Bajé a la cocina vistiendo ropa demasiado grande para mí, con los jeans y camiseta arremangados, y un par de calcetines de lana de Ichigo en lugar de mis pantuflas. Me estaba empezando a acostumbrar a ver a mis padres recibirme con esa expresión de asombro y decepción, ésa en la que sabía que los había defraudado pero estaban demasiado asustados para retarme, en caso que les terminara colapsando.
-Hola, amor, ¿lista para ir a casa?- preguntó Joushiro, un poco impaciente, haciendo sonar las llaves del auto contra su palma.
Ichigo vino por atrás, dándome silenciosamente ánimos con su presencia.
-Me gustaría quedarme un tiempo, por favor. Creo que ellos pueden ayudarme- Estiré mi mano en busca de la de Ichigo a mis espaldas.
Retsu se tocó la base de su garganta.
-¿Por cuanto tiempo?
Me encogí de hombros. Odiaba hacerles daño.
-Hasta que sepa si esto va a funcionar.
Misaki cerró sus ojos por un momento, sintiendo el futuro. Sonrió cuando me miró.
-Honestamente pienso que podemos ayudar a Rukia, Retsu. Por favor, confía en nosotros. Estamos a escasa distancia. Serán capaces de contactarla en pocos minutos si están preocupados por ella.
-¿Amor, estás segura?- preguntó Joushiro.
-Estoy segura.
Retsu aún no se había reconciliado con esta separación.
-Pero, cariño, ¿qué es lo que ellos pueden hacer que nosotros no podamos?
-No lo sé. Sólo se siente que es lo correcto.
Me abrazó con fuerza.
-Ok, lo intentaremos. ¿Entonces tienes a tu chico para que cuide de ti?
-Sí, lo tengo.
Retsu asintió.
-Puedo verlo. Si no llega a funcionar, no te preocupes. Simplemente intentaremos otra cosa y seguiremos hasta que podamos resolver esto.
-Gracias.
Mis padres con cierta reticencia, se regresaron a casa, dejándome con los nueve Kurosaki en su cocina.
-Me gustan tus padres- dijo Ichigo en voz baja, colocando un brazo alrededor mío- Ellos siguen peleando de tu lado, ¿no crees?
-Sí, soy afortunada de tenerlos- Estaba muy conciente de nuestra audiencia. Todavía me restaba conocer a Uryuu, él era el morocho delgado que estaba junto a Gin, ambos mirándome de reojo como si yo fuera una criatura exótica. La Soulfinder de Ichigo. El menos imponente físicamente de los Kurosaki era el que yo más temía, el que podía leer el pasado.
Misaki nos llamó la atención aplaudiendo.
-Bien, mis pequeñines…
¿Pequeñines? Ella era la más pequeña de la familia y por mucho.
-¡A desayunar! Ulquiorra y Uryuu, los platos. Grimm, cuchillos y tenedores. Toshiro, Byakuya, ustedes harán los panqueques. Gin, trae el jarabe.
-¿Y qué con Ichigo?- gruñó Toshiro, sacando el bol para preparar la mezcla.
Misaki nos sonrió a ambos.
-Él tiene sus manos ocupadas, reconfortando a su chica, y es justamente donde debería estar. Ustedes dos, siéntense.
Ichigo me llevó a su regazo en el rincón del desayunador y me senté a disfrutar del espectáculo. Los chicos más peligrosos de Wrickenridge eran completamente distintos en casa. Aunque Byakuya y Ulquiorra ya eran hombres adultos, no se atrevían a responderle con insolencia a su madre y aceptaban las tareas como el resto. No teniendo que ocultar sus poderes frente a mí, pronto me acostumbré a ver a los Kurosaki convocar las cosas que necesitaban, y verlas flotar hacia sus manos. Era fascinante. Me di cuenta que podía verlos haciéndolo. El poder se revelaba hacia mí como una luz blanca, muy tenue, como un hilo. Me tenía que concentrar o de otra forma la perdería de vista. Me pregunté si yo podría hacer lo mismo. Observé mientras Ulquiorra levitaba un huevo de su caja y entonces, cediendo ante el impulso, imaginé que lo enlazaba con mi propio poder. Para mi completo desconcierto, el huevo viró, se salió de su control y se dirigió a toda velocidad hacia nosotros. Ichigo me hizo agachar justo a tiempo. El huevo chocó contra la pared que estaba detrás nuestro y se deslizó hacia el piso.
