El viaje en el ascensor fue una de las cosas más difíciles que jamás haya hecho. Tuve que ocultar el hecho de que me estaba sintiendo mal por los nervios, recordando demasiado bien lo que había sucedido la última vez que había estado a solas con Yushima Kageroza y su hijo.
-Entonces, ¿qué te apetece? Hacen unos buenos sándwichs- dijo Inaba, frotándose entre sí las manos. Todo lo que necesitaba era una capa negra y la risa siniestra 'buajajaja' para completar el acto de villano. Lo encontré patético.
-Em, sí, eso suena encantador.
-¿Te gusta Las Vegas?
-Es peculiar.
Se rió con disimulo.
-Sí que lo es. Es un área recreativa hecha por el hombre.
-¿Estás en la universidad?
-No. Fui directo al negocio de la familia.
-¿Los hoteles?
-Entre otras cosas.
Yo estaba entre esas otras cosas que prefería, el crimen organizado y la violencia. Podía sentir que él se consideraba como siguiendo los pasos de su padre. Era bastante lamentable en realidad, con ninguno de los talentos que su padre y su hermana poseían. Él sólo era en verdad aterrador cuando amenazaba con succionarme las emociones de dentro mío.
Las puertas del ascensor se abrieron sobre un corredor extremadamente familiar. No pude evitar vacilar antes de salir.
-¿Algún problema?
-Em…no, sólo una momentánea sensación de dejà-vu.
Se acarició el bigote para disimular su sonrisa.
-Conozco la sensación. Mira, Rukia, sólo quiero presentarte a mi padre; él es el Director Ejecutivo del negocio familiar. No tomará mucho. ¿Te parece bien?
Me metí las manos en los bolsillos, echando rápidamente un vistazo hacia abajo para verificar que el micrófono no se veía sobre mi escote.
-Está bien.
Estoy haciendo esto por Ichigo me dije a mí misma mientras seguía a Inaba a la Sala de Juntas.
Como había estado aquél día semanas atrás, Yushima Kageroza estaba esperando en la cabecera de la mesa.
-Ah, Rukia, gusto de verte otra vez- Se puso de pie y cerró la puerta con su poder de telequinesis.
La cerradura hizo un clic.
¿Qué? Ni siquiera se estaba molestando en ocultar que era un Savant.
-¿Lo he visto antes?- pregunté, esperando sonar genuinamente asombrada.
-Puedes dejar ya el acto. Estoy completamente al tanto de que el FBI te ha enviado hacia nosotros con la inútil esperanza de que nos incriminemos. Pero eso no va a suceder.
¿Entonces por qué estaba hablando de esta forma? No pude evitar mirar otra vez hacia abajo.
-Puedes olvidarte del micrófono. Nozomi le está haciendo interferencia. Ellos sólo recibirán la estática. Inaba, ¿dónde han quedado tus modales? Ofrécele a nuestra invitada una silla.
Inaba me tomó de los hombros y me empujó, forzándome a sentar en una silla junto a la ventana.
-¿Qué es lo que estás recibiendo de ella?- Yushima Kageroza hizo tamborilear sus dedos sobre sus brazos cruzados.
-Esa confianza impertinente se ha ido- Inaba inhaló profundamente- Temor, maravilloso temor.
-Toma tanto como gustes- dijo su padre- Ella ya nos ha costado suficiente con esa farsa que hizo en el casino.
Me estremecí cuando Inaba si inclinó hacia mi cuello y frotó su mejilla contra la mía. Sentí como un neumático sufriendo una pinchadura, con el aire escapando de adentro. Mi entrenamiento con Byakuya voló con él; no podía recordar qué se suponía que hiciera. El miedo escalaba; estaba temblando incontrolablemente. Lo peor de todo, es que ya no podía sentir a Ichigo junto a mí. Todos los momentos más aterradores de mi vida se juntaron en primer plano: la discusión de mis padres, las golpizas de mi infancia, el abandono, ser disparada en el bosque, lo del almacén.
