- La persona que me gusta no me corresponde.
- Creo que te equivocas, Malon - dijo Anju intuyendo a quién se refería.
- Creo que tú te equivocas, Anju - dijo Malon exaltada- ¿no has visto cuánto le interesa la princesa? ¡La visita seguido y pasan mucho tiempo juntos! Ella es una diosa y yo...solo soy una chica de rancho...
- Tú y él tienen todo en común. Él siempre dice que cuando está en el rancho se siente como en casa, eso debe significar algo.
- Para ti es fácil decirlo, Kafei te ama y no hay ninguna duda, pero no sé lo que hay en el corazón de Link...
- Entonces pregúntale.
- ¿Qué? ¡Sería muy vergonzoso! Además, se sentiría tan incómodo que nunca volvería... No puedo hacer eso...
- Si no das un paso más allá nunca sabrás si en realidad te ama. Sabes que lo digo con todo el amor del mundo, eres mi mejor amiga, solo quiero verte feliz.
- Lo sé.
Esa tarde, Link pasó por el rancho cuando venía de regreso del castillo. Luego de saludar a todos fue a buscar a Epona al establo, y encontró a Malon cepillándola.
- Hola Malon, gracias por cuidar de Epona.
Ella, que se encontraba pensativa, reaccionó cuando escuchó la voz y volteó rápidamente dando un respingo.
- ¡Hola! ...saltamontes - dijo sonriendo dulcemente -
-Hace mucho que no me llamabas así - dijo gratamente sorprendido -
Luego de un momento de silencio ella se empezó a sentir triste de nuevo, así que sintió deseos de estar sola.
- Epona está lista, puedes llevártela - dijo ella extendiendo la cuerda hacia él -
- Malon, hay algo que quiero contarte - ella no dijo nada, solo lo miró fijamente -, me enlistaré en el ejército, eso significa que no podré venir tan seguido.
El peso de la noticia la golpeó como si fuera un martillo, y sus ojos se empezaron a humedecer.
- Perteneces allí, fui una necia al creer lo contrario - sin poder contenerse más salió corriendo dejando tras de sí un camino de finas lágrimas cristalinas.
- ¡Malon! - Link no quería irse y dejarla de esa forma, así que corrió tras ella.
Al escucharlo ella se detuvo en la entrada del establo y gritó:
- ¡No me sigas, déjame por favor! - estaba tan destrozada que ya no le importaba revelar lo que sentía en su corazón.
- Malon, estaré bien y vendré a visitarte, te traeré regalos de los reinos a los que vaya en las escaramuzas.
- No tienes que hacerlo - ella volteó y lo miró a los ojos-, solo quédate en el castillo...con la princesa - concluyó con lágrimas que no cesaban.
- Malon...no puedo imaginar un futuro sin ti. Quiero luchar por la paz en el mundo, pero también quiero venir aquí a escucharte cantar y cenar riendo con los chistes raros de Ingo.
Malon sonrió, se acercó, lo abrazó fuertemente, y fue correspondida.
