No me desperté del todo hasta media mañana. El cielo estaba de un azul claro al otro lado del vidrio tintado, diminutos cúmulos de nubes manchaban su perfecta superficie. Sintiéndome algo atontada, me lavé los dientes con el cepillo y dentífrico que proveía el hotel y me vestí. Parecía extraño estar vistiendo shorts en medio del invierno pero el ambiente climatizado del hotel estaba diseñado para que fuera siempre verano en su interior. Mi estómago gruñó. Investigué los contenidos del frigobar y me serví un bocadillo de chocolate con una Coca Cola, luego me senté a esperar. Estaba en el medio de una crisis pero las cosas estaban extrañamente calmas. Como en el ojo de la tormenta.
No me atreví a intentar contactar a Ichigo nuevamente. Probablemente Aaroniero estuviese despierto y atento y no sabía lo suficiente acerca de romper escudos como para intentarlo. Sólo esperaba que Ichigo haya recibido mi mensaje de no venirse corriendo. Necesitábamos un plan para que me sacaran, no un segundo rehén.
Hubo un llamado a la puerta. No la clase de comportamiento que esperaría de mis secuestradores. Se abrió para revelar a Yammi trayendo una bandeja.
-Levántate y brilla, pastelito. ¿Dormiste bien?
-No realmente.
Ignorando esto, Yammi tiró la bandeja sobre la mesa junto a la ventana.
-El desayuno. Come rápido. El jefe quiere verte.
No estaba segura de que pudiera entrarme algo. Habiendo decidido no enfurecerlo al rehusarme a cooperar por tan pequeña cosa, elevé la cubierta. Nop, mi estómago no pasaría esos huevos. En su lugar, bebí el jugo de naranja y le di unos mordiscos a la tostada. Yammi no se fue. Se quedó de pie frente a la ventana, fingiendo ver las aves que volaban sobre los edificios, dándome una buena visual de su coleta, la cual tenía sujeta con una gomita de cuero. Parecía de buen humor, para nada crispado para alguien que era parte de un secuestro. Caí entonces en la cuenta de que, quien fuera que estuviera detrás de todo esto, debía controlar todo este hotel o de lo contrario Yammi estaría menos relajado de tenerme retenida aquí.
-Ya tuve suficiente, gracias- Me paré. El hecho de que fuera a conocer al jefe cara a cara, no auguraba nada bueno para lo que tuvieran planeado para mí. Intenté pensar en un escenario en donde ellos no me mataran para proteger sus identidades al finalizar todo esto y no pude imaginar ninguno.
-Bien, vamos- Me tomó firmemente de la parte superior de mi brazo y marchamos hacia el pasillo. Giramos a la izquierda, pasamos junto al elevador hasta una sala de espera. A través de las ventanas escarchadas, pude ver a personas sentadas alrededor de una mesa de juntas. Yammi tocó una vez, esperó a la luz verde, y luego entró conmigo a rastras.
El miedo hizo a las imágenes más nítidas. Traté de absorver cuanta información pude, sólo en caso de que por milagro quedara libre. Tres personas estaban sentadas en la mesa. Mis ojos se desviaron hacia el más viejo: un hombre con el cabello teñido verde oscuro y precario bronceado, maltratando a su BlackBerry. Su traje gritaba de diseñador, aunque sus elecciones de corbata no lo hacían: la de hoy era una de tonalidad mandarina que contrastaba con su piel. Tenía el asiento en la cabecera. Al otro lado se sentaban un hombre más joven y una mujer. El parecido familiar era bastante grande como para que me arriesgara a pensar que estos dos eran los hijos o parientes cercanos.
-Aquí está ella, Sr. Kageroza. Esperaré afuera- Yammi me dio un pequeño empujón hacia la mesa y salió. El sr. Kageroza se me quedó mirando sentado por un rato, sin hablar, sus dedos tocándose en forma de arco. Los otros claramente estaban esperando a que él diera el primer paso, lo que me dejó a mí varada. Sólo sabía que los Kurosaki habían ayudado a condenar a dos de la familia Kageroza. Por la forma en que estaba sentado tranquila y confiadamente, en la cabecera de la mesa de conferencias, supuse que estaba en presencia del famoso Yushima Kagerosa en persona. Líder del imperio de negocios de los Kageroza, el hombre cuyo rostro aparecía con más frecuencia en las páginas de negocios que los de Donald Trump y Richard Branson combinados.
-Ven aquí- Kageroza me pidió que me acercara.