-Maravilloso- murmuró Inaba- Es como un vino añejo, potente, intoxicante.
Yushima Kageroza decidió que ya le había permitido suficiente.
-Detente ahora, Inaba. La quiero consciente.
Inaba rozó un sudoroso beso en mi quijada y se paró. Me sentía pegajosa y vacía, con las energías drenadas junto a las emociones. Me abracé.
Piensa, le ordené a mi ya quebrada mente. Hay algo que tú puedes hacer. El Castillo de Windsor.
Pero mis escudos eran como un castillo de naipes, derrumbándose ante la primera sacudida.
-Estoy en lo cierto, el FBI estará tratando de obtener el acceso a este piso así que no tenemos mucho tiempo. Por desgracia, Rukia, vas a sufrir un alboroto adolescente, tu dudosa cordura va a ceder. Aprovechando esta arma- indicó una pistola que yacía sobre la mesa- vas a correr por el casino disparándole a huéspedes inocentes. El FBI tendrá que matarte para detenerte, sacrificar a su peón. ¿Algo más que poético, no crees?
-No lo haré.
-Lo harás. Por supuesto, ellos sospecharán la verdad pero no habrá evidencias, contigo estando muerta y todo eso.
-No.
-Cuán trágico para los Kurosaki- Se apoyó sobre el borde de la mesa, echando un ojo a su reloj- Verás, Rukia, he decidido que hacerlos la causa de la muerte de inocentes es la mejor venganza. Tendrán que vivir sabiendo eso. Los paralizará por completo y el FBI no se atreverá a utilizarlos otra vez.
Tenía que controlarme. Byakuya me había dicho qué hacer si me encontraba frente a un lavado de cerebro nuevamente. Tenía que conseguir hacerlo ya que no sólo mi propia vida estaba en juego. No podía imaginar nada más horripilante que causarle la muerte a otros. Él no iba a hacerme esto a mí. Me rehusaba a permitírselo.
Sujeté con fuerza los apoyabrazos de la silla y comencé a proyectar oleadas de mi poder. La mesa se sacudió; un jarrón de cristal tambaleó hasta el borde y se estrelló contra el piso; una grieta se empezó a formar en la ventana, serpenteando hasta el techo.
-¡Detente!- dijo bruscamente Kageroza, abofeteándome en la cara- ¡Nozomi! ¡Inaba, drénala!
Nozomi entró corriendo mientras Inaba se inclinaba una vez más hacia mi cuello. Esta vez lo sentí antes de que pudiera comenzar a absorber las emociones. Expulsé un fuerte pulso de ira, golpeando en su mente como un puñetazo en la quijada. Retrocedió.
-¡Pero qué dem…!- Inaba se agarró su cabeza, sangre estaba saliendo de su nariz- ¡Tú pequeña bruja!
-Nozomi, ¡haz algo!- ordenó Yushima Kageroza mientras los paneles del techo comenzaban a caer sobre la habitación.
Nozomi lanzó ambas palmas hacia mí. Fue como golpear contra un paredón luego de rodar sin control por una colina. Fui echada hacia atrás en la silla, terminando sobre el piso, con mi ataque interrumpido.
-Nuestra pequeña Savant ha aprendido a usar sus poderes, ¿Verdad?- Con un leve movimiento de su mano, Yushima Kageroza enderezó mi silla- ¿Pero no creerás en verdad que puedes contra nosotros tres, no es cierto? No, puedo verlo en tus ojos que no. Aún esperas que tu caballería entre a la carga y te rescate, pero las malas noticias son que no lo harán. Este piso está totalmente cerrado y no tienen una orden. Para cuando consigan una, el drama se habrá relocalizado en el casino- Sujetó mi cabeza entre sus manos y apretó- Ahora, siéntate y relájate. Esto no tomará mucho tiempo.
