Aclaraciones:

*Sailor Moon no me pertenece, sino a la gran mangaka Naoko Takeuchi; y sus adaptaciones correspondientes al anime, corrieron a cargo de Toei Animation. Yo solo utilizo los personajes para crear narraciones que tal vez me hubiera gustado ver, o bien, que mi cabeza en algún momento ideó (solo por entretenimiento), dando lugar a posibles realidades alternas (por decirlo de algún modo).

*"Tarde" fue concebida como una serie de 4 historias únicas, pero que finalmente se extenderá a 3 capítulos por cada senshi inner, estando las mismas involucradas o relacionadas. Los hechos narran relatos alternativos, en el que solo existió el primer arco de Sailor Moon Crystal (la batalla contra el Negaverso, sin tener en cuenta los siguientes) donde todo se desarrolla en un futuro más avanzado, sin peleas, y donde se podrá disponer de personajes que aparecen cronológicamente en sagas posteriores de un modo libre, como así también quizás elementos de la serie de los 90, manga, y otros (pero la base, es la primera parte de Crystal).

*Advertencias: este fic contiene violencia y lenguaje verbal agresivo, como así también puede poseer contenido erótico o sugerente.

*Sin más que decir, los dejo con este 1 cap., esperando que sea de su agrado (los comentarios son bienvenidos, siempre que sean con respeto…. Y si algún lector seguía Revancha, que sepa que no hay un día que no me acuerde de ella; trataré de hacer algo al respecto, sé que en algún momento lo haré, pero lo que no quiero hacer es una promesa de tiempos que después no pueda cumplir…MIL DISCULPAS!)

TARDE

CAPITULO I: CEREZOS EN FLOR

Caminaba por los pasillos del hospital, una joven doctora; tras los cristales de sus gafas, con minuciosa atención estudiaba el informe de un paciente que habría de atender en los próximos días. Su cabello era largo hasta un poco por debajo de los hombros, formado por hebras azules que simulaban la profundidad del océano, y sus ojos, los atisbos de su alma, vibraban en la misma gama de color. Detuvo la marcha al concluir el manuscrito y dio un nuevo bocado al sándwich que llevaba en la mano derecha, para a continuación esbozar una sonrisa gentil: se sentía complacida. Complacida por los resultados alcanzados tras el largo tratamiento aplicado, como así también por ser portadora de buenas noticias, y no menos, satisfacción en cuanto a su notoria evolución profesional. Repentinamente otros pensamientos cruzaron por su mente, y entonces, con un movimiento de mano quedo a la vista el pequeño anillo, que decorado con una agua marina, adornaba su dedo anular izquierdo: "Richard….Richard, casamiento…Richard, casamiento, preparativos"… sus labios se curvaron de nuevo, con amabilidad y sencillez: Richard era su prometido, un antiguo compañero con el que habían compartido sentimientos en sus épocas de secundaria, sin embargo, por cuestiones laborales del padre de este, se vio obligado a marcharse dejando la historia entre ambos inconclusa. No obstante, en los reveces de la vida, durante su último año de la carrera de medicina se reencontraron, y dando cuenta de que eran compatibles, entablaron una relación formal. Fue tras un año y medio de noviazgo que decidieron dar el siguiente paso: se comprometieron. No fue una propuesta romántica en base a la sorpresa o el ingenio, sino más bien algo de mutuo acuerdo, una noche en la que abrazados en el sillón veían una comedia- romántica; ahí lo decidieron, no contraerían nupcias esta Primavera, sino la siguiente, y para sellar esta resolución, a los dos días él la sorprendió a la salida del trabajo…

Flash Back

Tras concluir su guardia nocturna, Ami emprendió el regreso a casa. Descendía las escaleras externas del nosocomio, cuando encontró a su novio parado en la vereda. El crudo invierno aún se hacía sentir, y más en aquellas horas tan tempranas de la mañana, hecho que denotaban las ropas abrigadas de ambos. Sorprendida a mitad de camino, pero conservando la calma, se detuvo; bajo la bufanda que ocultaba parte de su rostro, y preguntó algo extrañada y delicada a la vez:

-Richard… ¿Ha sucedido algo?- El muchacho con campera marrón, bufanda color crudo, y que hasta ese momento la había contemplado de forma mesurada, paso a hacerlo con cierta alegría; una alegría moderada e inocente propia de su personalidad, la misma que le daba un brillo tierno a su mirada. Hincó una rodilla llamando la atención tanto de ella como de algunos transeúntes; para después sacar un pequeño estuche azul en forma de corazón, y una vez abierto, dejar a la vista de los curiosos la preciosa joya. "Ami, permíteme hacer esto del modo correcto- sonrió con ganas- ¿Te casarías conmigo?". Ella estaba sorprendida, pese a la serenidad que mitigaba dicha reacción en su rostro. "Si", contestó finalmente en un dulce susurro, a la vez que sus pómulos se teñían de rosa, y escondía una vez más el rostro tras la bufanda, ante el aplauso victorioso de los pocos presentes, y la dicha reflejada en el semblante de su ahora futuro esposo.

Fin del Flash Back

Siendo honestos, no los unía la pasión, sino más bien un gran cariño, y también, una forma de actuar y pensar que los hacía pares. Por su parte, de sus amigas, fue Minako quién le planteó en reiteradas ocasiones si estaba segura del paso que iba a dar...

