El juego del silencio
Las paredes de la oficina de Rizieri eran del color de la leche agria, un color pálido que hacían pensar a Scorpius en el delicado color de la piel de Rose. El platinado cerró los ojos, intentando engañar de nuevo a su mente al no pensar en la pelirroja, debía estar más que concentrado, debía estar alerta a cualquier cosa que delatara al monstruo que Rose decía que era Asban, pero hasta el momento, solo había lidiado con un anciano temeroso que lo miraba de reojo, como temiendo que explotara. Suspiró y trató de poner atención al libro de reglas que debía aceptar antes de prestar juramento como miembro oficial de La Orden de Merlín. Las letras, tan antiguas como la orden misma, bailaban ante sus ojos, negándose a penetrar en su mente porque tenía la cabeza secuestrada por Weasley.
"Maldita sea Weasley, me volviste paranoico"
Molesto, se acomodó el cabello que caía sobre sus ojos, volviendo su atención a la lectura de manera infructuosa. ¿Y si no salía vivo de la guerra? ¿Y si no volvía a verla jamás? La idea alteró su calma de manera inmediata pero no pudo externarlo. En ese momento se abrió la puerta y entró Rizieri con su andar característico y esa sonrisa que parecía anclada en su rostro tostado. Scorpius lo miró un segundo antes de volver su atención al reglamento, fingiendo una paz que no tenía. Los tacones de las botas del mago se dejaron de oír justo al lado del muchacho. En silencio, sacó una cajetilla de cigarros muggles y encendió uno, ofreciendo uno al slytherin, mismo que rechazó con un movimiento de cabeza.
- ¿No fumas? Es encomiable-exhaló y se sentó colocando una pierna sobre el escritorio-. Eres joven aún, no hay suficiente sufrimiento en tu vida para que adoptes un vicio.
Scorpius levantó la mirada al mago, escudriñando su mirada afable.
- ¿Dices que al ser mayor me volveré una chimenea humana? Lo dudo mucho. No tiene que ver con la edad-replicó mirándolo de lleno-. Edson Corner es de mi edad, no le falta nada, absolutamente nada y fuma como si fuera barco de vapor. Es cuestión de decisión.
- ¿Cómo estas tan seguro? -la mirada del mayor era curiosa-. ¿Sabes lo que él piensa en realidad? ¿O solo asumes que no le falta nada?
El chico no respondió, solo mantuvo la mirada en el mago con frialdad. Rizieri lo notó, pero eso no quitó la sonrisa de su rostro.
-En fin, ¿Cómo vas con esto? Hoy tomas juramento y debes pasar la prueba escrita con Asban.
-Bien, voy bien, solo un poco atrasado por falta de sueño-mintió.
-Te dejo entonces.
Se encaminó a la salida de su mismo despacho, apagando el cigarrillo antes de tomar el pomo de la puerta con la mano. Miró el extremo anaranjado, siseando, perdiendo la chispa mientras lo sostenía entre sus dedos. Los ojos del mago, pequeños como cuentas, brillaron por un momento; un brillo que no pasó desapercibido para Scorpius. No hubiera pasado a más si no hubiera hablado.
-Es peligroso el fuego. Si no lo contienes te hará cenizas… -hizo una pausa y se dirigió al slytherin, como si no hubiera dicho nada-. ¿Has sabido algo de Rose?
Scorpius negó con la cabeza, con pesar. Rizieri era el único de la Orden que aparentemente entendía su relación con Rose, pero aún ahí, en ese pequeño momento de camaradería, escuchó en su mente un débil susurro, la voz dulce de Rose diciéndole "No confíes". Fue tan real que se estremeció en un escalofrío imperceptible, mismo que se prolongó al escuchar al mago antes de salir.
-Debí suponerlo. Hay olor a muerte en el aire y el fuego debe alzarse para purificar la tierra.