De mala gana, caminé rodeando la mesa.
-¿Aaroniero mencionó que tú eras una Savant?
-No lo sé- Me metí las manos en los bolsillos para disimular el hecho de que estaban temblando.
-Lo eres. Puedo notarlo. En serio es una lástima que hayas quedado atrapada en medio de esto- Me dio una sonrisa en lo absoluto arrepentida, mostrando dientes improbablemente parejos.
El hombre a su derecha se movió.
-Papá, ¿estás seguros que los Kurosaki se van a intercambiar a sí mismos por ella?
-Sí, lo intentarán. No serán capaces de contenerse de intentar proteger a una inocente como ella.
El más joven de los Kageroza sirvió una tasa de café.
-¿Y la policía? Ya debe estar involucrada a estas alturas.
-Nunca serán capaces de rastrear esto hasta nosotros. Y ella les dirá exactamente lo que yo le diga que tiene que decir- El sr. Kageroza se reclinó sobre su asiento- Fascinante. Hay tantos espacios oscuros en su mente.
Retrocedí un paso alarmada. Él estaba de alguna forma leyendo mi cabeza. Ichigo siempre había dicho que yo dejaba ver demasiado a otros Savant. Construí muros tan rápido como pude.
Tamborilleó perezosamente con los dedos sobre la mesa.
-Turquesa. Un color tan femenino, ¿no lo crees?
-Aunque no muy potente- comentó la mujer más joven; tenía el aspecto elegante de un felino salvaje, prolijo pero mortífero- Podrían derribarlos para ti, papá.
-Oh no, no la quiero quebrada, no aún.
El fondo de mi mundo cayó. Los Kurosaki habían creído que había sólo un Savant involucrado; lo que habían fallado en anticipar era que los Kageroza tenían poderes como ellos. Todo esto se había tornado de repente mucho más complicado.
-Te estás preguntando qué es lo que vamos a hacer contigo, ¿no es cierto, Rukia?- Kageroza me extendió una mano, su rostro marcado con insatisfacción. Lucía como si estuviera sufriendo una profunda decepción y quisiera que los otros la sufran con él.
Prefería tocar una serpiente así que mantuve mis manos en los bolsillos.
-No vamos a matarte, si eso es lo que estás pensando. Tú no eres nuestro enemigo- Dejó caer su mano- Soy un hombre de negocios, no un asesino.
-¿Entonces qué es lo que van a hacer conmigo?
Se puso de pie, acomodando su saco. Acercándoseme, me rodeó, evaluándome como un crítico de arte a una muestra de una nueva obra. Su presencia calaba mis nervios como un fragmento de música discordante.
-Tú te vas a convertir en una muy buena amiga, Rukia. Le vas a decir a la policía que ni mi familia ni yo tuvimos nada que ver con tu secuestro, que fueron dos de los chicos Kurosaki los que te llevaron de tu casa para sus propios, repugnantes y malévolos fines- Sonrió con un malévolo deleite- Sabes cómo los Savant pueden fácilmente tornarse malos; demasiado poder, muy poco que los mantenga cuerdos. El hecho de que ellos murieran tratando de impedir que escaparas no es ninguna tragedia sino que le ahorra al contribuyente americano el dinero de tenerlos encerrados por el resto de sus vidas en la cárcel.
-Me gusta eso- comentó el hombre más joven- Creo que deshonrarlos es mejor que simplemente matarlos.
-Pensé que te gustaría, Inaba. Te dije que podías confiar en mí para planear una venganza acorde por tus tíos.
Me les quedé mirando con la boca abierta.
-¡Están locos! ¡No hay nada que puedan hacer o decir que me haga contarle a la policía semejante mentira, incluso si me amenazan! ¡Y no los dejaré que maten a Ichigo o…o a sus hermanos! ¡No lo haré!
Kageroza encontró mi furia entretenida.
-Tan encantadora pequeña extranjera, ¿no lo creen? Toda chillando y escupiendo como un gatito enfurecido y casi tan amenazante como uno- Se rió- Por supuesto que dirás lo que te diga que digas, Rukia. Verás, es mi don. Tú recordarás lo que yo quiera que recuerdes. La gente lo hace, ¿sabes?, como los guardias de prisión que muy pronto dejarán salir a mis hermanos de la cárcel, pensando que recibieron una orden del gobernador de liberarlos. No vale la pena resistirse. Torcer a las personas a mi voluntad es en lo que soy bueno. Construí mi fortuna en base a ello y no será diferente contigo.