Flash Back

Los hielos tintinearon en el vaso de la rubia cuando ésta dio el último sorbo a su trago- No me mal entiendas… Richard me cae muy bien- sonrió con el brillo de una estrella- pero…- sus ojos se suavizaron, e hicieron un pequeño desvío en busca de las palabras que expresarían del mejor modo sus pensamientos, a la vez que con distracción asentaba el dedo índice sobre sus labios.

-No te preocupes- afirmó la peli-azul, mientras tomaba su vaso a medio beber entre las manos; esta afirmación hizo que su interlocutora la mirara de reojo- Es el hombre correcto… Mis sentimientos por Richard son cálidos y sinceros, no es algo que me haya pasado con anterioridad, salvo con…- la rubia abrió los ojos con expectación-….olvídalo- ante el puchero de su amiga, y para satisfacerla de algún modo, concluyó con una sonrisa displicente, pero aun así amable- fue otra vida.

-Ohhh… te refieres a…- cierta tristeza empañó los orbes azules de la diosa del amor- …así qué- miró hacia abajo y sonrió con amargura- no soy la única que ha revivido de modo palpable los recuerdos de esa antigua vida…?

Hubo un breve silencio que finalmente la peli-azul decidió romper en tono conciliador- Sí… y forman parte de nosotras, pero no de nuestro presente- Minako la enfrento con una sonrisa sinsabor- sin dudas fueron importantes, pero eso no significa que lo hubiesen sido en esta vida…

-¿Cómo saberlo? No tuvimos la oportunidad de encontrarnos con ellos, como Usagi y Mamoru…

-Quizás…- su dedo golpeaba con suavidad el cristal- quizás era el destino…. además, nuestras historias fueron más trágicas – llevo una mano hacia la barbilla en gesto pensativo- por mi parte no hay rencor, aunque no niego lo fuerte de la situación, pero racionalmente soy consciente de que no fue su culpa… y también que tendría poco sentido idealizar un amor que no pertenece a nuestro tiempo, donde además somos otras personas, debemos seguir…

La rubia río resignada entretanto levantaba una mano instándola a detenerse- Ok, ok, ok, entendí… jajaja- suspiró un poco más animada, o intentándolo- a veces… es que solo a veces tiendo a desvariar un poco, jajaj…pero es verdad, esta es nuestra vida, nuestro presente…nuestra oportunidad de ser felices- sonrió no del todo convencida, perdida en algún pensamiento, mientras acariciaba sutilmente el topacio que descansaba en su mano izquierda.

Ami asintió complaciente- Así es-

-Sin embargo, me alegro que el caso de los príncipes haya sido distinto- expresó con alegría, recibiendo por parte de su amiga, una respuesta con el mismo ánimo

-Estoy de acuerdo, y volviendo al tema inicial…Minako, tú estás bendecida por Afrodita, y por ello tu naturaleza es más ardiente, pero no todos somos así…- se expresó condescendiente

-Justamente por esa bendición soy más perceptiva en cuanto a los asuntos del corazón- aseguró con esa confianza tan propia de ella, que a veces contagiaba a sus amigas, o las echaba a temblar-… eres dulce y gentil Ami, no pretendo que seas de otro modo, solo que estés segura de que el hombre con el cual vas a compartir tu vida te de todo lo gratificante que tiene para dar el amor…. Richard me parece casi perfecto para ti, de hecho es perfecto con respecto a todo a hombre que pudiera pretenderte, es solo que… siento que les falta algo… pero eso no quita que pueda ser el indicado… más no quiero que esto sea una simple formalidad en tu vida…- concluyó en un hilo de voz

-Mina… está todo bien, estoy segura de mi decisión, no te preocupes- curvo los labios con suavidad, y su amiga le devolvió el gesto irradiando luz, como si Venus ya deslumbrara en el firmamento.

Fin del Flash Back

No mentía, Richard era el único hombre que había despertado sentimientos honestos en ella, a excepción de…de nuevo esa idea… hasta tal vez más intensos, pero…Dudo unos segundos, y si hubiese podido ver su rostro en aquel momento, hubiese podido contemplar como la confusión se reflejaba tanto en su mirada como en la mueca de sus labios.

-Buenos tardes Dra. Mizuno- saludo una enfermera al pasar a su lado

-Buenas tardes- respondió cordial, saliendo de su ensimismamiento. Al observar por donde aquella persona se retiraba, se distrajo con pequeñas siluetas que dibujaban patrones al otro lado de los vidrios, contra la luz del día. Sin ser realmente consciente, se acercó a una de las aberturas que si estaban abiertas… eran pétalos de cerezo, y danzaban con vaporosa elegancia en su descenso al suelo. Entonces, dio permiso a sus ojos de perderse en aquel paisaje teñido de rosa pastel-…. Zoisite- susurró con tono suave y contrariado… últimamente recuerdos de otra vida la visitaban en sueños: ternura a veces mezclada con dolor, también pasión, o algo difícil de definir, pero que anhelo y urgencia lo describirían bastante bien, aunque sin perder la sutileza y la ternura…. ¿Acaso su amiga se refería a sentimientos como los que lograba notar en las memorias escondidas de su alma?... Pero ella ya no era esa Sailor Mercury, es más, hoy por hoy era solo Ami Mizuno. Tras la victoria contra el Negaverso, tanto ella como su princesa y amigas podían llevar vidas ordinarias, y también, cumplir sus sueños personales…. Fue en aquella guerra donde fue consciente de su amor pasado… y la verdad es que lloró, y le dolió de forma punzante cuando los shitennou fueron eliminados por Metallia, por un lado, por la nostalgia residual de otros tiempos, y por el otro, porque ellos también merecían una nueva vida tras ser esclavos de la mala fortuna en dos ocasiones. Colocó el informe bajo el brazo derecho, para luego extender la mano en que pendía la joya de compromiso, un pétalo de cerezo acaricio su palma, tomando asiento en ella. Un recuerdo…