…
Lo siguiente que recuerdo es estar saliendo del elevador del salón del hotel. Un pianista estaba sentado frente a su instrumento entonando una canción sobre gente necesitando gente. Pero yo no necesitaba a nadie. Quería dispararles, ¿no? Caminé a paso firme hacia el casino, con el arma metida a mi espalda, bajo mi remera.
-Hey, ¡es la dama de la Suerte!- Ganju se abalanzó sobre mí.
-¿Qué haces todavía aquí, Ganju?- le pregunté.
¿Se suponía que también debía matarlo? Sentí una gota de sudor correr por mi cara. La limpié.
-Sólo me estaba despidiendo de las mesas. Te juré que no regresaría y soy un hombre de palabra.
-Eso es bueno, Ganju. Será mejor que te vayas.
-Sí, ya me estoy ensillando y preparando para salir- Me hizo un saludo con su sombrero, entonces notó mi cara- No luces muy bien, cariño.
-Me siento algo extraña.
-Ve a recostarte. Quítate el peso de encima. ¿Quieres que busque a alguien por ti?
Me froté la frente. Quería a alguien. A Ichigo. Él estaba cerca.
-¿A tus padres?
Artistas. Arte. No sabía que comprendías el arte. Viejos Maestros. Capas. Eran importantes pero no podía recordar por qué. Las imágenes se movían en mi cabeza como si el viento desplazara las hojas en una de mis novelas gráficas, abriendo páginas al azar.
-Estoy bien. Iré a mi habitación en un momento.
-Haz eso cariño. Fue un placer conocerte.
-Y a ti, Ganju.
Se dio la vuelta, alejándose a paso relajado.
Dispárale.
¡No!
Saca el arma y dispárale.
Mi mano se deslizó alrededor del arma en mi cintura, los dedos rodeando la culata, llevándola más cerca. Entonces alguien gritó, Nozomi Kageroza corrió hacia el guardia de seguridad y me apuntó.
-¡Ella tiene un arma!- gritó.
Miré hacia mi mano. Tenía una. Se suponía que corriera y la disparara al azar.
Hazlo.
Viejos Maestros. Falsos recuerdos. Rasgar más profundo.
El guardia de seguridad tocó la alarma. Me quedé indecisa en medio del casino mientras los jugadores se zambullían en busca de cubierta. Una máquina tragamoneda emitía el pago por un juego ganado a un asiento vacío.
-¡Cielos, cariño, no querrás disparar esa cosa!- gritó Ganju desde un seguro lugar al otro lado de una mesa de pinball.
Mi cerebro me gritaba que actuara. No pude contenerme, elevé la punta hacia el techo y apreté el gatillo. El retroceso fue impresionante, sacudiendo mi muñeca. Una araña se rompió. ¿Cómo pude haber hecho eso? Estaba atrapada en una pesadilla en la que mi cuerpo y mi cerebro ya no estaban bajo mi control.
Así, ahora apunta a la gente.
No, esto estaba mal. Odiaba las armas. Miré hacia abajo, a la enorme cosa negra en mi mano como si fuera un crecimiento canceroso, queriendo tirarla pero mi mente me gritaba que empezara a disparar.
Entonces, saliendo ruidosamente de entre los pisos superiores del hotel, el FBI entró al casino, haciendo a un lado a los de seguridad. Debo haber lucido extraña, de pie en medio de un piso vacío, rodeada de cartas y fichas desparramadas, con una ruleta sonando, pero sin hacer ningún esfuerzo por defenderme.
-¡Rukia, tira el arma!- gritó Byakuya- No quieres hacer esto. Ésa no eres tú.
Traté de soltarla pero mis dedos no cedían, mi cerebro haciendo caso omiso del comando.
Gira el arma hacia ti misma. Dí que te matarás si se acercan más. Las palabras de Yushima Kageroza llevaron el cañón bajo mi oído.
