Capítulo 14

HoHoHo

Bella giró la cabeza al oír el ruido, y se quedó boquiabierta al ver a Edward tendido boca arriba, como si se le hubieran disuelto los huesos de las rodillas.

–¿Edward? –preguntó con incredulidad.

Él no se movió. Permaneció allí tumbado con los ojos cerrados y la respiración entrecortada.

–¿Sí?

Ella estaba allí a solas, pensando en su vida y atisbando la luna cuando se asomaba detrás de las nubes en medio del cielo negro de la medianoche. La luz de la luna volvía extraño el mundo; les robaba el color a las cosas, y todo se convertía en un montón de sombras y de formas plateadas. Tal vez se hubiera dado un golpe en la cabeza al salir por la ventana del baño.

Qué pánico tan tonto.

Sin embargo, ella casi nunca pensaba con claridad cuando estaba sometida a un gran estrés. Y parecía que, en aquel momento, no era la única.

Por fin, Edward volvió a hablar.

–¿Qué demonios?

–¿Qué demonios qué?

–¿Qué demonios estamos haciendo en la azotea?

–Yo subo hasta aquí cuando quiero estar sola. So-la –dijo, enfatizando la palabra. Entonces, se percató de que él tenía el rostro cubierto de sudor y de que respiraba irregularmente–. ¿Acaso tienes miedo a las alturas?

–No –dijo él, sin moverse ni un centímetro.

–¿Seguro?

–No, no tengo miedo a las alturas –repitió él–. Les tengo terror.

Aquello le arrancó una carcajada a Bella. Olvidó por un momento sus problemas y se inclinó sobre el cuerpo largo, duro y fuerte de Edward, el cuerpo con el que soñaba por las noches.

–Y, de todos modos, ¿has subido hasta aquí para salvarme?

–En este momento, el que necesita que lo salven soy yo. Estoy seguro de que voy a morir por falta de oxígeno.

–No te preocupes. Sé hacer la reanimación cardiorrespiratoria. Él siguió con los ojos cerrados, pero sonrió.

–Me estás tomando el pelo. Y te haría pagarlo caro, pero no puedo, porque, en serio, me estoy muriendo.

Edward sintió y oyó cómo ella se reía de él, porque Bella lo besó en la comisura de los labios mientras la carcajada salía de su boca.

–Toma el oxígeno de mí –susurró ella–. Cuando te enfrentas a tus peores miedos, lo que necesitas es concentrarte en otra cosa.

Y, entonces, le besó la otra comisura.

A él le gustaba la dirección que estaba tomando todo aquello.

–Como una distracción, por ejemplo –dijo.

–Exacto.

Edward abrió los ojos.

–Me gusta eso –dijo. Sabía que era una lógica un poco endeble, pero no podía concentrarse con todas las ideas sobre cómo podían distraerse el uno al otro que surgieron en su cabeza–. Puede que ya haya muerto y haya ido al cielo.

Ella alzó la cabeza con una sonrisa.

–¿Tú crees que esto es el cielo?

–Me estás acariciando y besando –respondió él–. Así que, sí, creo que esto es el cielo.

Él notó el roce de su pelo en la cara y, después, ella le mordisqueó el lóbulo de la oreja y le arrancó un gruñido. El dilema era si permitir que continuara, o detenerla antes de que ocurriera algo que ella no tenía decidido… Sin embargo, antes de que él pudiera tomar una decisión, ella lo besó de nuevo en los labios y deslizó las manos bajo su camisa, y extendió los dedos sobre su piel.

–Eres duro –susurró contra sus labios–. Por todas partes. Cierto.

Bella siguió ascendiendo por su torso, y le acarició los pezones un segundo antes de comenzar a descender. A Edward se le cortó la respiración.

Entonces, ella se movió, y a él se le aceleró el corazón al ver que ella se sentaba a horcajadas sobre su cuerpo.

–Bella –dijo. Pero ella le estaba besando la garganta, y a él le estaba costando tomar aire. Agarró puñados de su pelo y le subió la cara para poder mirarla a los ojos.

–Bella…

–Sí, es mi nombre –dijo ella, y le mordió el labio inferior. Tiró suavemente, para que él, sin poder evitarlo, moviera las caderas hacia arriba contra las suyas.

Dios Santo. Edward se incorporó y se sentó, y la agarró por las caderas.

–¿Qué estamos haciendo?

–Oh, perdona. Creía que lo sabías –respondió ella. Le tomó las manos y se las colocó en sus pechos–. ¿Alguna otra pregunta?

Ella le llenaba las palmas a la perfección, y él notó los pezones a través de las capas de ropa. Sí, claramente, estaba en el cielo.

–Ahora ya sí que estoy lista –le dijo Bella, suavemente.

Aquello captó por completo la atención de Edward, que la miró a los ojos. Por primera vez, vio su expresión con nitidez, y se dio cuenta de que estaba llena de deseo, necesidad e ira, una ira contenida.

Bella quería calmar aquella ira. Quería hacerlo con él. Y él estaba dispuesto a ello. Más que dispuesto. Ella lo necesitaba, y él la necesitaba a ella.

–Ven aquí –le dijo Edward, y siguió acariciándole el pecho. Le rozó los pezones con los dedos pulgares, y a ella se le escapó un jadeo.

–Más –exigió Bella.

–Estamos al aire libre, Bella, en la azotea. Puede aparecer cualquiera…

–No –dijo ella contra sus labios–. La escalera de incendios tiene casi cien años. No la usa nadie, solo los chicos y yo, y los demás están todos en el pub.

–¿Quieres decir que podría haber muerto en esa cosa? ¿Es eso lo que me estás diciendo?

–¿No te acuerdas de que estás en el cielo? –le preguntó Bella, mientras le desabotonaba el pantalón.