´-¿Quién hizo eso?- gritó Misaki furiosa.- ¿Grimm? ¡No toleraré que le estés aventando huevos a nuestra invitada!
Grimm lució de lo más ofendido.
-¡Yo no fui! ¿Por qué siempre piensan que es mi culpa?
-Porque usualmente lo es- dijo secamente Gin, mientras le daba un codazo a Grimm desde atrás, haciéndole tirar los cubiertos sobre la mesa.
-¿Quién lo hizo?- repitió Misaki, determinada a recibir una respuesta.
-Quien quiera que sea tendrá el resto de los huevos lanzados sobre su cabeza- gruñó Ichigo, colocando protectoramente su brazo sobre mi cintura.
-¿Quien?- repitió Misaki, demostrando que la altura no era necesaria para lucir amedrentadora.
-Em...creo que fui yo- confesé.
La mandíbula de Ichigo cayó. Descubrí que cuando quedas atónito el color que destellas es plateado.
-Los estaba observando a ustedes hacer cosas, y me pregunté si yo también podría hacerlas. Yo enlacé el huevo.
Gin se reía a carcajadas, haciendo bailar a los cubiertos en su lugar con un movimiento de su mano. Me hicieron una reverencia antes de acomodarse solos, prolijamente en su lugar.
Isshin tomó asiento en la mesa.
-¿Lo viste? ¿Qué significa eso?
Podía sentir mis mejillas sonrosarse. Deseé poder encontrar un botón para apagar mi tendencia a sonrojarme.
-Em…bueno, el mover cosas, eso es como una línea blanca. Supongo que siento la energía o algo.
-Ella también ve las emociones, papá- agregó Ichigo- Puede saber si estás mintiendo.
-Muy útil- Byakuya me miró de una forma tan calculadora que no estaba segura de que me gustara. Era bajo de emociones en comparación con los otros, o tal vez sólo fuera mejor en escudarlas.
Aparté mis ojos de él.
-El sanar es azul. Cuando la sra. Kurosaki se adentró en el futuro, medio como que se desvaneció un poco. No estoy segura del resto, pero creo que cada poder tiene su propia identidad.
¿Y qué con la telepatía? preguntó Isshin.
Me estremecí, aún no me gustaba la sensación de alguien más dentro de mi cabeza.
-No puedo ver eso, o al menos, no sé qué buscar.
-Es el que lleva la menor energía de todos los dones cuando se hace cerca de la persona con la que te estás comunicando. Puede que las señales sean muy sutiles como para que las notes.
Me froté las sienes, recordando el dolor de hablar con Ichigo a una gran distancia. ¿Dónde había estado cuando hice eso? ¿En el almacén?
Ichigo me tiró contra él.
-No pienses en ello ahora, Rukia. Puedo notar que te está lastimando.
-¿Por qué no puedo recordar?
-Eso es lo que vamos a descifrar- dijo firmemente Isshin- Pero después del desayuno.
-¿Y qué pasará con la escuela?- Sabía que Ichigo y Toshiro ya deberían haber partido.
-Asuntos de familia, nos permite saltearnos clases- Sonrió Toshiro, colocando el primer panqueque frente a mí. Su imagen de sabiondo se desdibujó un poco cuando ví cuán feliz estaba de faltar a clases.
-¿Como aquel día, en septiembre?- me giré hacia Ichigo- Te perdiste un viernes.
-Oh eso. Seeh. Estábamos ayudando a Ulquiorra a cazar a los tipos que le dispararon a esa familia en el caso de drogas.
Ahora recordaba cuán agotado lo había visto el sábado cuando lo encontré en la ladera en el Pueblo Fantasma.
-Y en estos asuntos familiares ¿les toca ver lo que sucedió?
-Seeh, pero obtenemos resultados- dijo Ulquiorra, sentándose con su propio plato- Atrapamos al bast…- echó un vistazo al ceño fruncido de su madre- malhechor. Irá a juicio a principios del próximo año.
-No tienes que preocuparte por nosotros, Rukia- añadió Ichigo, conociendo mis pensamientos aún cuando no poseía mi don para leer las emociones- Es lo que hacemos.