-No se acerquen más- dije con voz temblorosa.
Hubo un grito a mi izquierda. Los guardias de seguridad estaban conteniendo a mis padres, mientras intentaban alcanzarme.
-Rukia, ¿qué estás haciendo?- gritó Retsu, con su cara pálida.
-Vamos, cariño, baja el arma. Necesitas ayuda. Nadie ha salido herido, te conseguiremos ayuda- dijo Joushiro desesperado.
De alguna manera sus palabras no lograron penetrar. Eran más poderosos los susurros de que debía acabar con todo, castigar a los Kurosaki por usarme.
-Manténganse atrás, ¡nadie se acerque más!- Mi dedo se aferró más al gatillo. Parecía no existir otra salida.
Entonces Ichigo apareció desde atrás de Byakuya, sacando a su hermano de un empujón cuando intentó detenerlo.
-Ella no me disparará- dijo calmadamente, aunque sus colores resplandecían de un rojo a causa de su furia.
¿Estaba él enojado conmigo? No había hecho nada, ¿no?
No, no está enojado conmigo. Con alguien más. Con los Kageroza.
Ichigo vino hacia mí.
-Es la segunda vez que me pongo delante de un arma por ti, Rukia. Realmente tenemos que dejar de encontrarnos de esta forma.
¿Se estaba riendo de mí? ¿Estaba amenazando con suicidarme y él hacía bromas? Este no era el libreto. Se suponía que la gente corriera aterrorizada, se suponía que debía morir bajo una lluvia de balas
-No deberías estar aquí, Ichigo- Sedienta de algo que tuviera sentido en esta locura, me intoxiqué en su vista, sus amplios hombros, las fuertes líneas de su rostro, sus oscuros ojos castaño ambarino.
-Rukia, debes comprender que ahora que te he encontrado, no me iré. Bien dentro de ti, tampoco quieres que lo haga. Los Soulfinder no se lastiman entre sí. No podemos porque sería como lastimarte a tí mismo.
-¿Soulfinder?- ¿qué estaba haciendo? La compulsión interna de apretar el gatillo se derritió como hielo al sol. Todo esto se sentía mal porque no estaba en mi guión. Mi destino estaba en pie frente a mí, amándome lo suficiente como para arriesgarse a que le disparara. Mi Soulfinder. Los Kageroza no sabían que yo tenía un poder que ellos no podían derrotar; lo había hallado, y me las había ingeniado para ocultar ese secreto cuando destruyeron todas mis otras defensas. El reconocimiento de mi Soulfinder golpeó a través de las sofocantes capas falsas con una fuerza que siquiera un Savant habilidoso podría contrarrestar.
Todo se tornó claro. Mis dedos se aflojaron de la culata del revólver y la dejé caer al piso.
Me encogí de hombros, temblorosa.
-Em…¿Qué les puedo decir? ¿Lo siento?
Ichigo corrió los últimos metros y me tomó en un abrazo.
-¿Esos Kageroza te agarraron otra vez?
Enterré mi cabeza en su pecho.
-Sí, lo hiceron. Se suponía que los castigara ya sea suicidándome o consiguiendo que me bajara a tiros el FBI.
-Astuto, pero no pueden derrotar a mi chica.
-Casi lo hacen.
-¡No!- Yushima Kageroza irrumpió en el casino flanqueado por Nozomi e Inaba, hambrientos de un premio consuelo ya que el premio mayor se les escapó- Presentaré cargos contra esta niña. Ella amenazó a mis huéspedes con un arma, disparó en mi propiedad, interrumpiendo el juego. Arréstenla.
Mis padres llegaron a mi lado segundos antes que los Kageroza.
-¿Qué está sucediendo, Rukia?- Joushiro lucía como si estuviera listo para golpear al Sr. Kelly.
