Extraño…

Los personajes no me pertenecen son de la gran Rumiko Takahashi esto es sin fines de lucro solo diversión por y para los fans.

Para considerar: esta historia es universo alterno, está calificada para mayores de edad, puede contener violencia física o emocional así como escenas eróticas y lenguaje soez.

O—

"Extraño amor"

Así lo siento, así te formas…

Un nuevo sentimiento

Cálido y suave

Se siente bien

Más este sórdido amor

Complica todo

Dividida entre dos

¿Cuánto más soportaré?

Contigo viéndome

No puedo avanzar

Entonces te extraño

Y este "extraño"

Se desvanece

Como la espuma en el mar

O—

¡Cómo pudo! Mi mente iba a estallar y mi corazón… ese se encontraba hecho trizas sobre tejado de vidrio. Akane me veía y lo sentía una burla, si eso quería eso tendría. La sangre bullía dentro de mí a toda prisa, empuñé firme mis manos hasta que los nudillos se emblanquecieron, quería ir y golpearlo. Mi sentido y mi juicio se nublaban por completo, di el primer paso con toda la intención de molerle la cara a golpes cuando mi celular me distrajo, era Ukío llamando insistentemente, la ignoraría como siempre pero ella continuó marcando…

-¡Qué! — grité idiotizado.

-Ayúdame Ranma… por favor— dijo con un hilo de voz que me alertó.

-¿Qué sucede? ¿Dónde estás? — pregunté.

-En casa…— fue lo último que oí y la llamada se cortó.

Entonces di la vuelta, me fui de allí con el corazón en llamas. Subí al coche y conduje rápidamente hasta la casa, su carro seguía en el estacionamiento — ¿pero qué carajos quería ahora? — me preguntaba molesto, entré y la busqué en la sala, en la cocina pero nada, subí a la planta alta y por primera vez entraba a su habitación. Me sentía extraño en esas cuatro paredes, pero desde la puerta de su baño se veía la luz encendida me acerqué y la llamé…

-¿Ukío? ¿Estás en el baño? Voy a entrar — dije ante su silencio, cuando empujé la puerta mis ojos no lo podían creer, ella se encontraba dentro de la bañera con el agua hasta el cuello, corrí a socorrerla y de sus brazos salía sangre. La saqué de una sola vez, se encontraba desnuda y su teléfono estaba sumergido al fondo de la bañera — ¡Ukío despierta! ¡Reacciona! No me hagas esto, por favor — supliqué mientras ella no respondía a nada.

Cogí una toalla y la cubrí como pude, llamé a urgencias y debía esperar que la ambulancia llegara por ella. Pasaron unos veinte minutos cuando los paramédicos llegaron a atenderla…

-¿Usted es? — preguntaba el sujeto a cargo.

-El esposo.

-¿Ella padece de alguna enfermedad?

-No, ella es muy saludable— sostuve nervioso.

-Señor Saotome, su esposa posee cortes en sus muñecas ¿comprende lo que digo? — Solo asentí — la llevaremos al hospital, hay que hacer análisis y ver su condición física y emocional— sentenció mientras la subían a la ambulancia.

Mi día se había ido al carajo, no podía comenzar de mejor manera… miraba el rostro pálido de Ukío y sus vendajes en cada brazo y no podía evitar sentir culpa.

En cuanto llegamos al hospital la atendieron de inmediato y hace menos de una hora había estado aquí, estaba con la cabeza entre las piernas cuando escuché unos pasos acercarse a toda velocidad hacia mí, la voz de Jhon llamándome…

-Ranma, Ranma ¡qué sucedió! — decía con cara de preocupación.

-No lo sé… ella me llamó y fui a casa preocupado, la encontré en la bañera y ensangrentada, me siento fatal— dije lleno de tensión.

-¡Oh my God! — exclamó tapándose el rostro con las manos — that woman lost her mind (esa mujer perdió la razón) — agregó sentándose a mi lado, palmeó mi espalda dándome apoyo.

