Fue un alivio salir afuera. Los recuerdos sobrevolaban mi cabeza como una nube venenosa pero las prístinas laderas blancas los espantaban, de momento. Todo resplandecía. Si me concentraba, podía contar cada hojuela de pino, cada fruto, cada copo de nieve, mi percepción estaba tan clara. Hoy las montañas no me asustaban, sino que me llenaban de júbilo.
Tomé prestado el traje para la nieve de Misaki, el cual me hacía ver como una bola, pero Ichigo parecía creer que me veía bonita.
-¿A las pistas infantiles?- pregunté, resoplando como un dragón.
-No, demasiada gente- Protegiendo sus ojos, estudió la montaña, dándome la oportunidad de apreciar cuán largo y peligroso lucía en su ceñido traje de esquí azul marino, como un tiburón sobre las pistas. Al pescarme admirándolo, me esbozó una sonrisa y movió las cejas a modo de burla- ¿Te gusta lo que ves?
Le di un codazo.
-¡Cállate! Realmente necesitas trabajar en eso de la humildad.
Se rió.
-Lo haré, si tú prometes enseñarme.
-Creo que eres una causa perdida.
Eso le provocó aún más diversión.
Cuando finalmente dejó de reirse, me abrazó hacia su lado.
-Entonces, Rukia, ¿estás lista? Porque vamos a subir. Hay un lugar tranquilo. Iba a llevarte allí el día que nos dispararon en el bosque, pero creo que es aún mejor en invierno. Tomaremos el teleférico hacia arriba y bajaremos caminando.
La cima de la montaña estaba mucho más tranquila que en los fines de semana. El puesto de café estaba cerrado de modo que no pude detenerme por una rosquilla y charlar como usualmente lo hacía. Ichigo me condujo lejos de las ajetreadas pistas en dirección al bosque.
-¿Es esta una buena idea? Ya sabes lo que sucedió la última vez que entramos al bosque.
Con un brazo colocado sobre mis hombros, me frotó la parte superior del brazo tranquilizándome.
-Mamá y papá están manteniendo la barrera alrededor de todo el lugar. Ulquiorra, Byakuya, y Gin están en alerta. Deberíamos estar bien.
-¿Una barrera mental?
-Seeh, envía a la gente lejos, les hace creer que se dejaron las luces encendidas o que tienen que encontrarse con alguien en el pueblo. Lo cual me recuerda: ¿Cómo es que atravesaste la nuestra anoche?
Me encogí de hombros.
-La sentí pero estaba demasiado desesperarda como para que me importara.
-No deberías haber sido capaz de hacer eso. Es por eso que Ulquiorra y Gin estaban tan suspicaces de que te nos aparecieras de la nada.
-Tal vez esta barrera no es tan poderosa como a ustedes les gusta pensar que es.
-Tal vez eres más fuerte de lo que crees. Tendremos que averiguarlo.
-Por favor, no en este instante- No quería tener nada más que ver con los Savants, sus poderes eran demasiado extraños.
-No, ahora no. Esta es hora de divertirse.
Nos abrimos paso a cielo abierto y el suelo se alejaba a una velocidad asombrosa, suavemente curvándose como una J. Los picos al otro lado del valle formaban torres en el horizonte cual audiencia de gigantes viniendo a presenciar el espectáculo.
-Wow.
-Genial, ¿no es cierto? No muchos vienen hasta aquí porque no conduce a ninguna parte, pero me gusta. Puedes hacer algo de deporte extremo con la tabla sin los molestos esquiadores como mi hermano metiéndosete en el camino.
-No estoy lista para lo extremo.
-Lo sé. También podemos hacerlo lento y gentil- Tiró la tabla sobre la nieve- ¿Has estado surfeando?
Me reí.
-¿No conoces mucho acerca de Londres, verdad? No somos exactamente bellezas playeras en Richmond.
Sonrió.
-¿Entonces qué hacían todo el día?
-Tenemos un parque de ciervos. Puedes ir a montar. Está el Támesis si te gusta remar.
-Suéltalo.
-Yo…em…iba de compras. Tengo una medalla olímpica en eso. Y tenía mi música, por supuesto.
-Hora de expandir tus horizontes. Toma carrera y luego deslízate.
-¿Qué?
-Confía en mí, sólo hazlo.