Oh, Dios mío, él era como Byakuya. Pero ¿podría en verdad obligarme a decir y hacer algo tan distante de mí? Podía imaginar cómo podía ser posible hacer que un par de guardias malinterpreten su deber, pero no el fabricar toda una complicada mentira que iba en contra de toda evidencia, de seguro yo no estaría en acuerdo con eso, ¿no? ¿Podía llegar a olvidar tanto lo que soy como para traicionar a Ichigo? ¿Traicionar a mi Soulfinder?
Metí ese pensamiento bien profundo bajo todos mis muros. Kageroza no debía enterarse lo que Ichigo era para mí; explotaría esa ventaja sin piedad, sabiendo lo que los Savant son capaces de hacer por su otra mitad.
Absolutamente brillante, Rukia. Me pateé a mí misma. Vaya hora de aceptar que Ichigo es tu Soulfinder.
Había estado atemorizada antes; ahora estaba aterrada.
-Veo que estás comenzando a creer que puedo hacerlo- Kageroza metió su BlackBerry en el bolsillo de su saco- No te preocupes: no sufrirás. Pensarás que estás diciendo la verdad. Tendré que mantenerte cerca, por supuesto, para asegurarme de que te mantengas cantando en el mismo tono por un año o dos, hasta que todos lo olviden, pero podremos ver a los que no pudieron, verdad
Nozomi?
La mujer más joven asintió.
-Sí, papi. Creo que podemos hacerle un lugar con los del personal de limpieza en uno de los hoteles cuando abandone la escuela para venirse a vivir a Las Vegas. Trágicamente, sus recuerdos de Wrickenridge serán muy dolorosos para ella como para regresar.
-Pero mis padres…- Esto era peor que una pesadilla.
Kageroza me dio un suspiro para nada sincero.
-Pensarán que han fallado en protegerte y los persuadiré de que quieran darte el espacio que nuestros doctores digan que tú necesitas luego de tu trauma. Sabemos todo acerca de ellos y de tu adopción, de cuán frágil es tu condición mental. Estoy seguro que estarán demasiado ocupados con sus carreras como para ocuparse demasiado siempre y cuando tú les digas que estás feliz, y tú se los dirás.
¿Cómo es que sabían tanto?
-Me estás quitando mi vida.
-Mejor eso que matarte, y ésa es la única opción alternativa.
Inaba vino a reunirse junto a su padre. Fácil, era una cabeza más alto, pero usa ropas exageradamente grandes, que lo hacían lucir mas gordo. Tenía el cabello mitad verde, mitad blanco; parecía una mala broma de iniciación de facultad. Tampoco parecía ser mucho mayor que yo.
-¿Dijiste que ella tenía oscuridad dentro suyo?
Kageroza frunció el ceño.
-¿No puedes tú sentirla?
Inaba se apoderó de mi mano y la llevó hasta su nariz, oliendo la palma, con los ojos cerrados, como olfateando en busca de un suave perfume. Intenté librarme pero sujetaba con fuerza.
-Sí puedo sentirla ahora. Maravillosas cicatrices de dolor y abandono.
Mientras me tocaba pude sentir mi pánico elevarse, la calma que había luchado por mantener estaba siendo despedazada como el envoltorio en un regalo.
-¿Por qué no me la entregas? Disfrutaría drenándola de sus emociones, puedo sentir que proveerá de horas de entretenimiento.
Yushima Kageroza sonrió con indulgencia a su hijo.
-¿Es tan fuerte su energía emocional?
Asintió.
-No he sentido nada parecido.
-Entonces podrás tenerla luego de que haya servido a su propósito con los Kurosaki. Sólo mantenla mínimamente bien como para convencer a su familia de que está aquí por su propia voluntad.
-Me encargaré de ello- Inaba Kageroza besó la palma de mi mano y la soltó. Me la limpié sobre los shorts con un escalofrío- Mmm- Se relamió- Tú y yo nos vamos a llegar a conocernos muy bien, mi dulzura.
-¿Qué eres?- Me abracé a mí misma y me fui hasta la ventana. Quería gritarle en la cara pero sólo les mostraría cuán asustada estaba.
Nozomi Kageroza puso sus ojos en blanco, impaciente.