-No sé qué hacer Jhon, en verdad estoy al punto del colapso con todo esto— dije tragándome el nudo que llevaba en la garganta desde temprano.

-Es la vida que escogiste llevar, solo tú puedes darle término a lo que no te gusta — respondió.

-¡Pero cómo! Quise irme de casa y hasta mi madre protestó, pretendía irme hoy y ella… ¡ash! Ukío quiso quitarse la vida ¿entiendes? Es mi culpa, yo no la hago feliz porque no puedo, soy un pusilánime.

-Debes calmarte, respira profundo y…

-¡No puedo! — Solté acompañado de una lágrima, no solía quebrarme y creo que Jhon solo me ha visto así una vez desde que somos amigos fue cuando murió mi padre — vine temprano a visitar a Ryoga… aun no despierta de la golpiza que le dieron y cuando me iba… Akane se besaba con otro, estaba a punto de ir y desquitar mi ira con ese sujeto cuando mi teléfono sonó, era Ukío — mi rubio amigo me veía con mucha seriedad — ¿cómo lo hago? ¿Cómo me calmo? si desde que me crucé en su vida no puedo ni dormir— solté cubriéndome el rostro para que nadie me viera tan vulnerable.

Fue en ese momento que Jhon me abrazó en silencio, de pronto oí su voz… cantarina y dulce como eco. Mis sentidos la buscaban pero no era capaz de abrir los ojos, ya era demasiado tarde, estaba casi seguro de que estaba muy cerca de nosotros.

-¡O´Connor! — exclamó Shinnosuke.

-¿Ranma? — ella me nombraba con tono contrariado.

-Oh… ¿cómo están? — saludaba Jhon sin dejar de abrazarme, quiso moverse pero no lo permití, no dejaría que ella me viera así de destrozado.

-Íbamos al teatro, quedan veinte minutos aun ¿los llevamos? — preguntó Shinnosuke.

-No, no te molestes no podremos asistir a la reunión— respondía mi amigo.

-¡¿Cómo?! — exclamó Akane confusa.

-Es que… la esposa de mi amigo la acaban de internar, tuvo un accidente— dijo Jhon trayendo consigo un silencio absoluto.

-Oh… entiendo — dijo ella luego de un eterno minuto— no molestamos más, es algo muy personal… — señaló seria y se marchó.

-Ya se fue— dijo y me separé de él.

-Gracias— respondí.

-No creas que no lo notó— aseveró Jhon.

-¿Mi deplorable estado? No importa… solo no quiero que sepa tanto de mí, le he traído muchos problemas últimamente — me puse de pie y fui hasta el servicio más cercano, lavé mi rostro y noté unas enormes ojeras.

Cuando salí de allí Jhon me acompañó hasta el mesón a preguntar por Ukío, ella se encontraba estable, al parecer había consumido pastillas para dormir además de los cortes que se auto infringió en sus muñecas. Aun no podía verla, debería esperar un poco pues por precaución estaban haciéndole un lavado de estómago.

Ni siquiera era medio día y yo solo quería dormir, solo así escapaba un momento de mi realidad.

O—

Teatro…

No había tiempo que perder, aprovecharía que la reunión con los arquitectos se había cancelado para avanzar con mis actores. Todos estaban emocionados de la próxima obra, aún no me decidía con certeza cual escogería pero ellos solo querían retomar los ensayos. Shinnosuke fue a la oficina de Akari para que me ayudara con los contratos y así darle el "vamos" definitivo a todo esto

Estaba en el camerino que usaba como oficina leyendo unos correos cuando a mi mente vino lo de esta mañana… ni siquiera circulaba por mi mente el beso con Shinno, sino que Ranma junto a Jhon. Se notaba afligido, ha de estar muy preocupado por ella… después de todo es su esposa ¿no? ¡Deja de pensar en él Akane! me reprendía por mi absurda preocupación, fue entonces que mi teléfono sonó. La pantalla indicaba que era del hospital y contesté al instante, la enfermera que estaba a cargo de mi amigo llamaba con tono de urgencia pues decía que una mujer se había presentado allí para llevarse a Ryoga, le supliqué que no lo permitiera y le aseguré que iría enseguida a ver qué sucedía. Apenas me dio tiempo de tomar mi bolsa y correr por un taxi hasta la calle.

