La agente del FBI que había conocido meses atrás, se encontró conmigo en los baños del aeropuerto McCarran, en Las Vegas, para colocarme el micrófono.
-Hola Rukia. Soy Nemo Kurotsuchi. ¿Me recuerdas?- preguntó, sacando su equipo.
-Sí, por supuesto.
Me sonrió desde el espejo, su sedosa cabellera oscura reluciendo bajo las luces.
-Apreciamos lo que estás haciendo por nosotros.
-¿Podrías apresurarte, por favor? Puede que Retsu entre a buscarme en cualquier momento.
Se sonrió ante mi preocupado reflejo.
-Eso no es muy probable. Está siendo entrevistada por un reportero local sobre su opinión acerca de las normativas del aeropuerto. No la está dejando escapar.
-¿Y él es?
-Uno de nuestros hombres- Deslizó un diminuto micrófono dentro del elástico de mi sostén- Con eso debería bastar. Intenta no cubrirte demasiado y recuerda no golpearlo con nada, cartera, lo que sea, ya que le da a nuestro oyente una terrible migraña.
-Ok. ¿Eso es todo? ¿Ninguna batería ni cables?
-Nop. Tiene su propia fuente de poder y funcionará por veinticuatro horas. Ningún cable que te delate.
-¿Pero emite una señal, no?
-Sí, transmite sonido. Lo que tú escuches, nosotros lo escuchamos.
-¿Puede alguien notarlo?
-En teoría. Pero sólo si tienen conocimiento interno de las frecuencias del
FBI. No hemos tenido problemas antes.
-Pero y ¿qué si Yushima Kageroza ya obtuvo esta información de uno de ustedes?
Hizo una mueca.
-Entonces las cosas se pondrán realmente feas. Pero no te preocupes, te sacaremos a ti y a tus padres.
Retsu se estaba pavoneando cuando regresé a su lado.
-Ese joven estaba realmente interesado en mis opiniones- dijo- Me dijo que estaba completamente de acuerdo conmigo en que el aeropuerto es soso y le vendría bien un poco de obras más desafiantes, tal vez una vaca de Daniel Hirst o una calavera de diamantes, después de todo, esto es Las Vegas.
-¿Por qué no ir por el todo y tener una cama Emin?- gruñó Joushiro, a quien no le gustaban demasiado las grandes obras de infraestructura- La mayoría de la gente que vaga por los aeropuertos luce como si le fuera a venir bien un buen descanso.
-Debería haber pensado en ello- Retsu me guineó un ojo.
-Pienso que uno de esos cuadros con los relojes derretidos de Dalí es más apropiado; el tiempo parece fundirse para los viajeros internacionales- sugerí.
Mis padres se detuvieron y se me quedaron mirando con asombro.
-¿Qué?- pregunté avergonzada.
-¡Comprendes el arte!- Exclamó Retsu.
-Sí, ¿Y?
Joushiro se rió con deleite.
-¡Todos estos años y yo que pensaba que no se lo estaba contagiando!- me dio un ruidoso beso.
-Aún así no iré a salpicar pintura sobre unos pobres lienzos desprevenidos- mascullé, contenta de que les había dado algo por lo cual festejar. Ya me sentía lo bastante mal de meterlos a ciegas en esto.
-No esperaríamos que lo hicieses. De hecho, creo que te prohibo que lo intentes. ¡Imagina tener a otro alocado artista en la familia!
Joushiro enlazó sus brazos con el mío y el de Retsu y nos sacó danzando del aeropuerto hacia el auto que nos aguardaba.
Deslizándome sobre el asiento trasero, rápidamente la realidad de lo que estaba sucediendo regresó a mí. No era el mismo vehículo con el que había sido secuestrada, era simplemente un inocuo transporte típico del aeropuerto al hotel, sin embargo sentí un escalofrío recorrer mi columna.
¿Ichigo?
Rukia, está todo bien. Byakuya y yo estamos dos autos más atrás. En un momento nos rezagaremos y pasaremos la posta a otro agente, pero no te perderemos de vista.
¿Está bien que hablemos así?
