PROLOGO
En un principio la Tierra era un lugar poco habitado, sus fértiles valles y sus profundos mares yacían poblados únicamente por precarias formas de vida. Los azules cielos eran surcados por hermosas aves que a su paso invadían el silencioso ambiente con sus gloriosos cantos.
Hasta que un buen día un dios bajo de su morada para contemplar aquellos pintorescos paisajes, entonces en ese momento su corazón se entristeció al darse cuenta de que se encontraba completamente solo. El silencio ensordecedor del que era presa a veces era roto por el chocar de las olas del mar contra las rocas de la orilla, otras veces el silencio era interrumpido por el canto de las hermosas aves que sobre su cabeza se posaban, sin embargo seguía sintiéndose en soledad. ¿De que servían aquellos profundos mares, si nadie los navegaría?, ¿De que servirían los bastos frutos que en los campos crecían si no había nadie para comerlos?
Entonces tuvo una maravillosa idea y acercándose al mar lo pobló con enigmáticas criaturas que eran semejantes a hermosas mujeres. El cielo lo habito con seres que en belleza podían ser comparados con dioses. Con su presencia la mortificante soledad que lo aquejaba había terminado.
En voto a su magnífica creación, aquellos seres de los cielos y aquellas criaturas de los mares habían jurado proteger los territorios a los que ese dios los había hecho acreedores. Sin embargo había un juramento al que jamas debían faltar y para cumplirlo, habían sido creados carentes de cualquier instinto primitivo. Sin embargo al pasar de los siglos fueron seducidos por una extraña fuerza que los hizo capaces de entregarse a los placeres de la carne y a mezclar sus clanes. Habían roto su pacto.
Finalmente la Tierra comenzó a poblarse con los descendientes de aquellas uniones, quienes fueron llamados hombres. Los nuevos habitantes pronto olvidaron su origen. La nueva civilización pronto habito sus hermosos valles y habiendo olvidado al dios que creo a sus predecesores un noble hombre fue llamado rey. Ese rey gobernaría sobre ellos y a su muerte su hijo vendría a gobernar en su lugar. Hasta que una terrible catástrofe se cernió sobre hombres y mujeres. Una terrible maldad consumió sus corazones puros haciendo que destruyeran cuanta hermosa creación había existido.
Entonces del cielo descendió una bruma envuelta en su fúnebre crespón, era Saturno quien termino por extinguir a cuanta criatura viviente aún se arrastraba. El hermoso sol se apagó y en consecuencia los cielos fueron cubiertos con oscuridad. Los mares se secaron y los fértiles valles ardieron bajo el fuego que su hoz causo. El fin de los tiempos había llegado.
Hasta que un buen día en las alturas el sol volvió a brillar devolviéndoles a los cielos su hermoso color azul. Los infértiles campos volvieron a tupirse con frondosos árboles que de noche daban cobijo a las aves que surcaban el éter. Las densas nubes dejaban caer abundantes lluvias que volvieron a llenar los espacios vacíos que alguna vez fueron llamados océanos y de nuevo, volvieron a ser habitados por hermosas criaturas semejantes a hermosas mujeres. Las alturas fueron habitadas por seres cuya hermosura podía ser comparada con la de los extintos dioses. Aquellas criaturas y aquellos seres eran incapaces de sentir amor o siquiera dolor. El ciclo de la vida había vuelto a iniciar. Y para que esos seres no volvieran a faltar a su juramento, la prohibición de reunirse y procrear una vez más se cernió sobre ellos. Hasta que de nuevo un desobediente transgredió esa ley y en consecuencia trajo la deshonra a su clan. La diferencia es que esta vez ni un hombre ni una mujer volvió a habitar la Tierra. Sus linajes se habían encargado de eliminar a aquel hermoso ser al que ellos llamaron una abominación...
Notas de autor:
Hola mis estimados lectores. Apenas he terminado una historia y hoy decidí publicar el prologo de lo que sera mi nueva historia. Esta toma lugar después de la destrucción del milenio de plata. El viernes les presento el primer capitulo de esta nueva aventura.
