APASIONADO

Segunda parte

El amor no se detiene...


William, se quedó pensando en lo que Candy le había platicado a su pequeña Rose. Candy, su bella esposa había omitido ciertos detalles referente a lo que sucedió, después de que impidió su boda y prácticamente la había raptado.

Recordar es vivir y William, se vio invadido por esos recuerdos del pasado. Y lo difícil que fue lograr hacer una vida feliz con su amada Candy.

Restrospectiva

Después de que William, salió a todo galope dejando atrás al que había sido su mejor amigo. Calbagó en silencio y miraba a Candy de vez en vez. Candy, iba seria y molesta. No emitía palabra alguna. William, se adentró entre un camino del bosque. William, tenía una cabaña cerca de un lago. Pocos sabían de su existencia. Candy, no sabía de esta.

Llegaron a una hermosa cabaña rústica. William, bajó del caballo y ayudó a bajar a Candy como todo un caballero. Pero, Candy no aceptó esa ayuda y bajó aprisa. A punto estuvo de caer pero William la alcanzó a sujetar.

– Suéltame, no quiero que me toques...– gritó Candy enojada.

– Como quieras entonces – contestó Albert, mientras amarraba a copo de nieve en un árbol frondoso y le arrimaba un cubeton lleno de agua. El pobre caballo había dado su máximo y estaba sediento. Candy, le miraba con los brazos cruzados. Esperaba una explicación de su parte.

William, se sonrió verla así molesta y vestida así de hermosa le parecía todo un ángel aunque malhumorado. Candy le vio reír y encolerizo aún más.

– ¿Qué es lo que te parece tan gracioso? Como broma, es demasiado pesada. Quiero regresar de inmediato – Candy dijo mientras se daba vuelta y caminaba de regreso. William le dió alcance y la tomó de la mano.

– Ah no señorita, usted se queda...– contestó William divertido.

– Suéltame, me iré... tú, no puedes obligarme a estar contigo...– debo regresar con Terry...

– DIME, ¿LO AMAS?...– preguntó William molesto y le invadieron unos celos terribles.

– Sí, si lo amo...– contestó Candy. Quería herirlo.

– Me importa muy poco si lo amas o no... tú te quedas – dijo Wiliam mientras corría detrás de Candy, que ya había agarrado camino otra vez. William, la alcanzó de inmediato y la levantó como si fuese un costal de papas y caminó hacia la cabaña. Candy, gritaba y pataleaba. Se sentía muy molesta y quería echarle la bronca. Pero, William no se inmutaba. El clima estaba cambiando, el hermoso sol veraniego había sido cubierto por negras nubes que amenazaban con dejar caer el cielo. Se escuchó un fuerte relámpago. Candy, se estremeció de susto al escuchar el estruendo y supo que se avecinaba una gran tormenta. Y en efecto se vino el aguacero mojando a ambos de manera inmediata.

William, se apresuró para llegar rápido a la cabaña, abrió la puerta y ya dentro puso en el piso a Candy. Ambos empapados de pies a cabeza. William, pudo observar que Candy, estaba sumamente roja de su rostro por lo cabreada que se encontraba. William, quería abrazarle besarle... Pero, no era prudente. Sabía que había hecho mal raptarla. Pero, si no lo hubiera hecho así... le hubiera perdido para siempre. Con esta acción había hecho daño a bastante gente. Pero, se mantendría firme y no daría marcha atrás. Candy, era suya se pertenecían desde siempre. Trataría de convencerla...

– William, para esta hora todos nos deben estar buscando... – Esto, es una ¡LOCURA! me has puesto entre dicho una vez más. Eres un egoísta...

– ¿Egoísta? ¿Por qué? El que te ame como un estúpido me hace un ¿Egoísta? Tú sabes que nosotros debemos estar juntos... Nos amamos aunque lo niegues. Terry, sufrirá lo sabemos... Pero, es mejor que sea ahora y no después cuando tú, no seas capaz de entregarte a él en cuerpo y alma...

– Eres un...