Rizieri salió dejando a Scorpius con la boca seca. No dudaba que supiera de los poderes de Rose, pero aun así el comentario le hizo un hueco en el estómago. Se talló el rostro y se levantó, necesitaba aire fresco. Se limpió las manos en el pantalón y salió hacia los baños. El edificio de la Orden de Merlín era un secreto para la mayoría de los magos, llegaban por red flu rigurosamente vigilada y solo los cuatro miembros activos conocían su ubicación en el mundo muggle. Protegido por el encantamiento "Fidelio", sin duda alguna, estaba en el lugar más seguro de Reino Unido. Estaban en el último piso y alcanzó a ver el Big Ben por una de las ventanas, pero sabía que era un encantamiento, el día anterior había estado viendo el mercado de Portobello por la ventana de Asban en un día de verano cuando estaban a mitad de la primavera. Ya no sabía que fecha era, había perdido la noción del tiempo desde que lo sacaron del colegio, desde que no sabía nada de Rose. El alto muchacho mantuvo su fachada serena, impasible, mientras caminaba por los pasillos, blancos totalmente, inmaculados. No le daba buena espina, había aprendido que incluso en lo más impoluto siempre podía haber una mancha.
Siguió su camino a los baños, pero, una voz conocida lo hizo detenerse. Se detuvo en seco y escuchó que una puerta se abría cerca de él. No supo porqué sintió la necesidad de esconderse, pero se ocultó en una sala vacía y se quedó en la puerta. No sabía que esperar o porque lo hacía, tal vez fue su instinto, pero la voz era de Rizieri y se dirigía a alguien que no pudo identificar.
-Espero que estés listo. Las cosas van a pedir de boca y espero que mañana en la Isla de Piedras tengamos un "pequeño triunfo" por decirlo así…
- ¿Crees que puedas mantener la situación? Yo creo que corremos peligro-dijo la voz desconocida.
-Paciencia, paciencia. Falta poco y pronto todo tendrá sentido.
Los hombres se alejaron mientras Scorpius se quedaba inmóvil en su lugar, intentando encontrar sentido a lo que había escuchado. ¿Qué diablos estaba pasando? Necesitaba hablar con Rose, pero ¿Cómo?. En ese momento su seguridad comenzó a flaquear y sintió un arrebato de enojo contra la pelirroja. ¿Por qué le ocultaba cosas en momentos tan difíciles? Volvió a pegar la oreja para ver su era seguro salir. Le pareció que no había nadie y salió como si nada, pero no vio a la mujer que venía por el pasillo hasta que chocó con ella.
- ¡Scorpius! ¿De dónde sales?
Earlena lo miró extrañada.
-Yo…eh… Me pierdo aun aquí, necesito ir al baño y no sé donde estoy-el aplomo del Slytherin le venía de muy hondo, porque la bruja no dudo de él, aunque mentía descaradamente.
-No te preocupes. Rizieri aún se pierde camino a la cafetería, pero no le digas. Camina hacia el final del pasillo y después ve a la derecha. El baño es la primera puerta.
Agradeció con una seca cabezada y siguió su camino lo más tranquilo posible con algo muy claro en la mente. Debía hablar con Rose antes de ir a Isla de Piedras por la mañana.
6.2 La chica que no quiso esperar
-Vamos Roxanne, lo que me pides es imposible. Sé razonable.
Lysander miraba a la mulata con cara de cachorro abandonado, pero ella solo lo evitaba. No le interesaba Lysander ni un poco, ya no. Ahora solo le parecía una molestia mayor. Se acomodó el uniforme y cerró su libro "Alquimia avanzada" para mirarlo con fastidio. En el barullo de la sala común pocos los escuchaban. La morena fingió una sonrisa, fijando su vista en el rubio. Le costaba mucho incluso ser amable con él. No le cabía en la cabeza que él no entendiera el hecho de que no quería verlo ni tenerlo cerca. Las acciones de Lysander con Emiliana mermaron su confianza y sin ella no había nada. Le había costado aceptarlo, creer en él, darle una oportunidad y que él la usara para volver con Emiliana, que jugara con su corazón en una apuesta estúpida era algo que no iba a perdonarle nunca, ella lo tenía claro, no sabía porque él no. Levantó el mentón, altiva.
-Soy lo más razonable que puedo. La lista está en marcha. Pero-hizo una pausa-. Si eres un chico listo (que quiero creer que sí), vas a dejar eso por la paz porque no sé en que jodido idioma quieres que te diga que no me interesas ni siquiera como amigo.
La sonrisa ladina de Lysander asomó por entre sus perfectos labios mientras ella hablaba.
-Eso dice tu boca, pero tus ojos dicen otra cosa.