Sintiendome más que un poco tonta, hice lo que me pidió.
-Bien, entonces diriges con tu pie derecho.
-¿Puedes darte cuenta de eso, cómo?
-Es el pie que eliges para deslizarte. Ahora, te colocaré en la postura correcta- Ajustó la tabla y me mostró dónde poner mis pies. Puso su brazo alrededor de mi cintura y me balanceó hacia delante y hacia atrás- Es todo cuestión de equilibrio.
-Esto es sólo una excusa para ponerme las manos encima.
-Lo sé. Es genial, ¿no lo crees?
Para mi sorpresa, demostré ser mucho mejor con la tabla que con los esquís. Me caí un montón, por supuesto, pero más como un aprendíz común y corriente que como una completa idiota como con los esquís.
-Déjame verte hacer lo tuyo, tú La Gran Cosa- le bromee a Ichigo luego de caer sentada sobre mi trasero un número suficiente de veces como para considerar concluído el día.
-Bien, Cosa Pequeña. Asegúrate de estar confortable allí y no te muevas. Te mostraré cómo es que se hace. Sólo tengo que ir un poco más arriba.
Me senté en el refugio de un pequeño acantilado, mirando la pendiente en busca de cualquier señal de Ichigo, pero parecía haberse tomado su buen tiempo para comenzar su carrera.
-¡Woo-ee!
Una tabla salió disparada arriba de mi cabeza y Ichigo aterrizó seis metros frente a mí, zigzagueando en su descenso por la colina.
-¡Presumidooo!- No me quedó más que reirme. Debería haber imaginado que haría algo como eso.
Le tomó un tiempo hacer la larga caminata de regreso hacia mí, con la tabla sobre su hombro, pero estaba sonriendo a cada paso que daba.
-¿Y qué piensas?- gritó.
-Mmm- Me examiné las uñas- Pasable.
-¡Pasable! Eso fue perfecto.
-Verás, este otro chico pasó e hizo un mortal y le di un diez.
Tiró la tabla y me tackleó al piso sobre la nieve.
-Yo también quiero un diez.
-Ajap. No sin un triple axel.
-Eso es patinaje, tontilla.
-Mi chico, hizo uno de esos en su camino de regreso. Obtuvo el máximo puntaje.
Ichigo gruñó sobre mi cuello.
-Yo soy tu chico. Admítelo: no había nadie más aquí.
Eché a reir.
-Aún así no puedo darte diez por ese salto.
-¿Y qué tal si trato de sobornarte?- Fue ascendiendo por mi cuello trazando besos hasta mis labios, tomándose su tiempo para dar en los lugares correctos- Entonces, ¿cómo lo hice?
Con la esperanza de que su capacidad de ver el futuro estuviera bloqueada de momento, tomé silenciosamente un puñado de nieve.
-Mmm, déjame pensar. Me parece…¡que aún necesitas práctica!- Antes de que pudiera reaccionar, le metí la nieve por dentro de su cuello, provocando un chillido que nunca antes había escuchado de él.
-Bien, esto es guerra- Rodó sobre mí pero logré escapar, jadeando de la risa. Corrí pero me atrapó a los pocos pasos y me alzó- Será dentro del ventisquero para ti- Encontrando un parche profundo me dejó caer de modo que quedé semienterrada.
-¡Mejor, más municiones!- Hice rápidamente una bola de nieve y se la tiré.
Viró en el aire y vino de regreso para pegar en mi cara.
-¡Tramposo!
Ichigo se dobló de la risa ante mi indignación.
-¡Eso lo justifica! Son dos los que pueden jugar el mismo juego.
Recordando mi enlasada de huevo, imaginé poner la rama sobre su cabeza y luego soltarla. Salió disparada, bañándolo en nieve. Contenta con el efecto, me froté las manos.
-¡Toma eso!
Ichigo sacudió la nieve de su gorro.
-Nunca debimos haberte dicho que eras Savant. Eres peligrosa.
Me levanté de un salto, aplaudiendo.
-Soy peligrosa ¡peligrosa! Woo-hoo, ¡soy peligrosa!
-¡Pero todavía no muy habilidosa!- La nieve se corrió de debajo mío y terminé sobre mi espalda en el ventisquero con Ichigo arrodillándose sobre mí, con una amenazante bola de nieve en la mano- Entonces, ¿cómo era eso de mi técnica de snowboard?
