Hola.
Aproximadamente hace un año comencé a ver el anime y después el manga, termine enamorándome de todos los personajes y finalmente estoy publicando esto luego de lo que parece ser mucho tiempo. Espero encuentren la historia interesante.
La historia empieza mas o menos después de la primera temporada sin ningún tipo de spoiler.
El tiempo en el fic no sigue el mismo anime/manga.
Le doy gracias a DraculaN666 (Diosa n.n) por revisar este capitulo
Nos leemos abajo.
LOS PERSONAJES DE HAIKYUU NO ME PERTENECEN SON PROPIEDAD DE HARUICHI FURUDATE
LA HISTORIA EN CAMBIO ES MIA.
DE AMOR Y OTRAS ADICCIONES
O
O
O
O
La lluvia de estrellas había sido anunciada hace semanas, no era fan de la astronomía, pero su madre le había hecho prometer pasar más tiempo con Yamaguchi, era después de todo su único amigo. Tsukishima preparó todo en su cuarto para ver tan hermoso acontecimiento en la comodidad de su habitación, se aseguró que el balcón de su cuarto estuviera limpio y dejó alguna manta por si a alguno de los dos le daba algo de frío, incluso sacó antes el futón donde su amigo dormiría después.
—¡Kei-kun, Tadashi llegó! —el grito de su madre hizo que sacara la cabeza del libro que estaba leyendo. Bajó sin ninguna prisa hasta la sala. Ahí con un pequeño sonrojo que hacía más notorias las pecas de su rostro estaba su amiguito.
—¡Tsukki! Hola, gracias por invitarme —su pequeña vocecita resonó en el silencio de la casa de los Tsukishima, Kei se rascó la nuca restándole importancia; las madres de ambos intercambiaron un par de palabras antes de despedirse.
Kei miró a su madre y ésta sólo asintió en silencio.
—Será mejor que dejes tus cosas en mi cuarto, la lluvia de estrellas comenzará en una hora y antes debemos cenar —apuró al pequeño castaño a subir rápidamente.
Yamaguchi lo obedeció y en cuestión de minutos ambos estuvieron cenando acompañando la ligera merienda con alguna que otra anécdota de Kei en su club de voleibol y por supuesto del hermano mayor del niño de cabello rubio.
—Akiteru-kun debe ser sorprendente —en su voz se notaba la admiración que sentía por ambos hermanos, el quisiera tener un hermano, alguien que acompañara las tardes cuando Tsukki no podía.
—Sí, bueno… es la estrella del equipo, no es para tanto —un pequeño sonrojo se asomó en sus pálidas mejillas, sus ojos detallaron con una precisión asombrosa para alguien de su edad los rasgos de Tadashi, seguía siendo el mismo niño llorón y cobarde que le provocaba el deseo de proteger.
Kei terminó primero su cena y esperó pacientemente a que Tadashi lo hiciera, ambos subieron a su cuarto donde su madre había dejado algunos bocadillos para los niños, pronto el fenómeno astronómico comenzó y ambos chiquillos abrieron la boca al ver tal bello evento.
Kei miro de reojo a su amigo que tenía plasmada una sonrisa en sus labios, el brillo de la noche resaltaba aún más las pequeñas pecas de su rostro, al sentirse observado Tadashi se giró y le dedicó una linda sonrisa.
Y en ese momento deseó siempre poder estar junto a Kei Tsukishima.
AGOSTO
Sus ojos viajaban del pizarrón a su cuaderno casi de manera mecánica, anotaba toda la formula con un color, el resultado con otra y se dio el tiempo de colocar ligeras notas que lo ayudarían, estudiar era algo sencillo para él, había adquirido el gusto por la lectura y el estudio desde hacía varios años, sin embargo, a veces era un trabajo estresante.
—Jóvenes, no tengo que recordarles el nivel que espero de esta clase, si tienen alguna pregunta no duden en consultarme —el docente guardó sus cosas en su portafolio antes de hacer una ligera reverencia—. Pasen una buena tarde —era la hora del almuerzo, de inmediato todos guardaron sus libretas y se dispusieron a disfrutar del tiempo libre.
Yamaguchi guardó sus libros y buscó su bento, estaba a punto de girarse para platicar con Tsukki y miró desorientado cómo el rubio caminaba hasta la puerta sin inmutarse.
—Tsukki —le llamó antes de alcanzarlo, lo tomó del brazo y lo soltó cuando tuvo su atención—. ¿No vas a comer? —preguntó lo obvio, pues sabía que a su querido amigo no le gustaba toparse con Kageyama o Hinata durante la comida.
—Obviamente, pero tengo una llamada importante que hacer así que iré a la azotea — sin decir más, Tsukishima se fue dejando un sentimiento de congoja en Tadashi, con la mirada triste y sintiendo la mirada de todos sus compañeros pensó que ya no tenía tanta hambre.
Abrió el bento con calma y comenzó a masticar las bolas de arroz que había hecho en la mañana, habían pasado sólo dos semanas desde que jugaron contra el Aoba Josai, partido donde no sólo había hecho el ridículo al fallar un saque en un momento muy importante, si no que habían perdido.
Sabía que todos se encontraban sumamente frustrados y que cada uno sentía que era su responsabilidad. No había hablado con nadie sobre el tema, pero la sensación de zozobra invadía su mente y su corazón contantemente.
El almuerzo lo pasó como hacía dos semanas, en solitario. Miró su celular y notó que tenía algo de tiempo antes que el segundo periodo empezara. Cansado y aburrido pensó que lo mejor que podía hacer era comprar alguna golosina que lo ayudara a mantenerse despierto lo que quedaba del día, había una máquina expendedora cerca de las aulas de los de tercero, no debía tomarle más de 10 minutos. Caminó con las manos en los bolsillos sin ver a nadie cerca, esas escaleras eran las menos transitadas por lo que no se extrañó cuando vio a Kageyama y Hinata comiéndose a besos.
Un sonrojo cubrió la mayor parte de su rostro y apenas recordó que iba a comprar, se alejó con cuidado del lugar con tres barras de chocolate y algunas gomitas acidas y con el mismo sonrojo en su rostro, no porque juzgara a sus compañeros de equipo ni mucho menos, al contrario, admiraba mucho a Kageyama por haberse declarado. Mientras le quitaba la envoltura a uno de los chocolates pensó que le gustaría tener esa determinación, poder decirle sus sentimientos a Tsukki sin importarle el rechazo.