En solo doce minutos llegué al hospital, eran casi las seis de la tarde.

-¡¿Quién es, quién se quiere llevar a mi amigo?! — chillé al llegar al mesón de atención.

-Disculpe, esto es un hospital baje la voz— pidió la secretaria a cargo —dígame de qué paciente es usted amiga.

-Hibiki Ryoga — contesté, ella miraba la pantalla de su computador y tecleaba sin cesar hasta que al fin abrió la boca.

-Ah… efectivamente, vino una dama de apellido Sato a pedir información luego armó un escándalo y en estos momentos se encuentra con el director del hospital— señaló un tanto perturbada la mujer.

Me dirigí hasta la habitación de Ryoga con urgencia, mi corazón latía a mil y gracias a Kami él aún seguía allí. Era el segundo día en esta habitación, mi amigo continuaba sedado y no movía ni un músculo, lo arropé bien y me senté a su lado.

Suspiré pesadamente… sabía lo que venía, esa mujer querrá llevárselo pero no lo permitiría. De pronto la puerta se abrió bruscamente, nos volvíamos a ver… después de dos años aproximadamente.

Tomoyo Sato era una mujer japonesa de unos 30 años, de cabello negro y planchado hasta la cintura y rasgos bien marcados, vestía muy a la moda europea, cualquiera que le viera creería que nunca vivió en Japón pero no, la mujer sabe tres idiomas y además es quien maneja la carrera de Ryoga. En el pasado tuvimos un par de encuentros, en resumen ella me odia. Yo no la soporto, sin embargo hemos decidido mantenernos al margen y bien apartadas una de la otra.

-Lo que me faltaba— dijo chasqueando la lengua en cuanto me vio.

-Tomoyo tanto tiempo, pensé que habías olvidado a Ryoga— dije cruzándome de brazos.

-¡Eso jamás! A penas me enteré ayer, tomé el primer vuelo a Japón. Pudiste llamarme…— dijo parada a dos metros de mí.

-¿Llamarte? Yo no tengo tu número, creo que la última vez me gritaste a la cara que nunca jamás intentara contactarte— escupí.

-¡Esto es una emergencia, casi lo matan por todos los cielos! — chilló caminando hasta ubicarse al frente de mí.

-En fin… no hagas escándalos no estamos en Paris, tampoco en Inglaterra— dije seria.

-¿Disculpa? Soy su representante legal, crees que lo dejaré ¿en esta pocilga? — exclamó sacándose las gafas de sol que solía usar.

-No me interesa lo que pienses, Ryoga es mi amigo y está siendo muy bien atendido aquí además su estadía está cancelada ¿comprendes? — comenzaba a alterarme.

-Akane escucha, esto no es lo mejor y mi bebé necesita lo mejor…

-¡Ahs! Deja de decirle así, no es tu mascota — respondí molesta.

-¿Celosa? A estas alturas Akane… por favor han pasado muchos años ya— dijo torpemente.

-¿Celosa de ti? Por favor, ¿acaso olvidas que Ryoga no gusta del sexo femenino? Él es mi mejor amigo, es como mi hermano y es mi deber cuidarlo — su rostro fino comenzaba a transformarse, recordarle que el hombre que ama nunca le corresponderá como quiere la hacía hervir por dentro.

-Te llenas la boca hablando de amistad pero él viajó casi corriendo por ti, dejó en pleno una sesión fotográfica en Liverpool y subió a un avión y mira cómo me lo devuelves… ni siquiera sé si su rostro volverá a componerse— gritó histérica, todo lo que decía era verdad, más nunca estuvo en mis pensamientos que algo tan terrible le sucediera, me hacía sentir sumamente culpable.