Flash Back

Su espalda golpeo secamente la superficie rugosa del árbol, en tanto, su boca era atrapada con voracidad; de fondo, la lluvia de cerezos impregnaba el aire de un dulce aroma, y los colores de un sueño. Quiso protestar, más el roce de aquel cuerpo masculino la estremecía y llenaba de pudor. Apoyó un tanto temblorosa las palmas en el pecho de aquel general, ejerciendo algo de presión para separarse, pero solo consiguió que se apretara aún más a ella. Con timidez, llevada por emociones que mezclaban placer y miedo, comenzó a responder a aquellos labios demandantes, y luego, con algo de dificultad, a aquella lengua que invadió su boca, haciéndola temblar. Colorada por la falta de aire, él se separó, dejando a pocos centímetros sus bocas, y entre ellas, la respiración entre cortada de ambos. Un tanto mareada elevo la mirada, no lo suficiente para toparse con sus ojos, pero si para apreciar parte de la cabellera dorada, la barbilla, y los labios que se curvaban en una maliciosa sonrisa, entretanto, su cuerpo femenino se agitaba en un intento de recomponer la compostura.

-No vuelvas a huir de mi Mercury- tomó su mentón, obligándola a que lo enfrentara. Sus ojos afilados como los de un gato se clavaron en los de ella; y sin poder evitarlo, se sintió incomoda y cohibida- Lo que te he dicho… mis sentimientos hacia ti…son sinceros- la sonrisa se volvió afable y complaciente, a la vez que con pasmosa suavidad y ternura le acariciaba el mentón.

-Esto…esto está mal- desvió la mirada apenada- No debemos…los príncipes no deberían, pero… no soportaría la infelicidad de Serenity- confesó con verdadero pesar, y del mismo modo, se volvió y continuó- al menos… nosotros no deberíamos- sonrió con suavidad, una sonrisa que no le llegaba a los ojos

El la observó con calma, con los labios y el rostro desprovistos de emoción, salvo... salvo por una pequeña inquietud que se traslucía en aquellos orbes verdes, bellos como los extensos prados de aquel planeta- Es verdad- afirmó luego de unos instantes, a lo cual ella solo pudo asentir de forma regia, pese al pequeño incaso que sintió en el pecho; si hubiese podido, hubiera llevado una mano al pecho para acariciar aquel dolor, un dolor desconocido que la había tomado por sorpresa- Aun así…- volvió a hablar el shitennou, sosteniendo con más firmeza su mentón, y del mismo modo, con más delicadeza-… al fin que sé que existe una mujer a la que puedo amar, una mujer a la que soy capaz de amar… quisiera no tener que renunciar a ella - iba a objetar, pero no pudo, se sintió desarmada cuando vio su mirada, una mirada cargada de pena y anhelo -no quiero renunciar a ti, Mercury – susurro contra su boca, esperando que le diera permiso de besarla una vez más. Indecisa, y algo avergonzada, solo asintió con un leve pestañeo, entonces, él la volvió a besar, ahora de un modo más tierno y amable, dando lugar a que cada uno experimentara el sabor del otro, y se perdieran en aquella sensación de deleite.

Fin del Flash Back

Una sutil brisa soplo, llevándose consigo a aquel trocito de memoria… Si, agri-dulce, esa era la sensación que ahora quedaba. Sacudió la cabeza; no, estaba dejando que su mente divagara más de lo correcto, y ella tenía cosas por hacer. Suspiro con entereza, y se encamino hacia el consultorio donde habría de cubrir el turno de un colega, quien por cuestiones personales, no podía asistir en el día de la fecha. Es cierto, quizás trabajaba más de la cuenta, y es que su amor por la profesión, sumado a su naturaleza gentil, la impulsaban a sacar de apuros a un compañero; insistió en que no tenía planes para aquel día, que por esta ocasión no le debía nada, sin embargo, su colega insistió en saldar el favor, devolviendo las horas cuando ella lo quisiera o necesitara, o bien mejor, cerca de la fecha de sus nupcias con Richard, tal vez pudiendo constituirle una gran ayuda. Pese a que faltaba demasiado, tras reflexionarlo detenidamente, admitió que sería una grata colaboración en los momentos previos a un hecho tan importante de su vida personal, que sin dudas estarían llenos de pendientes por resolver, por lo cual terminó aceptando.

-Buenos tardes Dra. Mizuno- saludo coqueta una joven mujer albina, que desempeñaba de secretaria, tanto de ella como de otros médicos en el área de medicina clínica general

-Buenas tardes señorita Burakku Mun - devolvió el saludo de forma cortés

-Aquí tiene la lista de pacientes que el doctor Sonozuke debía atender hoy- le extendió el papel- mediante el sistema, podrá ver en el ordenador las historias clínicas, y también le iré anunciando la llegado de los mismos…. Ohh, por cierto, un paciente del doctor llegó, y le di un sobre turno, no hay inconveniente, ¿verdad?

-Claro que no. Ya habíamos acordado con el doctor que de presentarse un paciente con una causa justificada, y sin turno previo, con gusto lo atendería- miro la sala vacía, y luego de reojo a las puertas- ¿Se encuentra adentro?