Porque claro que Tsukishima no correspondería nunca sus sentimientos.
Estaba tan concentrado en sus pensamientos que chocó contra un "muro", el muro de 1.88 que era su mejor amigo.
—Lo siento Tsukki, venía distraído —desvió la mirada intentado ocultar el sonrojo de sus mejillas.
Kei sólo alzó una ceja como respuesta, recién había terminado de llamar a Kuroo e iba camino a su salón de clases –Estas comiendo demasiadas golosinas últimamente— señalo lo obvio mientras se giró en dirección a su salón de clases.
—Ah sí, son para la práctica más tarde últimamente Ukai—san esta más exigente, ¿Quieres uno?— estiro una de las barras sin abrir y Tsukishima negó manteniendo su vista al frente.
Yamaguchi no dijo nada al respecto, estaba con su Tsukki después de todo y en la tarde la practica seria como siempre, estarían juntos en el mismo equipo y se irían a casa juntos como siempre.
—O—
El sonido del timbre anunciaba el fin del día escolar. Los de segundo año se dirigieron rápidamente a los vestidores, sin embargo, los gritos que se escuchaban de lejos le dijeron a Tanaka que no eran los primeros en llegar.
—¡Olvide mis protectores nuevos! —Hinata básicamente gritó en la oreja de su novio quien frunció el ceño y le reclamó lo ruidoso que era.
—Idiota, te dije que los pusieras en tu mochila desde anoche —el moreno le dio un ligero codazo alejando sus gritos lo más que podía de sus tímpanos.
—Neh, Kageyama, ¿me prestas los tuyos? —preguntó con ojos de cachorro sabiendo que no podía resistirse a esa mirada.
—No, este es el único par que traje hoy, así que no podrás practicar hoy —sentenció con una sonrisa burlesca.
Tanaka se rio al verlos discutir y soltó un comentario sobre "lo enamorado que estaba Shouyo y lo olvidadizo que se había vuelto".
—Eso no es cierto Tanaka-senpai, sencillamente me quede dormido —murmuró con medio sonrojo sabiendo que efectivamente sí estaba muy enamorado.
—Sí, sí, sí, lo que digas, tu cara te delata, Shouyo —se burló Nishinoya tocando una de sus sonrojadas mejillas, con una mirada filosa Kageyama se acercó y colocó una de sus manos sobre los pequeños hombros de su novio.
—En cualquier caso, tenemos que conseguirte un par de protectores, si no, no podremos practicar juntos —enfatizó la palabra "juntos" viendo al libero de reojo que sólo giraba la cabeza sin entender nada.
—Creo que ambos se delatan solos —afirmó Narita con una gota de sudor cayendo por su nuca, Tanaka y Ennoshita no hicieron más que asentir, sin embargo, fue él quien pareció recordar algo. Caminó hasta su mochila escuchando como "Kageyama-kun se estaba volviendo demasiado posesivo".
—Hinata, toma —le entregó un par de protectores algo desgastado—. Espero te ayuden.
—Sí, claro que sí, muchas gracias Ennoshita-san —como era típico en él, mostró una de sus enormes sonrisas haciendo que la ceja de su novio temblara.
—Como sea, si ya estás listo, vámonos, debemos calentar —prácticamente arrastró a su novio lejos del vestidor con las mejillas sonrojadas ante las risas de los de segundo.
—Eh, espera Kageyama, aún no me he puesto los protectores —en la puerta se encontraron con un tímido Yamaguchi—. ¡Hola Yama…! —el grito del pequeño rematador fue lo único que el pecoso escuchó.
—Nosotros también debemos darnos prisa, es tarde —Chikara tomó el mando y fue sacando uno a uno a sus compañeros que se limitaron a saludar al recién llegado. Los ojos negros de Ennoshita se entrecerraron—. ¿Todo está bien Yamaguchi? No es normal que llegues tan tarde.
—Mmm… Sí, lo siento, me entretuve con un trabajo después de la última clase —en sus labios se formó una ligera sonrisa y eso tranquilizo al de segundo año que le aconsejó no tardar.
En la soledad del vestidor su corazón se tambaleó, por alguna razón no se sentía bien decir que estuvo esperando a Tsukki. Su mejor amigo había salido rápidamente del aula afirmando que tenía que ir al sanitario. Estuvo esperándolo varios minutos y cuando decidió entrar se dio cuenta que estaban vacíos.
Sumamente confundido caminó hasta los vestidores en completa soledad. Encontró en su mochila los chocolates que ya no se comió, el sólo mirarlos le dolió.
Se puso su ropa deportiva, incluso la chamarra tratando de recordar el momento exacto cuando sintió que su mejor amigo se alejó de él. Si bien era cierto que Tsukki era un joven de pocas palabras, nunca el estar con él le había generado tantos silencios incomodos
—Quizá lo estoy pensando demasiado —se dio ánimos, pues sabía que no podía hostigar a su amigo con todas sus preocupaciones.
Con una sonrisa en el rostro caminó hasta el gimnasio donde sus compañeros estaban ya comenzando con el entrenamiento.
—¡Llegas tarde Yamaguchi! Ponte a calentar —gritó Ukai mientras instruía al dúo del ataque raro. El castaño solo se estremeció y asintió con energía mientras obedecía al entrenador—. ¿Dónde está Tsukishima y por qué no ha llegado? —le pregunto a Daichi.
—Lo siento, olvidé mencionarlo, pero me avisó que iría a entrenar con el Nekoma —hizo una breve reverencia y su voz se escuchó sobre la de sus compañeros.
—Al menos no estará fastidiando —murmuró Kageyama con cierto alivio, su pequeño novio le dio la razón con una sonrisa.
—Bien, bien, menos charlas y más trabajo —Ukai siguió dando instrucciones sobre el entrenamiento de ese día.
La mente de Tadashi le jugó una mala pasada y el poco ánimo que tenía termino por esfumarse. ¿Por qué Tsukki no le había comentado nada?
El entrenamiento fue todo lo que Tadashi esperaba y pronto se arrepintió de no tener calorías extra para seguir corriendo. Ukai seguía practicando los ataques del dúo de primero año lo que les dio a los demás un ligero descanso.