- ¿Sabes lo molesto que es esto, Lysander? Es acoso, ACOSO. Entiende, no me interesas.
Se levantó y trató de salir de ahí, pero Lysander se puso frente a ella.
-Esas son palabras fuertes Roxanne-dijo el menor de los gemelos en voz baja. Se rascó la nuca, mirándola preocupado-. Solo quiero que me des una oportunidad para demostrarte que las cosas no son como crees, que no soy quien piensas.
-Entonces haz tu tarea. Y déjame en paz mientras la haces. Diez cosas en la lista y tendrás tu oportunidad.
- ¿Ves que si quieres que haga la lista para darme la oportunidad? Solo quieres hacerme pagar mi comportamiento anterior.
-No puedo creer que solo eso escuchaste…
Detrás de ellos, uno ojos azules como zafiros los miraban atentamente. Jeremy Carver tenía rato observando a la morena y tenía las indicaciones de Angélica pendiendo de su cabeza. No podía fallar en su misión, pero no era fácil acercarse a la morena. Pocas veces estaba sola, siempre estaba rodeada de su familia o de la rubia sosa. En ese momento Jeremy vio su oportunidad. Se levantó de su silla en el rincón y se acercó a la pareja. Roxanne lo miró de reojo, Lysander no le puso atención. El águila se detuvo a un lado de la mulata, sonriendo de lado a manera de saludo.
-E y, te vi de lejos y vi que tienes el libro que fui a sacar a la biblioteca hoy.
Roxanne lo miró como si le hubieran salido cuernos. ¿Por qué un chico de séptimo querría un libro de quinto curso? Un razonamiento al cual Lysander también llegó.
- ¿Por qué necesitas un libro de dos cursos debajo de ti? -preguntó confundido.
-Creo que ese es asunto mío. ¿Me lo prestas? O mejor, podrías ayudarme con algo. Lo necesito para mi EXTASIS, pero no lo recuerdo muy bien.
- ¿Por qué no te vas a comer gusarajos, Carver? Estamos ocupados.
Lysander lo miró con cara de pocos amigos y Roxanne vio su oportunidad. No quería seguir hablando con Scamander, pero Carver no era mejor opción y si tenía que elegir, Carver era la mejor opción. Ladeó la cabeza y sonrió dulcemente a Jeremy, mostrando el libro.
-Acepto. ¿Nos vamos? Este lugar me asfixia.
- ¿Qué? Roxanne, estamos hablando.
-Creo que ella ya habló.
Jeremy sonrió complacido y aceptó el libro, extendiendo la mano a la mulata que sin dudar lo tomó dejando al rubio con un palmo de narices. Salieron de la sala común y en ese momento Roxanne se soltó del brazo del chico.
-Listo, ahí está el libro, gracias por sacarme de ahí.
Jeremy enarcó una ceja y una sonrisa burlona se asomó en sus labios.
- ¿Siempre eres así de amable?
- ¿Quieres que te mande flores? -resopló burlona-. Esperalas mañana en el desayuno.
-Dijiste que me ayudarías con alquimia-señaló el libro y sonrió fingiendo inocencia.
-No te creí, por supuesto que no confío en ti y lo sabes, Carver.
-Dame el beneficio de la duda, no hice nada malo.
Roxanne lo miró boquiabierta.
- ¿Nada malo? ¡Hablaste de mi prima como si fuera una…una…!
-Ey, no. Yo no dije ni mencioné jamás esa palabra, tú la estas poniendo. Yo no mentí, ella me buscó quería besarme y después de que las cosas subieron de tono se arrepintió.
Roxanne lo miró, incrédula aún. El desparpajo de Jeremy era increíble. Se agarró la frente haciendo movimientos circulares con los dedos, simulando aliviar la tensión frente al chico que no disimulaba que estaba divertido.
- ¿Siempre eres así de melodramática?
- ¿Y tú siempre eres así de idiota?
Ambos chicos se miraban a los ojos, ella molesta y él con cinismo. Jeremy era bueno en lo que hacía, cada palabra, cada gesto tenía una intención y sabía que en ese momento estaba en el camino correcto. La mulata lo miró de arriba abajo y frunció los gruesos labios. Ladeó la cabeza, estaban fuera de la torre y en un impulso lo volvió a tomar del brazo jalándolo por el pasillo rumbo a las escaleras.
