Fueron los sonidos los que primero me alertaron que me encontraba en un hospital. No abrí mis ojos pero podía oír los murmullos en la habitación, una máquina zumbando, gente susurrando. Y los olores; al antiséptico, a sábanas desconocidas, a flores. Asomando un poco más, podía sentir el dolor, acallado por las drogas pero aún rondando. Mi brazo estaba vendado y podía sentir el tirón del vendaje sobre mi cabeza y la picazón de los puntos. Lentamente, dejé que mis ojos se abrieran. La luz era demasiado intensa.

-¿Rukia?- Retsu estuvo a mi lado al instante- ¿Tienes sed? Los doctores digeron que tienes que beber- Me extendió un vaso, con la mano temblorosa.

-Dale un momento, amor- dijo Joushiro, parándose detrás de ella- ¿Te encuentras bien?

Asentí. No quería hablar. Mi cabeza aún estaba hecha un desastre, repleta de imágenes contradictorias. No podía distinguir cuáles eran reales y cuales imaginarias.

Soportando la parte trasera de mi cabeza, Retsu llevó el agua a mis labios y tomé un sorbo.

-¿Mejor ahora? ¿Puedes usar tu voz?- me preguntó.

Había demasiadas voces; la mía, la de Ichigo, la de un hombre diciendo que él era mi amigo. Cerré mis ojos y giré mi cara hacia la almohada.

-¡Joushiro!- Retsu sonaba asustada.

No quería ponerla mal. Tal vez si fingía que no estaba aquí, ella estaría nuevamente feliz. Eso a veces funcionaba.

-Ella está en shock, Retsu- dijo Joushiro en tono tranquilizador- Dale una oportunidad.

-Pero no se había comportado así desde la primera vez que la tuvimos. Puedo verlo en sus ojos.

-Calma, Restu. No te apresures a sacar conclusiones. Rukia, tómate todo el tiempo que necesites, ¿me oyes? Nadie te va a apurar.

Retsu se sentó en la cama y tomó mi mano.

-Te amamos, Rukia. Aférrate a eso.

Pero yo no quería amor. Dolía.

Joushiro encendió la radio y sintonizó una estación que pasaba suave música clásica. Fluía sobre mí como una caricia. Había escuchado música todo el tiempo durante los años que estuve en una sucesión de hogares adoptivos e Institutos de Menores. Sólo hablaba cantando pequeñas y extrañas porciones de música que inventaba yo misma, lo que le dejaba entrever y asumir a los cuidadores que yo estaba loca. Supongo que lo había estado. Pero entonces Retsu y Joushiro me conocieron y vieron que podían hacer algo por mí. Ellos habían sido tan pacientes, esperando a que yo emergiera, y gradualmente lo hice. No he cantado una sola nota desde entonces. No podía hacerlos pasar por eso otra vez.

-Estoy bien- dije con la voz rasposa. No lo estaba. Mi cerebro era un desguace de partes y piezas varias.

-Gracias cariño- Retsu apretó mi mano- Necesitaba escucharlo.

Joushiro jugueteó con un arreglo floral, aclarando su garganta en numerosas ocasiones.

-No somos los únicos que queremos saber que estás bien. Ichigo Kurosaki y su familia han estado acampando en la sala de visitas.

Ichigo. Mi confusión aumentó. El pánico se disparó dentro de mí como una descarga eléctrica. Me había dado cuenta de algo importante acerca de él, pero cerré la puerta nuevamente a eso.

-No puedo.

-Está bien. Simplemente iré y les diré que has despertado y les explicaré que no estás lista para recibir visitas en este momento. Pero me temo que la policía está esperando para hablar contigo. Tenemos que dejarlos pasar.

-No sé qué decir.

-Sólo diles la verdad.

Joushiro salió para darle la noticia a los Kurosaki. Le hice señas a Retsu de que quería sentarme. Ahora notaba que su rostro lucía pálido y cansado.

-¿Por cuánto tiempo he estado aquí?

-Has estado inconciente por doce horas, Rukia. Los doctores no podían explicar por qué. Estábamos muy preocupados.