Yachi y Kiyoko se acercaron con toallas limpias y botellas de agua. Noya y Tanaka de inmediato idolatraron a las managers con estrellas en los ojos mientras que Asahi y Kinoshita comentaron lo tranquilo que estaba el ambiente a causa de la ausencia del integrante más alto del Karasuno. Suga los reprendió diciendo que no debían hablar de una persona cuando esta no estaba presente. De reojo miró a Yamaguchi que se colocó una toalla en la cabeza mientras sostenía una botella de agua. Caminó solo dos pasos en su dirección cuando Daichi y Ukai lo llamaron; Suga hizo una mueca con sus labios tomando nota mental en hablar con Yamaguchi al finalizar la práctica.
Pasados 20 minutos todos estaban ayudando a recoger y en menos de media hora estaban cambiados. Como de costumbre Kageyama y Hinata se fueron en dirección contraria al resto, mientras que Asahi acompañó a Nishinoya a la parada del autobús, Tanaka y el resto de chicos de segundo se quedaron comiendo bollos calientes en la tienda de Ukai.
Cuando estuvo solo con Daichi y Yamaguchi pensó que era momento de hablar con el más joven. Lo había notado bastante decaído durante el entrenamiento y justo su oportunidad se presentó cuando los tres se adentraron en la zona residencial, que era el lugar donde Tsukishima y Yamaguchi vivan.
—Tengo que ir a comprar algunas cosas para la cena —comentó de pronto el joven de primer año excusándose con sus senpai—. Gracias por acompañarme hasta aquí —con una media sonrisa se fue en dirección contraria.
—No hay de qué Yamaguchi. Descansa, nos vemos mañana —Suga quería matar a su amigo, de verdad quería hacerlo. ¿Acaso él era el único que notaba lo triste de su mirada?—. Hoy la practica fue estupenda, estoy seguro que en poco tiempo estaremos listos para enfrentar de nuevo a Oikawa —a Suga le tembló la ceja.
Al parecer sí se respondió el solo, prometiéndose hablar con él al día siguiente.
—O—
La llamada zona residencial en Miyagi no eran más que un conjunto de varias casas de una constructora nueva que había llegado hace varios años. Las casas tenían un estilo minimalista y moderno. Dentro de ese lote de casas había una pequeña tienda de conveniencia donde Yamaguchi solía comprar todo lo que consumía, su madre se había encargado de dejarle una tarjeta para esa única tienda.
No se entretuvo demasiado y tomó lo que necesitaba para la cena y los siguientes días, incluso tomó una nueva pasta de dientes y algo de shampoo que sabía se estaba terminando. No le tomo más de 10 minutos pagar y cuando salió el cielo estaba oscuro y las primeras estrellas iluminaban todo el lugar. De camino a casa pasó el parque que solía frecuentar cuando era niño. Su mirada lo traicionó y miró hacia la dirección en casa de los Tsukishima, quería ir a ver si su amigo había llegado, pero se contuvo al ver las bolsas en sus manos y terminó cruzando el puente peatonal que lo llevaría a su casa.
La casa que sus padres habían adquirido hacía varios años era de un color acero profundo, tenía grandes ventanales a ambos lados de la puerta principal y era de dos pisos. Apenas entró el silencio lo recibió como compañía permanente por ese día. Dejó sus zapatos en la entrada y las compras en la cocina mientras que las llaves de su casa las dejó en el comedor junto con un par de cartas que habían llegado. Caminó hasta la sala que era un elegante sillón de cuero negro en forma de L, este estaba acomodado cerca del elegante cancel que daba al patio trasero, una televisión de plasma estaba colgada sobre el librero de madera, las cortinas eran blancas al igual que la decoración dando un aspecto monocromático. Encendió todas las luces, más por costumbre que por otra cosa y recorrió las cortinas dándole un aspecto más solitario. Suspiró apenas un poco. Pensó en darse un baño y luego bajar a cenar.
La parte de arriba tenía tres habitaciones, una de huéspedes, la que se suponía era de sus padres y la suya. Su habitación tenía vista a la calle y era la más espaciosa, su padre había cedido ese cuarto luego de caer en cuenta que él y su esposa sólo dormían unas tres veces al mes en su hogar. Dejó la mochila en su escritorio y sacó los dulces que no había comido, dejándolos juntos los otros. Se quitó la chaqueta y con cuidado revisó su celular abriendo directamente WhatsApp. Le había enviado un mensaje a Tsukki pidiéndole le avisara cómo le había ido y la vista de aquellas palomitas azules lo entristeció. Miró con atención los siguientes chats, todos eran del equipo y alguno de sus compañeros de clase; no tenía ningún mensaje.
—Continúa esforzándote Tadashi —con cuidado releyó el mensaje que su madre le dejaba cada mañana—. Continúa esforzándote Tadashi —como si de un mantra se tratara lo repitió dándose el valor que creía perdido. Abrió el chat de Tsukki preguntándole qué tal iba todo.
Se sentó en una de las orillas de su cama y mordió sus labios cuando el color azul cambió y bajo el nombre se apreciaba el estado de en línea. Esperó varios minutos, incluso salió de la aplicación y volvió a entrar sólo para darse cuenta que Kei se había desconectado.
La siguiente media hora pasó rápido ante sus ojos. Tomó un baño y sin muchos ánimos cocinó algo sencillo. Usualmente ponía algo de música desde su celular para pasar el rato, sin embargo, lo dejó arriba esperando algo, últimamente era lo único que hacía; esperar.
Pasaba de media noche y el aún no podía conciliar el sueño, su mente divagó un poco y recordó que había cerrado todas las puertas y ventanas. Dejó cerrado también el paso del gas. Se giró quedando boca abajo. El conocía a Tsukishima mejor que nadie, sabía sobre las barreras que había cubriendo su corazón, pero había días como esos donde se preguntaba ¿por qué a él no lo dejaba entrar? Sabía que sus sentimientos románticos nunca serían correspondidos, pero al menos quería permanecer a su lado, quería que lo dejara seguir siendo su mejor amigo.
—Continúa esforzándote Tadashi —su voz se oyó en un susurro en la oscuridad, con ese último pensamiento en algún punto de la madrugada se quedó dormido.