-Salgamos de aquí, si quiero que Lysander deje de perseguirme debo mantener un poquito más la farsa.
Jeremy la detuvo en el primer escalón.
-Si vas a usarme de chivo expiatorio, mínimo dime la razón. ¿Qué Scamander no era tu novio?
Roxanne bufó ante la pregunta.
- ¿En serio esa es tu pregunta? -volvió a burlarse de él, tratando de ocultar que le había dolido la sola mención de su relación con el rubio. Jaló aire y negó con la cabeza-. Salimos un par de semanas, nada relevante. ¿Contento?
-Tal vez un poco. Entonces ¿A dónde vamos?
Roxanne comenzó a bajar los escalones, súbitamente desanimada, pero al final, como en sus clases de ballet, cuando sentía que iba a caerse a pedazos por no lograr un paso, respiraba profundo y se asía de toda su voluntad para no doblegarse. Repitió el procedimiento y tres escalones más ya estaba serena. Cuando llegaron al piso inferior, Jeremy tenía un plan en su cabeza. Tomaría tiempo, pero él supo que no le sería muy difícil ganarse la confianza de Roxanne Weasley.
6.3 La chica del pez de luna
Lysander salió de su sala común después de dejar sus útiles en su habitación. Seguía pensando en la conversación sostenida con Roxanne días antes, misma que le había dejado un mal sabor de boca. Aún se preguntaba como había jodido todo de tal manera que ella no quería estar en la misma habitación que él y como ahora, de la nada, parecía haberse vuelto la compañera inseparable de Jeremy Carver y eso le revolvía el estómago. Eran la comidilla del colegio. Comían juntos, estudiaban juntos y aunque solo eran amigos aparentemente, no podía dejar de sentir celos. El menor de los Scamander caminaba sin poner atención al camino, distraído como iba, sacó una paleta tronadora sabor uva de su bolsillo. Era su sabor favorito en todo el mundo. Recordaba como le pedía gelatina de uva a su madre si se enfermaba o pedía los frutos incluso ahora que ya era todo un hombre mayor de edad, en el fondo, le encantaba ser el niño de mamá y Lorcan se burlaba de eso, pero a Lysander no le importaba ni un poco. Pensando en todo y nada mientras sentía en su boca las chispas que tronaban no vio a la chica que salió del pasillo del segundo piso rumbo a la escalera a la que él se dirigía.
Valerie McMillan salía de su clase de Adivinación, que compartía con los Slytherin y tenía dolor de cabeza. La solitaria tejona recogió su mochila y salió del salón de la profesora Trewlaney. Seguía arrepentida de no haber elegido al centauro, pero había cosas a las que jamás se acostumbraría y ver un maestro con cuerpo de caballo era una de esas. A pesar de que la castaña tenía linaje mágico, sus hermanos mayores ya graduados del colegio y ella, se sentían más a gusto en el mundo muggle en el que fueron criados. Valerie sabía que su sangre mágica venía de los Macmillan, esa familia sangre pura poderosa mencionada en el libro "La nobleza de la naturaleza: una genealogía mágica" y, sin embargo, ella tenía la sangre más sucia que sus zapatos. Su padre era un squib y su madre una muggle. Los prejuicios aun latían en Hogwarts, lastimaban y ella evitaba esa clase de dolor por lo que, conocedora de sus raíces, orgullosa de su origen y su familia, prefería la soledad a una compañía hipócrita. De ojos azules y cabellos castaños, Valerie llamaba la atención, pero no solía socializar con nadie. Debía ser la hufflepuff más asocial de la historia. Perdida en sus pensamientos, no reparó en el muchacho al borde de la escalera.
- ¡AY!
- ¡Fíjate por donde caminas!
El golpe fue seco. Lysander era más alto que ella por lo que el golpe fue en su pecho, sacándole el aire mientras que ella se había dado de lleno en la cara. Ambos se miraron haciendo gestos de dolor.
- ¿Qué te pasa? ¿Acaso quieres matarme?
- ¿Por qué querría matarte?
-No lo sé, tú dime. Tú chocaste conmigo.
-Yo iba a la escalera y tú estabas ahí parado como si estuvieras en medio de Trafalgar Square esperando un desfile. Tú interrumpías el paso.
