¡Volví! No hay mucho que decir hasta que lean el capítulo ;)
Casualidad o destino.
Sakura movía la férula de lado a lado mientras escuchaba noticias a lo lejos. Su acompañante era un anciano de sesenta en un cuerpo de veintitantos. Todo lo que veía eran noticias de economía o bloggers de publicistas para ignorar su insistencia a que probara la pizza.
Y Meiling no volvía del baño para sacarla del aburrimiento.
Tomó el control a su lado y decidió encender la tv. Syaoran la vio de reojo antes de regresar la atención a su celular, al vídeo de una conferencia de un empresario de Australia.
Debió ir a Australia en vez de México, pero no, el segundo país era más exótico...
Sakura dejó la televisión en un canal cualquiera, en realidad el silencio entre ella y su acompañante se hizo incómodo y solo quería algo para distraerse.
No quería hablar de lo que pasó con Eriol, aunque tenía ganas de desahogarse, no quería hablar de ello. Sí, incongruente forma de pensar.
—El refrán un clavo saca a otro clavo, ¿qué tan real es esto? —preguntó una chica rubia en la televisión y la castaña no pudo evitar poner un poco más de atención—. Muchas parejas terminan de la peor manera entre pelas y rencillas; algunas personas en su desesperación por dejar de sufrir, se lanzan a relaciones de pocas semanas que las llevan a un daño más grande...
—No, Tomoyo, no pienso ir a buscarla —masculló con cansancio el hombre a su lado.
Sakura lo vio de soslayo, seguía poniendo atención a la televisión aunque su cerebro se dividió entre el reportaje y el castaño que tenía el ceño fruncido mientras escribía.
Aún se escuchaba el vídeo de economía, pero el chico mascullaba palabras inentendibles al presionar con cierta fuerza su pantalla.
—En raras ocasiones estas relaciones sanan el daño causado por un antiguo amor, pero ahora se está haciendo tendencia...
Sakura suspiró con fuerza sin realmente querer hacerlo, no pudo evitar pensar en Eriol y lo que hizo con su relación.
—¿Qué sentido tiene hablar? —suspiró Syaoran antes de dejar su celular de lado y pasar una mano por su cabello en un ademán de desesperación.
—El desahogo es como abrir una presa... Eso dice mi hermano —contestó Sakura de manera automática. El chico la vio contrariado, pero ella no apartó la mirada de la televisión—. Se deja salir algo de presión y se puede pensar mejor... Pero yo termino llorando, es ridículo, no puedo hablar de lo que siento sin llorar —concluyó con una mueca de asco.
Syaoran suspiró y entrelazó las manos entre sus rodillas, llevó la mirada a la televisión donde estaban pasando escenas de parejas mientras un psicólogo mencionaba los pormenores de las relaciones abruptas... Algo así.
—No le veo lo ridículo a que demuestres tu dolor ante una situación —alegó encongiendo los hombros.
Sakura puso la mirada en sus manos.
—Eriol se desesperaba cuando lloraba, siempre me pedía que me calmara... —Syaoran endureció la mandíbula—. Pero creo que es por su profesión, ya sabes, un doctor necesita ir al grano para salvar vidas...
—Eso no justifica que sea un témpano...
—Eso dice Lien...
El castaño suspiró con fuerza pensando en lo mucho que empezaba a odiar al hombre de lentes antes de enderezarse de manera abrupta en su lugar.
—Por cierto... ¿Ellos cómo encajan en esto? —No se tragó el cuento del trabajo, quería saber la verdad y la chica se la iba a contar.
Sakura lo vio confundida por un segundo y luego levantó ambas cejas con sorpresa.
—¡Cierto! ¡Son familia...! —Abrió la boca antes de arrugar el entrecejo—. ¿Eres el primo amargado?
Y la castaña recibió una mirada de enojo que la hizo sonreír con cierta culpa al no saber expresarse de manera adecuada.
Tomoyo hizo un pequeño sonido que resultó entre un gruñido y un grito de exasperación.
No quería presionar a su amigo, pero necesitaba saber todos los pormenores de lo que hizo apenas salió del consultorio. No dejaba de pensar en la castaña de mirada inocente que literalmente era una dama en apuros.
Y por eso, en su infantil mente, decidió recordarle a Syaoran que Akiho fue su amor eterno y no debería andar abriendo puertas a nuevos amores.
A menos de que por fin decidiera voltear a verla.