-El negocio de la familia- acordó Grimm, echando jarabe sobre su panqueque- La Red Savant está trabajando como debe.
-Y estamos orgullosos de eso- concluyó Byakuya, golpeteando al espacio vació frente a él- ¿Dónde está el mío?
Un plato conteniendo un panqueque recién elaborado sobrevoló por el aire hacia él. Ichigo cerró sus manos sobre mis ojos.
-Nada de enlazar.
Me reí.
-Lo prometo, no más experimentos con la comida.
…
El ambiente se tornó sombrío después del desayuno. Isshin salió brevemente para verificar que sus asistentes tuvieran todo bajo control en el teleférico, luego regresó, sacudiendo la nieve de sus botas.
-Estamos listos- anunció- Hagamos esto en la sala de estar.
Ichigo me guió hasta un espacio en el extremo más alejado de la casa, el cual funcionaba también como salón de juegos. Ulquiorra y Byakuya movieron las mesas de ping pong hacia atrás mientras Uryuu y Toshiro acomodaban almohadones en el piso en forma de anillo.
-Sólo queremos que te sientes con Ichigo- dijo Isshin, tomando su lugar en el sitio opuesto al mío.
-¿Qué es lo que van a hacer?- Ya me estaba sintiendo nerviosa. ¿En qué me había metido?
-Estamos tratando esto como a una investigación- Ulquiorra se sentó a mi derecha- Lo cual es apropiado dado que creemos que algo te sucedió como resultado de un crimen.
-Me siento como si me hubieran asaltado el cerebro- admití.
-Cada uno de nosotros va utilizar su don para leerte, nada invasivo, sólo un toque para sentir cuál es la pista más fuerte- Ulquiorra le echó un vistazo a Ichigo- Voy a necesitar sostenerte la mano, si es que Ichigo la suelta, tengo que estar en contacto con mi objetivo para permitir que mi don trabaje. Debería ser capaz de saber dónde has estado recientemente, antes de lo del almacén. No tienes que recordarlo, si estuviste físicamente allí, yo debería ser capaz de rastrearte. El chico maravilla aquí presente, como séptimo hijo, le toca canalizarnos a todos ya que es el más poderoso de nosotros.
Giré para mirar a Ichigo.
-¿Es eso cierto?
-Seeh, soy como la pantalla que proyecta toda la información. Compara los resultados. Puedo ver lo que cada uno está viendo.
-Y ni siquiera requiere de baterías- bromeó Gin, dejándose caer a mi otro lado.
Se estaban riendo de ello pero ahora podía entender parte de la oscuridad que había visto en Ichigo, la cepa del mal que había sido forzado a presenciar. No era simplemente su punto de vista sino el de todos los que canalizaron a través suyo, lo que significaba que lo veía en todas las formas y en una mayor profundidad que el resto. No es de extrañar que sintiera que se estaba deslizando dentro de esa maldad hasta que halló su ancla.
El segundo hijo, Uryuu, el estudiante de posgrado, apartó a Gin a un lado.
-Hola, Rukia, no nos hemos conocido en forma adecuada aún. Soy el único sensible en la familia.
-Puedo notar eso.
-Mi don es leer los recuerdos, todo lo relativo al pasado. Sé que temes que pueda que pueda divulgar tus secretos, pero no debes preocuparte: no puedo forzarte a mostrarme el pasado, sólo puedo abrir las puertas que tú me dejes.
-Entiendo- Saqué fuerzas de sentir el calor del pecho de Ichigo contra mi espalda mientras me sentaba entre sus piernas- ¿Y qué si quiero dejar la puerta cerrada?
-Entonces la dejas cerrada. Pero creemos que necesitas comenzar a construir una imagen completa de lo que te ha sucedido para comprender qué es real y qué has imaginado.
Fruncí el ceño. No me gustaba cómo sonaba eso.
-Es como la música, Rukia- dijo Ichigo- Orquestando la nota de a un instrumento por vez. Has estado funcionando en una melodía desde hace ya un tiempo y creemos que estás dejando fuera los bajos, las notas fundacionales.
-¿Te refieres, a lo que sucedió cuando era pequeña?
-Sí. Está allí.
Espacios oscuros. Maravillosas cicatrices de dolor y abandono. ¿Quién me había descrito de esa forma?