Hasta que llegues al hotel. Suponemos que Nozomi Kageroza es la experta en testear escudos de modo que no podemos arriesgarnos.
Dime una vez más, ¿como cuánto debo obtener antes de que interceda el FBI?
Necesitamos que admitan haber estado involucrados en el secuestro o que intenten hacer algo ilegal en este viaje, como intentar falsear tus recuerdos, eso es lo más probable. Un bono extra sería cualquier dato o pista sobre los dos Kageroza en fuga.
¿Cómo hago para que hagan eso? Parecía muchísimo más complicado ahora que debía llevarlo a cabo que cuando lo pensé en abstracto.
Ellos hicieron todos los arreglos para traerte hasta aquí así que deben tener un plan. Sígueles la corriente tanto como puedas. Suponemos que intentarán separarte de Retsu y Joushiro.
¿Y los dejo hacerlo?
Podía percibir que Ichigo estaba incómodo con la respuesta.
Estarán más seguros de esa forma.
No te preocupes por mí.
Eso es imposible.
Entramos al área cubierta de descenso para el hotel casino Fortune Teller.
-¡Así es como se llamaba!- dijo Retsu, chasqueando sus dedos- Sabía que era algo relacionado a las ferias- Se acomodó su pañoleta de seda sobre la chaqueta de hilo de su traje- ¿Rukia, luzco bien?
-Muy profesional- Me lamentaba que estuviera desperdiciando sus esfuerzos en un criminal.
Joushiro siempre había gritado "artista" sin importar lo que se pusiera. Hoy se había puesto su chaqueta negra de jean favorita con vaqueros, su versión de un traje.
-¡Qué lugar más impresionante!- se maravilló mientras caminábamos por el recibidor con hileras de máquinas tragamonedas y meseras en diminutos disfraces de gitanas. Era impresionante, muchas de las tiendas que vendían porquerías baratas estaban justo al lado de otras de diseñador- Tanta completa falta de gusto, es casi una obra de arte en sí misma.
A nuestra derecha, una bocina comenzó a sonar y las monedas comenzaron a emanar de la máquina hacia el regazo del hombre que se encontraba estático vestido en un despampanante traje azul. Hubo una pausa momentánea mientras los apostadores observaban al afortunado ganador, luego retornaron a lo suyo como de costumbre.
-Me gustaría pintar los rostros- dijo Retsu pensativa, echando un vistazo a una mujer que estaba sentada sobre un taburete frente a una máquina, con una expresión de absoluta desesperación en el rostro- Puedes oler la esperanza y desesperanza. La carencia de luz natural le da una sensación de inframundo, ¿no les parece?, como la tierra de las almas perdidas.
¿Inframundo? Yo estaba pensando en el mismísimo infierno con los Kageroza como los demonios regentes.
Un botones nos llevó hasta la zona de ascensores.
-La sra. Kujo los verá en su oficina- nos explicó- Torre Oeste, tercer piso.
El ascensor espejado nos llevó hasta un entrepiso. Un balcón daba a la planta baja del casino, donde una variedad de juegos se hallaba, desde la ruleta hasta mesas de póker. Como era mediatarde, la mayor parte de las personas estaban vestidas de forma casual y la atmósfera era relajada. Había esperado la clase de sofisticación de James Bond y obtuve entretenimiento costero. El tapete brilló de un intenso verde de engañosas promesas, fichas plásticas que en la realidad representaban millones de dólares engrosaban la ilusión de que esto era sólo un poco de diversión inofensiva. Nuestro guía nos llevó hasta un par de puertas dobles con el cartel de "Gerencia General" inscripto en una placa de bronce. Una vez que pasamos, dejamos atrás el ruidoso chillar y las luces de la decoración del hotel, por un tranquilo y refinado sofá en L para visitantes; flores frescas en una mesa ratona de cristal; y una elegante secretaria que nos recibió y nos llevó hasta el santuario interno de su jefe.
Lo primero que noté fue el cúmulo de pantallas mostrando la actividad en todos los rincones del hotel. Había acercamientos en las mesas de cartas así como también vistas más generales de las áreas públicas. Fue entonces cuando noté a Nozomi Kageroza de pie junto a una ventana mirando hacia el patio del hotel, con su mano extendida. Mis pelos se erizaron: era venenosa y no la quería cerca de mis padres.
