Parte 1

Desde que Naruto Uzumaki había nacido, su vida fue una tragedia tras otra. Huérfano, con casi toda la aldea odiándolo por el monstruo que tenía adentro. Ahora mismo estaba en un momento decisivo en su vida.

Naruto estaba sumamente nervioso y deprimido por la pelea que se avecinaba después del mes de entrenamiento que tuvo que pasar a lado de Jiraiya. Sabía que fue pura suerte haberlo encontrado para lograr un avance en su camino a ser Hokage pero no fue demasiado y el tiempo se había terminado. La batalla contra Neji se avecinaba y era la primera del día.

Toda la aldea estaría allí y lo que esperaban realmente es que fuese humillado de la peor forma por el prodigio Hyuga que últimamente había sonado por todos lados. La posibilidad que tenía de ganar eran demasiado mínima y no tenía forma de hacer la diferencia con respecto a ello.

—Es inútil—.

El mismo Uzumaki sabía que este esfuerzo sería completamente inútil, de nada serviría ahora entrenar y posiblemente se dirigía a su muerte por la mano de Neji Hyuga. Viendo lo que le sucedió a Hinata y su corazón, no sabía realmente cómo se encontraba ahora.

El sueño de ser Hokage, ser reconocido, una meta tan inalcanzable para un don nadie para él, ¿por qué seguía insistiendo en eso? Sin saber porque, se dirigía a los campos de entrenamiento donde se convirtió en Genin.

Ese era uno de los pocos buenos momentos que recordaba de su vida y aún así no era de ayuda. Podría salir huyendo de esta aldea, ir a un sitio donde nadie lo conociera y alejarse de esas miradas de odio y menosprecio.

No era la primera vez que algo así pasaba por su mente y de hecho estaba demasiado tentado en este mismo momento. Sin embargo, era demasiado cobarde para ello ya que aún seguía con un fuerte lazo a esta aldea a pesar de todo.

Cuando llegó finalmente a donde estaban los troncos de entrenamiento, vio a lo lejos a una peliazul que el conocía muy bien. Al parecer ya estaba curada de su condición y en el fondo le dio bastante alivio.

—¿Hinata, eres tú?—.

La chica escuchó esa voz que tanto conocía y se escondió por vergüenza detrás de los troncos, pero aún así reunió la suficiente valentía para saludarlo.

—Oh, Naruto. Hola—.

—Veo que te sientes mejor—.

—Sí, gracias por preocuparte por mí. No deberías estar en el estadio, ya se te hace tarde—dijo ligeramente preocupada la chica.

—Ah, no te preocupes. Llegaré a tiempo—.

En ese momento, el silencio era bastante pesado en el lugar y el viento soplaba alrededor de ellos bastante fuerte.

—¿Hinata, Neji es tu primo verdad?—.

—Sí—.

—¿Es tan fuerte como dicen?—pidió el Uzumaki una breve confirmación de una respuesta que ya conocía.

—Lo es—.

—Entiendo, entonces no tiene caso ir a pelear—reveló con cierta tristeza el joven.

—¿Eh, qué dijiste?—cuestionó Hinata muy confundida.

—Ya oíste, Hinata. No tiene caso ir a luchar una batalla ya perdida, un monstruo como Neji no puede ser derrotado por alguien como yo. No lo quise creer por terco, por eso Kakashi sensei decidió dejarme a un lado por Sasuke, solo él era merecedor de su valioso tiempo—dijo el rubio empezando a hablar de forma muy pesimista.

Hinata no era tonta y sabía que Naruto estaba sufriendo bastante por algo que no tenía idea desde que ella tenía memoria pero esto era una parte del verdadero dolor que en verdad tenía. Muy pocos en Konoha eran conscientes de que el Naruto que conocían sólo era una máscara para ocultar sus verdaderos sentimientos negativos que ha ido acumulando estos años.

—Naruto, no todo está perdido. Sabes que si te esfuerzas puedes hacer un milagro—trató de apoyar la chica.

—Ya me he esforzado toda la vida y mira lo que he conseguido, ¿por qué esforzarse en ser reconocido si nk siquiera los que me conocen han reconocido lo que yo valgo? ¿O acaso de verdad soy tan insignificante?—pensaba en voz alta el joven demostrando su verdadero yo.

—Naruto, ¿de verdad piensas eso de ti?—preguntó Hinata con mucha tristeza al verlo así.

