Los personajes no me pertenecen son propiedad de la gran Rumiko Takahashi.
Esta historia es sin fines de lucro por el puro gusto de echar andar mi imaginación, este corto fic esta basado en una hermosa película de los studios ghibli la cual al verla me cautivo por completo, su nombre es la princesa mononoke, no puedo decir que es una adaptación porque eso sería muy ambicioso de mi parte, solo pude pensar ¿por qué no darle un final feliz a una película tan hermosa con mis personajes favoritos?
No busquen lógica por que no la encontraran, esta historian es ficción, y la mayoría de las escenas son sacadas de mi mente perturbada y obvio basados en la película animada. Este es un universo alterno, en una época y entorno diferente.
Sin más preámbulo los dejo leer
El inicio
(1)
Se escucha el firme galope de un caballo, los cascos de sus patas golpean con fuerza la tierra que surca velozmente, sus crines oscuros se balanceaban gracias al viento y al movimiento natural del galope, sobre su lomo se observa un apuesto joven de mirada cobalto, larga trenza azabache, y ancha espalda, él es heredero al puesto de guerrero guardián de las aldeas Emishi que se ubican al noroeste de Honshu, como su nombre lo indica es la isla principal del archipiélago de Japón siendo así, la isla más grande y poblada.
Según sus creencias, y las diferentes lecturas de los oráculos Ranma quien era el hijo primogénito de la familia Saotome pelearía por liberar a los pueblos abatidos por los soldados del Daimio, quien constantemente atacaba a los poblados por órdenes del emperador de Japón, ya que estas aldeas se resistían al gobierno sanguinario de los emperadores y sus súbditos. El azabache seria el ser que traería estabilidad y equilibrio a la humanidad.
El semblante del muchacho es visiblemente preocupado, su quijada tensa y ceño fruncido lo delatan. El varón inspecciona los terrenos, con detenimiento buscando personas en sus diarias rutinas, a los alrededores de la aldea que habita. El sabio Happosai, quien era el hombre más longevo de los poblados aledaños, le había enviado para alertar a todos los habitantes de la pequeña población donde Ranma radicaba.
La indicación del anciano era que todos los pobladores se resguardaran en sus hogares, hasta que el peligro pasara. El azabache no entendía muy bien la situación ya que el sabio solo le ordeno sin explicación alguna. Su caballo corría rápido por las veredas, tratando de agilizar el mayor tiempo posible. La voz de Ranma era potente, solo se detenía breves minutos en los diferentes campos de cultivo para alertar a los aldeanos que se encuentran trabajando en sus propias cosechas, las personas le escuchaban atentas y asentían con rapidez, recogiendo sus pocas pertenencias y dirigiéndose a sus respectivos hogares, hombres, mujeres y niños no cuestionaban las pocas palabras del ojiazul.
El galope del animal es fuerte, el cuerpo del muchacho es imponente, todos le obedecen al ser el próximo heredero que cuidaran de los habitantes de la aldea. Sigue de frente, agitado, algo consternado por la orden del sabio, cuando a lo lejos en uno de los caminos divisa a dos mujeres jóvenes que venían posiblemente de los campos de cultivo, en sus manos llevaban amplias cazuelas con diversos granos de alimento y algunas legumbres.
-Ranko ¿qué hacen aquí….? El sabio quiere que todos se reguarden en la aldea –habló con seguridad, mientras se acercaba al par de jovencitas.
-Ranma ¿qué es lo que paso? Vimos algunas personas correr, pero no sabemos que es lo que ocurre –la pequeña pelirroja preguntaba visiblemente preocupada –tiene que ver con el hecho de que no haya aves en el cielo.
-No lo sé, el sabio Happosai me ha enviado para alertar a todos… -el azabache hablaba sin perder detalles de su entorno –Ukyo, ve rápido a tu hogar y tu Ranko por favor vete a casa –la castaña asintió observando embelesada al chico, mientras la pelirroja solo atino a hacer un puchero con fastidio.
-Está bien… –respondió resignada y corrió a la par de su amiga con dirección a la aldea.
El muchacho de mirada cobalto las observaba alejarse, quería asegurarse que tomaran el camino que debían llevar, conocía el carácter impulsivo de su hermana y prefería estar seguro.
Giro su caballo con rumbo a los límites del bosque, donde en una maltrecha torre se encontraba el vigilante de turno tratando de divisar cualquier tipo de avistamiento que le alertara alguna clase de peligro, una vez frente a la construcción desmonto con agilidad su corcel y subió con grandes saltos hasta llegar a la cima, donde aquel centinela se encontraba algo asustado, sus rasgados orbes se paseaban con parsimonia por la arboleda.
-¿Has podido divisar algo viejo?– preguntaba el joven varón.
-No hijo, desde que me diste el mensaje del anciano, no he podido ver nada, ni siquiera he sentido algún tipo de aura, esto está muy raro –afirmaba el hombre de gafas mientras ambos observaban el horizonte –el anciano no te especifico que es lo que buscamos –preguntó sin perder la concentración de lo que trataban de visualizar.
-No… solo dijo que las personas se resguardaran porque un peligro se avecinaba –sus ojos se paseaban por la frondosidad de los verdes arboles mientras hablaba con su padre.
De pronto entre la espesura de los follajes, un aura oscura se empieza a divisar desde las lejanías del bosque, era tan tétrica y violenta dejaba destrucción a su paso, quemando y absorbiendo la vida de todo aquello que tocaba, era tal el nivel de maldad que irradiaba que el caballo de Ranma estaba completamente paralizado, los músculos del animal no obedecían el instinto de supervivencia, con el solo hecho de sentir aquello que se acercaba.
Se observaba la oscura bruma aproximarse cada vez más, donde ambos hombres veían asombrados aquello, en el momento que la oscuridad topo con los limites, los varones en la torre se percataron de que aquella desconocida aura era una enorme masa de odio y maldad...
-Es un Tatarigami – la voz de Genma se escuchaba horrorizada.
-Un ¿Qué?- preguntaba Ranma bastante preocupado, mientras observaba al asustado animal a los pies de la torre –¡¡Corre Hikaru…!! ¡¡Corre!! –le gritaba desesperado a su caballo.
