Retsu y Joushiro me llevaron a casa en los primeros días de Diciembre. Algunos adelantados ya habían colgado sus luces de Navidad. La casa de la srta. Shiba era una explosión de color, suficientes como para ser dignas de un desvío de autopista. Nuestra casa estaba oscura, sin una vela ni chucherías a la vista.

Joushiro abrió la puerta.

-Ahora que estás de regreso, Rukia, podemos ponernos a decorar.

-¿Entonces, nos inclinamos por el viejo buen gusto Inglés o el temerario del Nuevo Mundo?- preguntó Retsu demasiado alegre.

Les seguí la corriente, sabiendo que ellos querían creer que me encontraba mejor de lo que en realidad estaba.

-¿Si lo hacemos, puedo tener a un santa inflable colgando de mi ventana?

-Por supuesto, siempre y cuando pueda tener a un reno de luces que parpadean sobre el techo.

Luces que parpadean, una palmera, montañas rusas.

-¿Qué sucede, amor?- Joushiro puso sus brazos alrededor mío.

Esto me estaba sucediendo todo el tiempo ahora: veía destellos de cosas; una silla, un jet, una cama, ninguna de las cuales lograba entender.

-Nada. Sólo estoy teniendo uno de mis momentos.

Tiré la caja sobre mi cama y me senté, mirando fijamente a las paredes. Turquesa. Casi había olvidado practicar lo del escudo. Debí haber estado filtrando todo el tiempo pensamientos y sentimientos hacia Ichigo pero él había sido tan amable en no decírmelo. En cierta forma, no tenía la energía para retomar donde lo había dejado. Él me había contado que lo contacté mientras estaba siendo retenida por mis misteriosos captores. Aduje estar en Las Vegas, lo que le pareció difícil de creer hasta que aparecí en el almacén. Pensaba que intenté decirle exactamente dónde me encontraba pero no había captado la mayor parte de mi mensaje. Los Kurosaki habían actuado sobre lo que llegué a decir y viajaron a Las Vegas porque la ciudad era el centro de operaciones de Yushima Kageroza, la coincidencia era demasiado grande como para ser ignorada. Ellos todavía pensaban que había una conexión: Yammi, el hombre que había muerto en el almacén, había sido empleado de la Corporación de Kageroza, pero la policía no había sido capaz de conectar el secuestro con el empresario.

Byakuya se estaba sintiendo bastante ofuscado por todo el asunto. Para colmo de males, los dos Kageroza que los Kurosaki habían ayudado a encerrar, se escaparon de prisión un par de semanas atrás; nadie sabe bien cómo es que lo hicieron.

-Rukia, ¡la cena está servida!- llamó Retsu.

Bajé y fingí tener más apetito del que en realidad tenía. Retsu había cocinado mi pasta favorita y compró un pote de helado especial. Todos estábamos haciendo el esfuerzo para logar que la noche sea un éxito.

Jugué con mis espaguetis.

-¿Creen que debería regresar a la escuela?

Joushiro le llenó la copa de vino de Retsu y luego se sirvió a sí mismo.

-Todavía no, amor. En realidad, me...em...me he estado preguntando.

-¿Hmm?- Retsu alzó la vista, al escuchar el tono precavido en su voz.

-Tuve noticias de esta señora en Las Vegas hoy – la Sra. Kujo. Ella dirige uno de esos hoteles casino. Resulta ser que ella estaba detrás de las donaciones secretas que pagaron por la clínica de reposo.

-Oh, que amable de su parte.

-Eso fue lo que le dije. Como sea, escuchó acerca del secuestro y ha estado viendo nuestro portafolio en la web; se preguntaba si consideraríamos un nuevo contrato como consejeros en las adquisiciones de arte que haga la cadena hotelera. Tienen hoteles por todos lados; Roma, Milán, Madrid, Tokio, Londres, así como a lo largo de todo Estados Unidos. Duraría más que un año y le permitiría a Rukia finalizar su colegiatura en un solo lugar. Ella mencionó que había algunas secundarias excelentes en Vegas. Incluso recomendó unas cuantas.

Retsu revolvió su vino en la copa.