Algo me hizo alzar la vista. Los Kurosaki se estaban yendo del hospital. Ichigo aminoró la marcha al pasar por la ventana del corredor que daba a mi habitación y nuestros ojos se encontraron. Tenía una sensación horrible en la boca del estómago. Miedo. Se detuvo, apoyó su mano sobre el cristal, como intentando alcanzarme. Sujeté las cubiertas de la cama con excesiva fuerza. Muy dentro mío podía escuchar una nota sonando, algo discordante, violento. La jarra de agua en la mesa de junto a la cama comenzó a vibrar; las luces del techo titilaron; el timbre para llamar a la enfermera se salió de su guía y se estampó contra el suelo. La expresión de Ichigo se tornó más oscura, el ruido más duro. Entonces Isshin apareció a su lado y le dijo algo junto al oído. Ichigo asintió, me dio una última mirada y siguió caminando. La nota se detuvo.

Retsu se frotó los brazos.

-Qué extraño. Debe haber sido un temblor- Regresó el timbre a su posición original- No sabía que Las Vegas estaba en una zona de terremotos.

No podría decir si había sido yo o Ichigo. ¿Estaba él tan furioso conmigo que quería sacudirme? O había sido mi miedo el que había intentado alejarlo.

Sintiéndome algo adormecida, dejé que Retsu cepillara y trenzara el cabello por mí.

-No te preguntaré qué sucedió, cariño- dijo, cuidando de no tironear del pelo alrededor de mi corte- ya que tendrás que pasar por eso con la policía y el FBI, pero sólo quiero que sepas que sin importar lo que haya sucedido, no fue tu culpa. Nadie te culpará.

-Dos hombres murieron, ¿no es así?- Mi voz sonaba distante. Me sentí como si me viera a mí misma hablando con Retsu cuando en realidad me encontraba escondida profundamente dentro mío, escondida tras tantas puertas y cerraduras que nadie podría alcanzarme. Era el único lugar en el que me sentía segura.

-Sí. La policía y el FBI llegaron al mismo tiempo actuando en base a diferentes pistas, fue una grandísima confusión en las comunicaciones, la mano izquierda sin saber qué estaba haciendo la derecha. Dos hombres murieron en el intercambio de disparos.

-Uno de ellos se llamaba Yammi. Él tenía una coleta con pelo ondulado. Él fue bueno conmigo- No podía recordar por qué pensaba eso.

-Entonces lamento que esté muerto.

Hubo una tos junto a la puerta. Byakuya Kurosaki estaba de pie en la entrada con un hombre desconocido vestido en traje oscuro.

-¿Podemos pasar?- Byakuya me miraba con especial interés. El temblor no había pasado desapercibido y él parecía, bueno, cauteloso respecto de mí, como si fuera una bomba que no explotó o algo parecido.

-Por favor- Retsu se paró de la cama y les hizo lugar.

-Rukia, éste es Teniente Arazegawa del Departamento de Policía de Las Vegas. Él tiene un par de preguntas para ti. ¿Estás de acuerdo con eso?

Asentí. Arazegawa, un hombre de edad media, bronceado natural, con cabello a los hombros; tomó asiento.

-Srita. Ukitake, ¿cómo se encuentra?- preguntó

Tomé un sorbo de agua. Me gustaba, mi instinto me decía que estaba genuinamente preocupado.

-Algo confundida.

-Sí, conozco la sensación- Sacó un anotador para verificar los hechos- tiene a los Departamentos de Policía de dos estados y al FBI dando vueltas, pero estamos contentos de que la hallamos sana y salva- Dio unos golpecitos a la hoja de modo pensativo- Tal vez sería mejor que empiece por el principio; díganos cómo fue secuestrada.

Me esforcé por recordar.

-Se estaba poniendo oscuro. Había estado esquiando, bueno, cayéndome sobre los esquís en realidad.

Byakuya sonrió, su cara me recordaba tanto a la de Ichigo cuando ponía una expresión más suave.

-Sí, escuché que estabas tomando clases.

-El auto de Miyako se averió.

Arazegawa comprobaba sus notas.

-El mecánico descubrió que alguien se metió con los cables de la batería.

-Oh- Me froté la frente. Los pasos siguientes eran borrosos- Entonces Ichigo y Grimm me persuadieron de que me metiera en un auto. Me encerraron en el maletero. No, no lo hicieron- Me pellizqué el puente de la nariz- Puedo verlos haciéndolo pero no se siente bien.