La hufflepuff se sobaba la frente y entonces reparó en sus cosas tiradas por todos lados.
-Genial-se quejó.
-Déjame ayudarte-Lysander se agachó a recoger unos libros a sus pies-. Soy Lysander Scamander, por cierto.
-Sé quien eres-murmuró entre dientes metiendo los rollos de pergamino a su mochila-. Valerie McMillan, el placer es tuyo-bromeó.
Lysander trató de recordarla y de pronto supo quien era. Le entregó lo último que recogió del piso y se limpió las manos en el pantalón, sonriendo ante su comentario.
-Ya te recordé. Eres la chica que no habla con nadie. Lo siento, es que soy distraído, no suelo fijarme mucho a mi alrededor.
-Eso puedo notarlo-enarcó una ceja y lo miró ladina antes de comenzar a bajar las escaleras-. ¿Planeas quedarte ahí esperando a quien mas arrollar o ibas para abajo?
Lysander no pudo evitar reír ante su cometario. Salió detrás de ella, dando brincos en las escaleras hasta alcanzarla. Notó que en su mochila colgaba un telescopio muy distinto a los que conocía.
-Eres muy observadora-ironizó y señaló el objeto con el índice-. ¿Eso que es?
Valerie volteó a ver que señalaba.
-Un telescopio. Me lo trajo mi hermano mayor de España.
- ¿Y que hace tu hermano mayor en España?
- ¿Eres policía?
- ¿Qué es un policía? -la miró extrañado-. ¿Por qué tendría que serlo?
-Porque los policías hacen muchas preguntas-respondió tratando de explicar algo que era obvio para ella-. Un policía es como los aurores. Cuidan a las personas y combaten a los malos.
La charla imprevista había sacado a Lysander de su preocupación por Roxanne y lo tenía bastante entretenido y por primera vez en días su sonrisa hacía juego con sus ojos. Llegaron al Gran Comedor, la cena comenzaba a aparecer y el estómago de Lysander gruñó audiblemente. Valerie rio al escucharlo, poniendo cara de espanto.
-Ve a comer, Scamander, no queremos que te comas a la primera persona que se te acerque.
La risotada de Lysander fue escandalosa, haciendo que varios Hufflepuff voltearan a verlos con gesto de molestia. El ruido de la risa del rubio llegó hasta la mesa de Slytherin donde Megara, Alex, Edson y Lorcan lo miraron sorprendidos. Edson mordía un durazno y volteó sobre su hombro, incrédulo.
- ¿Qué hace Lysander con Valerie "No me hable nadie" McMillan? -preguntó extrañado.
-Preguntas a las personas equivocadas-Megara colocó su brazo sobre la mesa, apoyando el rostro en su mano, observando la escena en la entrada-. No sé si esto es bueno o malo. Tal vez así deje de estar detrás de Weasley y deje de humillarse por todo el colegio.
-Creo-dijo Lorcan mirando a Megara con los ojos entrecerrados-. Que estoy celoso, Meg. ¿De cuando acá te importa la vida amorosa de mi hermano? Esto es imperdonable.
-Imperdonable es la maldición que te haré si no me dejas ver con atención.
-Siempre tan adorable-remarcó el rubio llevando un vaso con jugo a la boca.
-Y es por eso que me amas.
Megara evitó mirar a la mesa de Gryffindor donde podía sentir los ojos verdes de Albus fijos en ella. Suspiró. Había decidido ignorar todo y esa distracción le estaba resultando perfecta. La morena miró a Edson, que seguía atento a Lysander. El azabache sacó un galeón de su bolsa y lo puso en la mesa.
-Un galeón a que lo arruina en menos de un minuto.
-Edson…-el tono de Megara era de advertencia, sin embargo, puso su galeón en la mesa-. Otro galeón a que no lo arruina.
Alex seguía la charla divertido. Sacó un galeón y lo puso sobre la madera arañada.
-Aquí está mi apuesta a que lo arruina después de un minuto.
-Doblo la apuesta-Lorcan sonrió dejando su copa a un lado y empezando a servirse-. Va a cagarla totalmente.
Edson miró las monedas de oro en la mesa y rio, haciendo un ruido nasal.
-Debemos dejar las apuestas, son un vicio malo.
-Lo dices porque perdiste, Corner.
