Ingresé a la Secundaria Wrickenridge a las ocho treinta, flanqueada por Toshiro e Ichigo. Se sentía extraño: sólo había estado lejos por unas semanas pero podrían haber sido meses. Como lo anticipé, atraje miradas culpables de intriga. No necesitaba leer sus mentes para saber qué es lo que estaban pensando: Allí está, la chica que fue secuestrada. Pirada, escuchamos. Se volvió loca.

-Eso no es cierto Rukia- murmuró Ichigo- Nadie piensa que estés demente. Ellos entienden.

Entramos a la oficina para regristrar mi reincorporación. El sr. Hachi prácticamente saltó de su escritorio para darme un abrazo.

-¡Pequeña Rukia! ¡Estás de regreso! ¡Todos hemos estado tan preocupados!- Se limpió una lágrima del ojo y moqueó, en parte sincero, y en parte disfrutando del drama- ¿Estás segura de que estás lista?

-Sí Sr. Hachi.

Miró inquisitivamente a los Kurosaki.

-¿Ustedes se asegurarán de que ella esté bien?

-Sí, señor- le prometió Ichigo.

-Háganlo- El sr. Hachi me entregó una tarjeta para llevar a mi antiguo salón- Ahora continúen. No querrás llegar tarde en tu primer día de regreso.

Y así resultó ser el día: todo el mundo haciendo lo imposible para ayudarme a reestablecerme. Incluso Michiru y su séquito fueron amables conmigo como si fuera una esfera de cristal, la cual pudiera romperse si llegaran a decir algo cruel. Extrañamente me hizo echar de menos sus estúpidos comentarios. Me había retrasado en todas las materias pero en lugar de presentarse esto como un problema, los prefesores organizaron un combo para "ponerme al día" y los estudiantes me ofrecieron usar sus apuntes. Miyako ya había fotocopiado los suyos. Caí en la cuenta de que en algún momento del trayecto había sido aceptada ya como parte de la escuela y ellos estaban cuidando de mí como a uno de los suyos.

En el almuerzo, fui junto con Ichigo a salón de música. No esperaba hacer nada más que observar pero el sr. Chojiro no estaba dispuesto a ello. Me puso de regreso en el piano.

-¡Pero el concierto es la próxima semana!- protesté.

-Tiene razón, tiempo de sobra para aprenderse la pieza que seleccioné para usted.

-¿Espera que realice una puesta en escena sola?

Miré alrededor del salón con la esperanza de encontrar algo de apoyo de mis queridos compañeros, pero incluso Kaien estaba sonriendo ante la táctica del sr. Chojiro.

-¿Estaba esperando no hacerlo? ¿Por qué aprender a tocar un instrumento si no desea ser oída?- preguntó el profesor.

No creía que fuera a comprender el placer que me provocaba el tocar para mí misma, de modo que me callé al respecto.

-No estoy segura de sentirme lista para esto.

-Tonterías. La mejor respuesta a un fuerte golpe como el que tuvo es luchar.

Supongo que compartía esa filosofía.

-Bien. Echaré un vistazo a la música.

El sr. Chojiro se movió hacia los violines, diciendo por sobre su hombro.

-Será mejor que haga algo más que mirar. Su nombre ya está en el programa. Le dije a Kaien que lo pusiera esta mañana, tan pronto escuché que ud. regresaría a la escuela.

Byakuya estaba recostado contra su auto para el fin de la jornada, esperando a que saliéramos. Tenía algunas malas noticias aunque no del todo inesperadas para mí.

-Nozomi Kujo, mejor conocida como Nozomi Kujo Kageroza- Nos mostró una foto de la hija de Yushima Kageroza en su laptop mientras nos ubicábamos en el asiento trasero de su Prius- Se casó con un Conde italiano pero lo dejó hace dos años y se unió al imperio de su papi. Un escape afortunado para él, diría yo.

Entonces mi instinto había estado en lo cierto.

-Están tratando de llegar a mí a través de mis padres.

-Y a nosotros a través de ti. La furia de Kageroza para con los Kurosaki ha crecido desde que eliminamos a dos de sus hombres en el almacén. Puede que sea la ventaja que estábamos esperando.