Sonreí.
-Definitivamente un diez. No, un once.
Tiró la bola a un lado.
-Bien. Me alegro que hayas entrado en razón.
…
Más tarde en el día, pasé un rato por mi cuenta, caminando en el bosque de atrás de la casa, descifrando los recuerdos que Uryuu había liberado. Luego de la mortal discusión de mis padres, no podía soportar ahondar en ello, mi infancia temprana había sido una caótica pesadilla de continuas mudanzas, cuidados fortuitos, y nada de amor. No se había convertido en algo completamente horroroso hasta que mi tía se enganchó con el traficante de drogas.
¿Me preguntaba qué habría sucedido con el resto de mi familia? ¿Mi padre y mi madre no tendría padres o abuelos, u otros hermanos u hermanas a los cuales recurrir? Era un acertijo, y sospechaba que las respuestas no serían de lo más felices. A los seis, sólo tenía una vaga idea de mi circunstancia, a sabiendas de que contaba con dos adultos irresponsables para que cuidaran de mí. Había sido una existencia horrible; el no saber cómo hacer para que me amen, me había retraído hacia mí misma y tomado pequeños contra aquel abusador quien se había tomado como proyecto el hacerme daño.
Medio que admiraba a mi pequeña yo por ello, aunque pude haber evitado cierto dolor si me hubiera quedado en silencio.
Me esforcé en recordar más. Mi nombre. Parecería algo sencillo, algo que uno debiera recordar.
-Rukia, ¿te encuentras bien?- Ichigo consideró que había meditado por tiempo suficiente y vino en mi busca con una caja de comida para llevar.
-Estoy bien. Sólo pensaba.
Me dio el contenedor.
-Haz hecho suficiente de eso. Toma, te preparé chocolate caliente. No tan bueno como el del café, lo sé, pero debería hacerte entrar en calor.
-Gracias, necesitaba una dosis de chocolate.
Me tomó del codo, y me guió de regreso hacia la casa.
-¿Acaso sabías que el chocolate tiene químicos especiales dentro que te hacen sentir feliz?
-No necesito una excusa para el chocolate- Bebí, mirándolo de reojo. La parte frontal de su cabello, que no estaba cubierta por el gorro, tenía unos cuantos copos de nieve. Hoy sus ojos irradiaban alegría, el claro ambar del rio al atardecer- Y tú, ¿te has estado tomando a escondidas un poco de los mismos químicos?
-¿Mmm?
-Porque luces feliz.
Se rió.
-No, no es el chocolate, sólo tú. De eso se trata ser un Soulfinder, eres mi dosis de felicidad.
No, eso no era así: mis padres habían comprobado que tener un Soulfinder significaba destrucción. Pretendía frente a Ichigo que todo estaba bien, pero simplemente no podría hacerlo, no podía correr el riesgo. Esa aplastante realidad me hacía sentir como si acabara de esquiar por un acantilado y aún me encontrara en caída libre. ¿Cómo se lo iba a decir a Ichigo, y a su familia, que luego de ver lo que le había sucedido a mi mamá y a mi papá, no podía ser lo que ellos esperaban que fuera? Cuando les cayera con la noticia, todo se va a tornar realmente feo. Ichigo me odiará, y yo ya me odiaba a mí misma.
Estaba tan asustada.
Con eso sobrevolándome , los Kurosaki eligieron esa noche para comenzar con los preparativos navideños de la casa. Me sentía como Judas en la cena. Ulquiorra e Isshin desaparecieron camino al ático y emergieron con cajas y más cajas de decoraciones.
-Ustedes sí que se toman esto en serio, ¿eh?- Me maravillé, tocando una hermosa bola de cristal con un angel suspendido en su interior. Ésa era yo:
atrapada en una burbuja de pánico, incapaz de liberarse.
-Por supuesto, Rukia- dijo Misaki- Los coleccionamos mientras viajamos. Mi familia en la Red Savant, me envían adornos para incorporar en cada año. Sería un insulto para el que los da el no utilizarlos.
Ichigo, de pie atrás de su madre, hizo rodar sus ojos.
-Mamá no cree que un adorno sea suficiente cuando diez pueden hacerlo. Pensarás que están parada en la sección navideña del supermercado Macy para la hora en que terminemos.
