Retroalimentación.

E A Blake chapter 25 . Oct 8: Muchas gracias por el halago, hubo mucho trabajo detrás de la entrega de esta pieza, y ver que te gustó tanto me inspira mucho. Creo que la caída de un grande era un paso lógico considerando el tipo de historia, y ahora sólo nos queda afrontar las consecuencias. Subaru tomó malas decisiones, y quizás lo más duro para él será que alguien más debe cargar con sus pecados. Sakura tiene que vivir su duelo, hay un par de cosas que debe aprender de la muerte en esta ocasión. Como siempre, gracias por el apoyo, y disculpa la tardanza. ¡Vamos a lo que sigue!

carmennj chapter 25 . Oct 9: Si sirve de consuelo, destellante hasta el final. ¡Gracias por comentar!

LizSaranjeiP chapter 25 . Oct 9: Debo decir que meterse con un personaje tan querido es complicado, porque eventualmente saldrá algo que no gustará en algunos sectores. Mis revisoras apelaron tanto como pudieron a que esto no pasara, pero creo que hay justicia en el desarrollo. También en la tristeza y la pérdida hay belleza, y creo que una muy buena forma de honrar a un personaje tan entrañable, es darle una salida épica. ¡Gracias por comentar y por la larga espera!

Brie97 chapter 25 . Oct 9: En la vida real, la muerte suele ser una perra. Y el primer signo de que nos atrapó de una forma u otra es esa incredulidad. Sin embargo, sólo es posible apreciar a las estrellas más brillantes durante la noche más obscura. El camino aún nos tiene un par de sobresaltos, veamos si nuestros personajes salen avantes de todo esto. Fue difícil tomar el destino de un personaje así y cerrarlo de esta manera, en especial porque no quería que fuera fútil ni fortuito, debía ser catártico, y cargar de significado su participación en el relato. ¡Disculpa por tardar tanto! ¡Gracias!

Guest chapter 25 . Oct 12: Superadas tus ganas de ahorcarme, gracias. Tengo que dar mucho mérito a mi editora. Ella es la que me pide que despedace al lector con líneas de impacto, y para nada me quejo del resultado. Sobre la vuelta a la vida… bueno, hasta la ficción tiene sus límites. ¡Gracias por comentar!

CherryLeeUp chapter 19 . Oct 19: Y apenas comenzamos. Chapter 20 . Oct 19: Ay, Hinoto… nada más no queda bien con nadie. Chapter 21 . Oct 19: Y en efecto, tu idea, pero nunca logro complacerte por completo. Incapacidad natural del género masculino, supongo, aunque me da mucha satisfacción que en algo tan distante al foco de tu estilo, como son las batallas, te hayan dejado satisfecha. Chapter 22 . Oct 19: Todos encontrando su trinchera y sus talentos… Sakura es una buena persona en medio de una pésima situación. Chapter 23 . Oct 19: No es una líder. Es cierto. No escucha razón. Igual de cierto. No acepta ayuda. Cierto también. Eso la haría depositaria de desprecio… a cierto nivel tal vez, pero lo cierto es que todo ser humano en medio de una situación extrema necesita catarsis. Tal vez aún no llega la suya. Chapter 24 . Oct 19: IA tsundere. ¿Quién lo hubiera pensado? Digno de CLAMP, ¿no? Vamos, todos sabíamos que Loyalty era un daño colateral más que anunciado. Chapter 25 . Oct 19: me parece una apreciación válida como excepción a la regla. Por mucho que me empeñe en hablar de la "perfección" de un personaje, lo cierto es que ninguno, real o ficticio, lo es. El personaje no está en un contexto que le permita salir avante sin perder cosas o sin equivocarse, pero eso no la hace menos digna, no obstante, lo cierto es que no puede tener la simpatía de todo el mundo, y eso no es del todo malo. ¡Gracias por los comentarios!

MissCerezoo chapter 25 . Oct 26: Esta infame plataforma no me avisó de tu reseña. Tomoyo es un personaje que no tiene desperdicio, es brillante y bello, y hasta sus aspectos no tan positivos son rescatables. Merecía crecer y, ya fuera a quedarse o a irse, debía hacerlo en grande. Ver que estuve cerca de llevarte al llanto se me queda registrado como un gran triunfo. No podría dignarme a llamarme a mí mismo "escritor" si no buscara mantener esperanzas, expectativa o incertidumbre hasta el último momento. Y sí, creo que todos conmiseramos con Kurogane. Sobre la última intervención de nuestra diva… pues no sé, es como me imagino el momento de partir. Sí, debió ser duro para el duque hacer frente a semejante escenario al despertar. Coincido totalmente: Sakura, por formación, contexto, personalidad y temperamento, iba a fallar, y si bien podemos hablar de corresponsabilidad en los hechos, verás que no es tanto como uno pensaría. Gracias por tu análisis. ¡Saludos para ti!

Gracias por la espera. Disfruten.


XXV.

Compromiso.