—No sólo yo, todos me lo han dejado en claro. Kakashi sensei, Sakura, Sasuke, todos piensan lo mismo. Un perdedor sin talento, una existencia que no debió nacer. Lo mejor sería huir, donde nadie me conozca, donde nadie me juzgue por esta maldición. Soy un maldito monstruo, una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento—.

—¿Un monstruo? Naruto, ¿de que es lo que hablas?—.

—Sí lo supieras, de seguro me odiarías. Todos en esta aldea lo saben, por eso todos quieren verme muerto—.

—Yo nunca te odiaría—.

—¿Tanto quieres saber mi secreto? Igual vas a saberlo algún día. El Zorro de las Nueve Colas que fue derrotado por el Cuarto Hokage, está sellado en mi cuerpo. Por eso mi vida quedó destruida desde que nací—.

Aunque para Hinata fue bastante sorpresivo esta información, su mente unió muchos cabos sueltos y daba a entender el odio de la gente por lo que Naruto representaba pero no justificaba el tener que poner a un niño a un sufrimiento que no se merecía. Tal vez el sacrificio del Cuarto Hokage fue un desperdicio después de todo.

—Naruto, yo no creo que seas un monstruo—le dijo ella tratando de mantener la compostura.

—No lo digas por lástima, no quiero tu compasión—.

—No, tú no eres así. Los monstruos matan por diversión, no les importa nada y solo gozan del sufrimiento. El Naruto que he visto siempre es todo lo contrario, se preocupa más por los demás que por él mismo. Un monstruo no tiene sentimientos, tú estás pasando por dolor y eso te hace humano. No eres un monstruo para nada, solo tienes miedo de ser uno—fue la opinión de Hinata.

—¿No te interesa que tenga un monstruo dentro de mí?—pidió saber sorprendido el joven por esa respuesta.

—Lo único que me importa es el Naruto que yo conozco, el que siempre lucha por sus sueños a pesar de tenerlo todo en contra—.

—Aún así, ya no soporto tener esta carga. ¿Por qué yo? No le deseo a nadie esto, pero es injusto. Sé que todos los adultos lo saben, ¿por eso no me ayudaron cuando más lo necesité? ¿Por eso Kakashi sensei no me ha entrenado, es por qué soy tan peligroso?—.

—¿Tu sensei no te ha entrenado? ¿Qué pasó con él?—preguntó la chica bastante preocupada.

—Todo este mes se fue de Konoha con Sasuke para entrenarlo, solo me dejó con alguien quien me odia. Entrené con un viejo pervertido que me dio buenos trucos pero no quita el hecho de que en realidad no les importo—.

—A mi si me importas Naruto—.

—¿Por qué habría de importarte? ¿Qué he hecho yo para esto?—pidió saber el rubio sin entender la respuesta de la chica.

—Has hecho tanto por mí y no lo sabes, de no ser por ti me habría quitado la vida desde hace mucho tiempo—sonrió la chica demostrando lo rota que estaba y Naruto sintió un dolor en su pecho al ver el rostro de emociones oscuras en ella.

—¿Tan mal te va con tu familia?—.

—No puedo llamarla familia, no a ellos. Se perfectamente como te sientes, tener una responsabilidad que no pediste y ser presionada hasta más allá del límite. Se como se siente estar muy sola, ser dejada un lado por la persona que más debería amarte y tachada por escoria. Tengo varios sueños pero soy muy débil para poder hacerlo yo sola y no tengo quien me ayude, nadie que me escuche, que me comprenda. No tengo un monstruo como tú pero aún así no pedí esto, soy solo una niña que quería la atención que quería amor y se lo negaron. ¿No es demasiado pedir algo de eso? ¿Unas cuantas palabras de apoyo y aliento de la persona que debería quererte?—.

El Uzumaki vio unas lágrimas derramarse de la cara de la Hyuga y pudo entender una cosa: Ella estaba tan rota como él, esos ojos de dolor, ira y autodesprecio por algo que no quiso al nacer, no de la misma forma aunque si era similar en muchas cosas.

—Lo siento, no sabía—susurró el joven empezando a entender que ella también sufría.

—Descuida, tampoco debí exasperarme tanto. Sé que tú estás peor que yo, lo entiendo. Solo quise que sepas que no estás solo—sonrió un poco la chica muy empáticamente.

Aunque era un poco reconfortante saber que alguien lo comprendía un poco en esta cruel aldea y no le guardaba rencor, no era suficiente para él. No había cambiado su idea de irse lejos de todo pero se sentía pésimo tener que dejarla aquí en este lugar que también la había hecho sufrir.

—Huyamos juntos, tu y yo—.