-Retsu, Joushiro, conozcan a Yushima Kageroza y a su familia- Gesticulé hacia ellos- Los responsables de mi secuestro la última vez y de intentar lavarme el cerebro esta tarde para que me involucre en un tiroteo aquí abajo.
-La chica está loca. Ya ha pasado un mes en una institución para enfermos mentales. Es completamente poco confiable- Yushima Kageroza sacó su BlackBerry, apretando el botón de discado rápido a su equipo de asuntos legales- Necesita estar encerrada para la seguridad del público en general.
Byakuya recogió la pistola con un pañuelo y la metió en una bolsa para evidencias.
-Muy interesante, sr. Kageroza, pero lamento disentir. Creo que Rukia está en lo cierto al decir que ud. estuvo manipulándola.
Retsu lucía estupefacta.
-¿Se refiere a que la drogó o…o qué? ¿La hipnotizó?
-Así es, señora.
-No tiene evidencia de eso- se burló Nozomi Kujo pegada al hombro de su padre- Pero nosotros sí tenemos amplios registros provenientes del circuito cerrado de cámaras en los que esta chica entra de arrebato aquí y dispara frenéticamente. ¿A cuál de nosotros va a creer un juez?
-A Rukia- Byakuya sonrió pícaramente- Verá, deduje, Sr. Kageroza, que ud. consiguió llegar hasta la Agente Kurotsuchi cuando ella lo tuvo bajo vigilancia en octubre. Como era mi compañera no lo pudo resistir, ¿verdad? Una vez que me dí cuenta de quién era la persona que filtraba la información acerca de nuestra investigación, cosas como quién era Rukia, tareas de inteligencia de las que sólo Kurotsuchi y yo teníamos conocimiento, tenía la esperanza de que le informara acerca del micrófono que le colocaríamos a Rukia. Kurotsuchi nunca tuvo la menor idea de que ud. la estaba usando, ¿no es así?
-No diré nada- dijo Yushima Kgeroza entre dientes.
-Eso está bien, porque tengo mucho para hablar. La Agente Kurotsuchi le colocó a Rukia un micrófono estándar del FBI, ese que ud. estaba bloqueando, pero ella no sabía nada acerca del dispositivo de grabación que se encontraba en el teléfono de Rukia- Sacó mi teléfono celular de mi bolsillo trasero y le dio unos golpecitos- Cada palabra que ud le dijo a Rukia está registrada, preservada para que el juez y jurado la escuche. Estoy seguro de que será interesante de escuchar.
-Quiero un abogado.
La sonrisa de Byakuya se amplió.
-Excelente. Mis tres palabras favoritas. Yushima Kageroza, Nozomi Kujo Kageroza, Inaba Kageroza, están arrestados por secuestro y conspiración para cometer asesinato. Tienen el derecho a permanecer en silencio…
Seis oficiales uniformados se acercaron para esposar a los Kageroza mientras Byakuya continuaba recitándoles sus derechos. Ichigo me apartó y me abrazó con fuerza, meciéndome para atrás y hacia delante de manera que sólo las puntas de mis pies rozaban la alfombra.
-No es ese un hermoso sonido, ¿el escuchar que les reciten sus derechos?- murmuró en mi oído, besando el mismísimo lugar sobre el que Inaba había baboseado, quitando cada escabrosa sensación. Estaba a salvo. En casa.
-Espero que los encierren y tiren la llave.
-Por la expresión de Byakuya, creo que él está bastante seguro de que eso sucederá.
-¿Sabías lo del teléfono?
-Sí, pero no podía decírtelo, en caso de que los Kageroza se metieran con tu cabeza.
Descansé la palma de mi mano sobre su corazón, escuchando el ritmo constante mientras desaceleraba de toda la escalada de adrenalina. No podía parar de temblar.
-Entonces estás perdonado.
-Nunca imaginé que podrían obligarte a hacer algo como esto, bebé- Hizo señas hacia el desastre que había logrado hacer en el casino.