-Mi hermano es un minador de emociones; consigue su dosis de placer de extraerle cosas del cerebro de la gente. Me hubiera venido bien una nueva mucama, papi: no es justo. Ni siquiera es buen negocio. Ella no servirá de nada si Sean le pone las manos encima, y tú lo sabes. La última sólo duró un mes antes de que nos tuviéramos que deshacer de ella- Su voz se elevó en protesta.
-Te lo compensaré, cariño- Yushima Kageroza puso el sello de autoridad sobre la situación con un movimiento de su mano- Ahora basta de esto: debo trabajar en nuestra invitada. La búsqueda policial por ella está bien encaminada y nuestra fuente ha reportado que los Kurosaki se han movido de su base. Es hora de que se le apunte a las autoridades en su dirección. Ven, Rukia, tengo algo que quiero que recuerdes- Yushima Kageroza miró alrededor en busca mío pero yo ya estaba huyendo. De ninguna manera iba a sucumbir mansamente a su manipulación mental.
-¡Inaba!- protestó.
Era más veloz que el cabeza de rosquilla. Salí como refusilo por las puertas y disparé corriendo hacia los elevadores, esperando encontrar uno en espera o al menos las escaleras. Pero olvidé quien estaba afuera. Llegué hasta el pasillo antes de que Yammi me bajara con un takle. Me tumbó, forzando a salir todo el aire de mis pulmones. Mi cabeza golpeó en las baldosas pero seguí pateando y mordiendo mientras me alzaba. Me sostuvo a un brazo de distancia y me zamarreó.
-Detente, pastelito. Si haces lo que el jefe dice, no saldrás lastimada.
Goteaba sangre de un corte que tenía a un lado de mi cabeza. Mi visión se estaba tornando gris en los bordes.
-Tráela de regreso aquí- ordenó Kageroza.
Yammi me arrastró hasta la sala de conferencias.
-No se enoje mucho con ella, Sr Kageroza- le rogó- La niña sólo está asustada.
-Por el contrario, no estoy enojado; ella está jugando a nuestro favor- Kageroza miró a su lujoso reloj Cartier- Cuando la entreguemos a las autoridades cubierta en sangre, van a creerle más fácilmente. Ahora siéntala. Comenzaré con ella ahora- Era tan frío, actuando como si yo fuera simplemente otro aburrido item en su agenda de reuniones del que quisiera deshacerse rápido.
Traté de librarme a los arañazos.
-No, ¡déjenme en paz!
Yammi me tiró en una silla y me ató a la misma con unos presintos plásticos. Si quiera podía limpiar la sangre de mi mejilla y tuve que dejarla correr espesamente y caer sobre mi pecho. Estaba temblando.
-Está en shock- dijo Nozomi con disgusto- No conseguirás penetrar mucho en su cerebro cuando está así en blanco.
Inaba se deslizó detrás de mí y puso sus manos sobre mis hombros, inhalando profundamente.
-Ella no está en blanco. Encantador; temor, furia, y espantosa anticipación, una combinación maravillosa.
Nozomi lo desestimó con la mano.
-No. Estás magnificando sus emociones. No queremos que se nos ponga catatónica.
-Oh no, hay mucho poder de lucha en ella como para que tome esa ruta tan pronto.
Yammi se movió incómodo.
-¿Le va a hacer esa cosa de la mente a ella, sr. Kageroza?
El empresario alzó la vista.
-Sí. ¿Por?
-Sólo que no me parece correcto- masculló Yammi.
Nozomi lo apartó de un empujón.
-¡Oh, eres patético! Sabemos que odias nuestros poderes pero recuerda quién paga tu salario, Yammi.
-Debería dejarme simplemente dispararle a un par de esos Kurosaki- se quejó Yammi.
-Pero fallaste- dijo Nozomi con aspereza- Oh, he tenido suficiente de todo esto. Papi, ¿podemos continuar? Tengo el inventario de ropa que supervisar.
Yushima Kageroza tomó mi cabeza y la sujetó con firmeza. Podía sentir su presencia empujándome, intentando tomar control. Fusiones y adquisiciones. Elevé mis muros, imaginando que apilaba el tocador, la cama y todo lo que tuviera a mano para retenerlo y que no pasara mi escudo. No pude evitar captar destellos de lo que él estaba intentando implantar en mi cerebro. Él me estaba enviando imágenes de Ichigo y Grimm atrayéndome hacia la calle y encerrándome en el maletero de un auto viejo y maltratado. Me mantenían allí mientras pretendían unirse a mi búsqueda, luego huyendo conmigo bajo las narices de la policía local. Me mantenían cautiva en un almacén abandonado, riéndose de mí por creer que Ichigo me amaba, atormentándome…
¡No! Le cerré de un portazo a sus sugerencias. Los Kurosaki no hacían eso, nunca le harían eso a nadie. Recuerda la verdad. Yammi y Aaroniero. El avión. El hotel. Piensa en dónde estás.
