—... Quiero decirte que, el hecho de que fuese hoy a desayunar a la azotea, no fue para acosarte y eso — sonrió de medio lado —... Sé que no es una excusa y que lo más seguro es que hayas pensado que lo hice a propósito.

De hecho, fue así — pensó, mirándola en silencio.

— Pero yo... Sólo quise comer ahí, pensando que podría estar sola por un momento... Sólo yo y mis pensamientos — soltó una risilla —. ¿Es extraño verdad?

— ¿Y por qué debería serlo? Todos alguna vez necesitamos un momento a solas para nosotros mismos. ¿Por qué deberías ser la excepción?

Emma sonrió, feliz al ser entendida por la persona que le gustaba —. Sabía que lo entenderías.

¿Y por qué no habría de hacerlo? Se preguntó internamente Ray, mirando hacia el frente. Después de todo, él no era alguien que le fascinaba interactuar con otros o estaba interesado en caerle bien a los demás.

No negaba que sociabilizar y hablar con otros le permitía conocer diversos puntos de vista que enriquecían su conocimiento y que también, le abrían puertas. Pero reconocía que estar rodeado de muchas personas no era lo suyo y que eso, le dejaba exhausto o le incomodaba.

Ellos eran opuestos que se complementaban... Espera un segundo.

¿Qué estaba por pensar! ¡No caigas Ray, resiste! ¡Todo por una vida tranquila!

— Por cierto, Ray... Hay algo que quiero preguntarte — Emma lo miró, cautelosa. No quería arruinar el buen ambiente entre ambos —... ¿Puedo?

Su tono de voz cauteloso le provocaba desconfianza, y tenía el presentimiento de que una vez hecha su pregunta, las cosas sólo se tornarían aún más difíciles que antes.

Porque desde que a Norman le gustaba Naomi, en sí, Emma tenía el camino libre para acercarse a él.

Y eso, atemorizaba a Ray. Quién no hacía más que resistirse a los encantos de la protagonista femenina y a este estúpido mundo Otoge.

— ¿Qué es lo que quieres saber?

— Eh... Son muchas cosas las que quiero saber de ti, en realidad — rió ligeramente, nerviosa mientras se sonrojaba —. Quiero conocerte más, Ray... ¿Podríamos ser amigos?

Si decía que , estaría condenando su objetivo de una vida tranquila y había riesgos de que Emma lo hiciera caer ahora que no había algo de por medio entre ambos. Pero si decía que no...

Otra vez, ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Por qué estaba titubeando? Sólo debía decirle que no y asunto resuelto.

¿Por qué se estaba preocupando por decir que no?

Maldito Otoge, fue lo que pensó Ray, mirando hacia otro lado. Ya le estaba afectando el cerebro con sus estupideces románticas sinsentido.

Él no iba a caer, no lo haría. Se rehusaba a hacerlo.

— Emma, tú y yo no podemos ser amigos.

— ¿Qué? ¿Por qué? Ah... Bueno, no tiene que ser ahora, podría ser...

— No. No vamos a ser amigos ahora ni más tarde.

— Pero... ¿Por qué? — Tragó saliva, queriendo aflojar el nudo que comenzaba a formarse en su garganta —... ¿Por qué, Ray?

¿...Por qué le estaba doliendo verla así? Tan triste y desesperada.

— Porque no quiero, Emma... Nosotros nunca podremos ser amigos o algo más.

— Ray...

Ray apartó la mirada, cerrando sus ojos, negándose a escucharla también. Porque lo más seguro es que, pudiera ceder y aceptar ser amigos; y desde un comienzo, el tenía planeado no relacionarse con ella.

La protagonista.

—... No entiendo... No lo entiendo... ¿Fui demasiado insistente con mis sentimientos? Si fue eso lo que te molesto, por favor, perdóname.

— Emma... Por favor, detente — suspiró, aún sin mirarla, escondiendo su mirada tras su flequillo —. No hagas esto más difícil... Sólo... Olvídalo.

— Entonces, recházame — pidió, poniendo una mano en su pecho, deteniendo sus pasos —... Si me rechazas, yo me detendré, lo prometo. Pero, quiero que lo hagas, mirándome a los ojos — sonrió a duras penas, conteniendo su dolor —. Es lo último que te pediré, Ray.

Ray, quién también había detenido su caminata, cerró fuertemente los ojos y antes de darse cuenta. Ya estaba mirándola a los ojos.

— Lo siento Emma, no puedo aceptar tus sentimientos.

Por algún motivo, la garganta le ardía como si no hubiese bebido agua. Pero lo que más dolió, fue la sonrisa triste de Emma.

— Está bien...

Nada estaba bien realmente.