El brazo de Ichigo estaba arrollado sobre mis hombros. Ahora estaba sentado bien erguido, alertado de la peligrosa situación que se estaba gestando.

-Byakuya, no puedes usar a Rukia y a sus padres para esto.

Byakuya cerró la tapa de la laptop.

-De momento, nos estamos dando las cabezas contra una pared de ladrillos, siquiera sabemos del paradero de los dos fugitivos. Toda la familia debería estar tras las rejas, pero ni siquiera podemos mantener encerrados a aquellos que pusimos bajo llave. Es, como mínimo, frustrante.

-¿Qué crees que pueda yo hacer?- pregunté.

-Tenía en mente que podrías llevar un micrófono conectado cuando te encontraras con Nozomi Kujo Kageroza.

-¡Pero ella estaría dirigiéndose a una trampa!- protestó Ichigo- Byakuya, ella no hará eso.

-No si sabemos acerca de ello primero, entonces podríamos revertir la situación y atraparlos. Esta gente no dejará de venir tras nosotros hasta que los atrapemos. Estoy pensando en ella tanto como en nosotros, ella también es uno de los nuestros.

Jugué con las tiras de mi morral. Podría ayudar a los Kurosaki si hiciera esto. Si no se hacía nada, ellos jamás serían capaces de vivir en paz. Era lo menos que podría hacer dado que había estado entrando en pánico con toda esta cosa de los Savant y estaba llegando a la conclusión de que lo mejor que podía hacer, lo más seguro, era huir. Tendría que decirle a Ichigo que no tenía ninguna intención de ser nada más que una novia temporal. Muy pronto regresaría a Inglaterra y dejaría atrás todo el mundo Savant.

-Rukia, no lo escuches- dijo Ichigo en voz baja.

-Pero puedo ayudar.

Se mostró decidido.

-Prefiero saber que estás sana y salva, aún si eso significa que el peligro no se irá para mi familia.

-¿Y de qué sirve eso? Todos estaríamos en una especie de prisión, una regida por Yushima Kageroza.

-Oh por Dios, Rukia, no me hagas esto- Ichigo puso su frente contra la mía, su angustia llegándome como oscuras oleadas atravesadas por relámpagos color plata.

Siempre apurado por protegerme; era hora de que me permitiera regresarle el favor. No era la frágil damisela en peligro que él creía; yo tenía mi propio poder, mis motivaciones personales. Si no podía ser la valiente compañera que él necesitaba, al menos quería asegurarme de que él y su familia nunca más estuvieran en peligro a causa de esta gente.

-No, no te lo estaré haciendo a ti, lo estaré haciendo por todos nosotros, y porque es lo correcto. No quiero que pese en mi conciencia el no haber hecho nada cuando tuve la oportunidad de hacer la diferencia. ¿A cuántos más Yushima Kageroza lavará el cerebro si no ayudo a detenerlo?

-¡Byakuya!- Rogó Ichigo- No puedes permitir que nada le suceda.

Byakuya asintió solemnemente.

-Lo prometo. Ella es uno de nosotros, ¿no? No dejaría que esa basura llegue a nosotros, así que no permitiré que toquen a Rukia. Y ella no irá sin protección.

Ichigo seguía sin estar convencido. En cierta forma era como mis padres, me veía como demasiado delicada como para enfrentar las amenazas del mundo. Quería demostrarle que se equivocaba. Que podía con esto.

-¿Qué clase de protección?- le pregunté a Byakuya.

Ichigo seguía oponiéndose.

-Rukia, ya cállate. No vas a hacer esto. He visto lo que esta gente puede hacer, no te dejaré que te embrolles en eso.

Lo golpeé en las costillas y duro.

-No tienes ningún derecho a decirme que me calle, Ichigo Kurosaki. Actúas como si me tuvieran que mantener entre algodones. Yo también he visto cosas malas, sabes que lo he hecho.

-No como esto. No quiero que te toque.

-¿Entonces está bien para ti que llenes tu cabeza con esos horrores, pero no que yo lo haga?