Soltó otro gritito mientras ponía las manos en su cabeza. Odiaba que su mejor amigo sacara esa versión inmadura y tonta que mantenía bajo candado.
Estaba celosa de una completa desconocida. Syaoran era un caballero en todos los sentidos, solo la ayudó por cortesía y pronto separarían sus caminos...
—Doctor Hiragizawa, creí que vendría hasta la otra semana. —Escuchó afuera de dónde estaba haciendo su rabieta.
Arqueó una ceja antes de levantarse para acercarse a la puerta. No pensaba salir, es más, terminaría su turno si el hombre de lentes de quedaba a trabajar.
—No, Rika, regresaré el jueves; solo vine por unas llaves que olvidé.
Escuchó un sonido de afirmación antes de que la enfermera bajara la voz para seguir con un—: Supe lo que pasó, ¿está bien?
Tomoyo arrugó el entrecejo y pegó más la oreja a la puerta.
—Lo que pasó de...
—Ya sabe, que ayer no llegó a su boda...
Tomoyo endureció el gesto al grado de formar una fina línea con la boca. El doctor aseguró cancelar tal evento al besarla, pero no, aparte de infiel era un mentiroso de lo peor. Puso la mano en la manija para abrir la puerta y darle una mirada asesina al doctor para hacerle saber que escuchó todo... Eso hasta que su mente unió dos y dos...
¿Cuántas bodas fracasadas podían haber en un solo día?
Fue como si la electrocutaran, se alejó de la puerta de golpe cuando ciertos ojos verdes aparecieron en su mente, su movimiento fue tan brusco que chocó con un carro de curaciones que estaba a su derecha. Al ser de metal, este hizo un estruendoso sonido al caer al suelo.
—Demonios, demonios —masculló ella al inclinarse para levantar el material que cayó con el golpe.
La puerta a su espalda se abrió. No tuvo que voltear para saber quiénes estaban ahí.
—¡Doctora Daidouji! ¿Está bien? —exclamó Rika al apresurarse para asistirla.
Tomoyo descartó todo con un movimiento de mano, continuó levantando y esperó que el doctor cuatro ojos se fuera sin hablarle.
Pero obviamente el hombre no lo hizo.
Lo notó de reojo inclinarse para levantar unas vendas que rodaron hasta el otro extremo de la habitación. No vestía como de costumbre, llevaba jeans y un sweater azul marino.
Cuando Rika puso la bandeja frente a ella para que depositara lo recogido, se incorporó y sacudió suciedad imaginaria de su bata.
La enfermera repitió el acto con Eriol y este dejó las vendas sin darle una mirada a la pelinegra, pero Tomoyo estaba que temblaba de furia. Odiaba las mentiras, más las que venían de hombres que decían sentir algo por ella.
—Repondré el material, ya vuelvo —dijo Rika ignorando la tensión en la habitación.
Eriol asintió y se dispuso a salir. Se sentía medio ido, seguía procesando que al parecer no fue el único infiel en la relación. Pero le costaba creerlo, cada cosa que compartió con Sakura se reproducía en su mente y no cuadraba con la supuesta relación secreta con el chico ese.
—¿No habías cancelado tu boda? —preguntó Tomoyo con cierto enojo mezclado con ansiedad.
Él se detuvo en la puerta como si hubiera chocado con un muro. En su estado enajenado, olvidó por completo lo que la doctora Daidouji tenía información errónea sobre su vida.
La miró de soslayo, no teniendo cabeza, o ganas, para mentir más.
—No... Y antes de que empieces con tu discurso de lo moralmente correcto, recibí mi karma, para que estés tranquila —musitó con temple antes de salir de la sala para dejar a una Tomoyo más alterada.
Necesitaba saber, por masoquista o chismosa, luego meditaría en ello...
Pretendió salir para seguir al doctor de lentes pero se encontró de nuevo con Rika, quien llevaba el material nuevo en sus manos.
Ambas vieron a Eriol alejarse con los hombros caídos. Tomoyo mordió su labio inferior al no saber si seguirlo o dejar que la vida siguiera su curso.
Escuchó a Rika suspirar y la vio negar. La enfermera sabía cuando callar y cuando chismear... A menos de que...
—Pobre Hiragizawa, siento pena por lo que pasó en su boda —dijo Tomoyo en un tono de empatía. La enfermera la miró un tanto confundida así que decidió darle más seguridad de que sabía—. Tuve que rechazar la invitación a la boda, ya sabes, ayer fue un día ocupado... Pero me enteré.