– ¿Un qué? Es mejor que te quites ese vestido antes de que pesques un resfriado – indicó William, zanjando la conversación.

– William, debo regresar...

– y lo haremos...– pero, no por ahora...

– pretendes que la gente piense que me has...– ¿deshonrrado?

– Sí...– William se adentro a la única habitación que había en esa cabaña y busco una toalla y algo para que Candy pudiera vestir. Pero, no había nada, solo una manta ligera. William, la tomó y pensó que eso podía servir.

– Ten, quítate lo mojado y cubréte con esto...– William, le extendió la manta y Candy la tomó de mala gana. ¡Claro! que lo haría ya comenzaba a sentir frío y de repente le vino la hipada, siempre le sucedía cuando tenía demasiado frío o cuando se sentía demasiado nerviosa. William, se sonrió y recordó que cuando eran niños. Candy, no lloraba por nada aunque sintiera un gran dolor no lo hacía. Pero, le venía ese hipo, cada que se sentía molesta, llorosa o miedosa. Esa había sido la razón por cuál los habían encontrado cuando escaparon de sus casas cuando eran unos mocosos. La escucharon hipar. William, recordaba eso con una gran sonrisa. Parece que había sido ayer.

– No, me voy a quitar la ropa frente a ti, debes salir de la cabaña...– dijo Candy, mientras le empujaba fuera de la cabaña. Candy, le puso el cerrojo. Dejándole a fuera con esa terrible tormenta. William, quiso entrar pero se dió cuenta que Candy, le había echado el pestillo. Lo dejaría afuera.

William, tocó la puerta fuerte.

– Candy, ábreme la puerta, me estoy mojando...

– si, te abro regresaremos...

– No...

– Entonces no abriré...

– William, no quiso discutir ya con ella y se fue a refugiar dónde se encontraba una banca colgante. Tenía un pequeño techo y le cubría un poco del agua. Después del terrible calor que se sentía por la tarde. Fue reemplazado por un aire helado. Candy, era una necia y le dejó pasar la noche afuera. Era su manera de castigarlo o quizá era su mecanismo de defensa para no sucumbir y tirarsele a los brazos y rogarle que la hiciera suya.

La noche fue larga para ambos y ya se vislumbraba los primeros rayos del alba. William, se encontraba echo bolita en esa banca incómoda, pero abrió los ojos aprisa al recordar que Candy pudo haber escapado. Pero, no era así Candy, también se había quedado profundamente dormida y continuaba estando. William, sacó una llave y abrió la puerta trasera y se adentró y le vió acostada en un pequeño sofá que adornaba el lugar. William, se sintió enternecido. Candy, se veía increíblemente hermosa. Con, su hermoso cabello alborotado. Y ese hermoso rostro de muñeca, con esa pequeña boca con labios de corazón y tan rojitos como las fresas mas antojables. En eso William, sintió un gran escalofrío en todo su cuerpo y le vino una tos, que hizo sentir un gran dolor en su garganta. Sintió ardor en sus ojos y su rostro bello lo sentía tremendamente caliente.

Candy, le escuchó toser y se despertó aprisa, recordando todo lo acontecido el día de ayer.

Candy, se sentó cubriéndose con la manta se había desnudado para que su vestido se secara y solo estaba en ropa interior.

– ¿¡Todo el tiempo pudiste entrar!? – preguntó Candy indignada.

– Sí, pero he respetado tus deseos de no estar cerca de ti... Ahora he entrado para indicarte donde puedes asearte y mientras te preparo algo de desayunar – decía William, tosiendo. Candy, se preocupó por esa tos y supo que quizá pescó un resfriado. Pero, aún continuaba indignada y se mordió la lengua para no decir nada. Se levantó cubriéndose lo más que podía y tomó su vestido y se adentró a un sanitario que se encontraba a fondo de la cabaña. William, sonrió y comenzó a prender una estufa y sacó una tetera, calentaría agua para que por lo menos tomara un café. No había nada de comida en el lugar solo café y galletas. Eso bastaría por ahora. Pensaba William, mientras le venía unos escalofríos producto de un fuerte resfriado que se avecinaba. Pero, no le dió importancia. Aunque sentía la garganta arder cada que pasaba saliva.