El pobre animal solo observaba como la gran masa se acercaba hacia donde él se encontraba…. En un rápido movimiento, Ranma saco su corto arco y apunto con dirección al caballo, lanzo una flecha con gran potencia hacia unos de los troncos que sostenían la gran torre que utilizaban para vigilar, de esa manera haría reaccionar a su corcel, por fortuna aquel osado acto fue exitoso, el golpe de la fecha saco a Hikaru del asombro, del pánico que este estaba viviendo, haciéndolo que se alejara con rapidez.
-Detente… tu eres un guardián del bosque… no nos dañes… ¿porque destruyes tu hogar? –el hombre de las gafas trataba de dialogar con el ser que dio inicio al mortal espíritu.
Por un momento aquella masa de maldad parecía ceder un poco, dejando ver el enorme y atormentado cuerpo de un guardián jabalí, como si quisiera deshacerse de aquella gran carga que llevaba, pero rápidamente el cumulo de maldad lo cubrió en su totalidad, esa densidad salía de cada poro de su piel, como grandes gusanos rojizos. La densa masa se movía sobre el cuerpo del animal ondulatoriamente, cada curvatura parecía tener vida propia, se agitaba de arriba abajo de manera grotesca.
El Tatarigami corrió de nuevo hacia la torre embistiéndola con fuerza, tratando de hacer caer la maltrecha construcción, los dos hombres que se encontraban sobre la torre saltaron con facilidad hacia suelo firme, poniéndose ambos a salvo.
La gran masa maligna siguió su camino hacia la aldea, como si el olor de los humanos le atrajera cual manjar.
-Va hacia la aldea, lo detendré – sentencio el ojicobalto mientras llamaba a su fiel acompañante de un silbido.
-No lo lastimes Ranma, o la maldición caerá sobre ti –gritaba el hombre a su hijo, observando cómo se alejaba.
Con grandes zancadas el azabache llego hasta su corcel, el fiero galope del animal se hacía presente en las pacificas tierras de aquellas veredas, el corazón del joven bombeaba desesperado producto de la adrenalina, quería volar y detener aquella amenaza que iba con rumbo a su hogar.
El Tatarigami se abría paso por los improvisados caminos, totalmente decidido a llevar destrucción a los aldeanos, Ranma trataba de llamar la atención del poseído animal, pero nada surtía efecto. De pronto a pocos metros se podía observar a dos jóvenes caminando despreocupadamente hacia el pequeño pueblo, el azabache las identifico rápidamente, pues hace unos cuantos minutos atrás había ordenado que se dirigieran directo a casa, las féminas platicaban amenamente entre ellas sin saber los peligros que se avecinaban.
El endemoniado guardián ubicó con premura a sus primeras víctimas humanas, desviando con agilidad su camino hacia ellas, el aura maligna se acercaba veloz hacia las chicas, dejando destrucción a su paso. Ranma pudo ver las intenciones del Tatarigami, y no dudo en atacar la integridad del guardián a pesar de la advertencia de su padre. Con la gran ligereza que lo caracterizaba al encontrarse en situaciones de riesgo, tomó su arco y apunto directo a la bestia, el galope del caballo no mermaría su acertada puntería, una vez fijado su objetivo a través de su mirada azulina, tensó la delicada cuerda de lino al máximo, deteniendo el afilado proyectil con sus dedos, frunció el ceño y trago saliva al mismo tiempo que sus largos dedos soltaron la flecha, el silbido de aquella mortal arma, cortaba el viento con velocidad. Dando en su letal objetivo.
El proyectil se incrusto sin piedad en uno de los ojos del Tatarigami. Los bramidos del animal, estremecían a los aldeanos quienes presenciaban la escena horrorizados, los hombres del pueblecillo se habían acercado con antorchas encendidas, la intención era asustar al guardián del bosque. Los chillidos del poseído animal eran sonoros y lastimeros, pero aquella herida no detuvo sus intenciones pues una vez repuesto siguió su avance hacia su objetivo.
Las mujeres corrían desesperadas al ver que el ataque de Ranma solo lo distrajo por unos cortos momentos.
-Maldición –mascullo el varón de mirada cobalto, mientras el trote de su caballo se dirigía al Tatarigami.
En un movimiento audaz, el azabache desenfundo su espada dejando ver la afilada y larga hoja. Al lomo de su caballo se acercó lo más que el aura maligna le permitió e incrusto el arma en uno de los costados del endemoniado jabalí, al atravesar la piel y los tendones del animal, saco con rapidez su arma blandiéndola de los excesos de sangre. Se alejó lo más veloz que su fiel corcel pudo pero un pequeño fragmento de aquel cumulo de maldad se adhirió con fuerza del antebrazo del azabache, haciendo combustión de inmediato. Ranma no podía más que tomar su extremidad con dolor.
El herido animal perdió su fuerza poco a poco, cayendo sobre el verde pasto, el sangrado era profuso, debido a que el arma había dado en un punto vital, su respiración se hizo dificultosa, todos los habitantes lo rodearon observando aquel espectáculo. La gran cobertura de maldad fue disipándose, perdiéndose entre la tierra y los verdes follajes, dejando libre al atormentado animal.
Por su parte Ranma yacía hincado a unos cuantos pasos del moribundo jabalí, sosteniendo su brazo con fuerza, el dolor era incesante, la quemadura había sido a todo alrededor de su brazo, dejando una gran laceración que giraba en torno a este, desesperado lo único que pudo hacer fue frotarlo con un poco de fango, esperando que la frescura de este aliviara el ardor en su extremidad.
-Es el gran sabio, abran paso –decía uno de los aldeanos, cuando logro divisar la pequeña figura de un calvo varón, sobre la espalda de un joven de cabeza afeitada, y ojos que brillaban como estrellas.
-Maestro Happosai –habló Ranma.
-Muchacho ¿es ahí donde te toco el Tatarigami? –Ranma asintió –no te toques y lávate con esto directo en la herida –el pequeño anciano le extendía una cantinflora pequeña con un líquido turbio, mientras bajaba del cuerpo de su discípulo.