No había ningún Santa inflable para los Kurosaki, cada artefacto era único y exquisitamente elaborado a mano. Hallé un set de pesebre tallada en Sudamérica, una cadena de luces de colores proveniente de Canadá, y bochas Venecianas de cristal. Una parte de mí ansiaba pertenecer a esta amplia familia de gente con la misma clase de dones, pero no lo merecía, no cuando rechazaba sus costumbres. Iba a tener que decir algo y pronto, no era justo para ellos el que me trataran como a una más cuando yo ya había tomado mi decisión de irme por mi cuenta en el futuro. Pero, con cada momento que pasaba, no lograba encontrar el coraje para hablar.
Los "muchachos", como Misaki llama a su orda masculina, trajeron a cuestas un nuevo abeto cortado de la parcela familiar. Era el doble de mi altura y llenaba la sala hasta el techo. Luego de los típicos insultos por alguna luz defectuosa y la falta de algunos cables de extensión, Byakuya e Isshim envolvieron las luces a su alrededor. A los miembros más jóvenes de la familia les tocó colocar los adornos. Ichigo me alzó sobre su espalda, de modo que pudiera colocar mis decorativos sobre las ramas más elevadas. Karla narró una historia para cada uno, ya sea algo sobre la persona que se lo entregó o acerca del lugar donde ella lo había comprado. Tuve la impresión de una enorme familia extendida de aquí hasta Japon con ramas más alejadas sobre Sudamerica y Europa. Hacía ver mi árbol familiar de tres personas como algo muy pequeño.
-¡Ahora vienen los villancicos!- anunció Misaki, regresando con una bandeja de poche y más chocolate caliente para mí, y galletas de canela.
Ulquiorra fingió gimotear y quejarse. Por las luces de entretenimiento que brillaban a su alrededor, supuse que simplemente estaba cumpliendo con su rol de fracasado musical de la familia. Me acomodé sobre una bolsa vieja de ejercicios, manteniéndome fuera del camino con mi culposa conciencia como compañera, y observé a Isshin afinar su violín, a Ichigo tomar su guitarra, y a Uryuu montando su flauta. Tocaron de forma maravillosa una selecciñón de villancicos tradicionales, algunas de las melodías tan cautivadoras que me sentí transportada en el tiempo, a la época en que eran entonadas por primera vez. Fue sólo entonces cuando me dí cuenta que Uryuu estaba destellando sutilmente con una tonalidad bronce. No sólo estaba tocando las viejas melodías, podía ver que se encontraba parcialmente allí.
-Necesitamos un vocalista- anunció Uryuu- ¿Ulquiorra?
Todos rieron.
-Seguro, si quieres arruinar el momento- dijo, comenzando a ponerse de pie antes de que Gin lo bajara de sopetón.
-¿Rukia?- sugirió Toshiro.
Negué con la cabeza.
-Yo no canto.
-Eres realmente melódica, he tocado contigo, ¿recuerdas?- intentó convencerme.
Una ráfaga de pánico me hizo querer esconderme.
-No canto.
Uryuu cerró los ojos por un instante.
-Lo hacías.
-Ya no.
-¿Por qué no, Rukia?- preguntó Ichigo en voz baja- Eso ya está tras de ti. Has visto esos recuerdos y puedes apartarlos. Hoy es un nuevo comienzo.
Sólo que no el nuevo comienzo que él estaba aguardando. Oh Dios, ayúdame. Misaki pasó un plato de galletas, intentando romper con la tensión del momento.
-Ustedes tres, dejen sola a la pobre chica. Nadie tiene que cantar si no desea hacerlo.
Pero lo hice. Bajo la alarma, sabía que como música que era, me encantaría cantar, usar mi voz como otro instrumento.
-Vamos, cantaré contigo- Ichigo extendió su mano.
-Todos cantaremos- sugirió Uryuu- ¿Qué tal Canción de Navidad?
-Tocaré mi saxo- dije precavida. Mamá lo había dejado más temprano, sabiendo que necesitaba de la música como consuelo cuando me encontraba angustiada.
Los Kurosaki demostraron que no sólo cantaban sino que armonizaban tan bien como cualquier otro coro que haya escuchado. Incluso Ichigo se atrevió a un par de tonos bajos sin ridiculizarse.