-No es necesario que lo escupas de esa forma, tengo muy claro la calidad de amigo que tengo. Y solo estoy esperando a que sus dolores mengüen para poder disculparme con él— dije muy alterada.

-De todas formas me lo llevaré, hay una clínica privada que lo puede tener una semana y luego me lo llevo a Inglaterra de regreso.

-¡Claro que no! — exclamé furiosa.

-¿Y qué vas hacer para detenerme? — dijo desafiante.

-Ponle una mano encima a Ryoga y te desgreño ¿entiendes?

Justo en ese momento la puerta se volvía a abrir, esta vez era Ranma quien nos quedó viendo algo incómodo…

-Lo siento, regreso después— dijo con la voz apagada.

-Ranma por favor detente— supliqué casi en un grito, este se detuvo en el acto — esta mujer pretende llevarse a Ryoga — dije con mala cara a lo cual este levantó una ceja y luego frunció el ceño.

-No le hagas caso guapo, esto no tiene nada que ver contigo— señaló Tomoyo.

-Disculpa pero Ryoga también es mi amigo, él no se moverá de aquí porque fui yo quien pagó por su habitación ¿comprendes?

-Puedo reembolsarte el doble si deseas— se apresuró a decir ella.

-No se trata de dinero, él está delicado y además creo que Akane está conforme con la atención que ha recibido ¿cierto? — preguntó y solo asentí frenéticamente.

-No pienso moverme de aquí— habló Tomoyo molesta.

-Yo jamás te he pedido que te vayas, solo no quiero que muevas a Ryoga. Cuando él despierte puedes preguntarle si quiere irse de aquí, mientras tanto nosotros nos hacemos cargo de sus cuidados ¿ok? — ella solo se cruzó de brazos e hizo una mueca de disgusto.

Ranma giró sin siquiera despedirse y salió de la habitación, corrí para alcanzarlo pero lo vi entrar a otra tan solo dos puertas más allá. Me asomé por la ventanilla y lo vi parado frente al ventanal, miraba el cielo que estaba a punto de oscurecer. Y en la cama yacía su esposa, Ukío. Ella dormía conectada a una bolsa de suero en su brazo derecho, llamó mi atención los vendajes en sus muñecas. Por un momento olvidé que tenía un preocupación mayor, incluso olvidé que esa mujer era la dueña de sus pensamientos.

Regresé a la habitación de mi amigo, pero noté a Tomoyo que lloraba al lado de Ryoga y conociendo lo orgullosa que podía ser, preferí darle su espacio. Me quedé afuera apoyada en la pared, tomé mi celular y entraba un mensaje de Shinno "Akari tendrá los contratos según lo establecido, te llamo más tarde" eso era una buena noticia, positiva en medio de todo este desastre.

Aproveché el momento para cerciorarme de que las enfermeras me avisaran si esa mujer intentaba algo raro, ellas me aseguraron que estarían atentas. Además me hablaron del estado de Ryoga, su tratamiento sería lento debido a los hematomas en todo su cuerpo, pero creían que con esfuerzo él no tendría mayores cicatrices, eso me daba un poco de paz.

La hora avanzó a y las nueve en punto Tomoyo cruzó la puerta y me quedó viendo, me jaló para un rincón y me entregó su tarjeta.

-Estaré en un hotel muy cerca de aquí, llámame si surge algo— pidió con preocupación.

-Lo haré, no lo dudes — señalé y finalmente se fue.

Entré nuevamente y noté que habían cambiado su vendaje, se veía un poco su ojo derecho y parte de su nariz y labio, acaricié su cabeza con cuidado…

-No sé si puedas escucharme… me martiriza verte tan frágil, por favor resiste esto cariño pronto estarás bien y me quedaré a tu lado siempre.