-Pensamos que cuando hayas visto lo que hay detrás de todas tus puertas, encontrarás más sencillo cerrarlas hacia otros, impedir que la gente te lea tan fácilmente. A cambio, debería darte control sobre recuerdos más recientes, como ir descubriendo las piezas claves de un rompecabezas.
Eso era definitivamente algo que quería, sin importar cuán asustada estuviera del proceso.
-Bien, descífrenme- El sr. Kurosaki corrió las cortinas mientras Toshiro encendía velas alrededor de la habitación con un chaquear de sus dedos, este era el chico que podía hacer que las cosas exploten, recordé. Estaba aliviada de ver la evidencia de que tenía su don bajo control. Las velas olían a vainilla y canela. La casa estaba muy tranquila. Podíamos escuchar los sonidos a la distancia de la gente disfrutando de las pendientes, el ruido del teleférico pasando por los distintos puntos, el sonido de los árboles crujiendo, pero en esta habitación, en este cielo, todo era paz. Podía sentir los diferentes dones de cada Kurosaki rozándome, como gentiles caricias, nada para alarmarse. Ichigo mantuvo sus brazos alrededor mío, relajado, despreocupado.
Grimm, quien tenía la habilidad de curar, fue el primero en hablar.
-Rukia, no hay nada médicamente malo contigo, no veo signos de ninguna enfermedad mental, aunque puedo sentir tus preocupaciones.
Ichigo me frotó la nuca.
-No estás loca después de todo.
-No puedo leer el futuro con claridad- admitió Misaki- Hay muchos caminos posibles partiendo de este momento.
-Pero sé dónde ha estado recientemente- dijo Ulquiorra- Ha estado en una habitación en un hotel de primera categoría, sábanas de satén, muchos cristales, tocaste algo hecho en cuero blanco y una alfombra mullida. Es seguro afirmar que estuviste cautiva en alguna parte antes de que terminaras en el almacén. Si conseguimos la ropa que estabas vistiendo, probablemente pueda decirte más.
-La amenaza no se ha ido- dijo Isshin, usando su don para sentir a los predadores que estaban tras nosotros.
Gin asintió.
-Presiento a más de una persona en tu búsqueda, Rukia.
Me giré hacia Ichigo.
-¿Tú también recibes todo eso?
-Ajap. También recibo que los dos del almacén fueron los dos que nos dispararon en el bosque aquél día. Aaroniero era un Savant, extraordinariamente bueno con los escudos. Me pregunto si fue por eso que podía sentir una capa en tu mente, algo extraño. ¿Viste eso, Uryuu?
Uryuu me tocó la rodilla para reconfortarme.
-Sí, y creo que sé qué es, aún si no sé cómo es que llegó allí. Rukia, ¿tus padres son artistas, no?
Asentí.
-¿Sabes lo que en ocasiones le sucede a los Viejos Maestros? ¿Alguien los toma y pinta sobre la superficie y tú tienes que remover esa capa para retornar al original? Bueno, alguien ha hecho algo similar con tus recuerdos.
Eso se sentía correcto.
-¿Entonces qué es el original y qué agregado?
-Ahí es donde necesitamos llevarte de regreso a las bases.
-¿Lo verán todos?- Ya era bastante malo traer mi pasado ante mis ojos; no quería una audiencia para ello.
-No, sólo Ichigo, tú, y yo- dijo Uryuu, sus colores pulsando con el gentil rosa de la compasión- Y no le diremos a nadie a menos que tú quieras que lo hagamos.
Realmente no quería hacer esto pero sabía que debía hacerlo.
-No temas- susurró Ichigo- Estaré allí contigo.
-Ok. Ok. ¿Entonces qué hago?
Uryuu sonrió calmadamente.
-Sólo relájate y déjame entrar.
Comenzó bien. Lo sentí examinando mis recuerdos, aquellos de cuando conocí a mis padres adoptivos y de cómo la música me ayudó a curarme. No había enterrado esos. Fue cuando empujó la puerta que llevaba más atrás cuando sentí temor.
No te resistas, dijo Ichigo. Él no va a hacerte daño.
Pero no era Uryuu de quien estaba asustada. Era de lo que yacía tras esa puerta.
Nada de lo que veamos nos hará sentir en lo absoluto diferente acerca de ti, me aseguró.