Los Kurosaki te odian. Ichigo es demasiado para ti; demasiado genial, demasiado apuesto, por supuesto que debía ser una trampa. Tú lo sospechaste. Él te ha estado usando. Él y Grimm le hacen esto a las chicas todo el tiempo. Había que detenerlos, oficial. Tuve que dispararles. Fue su arma la que usé.
No, no, no. Podía sentir a mi cerebro cediendo ante su asalto. Nunca le he disparado a nadie.
La imagen del arma en mi propia mano era tan intensa, hasta con las uñas mordidas.
Esa no soy yo. Ichigo y Grimm aún están con vida. No les he disparado. Mis ojos se abrieron de golpe.
-¿Tú vas a dispararle a Ichigo y a su hermano?
Yushima Kageroza no pudo esconder la ráfaga de asombro de que me le hubiera escapado de su control. Su anillo de sello se hundió en mi mejilla, haciendo aguar mis ojos.
-Puede que tú no aprietes el gatillo, pero pensarás que sí lo hiciste.
Las imágenes inundaron nuevamente mi cabeza, rojos intensos, negros entintados, los colores primarios dando vueltas. El peso de un arma de fuego en mi palma. Ichigo muerto a mano mía. Grimm también. Yo era una asesina, aunque había sido en defensa propia.
No.
Sí. Así fue como sucedió. Me equivoqué con ellos. Los Kurosaki eran una familia de enfermos. Ellos sólo querían atormentar a aquellos que caían en sus manos. Todos ellos enfermos, enfermos, enfermos.
Esto estaba mal, mal, mal.
Perdí el conocimiento.
…
Durante las horas siguientes, cada vez que recuperaba la conciencia, sentía como si astillas de vidrio se clavaran en mi cerebro. No podía pensar con claridad. Tenía la impresión de varias sesiones con los oscuros ojos de Yushima Kageroza sellados a fuego en mi mente, con mi cabeza sujeta rígidamente bajo su agarre. En ocasiones Inaba también estaba allí, bebiéndose la resaca de mi angustia, haciendo todo aún peor. Kageroza parecía furioso de que todavía seguía resistiendo pero finalmente estuve tan confundida que mi mente gritaba por que tomara la salida fácil y accediera a lo que él insistía era la verdad.
-Dime otra vez qué sucedió, Rukia- me ordenó por lo que parecía ya la centésima vez.
-Usted…usted me salvó- Las imágenes de él entrando al hospital para ofrecerme confort luego del baño de sangre en el almacén parpadearon ante mis ojos. Él había venido al rescate de mis padres, nos encontró una habitación privada, pagó por el hospedaje. Siendo tan generoso con la pobre familia inglesa de la que oyó hablar en las noticias.
-Así es. ¿Y quienes te secuestraron?
-Los Kurosaki. Ellos están enfermos y son malévolos- No… sí. No sabía- Quiero irme a casa.
-No, no quieres. Quieres quedarte aquí en Las Vegas donde te sientes segura.
Una imagen forzó su entrada a mi cabeza: una habitación con puertas reforzadas y ventanas enrejadas donde nadie podía alcanzarme.
-Me siento segura.
-Con la gente que te ayudó. Inaba ha sido tan amable.
-Amable. Yammi ha sido amable. Él me trajo el desayuno. Pidió que no me hicieran daño.
-No Yammi. Mi hijo, Inaba. Él va a ayudarte a sanar.
-¿Lo hará?
-Sí, se llevará toda esa desagradable emoción de dentro tuyo.
Asentí. Eso sonaba bien. No quería sentir. Nozomi entró en la habitación con
Aaroniero y Yammi detrás.
-¿Está lista? Está tomando demasiado tiempo. Los Kurosaki ya están en la ciudad y ese canalla de Byakuya Kurosaki ha solicitado una orden de cateo para buscar en nuestras propiedades.
Yushima Kageroza pellizcó mi barbilla.
-Sí, creo que lo está. Un poco de confusión la hará más convincente. Pónganla en posición y luego manden el mensaje a los Kurosaki de que pueden hallarla en el almacén del viejo aeropuerto. Los dos chicos tienen que ir solos o no habrá trato.