-No hice nada, ¿recuerdas? Bueno, excepto por lo de dispararle a esa lámpara pero, siendo que era una ofensa al buen gusto, estaba de hecho haciéndoles a todos un favor.
-¿De verdad estás bien?
-Sí, lo estoy. Uryuu me ayudó la otra vez a discernir lo falso de lo verdadero; en esta ocasión, una vez que sentí lo que era falso, todo volvió a su lugar más rápido, gracias a mi Soulfinder. Aunque tengo migrañas. E hice un desastre aún mayor en el penthouse, lo sacudí un poquito.
-Sí, sentimos eso. Estoy impresionado. Encierras un poderoso golpe en ese metro y cincuenta y tantos centímetros.
Alcé la vista para ver cómo se llevaban a los Kageroza.
-Alguien tiene que asegurarse que Yushima Kageroza no emplee su don para sacarlos de la cárcel.
-Byakuya ya está en ello. Tiene preparados unos procedimientos para asegurarse de que Kageroza no ponga sus garras sobre nadie.
-¿Y qué hay con los dos Kageroza que se escaparon de prisión?
Ichigo me alborotó el cabello.
-Vamos, Rukia, tres arrestos en un día no están nada mal. Los atraparemos tarde o temprano. Lo que quiero saber es cuándo dejarás de huir de mí.
Descansé mi cabeza sobre su pecho.
-¿Huir?
-Nosotros no somos como tus padres biológicos. Podemos hacer que esto funcione. Simplemente confía en mí. Por favor.
Estando en pie, pacíficamente juntos en el caos del casino, tomé una gran bocanada de aire, disfrutando de su esencia a madera y un toque que era exclusivamente suyo. Eso era lo que él significaba para mí: mi lugar de descanso. Había sido estúpida en pensar que podría sobrevivir sin él. Mis temores me habían cegado del premio que había estado a punto de tirar por la borda.
-Creo que podría haber dejado de huir en el momento en que te paraste frente a mí. Golpeé con mi muro.
Me besó en la cabeza.
-Y no me estoy moviendo.
-Bien. Tú eres mi Soulfinder. Ya está. Lo admití.
Se estremeció de alivio.
-¿Fue doloroso?
-Sí, mucho.
-¿Asustada?
-Hasta el infinito.
-Bueno, no lo estés. La única cosa que realmente debería dar miedo es el no estar juntos.
Retsu y Joushiro se acercaron con mi nuevo amigo texano, Ganju.
-Este caballero de aquí nos contó lo que sucedió- dijo Retsu, mirándome con recelo.
-Ya estoy bien, Retsu. Byakuya te lo contará todo cuando regrese.
Ganju asintió sabiamente.
-Fue terrible, Sra. Ukitake. Supe que algo no andaba bien con su pequeña desde el momento en que vi sus ojos, todos vidriosos. Me recordó a un acto de cabaret que vi una vez en el Salón Paraíso. El hipnotista hizo que el hombre de la audiencia cantara como Elvis hasta que chasqueó sus dedos y rompió el encantamiento- Me guineó un ojo- ¿Pero esos tipos malos no lograron que fueras contra tu consciencia, no es cierto Rukia?
-Supongo que no, Ganju.
-Ves, el hipnotismo tiene sus limitaciones- Dio unos golpecitos a mi mano como lo haría un abuelo- Ve a descansar un poco, Rukia.
-Y usted lleve sus ganancias lejos de las mesas de juego- Señalé hacia la salida.
Se tocó la punta de su sombrero.
-Por supuesto, señora. Hay un condominio en la Florida que lleva su nombre y espera por mí- Cuando se fue, me volteé hacia mi papá.
-Entonces, ¿aún quieres mudarte a Las Vegas?
Joushiro miró a Retsu, luego a Ichigo y a mí, juntos.
-Creo que eso sería un 'no', un grandísimo no.