Al finalizar, Ichigo me abrazó.
-Añadiste un gran toque con el saxo. ¿Sabes que es el instrumento más cercano a la voz humana?
Asentí. Mi saxo había sido una manera de cantar sin ser verdaderamente yo. Puede que haya estado cerca pero presentí que no fue del todo suficiente para Ichigo. Él lo quería todo y sabía que yo me estaba conteniendo.
Ichigo me cedió su habitación esa noche para irse a dormir con Grimm. Pese a mi alborotado estado mental, estaba tan exhausta mentalmente, que me las ingenié para dormir de corrido, el primer descanso ininterrumpido que había tenido desde mi secuestro. Desperté la mañana siguiente encontrándome con que mi mente había estado trabajando toda la noche para descifrar cual computadora en proceso de desfragmentación del disco. Luego de haber tropezado con mis primeros recuerdos, comencé a recordar todo lo referente a Las Vegas. Kageroza me había sacado pedazo a pedazo. Me hizo creer cosas terribles acerca de Ichigo y de Grimm, desparramó su graffiti por toda mi mente; lo odiaba por ello. Pero ahora estaba de nuevo a cargo; podía diferenciar verdad de falsedad y eso era, mínimamente, digno de celebrarlo. Desesperada por compartir el descubrimiento, me apresuré a buscar a Ichigo.
-¡Hey!- Me aventuré a la habitación de Grimm, la cual estaba al lado. Ichigo aún se encontraba arrollado y comprimido en la bolsa de dormir, sobre el piso, Grimm estaba desparramado sobre la cama, con la boca abierta y roncando- ¡Ichigo!
-¿Q-qué?- salió a la rastra y me tomó cerca suyo, asumiendo que nos encontrábamos bajo ataque- ¿Qué sucedió?
-¡Sé quien me secuestró! Lo recuerdo todo.
Grimm cayó de la cama.
-¿Rukia? ¿Qué sucede?
De repente fui conciente de que estaba allí parada en nada más que una camiseta larga y ropa interior. Debería haberme detenido para ponerme algo más de ropa encima.
-Em, Ichigo, ¿puedes llamar a Ulquiorra y a Byakuya?- le pedí, retrocediendo- Tengo algo que contarles.
Ichigo había tenido tiempo de despertarse de su letargo. Sonrió y palmeó mi trasero.
-Vé a ponerte mi bata. Los sacaré de la cama y te veré en la cocina. Mamá y papá también querrán escuchar esto.
Les dije lo que recordaba con una taza de té, mis hábitos de bebida ingleses salían a la luz cuando me sentía menos confortable. Los recuerdos eran aterradores: el hotel, Yushima Kageroza forzando las imágenes en mi cabeza, el hijo merodeándome como un gran tiburón blanco.
Byakuya grabó lo que dije, asíntiendo como si estuviera confirmando las cosas que ya sospechaba.
-Otra familia de Savants fuera de la Red- musitó Isshin cuando terminé el relato- Una sin Soulfinders que añadan balance. Y tenían a Aaroniero en la nómina me suena como que hay más allí fuera de los que creíamos.
-Sé cómo manipular la mente de las personas- dijo Byakuya, metiendo la grabadora en su bolsillo- pero jamás se me ocurriría llevarlo a tal extremo.
-Eso es porque Kageroza es malvado y tú no- sugerí- No estaba bromeando cuando dije que era como si hubieran robado mi cerebro. Él me robó, intentó hacer que te odie- Me estiré para tomar la mano de Ichigo por debajo de la mesa- Las imágenes aún siguen en mi cabeza aun cuando sé que son falsas.
-¿Has oído antes de un don como el de su hijo?- preguntó Ichigo a Isshin, sujetándome con más fuerza- No me gusta la forma en que fue tras Rukia, haciendo que todo sea peor.
Isshin se frotó la barbilla pensativamente.
-La Ute habló acerca de las personas que viven de las emociones ajenas. Ellos son los parásitos del mundo Savant.
-Y la hija, ¿qué es lo que ella puede hacer?- preguntó Ulquiorra.
-Tal vez tenga un don relacionado a los escudos, al menos hablaba acerca de atravesar el mío pero no era lo suficientemente poderosa como para enfrentarse a Yushima Kageroza. Él es muy poderoso. Resistí todo el tiempo que pude.