—Espera, ¿qué dijiste? ¿Huir?—.

—Será fácil irnos de acá ahora que la aldea no está vigilada por los Exámenes Chunin. Nadie notará nuestra ausencia por un tiempo, huyamos tan lejos de Konoha como podamos. No quiero dejarte sola, sé que tienes una familia de abolengo pero si te vas conmigo te prometo hacerte feliz. Tal vez no sea suficiente y no te pueda darte lo que una mujer como tú se merezca, trabajaré duro si es necesario, de veras—declaró Naruto con total convicción.

La respuesta de Naruto había dejado estupefacta a Hinata y era una oferta demasiado tentadora para ella. Comenzar una nueva vida juntos, lejos de todo y nadie que los conociera por su pasado y sin sufrir las críticas de las personas que los rodeaban aunque eso estaba muy mal.

—Lo siento Naruto. La oferta es buena pero no puedo—fue la respuesta de la Hyuga.

—¿Por qué quieres quedarte? Si todos te tratan mal, no deberíamos estar aquí—.

—Una de las cosas que siempre soñé es irme de la aldea a tu lado, ese siempre fue un sueño que he querido cumplir desde niña. Lo tengo demasiado detallado, por mi antigua posición como heredera no debería saber labores del hogar aunque eso no me detuvo. Quería irme con esto en mente para poder ser autosustentable, me preparé por si acaso—empezó a hablar Hinata divagando.

—Hinata, escucha…—.

—Tengo una buena educación por el clan Hyuga, no me sería difícil conseguir algún empleo con una dama de abolengo, quizás podría ser una maid y te ayudaría con algún problema en tus modales. Podríamos haber ido al norte, allí el clima es más cálido y se dice que no hay conflictos políticos, un lugar donde la gente es buena y agradable. Tal vez te enamores de mí y formaríamos una vida feliz juntos, no sería una boda costosa, compraríamos una casa con nuestros ahorros, tendríamos tal vez dos hijos muy adorables, un niño y una niña. Tal vez Boruto o Himawari, esos nombres son preciosos. Coquetearías conmigo a cada rato y me avergüenzo de ello pero me gustaría tener esa atención solo para mí. Seríamos la pareja más cálida y amorosa del lugar, quizás una familia modelo para los vecinos. Cuando ellos crezcan y dejen nuestro hogar, yo seguiría a tu lado sin dudar hasta envejecer juntos. Tal vez sea más probable que muera antes que tú, tengo ese presentimiento por un extraño motivo pero no me importaría ya que me habrías dado el amor que me ha hecho falta hasta ahora, estaríamos rodeados de nuestros hijos y nietos y descansar en paz profundamente. Ese era mi sueño, pero no puedo. No puedo porque si me voy contigo dejaría al Naruto que yo quiero—declaró la Hyuga de forma convincente.

—¿Qué?—susurró Naruto por lo que oyó.

—Lo veo en tus ojos, ya has renunciado a todo. Este no es el Naruto que yo admiro, sé que has sufrido demasiado y es mucho pedir de alguien como yo. Tienes que detenerte a reconsiderar las cosas, tal vez pueda ayudarte—.

—No entiendes, ¿verdad? No hay nada que puedas hacer por mí, ya lo he intentado todo y nada es suficiente. Lo intenté, nada me sale bien. Todo lo que hago, cualquier avance que tengo ten, nada sirve y todos se burlan de eso en mi cara. ¡Ahora mismo debería estar en el estadio contra tu primo y no quiero ir! No le veo el caso que todos me vean derrotado de forma fácil por alguien tan superior, no es fácil tomar esta decisión pero ya no quiero seguir con esto, ¡no quiero volver a este lugar!—dijo con mucho dolor el rubio.

En ese momento, Hinata le dio una bofetada a Naruto y este se quedó consternado pero se podía ver a la Hyuga llorando por la ira de ver así a su héroe.

—Yo se perfectamente que rendirse es fácil, lo sé porque yo lo hice hace mucho tiempo pero eso no es tu estilo, Naruto. Tal vez entienda un poco lo que sientes, aunque duele saber que no sé completamente el dolor y sufrimiento que has pasado todo este tiempo, desearía estar siempre para poder mitigarlo un poco. Ya no puedo hacer algo para ello y lo lamento, lo único que puedo decirte que tú no eres la clase de persona que debe rendirse, eres el ejemplo de que cualquier adversidad no basta para doblegar esa fuerza de voluntad y ese corazón de oro, he visto como esos ojos ven cosas que los míos no, sonríes al hablar de sus sueños aunque se rían de ti porque son verdaderos—hablo con firmeza la peliazul.