-Rukia- El tono de Byakuya era bajo e insistente- ¿Qué es lo que estás viendo?

Arazegawa lo interrumpió.

-Estás diciendo, Rukia, ¿que dos de los hermanos Kurosaki fueron los responsables de tu abducción?

Algo hizo un clic en mi cabeza. Las imágenes fluían con facilidad, sin problemas, sin dolor.

-Ellos pretendieron ser mis amigos, querían herirme.

-Sabes que eso no es cierto, Rukia- Byakuya estaba furioso, sus labios apretados.

Arazegawa le lanzó una mirada sofocante.

-Agente Kurosaki, usted no debería interrumpir a la testigo. Y teniendo en cuenta su relación con aquellos que ella está acusando, le sugiero que salga y envíe a un colega que pueda escuchar de manera imparcial.

Byakuya fue hacia la puerta, con su espalda hacia la habitación, pero no se fue.

-Lo que ella está diciendo es imposible. Yo estaba con mis hermanos, teniente; no tuvieron nada que ver con su secuestro- Rukia, ¿por qué estás diciendo esto?

Miré frenéticamente a Retsu.

-El me está hablando en mi cabeza, dile que se detenga- Presioné mis puños contra mi frente- Duele.

Retsu tomó mi mano, posicionándose entre Byakuya y yo.

-Sr Kurosaki, pienso que lo mejor será que se retire: está alterando a Rukia.

Me volteé con los ojos colmados de lágrimas hacia Arazegawa.

-Yo les disparé, ¿no es cierto?

-No, Rukia, tú no fuiste la responsable de la muerte de esos hombres.

-¿Ichigo y Grimm están muertos?

Arazegawa le dio a Retsu una mirada inquieta.

-No- dijo cuidadosamente- los dos hombres que estaban de vigilancia en el almacén están muertos.

-Yammi y Aaroniero- repetí, recordándolos- El Savant.

-¿El qué?- preguntó Arazegawa.

¿Cuál de ellos, Rukia? preguntó Byakuya con urgencia.

-¡Aléjate de mí!- Tiré las cubiertas de la cama sobre mi cabeza- Sal de mi cabeza.

Arazegawa suspiró y cerró su anotador.

-Puedo ver que le estamos haciendo mayor daño que bien aquí, Sra. Ukitake. Dejaremos que Rukia descanse un poco. Agente Kurosaki, quisiera tener unas palabras con ud.

Byakuya asintió.

-En el pasillo. Tranquilízate, Rukia. Ya recordarás.

Los dos hombres se fueron. Bajé los cobertores para encontrar a Retsu mirándome con miedo en sus ojos.

-Me estoy volviendo loca, ¿no?- le pregunté- No puedo recordar, y lo que recuerdo se siente mal.

Me acarició los nudillos con su pulgar.

-No estás loca. Te estás recuperando de un trauma. Toma tiempo. Creemos que la gente que hizo esto probablemente está muerta, murieron en el tiroteo. La policía sólo está intentando atar los cabos sueltos.

Desearía que alguien atara los cabos sueltos en mi cerebro. Mis pensamientos eran como retazos de tela despedazados de alguna fiesta abandonada, que se mecían con el viento, sin un propósito, ni un ancla.

-Si Ichigo Y Grimm no me secuestraron, entonces ¿por qué pienso que sí lo hicieron?

El Día de Acción de Gracias llegó y partió, la única señal fue la cena con pavo en el hospital. Mi cabeza no estaba más despejada. Me sentía como una playa luego del paso de un tsunami; obstáculos y terminaciones tiradas sobre la costa, todas fuera de lugar, hechas trizas. Estaba consciente del paso de una fuerte emoción que me atravesó pero no podía descifrarlo, qué había sido real, y qué falso. Había dejado algo suelto en mi interior y no lo controlé, el resultado había sido devastador.

Ichigo y su hermano habían sido exonerados de toda sospecha por el Departamento de Policía de Las Vegas. Entonces ¿por qué los había acusado? Me carcomía la culpa de que los hubiera involucrado en esto, estaba demasiado avergonzada como para ver a alguno de los Kurosaki. Les hice prometer a mis padres que no los dejarían entrar, no podía enfrentarlos. Sin embargo no fui capaz de mantener a Byakuya fuera; él vino en numerosas ocasiones con Arazegawa para ver si recordaba algo más. Me disculpé con él y con el policía, por haberme equivocado, pero no me sorprendería si ahora Byakuya me odiara.