-No lo sé, Joushiro. Si nos mudamos a alguna parte, preferiría regresar a Inglaterra. No creo que nuestra aventura Americana haya tenido mucho éxito. Y Las Vegas, bueno, los recuerdos no son muy placenteros que digamos.

Joushiro enroscó expertamente un espagueti alrededor de su tenedor.

-No nos comprometí a ello. Ella sugirió que lo habláramos un poco, y exploráramos la posibilidad antes de rechazar la idea. Nos invitó a ir por un fin de semana, incluida Rukia- Tomó un bocado- debo decir que el salario que mencionó excedía por mucho mis expectativas.

-¿Rukia? ¿Qué piensas?- preguntó Retsu.

-¿Eh? Oh, no estaba escuchando realmente.

-¿Necesitas un cambio de Wrickenridge?

-No creo que quiera mudarme otra vez justo en este momento.

-Puedes hacerle frente a la escuela aquí, ¿sabiendo que todos están al tanto de lo que te sucedió? No te culparíamos si quisieras un nuevo comienzo en otra parte.

-¿Puedes dejarme pensar acerca de esto?

Joushiro asintió.

-Por supuesto. Podemos ir, y echar un vistazo sin hacer ninguna clase de compromiso. Te ayudará a decidir. Después de todo, no llegaste a conocer Las Vegas, sólo el hospital y ese…ese almacén. Puede que disfrutes de la ciudad.

-Tal vez- Dejé eso de lado por un momento, mi mente demasiado enfrascada en hacerme a la idea de estar nuevamente en casa como para pensar en mudarme.

Misaki e Isshin vinieron el sábado en la mañana. No me había sentido a gusto con la madre de Ichigo desde nuestro primer encuentro, pero hoy estaba en su mejor comportamiento, sin dar ninguna señal de que me estuviera leyendo. Irónicamente, no me hubiera importado que alguien me dijera qué es lo que estaba sucediendo en mi cabeza dado que yo no tenía la menor idea. Recordé la conversación que tuve con Isshin acerca de mi relación con su hijo; ¿seguirían estando tan ávidos de tenerme en la familia ahora que sabían que había enloquecido en Las Vegas?

Retsu y Joushiro se sentaron conmigo mientras entreteníamos a los Kurosaki en la cocina. No había nada de lo chiflado divertido que había tenido en casa de los Kurosaki cuando fui. Intercambiaron un par de cortesías, hablando acerca de los conciertos que estaban planeados para Navidad y la ajetreada temporada en las pistas. Me sentí muy triste de no formar parte en lo de la música como tenía planeado. Ya estarían con los ensayos en la escuela, sin mí. Finalmente, Isshin se volteó hacia mí, llegado un punto de su visita.

-Rukia, es bueno verte de regreso en Wrickenridge.

-Gracias, Sr. Kurosaki.

-Ichigo nos contó lo que le dijiste acerca de tener falsos recuerdos.

Bajé la vista hacia mis manos.

-Creemos que podemos ayudarte.

Joushiro se aclaró la garganta.

-Ahora, sr. Kurosaki, apreciamos que venga hasta aquí, pero le conseguimos un excelente doctor a Rukia. Ella la está viendo para su tratamiento. No pensamos que sea bueno interferir con eso.

-Eso estaría muy bien en el curso normal de las cosas- dijo Misaki, su tono traicionando un dejo de impaciencia- pero pensamos que el problema de Rukia pueda estar fuera de los límites de la medicina ordinaria.

La mirada que Retsu y Joushiro intercambiaron fue clara. Estaban hostiles a cualquier sugerencia fuera de su control; los Kurosaki no eran la única familia que sabía cómo cerrar filas.

-Puede que así sea, pero ella es nuestra hija y nosotros decidiremos con ella qué es lo mejor- Joushiro se puso de pie, señalizando que hasta a donde a él le concernía, esta amistosa visita había concluído.

Isshim mantuvo sus ojos sobre mí.

-Nos gustaría que pasaras algún tiempo con nuestra familia, Rukia. Cuando estamos juntos, hay cosas que podemos hacer para ayudar a las personas que están en tu situación.