—O—
Pestañeó varias veces intentando que la pesadez de sus ojos se marchara y ahogó varios bostezos en su antebrazo para evitar un regaño del profesor. La noche anterior apenas había dormido y tratar de poner atención era difícil, no estaba entendiendo nada. Sus ojos curiosos miraron de reojo a su amigo de cabello rubio esperando que comentara algo sobre sus ojeras o su rostro cansado, pero Tsukishima estaba totalmente concentrado en apuntar todo lo que profesor dictaba.
Lanzó un pequeño suspiro y se centró en poner atención o al menos fingir que lo hacía, lo cierto era que Tsukishima apenas y notaba algo que no fuera de su interés.
—Pero así ha sido siempre… no debo preocuparme.
Para la hora del almuerzo ni siquiera lo dudo y se acercó a Tsukki preguntándole si le acompañaba a la cafetería.
—Se me hizo tarde y en la mañana no me dio tiempo de hacer de comer —sonaba avergonzado, después de todo él sabía cocinar desde hace varios años.
—Mmm… eso te pasa por descuidado, pero no gracias, no quiero ni pensar cuanta gente habrá en ese lugar —sacó un bento de su mochila y sin inmutarse comenzó a comer.
Yamaguchi entonces pensó que si compraba algo rápido podría traerlo de regreso y comer con Tsukki, pero no contó con la gran cantidad de personas que como él hacían uso de la cafetería, al parecer Tsukki tenía razón así que al final sólo compró pan de yakisoba y un jugo. Caminó hasta la salida haciéndose espacio entre todos los estudiantes cuando sintió un tirón en uno de sus brazos.
—Estuve llamándote, pero creo que no me escuchaste —se giró encontrándose con la mirada amable de Suga que le sonrió como de costumbre.
—Lo siento Suga-san estaba pensando en comer con Tsukki, no escuche su voz, lo siento —sus ojos pudieron ver a Daichi, Asahi y un par de chicas que él no conocía sentados en una de las mesas que daban a la entrada.
—No te preocupes, la cafetería suele estar repleta y es difícil hacerse un espacio entre tanta gente —ambos coincidieron y entonces Suga le prestó atención al aspecto del chico, estaba algo ojeroso y pálido— Yamaguchi, he querido hablar contigo desde ayer, ¿cómo estás? ¿Te encuentras bien?
Tadashi abrió los ojos, asintiendo rápidamente.
—Yo… yo sólo no dormí bien —aseguró con media sonrisa.
—Puedes tener la confianza de decirme lo que te moleste yo…
—¡Suga! ¡Date prisa, el receso casi termina! —el grito de Daichi los hizo girar a ambos, haciendo que el de cabello gris hiciera una mueca molesta.
—¡Ya voy! Dame un minuto —le gritó y de inmediato se giró a ver a su kouhai—. Yamaguchi escucha.
—Suga-san me encuentro bien, gracias por preguntar, pero Daichi-san tiene razón, el receso casi termina y aún no he comido —las pálidas mejillas de Koushi se colorearon de rosa al notarlo—. Nos vemos en el entrenamiento —con un movimiento de mano Tadashi se alejó de la cafetería.
Y Suga no lo sabía, pero un mes después desearía haber hablado más con Yamaguchi.
oOo
No se sorprendió cuando entró al salón de clases y Tsukki había terminado su almuerzo lo que no se esperaba era que el rubio simplemente saliera del aula sin dar ninguna explicación.
Yamaguchi no era tonto ni mucho menos, sabía con quién iba a hablar y también sabía que no iría al entrenamiento otra vez. La incomodidad en su pecho se había instalado de manera permanente desde el día que supo estaba enamorado de su mejor amigo. Comió lo más rápido que pudo sintiendo cómo los carbohidratos y el azúcar hacían su trabajo. Trató de poner atención a las siguientes clases y cuando Tsukki se hizo el desaparecido, él puso su mejor sonrisa dispuesto a entrenar correctamente ese día.
Sin embargo, no pudo practicar sus saques flotantes, Ukai y Daichi seguían demasiado absortos en Kageyama y Hinata, aprovechando que ambos estaban en esa etapa de la relación donde todo es rosa y maravilloso y las peleas de ambos se vieron reducidas a la mitad. Al final se sintió rezagado por el resto del equipo, pues Suga y Narita entrenaban juntos y los chicos de segundo. Parecían demasiado concentrados entre ellos, incluso las chicas estaban concentradas en algo dejándolo a él sentado en medio del gimnasio.
Sin quererlo y porque le pasaba bastante empezó a preguntarse ¿cuál era su lugar ahí? No hablando sólo en el equipo si no en la vida misma en general y maldita sea odiaba esas preguntas porque siempre lo llevaban a nada. Al terminar la práctica se dio el tiempo de ayudar a recoger y luego de haberse cambiado apenas se despidió de alguien.
—¿Y has estado practicando en el entrenamiento? Piensa que la mejor manera de controlar los nervios es haciendo ese tipo de saques en un partido de practica —su mirada se concentró en Shimada-san. Visitarlo era como un bálsamo para su espíritu herido, porque, aunque era duro, últimamente parecía el único que se interesaba por él.
—Mmm… no pude hacerlo hoy, Ukai-san está decidido a hacer que Hinata tenga un mejor remate para los próximos partidos, supongo que como no soy un titular no debe importar mucho lo que haga o no —bajó la mirada al piso del estacionamiento, esperando oír un "No digas eso" o quizá "Te desanimas muy rápido". En su lugar Shimada-san se sentó junto a él y colocó una mano en su hombro.
—Puedes hacerlo Tadashi, sólo necesitas algo más de confianza en ti —ambos se sonrieron y Yamaguchi prometió practicar duro el resto de la semana—. Apenas es martes así que te quedan tres días de duro trabajo —bajó la vista hacia su muñeca viendo la hora—. Debo volver al trabajo, avísame cuando llegues a casa por favor.
—Claro, buenas noches Shimada-san —con una ligera reverencia, Yamaguchi salió del estacionamiento, caminaba en silencio y con cuidado jugó con el cambio que tenía en los bolsillos. Las manos le cosquilleaban y antes de darse cuenta revisó su celular por inercia. De nuevo no había ningún mensaje.
—O—
Los siguientes días se convirtieron en una rutina que ya conocía, con Tsukki medio ignorándolo, con los entrenamientos en solitario y con almuerzos donde más que comida se tragaba el nudo de la garganta, el viernes llegó rápido y él no podía esperar para dormir todo el sábado si fuera posible.