El joven de larga trenza azabache descubrió con presteza su brazo de las prendas que lo cubrían, rasgando sus vestiduras, vacío el líquido con desesperación esperando que este menguara el dolor, el agua parecía bullir sobre la piel lastimada del muchacho.
El senil varón se acercó al moribundo animal, elevando una plegaria por el alma del guardián, pidiendo perdón por haber tenido que tomar su vida al proteger las existencias humanas.
Poco a poco el guardián dejo su forma animal, para darle paso a una figura humana, que respiraba con mucha dificultad, era la anatomía de un hombre delgado y atlético, sangraba por la expuesta herida de un costado y uno de sus ojos mostraba un evidente daño….
-Malditos humanos… la maldición cayó sobre uno de ustedes, el cual será su destrucción, él mismo será quien acabe con ustedes…. –hablaba con la voz entrecortada a causa del lacerante dolor - Jajajaja malditos….. Mil veces malditos… -después de aquellas espeluznantes palabras, el ser dejo de luchar, sus órganos dejaron de crear vida, su última exhalación fue solo para maldecir la existencia del hombre que le arrebato la dicha de estar en este mundo, dibujando una tétrica sonrisa en su ensangrentado rostro.
El cuerpo mortal de aquel guardián se evaporo frente a la mirada perpleja de todos, la piel, los músculos y tendones se consumieron lentamente, mientras dejaban a la vista las vísceras y órganos internos de aquel ser, que en algún momento fue el equilibrio de la tierra, la anatomía se consumió casi en su totalidad hasta quedar solo huesos y el fango provocado por la humedad que causo la sangre en la superficie del maltratado pasto.
Todos observaron con asombro el ocaso de aquel ser, jamás habían presenciado como un guardián maldecía a la humanidad, siempre habían llevado una sana relación con la naturaleza.
El sabio Happosai observaba incrédulo lo que acontecía frente a sus ojos, sus iris estaban atentas ante la descomposición de aquel cuerpo, el hedor de la sangre llenaba sus fosas nasales, era nauseabundo, fácilmente la fetidez provocaba arcadas, pero a pesar de eso no podía separarse de aquel espectáculo, tenía que registrar en su mente cada detalle, paseaba sus ojos examinando al ser inerte frente a él. Al solo quedar escasos montones de carne sanguinolentos pudo divisar una prominente figura esférica de color oscuro que resaltaba de entre los restos de aquel guardián. Tomó con cuidado aquel duro objeto entre sus manos, inspeccionándolo atentamente, definitivo aquello no era parte del cuerpo de un Dios.
-Esto es malo…. Ranma muchacho ¿cómo estás? déjame ver esa herida… -el sabio observó la quemadura detenidamente… -rápido levanten un pequeño altar en memoria de este guardián, tenemos que pedir disculpas a los Dioses, pongan incienso y ofrendas…. Reúnan a los ancianos de las aldeas cercanas, tenemos que hacer algo –todos se movían a la orden del sabio anciano.
La noche llegó al pequeño poblado, la oscuridad y el temor en la aldea eran evidentes, los ancianos de las distintas aldeas se encontraban reunidos en una de las chozas donde buscaban respuestas al acontecimiento de esa tarde, todos permanecían sentados en posición de loto alrededor de un espejo, el cual funcionaba como un sagrado oráculo, los sabios hombres permanecían expectantes ante las atribuladas profecías que aquella reliquia les reflejaba.
Ranma estaba presente observando como los ancianos formulaban preguntas totalmente concentrados y angustiados, el azabache no entendía gran parte de los balbuceos de los hombres, solo se limitaba a contemplar cuando los varones mayores chocaban sus miradas entre ellos y asentían de manera resignada, el joven de trenza no lograba ver con exactitud qué era lo que el oráculo les mostraba, solo se mantenía sentado esperando respuestas.
-Bien –habló Happosai dirigiéndose a Ranma –me imagino que ¿quieres saber la verdad sobre tu futuro y el de las aldeas? –
-Claro –exclamo el muchacho de mirada cobalto, fijando sus ojos en el pequeño anciano.
-Pero Happosai eso es… –decía uno de los ancianos preocupado.
-Tiene derecho a saber, él es el heredero y tiene que saberlo –interrumpió la voz del sabio anciano, estaba bastante serio, se notaba en su semblante la preocupación. El pequeño anciano absorbía constantemente el tabaco de su pipa, buscando estabilizar un poco lo vivido.
-Quiero saberlo Maestro, soy consciente de lo que hice, y aceptare mi destino –mientras Ranma hablaba con tono neutral, Happosai asentía solemnemente.
-Morirás producto de esa herida –el asombro en el muchacho era evidente al escuchar las palabras del sabio –no es solo una herida, es la maldición de un Tatarigami, es un ser lleno de odio y maldad… te maldijo... esa mancha en tu piel se extenderá hasta dañar tus órganos vitales, la maldición tomara posesión de tu cuerpo…. Al igual que el Tatarigami, buscaras venganza y lo más probable es que termines asesinando a los seres que están cerca de ti, después tu hambre de sangre te exigirá más, hasta acabar con todos, estarás muerto en vida al igual que aquel guardián poseído –
-Entiendo – contestó el ataviado muchacho.
-Existe una pequeña posibilidad, las leyendas cuentan que si tu buscas tu destino antes de que este llegue a ti podrías cambiar tu futuro –las palabras de Happosai parecían dar esperanza al joven heredero –por lo que el espejo nos marca y por lo que encontramos en los restos del guardián, nos indica que está ligado con las tierras de Ryugensawa –el senil hombre extendía su brazo para entregarle al muchacho la piedra de hierro encontrado dentro de los restos del guardián –
-¿Qué es esto? –preguntó confundido.
-Probablemente esto fue el causante de que el guardián se convirtiera en un Tatarigami, este pequeño objeto le rasgo las entrañas, pudriendo sus huesos y órganos, dándole vida al demonio dentro de él –
Ranma tomaba entre sus manos la esférica figura contemplando y preguntándose como esto pudo causar tal atrocidad –vaya –musitaba para sí mismo.