—Solo son palabras vacías de un hablador sin remedio—.

—No, te equivocas. Esos son tus verdaderos sueños, ningún sueño es ridículo mientras sean nobles—.

—¡¿Crees que no quiero llegar a ser Hokage?! ¡Es un sueño imposible para alguien como yo, un pobre diablo huérfano sin talento! Un genio como Sasuke lo tiene más fácil, yo no tengo lo necesario y nunca lo he tenido. Solo fanfarroneo y hablo para esconder lo patético y débil que soy, no tengo el poder de cambiar el mundo. Soy un idiota, tengo demasiados defectos y no podría ser Hokage a este paso. ¡Siempre será imposible mi objetivo, creía tener el mundo en mis manos y ahora no me queda nada, todo se me escapó de las manos!—empezó a gritar con cólera el rubio.

—Eso no es cierto, Naruto—.

—¡¿Qué es lo que dices?! ¡Tú no me conoces realmente! ¡¿Cómo te atreves a decir que me conoces?! ¡No soy ese Naruto que tu has visto! ¡Soy solo un hablador que dice que lo puede todo, es vergonzoso pasar la vida de esta forma! ¡Estoy vacío, no queda nada dentro de mí! ¡Soy un pésimo ninja, no he hecho nada destacable, todos me odian, yo mismo me odio! Por eso Kakashi sensei, el abuelo Hokage, el Sabio Pervertido, ninguno realmente cree en mi. No debí existir, no sirvo para esto. ¿Por qué siquiera debería intentarlo? ¡No va a servir de nada!

Hinata se había quedado callada y se veía que los ojos azules de Naruto eran más felinos y sus marcas eran ligeramente más gruesas, tal vez signo de su maldición. Aún así no tenía miedo y si era su turno de levantar el ánimo de su compañero, no iba a fallar.

—Yo sé que es estar en esa oscuridad, no sé lo deseo a nadie. No importa que tan profundo caigas en ella, tu siempre vas a levantarte. Ese siempre ha sido tu camino ninja, ¿verdad? Sigues luchando por tus sueños y el bienestar de tus amigos aún con la carga más pesada de todas. Eso no es lo único que me gusta de ti; tus ojos azules son tan hermosos y tu cabello es como los rayos de sol, un color tan cálido. Tus marcas son adorables como los de un gato, tu voz es aguda pero llena de vitalidad y animo para todos. Tu sonrisa llena de luz es lo que me salvó de mis propios demonios—le dijo con total sinceridad la ojiperla.

—Para, por favor—susurró Naruto con miedo.

—No podría, oírte decir que te odias y te detestas me hace hablar sobre todo lo que me gusta de ti. Las razones por las que yo te amo y te admiro—.

—¿Por qué querrías a alguien como yo, un perdedor sin talento, una escoria, alguien que no vale la pena! ¿Por qué dices amarme?—pidió saber el joven en lágrimas.

—Porque eres el héroe al que admiro—declaró con toral seguridad la chica y los rayos de sol la iluminaba de acuerdo al significado de su nombre.

—¿Tu héroe?—.

—Recuerdo cuando lo vida comenzó a desmoronarse, mi madre murió cuando tenía casi 7 años, mi padre comenzó a exigirme tanto que olvidé cuando fue la última vez que sonrió. Mi hermana se alejó de mí poco a poco por lo que implica las funciones de una heredera, en la Academia muchos niños se burlaban de mi y no tenía amigos. Solo recibía regaños tras regaños, poco a poco perdí mi confianza y comencé a sentirme sola en este mundo. Por eso soy tan rara y patética, pero un día el héroe en que creo llegó para iluminar ese camino tan oscuro. Lo recuerdo todo perfectamente, era una tarde de invierno. Llegaste para defender a una niña que no conocías y te golpearon sin remedio, rompieron una bufanda roja que aún no he podido entregarte por miedo. Te volví a ver en la Academia y aunque todos te odiaban y menospreciaban, tú no te dejaste vencer. Antes de eso, pensé incluso en el suicidio pero al verte pelear por tus sueños me di cuenta de que me había rendido tan fácil, no luché y solo estaba siendo autocompasiva. Aún tengo miedo, casi caí en la oscuridad y el terror de mi pasado cuando Neji me acorraló con sus palabras hirientes. Tu me volviste a salvar en ese momento, fue ese momento cuando más necesitaba ese apoyo de la persona que más amo y admiro, y ahora es mi turno de hacer lo mismo. Hace mucho tiempo mi corazón ya se había congelado por esa oscuridad, pero tus palabras lo derritió por completo. Aunque perdí de forma terrible, estoy satisfecha de avanzar un poco aunque sea de forma lenta. Es ahora mi turno de ir de la mano juntos en este camino ninja. Incluso cuando nadie te apoye, yo voy a estar para ti por siempre porque yo creeré en ti—.