Él estaba perdiendo la capacidad de pensar, rápidamente.

–¿Y si sube alguien por la escalera interior? –preguntó.

Ella le abrió el pantalón y apartó el calzoncillo, y le rodeó con los dedos. A él se le llenaron los ojos de lujuria.

–Esas escaleras hacen muchísimo ruido –murmuró–. Si viene alguien, lo oiremos a un kilómetro de distancia.

Entonces, ella miró hacia abajo para ver lo que le estaba haciendo. Él también miró y, al ver las manos de Bella en su cuerpo, gruñó. Cuando habló, casi no reconoció su propia voz.

–Bella, ¿estás segura de que…?

–Claro que sí –dijo ella con la voz enronquecida y la respiración entrecortada–. Pero, si estás preocupado, podrías trabajar más rápido.

A él se le escapó una risa; era la primera vez que se echaba a reír con las manos de una mujer en su parte del cuerpo favorita.

–No, ser rápido no es mi estilo.

–Seguramente, debería serlo esta noche…

Bella se interrumpió a causa de un jadeo que se le escapó cuando él le bajó de repente la cremallera de la chaqueta roja que llevaba. Se la bajó por los hombros, hasta los codos, de manera que le sujetó los brazos contra los costados. Cuando ella empezó a intentar liberarse, él se dio cuenta, con deleite, de que ella solo llevaba un sujetador debajo, un sujetador de encaje muy sexy. Tiró de las copas hacia abajo, le tomó uno de los pechos desnudos con una mano y succionó el otro con la boca.

A ella se le escapó un suspiro tembloroso, y se aferró a su cabeza como si temiera que él fuera a escaparse.

No, ni hablar.

–¿Cuánto has tenido que beber esta noche? –le preguntó él. Ella pensó durante unos instantes.

––Lo suficiente para saber que quiero esto, pero no tanto como para tener que matarte mañana por la mañana.

Él se quedó mirándola fijamente, pero ¿a quién quería engañar? Aquello le valía perfectamente. Deslizó las manos por debajo de su falda, hacia arriba, y le posó las palmas de las manos en las nalgas.

–Llevas demasiada ropa.

A ella se le escapó una risa entrecortada cuando notó que él metía los dedos bajo sus medias y sus bragas y la encontraba caliente y húmeda. Edward pasó un glorioso momento arrancándole gemidos y consiguiendo que le clavara las uñas en los bíceps.

Ella pronunciaba palabras incomprensibles, pero él captó el mensaje más importante:

Más.

Le pasó un brazo por la espalda y siguió acariciándole el pecho con la boca, mientras la acariciaba al ritmo que ella deseaba. Entonces, él se incorporó y se tragó sus gemidos y gritos cuando ella llegó al éxtasis, y sujetó su cuerpo tembloroso entre sus brazos.

Después, la acarició con suavidad hasta que, por fin, Bella levantó la cabeza.

–No había previsto que mi noche transcurriera de este modo –dijo, casi sin aliento, desplomándose sobre él.

–Creo que casi nadie puede prever que va a tener un orgasmo en una azotea.

–Me refería a ti –contestó ella, poniéndole un dedo en el pecho–. No me había imaginado esto.

–Pues aquí me tienes.

Entonces, ella sonrió y se quitó una de las botas. Cuando consiguió sacar una pierna de las mallas, él ya se había puesto a ayudarla. Entonces, Bella lo rodeó con los dedos, y ya lo estaba guiando hacia su cuerpo cuando él la agarró.

–Condón –dijo.

Ella se quedó inmóvil, mirándolo fijamente a los ojos.

–Oh, Dios mío, no puedo creer que casi se me haya olvidado –susurró. Entonces, lo agarró con un puño por la pechera de la camisa y pegó su nariz a la de él.

–Dime que eras Boy Scout y que estás preparado, que tienes un condón.

–No, no fui Boy Scout.

Ella gruñó y dejó caer la cabeza sobre su pecho.

–Pero…

Ella alzó la cabeza con una expresión esperanzada.

–¿Sí?

Edward se sentó con ella a horcajadas sobre el regazo y consiguió sacar la cartera del bolsillo de atrás.

–¡Sí! –exclamó ella, al ver que él sacaba uno.

Él se echó a reír y rompió el sobrecito, y empezó a colocárselo en el cuerpo, pero ella le apartó las manos.

–¡Yo! –exclamó–. Quiero…

Cuando ella le hubo colocado el preservativo a medias, él estaba sudando y temblando como un adolescente de diecisiete años que no podía controlarse. Puso las manos sobre las de Bella y dijo:

–Yo termino.

–¿Porque tenemos prisa?

–Porque voy a terminar antes de tiempo en tus manos.

Bella soltó un resoplido, pero la risa se le quedó en la garganta y, en su lugar, emitió un jadeo, porque él la estrechó con más fuerza contra su cuerpo, de manera que los muslos de ella quedaron alrededor de sus caderas.

–¿Vas a dejarme conducir? –preguntó, bromeando.

–El suelo de esta azotea es demasiado áspero como para que te tumbes de espaldas –le dijo él, tomándole las nalgas desnudas–. Ponte de rodillas, Bella.

Y, antes de que pudiera moverse, la levantó él mismo y fue sentándola, despacio, sobre él.

Los dos jadearon, se besaron profundamente. Al principio se movieron despacio y, después, más rápidamente y con más fuerza, hasta que Edward perdió el control. La agarró por el pelo e hizo que inclinara la cabeza hacia atrás, y succionó su cuello para marcarla.

Ella tuvo el orgasmo primero y le clavó las uñas, y la combinación del placer y aquel dulce dolor lo lanzó al éxtasis junto a Bella.