Dissclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug and Chat Noir es propiedad de Thomas Astruc, Zagg Studios, Toei Animation y un montón de gente que no soy. La historia es lo único que me pertenece, pero está hecha sin fines de lucrar con ella. La canción Sweet Pandemonium es de sus respectivos autores y yo utilizo su letra sin fines de lucro. La imagen utilizada de portada tampoco me pertenece.


Epifanía

Capítulo I.

El amanecer de una oportunidad.

≪So safe

In the blinding light of love unchained

In yesterday's cave≫

Sweet Pandemonium, Him.

Durante la víspera de año nuevo, Gabriel Agreste inició un desfile con motivo de la presentación del nuevo estilo juvenil de su marca. Todos los críticos de moda estuvieron atentos al conteo de inicio de año, pues al llegar al cero, Adrien Agreste, el modelo principal, apareció con el diseño exclusivo de la nueva línea de la marca, dando inicio a una fiesta de gala completamente exclusiva.

Sin embargo, apenas pudo, el heredero de la compañía se alejó de aquel alboroto. Apoyando sus antebrazos en un balcón que le permitía ver el cielo estrellado, Adrien suspiró melancólico. Un nuevo año para él significaba otro año de su madre desaparecida.

Usualmente intentaba no pensar en cosas tristes para fiestas importantes, pero este año fue distinto. Quizás porque había terminado su relación con Kagami hacía poco. O porque todavía tenía los sentimientos hacia Ladybug dentro de su pecho. Si bien, no tenía ganas de rumiar su situación actual y solo le apetecía ver el cielo estrellado, sabía que solo debía esperar hasta que fuese una hora prudente para escabullirse a su habitación y encerrarse allí sin que alguien lo echara en falta.

Se preguntó si Ladybug habría patrullado aquella noche sola, como usualmente lo hacía ahora que era la guardiana de los Miraculous. Buscó la respuesta en la luz de las estrellas, pero no divisó la silueta de la superheroína por los alrededores. Quizás estaba junto a su familia celebrando el nuevo año, o con ese chico al que tantas veces mencionaba.

Respiró hondo y miró por sobre su hombro, esperando que los asistentes a la fiesta no hubieran notado su ausencia. Al parecer, estaban concentrados en la música y el baile. Podría estar solo un rato más.

Claro, hasta que una estela negra llamó su atención. Se fijó en Plagg, su kwami, quien flotaba a la altura de su cara con aspecto perezoso.

–¡Anímate, chico! –le dijo–. Es un nuevo año. Es una nueva oportunidad para probar más quesos.

Adrien parpadeó sin comprender a su kwami. A veces le daba la impresión que él lo aconsejaba en código. Luego lo veía tragar una rueda gigante de Camembert y caía en la cuenta de que a su kwami sólo le interesaba comer.

–No quiero probar más quesos, Plagg. Sólo quiero poder escabullirme a mi habitación.

Plagg lo miró con una ceja levantada.

–Bueno, tampoco es que esté tan lejos, ¿no?

–Sí, pero padre se enfadará si descubre que dejé la fiesta a una hora en la que podría estar promocionando su diseño nuevo.

–También se enfadará si descubre que estás aquí sin que nadie vea ese diseño que supuestamente estás promocionando. No veo cuál es la diferencia.

Adrien soltó un suspiro, como si se estuviera armando de paciencia para responderle a su kwami.

–Quizás tengas razón. Solo que me gustaría poder hacer algo más que solo estar de pie, desfilando. Me pregunto si Ladybug habrá salido a patrullar esta noche. –Plagg levantó una ceja ante el cambio de tema, pero se quedó mirando a su portador, esperando a que continuara hablando–. Quizás no debimos haberla dejado sola, Plagg.

–No la hemos dejado sola –reclamó el kwami con el ceño fruncido–. ¿Debo recordarte que fue tu idea el patrullar por separado?

Adrien desvió la vista a la par que se le sonrojaban las mejillas de la vergüenza.

–No pensé que Ladybug me hiciera caso esa vez –confesó–. Lo propuse por Kagami, para que nuestra relación funcionara.

Plagg bufó ante la ironía. Adrien hizo una mueca y volvió a mirar hacia el horizonte. El kwami se posó entonces en la cabeza de su portador y comenzó a ronronear sobre él, para calmarlo.

Sabía que para Adrien, su relación con Kagami había sido importante. Y había puesto mucho empeño para que funcionara. Pero, al final la chica japonesa decidió dar un paso al costado, dando una razón lo suficientemente válida para terminar: Adrien estaba enamorado de alguien más.