Podía sentir las oleadas de sentimientos de calma emanando de los otros miembros de la familia Kurosaki; Grimm estaba haciendo algo para reducir mi elevado pulso.
Tomé una bocanada de aire.
Está bien.
Uryuu hizo a un lado el obstáculo y las imágenes comenzaron a fluir como una multitud atravesando los molinetes.
Una fría noche. La ira ebullendo en el auto.
-He soportado todo lo que pude de esta niña. ¡Lo arruina todo!- Un hombre golpeaba el volante mientras una mujer de mejillas hundidas se arreglaba el maquillaje en el espejo. Se parecía un poco a mí pero su piel estaba realmente fea, como si no hubiera comido bien desde hacía meses. Las capas de base no llegaban a ocultar los defectos.
-¿Qué puedo hacer? Soy el único familiar que tiene- La mujer hacía ruidos de besos mientras se reparaba su labial rojo-sangre.
Una puerta se abrió más atrás en el tiempo. Otros labios, rosa chicle, besaban mis mejillas. Mi mami había sido la hermana de la de labios rojos. Olía a un delicado perfume y tenía una sonrisa de plata. Su larga y oscura cabellera rozaba mi panza cuando se inclinó para hacerme cosquillas. Reí.
El timbre sonó.
-Quédate aquí, muñeca- Elevó el costado de la cuna de viaje.
Una voz retumbaba en el pasillo. Papi. No queríamos que él nos encontrara, ¿cierto mami? ¿Por qué estaba él aquí? Me aferré fuertemente a mi conejillo de orejas caídas, escuchándolos por el pasillo.
-Pero tú no eres mi Soulfinder, ambos sabemos eso. El es. ¡Voy a él y no podrás detenerme!- La voz de mamá era fea. Ella estaba realmente enfadada, pero a su vez temerosa. Sentí miedo.
-¿Y qué con la niña? ¿Qué hay de mí? ¡No puedes dejar Inglaterra con ella!
-Nunca antes la quisiste ¡sólo estás celoso!
-Eso no es cierto. no te dejaré hacer esto.
-Tengo que estar con él. Tú de entre toda la gente debería de comprenderlo.
-Entonces vé. Pero me llevaré a mi hija conmigo.
Se estaban acercando. Sollocé. La habitación estaba roja por la furia y dorada por el amor. Un hombre sombrío me sacó de la cama y me abrazó contra su pecho. La lámpara de ratón de la mesita de luz explotó, los fragmentos de la lamparita volaban.
-¡Ratón!- grité.
Mamá estaba temblando de la ira.
-Tú perdiste a tu alma gemela demasiado joven, perdiste a tu Soulfinder y yo en verdad, de verdad, lo lamento. Pero contra todo pronóstico, encontré al mío luego de haberme dado por vencida y tengo que ir con él. ¡Ahora sólo bájala!
Papi me apretó con más intensidad. Él estaba temblando.
-¿Por qué debería ser yo el que se queda sin nada? No lo toleraré- Al tiempo que ella se movió para recuperarme, él tiró sus manos hacia ella y mis libros saltaron de los estantes, bombardeándola.
La alfombra comenzó a echar humo bajo sus pies. Yo gimoteé.
-Detente. ¡Prenderás fuego por completo a la maldita casa!
-¡No te la llevarás de mí!- El temperamento de mami explotó y mi cuna se prendió fuego- No dejaré a tras a mi bebé- Se estiró, tirando de mi pijama.
La cuna en llamas giró en el aire y chocó contra ella, tirándola contra la pared.
-¡Mami!- Cerré mis ojos con fuerza.
Nunca más los ví.
Otra imagen. La tía Labios Rojos me había sacado del hospital. Era la única que había sobrevivido al incendio, milagrosamente floté fuera de la casa por fuerzas invisibles y me encontré acurrucada en la hierba húmeda por el rocío. Ahora vivíamos en un departamento. Todavía tenía frío, mi vestido estaba sucio. Era pequeña, mi cabeza siquiera alcanzaba los picaportes de las puertas. Había música fuerte en la habitación principal; me habían dicho que me mantenga lejos de modo que estaba escondida en el pasillo.
-¡No me mires así!- Era el conductor otra vez; estaba vez estaba con un amigo. Salió cuando no me moví lo suficientemente rápido. Retrocedí, presionándome contra la pared, intentando fingir que no estaba allí. Miré mientras le pasaba algo al otro hombre y obtenía dinero a cambio.
