre él y los demás.
—Ayer no llegaste a dormir.
—Te mande mensaje avisándote ¿se trata de eso?
—No, lo que quiero decirte es que ya lo he pensado bien —miro sus reacciones, esperando que eso me guíen sobre cómo ir actuando—. Todo este asunto de los hijos, no te mentiré sigo creyendo que no estoy preparado, pero al parecer nunca se siente uno lo suficientemente preparado para tenerlos.
—¿Qué quieres decir? —frunce su ceño.
—Vamos a intentarlo, todavía tengo temores, pero sé que estarás ahí para ayudarme —salto de la isla y me acerco a él—. Quiero que lleguemos a un punto medio, lo único que pido es que no sea justo ahora, pero tampoco te pido años para empezar. Empecemos por organizar todo y revisar procedimientos y opciones.
Una enorme sonrisa se dibuja en su rostro, se forman pequeñas arrugas en sus ojos, pero pronto regresa a su postura seria.
—¿Estás seguro? No quiero ilusionarme y que después decidas que no estás preparado para ello —sus ojos titilan. Hay esperanza en ellos a pesar de sus intentos de contenerse.
—Lo estoy, sólo pido paciencia para hacerme a la idea y porque probablemente lo joderé a cada rato.
—Cariño —camina hacia mí y me abraza. Después besa mi cuello, siguiendo un recorrido de besos húmedos hasta mis labios—. Eres el mejor.
—Creo que ya me lo has dicho antes —sonrío.
—Tendremos un bebé, no ahora, pero lo tendremos —dice maravillado. Lo que veo en su rostro me tranquiliza, el observar la felicidad y esperanza me hacen darme cuenta que he tomado la mejor decisión. O por lo menos eso esperaba
—O—
Un año después.
Decir que el último año ha sido fácil es quedarse bastante lejos de la realidad. Creí que una vez que accedí a tener un hijo con Jacob las cosas marcharían mejor, pero no lo fue por mucho tiempo y no es que las cosas se complicaran entre nosotros, sino que entendí por qué Jacob quería que lo decidiéramos pronto. Llevaba más tiempo del que pensé. Empezamos con arduas investigaciones y consultas con especialistas, se presentaron ante nosotros distintas posibilidades, lo que desencadenó en más peleas tratando de encontrar un punto medio entre lo que queríamos y podíamos hacer. La adopción, fecundación in vitro, la búsqueda de un vientre, si también buscaríamos donantes de óvulos, esas sólo fueron algunas de las decisiones que tuvimos que tomar.
La idea de Jacob era que el bebé tuviera los genes de ambos y no puedo decir que la idea me desagradara, también espero que el bebé tenga algo de mí, así que la única opción viable que teníamos para cumplir con ello era pedirle a mi hermana, Alice, que nos diera sus óvulos para implantarlos en el vientre de otra mujer, mientras tanto Jacob sería quien diera el esperma. Creí que mi hermana se negaría a hacerlo, pues al final el bebé también sería hijo o hija suya y por lo tanto tendría sus implicaciones emocionales, pero en cuanto se lo planteamos ella accedió, argumentó que un sobrino también llevaría parte de sus genes.
—Estoy nervioso —comenta Jacob mientras avanzamos por los pasillos de la clínica donde realizaríamos todo el procedimiento.
Acudimos por los resultados de las pruebas de Alice para saber si sus óvulos están en óptimas condiciones. Ella todavía no llega a plantearse si quiere tener hijos, no es un tema de discusión con Jasper, su novio, ellos simplemente se dejan llevar. Es joven, se supone que no habrá ningún problema, pero de acuerdo con la doctora que lleva el caso, es importante conocer todo tipo de datos para asegurar que el procedimiento resulte eficiente.
—Todo estará bien —trato de tranquilizarlo, aunque por dentro también muero de nervios.
Tomo su mano para darle ánimos y para decirle que vaya más lento, por muy buena condición física que tenga el subir escaleras de ocho pisos corriendo me ha dejado muerto y todo porque su impaciencia le impidió esperar el elevador. No puedo culparlo, en los últimos meses la idea de tener un hijo me ha llenado de mucha ilusión. Al principio sólo me encargaba de leer los folletos que Jacob llevaba a casa, daba mis opiniones, mi sentir al respecto no había cambiado mucho, seguía en la misma posición, pero el deseo fue despertando poco a poco conforme avanzaban las cosas, incluso nos integramos a un grupo de padres homoparentales y comencé a soñar e imaginarme con un pequeño en la familia.
—Lo sé, lo sé, es la impaciencia de escuchar que podemos proceder ¿Estás seguro que Alice ya habló con la chica? ¿Cuándo podremos hablar directamente con ella? Debemos asegurarnos de que firme y entienda el papel…
—Jake —tiro de su mano para detenerlo y tomo su rostro —, tranquilo, Alice conoce a la chica, tendremos una reunión con ella la siguiente semana, pero primero debemos de concentrarnos en esto ¿de acuerdo? Paso a paso ¿recuerdas?