Había pasado una semana desde el acaecimiento de Tomoyo, prácticamente sin que nadie lo notara, pensando en lo irreal que todo parecía. En ese tiempo, Sakura apenas si había hablado un poco, tomado alimentos o se había levantado de la cama, en una depresión tan aplastante que la obligaba a refugiarse en el mundo de los sueños, como un fútil escape a una realidad tan cruel.

En una favorable coincidencia, Shinomoto no había dado señales de vida. Nada de sismos en el globo, dando un tiempo que aprovecharon las naciones para reorganizarse.

Los Dragones de la Voluntad hicieron otro tanto: Eriol comenzó a caminar al segundo día de su despertar, y al término de esa semana, había recuperado casi por completo sus fuerzas, aunque su magia se había visto perjudicada; por su parte, Xiao-Lang se había encargado de la organización de los sobrevivientes; Subaru sólo obedecía órdenes, carente completamente de voluntad, roto por una culpa que iba más allá de lo soportable.

Kurogane había dejado la mansión junto con algunas cosas y la urna de su esposa; se recluyó en la casa que había comprado junto con ella en el pasado, manteniendo una muy parca comunicación con Li.

El samurái había indicado que no podría estar en el mismo lugar que Subaru, el cobarde que en su indecisión condenó a Tomoyo; y del mismo modo con Sakura, que en su omisión, había dejado expuesta a la misma que ambos deseaban proteger, y más que eso: el tren de malas decisiones y comportamiento errático no había parado, y verla paralizada por la pérdida le provocaba tal exasperación, que lo mejor era no estar cerca o terminaría diciendo o haciendo algo que podría empeorarlo todo, aún cuando eso sonara imposible.

Xiao-Lang sentía con cada vez más urgencia la necesidad de sacar a Sakura de su depresión. No le molestaba hacer de líder, pero sabía que ese rol realmente no le correspondía, y trataría de dejar lo más libre el camino para ella a su vuelta. Pero debía ser rápido, o, literalmente, no habría futuro.

—Es por eso que, viendo los últimos eventos, necesito hacer esto cuanto antes —explicaba a Eriol esa mañana de viernes, sentado en el jardín.
—¿Encontraste algo que te sirva en los documentos de Clow?
—Sí. De hecho, es sorprendentemente detallado, aunque el procedimiento estaba diseñado para un escenario en el cual la identidad falsa de Yue hiciera muchas preguntas o no aceptara su naturaleza. Básicamente consistía en matarlo, expulsándolo de la mente de Yue y creando una identidad falsa nueva en su lugar, lo que dejaría al guardián inhabilitado por días… Sin embargo, por lo que he podido dilucidar, hay una manera de mantener a ambos con vida, aunque no está explícitamente descrito con esas palabras.
—Así era Clow. Dejaba sus registros incompletos, para que quien leyera sus obras se sintiera estimulado a investigar.
—¿Tú recuerdas algo de eso?
—Cuando eche un vistazo a los escritos seguramente algo vendrá a mi memoria.
—De lo que pude asumir, si no queremos que el alma de Tsukishiro sea destruida, necesitaremos que dependa directamente de algo que no sea la fuente misma de Yue, es decir, no puede ser Sakura.
—¿Tienes un candidato?
—Había pensado en mí mismo.
—No sería sensato. —Eriol se cubrió el mentón con la mano, acariciando la barba que no se había afeitado por semanas—. Eres un Dragón, tu batalla aún no llega, no puedes sacrificar tu energía en alguien más de cara a esa confrontación… Créeme, necesitarás de todo tu poder cuando ese encuentro llegue. Te diría que yo podría intentarlo, pero no sería responsable de mi parte, yo no vivo en Japón. Además de que mi poder mágico aún no se recupera, y no sé si volverá a ser el mismo que antes. Estudiaré los manuscritos, y en cuanto termine volveremos a tener esta conversación, espero poder ofrecerte una mejor respuesta entonces.
—De acuerdo. Gracias, Eriol. Sin embargo, he de insistir en que debería cargar yo con ese peso. Después de todo, Yue me lo pidió a mí.
—Bien —cerró el reencarnado, poco convencido—. Dile a Yue que espere lo mejor, preparándose para lo peor. Esta situación nos tiene en jaque a todos, y para solucionarla, tenemos mucha tarea por hacer. Les avisaré cuando pueda sugerirles un plan, y recomendaría que nos reuniéramos fuera de esta casa.


Muchas de las personas que habían conocido a Sakura, sabían lo peligroso de estar ante su inestabilidad emocional, apelando a las aterradoras implicaciones de su interacción en ese estado con la realidad misma. Era un hecho que no sólo tenía un poder mayor al de cualquier practicante de magia vivo, sino que además, era la elegida por la providencia para portar ni más ni menos que el poder de Dios.

Luego de tan funestos eventos, con el alma rota, tenía que enfrentar a los peores demonios: los que estaban en su mente. Ya antes había lidiado con ellos en otras presentaciones: miedo, indecisión, ingenuidad… pero esa vez, era en la peor manifestación posible: culpa.