La perspectiva me aterrorizaba, pero también sabía que no estaba yendo a ninguna parte con los métodos del doctor pese a todo el optimismo de Retsu y Joushiro.

-¡Es el pasar tiempo con tu familia lo que metió a Rukia en el embrollo en que está ahora!- Joushiro ya no se molestó en ocultar su enojo- Mire, sr. Kurosaki…

-Por favor, llámeme Isshim. Hemos atravesado demasiadas cosas juntos como para continuar siendo tan formales.

Joushiro suspiró, abatido.

-Isshin, Ichigo nos cae bien, es un buen muchacho, pero no es probable que Rukia vaya a pasar mucho tiempo más por aquí como para pasar ese rato del que está hablando. Por favor, sólo déjenos solos ahora. Rukia tuvo que soportar suficiente para su corta vida; no añadamos a ese estrés bajo el que ella se encuentra ahora haciendo alegaciones sobre ella.

Retsu juntó sus dedos, apretándolos con fuerza.

-Siempre hemos sabido, desde que era pequeña, que la salud mental de Rukia es delicada. No es su culpa, pero ha resultado que la asociación con su familia y este excepcional problema la han alterado de su balance. Por favor, déjela tranquila.

La discusión se estaba llevando a cabo sobre mi cabeza. Era casi como si yo no estuviera allí.

-Retsu, por favor.

-Está todo bien, Rukia. No hay nada de lo que avergonzarse.

-Su hija nos necesita- dijo la sra. Kurosaki.

-Lo siento, pero estoy en desacuerdo- Retsu se unió a Joushiro junto a la puerta, el lenguaje corporal claro como el cristal- Sabemos lo que es lo mejor para Rukia. Ha sido nuestra desde los seis años y creo que la conocemos mejor que ustedes.

-Paren, todos ustedes, por favor- Me sentía como un hueso que estaba siendo disputado por una manada de perros. Todos estaban tan ocupados diciéndome que sabían qué era lo mejor, cuando yo no podía decirdir qué podría llegar a serlo por mí misma.

Isshim se levantó de la mesa.

-Misaki, estamos angustiando a Rukia. Será mejor que nos vayamos- Me lanzó una mirada- La oferta se mantiene en pie, Rukia. Sólo piensa en ello. Por el bienestar de Ichigo, así como por el tuyo.

Los Kurosaki partieron con un portazo sobre su auto y tensos saludos en la entrada. Permanecí detrás, en la sala, deslizando mis dedos por el teclado del piano. ¿Era mi impresión, o también sonaba fuera de tono?

-Bueno, realmente- dijo Retsu, retornando a la casa en un arranque emotivo- ¿No hay nadie en Wrickenridge que no crea que sabe más que nosotros?

-Lamento que hayas tenido que aguantar eso, amor- Joushiro despeinó mi cabello- Pienso que sus intenciones eran buenas.

-En estos momentos Las Vegas luce muy tentador- añadió Retsu.

Los ojos de Joushiro destellaron, como un conductor viendo un espacio en el tráfico de la hora pico, sabiendo que podía sacar una ventaja de eso.

-Entonces le llamaré a la sra. Kujo, y ver si puede hacer los arreglos.

No quería esta actitud de a todo vapor hacia una nueva vida; quería tiempo para adaptarme a la que había estado formando por mi cuenta aquí. Quería tiempo para descubrir qué había entre Ichigo y yo. Y para todo esto necesitaba mi cabeza otra vez en el lugar correcto.

Cerré la tapa del piano.

-¿No podríamos pensar sólo por un minuto en lo que el sr y la sra. Kurosaki dijeron? Tal vez puedan ayudar.

-Lo siento, Rukia, pero una vez mordido, dos veces reticente- Joushiro siguió pasando tarjetas ejecutivas hasta que halló la del hotel en Las Vegas- Enredarse en los asuntos de esa familia ha sido un desastre. No nos importa que veas a Ichigo aquí, pero no irás para su casa. Estás progresando, no queremos ninguna recaída. Voy a hacer esta llamada.