Candy, salió ya debidamente vestida y se había atado su cabello en una coleta baja, con uno de los lazos de su vestido. Y vio como William, preparaba algo en esa estufa vieja. En efecto esa cabaña estaba deshabitada desde que él era un niño. Había sido un regalo de su padre en su décimo cumpleaños. Pero, su madre le tenía prohibido si quiera acercarse.

– Ven, siéntate toma ésto...– dijo William, mientras le extendía una humeante taza de café. Candy, moría de hambre y quería aceptarla. Pero, rechazó.

– No, gracias... – lo que quiero es regresar—Ahora mismo— Expresó Candy enfadada.

– Pues como quieras, pero no vamos a regresar, ya te lo había dicho – William, se mantuvo firme y dió un sorbo a la bebida caliente. Sintió como pasar lava ardiendo en su garganta. Pero, fingió estar deliciosa. – de lo que te pierdes – contestó y le vino de nuevo esa tos.

Candy se sentía con una mezcla de emociones y sentimientos. Por momentos quería ahorcarle y por otros quería besarle.

Pero, se mantenía impersonal. William, le veía y le divertía verla así hermosa y orgullosa. William, sentía sus ojos irritados y comenzaba a ver borroso. Se sentía mareado y pese a que el clima era demasiado cálido. Sentía un frío en todo su cuerpo. Se frotaba sus ojos para lograr ver mejor. Candy, continuaba viendo por la ventana, trataba de ignorar su presencia. Pero, le sintió recostarse en el pequeño sillón que se encontraba dentro de la cabaña. Y pudo más su curiosidad y le vió sentado de manera displicente y con los ojos cerrados. Candy, pensó que era ahora o nunca para escapar. Candy, se levantó despacio y camino hacía la puerta. Quiso abrir pero estaba cerrada con llave.

– Te dije que no vas a ir a ningún lado... No por ahora... – William, dijo aún sentado y con los ojos cerrados.

– Eres un... ¡CANALLA! un... ¡malvado! un, un...

– Soy lo que tú digas y mandes pero te quedas aquí... – William, continuaba sentado sin abrir los ojos. Candy, se dió por vencida y se sentó en una silla del comedor y se sirvió un poco de café lo cierto era que moría de hambre. William, le miró y se sonrió. Pero, sentía pesada su mirada y volvió a cerrar sus ojos.

Ambos se habían quedado dormidos y ya había oscurecido. William, pese a lo mal que se sentía fue a dar de comer a copo de nieve y lo guardo puesto que se avecinaba otra tormenta. Candy, había cenado otra vez café y galletas y encontró algunas latas con sopa en crema y pues la calentó y comió con agrado moría de hambre.

Continuaban sin hablarse. William, volvió al interior de la cabaña, no soportaría otra noche afuera, se sentía fatal. Cerró muy bien la puerta y se acostó en el sofá. Candy, se sentía cansada e hizo lo mismo y durmieron.

A la mañana siguiente, Candy se despertó, al escuchar unos gemidos de dolor. Y se percató que era su amado William, que temblaba y tosía con dolor. Pero, también balbuceaba cosas intendibles. Candy, se acercó a él de prisa. Y le tocó el rostro que se le veía enrojecido. Candy, le sintió arder en fiebre. Debía tenerla demasiado alta porque lo hacía delirar.

– Candy, no te cases... Te amo...– decía William con palabras entre cortadas pero Candy, entendía perfecto. Sintió su corazón latir de emoción. Pero, su preocupación fue mayor. Debía buscar ayuda o medicamentos, tenía un grave resfriado. Candy, le sacó las llaves para poder abrir la puerta y William, reaccionó. Abrió sus ojos teniendo un poco de consciencia y quiso quitarle las llaves. Pero, Candy fue más rápida y logró hacerse de ellas y corrió a la puerta abriendo de inmediato. William, como pudo se levantó y corrió tras de ella sin poder darle alcanze.