-Iras a Ryugensawa; es ahí donde los guardianes están reunidos, son tierras sagradas, repletas de enormes animales, y guardianes, se habla del Dios de las siete cabezas, el agua de sus manantiales son curativas, ahí podrían estar tus respuestas –el anciano hizo una pequeña pausa suspirando y volviendo a tomar aire para hablar de nuevo –pero… existe un problema; jamás ha salido alguien con vida de ese bosque, solo seres mágicos han pisado esas tierras, si quieres ver cara a cara a tu destino tendrás que ir y enfrentarlo o simplemente esperar tu propia destrucción fuera de estas tierras –
-Eso es muy peligroso, tendrá que ir solo, es una tontería – comentaban los seniles hombres que escuchaban a Happosai hablar.
-Vaya… extraña forma de exiliarme, pero lo haré, es mi deber, a parte que no deseo morir, ni dañar a nadie –estaba seguro de lo que haría, el azabache era fuerte, y se aventuraría a buscar sus respuestas.
-Como sabrás, no podremos acompañarte, lo único que debo decirte es que cuando te topes con tu destino deberás "ver con ojos carentes de odio" de lo contrario esa mancha en tu brazo terminara con tu vida antes de lo previsto, el odio hará que esa herida crezca acelerando el proceso, pudriendo tus huesos –los ojos de Happosai estaban apagados, reflejaban tristeza pues el chico había sido su discípulo y habían creado un fuerte lazo –la ley nos dicta no verte partir, esa es la manera en que te apoyaremos, estarás en nuestras plegarias muchacho–
-Gracias… me marchare ahora mismo –hablaba el ojicobalto mientras se ponía en pie dirigiéndose al pequeño altar que estaba en aquella choza.
-Suerte muchacho –
En los pequeños caminos de la aldea se dibujaba la figura de un caballo y su jinete al lomo, preparándose para salir, solo llevaba lo indispensable, lo hacía en silencio pues la noche estaba avanzada.
-Ranma espera…. Espera –la femenina voz lo detuvo por unos instantes.
-Ranko ¿qué haces? los ancianos te castigaran –
-Esos viejos… soportare el castigo… toma le hice un conjuro de protección, llévalo contigo por favor – la pelirroja le extendía una lanza hecha por ella misma con hermosas piedras de colores, brillaba de una manera hermosa.
-Pero Ranko, esto es tuyo, yo no puedo –
-Llévala contigo para que te proteja, tienen que regresar con vida hermano –hablaba la mujer mientras le ofrecía el amuleto con ojos llorosos.
-Ranko… ¿estuviste espiando? –preguntaba el muchacho mientras la observaba de manera acusadora, la joven solo bajó la mirada apenada y se rasco la nuca.
-Pues… veras… yo…. –balbuceaba palabras sin sentido, a Ranma ese gesto le lleno de ternura el corazón, sabía de las constantes imprudencias de la menor de los Saotome. La pequeña pelirroja era tan parecida a él, en múltiples ocasiones recibió castigos severos a causa de sus travesuras.
-No te preocupes hermana… volveré y te entregare tu daga… gracias –
El galope del caballo resonó en la tierra, teniendo como objetivo llegar a las regiones del este, no quería perder tiempo necesitaba respuestas y soluciones para su problema….
En el transcurso a su objetivo Ranma se topó con varias aldeas donde pudo contemplar diversas situaciones, observo personas trabajar en sus cultivos, pequeños niños correr, y hombres arreando ganado, nada fuera de lo común. El camino había sido largo pues llevaba días caminando con un objetivo en su mente, no se detenía por lapsos largos, solo lo hacía para comer, dejaba que el fiel animal pastara y se hidratara, dormían lo suficiente para seguir su camino, no acostumbraba quedarse en las aldeas, solo pasaba y analizaba sus movimientos.
A las afueras de uno de los poblados con rumbo al este, llamo su atención el alboroto causado por los guerreros del Daimio, los samuráis golpeaban a los campesinos tratando de quitarles lo poco que habían recolectado de sus cosechas, solo por abusar de su poder, marcando siempre la absoluta fidelidad al gran soberano de esas tierras, el Daimio Tatewaki Kuno quien ordenaba a los guerreros a su mando dejar mensajes a todos los aldeanos que osaran levantar pequeñas revueltas, esos comunicados carecían de palabras y se basaban solo en actos vandálicos a la comunidad o en su defecto directamente a una de las familias, dejando en claro que el soberano de esos territorios era despiadado cuando se trataba de tener a raya a su pueblo.
Los pequeños sacos que contenían granos de arroz y trozos de bambús que utilizaban para la elaboración de utensilios de uso diarios, eran arrebatados de sus manos, mujeres y hombres permanecían de pie impotentes al ser despojados de sus cosas, eran productos de poco valor, que al final del día serian desechados por los mismos samuráis, ya que aquellas acciones solo eran para intimidar a las personas, abusaban de la pobreza e ignorancia de los pobladores.
El muchacho de mirada azulada trato de seguir su camino sin darle mucha importancia, solo se limitaba a evaluar la situación aminorando la velocidad del trote de su caballo, lamentablemente aquellas escenas se veían a diario, el poder del Daimio era marcado con brutalidad sobre su pueblo.
Quiso seguir de largo pero al observar el cruel ataque a una indefensa mujer lo descoloco, sintió la opresión en su pecho, no podía permitir que el abuso de esos hombres dejara estragos en su presencia. Paró el trote de su fiel corcel y se dispuso a llamar la atención de los samuráis, tomó su arco y disparó una flecha sin rumbo solo para que los hombres soltasen a sus víctimas.
-Forastero - gritó uno de los hombres del Daimio al verlo de frente, las vestimentas del azabache eran diferentes a la de los campesinos de esa aldea.
Al ver que su acción no provoco que los samuráis soltaran a la pobre mujer, no le quedó más remedio que volver a usar una de sus flechas, coloco de nuevo el proyectil sobre su dedo dándole dirección, su mano estaba fuertemente posicionada sobre el yazurido de su corto arco, tensó la cuerda de lino con fuerza mientras sus ojos hacían la función de mira natural, el coraje y la impotencia gobernaron en su corazón por unos instantes, al ser testigo de semejantes actos de repudio contra gente inocente, al darle entrada a esos sentimientos la herida sobre su brazo cobró vida, haciendo que la maldición se extendiera por su cuerpo. Sintió una fuerza sobrehumana al momento de tensar la cuerda por segunda ocasión y soltarla.