Tenía poca energía para una discusión de momento de modo que no hice ninguna promesa, simplemente me paré, excusándome que iba a la cama. Podía escuchar a Joushiro hablando animadamente con su nuevo contacto, mencionando qué fines de semana teníamos libres y cuánto nos gustaría ir de visita. No tenía ningún deseo de regresar a Las Vegas; ¿por qué querría? Todo lo que quería se encontraba aquí.

Me senté en la punta de mi cama a mirar por la ventana hasta mucho más tarde que mis padres se hayan retirado a dormir. El cielo estaba despejado, las sombras de la luna manchando la nieve de azul. El invierno se había instalado, la nieve se amontonaba, lista para quedarse hasta la primavera. El termómetro estaba bien por debajo de los cero grados, las estalactitas colgaban de los aleros, elongándose diariamente. Me froté los brazos. No podía soportar esto. Quería gritar, golpear mi cabeza hasta volverla a poner en forma. Estaba haciendo todo lo posible para fingir que estaba mejorando pero de hecho sentía que estaba empeorando. Me aferraba a la cordura, pisando delicadamente sobre el fino hielo que protegía mi mente, pero temía que esto fuera una ilusión: que ya hubiera caído en las grietas.

Me levanté abruptamente y caminé hacia la ventana, con los puños apretados. Tenía que hacer algo. Se me ocurrió un sólo lugar al que podría acudir para prevenir que el daño se expandiera. Tomando mi bata, abrí la ventana. Sabía que lo que estaba considerando era una locura, pero de nuevo pensé; yo estoy loca, así que al demonio con todo. Lamentando que mis botas de nieve estuvieran abajo, no quería arriesgarme a alertar a mis padres de mi plan, me subí al techo del pórtico, me deslicé hacia abajo hasta el borde y caí al suelo. Mis blandas zapatillas se empaparon inmediatamente pero de momento me sentía demasiado impulsada con el alivio de saber que ésta era mi última esperanza como para que me importara.

Comencé a correr por el camino, los pies crujiendo sobre la nieve. Transité de los escalosfríos de puro frío a no sentir nada. Pasé de largo a nuestro auto aparcado en el garaje, deseé haber tomado la oportunidad de la legislación de Colorado de permitir a los chicos de dieciséis años estar al volante. Ichigo una vez dijo que me daría lecciones pero nunca llegó a hacerlo. No importa, eran sólo un par de millas a travesando el pueblo. Podía lograrlo.

Estaba caminando para la hora en que alcancé el empinado camino tras las posadas de esquí hacia el teleférico. La nieve aquí estaba estampada contra el piso, congelándose en crestas de hielo. Cuando miré hacia mis pies, me dí cuenta que las suelas de mis zapatos estaban hechas trizas y estaba sangrando. Curiosamente, no pude hacer que me importara demasiado. Me acerqué a la casa de los Kurosaki con cautela, preguntándome qué clase de seguridad habrían instalado. Habían estado esperando un ataque y todavía no habrían bajado su guardia. A unas cien yardas de distancia, sentí una barrera; no una física sino una sensación de poca predisposición y miedo forzándome a retroceder. Alcé mi escudo y me abrí paso, mi determinación de alcanzar a Ichigo era muchísimo más poderosa que este instinto de escape. Cuando me libré, sentí que había activado alguna clase de alarma. Las luces se encendieron en la casa, primero las de arriba en las habitaciones, luego las del porche.

¿En qué estaba pensando? ¿Planeaba ir a golpear a su puerta en medio de la noche? Esta era la América pistolera, no Inglaterra: probablemente terminara con un disparo antes de que cayeran en la cuenta de quién era. Mi certeza de que esto era una buena idea se evaporó. Me quedé parada sin saber qué hacer en medio del camino, analizando si tendría la energía como para voltearme y regresar a casa.

-Deténgase ahí. Levanta tus manos donde pueda verlas- La voz de un hombre, uno que no reconocía.

Estaba congelada en mi lugar, demasiado congelada como para moverme, siquiera como para pensar.

Llegó el inconfundible sonido del seguro de un rifle siendo deslizado, algo que sólo había oído en las películas. Las imágenes pasaron: el sal con las manos arriba de Bugsy Malone. Ahogué una histérica bocanada de risa.