– CANDY, NO TE VAYAS... NO ME DEJES...– Wiliam, gritó o más bien hizo el intento. Pero, Candy no hizo caso y fue hasta donde estaba copo de nieve lo sacó del corral y se subió aprisa. William, intentó detenerla con las pocas fuerzas que le quedaban. Pero, fue inútil. Le vio irse, quedando con el corazón partido. A William, todo le dió vueltas y regresó al interior de la cabaña. Y se tiró así sin más a la cama. Y se envolvió en la manta que le había dado a Candy anteriormente. Moría de frío... Pese a lo enfermo que estaba se sentía con el corazón roto. Candy, no lo amaba.

Candy cabalgaba de regreso al pueblo... Pero, no era para regresar si no para comprar medicinas y comida. Al quitarle las llaves también había extraído su cartera y al revisarla tenía demasiado efectivo. Candy, desmontó y fue directo a una bodega donde se vendían productos comestibles, fruta, carne y pollo.

– Buenos días, me podría surtir unas despensa con fruta y verduras. Cómo para dos semanas. Deme de todo un poco. El tendero asintió sorprendido al verle con ese vestido de novia sucio.

– ¿señorita, se encuentra usted bien? – preguntó el señor ya entrado en años.

– Sí, me encuentro perfectamente...– tiene algún teléfono? Necesito hacer una llamada. El tendero le señaló donde se encontraba una cabina.

– Gracias, le encargó mucho que me surta todo y me lo acomodé en mi caballo que está afuera – dijo Candy aprisa mientras dizcaba unos números.

" ¿Tía Pony? Sí, soy Candy... Estoy bien no te preocupes. No sé cuando regrese... Lo sé es una locura... Pero, sí, quiero quedarme... Solo quise llamar para que tú no te preocupes... No, no le digas a mi padre que he marcado... Pienso lo mismo, creo que me hubiera arrepentido después... No, no amo a Terry... Después hablaré con él... Tía Pony, te quiero mucho y gracias por cuidar de mí siempre... Adiós.

Candy colgó aprisa y sacó un puñado de billetes. Recordó lo enfermo que está William. – señor, ¿tendrá a la venta algunos medicamentos. Algo para la fiebre dolor y para la tos? – preguntó Candy, angustiada.

– Claro, aquí tengo algunos antigripales y este es un antibiótico...– contestó el tendero mientras sacaba los medicamentos. Candy los vió y tomó algunos. Todo lo hizo aprisa pagó y subió a copo de nieve.

Cabalgó aprisa de regreso a la cabaña. Estaba por atardecer y el cielo ya estaba lleno de nubarrones. Pronto se vendría una gran tormenta. Los truenos y relampagos atestiguaban esto. Candy, desmontó aprisa y bajó ese par de costales dónde tenía la mercancía, puso bajo cobijo a copo de nieve que de inmediato tomó agua y tragó su pastura que ya estaba dispuesta.

Candy, apretó el paso porque ya estaba suelto el aguacero, solo unas cuantas gotas lograron tocarle. Pero, metió todas las provisiones. El interior de la cabaña estaba totalmente oscuro. Así, que de inmediato encendió la chimenea y unos quinques de petróleo que la noche anterior William, había encendido y de inmediato se alumbró el lugar. Candy, le buscó con su mirada y le vió recostado cubierto de pies a cabeza con la manta que ella había utilizado. Se acercó a él y le tocó estaba aún ardiendo en calentura. Se le veía como desmayado y sus labios estaban demasiado resecos.