Las palabras de Hinata estaban clavadas como cuchillas en el corazón de Naruto y dolía su pecho pero poco a poco el peso que cargaba se iba desvaneciendo por la persona menos esperada, la que creía en él como un héroe de verdad. Sin que se diera cuenta, el rubio sintió un abrazo rodeó su cabeza y ahora estaba en el cálido pecho de su compañera. Jamás en su vida había sido abrazado por una mujer, un huérfano como él no tuvo esa dicha de tener amor familiar o de cualquier tipo en su existencia.

—Naruto, eres y siempre serás mi héroe. No lo dudes jamás, ¿sí?—.

La pared emocional que había levantado contra todas las personas a lo largo de su vida fue finalmente destruida y sintió como ella besó su frente para consolarlo aún más. Lágrimas amargas salían de sus ojos sin poder salir de ese shock emocional pero su alma se limpiaba poco a poco de esa terrible oscuridad que ya lo tenía embargado.

—¿Por qué aún crees en alguien que esta muy roto? Soy débil, pequeño y estúpido, un perdedor, ¿por qué seguirme hasta ahora?—.

—Eso es porque yo también estoy rota pero aún así te amo. No importa si eres un idiota, yo voy a explicarte lo necesario. Si eres débil, voy a darte mi ayuda. Eres un perdedor, eso no me cabe duda. Eres un orgulloso perdedor, el que se niega a cambiar su destino. Si sientes que te has quedado varado y vacío, comenzaremos desde aquí—le dijo con una sonrisa la chica

—No te entiendo—habló el Genin aún sorprendido por el discurso de la tímida mujer.

—Sí sientes que tu camino ninja se terminó yo voy a estar para ti y haremos otro—declaró con total convicción la peliazul—No tienes que sufrir solo, ambos compartiremos el dolor y sufrimiento, si no puedes levantarte, yo estaré para sujetarte. Ese es nuestro camino ninja después de todo—.

En ese momento, Naruto empezó a reírse de todo esto y Hinata lo notaba extraño porque no era el momento para eso y notó que el rostro del Uzumaki era más cálido que nunca.

—Soy un completo idiota, lo reconozco. ¿Desde cuando me volví tan dramático? ¿Desde que momento me preocupo de lo que piensen de mí? Puede que no sea el ninja que quieren pero voy a ser Hokage a mi manera, ¡ese es mi camino ninja y nadie me va detener, soy Naruto Uzumaki y seré el mejor de todos!—exclamó el rubio eufórico.

Hinata estaba feliz de ver al Naruto que ella recordaba. No, este era otro Naruto, uno sin esa máscara de felicidad pero lleno de una sonrisa y fuerza de voluntad infinita que podría superar cualquier obstáculo. En ese momento, el chico devolvió el abrazo a su compañera y está se sonrojó al rojo vivo, olvidando que era demasiado tímida para acercarse a él.

—Hinata, te prometo que voy a ganar esta batalla. No será por ser Chunin o por mi prestigio, será por mi orgullo y por el tuyo, te prometo ser ese héroe en el que tu crees y amas, el que será el Hokage algún dia—declaró con energía el muchacho.

En ese momento, el Genin notó que ya era demasiado tarde y si se retrasaba más, llegaría tarde al combate o sería descalificado.

—Perdona, pero tengo que irme. Sobre lo que dijiste, te prometo que responderé esa confesión cuando termine de acomodar mis sentimientos. Todo esto es demasiado repentino, lo que si te puedo asegurar es que iremos a comer ramen cuando esto termine y celebraremos que gané la pelea, de veras—finalizó su discurso el jovencito.

Hinata vio alejarse al Uzumaki poco a poco y se recostó en un tronco porque esto era demasiado para su delicado corazón. Kiba llegó y se olvidó de sus emociones tan intensas, por lo que ahora se concentraría en la pelea de Naruto.