Plagg no pudo hacer más que darle la razón a Kagami y levantar a su cachorro de aquella pena amorosa. Aún no lo lograba del todo, pero tenía fe en que Adrien se recuperaría pronto de aquel desamor.

El kwami se iba a quedar un momento más sobre la cabeza del joven modelo, cuando escuchó el ruido de una cuerda tensándose y destensándose. Buscó con la mirada de donde provenía el sonido y al notar la figura femenina asomarse, se adentró hacia la camisa de su portador, quien había levantado la vista al sentir el familiar sonido de aquel yo-yó mágico.

Segundos más tarde, la heroína de traje rojo con motas negras se había posado sobre el balcón de la terraza de la mansión Agreste con total seguridad. Adrien se quedó mirándola algo embobado, mientras ella cruzaba sus piernas, aún sentada sobre el balcón, mirando al modelo con las mejillas arreboladas.

–¿L-Ladybug?

Adrien odió su voz titubeante. Carraspeó, con tal de mostrarse algo más serio de lo que había sonado. Ladybug soltó una risita nerviosa, que dejó al modelo sin aliento. Ella era tan hermosa.

–Feliz año nuevo. –dijo la heroína.

Él sintió un calorcito llenar su pecho.

–Feliz año nuevo para ti también, Ladybug. –deseó.

Ella le sonrió aún sonrojada.

–¿Estás patrullando? –preguntó Adrien. Luego, cerró los ojos con fuerza, pensando en que había hecho una pregunta estúpida.

Ladybug se tapó la boca al reír levemente. Adrien abrió los ojos asombrado de verla tan distinta a como se comportaba cuando era Chat Noir. Las mejillas arreboladas de ella la hacían ver adorable. Y alcanzable.

Extendió la mano hacia su rostro, pensando en que se podría desvanecer con solo tocarla, pero ella, al ver sus intenciones, se echó hacia atrás, nerviosa. Adrien detuvo el movimiento de su brazo, pensando en que ella podría caerse del balcón si seguía haciéndose hacia atrás.

–Lo siento, Ladybug –dijo él, sonrojándose–. No quise asustarte. Pensé que, ya sabes, estarías con Chat Noir.

–¿Con Chat Noir? –repitió ella, con incredulidad.

Adrien se quedó callado por unos breves segundos, sin saber qué agregar.

–No, él no me acompaña esta noche. Seguro que está con su novia –explicó Ladybug encogiéndose de hombros–. Siempre me comenta que pasa bastante tiempo con ella. No, yo decidí patrullar sola esta noche.

Adrien se rascó la nuca con nerviosismo. Ladybug se inquietó.

–Y… ¿tú? –Sacudió la cabeza, tratando de no sonar tan ruda–. Digo, ¿no se supone que estás en la fiesta exclusiva de los Agreste?. Digo, eso supongo, no es que siga tu carrera, ni nada. –desvarío. El rubio la miró con curiosidad y una sonrisa de ternura–. Es decir, venía a vigilar la fiesta, eso, por si venía un akuma y… todo eso.

El modelo soltó una risita.

–Sí, estoy en la fiesta de mi padre como invitado de honor. –explicó–. Pero no me apetecía estar allí adentro.

Ladybug, quien había comenzado a jugar con sus manos por el nerviosismo, las apretó en puños al notar a Adrien algo decaído.

–¿Estás bien, Adrien? –A él lo emocionó notar el brillo de preocupación en aquellos ojos azules que tanto amaba.

–Sí. Es solo que, recordé a mi mamá y me puse algo melancólico. –explicó–. Es todo.

A Ladybug se le apretó el corazón al escuchar aquello. Se acercó lentamente hacia el chico y posó una de sus manos sobre el hombro de él. Adrien levantó la mirada y sus ojos se cruzaron con los de la heroína de traje moteado.

–¿Ladybug?

–Si necesitas conversar, puedo quedarme un poco más. –ofreció con las mejillas arreboladas.

Adrien agradeció el gesto en silencio. Puso su mano sobre la enguantada de ella y rompió el contacto visual, para ver el cielo estrellado. Ladybug hizo el ademán de retirar su mano del hombro de él, pero Adrien no la dejó.

–Quizás te parecerá extraño, pero me gustaría pedirte dos favores. –dijo Adrien, aún mirando hacia el cielo.

Ladybug se rió nerviosamente. Adrien al escucharla, se preguntó si así era como se reían las hadas de los cuentos que su madre le contaba de pequeño. Sonrió con nostalgia.

–Disculpa si estoy abusando de tu buena voluntad. Sé que como heroína debes estar muy ocupada.

La chica desvió la mirada con vergüenza.