-No vendrán solos, el resto no se los permitirá.
-Intentarán hacer parecer que están solos y eso será suficiente. Los otros estarán demasiado lejos para evitar lo que va a suceder. Nosotros mismos alertaremos a la policía. Un poco de confusión entre agencias en la mezcla siempre ayuda.
Alcé mi cabeza. Esto no tenía sentido. Ya había sucedido, ¿o no era así? Ya había estado en el almacén, sabía quién resultó disparado. Había sangre en mis manos.
Nozomi sonrió.
-A nuestra pequeña Savant le está costando tener bien en claro los hechos.
-Ella estará bien. Todo lo que tiene que hacer es sentarse allí con el arma en su mano mientras el FBI y la policía discuten de cómo pudo salir todo tan mal. ¿Aaroniero tú tenías un freno a la telepatía?
Él asintió.
-Se mantendrá hasta que ella se acerque a uno de ellos.
-Asegúrate de eliminarlos rápido. Tira el arma en sus manos y escapa antes de que la policía y el FBI lleguen. Los quiero preguntándose qué demonios sucedió.
-Seguro jefe.
Kageroza hizo tronar sus nudillos.
-Después de hoy, la Red Savant sabrá que nadie interfiere con mi gente y sale indemne. Nos dejarán en paz en un futuro. Ahora, Rukia, este es un adiós hasta que nos encontremos de nuevo por primera vez en el hospital. Cuando diga la palabra, olvidarás todo lo sucedido desde ayer y recordarás sólo lo que te he dicho.
…
Yammi se disculpó mientras ataba mis piernas y me dejaba sentada en medio del vacío almacén.
-Sólo has lo que te diga y entonces esto terminará- me dijo, corriendo mi cabello tras la oreja.
Estaba temblando, pese a estar vestida con mi traje de esquiar. Mi cuerpo se comportaba como si tuviera una fiebre que intentaba disipar. Nada se sentí bien. Yammi tomó posición a unos cuantos pies por detrás de mí, escudándose detrás de una barrera de cajas. Podía escucharlo revisar el cargador del arma.
¿Estaba él aquí para defenderme? No podía recordarlo. Ni siquiera estaba segura de quién era él. ¿Qué estaba mal conmigo? Mi cerebro se sentía como un copo de algodón.
Luego de lo que pareció una eternidad, se produjo un sonido ahogado a la distancia. La puerta corrediza se movió un par de centímetros.
-Somos nosotros. Hemos venido solos como lo demandaron- Era Grimmjow Kurosaki. Mi enemigo.
-¿Qué han hecho con Rukia? ¿Se encuentra ella bien?- Su hermano, Ichigo. Lo conocía, ¿no es así? Él era mi novio. Dijo que me amaba.
Él no te ama, sólo está jugando contigo. Las palabras flotaban en mi cerebro pero no podía recordar por qué pensaba eso.
Me mantuve callada, llevé mis rodillas a mi pecho.
¿Rukia? ¡Por favor, contesta! Me estoy volviendo loco aquí. Dime que estás bien.
Ichigo también estaba en mi cabeza. No había lugar donde esconderme. No pude contenerme, dejé escapar un pequeño quejillo.
-¡Grimm, es ella! ¡Está herida!
Grimm lo retuvo.
-Es una trampa, Ichigo. Hacemos como acordamos.
Ellos aún no estaban a la vista.
-Díganos qué quiere a cambio de Rukia y los suyos- La voz de Ichigo era inestable.
Nada de esto tenía sentido. Yo les había disparado. ¿Por qué estaban ellos aquí? ¿Por qué tenía que revivir la pesadilla?
-Sólo salgan donde pueda verlos y les diré- dijo Yammi.
-La cosa es, que no somos estúpidos. Puede decírnoslo mientras nos quedamos en donde estamos.
-Si no sales con tus manos en alto, le pondré una bala a tu pequeña noviecita.
No se suponía que fuera a ser así. Yo me quedé con el arma en el forcejeo con Ichigo y le disparé a ambos Kurosaki. Lo ví pasar, estaba allí, en mi cerebro.
-¿Ichigo?- Mi voz era débil y temblorosa en el vacío del almacén.
-¿Rukia? Resiste amor, vamos a sacarte de ésta.
Mal, todo mal. Mi memoria se sentía como una tira de historieta con los marcos despedazados. Los Kurosaki me habían hecho daño, sí lo habían hecho. Me encerraron en la cajuela de su auto por horas.