Su acompañante levantó ambas cejas no sabiendo que los doctores eran cercanos. De hecho, parecían más lejanos que cuando la doctora se unió al hospital. Pero creyéndose el cuento, pues no muchos sabían los pormenores del sábado, suspiró con tristeza.
—Su novia, Sakura, estaba devastada... Supongo que terminaron peor de lo que pensé... Una lástima, la chica es tan noble y...
Tomoyo dejó de escuchar, pues literal sintió hielo caerle encima al comprobar que, en efecto, la novia que atendió, y la que el doctor Hiragizawa pensaba desposar, eran la misma.
Meiling se quedó en la misma posición esperando que el idiota frente a ella se dignara a voltear. Claro que, cuando se trataba de Touya Kinomoto, hablar con su espalda era el pan de cada día.
—¿Si recuerdas que tienes una mejor amiga con el corazón partido? —dijo él finalmente—. No es momento para hablar de... Eso.
La chica quiso agarrar el sartén que el hombre lavaba para darle en la cabeza hasta que le diera la cara. Endureció el gesto y se acercó a él hasta poder enterrar un dedo en su espalda.
—¿Le llamas "eso" a nuestras noches juntos y citas? —le recordó ella en un gruñido—. ¡Voltea, maldita sea!
Touya suspiró de manera audible antes de girarse y verla a los ojos. Era la amiga de su hermanita, le llevaba años de experiencia y de vida, estaba mal lo que empezó como un juego de coqueteo del que ya no sabía cómo escapar.
Yukito se lo advirtió, pero no, creyó poderse zafar bajo argumentos idiotas de trabajos inexistentes.
¿Por qué demonios le siguió el juego hasta llegar a compartir la cama?
Llevaba semanas pensando en ponerle fin a ese asunto, dejarle en claro que tarde o temprano tomarían caminos separados y que los años de diferencia les pasarían factura.
Pero Meiling Li era un huracán. Uno que actuaba y luego pensaba. Así que debía prepararse para ser receptor de la ira contenida.
—Meiling...
El timbre los hizo sobresaltar a ambos, ella entrecerró los ojos sabiendo que el idiota tomaría la puerta para escapar, de nuevo.
—Oh, no, no pienses moverte ni un centímetro...
Pero Touya la ignoró con total descaro y salió de la cocina agradeciendo en silencio mientras sacaba una propina extra para el repartidor de pizza.
—¿Eso creen? ¿Que soy amargado? —cuestionó Syaoran con tono ofendido.
Sakura se sintió mal, así que le volvió a dar esa sonrisa llena de culpa.
—Pues... ¿No? —Recibió otra mirada endurecida—. Ok, bien, eso dicen, que estás amargado... O serio... Depende de a quién le preguntes porque Lien asegura que es amargura, pero Meiling...
—Hablas mucho —gimió el castaño apoyando la cabeza en el respaldo para mirar hacia arriba—. Y esos dos no son buenas fuentes.
Sakura se hizo hacia un lado de manera graciosa, pues dio mini brincos para moverse e inclinarse en su dirección.
—Dime la verdad, ¿tú no ves que harían una genial pareja? Intenté unirlos por semanas, incluso los encerré en la oficina de mi hermano un día, pero escaparon por la ventana y nada de lo que hago...
Syaoran la miró incrédulo, no por lo que decía, sino por la velocidad y emoción con lo que lo hacía. También porque pasó del tema de lo amargado que era a las mil razones por las que Lien y Meiling debían estar juntos.
Frunció el ceño.
—No, no lo veo —musitó un tanto preocupado porque sabía que Lien era la peor pareja del planeta... Y Meiling estaba loca, punto.
El gesto de la chica decayó antes de que bufara y pusiera las manos sobre su regazo con un gesto de fastidio.
—Rayos... No estoy loca, lo juro...
—Pues finjes bien... —Ojos verdes lo miraron con tal desagrado que casi se sintió intimidado... Casi.
—¡En fin! —gritó ella para quitarle importancia a la ofensa—. Un día, verás que un día nos dirán que son pareja, estoy dispuesta a apostar dinero por ello.
Syaoran rio antes de negar y bajar la mirada a sus manos.
—¿Qué? ¿No me crees? —cuestionó ella con las cejas arqueadas—. Ponle precio.
Orbes ambarinos la vieron incrédulos.
—Es broma, ¿verdad? No pienso ponerle precio...
—Da una cantidad, anda...