Apoyé mi cabeza a un costado de su cama y sin darme cuenta me dormí…

O—

Unas horas más tarde…

No sabía a donde ir, la casa no era opción, el departamento de Jhon menos, ya era hora de dejarlo en paz. Salí del hospital sin rumbo, me di un par de vueltas en el estacionamiento cuando la vi caminar por la acera hacia la salida, creí que era un fantasma pero conforme me acercaba la fina línea de su cuerpo me decía a gritos que era tan real como yo, miré la hora en el coche y era casi media noche. Bajé la ventanilla y le hablé…

-Akane— la nombré y ella volteó — sube— dije frenando, ella miró su celular y dudó un poco pero finalmente pasó por delante de mis ojos y entró al coche.

-Gracias, no tenías que molestarte — señaló una vez se subió.

-Nada de eso, recién salí del hospital imagino que vas a casa— dije pasando por encima de ella para asegurar su cinturón, su cuerpo emanaba tibieza y su perfume me volvía loco.

-Me quedé dormida junto a Ryoga— dijo una vez me enderecé para encender el motor.

-Al menos puedes dormir— respondí más para mí.

-¿Tienes problemas con el sueño? — preguntó curiosa.

-Sí, es muy poco lo que duermo… ¿me recuerdas tu dirección? — pregunté para no dar por hecho que sabía exactamente en donde vivía.

-No, quiero ir al teatro — señaló.

-¿A estas horas? — Pregunté extrañado y ella no respondió — igualmente quería disculparme por lo de hoy— dije luego de un rato.

-No te preocupes es entendible— contestó.

-La verdad es que… mi día ha sido un puto desastre pero eso es un asunto que seguramente no te importe— señalé.

El resto del camino fue un tanto incierto, ella no dijo ni una palabra y eso fue triste. En cuanto llegamos ella se bajó y volvió a agradecer, la miré un rato mientras abría la puerta del teatro, pero entonces choqué mi frente contra el volante, estaba cabreado y ahora no sabía a donde ir… buscaría un motel cercano, sí eso haría. De pronto la ventanilla de mi coche era golpeada, alcé la vista y sus hermosos ojos marrones veían mi lamentable estado.

Bajé la ventana y ella habló…

¿Quieres entrar? — preguntó dejándome boqui abierto, ¿estaba siendo amable? Acaso ¿era tan patético? O simplemente usaba su empatía al notar mi estado de ánimo.

-Sí, quiero— contesté sin dudarlo.

Bajé del coche y subí las escaleras junto a ella, en cuanto entramos ella se aseguró de cerrar el teatro cosa que me alertó.

-No te imagines cosas, es solo por seguridad— señaló.

-¿Tienes trabajo? — pregunté curioso.

-Sí, pero no vine por eso… este lugar me da tranquilidad, tampoco fue un gran día sabes…

-Ah… ¿vas a tocar el piano?

-No lo sé — contestó.

-Solo una pieza, por favor— pedí casi en suplica, ella sonrió y caminó hasta el escenario se acomodó en la banqueta y abrió su tapa.

-No te muevas — dijo para que no me acercara más de la cuenta, solo sonreí ante su petición — esto es Goldberg de Johann Sebastián Bach — habló y comenzó a tocar con tanta delicadeza, con tanta premura como si disfrutase de cada nota cada fibra de su cuerpo, cerré los ojos por un momento y me transporté a esa tarde bajo los almendros, mostraba el boceto de la casa de mis sueños, la misma que visitó sin saberlo poco tiempo atrás.

La nostalgia golpeó mi cuerpo sin remordimientos, desde la punta de los dedos de los pies hasta mi cabello todo se estremecía. La música era hermosa, su interpretación aún más… no podía evitar que cada toque de sus largos dedos en ese armonioso piano provocaba una mezcla de emociones, desde la calidez de aquella primavera hasta el frío invierno que pasé solo en América.