-Pesadillas, Señorita Ukitake, eso es lo que son- dijo Arazegawa con un tono práctico- Ha atravesado una experiencia aterradora y su mente se enredó.

Él estaba siendo amable, pero podía notar que me había desechado como inútil para sus investigaciones. Todos estaban de acuerdo en que yo había sido secuestrada, pero nadie podía probar que alguien más allá de esos dos hombres hubieran estado involucrados. Yo era la clave pero no les estaba abriendo ninguna puerta.

Arazegawa me trajo un maso de cartas y un manojo de flores en su última visita.

-Aquí tiene, Señorita Ukitake, espero que esto la ayude a sentirse mejor- Abrió el paquete y barajó- Imagino que debe estar aburrida de estar metida aquí. Mi ciudad es un buen sito para visitar para la mayoría de la gente; lamento que la haya pasado tan mal con nosotros- Cortó el maso y me repartió una mano.

Byakuya estaba en el fondo, observándonos desde la puerta.

-No estarás corrompiendo a la chica, ¿verdad Arazegawa?

-No puede dejar Las Vegas sin haber probado algún juego de azar.

-No conozco muchos juegos- admití.

-Quedémonos con Snap entonces.

-¿Qué si gano?

-Te quedas con las flores.

-¿Y si pierdo?

-Aún así te quedas con las flores, pero tendrás que darme una para llevarme aparte.

Arazegawa se marchó con un clavel en su solapa. Byakuya se quedó atrás. Se quedó parado mirando por la ventana por un instante, su inquietud era evidente.

-Rukia, ¿por qué no quieres ver a Ichigo?

Cerré mis ojos.

-Él está realmente deshecho. Nunca antes lo he visto así. Sé que se culpa así mismo por lo que te sucedió, pero lo ha descolocado de una manera impresionante.

No dije nada.

-Estoy preocupado por él.

Byakuya no era de los que le confiesa algo a alguien que no fuera su familia. Él realmente debía estar preocupado. ¿Pero qué podía hacerle? Apenas encontraba el coraje de levantarme cada mañana.

-Se metió en una pelea anoche.

¿Una pelea?

-¿Se encuentra bien?

-¿De la revuelta? Seeh, fue más una discusión de palabras que de puños.

-¿Con quién se peleó?

-Un par de chicos de Aspen. Fue en busca de eso, Rukia. Y en respuesta a tu otra pregunta, él no está bien. Está sufriendo. Es como si estuviera sangrando por dentro, en alguna parte que cree nadie puede ver.

-Lo siento.

-¿Pero no vas a hacer nada al respecto?

Las lágrimas amenazaban con salir.

-¿Qué quieres que haga?

Extendió su mano hacia mí.

-Deja de excluirlo. Ayúdalo.

Tragué. Había un dejo de rudeza en Byakuya que no me dejaría echarme atrás con la excusa de mi confusión; era tanto aterradora como desafiante.

-Lo…lo intentaré.

Su mano se enrroscó en un puño antes de dejarla caer.

-Espero que lo hagas, porque si algo malo le sucede, no voy a estar contento.

-Es eso…¿una amenaza?

-No, simplemente la verdad- Negó con la cabeza, su irritación, clara- Tú puedes atravesar esto Rukia. Empieza a mirar fuera de ti misma, eso te ayudará a sanar.

A fines de noviembre fui dada de alta del hospital, pero mis padres habían decidido, en base al consejo de los doctores, no llevarme directo a casa.

-Demasiadas asociaciones angustiantes en Wrickenridge- les dijo el Dr Peters, mi psiquiatra de consulta- Rukia necesita reposo absoluto y nada de estrés- Les recomendó una casa de reposo en Aspen y fui debidamente registrada y asignada a mi propia habitación, algo que sólo nos podíamos permitir gracias a la generosidad de un benefactor anónimo de Las Vegas que había escuchado acerca de mi caso en las noticias.

-Esto es un manicomio, ¿no?- Le pregunté sin rodeos a Joushiro mientras Retsu desempacaba mis escasas pertenencias en los cajones de la cómoda. Mi habitación tenía una vista a los jardines nevados. Podía ver a una chica caminando alrededor del estanque una y otra vez, perdida en su mundo, hasta que una enfermera llegó para buscarla y obligarla a entrar.