- Si, en su consultorio, pensé que sería más cómodo para usted trabajar allí- la peli azul asintió conforme- además, el primer paciente aún no llega, y me pareció que podríamos ganar algo de tiempo

-Siempre tan eficiente- la doctora celebró el desempeño de su compañera, entretanto esta se ruborizaba levemente- ¿Cuál es el motivo de la consulta?

-Un fuerte resfriado…quien sabe, quizá el cambio de tiempo

-Tal vez- pero Ami noto como Rumi quedaba pendiente de la puerta que estaba a punto de abrir- ¿Qué sucede?

La aludida se sonrojó con violencia, aunque sin perder el aire vanidoso- No…na-nada

-¿Segura?- levanto una ceja confundida

La secretaria miro hacia todos los lados, tras comprobar que no había moros en la costa, se inclinó en tono confidente, resguardando parte su boca con una mano, mientras la otra, jugaba de forma coqueta con el mechón en el que terminaba su trenza, y afirmó:- es muy, muy guapo… parece un ángel

Ami se sintió extrañada por aquella confesión, y tardó unos momentos en reaccionar, más luego sonrió con indulgencia, y apunto estaba de abrir la puerta del consultorio cuando fue advertida:

-Pero no un ángel cualquiera…sino un ángel caído- sentenció en un susurro precavido.

Por su parte, la peli azul quiso indagar al respecto, ya que si antes se sintió extrañada, ahora algo más con el aire sombrío con el que su secretaria había terminado de hablar. Sin embargo, no tuvo oportunidad; en ese momento llegaba Satsuki, hermana menor de Rumi, una muchacha de cabello purpura, que tras terminar su turno en otro sector de nosocomio, venía a despedirse de su hermana. Decidiendo que lo mejor era continuar con sus actividades, saludo con gentileza, y se dispuso a entrar. Una vez dentro se encontró con el paciente en cuestión sentado frente a su escritorio, con lo cual solo llegaba a apreciar su larga cabellera recogida en una cola de caballo… una cabellera del color del trigo, trigo iluminado por el sol… sacudió la cabeza en negación un instante, no era hora de soñar, de hecho, ella no era de las que generalmente soñaban despiertas, o mejor dicho, casi nunca, o nunca, pero en ese último tiempo entraba a desconocerse de por momentos, y es que ese cabello…. Se cortó secamente a sí misma, mientras rodeaba la sala para llegar a su asiento- Buen día, soy la Dra. Mizuno- tomó asiento, a la vez que leía el nombre del paciente agregado a la lista- usted debe ser el señor Matsukaze Masaya, ¿Verdad?- dirigió por primera vez la mirada hacia aquel con una sonrisa afable, la cual gradualmente se suavizo hasta ser tenue y formal; sus orbes azules, incrédulos, lo contemplaban. ¿Cuáles eran las posibilidades lógicas de que fuera "él"? Su mente racional le instaba que muy pocas, después de todo, ellos habían muerto… un recuerdo aciago amenazaba con hacerse presente, ¿pero porque? Tal vez porque ellos les importaron mucho más de lo que estuvieron o estaban dispuestas a reconocer (al menos, la mayor parte de ellas)…. ¿Reencarnación? No siempre un alma reencarnada tiene la misma apariencia que en sus vidas pasadas, claro que en el caso de ella y sus amigas… ¿O un Familiar? una posible hipótesis más; y su mente acelerada hubiese seguido formulando otras tantas, si no fue que noto los ojos de aquel hombre fijos en ella: pese al brillo particular que les daba su presunto resfrío, eran incisivos. Aún con todos los interrogantes planteados, no había transcurrido siquiera un minuto de aquel silencio que invitaba a que cualquiera de los dos lo interrumpiera; entre abrió los labios para decir algo, y entonces él curvo los labios en una media sonrisa, una media sonrisa de desdén y malicia. "Un ángel caído", esa descripción tenía sentido; se percibía en él una personalidad peligrosa, no como los monstruos que enfrentó en el pasado, o al mismo shitennou que era un siervo del Negaverso, sino al peligroso que pueden percibir las mujeres en ciertos varones, el de un depredador. Tragó levemente manteniendo la compostura, más un involuntario rubor se acentuó en sus mejillas.