Ranma se tomó el brazo con fuerza mientras observo como la flecha disparada por él cercenaba los brazos de uno de los samuráis que amenazaba con encajar su espada en el cuerpo de la mujer que yacía en el suelo, las extremidades al igual que el proyectil quedaron incrustados en un árbol cercano. Los guerreros del Daimio observaron con coraje aquel acto del joven forastero.
El hombre de negra trenza, no pudo más que prepararse para la batalla.
-Aléjense – advirtió Ranma –no quiero problemas, solo estoy de paso –gritaba mientras el rápido correr del caballo lo alejaba del eminente peligro.
Los samuráis, montaron sus caballos y siguieron el galope furtivo de Ranma, los silbidos de las flechas pasaban rozando el cuerpo del azabache.
-No quiero pelear…. Aléjense… maldición –gritaba el muchacho.
Al verse acorralado tras el veloz galope de los hombres guerreros no tuvo más opción que preparar su arco y tensar la cuerda con la flecha apuntando hacia sus enemigos que ya le pisaban los talones, de nuevo sintió una fuerza extraña en el brazo que fue tocado por la maldición, podía percibir un movimiento dentro de sus tendones y piel, como sí, su extremidad volviera a tomar vida propia, y aquella fuerza descomunal se apoderara de él.
El proyectil disparado decapito a uno de los samurái que se encontraba un poco más cerca de él, esto lo impactó, jamás había visto que sus flechas arrancaran partes de un humano de esa manera, definitivo aquello era consecuencia de la maldición.
El asombro de los guerreros fue grande, todos pararon observando como el cuerpo inerte del hombre caía al suelo, estaban perplejos de la brutalidad ejercida por una simple flecha.
Ranma aprovecho el desconcierto de los hombres y huyó al galope de su caballo, el pobre animal corrió desbocado surcando los empedrados caminos de terracería hasta que no pudo más. El azabache solo tomaba con fuerza las riendas, dejándose llevar por su fiel compañero, confiaba plenamente en el instinto del animal. Hikaru se detuvo en un pequeño riachuelo una vez que se sintió seguro. Ranma bajo rápido y sumergió el doliente brazo en su totalidad, tratando de sentir alivio, el ardor parecía mermar por la frescura de las aguas y los movimientos que experimentaba entre sus tendones parecía ceder, suspiró con alivio mientras se relajaba un poco.
-¿Qué fue eso Hikaru? Mate a dos hombre –el muchacho hablaba con su corcel tomando su cabeza, asustado y asombrado por sus sanguinarios actos –yo no quería que sucediera esto.
Cuando el astro mayor dio los primeros rayos de luz comenzaron su camino una vez más, ese día necesitaba pasar a uno de los poblados para adquirir algunas provisiones, ya que tanto él, como su caballo necesitaban comer algo.
Ya dentro de aquella ajetreada aldea se dispuso a comprar algo de arroz y algunas especias que le ayudaran con la preparación de una simple comida. Compró unas cuantas frutas para él y su caballo entre otras cosas. Una vez empacadas las provisiones decidió salir de ahí, el animal camina lento, pacíficamente ambos disfrutaban del paisaje de aquella aldea que se caracterizaba por el comercio, observaban como los colores de las telas colgaban de los maltrechos estantes, como piedras preciosas eran exhibidas en humildes tapetes sobre el suelo, pero aquel día de paz fue interrumpido por un pequeño hombrecillo vestido con las ropas de algún ejercito samurái cercano.
-Buen señor…. –el pequeño hombre con chistosos bigotes le llamo la atención –disculpe mi intromisión pero desde hace unos momentos le siguen de cerca –hablaba mientras apuntaba con la vista hacia los tres hombre de malas fachas detrás de ellos –vieron que pagó con mucha facilidad y también observaron que trae más en ese pequeño bolsillo, creo que lo mejor será que corramos por aquí –Ranma siguió el rápido andar del pequeño samurái, dejando atrás a los hombre que trataron de seguirles el paso.
El pequeño hombre corría veloz por estrechas veredas que dificultaban el paso del imponente caballo, una vez bastante alejados pararon en un lugar seguro muy conocido por el samurái quien inspeccionaba el lugar detenidamente antes de bajar las defensas pues sabía que era territorio peligroso.
-Gracias –habló el azabache una vez puestos a salvo.
-De nada, creo que debes tener más cuidado, estas tierras están llenas de rufianes y matones, es muy inseguro –decía mientras montaba un improvisado campamento –mi nombre es Sasuke, y si me permites; te ayudare a cocinar lo que compraste, así estaremos a mano –el azabache solo asintió mientras observaba como el pequeño hombre, hacia una fogata , Ranma sacó de su equipaje algunas cazuelas para apoyar a Sasuke con la elaboración de los alimentos, el samurái parecía tener experiencia en este tipo de cuestiones pues con rapidez colocaba todo para preparar la cena de ese día.
-¿Sabes algo acerca de esto? –el azabache le mostro la piedra hecha de hierro, que el anciano Happosai encontró en el cuerpo sin vida del guardián.
-Vaya… no se mucho acerca de esto, pero cerca de los límites del gran bosque de Ryugensawa, se encuentra una gran aldea que se dedica a las fundiciones de hierro, probablemente ahí encuentras respuestas, pero debes tener cuidado en ese bosque existen muchos peligros –hablaba el hombre de chistosos bigotes mientras comía.
-¿Qué clase de peligros? –
-No sé con exactitud, todas son leyendas y mitos sobre el Dragón de las siete cabezas – el pequeño samurái hablaba, mientras servía el segundo plato de arroz caliente a Ranma quien le escuchaba con atención
En una de las montañas cercanas al bosque de Ryugensawa, se podía observar como al alba una gran cantidad de bestias utilizadas para el transporte, tratan de subir hasta la gran aldea de las fundiciones de hierro, donde las guerreras amazonas trabajaban y dominaban los alrededores.
Las bestias resbalaban ante lo inclinado de la cuesta y el barro producido por las lluvias, hacía que aquel terreno fuera inestable, los hombres amazonas empujaban las pesadas e improvisadas carretas donde transportaban todo tipo de víveres y productos que ayudarían a facilitar su vida diaria.