Terminando el entrenamiento platicó un momento con Shimada-san, quien sugirió volver a entrenar juntos, aunque a Tadashi no le desagradaba la idea no le entusiasmo demasiado, prometió que lo prensaría dejando a Shimada no muy convencido.
—Serian 3800 yenes por favor —la cajera recibió el monto exacto y le entregó el ticket de su compra con una sonrisa— Que tenga buena noche.
—Gracias, igualmente —sabía que había gastado dinero de manera innecesaria pero no podía evitarlo. Y que, si compraba golosinas que no se iba a comer es sólo para sentirse mejor. Caminó por las mismas calles de siempre, pero esta vez en lugar de cruzar el puente, siguió hasta el parque donde los niños solían molestarlo, donde conoció a Tsukki por primera vez. Con cuidado se sentó en uno de los columpios vacíos y comenzó a mecerse mientras abría una barra de cereales con fruta.
—O—
Su mirada se nublaba con cada paso que daba e inconscientemente se ajustó más el abrigo al saber lo expuesto de su ropa. Sabía que era de noche, pero no estaba segura de que tan tarde, sus ojos enfocaron a alguien sentado en los columpios y con pasos tambaleantes caminó hasta él.
—Disculpa, ¿qué hora es? —su voz salió más ronca de lo que esperaba asustando al pobre chico.
Yamaguchi casi se ahoga con su comida cuando escuchó que alguien lo llamaba, pensó que era uno de esos demonios de alguna leyenda urbana pero casi se va de espaldas al toparse con una chica de no más de 1.60 con los labios resecos y el maquillaje ligeramente corrido, llevaba un abrigo corto color negro y unos botines negros.
—Son las 8:30 —contestó con un susurro viendo su cabello castaño cubrir parte de su rostro.
El dolor de su entrepierna se hizo presente y solo alcanzo a hacer una mueca.
—Gracias —con cuidado se dio la vuelta dispuesta a irse y darse un baño apenas llegara a su casa.
—¿Te encuentras bien? —Tadashi no sabía lo que hacía, es decir la chica olía bastante a alcohol y otras cosas, pero los rasguños en sus piernas le decían que claramente no estaba bien.
Apenas se giró de medio lado a verlo.
—Seguro, sólo estoy algo mareada —ella miró el rostro del chico frente a ella, le calculo unos 16 años y como un acto reflejo caminó haciendo el amago de tocar su rostro. Tadashi se quedó de piedra mientras ella estiraba su mano—. Tienes muchas pecas —y antes que él o ella pudieran decir algo, ella se tambaleo sobre sus piernas.
Yamaguchi la tomo del brazo tratando de darle equilibrio.
—Creo que lo mejor será que te acompañe a tu casa, ¿puedes recordar la dirección? —ella negó sintiendo como sus piernas la traicionaban.
Por un momento pensó en llevarla con las personas de la tienda, incluso considero llamar a Shimada-san, pero descarto ambas opciones cuando vio los chupetones en su cuello, lo que menos necesitaba era pasar la noche en la estación de policía o algo parecido.
—¿Qué estoy haciendo? —murmuró con pesar mientras caminaba con la chica semi-inconsciente hacia el puente peatonal en dirección a su casa—. Más te vale que no me vomites encima —le dijo con voz clara y preocupada viendo como su cabeza iba de un lado a otro.
Si llegar a casa había sido una odisea, tratar que ella se quitara la ropa para darse un baño fue un infierno. La menuda jovencita no sólo grito cuando lo sintió quitarle el abrigo si no que estuvo a punto de golpearlo cuando le quito las botas. Luego de varios forcejeos y unas mentadas de madre ella finalmente se rindió, no estaba seguro si fue por el cansancio, por el alcohol o una combinación de ambas.
—¿Pero qué estoy haciendo? —se dio cuenta que debió llevarla a la habitación de huéspedes en lugar de su cuarto—. Soy un idiota —se dijo mientras la acomodaba dentro de las sabanas asegurándose que estuviera cómoda. Le quito el cabello castaño de su rostro—. Debe ser un poco más grande que Suga-san. Lo mejor es que yo si tome un baño —abrió la ventana a la mitad. Debían ser cerca de las 10:00 de la noche y dio gracias porque mañana no hubiera escuela o entrenamiento.
Cuando terminó de asearse, bajó hasta la cocina y preparó algo rápido para subir de nuevo a su habitación, se acercó a la joven en su cama y notó que ella respiraba lento y profundo. No parecía que fuera a despertar en varias horas, se sentó en su escritorio mientras cenaba. Abrió su celular, pero esta vez fue directamente a Facebook. Las publicaciones eran banales y sin mucha importancia, de varios grupos de anime donde estaba, alguna de sus compañeros de grupo o de su equipo.
Pero hubo una que le llamó la atención y provocó que mordiera su labio inferior con fuerza, una foto donde estaban Tsukki y Kuroo haciendo un bloqueo en el gimnasio que el reconoció como el de Nekoma. Giró su vista hacia la ventana viendo la calle sin nada en particular, no podía poseer a su amigo, Kei. Podía tener otras amistades y prioridades diferentes a las suyas, pero desde que había entablado esa amistad con Kuroo él se sentía cada vez más solo.
—O—
La mañana del sábado despertó en una cama diferente y le tomo varios segundos saber porque estaba ahí. Al recordarlo salió casi corriendo en dirección a su habitación y un suspiro de alivio salió de sus labios al encontrar a la chica aun dormida.
Miro la hora en el reloj que tenía en la mesita junto a la cama
—Apenas son las 8:30, es temprano —lo cierto es que ya no tenía sueño. Pensó que lo mejor sería hacer un desayuno para cuando su inquilina despertara pudiera explicarle por qué decidió llevarla a su casa—. Quizá deba preparar algún coctel —recordó vagamente cómo su madre le preparaba uno a su padre cuando a este se le pasaban las copas. Un escalofrío recorrió su columna cuando escucho varios quejidos salir del bulto que era su inquilina.
—O—
Su lengua recorrió su boca y labios, el sabor amargo de la saliva le recibió como un recordatorio de todo lo que hizo la noche anterior. Sintió en su cuerpo la calidez de las mantas y se llevó la mano a la frente en un intento por abrir sus ojos, tuvo que parpadear varias veces para adoptarse a la luz de la habitación.