-Un gusto Dra. Mizuno- saludo con la voz algo tomada, y en apariencia, también divertida. Ami, incomoda y confusa, hizo acopio de su autocontrol, además de la congruencia que la caracterizaba. Acto seguido, inquirió sobre el motivo de la consulta, a lo cual el sujeto paso a enumerar los síntomas que presentaba. Estos habían comenzado a manifestarse tras una fiesta, en la cual después ciertas bromas con unas "amigas" (la peli-azul frunció el cejo ante tantos detalles), había caído con sus ropas puestas en la pileta, sin la oportunidad de cambiarse hasta haber vuelto a su hogar. Cierto es que la Primavera había dado inicio hace muy poco, y las noches aún eran frescas, así que por lo sucedido y las características que presentaba, todo apuntaba a un resfriado común que se había acentuado por la falta de cuidados pertinentes. A fin de descartar una gripe, o una enfermedad respiratoria más compleja, le solicito con un gesto de la mano que tomara asiento en la camilla. El termómetro indicó la ausencia de fiebre, algo a favor. Al momento de revisar su garganta, le pidió que abriera grande la boca y sacara la lengua, mientras ella usaba una pequeña paleta para inmovilizarla, y apuntaba con una pequeña linterna; no obstante, el rubio, siempre actuando con un deje de indiferencia, abrió la boca con lentitud, y al sacar su lengua, lo hizo de tal modo, que pareció más un acto impúdico (aunque no explícito); Ami casi retrocede hacia atrás. Una vez corroborado la falta de placas, y con las mejillas enrojecidas, se dispuso a realizar la auscultación. En un principio vio truncado su accionar, ya que la camisa del joven estaba muy ceñida en la parte superior, y a su pesar (ya lo era bastante tener que deslizar la mano contra aquel cuerpo) debió solicitarle que se retirara la prenda. En la mente acelerada de la muchacha se cortejaban varias funciones casi en simultaneo: principalmente, la objetividad de su labor; en segunda instancia, la deducción de posibilidades hacia aquel individuo; y por último, la consciencia de que aunque se mantuviera calma, su rostro aumentaba tímidamente un nuevo tono de rojo a cada instante, al igual que aumentaba la agitación de su noble corazón. Ausculto en zonas determinadas dé la espalda, a la vez que le instaba a inspirar, o espirar; luego procedió a realizar lo mismo sobre su pecho, entretanto esquivaba, acertada o no, aquellos penetrantes ojos, que daban la sensación de estar estudiándola. Censuraba su mente que por algún motivo reparaba en detalles que no eran oportunos: como el delicioso aroma que brotaba de aquella piel, fresco y varonil; la tonicidad de sus músculos, no exageradamente formados, pero pese a su contextura delgada, firmes y apetecibles…. ¿Apetecibles? su boca hizo una pequeña mueca de disgusto casi imperceptible. Las memorias pasadas que se le presentaban en sueños (y para re-matar, la presencia de este hombre que se le parecía), la influencia de Mina (aparentemente un trabajo de hormiga, lento pero efectivo), más los preparativos de la boda, estaban haciendo de sus nervios un coctel estresante. Retiro el estetoscopio, lo dejo a un lado, y al volverse al paciente quiso hablarle, sin embargo, enmudeció. Acostumbrada a acompañar las palabras con gestos, había elevado su mano izquierda, y esta repentinamente fue tomada por aquel extraño; era un agarre fuerte, pero suave a la vez. Su mirada color zafiro estaba pendiente de las manos levemente unidas, próximas al calor de aquel cuerpo masculino. Luego de unos breves instantes, le envolvió su sostén con más delicadeza, y los dedos acariciaron con predilección aquel en el que ella llevaba la joya, tocando y moviendo esta con palpable interés. Tranquila (o desconcertada?), con los pómulos nuevamente coloreados de rosa, lo miro dudosa. Examinaba embebido la gema, y esta, como en un espejo, se reflejaba en sus bellos ojos verdes. Después noto algo tenue, como su mirada se estrechaba apenas en desagrado, para después teñirse de algo que se asemejaba a la tristeza y la resignación. Para su asombro, los ojos de ambos se encontraron, y no pudo evitar sentirse cohibida por el brillo intenso presente en los de él.

-Hace juego con sus ojos- soltó con sutiliza el agarre, sin dejar de sostenerle la mirada- es una hermosa elección… disculpe mi atrevimiento – aún con la voz tomada, se excusó de una forma que en nada parecía sincera, sino más bien altiva.

Ella miró la sortija.- Gracias- pudo musitar, antes de volver a encararlo- No tiene de que preocuparse… es solo un resfrío normal, con los cuidados necesarios pronto mejorará.- se mostró correcta y agradable, entretanto él parecía ser distante.

Una vez más, se sentaron en aquellos asientos que ocuparon al comenzar la consulta. La joven doctora prescribió por escrito las instrucciones que debía de seguir para su mejoría. Estaba en ello cuando un pensamiento cruzo por su mente; retiro un mechón de cabello detrás de la oreja, y agregó con cortesía- Deberá decirle a sus amigas que sean más cuidadosas, y usted también; aún no tenemos un clima tan cálido para esos "juegos"- lo dijo ensimismada, solo cuando se encontró con el rostro sorprendido, aunque relajado de aquel hombre, fue consciente de sus palabras; mas allá de la formalidad de estas, no dejaron de sonar como la acotación de una novia celosa. Pudo notar en sus ojos una chispa de diversión, diversión que quedo reprimida en una comisura. La dulce cara de Ami se tiño de bordo, a la vez que la vergüenza la llevaba a desviar la mirada y ocultar los labios tras una mano- Lo-lo siento…no-no fue mi intención dar una impresión… errónea – concluyó, aunque siendo honestos, dudaba de sus propias palabras.

-No se preocupe- aseguro el rubio con una pequeña risilla, que a oídos de ella sonó por igual, molesta y deliciosa. Abochornada por el desliz, se dirigió nuevamente a él, quien la observaba entre arrogante y condescendiente- Sin embargo, si tuviera una novia tan encantadora como usted, no le permitiría tener dudas sobre mí – su boca se curvó en una mueca ladina-ya me habría encargado de saciar sus dudas en "todas" las formas necesarias- la peli-azul sintió un vuelco en el corazón, y algo más… ¿Deseo? Junto con disimulo y fuerzas sus piernas, como si de ese modo pudiera reprimir la respuesta que había tenido en ella esas palabras. Esta no era ella, se sentía confusa, ¿Qué le sucedía? No era así. Ese extraño debió notar algo en sus ojos, capaz su mortificación, ya que suavizando el semblante añadió:- Disculpe, la debo haber incomodado- por inercia uno hubiera esperado que señalara que no era su intensión, pero al contrario, dejo un silencio expectante, para luego concluir amable, y algo más que no llegaba a descifrar- Además, llegué tarde- los ojos se le oscurecieron sombríamente, primero de un modo peligroso al observar la sortija, y luego, con aflicción al mirarla a ella con una sonrisa resignada

Ami desconcertada pregunto- Señor Matsukaze… ¿Nos conocemos?