-Probablemente más de lo que ella esperaba- comentó Byakuya- Y no lo hizo de forma apropiada, ¿no? Los cuestionaste todo el tiempo.
-¿Vas a arrestarlo?
-Oh- Bebió su café- La cosa es, Rukia, que esto no es evidencia que pueda utilizar para arrestar a Yushima Kageroza. Él es un hombre poderoso; su dinero compra un montón de silencio. Ningún juez aceptará tu palabra, especialmente luego de la confusa versión que ya has prestado a la Policía de Las Vegas acusando a otros.
-A Ichigo y Grimm.
-Seeh. Ellos dejaron su investigación cuando les pude demostrar que no podían haber tenido nada que ver con tu secuestro, pero te desacredita como testigo.
-Ya veo. ¿Entonces no hay caso en que les cuente todo esto?
-Por supuesto que sí. Ahora sabemos la verdad y ata los cabos sueltos acerca de las cosas que no comprendíamos o no podíamos saber. Es invaluable el que estemos al tanto de que hay otros Savants por allí trabajando para el lado oscuro- Frunció su labio en burla al costado Hollywoodense- Sí, también tenemos un lado oscuro en el mundo Savant. Podríamos haber caído en todo tipo de trampas si permaneciéramos en la ignorancia. Y plantea la posibilidad de que el topo infiltrado en el FBI siquiera sepa que lo están haciendo hacerlo. pudo haber agarrado uno de mis colegas y forzarlo a que nos traicione. Tendré que revisar quién tuvo contacto con él.
Me sentía mejor de saber que había sido de ayuda. Revivida por esta idea, miré el reloj: las siete treinta.
-¿Saben algo? Hoy quiero ir a la escuela- Daría lo que fuera por sentirme normal otra vez, estar con mis amigos, quienes no podían modificar mis pensamientos, leer mi mente, o hacer que las cosas explotaran. Además dilataría el tener la gran conversación con Ichigo que sabía se vendría pronto.
-¿Qué?- Ichigo se frotó su áspera barbilla- Tienes la excusa perfecta para omitir clases y aún así quieres ir?
-No me gusta faltar. Me hace sentir como si estuviera enferma, como si dejara a Yushima Kageroza ganar.
-Bueno, si lo pones de esa forma, entonces tendremos que ir. Será mejor que me arregle. Hombre, ni siquiera me molesté en repasar para mi examen de física pensando en que estaría contigo aquí hoy.
Isshin frunció el ceño.
-Si estás usando a Rukia como una excusa para evadir trabajo, Ichigo…
Ichigo estaba de pie y saliendo.
-¡Te veré aquí en veinte minutos, Rukia!
-Le haré saber a mis padres lo que tengo planeado.
Retsu y Joushiro estaban verdaderamente felices de que me sintiera lo suficientemente bien como para enfrentar la escuela.
-Estabas completamente en lo cierto, cariño- balbuceó Retsu por el teléfono- necesitabas un cambio de aire y lo de los Kurosaki fue el mejor lugar al que podrías haber ido.
-Pero esta noche regresaré a casa- Estar aquí era demasiado doloroso al haber tomado ya la decisión de rechazar al mundo Savant.
-Maravilloso. Estamos planeando agasajarte, con un pequeño viaje.
-¿No a Las Vegas no?- gimoteé, recordando la nueva idea de Joushiro.
-Si te estás sintiendo mejor, entonces deberíamos poner los malos recuerdos a descansar, y ver lo que la ciudad tiene para ofrecernos.
-No quiero mudarme allí.
-Ni yo, cariño. Pero conoces a Joushiro, tiene que seguir esto hasta el final y luego decidirá en cualquier caso, cuál será nuestro camino.
No tenía ningún deseo de regresar a la ciudad que albergaba a los Kageroza.
-Esta mujer que se ha puesto en contacto: ¿me dices nuevamente quién era?
-La Sra. Kujo, aparentemente, es una amiga del Sr. Rodenheim.
-¿Qué hotel es el que ella administra?
-Lo olvidé. Circus, ¿era Circus? Algo por el estilo.
No me sonaba para nada pero la coincidencia era demasiado sospechosa; decidí que mencionaría este acercamiento a Byakuya, sólo para estar segura.
-Ok, Sally. Te veré más tarde.