-Joushiro, Retsu, encantada de conocerlos en persona luego de nuestras charlas telefónicas. ¿Y ésta debe ser, Rukia?
Su sonrisa era amistosa, pero sus emociones decían otra cosa, oscilando entre un puro azul de frío cálculo y un toque de rojo de violencia. Esperaba mi rostro no delate mi repulsión al encontrarla nuevamente. Tenía que fingir que aún no recordaba.
-Sí, lo es- dijo Joushiro- Gracias por invitarnos.
Nos señaló tres sillas que estaban frente a su escritorio.
-Tenía la esperanza de que este fin de semana les diera la oportunidad de que entiendan mis hoteles, por qué clase de clientela nos preocupamos, y cuáles podrían llegar a ser nuestros gustos. Pienso que encontrarán nuestras habitaciones en el rango de lo económico a lo más exclusivo y las preferencias de nuestros huéspedes es igual de amplia.
Este trabajo era una completa mentira, lo podía ver en el destello amarillo que ahora irradiaba alrededor de ella. Estaba disfrutando de inventar la historia, como un gato de jugar con un ratón.
-Tengo todo un programa diseñado para ustedes y uno de mis asistentes estará dedicado a facilitarles la visita. Pero sin lugar a dudas suena muy aburrido para su hija.
-Rukia está feliz de venirse con nosotros- dijo Retsu- Ella no será molestia.
-No, no, eso no será necesario. Considero que ella tal vez quiera ver lo que Las Vegas tiene para ofrecerle a la gente joven.
Joushiro se revolvió en el asiento.
-Bueno, ahora, sra. Kujo, eso es muy amable de su parte, pero ya sabe por lo que Rukia ha pasado recientemente; no queremos dejarla sola en un lugar que no es familiar.
-Naturalmente, no podría estar más de acuerdo. Es por eso que le pedí a mi joven hermano si se podría hacer de tiempo para cuidar de ella. Estoy seguro de que él la hará pasar un buen rato. Tal vez puedan ver algún espectáculo de media tarde. El Circ du Solei es espectacular ¡no puede perdérselo!
La idea de un buen rato de Inaba Kageroza, era drenarme de todas mis emociones y jugar con mi cabeza. Así que éste era el plan: tirarme ala jaula del león Inaba mientras mis padres eran arriados lejos de mí para jugar por el hotel. Sólo esperaba que Byakuya e Ichigo estuvieran captando todo esto e intercedieran antes de que la cosa fuera demasiado lejos.
-¿Te gustaría eso, cariño?- preguntó Retsu.
-Estaría bien- contesté, no del todo capaz de obligarme a agradecerle a Nozomi.
-Encantador- Las líneas alrededor de los ojos de Retsu se arrugaron en una sonrisa de alivio- Entonces te veremos de vuelta aquí esta noche para la cena, cariño.
-Reservé mi propio salón privado para que cenemos, así pueden conocer a otros miembros del equipo de alto nivel- Sonrió Nozomi, mostrando una costosa dentadura- Pero puede que Rukia prefiera comerse una hamburguesa con Inaba. Él la está esperando justo afuera. Tengo algunos asuntos de negocios que discutir con tus padres, Rukia. Espero no te moleste.
-Bien- Ella era realmente una maldita, despacharme con esa basura afuera mientras fingía que me estaba haciendo un favor- Entonces los veré más tarde.
-Toqu``esmola de oído- dijo Joushiro feliz- Regresa cuando ya hayas tenido suficiente, amor.
Reticentemente, me paré. La única parte redimible de este plan era que mis padres iban a estar bien lejos de cualquier peligro. Revisé que mi nuevo celular estuviera en el bolsillo de mis vaqueros. Byakuya me lo había dado esa mañana, diciéndome que le había programado su número y otros números de emergencia, por las dudas.
-Mantén tu teléfono encendido Joushiro, llamaré cuando termine de disfrutar las vistas.