De inmediato se fue a la cocina y encendió la pequeña estufa de carbón. Siempre fue hábil para encender ese tipo de estufas. De inmediato puso agua a calentar para prepararle una sopa de verduras. Debía darle el medicamento, pero debía tener algo en el estómago. Lo haría comer un poco de caldo y después le daría la medicina. Tardo más o menos una hora y de vez en vez le escuchaba quejarse. Debía actuar rápido. Candy, le enfrió la sopa y el caldo se lo comenzó a dar. William, no pasaba el líquido. Pero, Candy no se daría por vencida. Logró darle varias cucharadas, aunque era difícil porque William tosía horrores. Aprovecho también, y le hizo tomar el antigripal. Acercó una jofaina con agua templada y cortó un pedazo de su vestido e hizo tres trapitos que al remojarlos con el agua, le ayudarían a bajarle la temperatura. Candy, comenzaba a preocuparse habían pasado ya cuatro horas y la fiebre no cedía. Y la tormenta no se veía para cuando parara. Y no podría sacarlo así con esa lluvia torrencial.

William, decía algo pero no lograba entenderle.

– Candy no me dejes...– eso lo entendió perfecto.

– William, tranquilo no te dejaré...

– ¿Estoy soñando? No te fuiste...– dijo William, quedando dormido otra vez.

¿Cómo podría dejarte? Eres mi único amor... Te he amado desde toda la vida* pensó Candy mientras le cambiaba el trapo por otro.

Pasaron dos días... Y por fin se vio el fruto de su esfuerzo y sus cuidados surtieron efectos. William, abría los ojos lentamente. Y se preguntó mentalmente ¿Dónde carajos estaba? Miró, a todos lados y recordó que estaba en la cabaña y recordó lo sucedido y cómo fue ha raptar a su hermosa Candy. En eso se levantó aprisa. Pero, todo le dió vueltas y se volvió a echar.

– No te levantes todavía estás muy débil...– dijo Candy mientras le llevaba el desayuno. – Bebe...– ordenó Candy mientras le acercaba un vaso con jugo de naranja. William, le miraba sorprendido y le regresó el alma al cuerpo.

– pensé que te habías ido...– William dijo con voz ronca.

– Quería hacerlo...– pero, no podía abandonarte a tu suerte... contestó Candy seria. William, bebió el jugo ya no sentía tan fuerte el dolor de cuerpo, ni de su garganta...

– Gracias... – William, dijo sincero y feliz. Candy, se sentía aliviada y feliz al verle mejor. Le había asustado en serio. Imaginar que pudiera perderle, le sobrepasaba. William, bebía y comía la fruta que Candy le había picado. Se sentía mejor. Candy, no podía continuar fingiendo que no le amaba. No podía continuar ocultando sus sentimientos. William, pudo observar que Candy se veía cansada y se dió cuenta que su vestido estaba roto. Hasta ese momento se dió cuenta que lo rompió para curarle. Eso le llenó de emoción. Quería abrazarle y besarle. Pero, antes tenía que saber algo.

– Candy, ¿por qué regresaste? Bien pudiste ir y mandar a que alguien me ayudara...

– sé que podía hacerlo...– pero, no quise hacerlo... – contestó Candy, nerviosa y se le dibujó un sonrojo y al mismo tiempo se mordía su labio inferior. William, se sintió esperanzado. Dejó de comer y se levantó de esa cama. Se sentía mejor ya no se sintió mareado. Ambos estaban hechos un desastre. Pero, ambos se adoraban y se veían como lo mejor del mundo.

– Dímelo, ¿Por qué has regresado...? – William, se acercó a Candy. Pero, Candy le dió la espalda. Se sentía nerviosa y emocionada su corazón latía a tal punto que se quedaba sin respiración. Quería jalar aire con desesperación. William, se pegó a ella y acercó su boca al oído.

– Dímelo hermosa...– Candy, se derretía por dentro y por fuera al sentir el calor de su cuerpo y su aliento en su cuello que le hacía vibrar. Su cuerpo era una gran locura con todas esas descargas eléctricas que le hacían responder a él en automático.