-¡A…aléjate!- me ahogué. Vi un movimiento en el extremo más lejano, la punta de los dedos de alguien mientras se elevaban de detrás del contenedor donde se habían estado escondiendo. Era Ichigo.
Mi cerebro parecía explotar con las conflictivas emociones e imágenes; odio, amor, risas, tormento. Los colores en el almacén iban de simples a multitonales y complejos.
Sus ojos se fijaron en los míos.
-¡No me mires así bebé, ya estoy aquí!. Sólo déjame hablar con el hombre que te tiene y te liberaremos.
Se acercó un paso.
¿Cuántos de ellos hay? ¿Me está apuntando con un arma? La voz de Ichigo hacía eco en mi cabeza otra vez.
Yo no le disparo a la gente. Las imágenes de mis manos con el arma parpadeaban como carteles de neón.
¿Rukia, qué te sucede? Puedo ver lo que estás viendo. Tu mente se siente diferente hacia mí.
-Él tiene un arma- dije en voz alta- Yammi, no le dispares a nadie. No debemos. Yo ya los he matado pero no mueren, ellos simplemente regresan.
-Calla, Rukia- dijo Yammi desde detrás de mí- Y tú ven a donde pueda verte. Estoy seguro que prefieres que te tenga a ti a la vista antes que a tu novia.
Ichigo se puso a plena vista. No pude evitar devorarlo con mi mirada; se sentía como si estuviera alternando entre dos máscaras, con una él era dulce y tierno, con la otra cruel y malicioso. Su rostro oscilaba fuera de foco.
-Ahora tu hermano. Quiero a ambos donde pueda verlos. Acércate un poco a Rukia. ¿No quieres ver lo que le hemos hecho?- se burló Yammi.
Tenía que elegir. ¿A cuál le creía? Al Ichigo amable; o al Ichigo cruel.
Ichigo dio dos pasos al frente, las manos se movían con firmeza en el aire.
-No la quieres. La pelea de los Kageroza es con los Kurosaki, no con ella. Ella no tiene nada que ver con esto.
¿Qué debía hacer? ¿A quién debería creerle? Rukia tiene buenos instintos. Mi mamá dijo eso, ¿o no? Instintos. Más que instinto. Podía leer a la gente, conocer su culpabilidad, diferenciar bueno de malo. Lo enterré pero estaba allí, muy dentro mío, bajo todos esos garabatos y cosas que tenía en mi cabeza desde los seis. Encerradas. Pero ahora tenía que alcanzarlas con mi don.
Cerré mis ojos, sintiendo, buscando dentro la puerta que liberaría mis poderes. Abrí mi mente a ello.
Mi poder de percepción se fue hasta el techo. Las sensaciones inundando la habitación eran formidables. Las veía como estelas de color. El rojo de entusiasmo y un poco de negro miedo por detrás de mí; el dorado destello de amor y un tinte verde de culpa que venía de Ichigo.
Soulfinder.
El conocimiento estaba allí, tan profundamente enraizado en mí como el ADN. ¿Cómo es que no lo había visto? Mi cuerpo respondió a la nota de Ichigo; una pareja perfecta, una armonía perfecta.
¿Entonces por qué sentía él culpa? Probé el verde: Ichigo se sentía fatal porque había permitido que me llevaran y yo había sufrido en lugar suyo. Quería ser él quien estuviera sentado aquí con sangre en su rostro y su ropa.
No sabía por qué mi cerebro estaba tan revuelto pero ahora sabía dónde me encontraba.
-¡Ichigo!- grité- ¡Agáchate!
El arma se disparó. Ichigo ya estaba en movimiento, alertado por su capacidad de ver el futuro. Un segundo disparo. Había otro tirador, Aaroniero, arriba en la viga, intentando encargarse de Grimm en la puerta. En lugar de meterse bajo cubierta, Ichigo corrió hacia mí. Grité, mi mente reproducía una versión de esto en donde él me atacaba y yo le disparaba. Pero mis manos estaban vacías. No había ningún arma.
Byakuya. ¡Código Rojo! ¡Código Rojo! Grimm envió el mensaje a través del escudo de Aaroniero con toda la fuerza que pudo reunir, emitiendo en un amplio canal para que todo telépata lo oyera.
Ichigo se tiró sobre mí mientras me encontraba acurrucada sobre la silla, sujetando mis rodillas.
-Ichigo, mantente agachada.