-Bueno, sí.

-Eso es simplemente estúpido, y sexista.

-Ichigo, la necesitamos- agregó su hermano.

-Mantente fuera de esto, Byakuya- repliqué.

-Sí señora.

Los miré furiosa a ambos.

-He querido decir esto ya desde hace algún tiempo. Ichigo, necesitas ayuda, ayuda para hacer frente a las cosas que tu familia tira dentro de tu cabeza. Sé que te enfurece y te frustra y que te la agarras con otras personas, como los maestros, porque no puedes alcanzar a las personas que hicieron esas cosas malas…

Ichigo intentó interrumpirme.

-Un momento, Rukia...

-No, tú espera un momento, no he terminado. Sucede que sé más que la mayoría acerca de lo que las malas experiencias pueden hacerle a tu cabeza y tú necesitas tiempo para resolverlo por ti mismo sin la amenaza de los Kageroza pesando sobre ti. Así que para darte eso, iré a Las Vegas a…patear el trasero de Yushima Kageroza.

-Bien dicho Rukia- Byakuya aplaudió mientras Ichigo me fulminaba con la mirada.

-Ahora, de vuelta a los negocios- dije rápidamente- ¿Qué clase de protección tenías en mente?

-No hemos terminado aquí- gruñó Ichigo.

-Sí, si hemos. Byakuya, ¿me estabas diciendo?

Byakuya le sonrió a su hermano.

-La dama tomó una decisión, Ichigo. Yo que fuera tú lo dejaría ahí. Rukia, trabajaré contigo respecto de tus escudos. La última vez, fueron bastante débiles. Las paredes de la habitación, ¿cierto?

Asentí.

-Esta vez serán gruesas como el Castillo de Windsor, capas y capas de protección, ¿si?

Sonreí.

-Está bien.

-Y tengo algunas ideas de lo que le puedes hacer a la escoria, Inaba, si va a olfatearte las emociones.

-Aún mejor.

Byakuya me acarició la mano.

-Rukia, me agradas, eres una luchadora.

-Lo soy, ¿no? ¿Escuchaste eso, Ichigo? No más comparaciones con Bambi. Soy una Rottweiler, con temperamento.

-Una Rotweiler muy pequeña- dijo Ichigo, aún no convencido.

El mayor de los problemas a medida que se acercaba el fin de semana era cuánto de todo el asunto de la emboscada debían conocer mis padres. Como madre, Masaki estaba a favor de contarlo todo; yo estaba en contra, sabiendo que ellos inmediatamente me prohibirían ir y cancelarían la reunión; alertando a los Kageroza de que estábamos tras ellos. Byakuya estaba de acuerdo conmigo; al final se decidió que debía hablar con Retsu y Joushiro acerca de la posibilidad de que aquellos que estuvieron involucrados en el secuestro puedan aún encontrarse por allí, sin mencionar específicamente a Nozomi Kujo Kageroza.

En la noche del viernes, mi último día antes del viaje, me acurruqué junto a Ichigo en el sofá en casa de los Kurosaki mientras él miraba béisball. Tenía un brazo alrededor mío, y el otro sumergido en el balde de palomitas de maíz. Todo el resto de la familia había desaparecido, a sabiendas de que Ichigo quería este momento a solas conmigo antes de enviarme a Las Vegas en la mañana. Más interesada en estudiarlo que en los misterios del béisbol, eché un vistazo de reojo a la curva de su cuello, a la línea de su quijada, y a la curvatura de su nariz. ¿Cómo alguien podía ser tan descaradamente…bueno, la única palabra que se me venía a la mente era "ardiente"? No parecía ser justo para el resto de nosotros, los estúpidos mortales. Pensé que él estaba demasiado enganchado en el juego como para notar que lo estaba estudiando, pero estaba equivocada. Él comenzó a reirse.

-¡Rukia, estás siendo cursi otra vez!

-¿Es cursi lo mismo a lo que los ingleses llamamos sentimentalista?

-Supongo.

-Pero me gusta admirarte.

-Estoy tratando de mirar béisbol aquí, es, algo así como la búsqueda de lo sagrado.