-Él te engañó- susurré.
El segundo hombre se detuvo y se arrodilló a mi lado. Su aliento era espantoso, como a cebolla frita.
-¿Qué es lo que dices, pequeñita?- parecía que me encontraba divertida.
-Él mintió. Está feliz de que te engañó- Me mecí hacia delante y atrás, a sabiendas de que iba a ser castigada, pero al menos él también lo sería.
-Hey- dijo, con una sonrisa falsa- ¿Estás escuchando a la pequeña revoltosa de mi novia? ¿Qué sabe ella?
El hombre de la cebolla sacó el paquete de su bolsillo y lo presionó entre el pulgar y su índice, ya sin sonreír.
-¿Esto es puro?
-Un ciento por ciento. Te doy mi palabra.
-Está mintiendo- dije. Los colores del hombre se tornaron enfermizamente amarillos.
El Sr. Cebolla extendió el paquete.
-Gracias chiquilla. Quiero mi dinero de regreso. Tu palabra no vale cincuenta libras.
El hombre se lo regresó, jurando inocencia.
A continuación llegó el dolor.
Mas tarde, lo escuché decirle al doctor cómo es que me había caído por las escaleras y roto el brazo. Era torpe. Una mentira. Él se enojó conmigo.
Luego regresamos al auto. Otro día. Nuevamente huyendo antes de que alguien se interesara demasiado en nosotros. La tía Labios-Rojos estaba nerviosa. Había estado gimoteando, dijo. Él estaba a punto de dejarla por mi culpa. Ella tampoco me quería. Veía demasiado, decía ella. Como una bruja. Como su muerta y estúpida media-hermana.
-Podríamos darla a servicios sociales en Bristol, decirles que no podemos hacernos cargo- La tía me miró furiosa.
-Primera regla: nunca dejes que las autoridades sepan que existimos. No vamos a regresar a Bristol, seguimos adelante- Revasó a otro auto en la autopista.
-¿Desde cuándo, cariño?
-Desde que la policía jodió lo de Cricketer's Arms.
Miré por la ventana al cartel azul, ví que tenía un pequeño símbolo en forma de avión en la punta. La ruta iba hacia alguna parte, despegando en un avión jumbo. Desearía poder hacerlo. Me quedé mirando el cartel. Partiendo en un avión...
-¡Eso es todo!- Indicó el hombre, dacándonos del camino hacia la estación de servicio- Tiraremos a la fenómeno aquí.
-¿Qué?- La mujer lo miró con asombro.
Malicia en verde lima emanaba del hombre; los colores de ella eran de un púrpura intenso, con una pizca de verde. Me enfermaba de sólo mirarlos. En lugar de eso miré a mis sucios pantalones.
-¿Estás bromeando, cierto?
-Te equivocas. La voy a dejar aquí. Tú puedes quedarte con ella o venir conmigo. Tú eliges.
-¡Maldición, no puedo simplemente tirarla!
Estacionó cerca del fondo del estacionamiento, mirando por el espejo retrovisor nerviosamente.
-¿Por qué no? No puedo operar con ella cerca. Algún bonachón la encontrará. Será su problema, no el nuestro. Ella es el error de tu hermana. Ella debería haberse deshecho de ella. No tiene nada que ver contigo, con nosotros- Se inclinó y la besó, sus colores de un horroroso amarillo que indicaba una gran y asquerosa mentira.
La mujer se mordió el labio.
-Bien, bien, dame un momento. Dios, necesito un trago. ¿No seremos rastreados?
Él se encogió de hombros.
-Las patentes del auto son falsas. Si no salimos, no seremos tomados por las cámaras. Nadie en Inglaterra la conoce. Los padres murieron en Dublín, a menos que piensen en revisar en el extranjero, ella es una don nadie. ¿Quién va a reconocerla luego de todo este tiempo? Ella siquiera tiene el acento.
-Entonces la abandonamos y alguien más cuidará de ella. Ella no saldrá lastimada- La tía estaba tratando de convencerse así misma de que estaba haciendo lo correcto.
-Pero lo saldrá si tenemos que regresar por ella. Es mala para nosotros, está arruinando lo que tenemos.