Se miraron en silencio unos segundos, incredulidad se encontró con desafío y Syaoran no pudo evitar pensar que así podrían estar por horas con tal de tener la razón. Se parecían mucho en el área de la terquedad.
—Bien... No comerás comida chatarra por un mes.
Sakura abrió la boca no pudiendo creer que siguiera con eso, pero entonces, una sonrisa un tanto malévola se formó en su rostro.
—Y tú dejaras que escoja tu comida por un mes, sin titubear —refutó extendiendo una mano.
Obviamente Syaoran se esperó tal reto, pero conocía tan bien a Lien y Meiling que no dudó en que ganaría. Así que tomo la mano de la chica y la apretó cerrando la apuesta.
Sakura no sabía en el lío que se acababa de meter.
—Entonces... ¿Seguirán con esto?
Sakura y Syaoran se voltearon a ver mientras tres pares de ojos los inspeccionaban. El segundo casi quiso negar al instante al recibir la mirada asesina de Touya.
—No creo que Eriol vuelva a aparecer así que... —La castaña se encogió de hombros.
Por su lado, el chico clavó la mirada en la ensalada que afortunadamente venía con la pizza. Solo la movía de lado a lado sin probar bocado. Quería ir a su departamento para ahogarse en su autocompasión, pero Sakura insistió en que mínimo la dejara invitarle la comida por todo lo que hizo por ella en veinticuatro horas.
No podía creer que ya casi iban veinticuatro horas.
—Solo, ¿me acompañarías a reponerle su ropa a Tomoyo? —preguntó Sakura con cierta vergüenza.
Syaoran se encontró asintiendo, aunque no estaba muy atento a la conversación, pues empezó a rememorar el rechazo de Akiho.
—Oh, ya decía yo que ese estilo me parecía familiar —señaló Meiling—. La ropa olvidada es dolor de cabeza, ¿que no? —continuó notando de reojo como Touya entornaba los ojos.
El desastre entre ellos empezó por una chamarra que ella dejó en su oficina al escapar del encierro de Sakura.
—No entiendo —musitó Sakura frunciendo el ceño, pero sacudió un poco la cabeza antes de retomar su punto—. ¿Puedes mañana? Oh, no, seguro trabajas y...
A la mención del trabajo, el chico sintió su estómago caer al suelo. Demonios, ahí vería a Akiho.
Supuso que su estado alterado se notó en su rostro, pues Meiling lo vio preocupada y se aclaró la garganta.
—Probablemente puedas faltar...
Syaoran negó varias veces.
—Viene la campaña de whisky y la de viajes, no puedo ausentarme por cosas así... Lo resolveré. —Su prima lo miró con un gesto indescifrable así que regresó la mirada a su ensalada—. Siempre lo hago.
Camino a su hogar canceló la reunión con Tomoyo. La chica le mandó emojis de cara larga, pero se inventó una migraña asesina y lo dejó ser.
Sakura se quedó a dormir con su hermano bajo mucha insistencia, de hecho, Syaoran le tuvo que mencionar que su ex probablemente iría a sacar cosas de la que sería su casa. Solo así se resignó.
Meiling saltó al rescate, obvio, le dijo que podían patear a Lien de su recámara para que se mudara, al fin que el chico apenas llevaba una semana siendo su roomie.
Giró el volante en la esquina y se introdujo al estacionamiento del complejo de departamentos exageradamente caro que iba a pagar por los siguientes diez años.
Cuando lo adquirió estaba seguro de que haría una vida ahí con la mujer de su vida, pero Akiho tuvo otras ideas en mente. La chica no era de apantallarse, ambos venían de familias bien acomodadas y ella era de preferir lo sencillo.
Por eso se enamoró, Akiho era una en un millón.
Y sabiendo que no había dinero que deslumbrara a su ex, decidió demostrarle lo que era él sin un apellido de respaldo. Así terminaron en Tomoeda.
Armaron una agencia de publicidad, la mudaron a un rincón donde nadie los conocería y demostrarían ser más que un apellido.
Ahora estaba atorado con media agencia a su nombre y media al nombre de su ex.
—Vaya manera de joderse la vida —dijo para sí mismo antes de salir de su vehículo.
Tras poner la alarma de su camioneta, sacó las llaves del departamento y las observó con un gesto decaído.
Jamás volvería a enredarse con alguien, sería el Li soltero a quien los niños buscaban para dinero y moriría en un rincón de Tokio odiando a las mujeres tras años de resentimiento por la que lo dejó...
Sí, jamás volvería a entregar el corazón.