Me acurruqué más cerca. ¿Por cuánto tiempo sería capaz de seguir haciendo esto?

-No te lo estoy impidiendo.

-Lo estás haciendo. Puedo sentir tus ojos sobre mi cara casi tanto como si me estuvieras tocando.

-Tienes un lindo rostro.

-Bueno, gracias, Srita. Ukitake.

-No hay de qué, Sr. Kurosaki- Esperé un momento, luego susurré- Y ahora se supone que digas: y el tuyo tampoco está para nada mal.

Quitó la atención de la pantalla para mirarme.

-¿Hay un guión para esto? ¿Qué, en Romance 101?

-Ajap. Un cumplido demanda otro en respuesta.

Frunció el ceño pensativamente.

-Bueno, entonces, Srita Ukitake, usted tiene una muy bonita…oreja izquierda.

Le arrojé un puñado de palomitas de maíz.

-¿Lo estropeé?- preguntó inocentemente.

-Sí, lo hiciste.

Quitó las municiones de mi alcance, elevó sus piernas sobre el sofá y me recostó encima suyo, de modo que yacía con mi cabeza sobre su pecho, y nuestros pies tocándose. Tracé pequeños círculos sobre su pecho, disfrutando de sus escalofríos de placer. Él era tan diferente a mí, fuerte en lo que yo siempre había sido débil.

-Así está mejor. Entonces, déjeme decirle, Srita Ukitake, que usted tiene la oreja izquierda, oreja derecha y todo lo que hay entre ellas, más hermosas que alguna vez haya tenido el privilegio de ver. Me gusta en especial su cabello, a pesar de que se mete en todos lados- Se sacó un mechón de su boca.

-Bueno, si usted insiste en besarlo…

-Sí, insisto. Lo tendré escrito en la constitución como mi propio derecho inalienable. Le enviaré esta noche una carta al presidente.

-Hmm- Giré mi cabeza hacia la pantalla- ¿Cómo va el marcador?

-¿Y a quién le importa?

Ahora, ésa sí era la respuesta correcta.

Pasaron unos minutos en los que sólo estuvimos allí tendidos. Me sentía en paz, a pesar de lo que me aguardaba mañana. Completa. Pero en ese momento, como idiota que soy, tenía que romper con la armonía y dejar que la primera grieta se abriera entre nosotros.

-¿Ichigo?

-¿Mm?

-¿No crees que este intento de hacerme regresar a Las Vegas es, bueno, un tanto obvio?

Lo sentí tensarse.

-¿A qué te refieres?

-Los Kageroza, al menos Nozomi y Yushima Kageroza, me dieron la impresión de que son astutos. Seguramente ellos sepan que ustedes aún estarían velando por mí, ¿no? Ellos esperan que ustedes estén suspicaces de una invitación que salió de la nada como ésta.

Sus dedos acariciaron mi columna, enviando pequeños impulsos eléctricos por todo mi cuerpo.

-Seeh, tienes razón. Entonces, ¿qué significa?

Me encogí de hombros, deseando poder concentrarme en las encantadoras sensaciones que él me estaba provocando en lugar de fijarme en mis molestos pensamientos.

-No puedo descifrarlo. ¿Puedes ver lo que va a suceder?

Estuvo callado por un momento.

-No, no puedo. Te veo en Las Vegas, un destello como un casino, pero no va más allá. Como dije, no tengo control de lo que veo, y en lo que respecta a ti y a mi familia, a esta distancia de los eventos, hay demasiadas variables como para obtener una imagen clara.

-¿Y qué si me están usando para atraer a tu familia otra vez? Puede que supongan que Byakuya va a estar a mano para protegerme. Puede que esté guiando a mis padres y a tu hermano al peligro.

-Olvidate de incluirte a ti. Sabes que estoy en contra de que hagas esto. Si tienes dudas, no es demasiado tarde para echarse atrás.

-Pero eso aún nos dejaría con tu familia bajo amenaza.

-Sí, lo haría.

-No es justo.

-No, pero creo que hacemos un buen trabajo cuando usamos nuestros dones juntos. Vale la pena. Nadie más en la Red Savan puede hacer tanto como nosotros.