-Es una clínica de reposo- me corrigió Joushiro- Tú no estás lista para regresar a la escuela aún y no nos podíamos costear permanecer en Las Vegas por más tiempo, de modo que esto es lo mejor que se nos ocurrió.

Retsu se paró y cerró el cajón.

-Podríamos regresar a Inglaterra, Joushiro. Puede que Rukia se sienta mejor entre sus viejos amigos.

¿Viejos amigos? Me mantenía en contacto con alguno de ellos por Facebook pero en cierta forma la vieja cercanía se había ido evaporando cuanto más tiempo llevaba lejos. No sería como regresar a lo que había sido.

Joushiro me dio un abrazo de un solo brazo.

-Si eso es lo que se requiere, lo haremos, pero un paso a la vez, ¿si?

-Tenemos clases que impartir en el Centro de Arte- explicó Retsu- Pero uno de nosotros pasará todos los días. ¿Quieres ver a tus amigos de Wrickenridge?

Jugué con la cuerda de la cortina.

¿Que les han dicho?

-Que tuviste una mala reacción al trauma de tu secuestro. Nada demasiado serio pero que necesitabas tiempo para recuperarte.

-Pensarán que estoy demente.

-Pensarán que estás sufriendo, y lo estás, podemos verlo.

-Me gustaría ver a Miyako y a Lin Lin. A Kaien también si es que quiere venir.

-¿Y qué tal con Zed?

Recliné mi cabeza contra el congelado vidrio. El gesto me provocó una regresión momentánea; una torre alta, carteles de neón. Me estremecí.

-¿Qué sucede amor?

-Estoy viendo otras cosas ahora, cosas que no tienen sentido.

-¿Tienen que ver con Ichigo?

-No- Y no tenían que ver con él, me di cuenta. Ichigo no había estado allí. Y yo había estado estancada. Le prometí a Byakuya que lo intentaría. Tal vez si veía a Ichigo, ayudaría a poner las cosas en claro- Me gustaría ver a Ichigo también, sólo por un rato.

Joushiro sonrió.

-Qué bien. El chico ha estado preocupadísimo por ti, nos llama a toda hora del día y la mayor parte de la noche.

-Has cambiado de parecer acerca de él- murmeré, repentinamente recordando con total claridad la discusión que tuvimos acerca de él hacía un mes. ¿No había dicho Ichigo que me amaba? Entonces ¿por qué me sentía como si él fuera mi enemigo?

-Bueno, no puedes evitar que te caiga bien alguien que camina directo a una trampa para sacar a su chica.

-¿Lo hizo?

-¿No lo recuerdas? Él estaba allí cuando resultaste herida.

-Sí, él estaba, ¿no?

Joushiro me dio un apretoncito en el hombro.

-¿Ves? Está volviendo.

Los días siguientes se pasaron tranquilamente. Me los pasé leyendo una pila de novelas, sin abandonar mi habitación. Mi cuidadora era una mujer maternal proveniente de California que tenía mucho que decir respecto de los inviernos en Colorado. Iba y venía todo el día, pero me dejaba por mi cuenta la mayor parte del día. Cerca de las cinco, justo antes que acabara su turno, llamó a la puerta.

-Cariño, tienes visitas. ¿Los hago subir?

Cerré mi libro, mi ritmo cardíaco acelerándose.

-¿Quién es?

Se fijó en la lista.

-Miyako, Lin Lin y Kaien…

-Oh- Sentí una mezcla de alivio y decepción- Seguro, envíelos.

Miyako asomó la cabeza por la puerta primero.

-Hola.

Se sentía como un siglo desde la última vez que la había visto. No me había dado cuenta de cuánto la extrañaba.

-Pasen. No hay mucho espacio pero pueden sentarse sobre la cama- Me quedé en mi silla junto a la ventana, con las rodillas hasta el pecho. Mi sonrisa se sintió debilucha de modo que no insistí mucho.

Lin Lin y Kaien la siguieron, todos luciendo un poco incómodos.

Miyako colocó una maceta de ciclamen rosa sobre la mesita de luz.

-Para ti- dijo.

-Gracias.