Estaba sumergido en mis pensamientos, en esos gratos recuerdos… como si al cerrar los ojos la cinta en mi cerebro rebobinara hasta esa parte de mi vida en la que me sentí amado. De pronto Akane dejó de tocar y solo entonces abrí los ojos, ella me veía con serenidad y por ese breve instante la espina en mi corazón dejaba de doler.

-¡Oh por Kami estás sangrando! — chilló de pronto poniéndose de pie viniendo hacia mí, aturdido por sus palabras solo vi como sacaba un pañuelo de su bolsillo y lo colocaba sobre mi nariz.

-No me di cuenta— alcancé a decir pero ella se encargó de que sujetara el trozo de pañuelo. Sin preguntar cogió mi mano y me guió por un pasillo largo hasta una puerta que llevaba su nombre con el título de "Directora Tendo" sacó una llave y abrió.

-Siéntate — pidió una vez entramos a lo cual hice caso como el niño más obediente — ¿te ha pasado antes? — preguntó curiosa mientras buscaba entre una cajonera.

-No… en realidad solo sangro si me golpean en la cara— respondí, ella me vio intrigada.

Limpió mi rostro con cuidado aunque mi camisa ya era un desastre, esos dos minutos en absoluto silencio mientras ella se esmeraba en eliminar todo rastro der sangre de mi piel sirvieron para darme cuenta de que soy el idiota más grande del mundo. Akane yo no era la chiquilla de hace cuatro años, quizás no es tanto sin embargo, noto esos detalles en sus ojos, en el perfil de su nariz, en su boca de melocotón. Era toda una mujer, independiente y resuelta.

Akane me quedó viendo al notar como la observaba…

-¿Qué? — salió de sus labios.

-Solo pensaba…

-¿En qué?

-En dos cosas— respondí — la primera sería que me hubiese gustado aprender piano junto a ti— ella enarcó una ceja ante mi comentario — tienes un don, yo no transmito tanto ¿entiendes?

-¿Cómo? ¿También sabes tocar piano? — chilló sorprendida, solo asentí.

-Un poco nada más… no como tú— me apresuré a decir — tomé algunas lecciones en Estados Unidos.

-Ah… deberías practicar o retomarlo, es terapéutico ¿sabes? — dijo muy acomedida.

-Ya veo…

-Bueno y ¿cuál es la segunda cosa en la que piensas? — cuestionó impaciente causando que se escapara una risa.

-No sé si es buena idea decirlo— dije poniéndome serio.

-Ya no jodas Ranma, no somos unos niños. Además creo que entre nosotros no hay nada que aclarar— arremetió firme.

-Tienes mucha razón, sin dudas nos dijimos de todo hace unos días atrás… pero no puedo estar de acuerdo en todo— contesté.

-Solo dilo y ya— arremetió con urgencia.

-Pues, siento que la vida no da puntada sin hilo, que así como me dio este pequeño pedazo de cielo esta noche pronto volveré a esa oscuridad en la que me sumergí a voluntad. Y que eres demasiado buena conmigo, tanto que tengo miedo de que lo hayas hecho por lástima… es lo que menos deseo sientas de mí, prefiero tu desprecio mil veces. Creo que ha de ser porque muy en el fondo soy cobarde— finalicé sin dejar de verla, ella ni pestañeaba ante mis palabras.

-Todo lo que dices, me recuerda la pregunta que te hice hace unos días— comenzó a decir, sabía muy bien a qué se refería — ¿Eres feliz? — preguntó nuevamente. La espina volvía a clavarse con ahínco en mi corazón.

-Eso ya lo sabes— dije.

-Quiero oírlo de ti Ranma— aseveró.

-No, no lo soy. Odio la vida que tengo, incluso me odio a mí mismo — respondí tajante.

-Ya es hora de que te vayas— dijo escondiendo su mirada de mí cambiando el ambiente por completo, otra vez la lastimaba y esa era mi perdición.

Me puse de pie y alcancé a dar dos pasos cuando ella volvió a hablar…

-¡No vuelvas a decirme eso!— gritó espantándome, voltee a verla y sus hermosos marrones estaban aguados.