-Cállense, ahí viene.
El Ravenclaw se acercó a la mesa de su hermano y sus amigos, donde siempre comía, haciéndole compañía al rubio mayor. Se sentó rápidamente jalando un plato para servirse una montaña de papas, salchichas, tomate frito, ignorando las cuatro miradas fijas sobre él. Comenzó a comer y masticar cuando pudo ver que nadie comía solo lo miraban como si estuviera comiendo perros bebés.
- ¿Qufe? -dijo con la boca llena.
- ¿Y bien? -Lorcan miró a su gemelo a los ojos.
- ¿Bien qué? -apenas tragó para responder.
- ¿Qué hacías con McMillan?
- ¿Tienes una cita?
-No sé si sea una cita, pero acabando de comer iremos a la torre de astronomía y me contará de las lunas de Urano.
Fue Megara quien alzó la mirada y sonrió triunfante.
-Gané, todos paguen-tomó los galeones de la mesa-. Lorcan, venga tu pago, era doble.
Lysander miró a su hermano con una expresión como si lo hubiera traicionado el mundo mientras sacaba dos galeones y se los daba a la morena. Lorcan lo miró con cara de pocos amigos.
-Me debes dos galeones-le dijo al menor señalándolo.
- ¿Yo? ¿Por qué no apostaste a mi favor? Solo Meg lo hizo, ella es la única que cree en mí.
Megara sonrió complacida y entre pullas y bromas la cena transcurrió entre el pequeño grupo de amigos, permitiéndose ser adolescentes, jugar, sin pensar que Scorpius estaba allá afuera tratando de arreglar el mundo. A la hora indicada, un Lysander bastante relajado se encaminó más allá de su torre. Huyendo de la señora Norris, el rubio subió por las escaleras de piedra hasta la torre de astronomía. Ese lugar le deba un poco de miedo. Había crecido oyendo las historias de la guerra de labios de su madre y de Harry Potter, de los Weasley y siempre la parte donde contaban la muerte del célebre director Albus Dumbledore le ponía la piel de gallina. Al recordarlo, un escalofrío le recorrió la espalda, haciéndolo temblar. Estaba oscuro, solo la luna iluminaba hasta el fondo de la torre y entonces la vio sentada en el balcón, mirando la luna. Lysander se acercó a Valerie con suavidad, no quería interrumpir sus pensamientos. Despacio se acercó y se sentó al lado de la tejona que, ensimismada en sus pensamientos, solo veía la luna como si fuera lo más hermoso del universo. La contempló un momento y luego a la luna, que se alzaba enorme y plateada contra el cielo de Escocia, más allá de los árboles, más allá de su mundo.
-Selenofilia-dijo Valerie sin apartar los ojos azules de la luna.
- ¿Qué?
-Selenofilia. Se le dice así a la gente que ama ver la luna. Creo que yo estoy enferma de eso.
-No es una enfermedad como tal ¿O sí?
-No realmente-fue la escueta respuesta.
En silencio miraron la luna largo rato, absortos cada uno en sus pensamientos. Lysander se sentía relajado, por eso, cuando ella habló tuvo que pedir que le repitiera la pregunta.
- ¿Qué dijiste?
-Tengo un lunar con forma de pez.
- ¿De verdad? A verlo.
-Mira…
Valerie ladeó el blanquísimo cuello descubriéndolo. Con su mano hizo a un lado a su melena castaña y señaló detrás de su oreja.
- ¿Lo puedes ver?
Se inclinó a verlo y si, era un curioso y pequeño lunar con forma de pez.
- ¿Tiene nombre? -Lysander observaba y volvió a su lugar después de unos segundos.
-Eh… ¿Lunar?
-No, no, debe tener un buen nombre, un nombre de rockstar. Yo digo que se llame "Bleu"
- ¿Bleu? -Valerie sonrió, curiosa.
-Si, Bleu.
Pasó el dedo por el pequeño lunar y después miró a Valerie con picardía.
-Estoy seguro que Bleu y yo seremos muy buenos amigos.
¡Hola! Tarde pero seguro, espero que les guste esta nueva entrega. Sus palabras de apoyo me animan a continuar y tratar de dar lo mejor para continuar esta historia que amamos. Y como siempre, espero traerles más pronto. Gracias por leer.