-Tómate tu tiempo si lo estás disfrutando- Retsu le sonrió de manera cómplice a Nozomi.
Eso era altamente improbable, no a menos que significara que vería a nuestros anfitriones irse esposados.
…
Había olvidado cuan repulsivo era Inaba en persona. No era el hecho de que vistiera extraño, eso podría haberlo hecho amistoso y alegre, era la humedad de su palma, su sonrisa socarrona, su mirada escalofriante.
-¿Rukia Ukitake? Encantado de conocerte- Extendió una mano, la cual tuve que tomar pero solté tan pronto me fue posible.
-Hola. Tú eres Inaba, ¿cierto?
-Sí. Nozomi me pidió que cuidara de ti.
Apuesto a que así lo hizo.
-¿Qué quieres ver primero? ¿Las mesas?- guió el camino hacia los elevadores.
-¿Tengo permitido apostar? Pensé que era menor de edad.
Me guineó un ojo.
-Digamos que es un arreglo especial, sólo para ti. Te conseguiré un par de fichas por cuenta de la casa y podrás jugar sin perder ni un centavo de tu propio dinero. Seré generoso, te dejaré que te quedes con lo que ganes.
-Eso es realmente generoso de tu parte- En lo absoluto.
Me llevó a la ventanilla del cajero y sacó fichas por un valor de mil dólares.
-Con eso deberías poder empezar.
-No conozco las reglas de ningún juego de cartas.
-Entonces intentemos con la ruleta, eso es un juego de niños.
Todo esto era como una ruleta giratoria. ¿Rojo o negro? ¿Saldríamos como vencedores o así lo harían los Kageroza?
-Ok, eso suena divertido- dije con fingido entusiasmo.
Rápidamente perdí la mitad del dinero a través de malas conjeturas, luego gané otra vez un cuarto del mismo en una afortunada racha. Podía entender cómo es que el juego se podía tornar adictivo. Existía la esperanza de que el próximo giro te favoresca. No se necesitaba de ninguna habilidad; sólo de buena fortuna.
-¿Otro intento?- Inaba recaudó las ganancias por mí.
-Bueno- Empujé casi todo mi dinero en una de las apuestas externas, sobre el casillero de los pares.
Perdí.
-Vaya- suspiré, tratando de no molestarme porque todo ese dinero regresara al hotel. Era sólo como el oro de los duendes, como en Harry Potter.
Apuesta todo al quince, susurró Ichigo.
Escondí mi sonrisa tras mi mano. Sabía que él sería invensible en el juego. Puse las fichas que me quedaban en el quince. Inaba sacudió su cabeza.
-Rukia, ¿estás segura? Una apuesta como esa se conoce como todo o nada, es una movida arriesgada.
-Seeh, me gusta vivir peligrosamente- Le hice una sonrisa descarada.
Los otros participantes rieron con indulgencia ante mi entusiasmo de principiante.
-Bien entonces- dijo con acento pronunciado un inconfundible texano con su típico sombrero de vaquero- si la bella dama dice que el quince negro es el de la fortuna, pondré mi dinero donde ella puso el suyo. Treinta y cinco a uno, grandes probabilidades, si llegas a ganar.
Por el gentil destello naranja alrededor del hombre, me di cuenta de que sólo pretendía hacerme sentir bien acerca de mi espíritu temerario, siguiendo el dicho de "a la miseria le gusta la compañía" cuando inevitablemente lo perdiera todo.
-Confíe en mí- le dije con seriedad- Me siento bien acerca de esto.
Con una risa, empujó una considerable parte de su dinero sobre los quince. Enganchándose en la diversión del momento, varios otros arriesgaron una ficha o dos al mismo sector.
Con una sonrisa confiada, el crupier hizo girar la gran rueda y dejó caer la bolita.
-¿Es la primera vez, cariño?- preguntó mi texano, metiendo sus pulgares en su cinturón.
-Sí.
-Tienes un lindo acento allí.
-Soy inglesa.
-Encantado de conocerte. Ahora, pequeña dama, no te vayas sintiéndote acongojada cuando pierdas tu dinero, tómalo como una lección. Desearía haberla tenido cuando tenía tu edad. Tendría un lindo condominio en Florida si no lo hubiera desperdiciado todo en lugares como éstos.