Me elevé sobre mis codos.

-No podría vivir de esa forma.

Me deslicé fuera de él, sentándome al borde del sofá. Él ya estaba casi suicidándose con la tensión de su trabajo. Nunca lo mencionó, pero apostaría lo que fuera a que estaba sufriendo pesadillas acerca de las cosas que ha presenciado. ¿Qué iba a hacer cuando se diera cuenta de que no voy a quedarme, de que huiría despavorida porque temía muchísimo más a esa cosa de los Soulfinder de lo que le temía a Yushima Kageroza?

Debió haber escuchado un eco de mis temores porque me agarró de la cintura para impedir que pusiera más distancia entre nosotros.

-Quiero que seas feliz. Lo solucionaremos.

No, no lo haríamos.

-Dices eso ahora, ¿pero sabes?, la gente te defrauda- Estaba tratando de advertirle que no invirtiera mucho en mí- Las cosas cambian. Quiero decir, dudo que mucha gente se quede con su primer amor de secundaria.

Su expresión se ensombreció.

-Rukia, no estás siendo justa. He sentido ya desde hace algunos días que estás convulsionada con esto de los Soulfinder, pero los Soulfinder no tienen nada en común con un primer amor de secundaria, va mucho más allá.

Aún estábamos uno al lado del otro pero ya no pegados; sólo me tenía a mí para culparme porque había sido yo quien había echado un paso atrás.

Intenté sonar madura y razonable.

-Considero que estoy siendo justa. Creo que estoy siendo realista.

-¿Es así como me ves?- el rostro de Ichigo se endureció, recordándome que no por nada tenía un reputación de problemático- ¿No has sentido lo que yo siento? ¿Aún estás cerrándote a tu don?

Por supuesto, lo sentí, demasiado y me estaba asustando.

-No sé qué es normal y qué no. Sé que te amo pero simplemente no puedo hacer esto- Gesticulé entre nosotros.

-Ya veo- Se puso de pie y se movió hacia el extremo más alejado del sofá- Bueno, mientras tú piensas en eso, yo simplemente miraré el resto del juego.

-Ichigo, por favor. Necesito hablar de esto.

Hizo flotar el bowl de palomitas de maíz a su regazo.

-Hemos estado hablando. Hasta el momento establecimos que sólo soy un muchacho con el que sales. Estás huyendo del milagro de que nos hayamos encontrado el uno al otro.

Me retorcí las manos. No había querido alterarlo pero ¿cómo podría no hacerlo cuando estaba luchando por mi supervivencia emocional? Él no comprendía lo que para mí estaba en juego.

-Mira, Ichigo, mis padres se mataron el uno al otro por el Soulfinder de mi madre. No quiero que la historia se repita por sí misma. No tengo esa clase de fuerza aquí dentro- Di unos golpecitos a mi cabeza.

Asintió cortante.

-Lo entiendo. Tu mamá y tu papá los perdieron, entonces también nosotros. No tiene ni una pizca de sentido pero probablemente eso ya lo sepas. Como yo lo veo, tus padres se metieron en problemas por culpa de que el Destino les jugó una mala pasada y tu mamá se descargó sobre tu papá huyendo cuando ella debería haber manejado el asunto de haber hallado a su Soulfinder de manera más justa. Cometieron un error y tú pagaste el precio.

No me gustó la crítica sobre mi mamá por huir.

-Estoy tratando de explicar cómo me siento, Ichigo.

-¿Y qué pasa con cómo me siento yo, Rukia?- pulverizó un manojo de palomitas, luchando por mantener su temperamento- Caminaría sobre brasas ardiendo por ti. Diablos, me puse frente a un arma por ti. ¿Pero es eso suficiente para probarte lo que siento por ti? ¿Lo que eres para mí? No sé qué más puedo hacer.

-Por favor, no estés molesto.

-No estoy molesto. Estoy desilusionado.

Dios, eso era peor.

-Lo siento.

-Seeh, bueno- Fingió mirar el juego pero podía ver que sus emociones fluctuaban salvajemente entre la ira y el dolor.