-¡No disparen!- rogué- ¡Por favor, no!
Sentí la agresión de Yammi y la determinación de matar expandiéndose como una inundación de color rojo. La espalda de Ichigo se presentaba como un objetivo seguro, su única vacilación estaba en que la bala pudiera atravesarlo y me llegara a mí también.
-¡No!- Con una explosión de fuerza nacida de la desesperación, usé mis piernas para impulsar a salvo a Ichigo. La bala que estaba destinada a su espalda golpeó en el piso entre nosotros, rebotando salvajemente en el concreto. Entonces todo se fue al demonio. Sonaron disparos; irrumpieron agentes por la puerta, gritando que eran del FBI. Algo golpeó en mi brazo derecho. El dolor estalló a través mío. Sirenas y más disparos. La policía. Me acurruqué en una bola, sollozando.
En la confusión, alguien se arrastró a mi lado y se inclinó sobre mí. Ichigo. Estaba maldiciendo, las lágrimas corrían por su rostro. Apretó su mano sobre la herida en mi brazo.
Después de varias explosiones, las armas quedaron en silencio. Sentí que dos presencias se habían ido de la habitación; Aaroniero y Yammi. ¿Habrían huído?
-¡Consígueme un médico por aquí!- gritó Ichigo- ¡Le dieron a Rukia!
Yací en silencio, mordiéndome las ganas de gritar. No, no habían huído. Habían muerto en el intercambio de disparos, su energía se había extinto.
Un paramédico de la policía se acercó a toda prisa.
-Yo me encargo- le dijo a Ichigo.
Soltó su agarre sobre mi brazo, mi sangre sobre sus manos. El médico me abrió la manga de un arrancón.
-Por como se ve, fue sólo un roce. Posiblemente le pegó de rebote.
-Están muertos- murmuré.
Ichigo me acarició el cabello.
-Seeh.
-¿Qué me sucedió?
El médico alzó la vista de las curaciones en mi brazo.
-¿También te golpeaste la cabeza?- Vio la sangre en mi cabello- ¿Cuándo pasó esto?
-No lo se- Mis ojos viraron hacia Ichigo- Tú me encerraste en la cajuela de tu auto. ¿Por qué me hiciste eso?
Ichigo se vio atónito.
-No, no lo hice, Rukia. ¿Es eso lo que te hicieron? Oh Dios, bebé, lo siento.
-Será mejor que la llevemos para examinarla en caso de una contusión cerebral- dijo el paramédico- Sigue hablándole- Hizo señas para que trajeran una camilla. Ichigo me desató las piernas.
-Yo te disparé- le dije.
-No, no lo hiciste, Rukia. Los hombres nos estaban disparando, ¿lo recuerdas?
Me rendí.
-No sé que pensar.
-Sólo piensa en que estás segura ahora.
Tenía una imagen de un hombre de piel anaranjada en traje, ingresando al hospital para salvarme. ¿Quién era ese?
Dos médicos me levantaron hasta la camilla. Ichigo me sostuvo la mano sana mientras era trasladada hacia la ambulancia.
-Lamento haberte disparado- le dije- Pero me estabas atacando.
¿Por qué me atacaría mi Soulfinder?
Podía ver a los otros Kurosaki reuniéndose alrededor de mi camilla. Ellos eran malos, ¿no es asi?
Ichigo limpió la sangre de mi mejilla.
-Yo no estaba atacándote y tú no me disparaste.
Lo último que vi de la familia Kurosaki fue a un Isshin de aspecto sombrío mientras era cargada en la ambulancia. Ichigo trató de meterse pero negué con la cabeza.
-Le disparé- le dije al médico con seriedad- Él no puede venir conmigo; él me odia.
-Lo siento- le dijo la mujer a Ichigo- Tu presencia la está alterando. ¿Dónde están sus padres?
-Se hospedaron en un hotel en la calle Strip- dijo Isshin- Les haré saber. ¿A qué hospital la llevan?
-Los Cedros.
-Bien, me mantendré lejos, la dejaré que se calme si usted cree que es lo mejor- dijo Ichigo, soltando a regañadientes mi mano- Retsu y Joushiro estarán allí. ¿Escuchaste eso, Rukia?
No respondí. Hasta donde podía recordar uno u otro de nosotros debía estar muerto. Tal vez era yo. Cerré mis ojos, mi mente estaba tan sobrecargada que necesitaba apagarla por un momento. Entonces me desvanecí.