-Entonces…

-Entonces ¿cómo han estado chicos?- me apuré a preguntar. La última cosa que quería era tener que explicar sobre mi cerebro completamente revuelto.

-Bien. Todos estuvimos preocupados por ti, realmente atónitos. Nada como esto había sucedido antes en Wrickenridge.

Mi vista se desvió hacia la ventana.

-Supongo que no.

-Recuerdo haber estado bromeando contigo acerca de eso cuando llegaste; me sabe horrible que hayas tenido que descubrir así que estaba equivocada. Estás, ya sabes, ¿bien?

Dejé escapar una risa vacía.

-Mira a tu alrededor, Miyako: estoy aquí, ¿no?

Kaien se puso de pie repentinamente.

-Rukia, ¡si pudiera atrapar a los tipos que te hicieron esto, los mataría!

-Creo que ellos ya están muertos. Al menos, eso es lo que la policía piensa.

Miyako arrastró a Kaien nuevamente hacia la cama.

-No, Kaien. Recuerda, prometimos no alterarla.

-Lo siento, Rukia- Kaien puso su brazo alrededor de Miyako y le dio un beso en la parte superior de la cabeza- Gracias.

¿Qué era esto? No pude evitar sonreir, mi primera sonrisa genuina en un largo tiempo.

-Hey, están ustedes dos…?

Lin Lin puso los ojos en blanco y me ofreció una goma de mascar.

-Seeh, lo están total y completamente. Me vuelven loca, los dos. Tienes que salir adelante Rukia, y mantenerme cuerda en la escuela- Gracias al cielo por Lin Lin y sus bromas sobre la locura, me hacía sentir mucho más normal.

-¿Cuándo, cómo?- Imité uno de los gestos favoritos de Miyako, una pálida imitación de su gesto con sus largas uñas pero era algo- Dame los detalles, hermana.

Miyako miró al piso, algo avergonzada.

-Cuando fuiste, ya sabes, secuestrada, Kaien se portó realmente fantástico. Evitó que me volviera loca. Pensé que fue mi culpa, con lo que le sucedió al auto y todo eso.

Kaien le acarició el brazo.

-Sí, por una vez, Miyako vio mi lado bueno.

-Estoy tan contenta, por ambos. Se merecen el uno al otro- dije.

Miyako se rió.

-Es como ¿qué, una maldición China?

-No, boba- le tiré mi almohadón- es un cumplido.

Se quedaron cerca de una hora. Siempre y cuando nos mantuviéramos lejos del tema de mi secuestro, me sentí bien. No tuve problemas para recordar cosas acerca de la escuela, no había dolor, ni confusión. Comencé a sentirme como mi antiguo yo.

Miyako miró su reloj y le hizo señas con la cabeza al resto.

-Será mejor que nos vayamos. Tu siguiente visita está prevista para las seis.

Le di a cada uno un abrazo.

-Gracias por venir a ver a la pobre chica desquiciada.

-No hay nada de malo contigo que un poco de tiempo no pueda curar, Rukia. Regresaremos pasado-mañana. Retsu dijo que creía que estarías aquí al menos hasta el fin de semana.

Me encogí de hombros. El tiempo no me parecía importar demasiado. Salí de mi rutina normal.

-Eso espero. Los veré entonces.

Se fueron, intercambiando saludos con alguien en el pasillo. Fui hacia la ventana para verlos partir pero no pude localizar el estacionamiento desde mi habitación.

Hubo un suave llamado a mi puerta.

Me giré, esperando ver a Retsu.

-Pasa.

La puerta se abrió e Ichigo dio un paso sobre el umbral. Se detuvo, inseguro de si sería bienvenido.

-Hola.

Mi garganta se atoró.

-Ho…hola.

Sacó de su espalda una enorme caja dorada atada con un lazo de satén rojo.

-Vengo con chocolates.

-En ese caso, será mejor que te sientes- Sonaba tranquila pero en mi interior las emociones se estaban sacudiendo como palmeras ante el paso de un huracán. El maremoto de sensaciones estaba regresando.

No se sentó. Apoyó la caja sobre la cama y luego vino a pararse junto a mí en la ventana.

-Linda vista.

Apreté mis dientes, sosteniendo la puerta firmemente cerrada dentro de mi cabeza en contra del oleaje.