Haciendo acopio de valentía, la mujer asintió.
-Hagámoslo.
-Sólo necesitamos una oportunidad para librarnos- El hombre se giró y tomó el frente de mi remera- Escucha fenómeno, tú quédate callada, sin escándalos, o regresaremos y vendremos por ti. ¿Comprendes?
Asentí. Estaba tan asustada que pensé que podría llegar a orinarme encima. Sus colores eran de un violento rojo, justo como antes de que me golpeara.
Se estiró y abrió la puerta.
-Ahora sal y siéntate allí. No causes problemas.
Desabroché mi cinturón, usado para cuidar de mí.
-¿Estás seguro de esto?- se quejó la mujer.
Él no contestó, sólo cerró la puerta. Lo siguiente que escuché fue el auto acelerando y alejándose.
Me senté y conté margaritas.
…
Esta vez, cuando abrí los ojos, no estaba en un estacionamiento, sino sentada rodeada de por los brazos de Ichigo, cálida y cuidada.
-¿Viste eso?- Susurré, no atreviéndome a mirarlo.
-Seeh. Gracias a Dios que te abandonaron antes de que él te matara- Ichigo frotó su barbilla suavemente sobre mi cabeza, el pelo enredándose en su incipiente barba.
-Aún no sé quien soy. No creo que ellos jamás hayan mencionado mi nombre.
La Tía, su novio, y la fenómeno; eso era lo que habíamos sido cuando tenía seis. Si mi madre y mi padre me habían dado un nombre, lo había olvidado. Mis padres habían sido Savants; se habían matado el uno al otro porque no controlaron sus dones, dejándome con una drogadicta como mi tutora. Me sentía tan furiosa con ellos por su traición.
-Una descifradora de la verdad no va muy bien en la casa de un traficante- Ichigo rodeó mi muñeca con sus dedos, acariciando mi palma para gentilmente desarmar mis puños cerrados.
-He visto basura como esa con anterioridad, trabajando para Ulquiorra y Byakuya. Tuviste suerte de lograr salir.
De niña, no comprendí la transacción en el pasillo, pero ahora sí.
-Le arruiné las cosas a lo grande, ese hombre era su mejor cliente. Hice eso en más de una ocasión.
-Y él te hizo daño en más de una ocasión.
Hice una mueca, odiando tener tanta cosa fea expuesta de esta forma ante los Kurosaki.
-Eso creo.
La furia de Ichigo era carmesí, no dirigida hacia mí, sino hacia aquél que se había atrevido a herirme.
-Me gustaría contactarlo, hacerle sentir lo que te hizo.
-Él era un hombre malévolo, usaba a mi tía. Ella no estaba tan mal en gran parte, pero no se molestaría por mí. No creo que aún sigan juntos.
-Probablemente ambos estén muertos. Drogas y traficantes no están hechos para una larga y alegre vida- dijo Uryuu en tono serio.
Me envolví nuevamente contra Ichigo, exhausta y desprotegida. Necesitaba tiempo para poner en su lugar lo que había visto, adaptar mis recuerdos. No estábamos hablando de ello, pero tenía que aceptar lo que la obsesión de mamá por ir tras su soulfinder nos había hecho a todos. Se arrastraba como una horrible mancha a través de lo que yo creía que tenía con Ichigo. Me sentía sucia por eso, amenazada.
-Ha visto suficiente- dijo Ichigo- No esperamos que recuerdes todo enseguida.
-Pero hemos hallado la base- dijo Uryuu- Podemos proseguir a partir de ahí.
Mirando hacia el resto en la habitación, podía ver que no esperaban hallar ninguna respuesta hoy. Byakuya y Ulquiorra eran los que estaban más impacientes por la información pero trataban de ocultarlo.
-Necesitas un respiro. Lleva a la chica a hacer snowboard, Ichigo- dijo Ulquiorra- Nos aseguraremos de que estén a salvo.
Alejé los tristes recuerdos con algo de esfuerzo.
-Con lo de respiro, ¿te refieres a que me rompa una pierna? Porque eso es lo que sucederá si intento subirme a una tabla.
Ulquiorra se rió, la cara de policía serio se relajó en una cálida sonrisa mientras se dirigía a su hermanito menor.
-No, Rukia, no te pasará. Él cuidará muy bien de ti.