-Akane yo…

-No, ¿sabes lo miserable que me siento al oírte?

-Pero yo soy el miserable no tú— me apresuré a decir, ella se puso de pie notoriamente alterada.

-¡¿Por qué te fuiste?! Fuiste un maldito egoísta— señaló golpeando mi pecho con sus puños — ¡¿Por qué me apartaste de tu vida?! — Otro golpe — ¿Por qué sigues doliendo? ¡Dime! — un último ya casi sin fuerzas.

Por cada golpe retrocedía un paso, mi espalda chocó con la puerta y ella me recriminaba como tantas veces lo soñé. Porque esa pasividad de Akane me desesperaba, necesitaba ese descargo quería su reproche porque solo así podía sentir que aún le importaba, aunque fuese un poco.

Nuestras miradas estaban perdidas el uno en el otro, hasta nuestras respiraciones estaban notoriamente alteradas, mi corazón estaba a punto de estallar y la sangre bullía a toda marcha por mis venas con la adrenalina a mil por cada una de mis extremidades, tomé su rostro entre mis manos y nos hundimos en un beso ansioso y lleno de culpas sin sanar. Como si nos leyéramos en silencio, un impulso de nuestros cuerpos ante tanta tensión acumulada, ante el abandono de nuestro sentir, ante ese amor tan grande y que no pudo ser.

Esta vez era diferente, este beso era correspondido con el mismo ímpetu. Sentía que su boca me devoraba y no había cabida para distancias, mis manos se aferraron a su estrecha cintura y sus manos envolvían mi cuello. Cada estocada de su lengua dentro de mi boca era una invitación a saborearla por completo, lentamente mis dedos bajaron a sus caderas y caminamos despacio y casi como coreografiado hasta el sofá cama que tenía en la otra esquina, apenas nuestras piernas toparon caímos como plumas sobre este. Su menudo cuerpo bajo el mío me tenía al límite ¿acaso era un sueño? Y si lo es, no quiero despertar.

Nos separamos brevemente y me fui directo hasta su cuello, ella jadeaba suave y eso me excitaba, introduje mi mano por debajo de su blusa y el tacto con su suave piel me hizo delirar. Su pecho subía y bajaba agitado y moría por liberar sus redondos senos, Akane dibujaba con sus uñas en mi espalda, mi entrepierna comenzaba a despertar y con ello el deseo por hacerle el amor como nunca en la vida.

Fue entonces que volví a poseer sus labios llenos de ansia, de emoción. Pero como todo en la vida esto no podía ser tan perfecto, de pronto el ruido del pomo de la puerta en un giro inesperado nos sacó de nuestro excitante encuentro, nos miramos agitados y entonces nuevamente la perilla se movía con brusquedad…

-¿Akane? cariño sé que estás aquí… ábreme la puerta por favor— decía la voz grave del hombre que se había convertido en su sombra.

Ella intentó moverse pero no se lo permití, negué en silencio. Quiso decir algo pero la acallé con otro beso, no me importaba que se quedara ahí por horas esperando a que Akane saliera, este era nuestro momento.

Continuará…

Estimado lector, esto es un verdadero tobogán de emociones… Akane besa a Shinno con el propósito de alejar a Ranma, pero todo se va al carajo en cuanto quedan solos. El reproche está presente, ninguno tuvo un buen día. Sin embargo son dos corazones que se aman y se han contenido por años. ¿Qué hará Akane? Shinnosuke está al otro lado de la puerta y Ranma no quiere dejarla ir.

Un triángulo amoroso muy complicado, aunque Ranma sabe que pronto lo azotará el infierno. Nada es para siempre y aunque Ukío nuevamente hizo de las suyas… no podrá hacer que Ranma la vea con los ojos del corazón.

Si te gustó déjame tu preciado review, amo leerlos.

Desde Chile una fanática más de Ranma ½

Sweetsimphony._