—¿Qué mierda? —su voz sonaba pastosa. Con cuidado se incorporó en la cama y giró su rostro encontrándose a un chiquillo con demasiadas pecas. Ambos se miraron por algunos segundos antes que ambos pegaran un grito que despertó a más de un vecino.
—¿Qué puta mierda hago aquí? —gritó mientras se acercaba a la orilla de la cama y veía a Tadashi con una mezcla de enojo e incredulidad—. ¿Tuvimos sexo? ¿Te debo algo? ¿Me sacaste un órgano? —de un tirón quitó la sabana a la que se había aferrado y levantó su escotada blusa buscado alguna cicatriz.
—¡Por Dios no! —el castaño se giró dándole la espalda mientras balbuceaba una respuesta coherente—. No pasó nada de lo que dices y no me debes nada —anunció cubriendo su sonrojado rostro.
—¿Dices que no me acosté contigo? —le preguntó viendo como temblaba ante la dureza de su voz, él asintió enérgicamente sin voltear a verla—. Puedes voltear, no me quité la ropa.
Tadashi giró poco a poco y miró con cuidado a la joven que se agarraba la cabeza con fuerza producto de la resaca.
—Sera mejor que te des un baño y luego bajes a comer algo —ella lo miró con una ceja levantada—. Sólo si tú quieres, claro —agregó y como se sentía demasiado nervioso sólo atinó a sentarse en la silla de su escritorio.
Un silencio se hizo presente y Tadashi tembló ante la mirada de la chica, parecía analizarlo casi como si quisiera atravesarlo.
—¿Por qué me trajiste a tu casa? Sólo te pedí la hora, no que me ayudaras —había recordado ese rostro tan infantil y lo vio clavar su mirada en el piso, nervioso mientras jugaba con sus manos.
—Tú estabas sola y vulnerable y y-yo pensé que si me encontrara en una situación así me gustaría que alguien me ayudara. No podía dejarte ahí —ella abrió sus ojos al escuchar su respuesta, quiso buscar algún rastro de burla en su rostro, pero no lo encontró, se rio de manera seca haciendo que Tadashi alzara la vista.
—Estás loco amigo de verdad, puedo ser una psicópata o algo por el estilo, pero aun así decidiste ayudarme —su voz se había vuelto más tranquila y casi un murmullo que Tadashi apenas escucho—. Gracias —la vio sonreír con sinceridad provocando el mismo efecto en él—. ¿Cómo te llamas? —preguntó mientras vio su abrigo en una de las gavetas del cuarto.
—Yamaguchi Tadashi —observó como se ponía de pie y buscaba entre su abrigo lo que parecía ser su celular—. ¿Y tú, cómo te llamas?
Lo pensó unos momentos, segundos donde su rostro se volvió estoico.
—Mirio.
—¿Es tu apellido o tu nombre? —le preguntó casi de inmediato y ella sonrió viendo las llamadas perdidas de su celular.
—Sólo Mirio —respondió finalmente—. Acepto la propuesta del baño si aún está en pie —Tadashi sonrió y le dijo que podía usar el baño que se encontraba en su cuarto, le prestó un conjunto deportivo que había dejado de quedarle, se ofreció a lavar su ropa, pero Mirio se negó argumentando que no era necesario.
Yamaguchi bajó a hacer el desayuno. Calentó arroz de la noche pasada y algunas verduras hervidas, se sentía bien teniendo compañía, aunque su compañía fuera una chica de dudosa procedencia. Miro su celular en la barra que dividía la cocina de la sala y dudó mucho antes de tomarlo y volver a entrar a Facebook. Las noticias en su muro le hicieron perder un poco el apetito, Tsukki no sólo había entrenado con Kuroo, se había quedado incluso a cenar. Aventó el celular y puso ambas manos en la barra tratando de controlar sus celos.
—¿Todo está bien? ¿Necesitas ayuda en algo? —la chica había olido la comida apenas dejó la regadera y tomó todas sus cosas antes de bajar. Él asintió con media sonrisa y le ofreció comer en el comedor—. Sólo somos tú y yo, ¿no? —Tadashi asintió sin entender su punto—. ¿Dónde están tus padres? —preguntó pues él no parecía mayor y la casa era demasiado grande para una persona. Caminó hasta el comedor dejando sus cosas en una de las sillas mientras escuchaba su respuesta.
—Mi madre está en Osaka supervisando una planta de energía nueva y mi padre está en América en un viaje de negocios —se detuvo en seco cuando se dio cuenta que estaba hablando de cosas personales con ella, ella que podía resultar una ladrona y secuestrarlo y pedir rescate y…
—No voy a secuestrarte —le quitó los platos de las manos y lo vio a los ojos—. No soy esa clase de persona —afirmó mientras ponía los platos uno frente al otro.
—Entonces. ¿Qué clase de persona eres? —se sentó frente a ella y comenzó a comer cuando la vio hacerlo.
—Una persona triste y solitaria como la mayoría de las personas —dijo mientras se llevaba un bocado a la boca. Tadashi no quedó muy convencido con esa respuesta, pero lo cierto es que era una pregunta demasiado profunda para alguien que apenas conoces. Mirio se pasó el enorme bocado de arroz que había ingerido—. Vamos, haz tus preguntas antes que me vaya —no había burla en su voz ni en su rostro y eso lo animo a saciar su curiosidad.
Al final Yamaguchi supo que tenía 19 años, que compartía su departamento con alguien y que le gustaba dibujar. Se vio tentado a preguntar en qué trabaja, pero se contuvo cuando la vio acomodarse el cabello en el cuello a modo de taparse los chupetones. Se dio cuenta además que ella era muy delgada, demasiado para alguien de su edad.
Supo el porqué de su estado cuando de su abrigo saco un frasco, esos donde suelen dar medicamentos controlados, con una cantidad considerable de pastillas amarillas y azules. La abrió con facilidad y sacó dos.
—Una para mí, para sobrellevar la resaca —anunció llevándosela a la boca y tragándola con facilidad—. Y otra para ti, por haberme cuidado la noche anterior —dejó la pastilla en medio de la mesa.