Bostezó por lo que pareció milésima vez antes de entrar al elevador. Llevaba un café cargado en la mano derecha así que con la izquierda presionó el número de piso al que se dirigía.
—Espera, espera, detén el elevador —exclamó cierta voz femenina que reconocería entre miles de personas.
Actuó por impulso, por costumbre; sonrió vagamente y presionó el botón para mantener las puertas abiertas pensando en que siempre se le hacía tarde para algo.
Entró como un huracán de cabello rubio y ojos color mar que lo dejó sin aliento. Ella estaba igual, tratando de recuperar la respiración, pero no por la misma razón.
—Gracias, odio tomar... —Se detuvo en seco al encontrarse con su ex al que hacía menos de dos días dejó con anillo en mano.
Syaoran asintió retomando la compostura.
—Lo sé, no hay problema —musitó mientras soltaba el botón para que las puertas se cerraran.
—¡Alto, alto! ¡Mujer lisiada! —gritaron y una vez más Syaoran actuó impulsivamente para detener el elevador.
Tras unos segundos, por las puertas entraron quienes menos se imaginó encontrarse en su empresa: La novia en apuros y su prima Meiling.
Akiho se hizo a un lado quedando pegada al lado izquierdo mientras que Meiling se apoyó en el cristal al fondo. Pero Sakura, jadeaba mientras acomodaba mejor los brazos en las muletas y se ponia frente a él, dándole la espalda a su ex.
—Vaya, qué bueno que te veo, mira... —La castaña llevaba una bolsa rosa en las manos y de ella sacó un conjunto de lencería color morado—. ¿Cómo lo ves? Me gusta el color, creo que es mejor que el del sábado y...
Syaoran se quedó con la boca abierta, Sakura seguía hablando sobre el conjunto sexy hecho para noches de pasión en sus manos ignorando la mirada asombrada —y contrariada— de la rubia a su espalda. Él trató de intervenir en el monólogo de porqué el morado se veía mejor que el negro, pero la castaña no lo dejó.
—Se ve bien, yo digo que este es mucho mejor que el que traía el día de la boda, y me aseguré de que fuera caro...
Meiling cruzó los brazos y contuvo con todas sus fuerzas la carcajada que amenazaba con salir de su boca, la cara de Akiho era un poema, pero la de Syaoran... Lástima que sacar el celular rompería el momento, Lien moriría por presenciar a su primo en tan mal estado.
Todo lo que Sakura decía se entendía de cierto modo que no era, su amiga se veía tan a gusto hablando de lencería con Syaoran que chasqueó la lengua con curiosidad.
—En resumen, ¿te parece bien este? —finalizó la chica moviendo el conjunto de lado a lado.
El elevador se detuvo en el piso donde Syaoran tenía su oficina, él alcanzó a ver a Akiho por detrás de Sakura y fue hasta entonces que la castaña volteó y se sobresaltó al notar que tenían más compañía.
—¡Hoe! Perdón, no la había visto... —No terminó la frase, pues no tardó mucho en reconocer a la rubia que viajaba con ellos—. Lo lamento, soy Sakura...
La castaña extendió la mano y Akiho la tomó forzando una sonrisa. Syaoran observó las manos unidad y llevó su atención a los ojos de su ex que decían mil y un cosas que le aceleraron el corazón, su lógica saltó fuera del elevador y él actuó en un impulso ridículo e infantil al interrumpir lo que sea que la chica fuera a decir con un:
—Mi novia.
N/A: Llevo semanas queriendo llegar a este momento, pero las escenas de en medio se me complicaron. No sé porqué siempre debo manejar tantos personajes, pero espero les esté gustando.
Por ahí leí de la primera versión, que la extrañan aunque aman esta, sepan que la versión original la tengo guardada y cada que puedo la modifico para ajustarla al grado de amarla y terminarla para compartirla con ustedes.
Hasta ahorita va por buen camino, cambié la relación de SS y me gusta un poco más, pero no cometeré el error de subirla sin finalizar, prefiero que la lean completa a decepcionarlos por pausarla.
En fin, ¿cómo les está pareciendo esta versión? Como dirían por ahí, se viene lo chido jajaja.
Syaoran es igual de impulsivo que Sakura, solo que sus arranques tienen detonantes más sentimentales que de locura. Me encantan estos dos y lo que se viene con Meiling/Touya/Lien ;)
Eriol y Tomoyo van a agarrar forma poco a poco, mi plan no es cargar la historia en ellos porque en Ella, tú y yo se robaron el show ^^'