–No, Adrien. Si hay algo que pueda hacer para que estés mejor, lo haré. –respondió ella y Adrien sintió que era su turno de sonrojarse, pero le sonrió antes de responder.

–Me gustaría que te quedaras conmigo a ver el amanecer.

Ella parpadeó.

–¿El amanecer?

–A veces, cuando era pequeño, me gustaba quedarme a ver el amanecer del primer día del año. Mi mamá me acompañaba, aunque siempre se terminaba quedando dormida antes de que saliera el sol. Me gustaría poder hacer lo mismo ahora.

–Está bien. –respondió ella, algo insegura.

Adrien solo le sonrió en agradecimiento y le pidió que se quedara un momento en el balcón, mientras él se adentraba en la mansión. La fiesta estaba siendo un éxito y nadie había notado su ausencia, por absurdo que pareciera. Así que aprovechó de robar algunos bocadillos y una vieja manta desde la habitación de sus padres. Luego, volvió hacia el balcón donde Ladybug lo esperaba aún algo insegura.

–Traje algo de comer. Seguramente debes estar hambrienta. –dijo, ofreciéndole una bandeja de canapés.

Ladybug sonrió y sacó un bocadillo. Adrien intentó cubrirla con la manta, pero al final la heroína, al verlo tan complicado, le sugirió estirarla como si fueran a hacer un picnic en el balcón de la mansión. Adrien, todo sonrojado, estiró la manta lo mejor que pudo en el suelo y ella puso la bandeja en medio de ambos, continuando la conversación banal que habían iniciado.

El amanecer los sorprendió a ambos sentados uno al lado del otro, con una bandeja de canapés a medio comer y una charla amena.

Ladybug sintió sus mejillas arder, pero intentó concentrarse en el amanecer delante suyo y no en el apuesto rubio que tenía a su costado, quien parecía tan absorto en el espectáculo como ella.

Adrien deseó que su madre pudiera estar viéndolo desde donde se encontraba y supiera lo feliz que era, a pesar de no encontrarse junto a ella.

Cuando los rayos del sol estuvieron más altos, Ladybug se levantó en silencio de la manta, apenada por tener que irse. Adrien siguió los movimientos de ella con la mirada, aún indeciso de hacerle la otra petición.

–Adrien. –llamó la heroína, haciendo que él despertara de su trance–. Yo, debo irme. –anunció, sintiéndose algo boba por decirlo de esa manera tan brusca–. P-p-pero, no es como que me quiera ir, digo, no quiero echarte, digo, echarme –resopló frustrada–. En realidad, tú me habías pedido dos cosas. Yo… quería saber cuál era la otra.

El modelo parpadeó con perplejidad al ver a Ladybug tan nerviosa. Sonrió de gusto, al ver a su Lady en una faceta que se le hizo bastante adorable, aún cuando no se la mostrara a Chat todos los días.

Llevó su mano derecha hacia la parte posterior de su nuca y la acarició con nerviosismo.

–No sé cómo pedirte esto, en realidad –confesó avergonzado. Ladybug se sonrojó, pero esperó a que él volviera a romper el silencio que se había formado entre los dos–. Ladybug –Los ojos azules de ella se posaron sobre los verdes de él, pero ese detalle no lo intimidó–, ¿podrías volver a aceptar a ver el amanecer conmigo?

Si Ladybug se asombró por esa petición, no lo demostró. Solo parpadeó un par de veces que a Adrien le parecieron eternas. Finalmente sonrió.

–Cuando quieras. Siempre y cuando no esté peleando con un akuma. –respondió y besó su mejilla como despedida.

Adrien se quedó mirando cómo su compañera se marchaba de su lado, aún con una mano encima de su mejilla, esperando a que llegara nuevamente un amanecer para compartirlo con ella.


Notas de Autora:

¿Que qué hago yo publicando otra cosa que no sean Los Amantes Mariposa? Esa es una muy buena pregunta (inserte el emoji del monito que se tapa los ojos).

Solo puedo decir que Aquatic Whisper me comentó del reto de 12 meses de fanfiction y aquí estoy XD Atrasada para variar (?) y con ganas de escribir un fic anual, porque me pareció una buena idea XD No sé en qué estaba pensando en realidad XD

En fin, que ya está publicado y no hay nada más que hacer jajajaja. En mi defensa, puedo decir... en realidad, todavía no lo puedo decir, porque sería spoiler XD So, espero que les guste este primer capítulo y sigan los siguientes :D Y, si todo sale bien, nos leemos durante la próxima semana :D


Próximo capítulo: San Valentín impurrfecto.