Hinako quien actualmente era la líder de las amazonas, observaba como sus leales hombres ejercían todo su potencial en las labores encomendadas, aun cuando estos eran fuertes guerreros dignos de renombre en su aldea, ellos obedecían a las mujeres quienes llevaban el nombre de Amazonas en alto, fuertes guerreras y ahora eran prosperas trabajadoras de las fundiciones de hierro, aquella se había convertido en su actividad primordial para ganarse la vida.
Ya no vivían aisladas como en el anterior dominio de Cologne, donde simplemente eran luchadoras que constantemente fueron retadas a duelos mortales, dejando una impactante legión de fuertes mujeres, pero Hinako a parte de una indiscutible guerrera, era inteligente y ambiciosa no solo se conformaba con ser nombrada la mejor, necesitaba que el mundo entero supiera de su existencia, ¿porque tenía que estar enclaustrada en una aldea? la cual ni siquiera la reconocía, vivía con lo necesario, no existían lujos, ni privilegios, solo la líder de esa aldea era renombrada y reconocida por los poblados aledaños.
En uno de sus recorridos por las aldeas cercanas Hinako descubrió algunas de las prácticas de los pobladores, se percató que al fundir arena esta llegaba a ser tan sólida que podría complementar el arma perfecta. Cada noche esperaba que todos en la aldea durmieran para poder salir en busca de los materiales que requería, y así poder construir un arcabuz mucho más ligero y practico. Hinako quien poseía gran belleza rápidamente consiguió los materiales entre los comerciantes cercanos sin muchas cosas de valor por cambiar, un simple roce, una mirada coqueta y hasta un leve acercamiento le brindó lo que ella necesitaba, para poder construir el arma.
Al regresar a su simple choza con la mayor de las cautelas, escondía con mucho cuidado entre sus pertenencias los materiales conseguidos, pues aunque eran guerreras solo utilizaban armas de poco alcance, ellas se vanagloriaban de sus habilidades físicas, sus destrezas a la hora de pelear y someter al enemigo con sus propias manos.
Al vivir tan aisladas desconocían el manejo de la pólvora y sus armas, esto era información privilegiada que Hinako sabría aprovechar al máximo, dando un golpe sorpresa; donde sí todo salía bien ella sería la ganadora indiscutible.
Cada noche repasaba el plan en su mente, mientras tallaba la delgada madera de cerezo que daría el cuerpo al arcabuz. Sí con ayuda de esa arma derrotaba a Cologne ella sería la nueva líder, instruiría a las amazonas para crear todo el hierro posible y venderlo para la elaboración de armas, claro… antes con ayuda de esas armas dominaría todas las aldeas, e incluso todo el imperio porque ¿quién mejor que ella? para ser la nueva emperatriz de Japón.
Sus planes tomaron forma poco a poco, adiestro un pequeño grupo de mujeres amazonas para hacer un motín en contra del gobierno de Cologne, necesitaba que estas llamaran la atención de la líder, esas amazonas serian el distractor perfecto y hasta cierto punto ellas darían la cara por Hinako si las cosas salían mal.
Un buen día Cologne decidió dialogar con las mujeres descontentas y dar solución a sus demandas, las amazonas alegaban las exhaustivas horas de entrenamiento, los matrimonios arreglados y la cantidad de duelos que estas enfrentaban, a lo que Cologne solo escuchaba y asentía.
Cologne era longeva por lo mismo poseía sabiduría la cual había adquirido a través de las experiencias, sabía perfectamente lo que se avecinaba, los códigos y leyes eran claros, cualquiera de las amazonas podría demandar y retar a un duelo por su puesto, si estas estaban disconformes con los mandatos de su actual líder. Cologne no era tonta, pero al ser una guerrera antes que una líder sucumbió ante las peticiones de las agraviadas, accediendo al duelo.
Hinako sonrió pues eso era parte de sus planes, ahora necesitaba derrotar a la guerrera más poderosa de las amazonas, la cual había llegado a su nombramiento por sus capacidades y dotes de artista marcial, la joven mujer sabía que si derrotaba a la anciana Cologne frente a toda la tribu, nadie se opondría a su nuevo gobierno.
Como lo había repasado tantas veces en su mente, así se llevó a cabo, al momento del combate, el arma manufacturada por ella, fue un factor importante pues Cologne se vio sorprendida y herida por un artefacto que desconocía totalmente, la victoria de Hinako fue inminente y sus leyes eran claras, Cologne fue derrotada y tendría que ceder el lugar a la guerrera que la derroto.
Después de eso Hinako expandió su poderío a las aldeas cercanas haciendo que las fundiciones de hierro crecieran sin control, aquel imperio parecía invencible, pues la alianza de las guerreras con las armas fue una fusión letal. De esa manera Hinako obtuvo el liderazgo de las grandes guerreras amazonas.
Por lo cual ella tenía que estar al pendiente de todos y cada uno de los movimientos, supervisaba cada compra, y los traslados de estas hasta la aldea, pues aunque confiaba en la lealtad de sus hombres necesitaba que ellos se percataran de que su líder era activa y no se dejaría engañar tan fácilmente, por esa razón estaba en lo alto de la colina dirigiendo a sus trabajadores.
-¡Lobos….! ¡Loboooos! ¡Los Dioses Loboooos! –gritaban los hombres amazonas, mientras apuntaban con sus manos el lugar donde se distinguían las figuras de dos hermosos lobos blancos y la pequeña silueta de una joven mujer sobre el lomo de uno de los impresionantes animales, el pelaje parecía brillar de manera majestuosa, definitivamente eran deidades del bosque.
-Maldición…. –musitaba con furia Hinako –vienes por mi princesa… acércate aquí te espero –la mujer de castaño cabello largo miraba atenta en dirección a los lobos.
-Señora Hinako, los lobos nos atacaran –
-No teman y tomen sus posiciones, ellos solo son los cachorros, cojan las armas y disparen directo a ellos, asegúrense de no matar a la princesa –gritaba la mujer con fuerza mientras observaba con frialdad malicia el lobo que llevaba el cuerpo de la mujer en su lomo.