-Creo que es la primera vez que nos vemos- respondió amable, aunque indiferente

-Disculpe- se excusó ella

-O de cierto modo quien sabe... tal vez en otra vida- acotó el rubio con semblante ausente. Se sostuvieran con quietud la mirada del otro, y el aire suspendido entre ellos, parecía una océano de palabras que no eran capaz de tomar forma y articularse. – Bueno, muchas gracias por su atención doctora Mizuno- expresó con una sonrisa sincera y segura de sí mismo, al tiempo que se ponía de pie. La peli-azul hizo lo mismo haciendo entrega de la orden médica, deseándole una pronta recuperación, e instándole que ante cualquier desmejora no dudara en volver. El joven le extendió la mano en un estrecho formal que ella aceptó, una vez terminado el saludo se dirigió a la puerta, pero antes de abrirla se volvió y le dijo algo, algo que entendía pero que su cerebro no lograba clarificar, ya que su mente, y tal vez corazón, quedaron prendado dell cálido brillo con el cual sus orbes verdes acompañaban las palabras. Finalmente él cerro los ojos un segundo, y tras abrirlos, le dedicó una sonrisa agridulce- Adiós- sin titubeos se marchó, dejando sola a la joven doctora.

Ami tardo un poco en reaccionar, hasta que pudo hilar el elogio que él le manifestó, y al que lamentablemente no pudo reaccionar en el momento: "Por cierto, la cabellera larga le queda muy bien… pero no puedo evitar sentir nostalgia por tu cabello corto, personalmente creo que te queda aún mejor…. Adiós"- Ella dio un paso con dificultad, luego otro, como si su cuerpo hubiera estado agarrotado. Salió del consultorio, oteando seriamente alrededor, solo para encontrar a dos pacientes que esperaban sentados en la sala de espera.

-¿Está todo bien?- pregunto Rumi extrañada

- Si- musitó la peli azul- yo… yo ya vuelvo- avisó sin girar a verla, mientras salía a paso apresurado.

-Dra. Mizuno…- se levantó de su lugar algo preocupada por el comportamiento de aquella mujer, que pese a conservar la compostura, actuaba de modo singular- ¿Qué le sucederá?- con gesto inocente llevó la mano a su boca, entretanto sus ojos se mostraban levemente asombrados. Atisbo a los pacientes que esperaban, estos leían unas revistas, y parecían no haber notado nada, así que decidió confiar en la joven doctora, y esperar su regreso con calma.

A todo esto, Ami pasó del paso rápido a correr. "Es él". Quizá era el combo de emociones que experimentaba últimamente lo que la impulsaba a buscarlo. Ella lo conoció en esta vida como enemigo, no había nada entre ellos, solo el viejo recuerdo de otra era. No podía tener sentimientos por quien no conocía… ¿Sentimientos? No, claro que no. Se detuvo a metros de la puerta del nosocomio. Su corazón…no, su mente, le estaba jugando malas pasadas. Comenzó a avanzar con gesto sobrio hacia las puertas de vidrio, las cuales se abrieron para darle paso al exterior. Una vez fuera, no lo vio por ningún lado, solo la belleza de los cerezos coloreando el paisaje. Sonrió con mesura. Se alegraba, se alegraba de que él tuviera una nueva oportunidad, por quien fue alguna vez es lo menos que podía desearle. Miro su sortija. Supuso que tal vez verla también le generó una mezcla de emociones encontradas, por el eco de un amor antiguo, y sus diversos enfrentamientos. Pero se había marchado, y era mejor así, dejar el pasado justamente en el pasado, cada uno tenía una nueva vida, no debían dejarse abrumar por inseguridades que nada tenían que ver con sus presentes. Igual, ella esperaba que sus heridas hubieran podido sanar, si algunas aun lo atormentaban; y si un día volvían a encontrarse…quizá podrían hablar con sinceridad y calma, llegar a ser buenos conocidos; después de todo, ella no le guardaba rencor, era lo suficiente sensata como para saber cómo debían ser las cosas. Decidiendo que el asunto ya no merecía más vueltas (tal vez si contárselo a sus amigas, o al menos la sospecha, sobre todo a su princesa debido a Mamoru), se irguió con confianza, a la vez que respiraba con seguridad, y tras dar media vuelta, volvió a ingresar al hospital con pasos seguros, para continuar con convicción la que vida que había formado y escogido.