Después de eso pasó una media hora después de ese momento aunque el camino para Naruto Uzumaki fue demasiado largo ya que su corazón latía y la sonrisa sincera de Hinata no dejaba de pasar en su mente. ¿Qué tenía de especial la chica rara, súper miedosa que el conocía? Había cometido el error de juzgarla igual que como le habían hecho toda su vida. ¿En serio lo amaba? ¿Era amor de verdad o solo era una amistad sincera? No, se sentía demasiado diferente a lo que en verdad parecía tener por Sakura.

¿Qué había hecho para ganarse el corazón de una chica tan buena y gentil como ella? Era sin duda un don nadie y ella una dama de sociedad. Incluso le dijo sobre el Nueve Colas que era la peor amenaza para Konoha y aún así no se alejó de él. ¿Qué hizo para merecer su cariño? Ella ya lo había dicho bastante claro y aún así no terminaba de tragarse todo.

Algo si tenía claro ahora que su camino ninja era más fuerte que nunca: Sabía que alguien en esta aldea lo quería más que nadie y no le iba a fallar, no ahora que ambos abrieron sus corazones.

—Por favor, Hinata. Deja que ordene mi corazón, por favor. Prometo que no sufrirás mientras yo esté para ti, seré Hokage por ti y por mi orgullo. Espérame, por favor—susurró el Genin para si mismo.

Poco después de que llegó al estadio y la batalla dio inicio, Naruto buscó a Hinata en el estadio y la logró encontrar por puro instinto. No sabía porque, es como si estuviera conectada a ella de alguna manera pero sentía que le daba su apoyo incondicional.

—¿Alguna cosa que tengas que decir?—se escuchó la voz de Neji de forma fría.

—¡Únicamente lo que te dije la última vez!—fue la respuesta furiosa de Naruto con rencor.

Si antes de que esa charla con Hinata, estaba furioso por el intento de homicidio en contra de ella, ahora estaba muchísimo peor que antes. No tenía miedo ni nervios, era cólera en su totalidad. Levantó el puño justo como la vez que le hizo el juramento de sangre en las Preliminares y juraba que le iba a sentir lo que es el verdadero dolor.

(En un lugar de la Aldea de la Lluvia Pain estornudó).

La batalla dio su comienzo y parecía que Naruto estaba acorralando a Neji de alguna manera. No estaba para nada feliz pero tenía la calma suficiente para planear sus estrategias. Los clones de sombra eran efectivos para contrarrestar su Taijutsu superior y el Byakugan en base a lo que vio en su combate con Hinata. Sin embargo, no contaba con que el miembro de la rama secundaria tenía dos ases bajo la manga: Había logrado recrear dos de las técnicas de la rama principal de su clan y dio el giro al combate.

Con su chakra sellado, apenas podía moverse por su resistencia antinatural Uzumaki que el desconocía y Neji parecía levemente sorprendido por este detalle. Sin duda era irritante tolerar sus discursos pesimistas sobre el destino y cosas por eso, aunque en el fondo notó que habían algunas incongruencias en cuanto a su filosofía, no dudando en decírselo a la cara.

—Jajaja, ¡Jajajajaja!—empezó a reírse a lo alto el jovencito rubio.

—¿Qué es lo que te causa tanta gracia?—.

—¿Sabes una cosa? He escuchado todo lo que tienes que decir sobre el destino, sobre esas técnicas que dices haber aprendido por tu cuenta siendo un genio natural. Sin duda, es algo que no podría aspirar. Aunque déjame decirte que tu estúpida filosofía tiene un terrible defecto—.

—¿Qué cosa dices, perdedor?—exigió saber el castaño.

—Es algo que noté, dices que aprendiste esas técnicas por tu cuenta. Si en verdad dices que no están reservadas para los de tu rama, entonces estás yendo contra el destino que se te impuso—le soltó su realidad el rubio.

—¿Qué cosa dijiste?—murmuro furioso el ojiperla.

—Lo que oíste, eres un cobarde. Me avergüenza decir que yo también lo fui pero ya no culpo a los demás de mis quejas. Te atreviste a intentar asesinar a la única chica que me notó por lo que en verdad soy, un orgulloso perdedor. Te quejas de un sello en la maldita frente, ¡yo en cambio tengo sellado al Zorro de las Nueve Colas dentro de mí!—reveló Naruto con mucha molestia.

El Tercer Hokage estuvo al borde del infarto cuando oyó decir al Uzumaki hablar sin rodeos sobre su condición y ni hablar de todos los Genin que asistieron.

—¡YO ESTOY SUFRIENDO MÁS QUE NADIE Y NO ESTOY QUEJANDOME DE LA VIDA! Me das asco, ¿pero sabes que es lo peor? Aun siendo un genio, eres más estúpido que yo—sonrió con mucha firmeza el ojiazul.

