Sabía que a Ray-san no le agradaba mucho Emma-san, pero... ¿Por qué todo tuvo que terminar de esta forma?
Era lo que se preguntaba Hayato entre la preocupación y la frustración, porque no supo que ocurrió el día en que Ray y Emma se fueron juntos. Ninguno parecía querer hablar del tema.
Ray era más serio de lo normal y sus contestaciones eran cortantes, además de que se la pasaba en dos lugares que ya no eran la azotea: En la biblioteca donde parecía perder la noción del tiempo si él no iba a buscarlo o en la enfermería donde mayormente se iba a dormir en los descansos a falta de apetito.
Y Emma, ella se la pasaba con su grupo de amigos. Pero las veces que la veía, podía notar fácilmente que su sonrisa no llegaba a sus ojos o que cuando nadie veía, su semblante se tornaba triste o melancólico.
Hayato trató de seguir manteniendo contacto con los dos, porque los quería. Y si ellos no estaban bien, entonces él tampoco podía decir que se encontraba bien. Y pese a que era asunto de ellos y no le incumbía, ciertamente le afectaba.
Entonces, ¿Qué podía hacer él? No quería ser un espectador.
- ¿Hayato-kun?
Levantó la mirada de los mosaicos del piso, encontrándose con una mirada chocolate que reconoció en poco tiempo.
- Oh, ¡Naomi-san! ¿Ocurrió algo? - preguntó, sonriendo brevemente -, ¿Se resolvió tu problema?
Naomi sonrió también, un poco apenada mientras rascaba ligeramente su mejilla -. Oh sí, ya se resolvió ese asunto - no quería decirle que Norman amenazó con elegancia a sus acosadoras, aunque le aliviaba que ahora todo estuviese en paz finalmente -... De hecho, yo quería saber si estabas bien. Es que... Pareces afligido y, no te he visto con Ray-senpai o con Emma-senpai.
La sonrisa de Hayato se desmoronó, reflejándose en sus orbes verdes su estado de ánimo —... No sé qué pasó entre Ray-san y Emma-san, pero los dos se notan tan tristes y... Me duele — apretó levemente los labios —. No sé qué hacer, Naomi-san.
La castaña apretó sus labios, pensando. Lo más factible sería que ambos hablaran, pero estaba casi segura de que ninguno iría a hablar con el otro por voluntad propia... A no ser...
— ¡Ya sé! ¡Ven conmigo, Hayato-kun!
— ¿Eh? ¿Cuál es tu plan, Naomi-san?
— Ya verás, por ahora vamos al concejo estudiantil.
La magnífica idea y solución de Naomi fue: Encerrar a Ray y Emma para que así los dos solucionaran su problema.
Para ello, le pidió ayuda a su novio. Quien le prestó a Bárbara y Cislo que serían los encargados de llevar a la fuerza a Ray y Emma a la bodega detrás del gimnasio; sobornando al conserje y los maestros para asegurarse de que nadie los interrumpiera.
— ¿No es esto abuso de poder, Naomi-san?
— Lo es, pero mientras Norman-senpai sea hijo del director de esta escuela, entonces todo estará bien — le aseguró, levantando el dedo pulgar con una sonrisa autosuficiente.
Hayato miró hacia la bodega, escuchando el ruido que los golpes hacían. Suspiró, ojalá Ray-san y Emma-san lo perdonaran.
— Además, no podrán salir sin la llave. Que está justo... Oh no.
Naomi y Hayato se miraron alarmados.
— Ah, ¿T-Tienes una copia de la llave, verdad?
— Yo... Desearía tenerla.
Quedaron en silencio con sólo el sonido y los gritos de los encerrados de fondo. Hasta que Hayato sonrió nervioso y habló.
— Podemos aprovechar a ir por una copia en lo que ellos hablan.
Naomi le devolvió la sonrisa igual de nerviosa.
— Sí, excelente idea.
¿Qué cosa podría pasar en su ausencia?