No obstante, no lejos de allí, apoyando la espalda contra un cerezo que le servía de escondite, el ex general la oteaba con atención. Sus labios dibujaron una sonrisa, una de esas sonrisas al paso. Ella había salido a encontrarlo, pero como era de esperar, su lado racional gano la pulseada. Su pequeña Mercury…cierto es que estaban en una edad más madura, pero ella siempre sería, tal vez por su altura más baja, su pequeña Mercury, una muchacha a lo que solo deseaba abrazar y proteger. Había variaciones con respectos a sus otras vidas, y sin embargo, era capaz de percibir como aún era esa mezcla dulce de inocencia y raciocinio que tanto se le antojaba. Pero ahora… ahora estaba comprometida. Su boca se torció con disgusto. Si tan solo hubiera llegado antes… porque si, podrían ser otros en esta vida, pero las esencias eran las mismas, y estaba seguro que en otras circunstancias, las cosas entre ellos podrían haberse dado una vez más, porque eso pasa cuando te enamoras de un alma, ese amor trasciende el tiempo. Aunque siendo sinceros, era algo contradictorio: una parte, una parte muy oculta y verdadera, la que ahora dejaba aflorar, es la que anhelaba volver a estar con ella; pero la otra, la que lo torturaba con razones, es la que había decidido no buscarla, después de todo, él la había traicionado en el pasado, y en esta nueva existencia, volvió a ser un vil enemigo. Miro su mano derecha con repugnancia, en tanto la llevaba, con dedos entre abiertos, al contacto de su rostro desfigurado por el desprecio. Él fue su ejecutor en la era del Milenio de Plata, podía recordar todo lo acontecido con un realismo aterrador:

Con sarna retorció la espada en el abdomen de la joven guerrera, mientras un grito ahogado y agónico escapaba de ella. Todavía ensartada y pálida por la pérdida abundante de sangre, la apoyó dentro de lo que se pudo contra un muro, y empapó sus dedos con el bermellón que teñía el vientre de la muchacha, para luego degustarlo con mirada lasciva ante la mirada espantada de ella. La deseaba, si, y la odiaba por igual, más ahora que su príncipe había muerto. Retiró con rudeza el arma, y la acción fue acompañada por un quejido convaleciente. Antes de que pudiera caer al suelo, la atrapó y acorraló contra el muro, e inmediatamente, pese a su vanos intentos de defenderse, se coló entre sus piernas para que pudiera sentir su excitación, una excitación que lamentablemente no podría saciar ya que la vida senshi pendía de un hilo, pero ¿Por qué no un último beso? Ciño su mano como una garra al delicado rostro de la peli-azul, lo obligó a mirarlo, y pudo de ver en el infinito azul de su mirada, con lágrimas apenas contenidas, el odio, la tristeza, y la impotencia. Eso solo logró inflamar más su crueldad, y atrapó la boca de ella con crudeza, mientras sentía como el cálido líquido de vida que drenaba aquel pequeño cuerpo, también lo manchaba. El sabor de esa boca, mezclado con el metálico de la sangre de su dueña, era delicioso, tan delicioso, y más teniendo en cuenta la negación de ella, que solo llevo a que profundizara más la unión entre ambos. La amaba, la amaba demasiado, de hecho, en su vida ninguna otra mujer había calado tanto bajo su piel… y la iba a extrañar, pero tanto ella, como las zorras de sus compañeras, y principalmente su princesa, merecían morir; era una lástima que la muy cobarde heredera del reino lunar se hubiera suicidado, no tendría la oportunidad de cortarle el cuello… pero quizás a él y a sus camaradas se les ocurriera hacer algo creativo con sus restos una vez que esto terminara. No podía haber perdón, menos misericordia, ellas los engañaron, los usaron, sobre todo a su maestro… una honda pena afloro en su pecho, y como leña al fuego, alimentó su ira, llevándolo a morder la frágil boca de la que se servía sin contemplaciones. Fue entonces que algo sucedió: algo tibio toco su rostro, y como si emergiera de las tinieblas de una pesadilla, fue brutalmente consciente de todo. Eran lágrimas, lágrimas de tristeza de ella, ¿Qué le había hecho? Separó con suavidad sus labios, y estrecho con infinita dulzura aquel cuerpo moribundo, mientras caía de rodillas al suelo, tratando de controlar el temblequeo nervioso de sus manos, el cual acompañaba su rostro desencajado y lleno de remordimiento. Es como si todo ese tiempo hubiera visto los sucesos desde lejos, como un macabro sueño, pero que no terminaba de llegar a él. Su maestro, maldita sea, su maestro había muerto, y era culpa de ellos, por no haber sido fuertes, por haber dudado, por dejar que esa pérfida de Beryl se saliera con la suya, y que aquella fuerza monstruosa los controlara. Más después, enfrentó al amor de su vida; pese a la batalla iba pareja, ella no tenía tanto dominio de la lucha como él, que en una guerra incluso podía ser cruel, y entonces, acertó el golpe de gracia….y no obstante, siguió atormentándola, regocijándose en su dolor, era un monstruo…

-Perdón Mercury- su voz quebrada, mientras acunaba a la senshi en su pecho- Perdóname por favor... Aunque no lo merezca, aunque la muerte no sea suficiente castigo para mí…- se sentía perdido, miserable, un cadáver maldito en vida

-Zoisite- apenas un susurro, cuando una mano casi sin fuerza acarició su mejilla. Miro hacia abajo, ella que ya había perdido casi todo el color de la vida, lo miraba con ternura y pesar- Eres tú…- El solo pudo sonreír afligido, mientras sus propias lágrimas se derramaban silenciosas; ambos perdiéndose en las ventanas del alma del otro por unos instantes, hasta que algo siniestro comenzó a carcomer una vez más el espíritu del general- Tus… tus ojos… - la senshi hablaba con dificultad- vuelven a teñirse de sangre- una pequeña gota perlada se deslizó por la mejilla de ella, junto a las palabras aciagas.