-Ve hacia la luz para que pueda verte.

Me obligué a moverme.

-¡Y dije con las manos arriba!

Alcé temblorosa mis manos.

-¡Ulquiorra, es Rukia!- Ichigo salió disparado de la casa sólo para ser retenido del brazo. Su hermano mayor, Ulquiorra, el policía de Denver, no lo soltaba.

-Puede ser una trampa- advirtió Ulquiorra.

Byakuya salió de entre la oscuridad que había atrás mío. Me rodeó para bloquearme, con el arma pegada a mi espalda.

-¡Suéltame!- Ichigo forcejeó, pero Isshin se unió al bloqueo.

-¿Por qué no estás usando la telepatía, Rukia?- Isshin habló calmadamente, como si fuera lo más natural del mundo que una chica aparecíera en su ropa de dormir a las tres de la madrugada.

Tragué. Ya había demasiadas voces en mi cabeza.

-¿Puedo pasar? Usted dijo que podía venir.

-¿Está sola?- le preguntó Ulquiorra a Byakuya.

-Así parece.

-Tú pregúntale, sólo asegúrate- Ulquiorra bajó el arma- No podemos arriesgarnos a cometer un error.

-¡No la toques, Byakya! ¡Déjala en paz!- Ichigo se salió del abrazo de su hermano y saltó la distancia.

-¡Ichigo!- gritó Isshin.

Pero fue demasiado tarde. Ichigo me alcanzó y me acogió entre sus brazos.

-Oh amor, ¡te estás congelando!

-Yo...yo lamento venir así de esta forma- murmuré.

-Deja de ser tan malditamente inglesa, no necesitas disculparte. Calla, está todo bien.

Isshin nos alcanzó pero no tuvo el corazón de separarme de su hijo.

-No está bien, no hasta que sepamos por qué está ella aquí. Caminó directo hacia nuestro perímetro de seguridad. No pudo haberlo hecho sin ayuda. Sus poderes no son tan fuertes.

Byakuya me apartó del pecho de Ichigo y me mantuvo la mirada fija, con ojos serios. "¡Dinos por qué estás aquí. ¿Acaso alguien te envió?" Estaba usando su don, una capa en sus palabras que instaba a responder. Podía escucharla como a una armonía que sonaba bajo la melodía. Dolía."Rukia, debes decírmelo."

-¡Detente, detente!- sollocé, alejándome de ellos, tambaleando hacia atrás- Sal de mi cerebro, ¡todos ustedes!- tropecé, terminando sentada sobre la nieve, con la cabeza apretada entre mis manos.

Ichigo alejó a Byakuya de un empujón y me alzó en sus brazos. Estaba furioso.

-La llevaré adentro y no me interesa lo que ustedes digan. Ella es mía, es mi Soulfinder, y será mejor que no intenten detenerme.

El anuncio fue recibido con asombro por parte de sus hermanos, y resignación en Isshin.

-Mírenla, está azul del frío- Ichigo se abrió paso a través de su familia y me llevó a la cocina. Grimm estaba allí, junto con Gin, uno de los hermanos que aún me faltaba conocer formalmente; estaban mirando en un monitor que había sido instalado sobre la mesada de la cocina.

-Ella entró- dijo Gin. Estaba operando una especie de circuito cerrado de la entrada al complejo del teleférico- No hay señales de nadie más.

-Rukia, ¿a qué estás jugando?- Grimmjow se movió hacia mí, entonces vio mis pies- Cielos, Ichigo, ¿acaso no notaste que ella está sangrando? Ponla sobre el mostrador.

Ichigo me sujetó contra él mientras Grimm removía lo que quedaba de mis zapatillas. Cerró sus ojos y colocó las palmas de sus manos sobre la planta de mis pies. Inmediatamente sentí el hormigueo, como alfileres y agujas y luego dolor mientras la sensibilidad retornaba a mis pies.

Byakuya tiró su arma sobre la mesada y le sacó el cargador.

-Gin, Grimmjow, hay algo que nuestro hermanito menor olvidó mencionar.