En ese momento, Naruto sintió un dolor en el corazón y de forma instintiva volteó a ver a Hinata en el estadio. Estaba siendo atendida por un ANBU ya que se había desmayado y podía ver hilos de sangre.

—No, Hinata—susurró el rubio.

Neji estaba tan molesto y contrariado pero no iba a dejar que su filosofía a la que se había aferrado se desmoronara en unos minutos. Por desgracia para el, una onda expansiva lo sacó volando y un chakra maléfico rojo empezó a rodear a Naruto.

En el paisaje mental del Uzumaki, este veía cara a cara al causante de todo su sufrimiento en su vida. El Zorro de las Nueve Colas tenía la oportunidad de liberarse de su jaula pero los sentimientos de su jinchuriki eran muy fuerte si duda, tanto que no podía avanzar.

—No, no puedo liberarte. No voy a ser el monstruo que todos creen que soy, soy el héroe de Hinata—murmuro en trance el niño.

La Bestia con Cola se echó a reír de forma siniestra y vio al jovencito soportar una cola de poder sin sucumbir por completo a sus instintos animales.

—No debería decirte esto, niño. Esa entrometida está viva, solo puedo decirte una cosa. El jinchuriki de Shukaku está cerca, cuando llegue el momento lo voy a destrozar—fue lo último que dijo Kurama con malicia.

De vuelta a la realidad, el Tercer Hokage estaba a punto de ordenar que los ANBU sometieran al jinchuriki pero el rubio controló la primera cola a voluntad.

—Neji Hyuga, como futuro Hokage te sentencio a muerte. Has cometido un pecado grave, atentar contra la vida de la mujer que me ama es igual a despertar al monstruo que hay en mi interior. Si algo le pasa, no dudaré en quitarte la vida aunque supliques piedad—le sentenció el Genin con furia extrema.

Los siguientes minutos fue la peor masacre y humillación a un Genin en la historia de los Exámenes Chunin. El Puño Suave era inútil ahora con el manto de Kurama que cancelaba su efecto al actuar como coraza. La piel de Neji ardía a consecuencia del chakra tóxico y crudo de la Bestia con Cola más poderosa de todas.

El clan Hyuga estaba aterrado de que el niño que odiaban los tenía en la mira y Neji fue solo la muestra de lo que les iba a hacer si alguien volvía a tocar a su Hinata.

—Eres… un… monstruo…—balbuceó Neji con un tremendo dolor en todos lados.

—¿Quién es peor, el monstruo que represento como el recipiente del Nueve Colas o aquel que intentó asesinar a sangre fría a una chica inocente y pura? No te voy a perdonar, no ahora. Esta batalla ya se terminó, ya no necesito demostrar lo que en verdad soy capaz de hacerte. Pude haberte matado si de verdad quisiera, pero no lo hice por respeto a Hinata. Ella aún te quiere, desea hacer las paces de seguro por como es ella. Voy a cambiar a esta familia de mierda que tienes junto a ella, ponte a llorar y regodéate en tu ego y autocompasión. Yo seré Hokage y cambiaré tu destino y el de todos—fueron las últimas palabras del joven.

Apenas declararon la contundente victoria del jinchuriki cuando este salió corriendo dejando al público aún sin procesar lo que acababan de ver. Lo único que le importaba al joven era mirar como seguía la princesa Hyuga. Había llegado a la sala de enfermería y notó que ella estaba durmiendo en paz después del dolor que tuvo hace muy poco.

Era bastante linda cuando estaba durmiendo, una bella durmiente. ¿Qué demonios estaba pensando ahora con esa condición que tiene? Se sentía un pervertido peor que Jiraiya y no iba a negar que era muy bonita.

—Creo que me gustas un poco, más que Sakura sin duda. Me estoy obsesionando contigo—.

Había sido una decepción total de que Kakashi no se hubiese molestado en verlo ahora y ese favoritismo que le estaba dando a Sasuke era molesto aunque no quería que quedara descalificado porque iba a darle una golpiza al final de cuentas.

A pesar de que era bastante hiperactivo y con un trastorno de déficit de atención horrible, Naruto no se cansaba de mirarla dormir. Su cabello era suave y su olor muy adictivo, si que se estaba volviendo un pervertido marca Sanin.

Ella abrió los ojos y lo primero que vio fue a Naruto mirándola sonriente a los ojos, cosa que le dio un poco de vergüenza aunque logró mantener la calma por su debilidad.