-Volveré a ser un títere- sentenció el rubio con desprecio- esta energía maligna me consume, no puedo liberarme de ella- le costaba mantener el control, y al ver como ella lo veía con terror y compasión, le suplicó- sé que estás al límite de tus fuerzas, pero por favor, por favor Mercury, ayúdame… por favor- le beso la mano con desespero-… por favor, ayúdame- en la voz y rostro del general se palpaba una lucha descarnada por el control - por favor, por favor, POR FAVOR!- la senshi lo contemplaba con piedad

-Zoisite... acércate- musitó débilmente. Él obedeció, y su rostro fue tomado entre las pequeñas manos de ella- Yo…- con un inmenso esfuerzo le sonrió dulcemente-… te perdono- lo acercó, tocando sus labios con los propios, poniendo toda su voluntad en liberarlo. Comenzó como un cosquilleo, y después se propagó por su cuerpo como una corriente helada, embriagadora, que sumía en un sueño frío de muerte su vida y cualquier cosa oscura que hubiera en el… era el último beso de ambos; capaz ella pudo ver por un instante el agradecimiento sincero de sus ojos… era libre… y sabía que ella también lo sería en unos instantes en cuanto a su dolor… quizá, tal vez en otra existencia pudiera reencontrarse con sus camaradas, volver a servir a su gran maestro, y tal vez, aunque no fuera digno, volver a amarla una vez más.

Zoisite dejo de mirar entre sus dedos, hacia la nada, e irguió la cabeza volviéndose una vez más consciente del mundo que lo rodeaba. Su rostro se tornó frío e inexpresivo, aunque con un deje de altivez. Ellos lo sabían, hace tiempo lo sabían, que era inevitable que sus caminos se cruzaron con los de ellas, con el de su maestro. Bajo la forma espiritual velaron por Endymion, más al recuperar sus formas físicas, los avasalló la culpa, el pesar y el remordimiento, decidiendo sin muchas palabras de por medio, no buscarlo, y de modo tácito, no buscarlas a ellas. Y no, no hablaban de las guerreras o de sus sentimientos, salvo quizás una mención al paso, pero igualmente percibían lo que les pasaba a los otros, porque aunque cada uno fuera a su manera, a todos les ocurría algo similar. Una ansiedad constante habitaba en sus estómagos, la del momento en que tendrían que enfrentar a quienes más deseaban ver, y del mismo, jamás volver a encontrar. Cuando recuperaron sus cuerpos, en una edad correspondiente a la que ya debían tener para aquel entonces, también lo hicieron gradualmente con aquellos recuerdos que pertenecían a sus vidas mortales antes de ser reclutados por la arpía de Beryl, y como si el destino confabulara en ello, también los de sus épocas oscuras, los de sus otras existencias (estos algo más confusos, y aun así bastante claros) y los posteriores a sus muertes. En guarda de su señor, conocieron mejor la identidad de las guerreras, quedando sus nombres de civiles guardados en alguna parte de sus esencias como una especie de eco lejano. Se llevó una sorpresa al asistir al nosocomio a solicitar una consulta con su médico de cabecera (al cuál rara vez visitaba) y enterarse que en el día de la fecha seria reemplazado por la doctora Mizuno Ami, un nombre que zumbaba de una época inmaterial y borrosa de su ser. Su primera reacción fue salir de aquel lugar molesto sin razón alguna (más que por el azar), pero no, no lo hizo, no porque no pudiera, sino por estaba tentado a verla. A veces sabemos que algo quizás no es lo mejor, y sin embargo, no podemos dejar de desearlo de un modo febril, de arrojarnos a ello en un acto voluntario y suicida…. Entonces la vio, y lo supo, podrían volver a enamorarse, porque de alguna forma ya lo hacían, un sentimiento trascendental los acompañaba a través del tiempo, de las vidas…. O es lo que anhelaba en secreto rozando lo enfermizo (mordió su labio inferior con disgusto), pero no, esa odiosa joya en la pequeña mano lo instó a contemplar las posibilidades: ella podía enamorarse de alguien más, alguien que fuera digno, y esa última palabra le recordó dolorosamente que era mejor dejar todo como estaba, seguir cada uno su camino…. No obstante, no pudo evitar decirle lo último que le dijo, hacerle saber que era él…

-Achís!- estornudo de imprevisto, sorbiendo un poco por la nariz. Era mejor volver a casa, descansar… realmente lo necesitaba en varios aspectos. Además, para bien o mal tendría que hablar con sus compañeros de todo lo sucedido, y probablemente, soportar a alguno de ellos. Sin embargo, antes de marcharse observó con detenimiento por última vez los cerezos, y susurró para sí mismo con molestia: "Sin dudas, odio llegar tarde".

Nota de Autor:

*Burakku Mun: Luna Negra en japonés

*La secretaria de Ami es Berjerite, que lleva el Nombre de Rumi, al ser Kasahara Rumi su seiyu en Sailor Moon Crystal; y su hermana es Cooan, Satsuki por ser interpretada en el mismo trabajo por Yukino Satsuki. (Lo mismo ocurre con Zoisite, escogiendo para su identidad civil a Matsukaze Masaya).

*Los cerezos en flor son una clara referencia a Zoisite de la serie de los 90. También se incorpora de esta serie, al personaje de Richard (Ryo Urawa, pero que para mí siempre será Richard :))

*Ya concluyendo, espero les haya gustado, y sepan disculpar mis errores y horrores, debo seguir trabajando en ellos (fuera de que estoy algo oxidada jajá). Buena semana, y espero pronto podamos leernos. Nos vemos!