Ulquiorra sacudió su cabeza.

-Seeh, conozcan a su Soulfinder.

El toque de Grimm pinchó por un instante, un salto en el flujo de energía, luego regresó a sus curaciones.

Gin silbó.

-¿Me estás jodiendo?

-Eso es lo que él dice- Ulquiorra echó un vistazo a su padre, en busca de confirmación. Isshin asintió.

-Bueno, ahora ya sabemos- Gin me sonrió, su felicidad totalmente genuina- ¿tienes alguna hermana mayor, Rukia?

Ichigo le sonrió con gratitud.

-No que ella sepa, pero intentaremos averiguarlo por ti.

-No se olviden del resto de nosotros- dijo Ulquiorra, su sonrisa algo forzada- A algunos de nosotros se nos está acabando el tiempo.

Isshin le dio una palmada al hombro de su hijo.

-Hijo, paciencia. La encontrarás.

-¿Caminaste hasta aquí por tu cuenta?- preguntó gentilmente Ichigo mientras la sanación estaba progresando- ¿Por qué?

-Necesito ayuda- susurré. Deseando poder enterrarme en su pecho y desaparecer. Él estaba tan cálido y yo tan fría- Te necesité.

Ulquiorra y Byakuya aún estaban suspicaces por mi extraño arrivo. Podía sentir las oleadas de emociones fluyendo fuera de ellos. Oh Dios, mi don se había encendido nuevamente. Había leído las emociones en el almacén pero las había acallado de mí desde entonces; aquí, en esta casa de Savants, la habilidad de ver a las personas a partir de sus sentimientos regresó a toda velocidad.

-Quiero que tus hermanos sepan que estoy diciendo la verdad- No necesité abrir mis ojos para estar conciente de dónde se encontraba cada uno. Los dos Kurosaki más grandes acechaban protectoramente junto a la puerta al resto de la casa. Las emociones de su padre eran encontradas, miedo, preocupación por mí, y desconcierto. Gin se reclinó sobre el mostrador, destellando en un alegre verde primaveral. Grimm estaba concentrado en curar mis pies, su presencia en un frío azul por la concentración. E Ichigo, él estaba destellando con el color dorado del amor y un borde púrpura en la desesperación de hacer algo por mí.

-¿No pensarán que estoy aquí porque alguien me envió a lastimarlos, no?- susurré, frotando mi mejilla contra la sudadera de Ichigo.

-No, bebé- respondió, acariciando mi cabello.

-Tu papá dijo que podía venir.

-Lo sé.

Isshin levantó el teléfono que descansaba sobre la mesa.

-¿Cuál es su número?- preguntó.

Me había olvidado por completo de mis padres.

-Ellos no saben que me fui.

-Mejor despertarlos para decirles que te encuentras bien a que dejarlos que descubran tu cama vacía y se preocupen.

Ichigo recitó mi número e Isshin tuvo una rápida conversación con Joushiro. Sabía que ellos querrían saltar al auto y correr a buscarme, pero yo no quería eso, no después de haberme recorrido todo este camino.

-Quiero quedarme- murmuré. Luego encontré mi voz- Quiero quedarme.

Isshin me echó un vistazo y asintió.

-Sí, Joushiro, ella está bien, con algo de frío pero la estamos cuidando. Ella está segura de que quiere quedarse. ¿Por qué no vienen y se la llevan luego del desayuno? No tiene sentido salir en medio de la noche cuando no hay necesidad. Sip, eso haremos- Colgó el teléfono- Pasará en la mañana. Dijo que fueras a descansar un poco y no te preocuparas.

-¿Estoy castigada otra vez?

Ichigo me despeinó el pelo detrás de la nuca.

-No dijo nada acerca de eso- Sonrió Isshin.

-Apuesto a que lo estoy.

-Hasta que cumplas cincuenta- dijo Ichigo.

-Imaginé algo como eso.

Grimm soltó mis pies.

-Hice lo que pude por tu Soulfinder- Usó el término con deleite- Ahora necesita mantenerse caliente y dormir un poco. Los cortes están casi curados.