Me sentí absolutamente destruída por lo que había acabado de hacer. Él me había ofrecido amor, era algo único, como un Huevo Fabergè, el cual procedí a aniquilar. El que tu Soulfinder te rechazara era como partirse así mismo en dos, pero de alguna forma, no podía evitarlo. Lo estaba hiriendo porque estaba completamente aterrada. Como aquel montañista que se cortó su propia mano para salvarse, el dolor actual era mejor que un mayor sufrimiento a futuro, ¿cierto? Oh, Dios, ¿estaba en lo cierto o simplemente estaba huyendo? Confundida y asustada, apagué la televisión.

-¡Hey!- Ichigo alcanzó el control remoto.

-Sólo dame un momento y luego puedes encenderlo otra vez- Me metí el control detrás de la espalda- Realmente lo siento. Ésta soy yo, no soy la persona con mayor confianza. Tú dijiste una vez que siempre actúo como sorprendida cuando le gusto a alguien, pero no es un acto. No espero agradarle a alguien, mucho menos que alguien me ame. Simplemente no me siento tan adorable y ahora puedes ver por qué. Supongo que en parte es tu mala suerte que terminaras teniendome a mí como tu Soulfinder.

Ichigo se pasó una mano sobre su rostro y por su cabello, tratando de reunir sus pensamientos.

-No te culpo.

-Sé que no lo haces. Has visto lo que está dentro mío, con sus defectos y todo- Largué una risa algo histérica. Mi corazón latía con fuerza: había metido la pata hasta el fondo pero no podía dejarlo que pensara que no tenía sentimientos tan fuertes hacia él. Tal vez no podía ser lo que él quería, pero podía demostrarle que lo amaba- Tú dijiste que caminaste frente a un arma para demostrarme que me amabas. Bueno, supongo que sólo me queda hacer lo mismo por ti. Iré a Vegas mañana, y lo haré por ti.

Se puso rápidamente en pie.

-¡De ninguna manera!

Le tiré el control remoto, el cual atrapó a modo de reflejo.

-No tengo tan en claro todo esto de los Savant y ambos tendremos que vivir con ello. Simplemente no me puedo arriesgar a ser de esa forma contigo, no creo que sobreviva a esa vida- Tomé una bocanada de aire- Pero el plan de Byakuya es la única forma que se me ocurre de probarte que, pese a mi jodidamente enredada cabeza, te amo.

Ya está, lo dije. No podía leer la respuesta de Ichigo; sus emociones eran confusas y estaba inquietantemente silencioso.

-Entonces, puedes…em….retornar al juego. Me voy a ir, voy a dormirme temprano.

Me extendió una mano hacia mí.

-¿Rukia?

-¿Sí?

-Aún te amo, más que nunca. Esperaré hasta que estés lista.

Sentí una enorme oleada de culpabilidad. Nunca iba a estar lista.

-No quiero que te pongas en riesgo por mí.

Me crucé de brazos.

-Seeh, medio que me supuse esa parte.

Me jaló más cerca, su inmensa mano se alzó para acunar la parte trasera de mi cabeza, el calor filtrándoseme a través de la piel.

-Hablaré con Byakuya acerca de tus preocupaciones. Voy a insistir para estar allí. Mi sentido de la premonición funciona bien justo antes del evento, incluso con interferencia. Puedo ayudar a anticipar problemas.

-¿Desde una distancia segura?

-Desde una distancia razonable. Lo suficientemente cerca como para estar allí para ayudar, pero no tan cerca como para darles la ventaja a los Kageroza.

-Bien- Froté la palma de mi mano sobre su corazón, disculpándome en silencio por el dolor que le estaba causando- Puedo lidiar con eso.

Bieeen, gracias por leer esta historia, es una de las que mas me gustan :D

Quedan MUY pocos capítulos de esta historia, primer aviso jajaja

Relei los pocos que quedan para asegurarme de que no hubiera ningún error en los nombres (Muchas gracias a la amable correcion que me hicieron la actualización anterior)

En la próxima actualización acaba esta historia, espero que les haya gustado…

Nos leemos muy pronto!