Sonreí y asentí, regresando mi atención otra vez a la rueda que desaceleraba. Poco sabía él, pero estaba un paso más cerca de su lugar de retiro.
La bola saltó ruidosamente, luego cayó en su ranura. El crupier miró y tragó saliva.
-¡Negro el quince!
Hubo un grito de asombro por parte de toda la mesa. Y entonces…
-¡Yee-ha!- el texano tiró su sombrero al aire. Luego me alzó y me hizo girar, dándo un beso en ambas mejillas- ¡La buena fortuna es una dama y aquí está!
Nuestras ganancias sumadas eran impresionantes. Me retiré con casi cinco mil dólares, el texano con varios cientos de miles, para horror de Inaba.
-¿Me promete gastarlo para algún lugar en La Florida?- le pregunté al texano, quien se presentó como Ganju. Simplemente podía imaginarlo entregándoselo todo de vuelta a los Kageroza en otra apuesta arriesgada.
-Lo prometo dulzura. Y aún más, lo nombraré en tu honor. ¿Cómo te llamas?
-Rukia Ukitake.
-Perfecto. Florida allí voy- Con una venia de su sombrero, se dirigió hacia la oficina del cajero, acomodándose los pantalones desde el cinturón.
Siendo los apostadores un puñado de supersticiosos, me encontré asediada de pedidos de consejos para la próxima ronda. Inaba me tiró del brazo.
-Creo que será mejor que nos retiremos- dijo delicadamente, sus destellos pulsando en un rojo furioso.
-Bien. Como quieras- respondí dulcemente.
-Me aseguraré de que tus ganancias te lleguen. ¿Te parece bien un cheque?
-Em…dirigido a mis padres, por favor. Aún no he abierto mi propia cuenta de banco en los Estados Unidos.
-Bien- Su agarre a mi brazo estaba al límite de lo cómodo, demostrando que su control se le estaba escapando. Intentó hacer una broma de ello.
-Será mejor que te saque de aquí antes de que hagas romper la banca. ¿Qué tal si vas a arruinar a algunos de nuestros competidores?
¿Querría decir eso que sospechaba que yo haya utilizado poderes de Savant para vencer a la ruleta?
-Creo que he tenido suficiente. No quiero presionar. Suerte de principiante y todo eso, ya sabes.
Se controló así mismo, intentando volver sobre la marcha.
-Bien, entonces vayamos a comer. Tenemos un excelente restaurante en el último piso, con vista a todo el Gran Cañón del Colorado. Sólo iré a dejar tus fichas a la oficina- Se dirigió hacia la ventanilla del cajero. Podía notar por el aura de satisfacción que lo rodeaba, que no tenía ninguna intención de que yo viera ni un centavo.
No pude resistir chequear si Ichigo aún estaba escuchando, incluso con el riesgo que ello implicaba. ¿Nozomi Kageroza debía estar ocupada, no es así? ¿Recibes eso?
Sí. Aún me estoy riendo por lo de la ruleta, bien hecho, bebé. No pude resistir tirarte la data, a Byakuya no le causó gracia.
Escuchar su voz en mi cabeza me daba confianza, disminuía mi miedo. Uno de mis mejores momentos, gracias a ti.
Hubo una pausa. Tengo que ser rápido. Byakuya dice que Yushima Kageroza está en la cima. Pensamos que éste puede ser el momento.
¿Van a tratar de lavarme el cerebro otra vez?
Muy probablemente, pero no dejaremos que eso suceda. No olvides mantener fuertes tus escudos. Nos estamos poniendo en posición, tenemos a un equipo en el piso de abajo fingiendo ser los de limpieza.
¿Dónde estás?
Cerca. Será mejor que deje de hablarte ya en caso de que Inaba se dé cuenta.
No creo que pueda, pero tal vez Nozomi esté por el lugar, en alguna parte. Diría que ella es una savant más poderosa.
Entonces debemos cortar esto. Mantente a salvo.
Sí. Tú también.