—¿Cómo te sientes?—.

—Mejor ahora que viniste a visitarme, lamento si te hice preocupar—.

—Oh descuida, ya sentí el horrible dolor del Puño Suave, de veras—.

—Podría morir feliz ahora—bromeó Hinata sobre esto.

—No lo hagas, has que la paliza que le di a Neji valga la pena. Espero que no te enojes porque se me pasó un poco la mano con los golpes—sonrió nervioso el rubio.

—Creo que era la única forma, no te culpo si te hizo enfadar—.

—Sigues consolándome aún cuando estás en cama. Eres demasiado buena para este mundo, en serio déjame invitarte un ramen cuando termine esto—.

—Solo invítame uno, el resto lo pago yo. Mi estómago es un pozo sin fondo—confesó avergonzada la chica.

Los dos se despidieron sin antes juntar sus frentes en señal de la complicidad entre ambos amantes secretos que más tarde serían marido y mujer.

Luego de la charla, Naruto se despidió porque tenía que estar presente por los Exámenes Chunin y Hinata se quedó a descansar. Cuando llegó al estrado, notó que había un alboroto con los aldeanos por el tema del jinchuriki rubio.

Los Genin de Konoha vieron llegar a Naruto que no mostraba su máscara falsa de felicidad pero tampoco estaba enojado, solo estaba serio.

—Si tienen algo que decir, que sea ahora—les dijo el joven sin rodeos.

—Cielos, que problemático. Eres todo un caso—suspiró Shikamaru.

—Hmm, estaría mal de mi parte criticarte puesto que yo también tengo muchos cosas dentro de mí—dijo ahora Shino refiriéndose a sus insectos.

—Bueno, debería estar enojado por lo de Neji pero creo que necesitaba esa batalla. No has dejado que tu juventud desaparezca—alzó el pulgar Gai.

—Estoy orgullosa de que al fin notes lo especial que es mi estudiante, gritar a todo el mundo que es tu mujer es algo tan romántico. Aunque creí que te metiste en un problema con el padre de Hinata—declaró con cierta diversión Kurenai.

—No tengo mucho que decir pero no tengo nada en tu contra. Si algún día quieres aprender algo de viento, estoy a tus órdenes—fue lo único que dijo Asuma.

Algunas de las batallas continuaron luego del alboroto y como siempre Kakashi llegó tarde de la forma más Cool con Sasuke que traía un nuevo vestuario para su combate contra Gaara. Sin embargo, fue mal recibido por Naruto que ni siquiera se molestó en saludar.

—Hola, lamento llegar tarde—.

—Kakashi, te perdiste del combate de Naruto. Creo que hasta ahora es la mejor batalla del día—le comentó Asuma sonriente.

—¿Naruto ganó?—preguntó Kakashi un poco sorprendido.

—¿Le sorprende que haya ganado, Kakashi sensei? Esa fue la cara que todos hicieron cuando vencí a Neji, ¿esperaba verme hospitalizado?—.

El ambiente se sentía tenso y Kakashi por un momento pensó ver a Minato furioso detrás de su alumno. ¿Qué había pasado en su ausencia de un mes?

En fin, la batalla de Sasuke vs Gaara fue interrumpida por la inesperada invasión del Sonido y la Arena que se habían aliado para destruirla. Un Genjutsu puso a dormir bajo a todos y los Jonin despejaron el jutsu, pero Naruto despertó por su propia cuenta de forma involuntaria.

—¿Qué pasó?—se cuestionó en shock el rubio.

—"¡No voy a salvarte el trasero, niño ingrato! ¡No pienso que mi carcelero caiga en un patético Genjutsu!"—se escuchó resonar la voz del monstruo dentro de su cuerpo con una jaqueca.

—¡No tienes que hablarme tan bruscamente!—reclamó el niño.

—"¡Escúchame bien, igualado! ¡El maldito Shukaku está suelto y ese asqueroso Uchiha no se llevarán la gloria, no voy a permitir que ese infeliz destruya esta aldea, esa labor es solo mía! ¡Soy la Bestia con Cola más poderosa de todas, 9 Colas es mejor que Una Cola!"—.

En ese momento, el manto de Naruto volvió a activarse pero sin llegar a una cola, restaurando su chakra. Gaara había escapado y tenía que ir tras él, pero le preocupaba Hinata que estaba en la enfermería.

—Descuida, Naruto. Iré a verla ahora mismo—le tranquilizó Kiba que había llegado al lugar.

—Eres demasiado oportuno, dile a Hinata que volveré—.