-Seeh. A nosotros los locos nos toca salir más temprano en el día. Me dijeron que hay un muñeco de nieve abajo junto a la huerta que se parece a la enfermera en jefe- Mis dedos estaban temblando mientras descansaba mi mano en el marco.

Una cálida mano se movió para cubrir la mía, que aún temblaba.

-No estás loca.

Intenté reirme pero me salió mal. Rápidamente me limpié una lágrima.

-Eso es lo que todo el mundo sigue diciéndome pero mi cabeza se siente como huevos revueltos fríos.

-Aún estás en shock.

Negué con la cabeza.

-No, Ichigo, es más que eso. Veo cosas que no creo que hayan sucedido. Tengo todas estas horribles imágenes en mi cabeza, cosas acerca de ti y de Grimmjow. Pero tú no eres así, una parte de mí lo sabe. Y pienso que les disparé a ambos. Despierto cubierta en sudor frío habiendo soñado que hay un arma en mi mano. Ni siquiera he tocado un arma en toda mi vida, asi que ¿cómo es que sé cómo se siente el dispararle a alguien?

-Ven aquí- Me tiró suavemente hacia él, pero mantuve distancia.

-No, Ichigo, tú no quieres tocarme. Estoy…estoy quebrada.

No la quiero quebrada, no aún. Oh, Dios, ¿quién había dicho eso?

Él se negó a escucharme y me tiró firmemente hacia su abrazo.

-Tú no estás quebrada, Rukia. Aún si lo estuvieras, todavía te querría, pero no lo estás. No sé por qué ves esas cosas, pero si lo haces, hay una razón para ello. ¿Tal vez el Savant muerto jugó con tu cabeza de alguna forma? No importa lo que cueste, lo descubriremos y te ayudaremos- Suspiró- Pero Grimm y yo no estuvimos cerca de ti hasta que te hallamos en el almacén. ¿Crees en eso?

Asentí contra su pecho.

-Creo que sí.

Me acarició la espalda con su mano, desatando los nudos en mis músculos.

-Pensé que te había perdido. No tengo palabras para decirte lo que significa para mí tenerte así.

-Tú fuiste por mí aún cuando sabías que ellos podía dispararte- Eso lo recordaba, gracias a Joushiro.

-Estaba usando un chaleco antibalas.

-Aún así podrían haberte matado. Podrían haber apuntado a la cabeza.

Acunó mi rostro en sus manos, pasando su pulgar sobre el hoyuelo de mi barbilla.

-Un precio que vale la pena pagar. Sin ti, me he convertido en el tipo más despiadado, frío, más cínico del planeta, peor todavía que los hombres que te llevaron.

-No lo creo.

-Es cierto. Tú eres mi ancla, me mantienes por el buen camino. He estado a la deriva desde que me excluiste.

La culpa me inundó.

-Víctor me contó.

Ichigo frunció el ceño.

-Le dije que te dejara tranquila.

-Está preocupado por ti.

-Pero tú estás antes.

-Lamento no haberte permitido visitarme. Estaba tan avergonzada de mí misma.

-No tienes nada por lo qué avergonzarte.

-Te dejé sufrir.

-Soy un chico grande, puedo soportarlo.

-Te metiste en una pelea.

-También soy estúpido.

Sonreí, frotando mi nariz contra el algodón de su camiseta.

-No eres estúpido; estabas sufriendo.

-Aún así es estúpido agarrárselas contra un par de chicos de la fraternidad por estar mirándome de mala manera- Ichigo suspiró ante su propio comportamiento, luego dejó el tema- Sé que estás confundida acerca de muchas cosas en estos momentos, Rukia, pero quiero que sepas una cosa con seguridad: te amo y daría mi vida por la tuya si eso significara que pudiese salvarte.

Las lágrimas, siempre próximas a asomar en estos momentos, ardían en mis ojos.

-Lo sé. Lo sentí. Puedo leer tus emociones. Eso fue lo que me dijo que mi mente me estaba mintiendo.

Besó mi frente.

-Y creo- continué- que bajo todo esto, cuando logre hallarme a mí misma otra vez, también encontraré que te amo.

-Es bueno saberlo.

Y así nos quedamos, viendo las estrellas asomar, ambos rogando que la explicación a por qué estaba tan enredada no tardara tanto.