-Gracias- Ichigo me alzó- La pondré en mi cama por esta noche. Mamá le prestará algún camisón seco.

Acurrucada y cálida bajo el acolchado de Ichigo, no me sentí con sueño. Él estaba sentado junto al asiento de la ventana, guitarra en mano, tocando unos acordes suaves. Misaki había resistido un poco a la idea de que estuviera en la habitación de Ichigo pero cuando quedó claro que él no iba a dejarme fuera de su vista, cedió, diciendo que confiaba en que nos comportáramos.

Ichigo reclinó su frente contra la de su madre, un gesto que encontré curiosamente conmovedor en vista de cuánto más alto era él respecto de ella.

-Dime lo que ves, ma. He dejado caer mis escudos.

Misaki suspiró.

-Te veo permaneciendo en guardia por ella y comportándote como un perfecto caballero.

-Así es- Me guiñó un ojo- A veces tener una mamá que ve el futuro es una bendición.

Ahora, observándolo enmarcado por el cielo nocturno, pensé que jamás había contemplado algo más perfecto.

-Te amo, Ichigo- dije en voz baja- No necesito esperar a aclarar mis recuerdos; sé que te amo.

Dejó de tocar.

-Bueno, ahora- Se aclaró su garganta- Ésa es la primera vez que me lo has dicho así, cara a cara.

-Te lo he dicho antes; estoy segura que sí.

-No, lo dejaste entrever pero nunca lo soltaste así directo.

-Lo hago, sabes, me refiero a que te amo. Soy algo tímida así que no me sale fácil decirlo.

-¿Algo tímida? Rukia, eres posiblemente la persona más tímida que jamás he conocido.

-Lo siento.

Vino y se sentó sobre el borde de la cama.

-No lo lamentes. Es parte de lo que amo de ti. Nunca crees que alguien vaya a quererte y tienes esta vaga expresión de sorpresa cuando todos caemos rendidos por ti. Es adorable- Acarició la punta de mi nariz.

-No quiero ser adorable.

-Lo sé, quieres ser tomada en serio- Su expresión fue solemne pero en sus ojos se estaba riendo- Y lo hago, te lo juro.

-No lo haces, no acerca de esto.

-¿No me crees?

Negué con la cabeza.

-Puedo leer las emociones, ¿sabes?

Apartó un mechón de pelo de mi frente.

-Puede que no tenga una cara de póker pero me cuesta creer que sea así de transparente.

-No lo entiendes. Es mi don, de verdad puedo leer lo que estás sintiendo. Mi don, está desbloqueado.

Se sentó erguido, sus colores virando al malva en desconcierto. Podía verlo procesando lo que le había dicho, las emociones moviéndose a travez de los cálidos colores de su amor por mí mientras lo aceptaba.

-Entonces está bien, de modo que sabes que cuando te digo te amo, realmente lo siento. Sabes que eres mi Soulfinder.

-Sí. Pero también puedo distinguir si me estás mintiendo respecto de otras cosas. La gente tiene una furtiva nube amarilla sobre ellos cuando mienten.

-Oh, bueno, ahora eso no es justo.

-Tú puedes ver el futuro.

-No todo el tiempo y ahora no tanto contigo.

Sonreí somnolienta.

-Entonces será mejor que te cuides conmigo.

Pasó la parte porteior de su mano sobre mi mejilla.

-Por una vez, estás disfrutando de tener esta ventaja.

-Seeh, estoy por delante de la curva, o como sea que le digan aquí.

-Dios se apiade de nosotros- Me dio un empujoncito y se estiró a mi lado- ¿Cuando descubriste esto?

-En el almacén. Fue así como supe que tú no me habías hecho daño aunque mi cerebro me estuviera diciendo otra cosa- Me pausé, las imágenes aún eran tan vívidas- ¿Estás seguro que nunca te he disparado, ni siquiera en una farsa como con la del cuchillo?

Gimoteó.

-Ni me lo recuerdes. Y sí, estoy seguro. ¿No es algo que sea propenso a olvidar, no crees?

-Estoy loca Ichigo- Ya está, lo admití.

-Ajap. Y yo también estoy loco… por ti.