Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
Ambos pequeños, corrían tomados de la mano por el bosque, uno de ellos más consciente del peligro y el otro sin saber que era lo que estaba pasando.
Kohaku apretaba los dientes fuertemente, rogaba que esa cosa no fuera a encontrarlos.
Esperaba que el amigo de Kagome se encontrara bien, si lograban llegar a la aldea esa persona podría ir por ella, por ahora debía ponerla a salvo, como futuro extermimador era su deber, así que corrió.
Aquella tarde había estado buscando rastros del monstruo que había merodeado por su aldea, muchos niños habían desaparecido, y su padre había estado preocupado, y los rumores no hacían más que empeorar la situación, muchos inclusive decían haber visto un halo de luz plateado cerca del perímetro, y algunas pequeñas raciones de comida habían desaparecido, no era un número muy grande, pero aún así levantaba alarmas en el pueblo, "¿Y si fuera el mismo demonio que se llevaba a los niños?".
Es así como el valiente Kohaku se había adentrado en el bosque una tarde, para encontrar pistas de la amenaza, de esta forma le demostraría a su padre su valor y empezaría su entrenamiento más pronto de lo esperado, y así lo hizo, se encontró con el demonio, era más grande de lo que esperaba y no había ni una pizca de plateado en él como decían los rumores.
Kohaku había usado algunas de las hierbas que había tomado sin permiso de su hermana para cubrir su aroma y espiar sin ser visto.
Lastimosamente para él, el demonio parecía tener muy buen oído y lo encontró, Kohaku se había congelado del miedo, pero contra todo pronóstico logró salvarse de ser comido por la horrenda bestia.
Había comenzado a llover y a oscurecerce, lo cual fue algo bueno para él pues el moustro tendría una difícil tarea si quería perseguirlo, pero también supuso un gran problema, pues no contaba con que sus fuerzas le fallarán y no pudiese encontrar un lugar seco y seguro donde pasar la noche...
Para empeorar las cosas no contaba con que el monstruo encontraría tan pronto su paradero y ahora había enredado a la niña que presuntamente lo había cuidado en un aprieto.
Entonces aquí estaban, dos niños indefensos corriendo por el bosque.
Y aunque aún no podía evitar que su corazón saltará con una fuerza increíblemente dolorosa, las hierbas cumplieron su función y como un rayo de esperanza lograron ver la entrada de la aldea a lo lejos.
¡Gracias por leer!
Pienso escribir durante esta semana las siguientes partes