Todos los hombres tomaban sus armas con rapidez cubriendo con sus cuerpos a la líder de la aldea, los ojos de los amazonas estaban puestos en las bestias que se acercaban a feroz velocidad, surcando los destrozados caminos de las montañas, los disparos de las armas empezaron al ver la cercanía de los lobos, las piedras de hierro escupidas por los mosquetes golpeaban mortalmente los troncos sin vida de los mutilados arboles de la talada montaña, las piedras de hierro tomaban una coloración al rojo vivo a causa de la explosión por la pólvora de las armas, estas chocaban con fuerza en el suelo que ágilmente esquivaban los animales, zigzagueaban, y corrían con fuerza sin detener su paso, pues su objetivo estaba frente a ellos.
Los lobos golpearon con potencia las carretas haciéndolas rodar colina abajo, junto con los hombres que resguardaban los productos. Los disparos pasaban rozando incluso a sus propios colegas, pero el fin justificaba los medios, la muerte de los animales guardianes valían la pena, las envestidas de los lobos seguían dañando con fuerza la carga de la comunidad amazona.
-Esperen detengan el fuego, la madre Lobo debe de estar cerca, ellos solo son el distractor… silencio –y como si sus palabras fueran proféticas la Diosa lobo apareció dando la mayor de las envestidas, su tamaño era mucho mayor al de los anteriores animales, su agilidad y rapidez era mortal. Hinako la observo con reto, entre ellas existía una batalla sin tregua, tenían una historia –Déjenme a la Diosa lobo, ella es mía, ustedes encárguense de los cachorros y de la princesa, quiero sus cabezas –los hombres se desplegaron con rapidez para cumplir las órdenes de la líder amazona, mientras observaban como los pequeños lobos lanzaban hombres y bestias al vacío.
El fiero trote de la Diosa lobo amenazaba con atacar a Hinako la líder de las amazonas, cuando una piedra de hierro impacto uno de los costados del gran lobo, hiriéndola, haciendo que esta cayera por el acantilado.
-Por fin… la hemos matado –grito uno de los aldeanos.
-No morirá, ella es una Diosa, o al menos no morirá tan fácil – hablaba Hinako mientras observaba como los cuerpos de sus hombre y el de la Diosa lobo se perdían entre la oscuridad y la maleza de aquella montaña –Vámonos tenemos que llegar antes de que amanezca –
-¿Y los heridos? ¿Que pasara con los cuerpos de los hombres que cayeron? –
-Es pérdida de tiempo, vámonos abandónenlos – esa fue la orden que la líder dio, los aldeanos recogieron los sacos de granos de arroz tirados a su paso, lo rescatable, y siguieron su camino colina arriba. Hinako no sentía remordimiento por la orden que dio, solo trataba de poner a salvo a los hombres que quedaban vivos y lo poco que había quedado intacto.
Ranma y su caballo habían tomado un breve descanso a las orillas de un caudaloso rio, donde las aguas cristalinas eran tranquilizantes, ambos bebían y refrescaban un poco sus cuerpos, pues el andar en busca de algo que ni ellos mismos sabían con exactitud era exhaustivo. El ojicobalto mojaba su rostro y cabeza tratando de apaciguar el cansancio, descubrió su herida, observando que la mancha violácea crecía muy rápido, se lamentó por haber herido aquel guardián pero no le quedó otra alternativa.
Recordó las palabras de Sasuke quien le había advertido de los peligros del Bosque de Ryugensawa, sobre los mitos del dragón de las siete cabezas, y por supuesto de inmediato las palabras del sabio Happosai sacudieron su cabeza "nadie ha salido con vida" pero que más daba la maldición también lo mataría, prefería buscar alguna salida antes de resignarse.
Bajó de nuevo la cabeza hacia al rio refrescándola con el frio liquido del cuerpo de agua, cuando el avistamiento de un hombre flotando llamo su atención. Alzó la vista y pudo ver los vestigios de carretas, maletas y vestimentas de hombres flotando por el borde del agua, de inmediato brinco con gran habilidad hacia las piedras que resaltaban a mitad del rio, buscando el mejor ángulo. Rápidamente empezó a buscar sobrevivientes entre los cuerpos inertes que flotaban, un hombre de túnica blanca y cabello negro largo, estaba sujeto con fuerza de una de las piedras a la orilla, Ranma al verlo corrió hacia él, sacándolo con cuidado, pues su cuerpo estaba muy maltratado.
-¿Estas bien…? ¿Te duele algo? –preguntaba el azabache con el cuerpo del amazon a sus espaldas.
-Todo, creo que me fracture una de las piernas y un abrazo –el joven se quejaba del dolor de sus extremidades.
-Quédate aquí, buscare más de tus amigos –
Dejando al joven aldeano, corrió por las orillas del rio buscando más sobrevivientes, sus ojos se movían con desesperación buscando indicios de vida entre todo aquel desastre que yacía en las claras aguas del rio.
Un enorme tronco atravesaba el cuerpo de agua, atorando gran parte de lo que el rio llevaba en su cauce, la mayoría eran piedras desgajadas de las altas colinas, maleza, madera de las destruidas carretas y artículos que llevaban en ellas, el ojicobalto decidió buscar entre los mojados escombros por unos momentos, el tronco que hacia la función de presa natural era tan grande que la altura del madero rebasaba el cuerpo erguido del azabache ocultando a la perfección su silueta.
-Definitivamente quien haya hecho esto se encontrara cerca –se decía para sí mismo el azabache mientras trataba de ocultarse entre las ramas secas.
Analizo cauteloso al otro lado del gran madero, antes de pasar al extremo opuesto. Sus ojos azules observaron el cuerpo herido de un enorme lobo blanco a las orillas del rio, solo sobresalía del agua la mitad de aquella enorme deidad, el animal estaba desplomado con la cabeza entre sus largas patas delanteras, parecía sin fuerza, visiblemente herido. Ranma veía con cuidado la imagen, indiscutiblemente si aquel guardián del bosque había sido el responsable de aquella masacre, sus razones debió tener, ya que a lo poco que él conocía eran seres de paz y equilibrio para la fauna y flora de sus territorios, no atacaban humanos por gusto.