Sabía lo que era, últimamente se había oído mucho sobre el consumo de éxtasis traído desde Tokio, incluso Takeda-sensei les había dado una plática de media hora sobre los peligros del consumo de drogas.
—Yo estoy bien, gracias, no consumo drogas —ella alzó la vista, sorprendida, y frunció los labios.
—¿Estás seguro? —no que se sintiera bien ofrecerle drogas a un chiquillo, pero esa casa se sentía tan vacía y sola, verlo moverse por la cocina totalmente inseguro comprobó que no tenía ninguna persona cercana, Tadashi asintió y le agradeció—. Prometo que un día te pagaré lo que hiciste por mí —aseguró para guardar de nuevo la pastilla en el frasco.
—No es necesario, lo hice porque quise —con una ligera sonrisa de parte del chico terminaron de comer en silencio.
Mirio se despidió unos 10 minutos después, luego de ayudarle a limpiar la cocina. Tomó su ropa y se colocó sobre el conjunto deportivo su abrigo negro. Tadashi la acompaño hasta el puente peatonal donde se despidió. Regresó a su casa con pasos lentos, no podía estar seguro de cómo sentirse al respecto. Se había sentido bien tener algo de compañía, pero se convenció que no pasaría de una buena acción.
El resto del sábado Yamaguchi lo pasó haciendo la colada y limpiando a profundidad su habitación. Por la noche le escribió un mensaje a Tsukki preguntándole si quería pasar la tarde del domingo viendo Netflix. Para su sorpresa su amigo contestó casi enseguida aceptando la invitación.
El domingo no sólo se levantó tarde si no que preparó todo lo necesario para que ambos pudieran ver al menos dos o tres películas, aunque estaba seguro que terminarían viendo algún documental sobre dinosaurios. Terminaron viendo una película de superhéroes y después una de acción.
Tadashi miraba el perfil de su amigo, el largo de sus pestañas que combinaba a la perfección con sus ojos color oro y su cabello dorado. Era tan atractivo y eso que no hablaba de su perfecto mentón y lo masculina que le parecía su nariz, lo trabajado de sus hombros y el abdomen que parecía endurecerse día a día. El sólo verle y su cercanía hacían que todo su ser fuera feliz y que todas las dudas y celos del día anterior desaparecieran. Al sentirse observado Kei se giró a verlo y Yamaguchi regresó la vista a la pantalla
—¿Vas a preguntarme algo o me observaras eternamente? —preguntó con un tono bastante aburrido viendo la película sin prestar demasiada atención.
—¿Hiciste algo interesante estos días? —la pregunta era estúpida, lo sabía considerando que el pecoso sabía de sus entrenamientos en Nekoma
—Nada interesante —respondió mientras recargaba su codo en una de las coderas del sillón y colocaba su cabeza en su mano—. ¿Y tú hiciste algo interesante ayer?
Traje a una chica borracha y drogada a dormir, me ofreció éxtasis en el desayuno y se llevó puestos unos boxers de cuando era pequeño.
—No, sólo estuve limpiando y estudié un poco más — antes podría haberle contado a todos lo que había hecho, habría alardeado de su obra de bondad y alardear sobre cómo eran las drogas, pero si Tsukishima no le contaba sobre sus entrenamientos, él no tenía por qué contarle lo que hacía con su vida.
La película terminó y Tadashi no sabía por qué sentía que algo más había terminado.
—O—
Lunes 22 de agosto 2:15 pm
Había sido el encargado de regresar el proyector al salón de audiovisuales, no debía tardar más de cinco minutos. No contaba con que el encargado no estuviera y éste llegó luego de 20 minutos. Se fue corriendo hasta los vestidores y se cambió lo más rápido que pudo poniéndose mal los protectores en las rodillas. Fue corriendo hasta la entrada del gimnasio y agradeció que la puerta estuviera abierta.
Alguna vez escucho a Hitoka decir que ella era el poblador B en la vida, pero en esos momentos Yamaguchi estaba seguro que ese papel podía ser fácilmente de él, Ukai-san estaba con Kageyama y Hinata entrenando como de costumbre mientras Yachi les facilitaba pases. El grupo de segundo estaba practicando como de costumbre, esta vez junto con Asahi. Sugawara estaba entrenando con Tsukki mientras que Daichi hablaba con Kiyoko. Nadie había notado que él no estaba, que le faltaba. No quería que lo dejaran atrás, pero parecía que ni siquiera lo notaban.
¿Pero de verdad haces falta Tadashi?
La pregunta no le dolió tanto como la respuesta. No, Tadashi, no haces falta, pero ¿Qué tenía en común con esos chicos? Era obvio que no era parte de un equipo y que no había ningún vinculo de amistad uniéndolos, no al menos como él pensaba. Se mordió el labio con fuerza y sólo atino a caminar en dirección a los vestidores, ni siquiera se molestó en cambiarse, solo tomo su mochila y salió de la escuela.
Para cuando se dio cuenta estaba en el parque sentado en el mismo rincón donde solía esconderse de los abusones en la primaria, abrazo sus rodillas cuando las lágrimas salieron sin permiso de sus ojos, y se quiso tragar la tristeza, el dolor y los celos que llevaba semanas conteniendo, pero sencillamente no pudo y todas sus emociones salieron en una forma de sollozo.
—¿Tadashi? —él reconocía esa voz, pero se tuvo que tallar los ojos antes de si quiera intentar levantar la vista, no quería que nadie lo viera en ese estado.
Yamaguchi finalmente alzo la vista encontrándose con Mirio. Llevaba una chamarra verde y ropa como si estuviera nevando. Ella suspiro mientras se sentaba a su lado.
—¿Te encuentras bien? —preguntó sin voltear a verlo, escuchando los sollozos que se hacían cada vez más audibles. Yamaguchi negó una y otra vez mientras escondía su rostro en sus rodillas. Mirio no dijo nada y tampoco se fue, se quedó a su lado sin preguntar nada, los minutos pasaron y con ello el llanto de Tadashi—. ¿Quieres que te acompañe a casa? —le preguntó cuando lo vio alzar el rostro.
—No quiero volver a casa, no hay nadie esperándome —aunque ya no lloraba su voz se quebró al final y suspiró tratando de calmarse.
Mirio se puso de pie finalmente y le tendió una mano, ayudando a que se levantara.