Él sólo asiente, respira profundo y suelta el aire de manera lenta, beso sus labios con dulzura y después continuamos hasta el consultorio de la doctora Yang, quien se encargaría de realizar todo el procedimiento. Pronto nos deja entrar, pero no logro descifrar nada en su rostro, no sé si las cosas han salido bien.
—Bien chicos, hoy por la mañana recibí los resultados de Alice —abre un sobre del cual saca varios folios—. Los análisis son correctos, no hay nada en el estado de salud de tu hermana que pueda ser riesgoso para ella o para el bebé —nos sonríe—. En cuanto a la punción folicular todo salió como esperábamos, así que en cuanto a Alice tenemos luz verde para continuar.
—Perfecto, ahora debemos de hablar con la chica que aceptó alquilar su vientre y realizarle los estudios necesarios —dice Jake con entusiasmo.
La doctora entrelaza los dedos de sus manos y su rostro se cubre de seriedad. Jacob sigue sonriente, parece que no ha notado el cambio en su rostro.
—Antes de pasar a hablar sobre la chica que les rentará su vientre tenemos que hablar de los resultados de sus pruebas —toma otros dos sobres y los abre—. Sus estudios de sangre son favorables, ninguno presenta problema alguno que pueda ser un inconveniente, sin embargo, en los resultados del seminograma uno de los dos presentó una baja cantidad y motilidad de espermatozoides.
—¿Cómo? —pregunta Jacob alterado— ¿Quién de los dos? —su postura es tensa, al igual que su rostro. Está totalmente en blanco.
—Jacob, lo siento, pero me temo que tú no podrás ser el padre biológico del bebé —dice la doctora con seriedad y preocupación.
—¿Eso qué quiere decir? —pregunta Jake de manera tajante.
—Jacob, tus pruebas indican que eres estéril —la voz de la doctora trata de ser tranquilizadora, de llevarlo a la calma ¡Como si alguien pudiera mantener la calma después de recibir ese tipo de noticias!
—¿Jacob? —me levanto de mi asiento y me acuclillo a su lado para tomar su mano.
—¿Eso quiere decir que nunca podré engendrar? —su voz es contenida, pero no es lo único que contiene, su mandíbula está apretada.
—Jacob, amor —aprieto su mano, pero él se suelta de un jalón y se levanta; sale del consultorio con un portazo. Quiero ir detrás de él, pero conociéndolo lo mejor es darle su tiempo, caso contrario ni siquiera me daría la oportunidad de apoyarlo y consolarlo.
Miro la puerta por donde ha salido, esperando a que entre, pero sé que no sucederá. Creo que la mejor manera de apoyarlo en este momento es atendiendo el proyecto que hemos iniciado juntos, sobre todo para él, quien es quien más desea poderlo llevar a su culminación. No quiero concentrarme en cómo me siento ahora, sólo quiero saber si podemos seguir adelante, si hay alguna solución.
—¿Estos resultados que significan para nuestros planes de tener un hijo? —digo girando para ver a la doctora y después me dejo caer en la silla frente a su escritorio.
—Lo más obvio es que Jacob no podrá ser quien dé su semen para fecundar los óvulo de Alice, pero a partir de esto se presentan dos posibles escenarios —me mira fijamente.
—¿Cuáles?
—Uno, conseguir un donante de espermatozoides para fecundar los óvulos de Alice, o bien, que decidas ser tú el padre biológico y buscar a otra persona para que done sus óvulos.
Cierro con fuerza mis ojos. Nuestro plan de que el bebé tenga los genes de ambos no se llevará a cabo.
—Sí, entiendo — es todo lo que puedo decir y presiono el puente de mi nariz.
—Pienso en que quizá puedan hablar con la persona que les alquilará el vientre para que también sea la donante de óvulos, eso también facilitaría el procedimiento —comenta.
—No sé, ni siquiera nos hemos reunido con ella, poco es lo que sabemos, esperaríamos hasta tener los resultados, pero jamás pensamos que sucedería esto —paso mi mano por mi cara varias veces, como si quisiera quitarme algo de la cara— ¡Dios!
—Creo que es el momento de que lo hagan y se den cuenta si pueden confiar en ella para esta labor, claro, si deciden continuar con esto —escucho que toma aire— ¿Qué piensas?
No hay mucho que pensar, es cierto que quien más entusiasmado está con la idea de ser padres es Jacob, pero también tengo la ilusión; todo este proceso que hemos iniciado, las decisiones, los planes, me han llevado a despertar el deseo de ser padre. Quiero tener un hijo.
—Seré yo quien dé el esperma. Hablaremos con la chica que nos rentará el vientre.
Bueno chicas, les traigo el primer capítulo de esta nueva historia. Espero les guste y no las decepcione; es una historia un poco diferente a las otras, pero igualmente tendrá un final feliz, lo prometo. Aclaro de una vez que no habrá tríos entre Edward, Jacob y Bella; ella será la tercera en discordia, pero cuando el amor se da, se da. Procuraré actualizar dos veces al mes, pero no prometo mucho ;/.
Dejen su amor para esta nueva historia en sus comentarios.
Pd. Para quienes leen La Fortezza, el capítulo ya está en proceso. No pueden perdérselo porque los secretos seguirán revelándose.