Sus ojos seguían estudiando el herido cuerpo del guardián, por las dimensiones del imponente animal Ranma dedujo que se trataba de un Dios del bosque, el muchacho estaba a punto de retirarse del lugar, cuando vio salir de las espesuras de las arboledas cercanas dos lobos de brillante pelaje blanco, eran más pequeños que el que se encontraba herido, pero uno de ellos llamo su atención ya que sobre su lomo cabalgaba el pequeño cuerpo de una mujer.
Decidió quedarse un poco más de tiempo para analizar la peculiar escena, miró atento como la jovencita corrió al auxilio del enorme animal, la pequeña mujer abrazó con fuerza la anatomía del lobo, se podía observar la preocupación en sus movimientos, son sus manos palmaba el pelaje del dolorido Dios, definitivo ese tipo de contacto entre Dioses y humanos no era normal, observo con intriga cada uno de sus ademanes, la fémina acariciaba con devoción cerca de la herida tratando de aliviar un poco el dolor, lamentablemente el sangrado era profuso, incluso Ranma pudo ver que la chica trataba de parar el sangrado con sus manos.
-Madre, pero… ¿qué te hicieron? –hablaba la joven dirigiéndose al lesionado animal.
-¿Madre? –se preguntó el ojicobalto mientras observaba con atención la escena, donde la chica acariciaba y trataba de detener el sangrado con desesperación, utilizaba sus pequeñas manos para detener la hemorragia. Estaba tan concentrado viendo aquello que no se percató cuando su pie resbalo de una de las piedras en la que estaba parado observando, el movimiento fue descuidado haciendo un fuerte sonido de chacoteo de este sobre el agua.
El golpeteo del agua alerto a los lobos y a la joven, irguiendo sus cuerpos, volteando hacia la dirección donde Ranma se encontraba escondido vigilándolos, buscaban con sus ojos la fuente de ese característico ruido, el azabache se maldijo por aquel descuido, y al volver la vista hacia los lobos, lo que contemplo lo dejo encantado.
El rostro de la joven era hermoso, Ranma desde su lugar delineo sus rasgos con parsimonia, se deleitó viendo esos preciosos ojos que parecían hablarle, su piel era tan blanca como el brillo de la luna, su cabello largo y azulado atado en una alta coleta, simulaban el manto de la noche, el flequillo enmarcaba a la perfección sus delicadas y femeninas facciones, sus labios eran carnosos y de un color rosado perfecto.
Los ojos del embelesado varón seguían analizando cada detalle de la mujer. El cuerpo de la chica era pequeño, estilizado, cintura estrecha, y caderas redondeadas, la mirada del azabache se paseaba por las torneadas piernas de la mujer de arriba abajo, aunque su frágil figura está cubierta por pieles de animales que había confeccionado en vestimentas, estas cubrían de manera sutil lo necesario, dejando brazos y piernas al descubierto.
La alta coleta de la joven bailaba al compás de los arrullos del viento, meciendo la larga cabellera azulada.
Ranma estaba totalmente idiotizado con lo que contemplaba, jamás se imaginó ver aquel espectáculo, y menos en aquellas compañías, el rostro de la chica era tan hermoso, a pesar de estar manchado de sangre y sucio por el lodo, aun así era lo más hermoso que él había apreciado.
El hombre sentía su corazón latir desesperado, el simple hecho de observarla lo ponía mal, quería acercarse, quería verle de cerca, comprobar que aquella belleza fuera real, él podía ver por entre las ramas como la chica y los guardianes permanecían en guardia tratando de buscar quien había provocado el ruido que los interrumpió, no podía escapar y la verdad no quería, necesitaba apreciar a la mujer de cerca y la única manera era enfrentar la situación, así que se armó de valor para salir de su cómodo escondite.
Tomó aire y salto quedando sobre la áspera superficie del tronco.
-Soy Ranma Saotome, vengo en paz, no quiero hacerles daño, vengo de las tierras de los Emishi –hablaba sin despegar los ojos de la muchacha de blanca piel –dime ¿esos lobos son Dioses del bosque de Ryugensawa? –las palabras del azabache salían de su boca firme y fuerte, si el joven varón experimento algo de temor al enfrentarse con aquellas deidades, no lo aparentaba en lo más mínimo, el contacto con los ojos de la pequeña mujer por alguna extraña razón lo tranquilizaba.
Ambos lobos optaron por posicionarse a los costados de la joven mujer de cabellos azulados, protegiendo el cuerpo herido del líder de la manada. Permanecían listos para atacar al extraño que osó pisar tierras sagradas.
Continuara….
Notas:
Bueno si llegaron hasta aquí agradezco de su tiempo y paciencia, espero que sea de su agrado, mil gracias a mi Beta Ziari27 que me ayudo con la redacción y con mi espantosa ortografía en este capítulo, agradezco al #teamRanmaconda, #todasamamosaRanma.
También aprovecho para invitarles a que lean las historias de ArTendo (después de ti, después de todo – Surei) y MariaConchita (pasión renovado y NIÑA que es una historia de sesshome en Facebook) en las que felizmente soy beta.
Sin más por el momento me despido no sin antes agradecer los futuros reviews… les recuerdo que soy nueva en esto, estoy aprendiendo de las mejores… y me voy como los grandes "GRACIAS TOTALES"
Yazurido: termino Japonés que se le da al atado que existe en el arco, para bridar mayor comodidad y ajuste, este atado en su mayoría está hecho de simple cuerda o hilo, y sirve para marcar el lugar en donde se posa la mano en la fina madera.
Arcabuz: antigua arma de fuego parecida a un fusil, que se dispara prendiendo pólvora mediante una mecha móvil, colocada en la misma arma, utilizando piedras de hierro.
Emishi: termino japonés que se utilizaba para designar a los habitantes del noroeste de Honshu. Los Emishi fueron reconocidos por resistirse al gobierno de los emperadores de Japón a finales del periodo Nara.
Tatarigami: son espíritus poderosos que traen muerte, destrucción, fuego, hambre, guerras, todo lo que se asocie con calidad, es uno de los espíritus malignos más poderosos que acechan Japón. Normalmente este término se asocia con dioses o deidades que provocaron estragos.