—Ven conmigo —le dedicó una sonrisa ladina y le invitó a caminar.
—¿A dónde vamos? —preguntó cuando pasaron la tienda donde él solía comprar comida y se detuvieron justo en el puente peatonal.
—Puedo acompañarte a tu casa o puedes venir a la mía un rato, escoge qué hacer porque mi departamento está en dirección contraria —le prestó atención a su enorme chaqueta y a la bolsa de supermercado que traía consigo.
—¿Por qué iría contigo? Apenas nos conocemos —no estaba muy seguro de las dos opciones que se le presentaban, quizá debía quedarse en el parque a esperar que algo pasara.
¿Qué va a pasar Tadashi?
—Porque si yo estuviera llorando en el parque me gustaría que alguien se preocupara por mí —le contestó con sinceridad.
Tadashi se tragó el miedo y le preguntó si tendría que caminar demasiado, la cabeza le estaba doliendo a causa de las lágrimas. Mirio lanzó una risa mientras le aseguraba que llegarían rápido.
oOo
—¡Buen trabajo! No olviden cenar bien y asegúrense de dormir lo suficiente —Ukai se despidió del equipo y salió antes de siquiera ayudar a recoger algo.
—Es extraño —murmuró Yachi cuando ayudaba a la pareja de novios a recoger todos los balones.
—¿Qué sucede Ya-chan? —le preguntó Hinata cuando la notó pensativa.
—Yamaguchi no vino al entrenamiento, es raro que alguno falte —su comentario llamó la atención de todos, poniéndola nerviosa—. Di-digo, es raro a menos que haya avisado antes —la atención de todos se fue a Daichi y Tsukishima.
En el rostro de Daichi se formó un gesto pensativo
—A mí no me aviso nada sobre faltar. Tsukishima, ¿a ti te menciono algo?
Kei se incomodó teniendo la mirada de todos encima.
—No, el que vayamos a la misma clase no significa que tengamos que contarnos todo, ¿saben? —con un gesto cansado salió del gimnasio, no quería que notaran que estaba bastante consternado.
—¿Y qué mosca le pico? Está más insoportable que de costumbre —afirmó Hinata mientras sentía el peso del brazo de su novio en su hombro.
Kageyama acercó más a su novio junto a él en un gesto inconsciente.
—Tsukishima siempre ha sido un cabrón, no sé por qué les sorprende. Yamaguchi pudo haberse retrasado en alguna tarea y ya —su comentario convenció a todos menos a Yachi y Suga.
Kiyoko le aseguro a Hitoka que todo estaba bien y que de seguro Yamaguchi debió quedarse en la biblioteca o algo por estilo.
Pero Yamaguchi tiene mejor promedio que yo, ¿Qué necesidad tendría de estudiar?
No muy convencida dejó que su senpai la acompañara a cambiarse y a la parada del autobús.
Suga no estaba nada convencido y se preguntó qué pudo haberle pasado a su pequeño kouhai.
—O—
Justo como lo prometió, no tuvieron que caminar mucho. Pensó que la chica vivía en una zona donde la gente iba a drogarse, prostituirse y suicidarse, aunque era más que probable que ella hiciera las dos primeras cosas, la torre departamental donde vivía era bonita. Subieron por las escaleras luego que Mirio comentara que el ascensor nunca funcionaba. Llegaron al tercer piso y para ese momento el cielo estaba comenzando a oscurecerse. El departamento era pequeño, apenas dejo sus zapatos en la entrada se dio cuenta que la cocina estaba al lado derecho. Había una barra improvisada que notó que usaban de mesa. Al fondo había un sofá de dos lugares y uno individual. En el centro una pequeña mesa ratonera.
Las cortinas moradas le daban un toque bastante extraño al lugar, también debía ser que parecía que ningún mueble había sido comprado en el mismo lugar. Dejo sus cosas en el sillón individual y miro por la pequeña abertura de la cortina. Abrió los ojos al darse cuenta que la escuela estaba cerca. Incomodo desvió la mirada y pasó por el resto del lugar notando dos puertas sin abrir.
—La izquierda es mi habitación, la derecha es el baño —sólo hasta ese momento se dio cuenta como ella acomodaba la bolsa de sus compras.
—Pensé que vivías con alguien —se acercó de nuevo al sillón donde estaban sus cosas y se quitó los protectores de las rodillas y se puso la chamarra del uniforme.
—Y lo hago, pero Shinsuke trabaja tres días seguidos así que volverá mañana temprano, ¿quieres comer? —le preguntó y él asintió con una media sonrisa burlona.
—¿Tú sueles comer? —intentó relajarse y tratar de no pensar demasiado qué hacía.
—Di eso de nuevo y te llevare de regreso al parque —amenazó con cierta gracia. Había cierto grado de familiaridad y no sentía como si fuera su pareja, parecían dos hermanos que se quedaron solos y se hacían de comer ramen instantáneo.
Al final terminaron comiendo en la sala viendo el atardecer, Mirio fue quien lo bombardeo de preguntas, no sólo era un año más chico de lo que pensaba, sino que además iba a Karasuno. No quiso preguntar más cuando notó los ojos cristalizarse una vez más. Tadashi estaba demasiado dolido y un poco enojado, quizá por eso no le importó cuando Mirio le dijo que tenía que tomar algo.
—¿Seguro que no quieres probarla? —encendió un cigarro y mientras esperaba que la pastilla hiciera efecto, inhaló el tabaco y lo exhaló con cuidado.
—No me drogo —le contestó con un tono molesto que la hizo rodar los ojos.
—Ya lo sé, pero ¿sabes? Quien haya descubierto que el hidróxido de sodio servía para olvidar el día siguiente es un genio —con cuidado le tendió una pastilla, mientras sus ojos se perdían en el techo—. Las drogas se hicieron para que podamos olvidarnos un momento de todo.
Tadashi miró la pequeñita pastilla azul en sus manos, estaba muy dolido, muy solo y muy confundido, quizá por eso no le importó cuando ella comenzó a reír como desesperada mientras seguía fumando, quizá por eso tomó todo lo que ella le dio.
Pero él no quería olvidar a Tsukki, claro que no, él lo amaba. Lo que de verdad deseaba era que su Tsukki lo amara de la misma manera.
Si llegaste hasta aquí muchas gracias. Si todo va bien nos leemos en una semana.
Saludos