– No, no lo diré...– porque tú ya lo sabes...– Candy, se pegó más a él y William, le abrazó con gran ternura y posesión. Y le fue dando la vuelta hasta quedar frente a frente. Ambos se miraban con veneración absoluta. Se lo decían todo con su mirada. Verde y azúl conectaban y sobraban las palabras. William, posó sus labios en su frente y le besó con protección y descendió y posó sus labios en esos bellos ojos verdes. Candy, con los ojos cerrados se dejaba adorar. William, dejaba una lluvia de besos tiernos en ese bello rostro que lo tenía endiosado. Hasta que sus alientos se encontraron y ese beso deseado llegó. Cargado de amor y se tornó exigente. Ambos, se necesitaban con apremio. Candy, se unía a él y le permitía que invadiera todo su ser. William, paladeaba su sabor y era exquisito. Ambos se devoraban sus bocas y Candy, comenzó a cariciar con suavidad ese pecho tonificado. Siempre quiso posar sus pequeñas manos en ese pecho. Quería sentirlo suyo.

William, cerraba sus ojos en disfrute y su cuerpo deseaba más. Candy, le fue despojando de esa camisa blanca. Deseaba verle y fue mejor de lo que esperaba. Su amado William, estaba esculpido por los mismos dioses. Era perfección pura.

Sus bocas se buscaban y ambos sabían que no podrían parar. Sus cuerpos exigían un acercamiento más profundo. William, le miró preguntando sin palabras y Candy, asintió en respuesta. Esa mirada verde esmeralda ordenaba que la tomara hoy, mañana y siempre...

William, se sentía el hombre más felíz del mundo. Sabía que había hecho mal robándole, pero no le importaba. Por ella iría al mismo infierno. Se han pertenecido desde siempre. William, le besaba con gran ternura mientras le desabotónaba el vestido. Moria por besar esa hermosa piel blanca y suave. Logró su cometido y admiró ese hermoso y esbelto cuerpo. William, se sentía morir de amor y pasión por Candy, que se le veía realmente hermosa. Candy, se encontraba con su lencería de bodas. Era un bello sostén y tanga de encaje blanco. William, sintió unos celos enormes al imaginar que si no hubiese impedido la boda. Para esta hora su amada sería de otro. Eso le hacía arder la sangre. Le besó con desesperación. Y le acariciaba con posesión. La marcaría como suya para siempre. Sería de él, solo de él...

Candy, sentía que su cuerpo respondía sin poner objeciones. Sería arcilla en esas manos de hombre que la tocaban con gran pasión y amor. No solo se sentía amada si no deseada.

Los deseos eran superiores... William y Candy, yacían desnudos recostados sobre esa pequeña cama. No les importaba las consecuencias de sus actos, no les importaba nadamás que el hoy, el ahora... Nadie podría impedir esto...

William, le besaba suave y delicado. Quería absorber de Candy todo su calor, toda su cercanía. Le acariciaba su hermoso rostro mientras le dejaba besos tiernos. Tomaba su boca una y otra vez. No sé saciaba, William acariciaba con gran tiento ese cuerpo de mujer que se estremecía al sentirse explorado. Para William, era un sueño tener entre sus brazos a la única mujer que le ponía el mundo de cabeza. Se preguntaba ¿cómo diablos se le había metido a su mente? A tal punto de que su corazón quiera estallar. William, besó su cuello y descendió hasta esos perfectos valles, los tomó con su boca, besándolos suave y despacio. William, quería sentir esa suavidad y los probaba como si fuesen el mejor manjar del mundo. Y en efecto le gustó su sabor y su textura haciéndose adicto a estos. Para William, ver a Candy desnuda había superado todas sus expectativas. Era más hermosa de lo que había imaginado. A partir de este momento sería su esclavo y jamás la dejaría ir de su lado. Se casaría con ella y formarían un hogar una familia. William, tomó su virginidad y se juraba a si mismo que sería la única mujer en su vida...

Final de Restrospectiva

– ¿William? ¿Qué haces con las luces apagadas? Ya es hora y ya llegó tu hermano Terry con Susana – dijo Candy, prendiendo las luces del despacho de su marido. William, se levantó de su sillón y fue directo a ella y la besó apasionado como siempre...


Continuará

...


Chicas les dejo la segunda parte de esta adaptación que estoy haciendo. Y sí, Terry terminó siendo hermano de William. Pero, los detalles lo sabrán en la tercera parte de esté pequeño fic. Espero que les esté gustando. Besos a todas.