Delante de ella, una pálida Tomoyo la observaba sin articular palabra, sin hacer gesto, con la blusa parcialmente hecha jirones, y una larga rasgadura ensangrentada a la altura de la boca del estómago. Sus ojos violáceos, alguna vez deslumbrantes, sólo conservaban el color como característica; no había destello en ellos, no había matices.

—¿Por qué no me dices nada? —cuestionó Sakura, apenas modulando su tono de voz.

Desorientada, su interlocutora le dio la espalda, comenzando a andar.

—¡Por favor! ¡No me dejes…! —gritó la abandonada, tratando de alcanzarla.

Al momento de intentar tomar su mano, una barrera invisible se lo evitó.

—No… —susurró la fallecida, sin volverse—. Ya no podemos estar juntas… tú lo decidiste así.

El errático paso de la doncella continuó su marcha sin dirección aparente, perdiéndose entre la niebla de aquel espacio indefinido, lejos de una mujer suplicante y destruida, cuyo único escape al dolor, ese espacio, estaba resultando igual de recalcitrante que la realidad misma.

Hubo un cambio de escena que la llevó directo al cuarto de huéspedes de su casa en Yumetani, lugar donde una de las más infames escenas que, por fortuna no presenció en todo su macabro esplendor, se desarrolló algunos meses atrás, y que a pesar de ese tiempo, seguía fresca por la incapacidad de sanar dado el inclemente contexto.

Una cama de blanquísimas sábanas, donde Fujitaka miraba hacia la ventana con ojos perdidos.

Cuando Sakura dio el primer paso para alcanzarlo, escuchó el característico sonido de pisar una superficie húmeda. Una delgada capa de viscoso carmesí cubría la duela, expandiéndose rápidamente. Angustiada, la mujer llamó a su padre, el cual hizo apenas un mohín, y se volvió hacia ella.

No había en su gesto la ira o el reproche que pensó encontrar.

Había decepción.

—Mi pobre hermana —sonó como una melodía, completamente disonante a la escena, macabro como escuchar algo hermoso en medio de una sala de ejecución—. Estás tan confundida… tan triste… tan sola.

Akiho se asomó desde el otro lado de la cama, levantándose para dar vuelta a la misma luego de tomar las manos de Fujitaka y susurrarle un "descansa". El hombre obedeció y al quedar tendido, la mortaja se ciñó a su cuerpo, quedando tal como Sakura lo recordaba de la última vez que lo vio.

—¿Por qué haces esto? —cuestionó la maestra de cartas, tratando de evitar a toda costa romper a llorar, y al mismo tiempo aterrada de la presencia de su contraparte, sabiendo que ella no era parte de su subconsciente como todo lo demás.
—¿Yo? No, Sakura. Ciertamente aquí, la culpable no soy yo… ¿quién aceptó el rol de Dragón de la Voluntad en primer lugar, haciéndome su gemini y virtualmente su víctima? ¿Quién dejó a papá solo en casa…? —bajó la voz una vez que estuvo junto a Sakura, prácticamente susurrando a su oído—: ¿Quién dejó a Tomoyo lejos de todos?

Se separó un par de pasos, mirando con poca convincente compasión a su hermana:

—No fui yo quien rompió el corazón de Tomoyo o atravesó el de papá. Si haces un ejercicio de honestidad intelectual, llegarás a la ineludible verdad… —elevó el mentón, displicente, y engrosó la voz—: de que la responsabilidad es más tuya que de los mismos ejecutores que se llevaron a seres tan amados de tu lado.

Sakura comenzó a sacudirse, sollozante.

—Piensa en eso, hermanita… nos veremos nuevamente mientras nos preparamos para nuestro encuentro al final —con esa animosidad tan poco consistente con el entorno, rodeó la cabeza de Sakura con sus brazos, besando su coronilla.


Cuando Sakura abrió los ojos, notó que era de madrugada. Xiao-Lang se había quedado dormido en el sillón a un lado de la cama, con la mejilla recargada en u puño, mismo que se le había quedado marcado. Parecía algo más que agotado. Sabía que él seguramente estaba preocupado por ella, lo que corroboró al ver la bandeja con su cena, ahora fría, y a la que llevaba días resistiéndose a cada horario; y eso que en otro tiempo la habría reconfortado, para ese momento sólo le provocaba más estrés y culpa.

—Xiao-Lang —lo llamó con la voz descompuesta por falta de uso.

Después de que él se agitara apenas consciente, lo tomó de la mano, guiándolo a la cama. Él accedió, pero daba la impresión de que no recordaría al día siguiente como había llegado ahí. Ella, sintiéndose indigna de ocupar un lugar al lado de aquel hombre, que a pesar de todo no la había abandonado, se sentó en el sillón. La depresión que sufría la obligaba a dormir, y sólo pasaron unos minutos para que volviera a sumergirse en otra tanda de pesadillas.


Después de que Sakura volviera a la cama por la mañana, todo sin haber probado más que un poco de agua como desayuno, Xiao-Lang apenas pudo contener el impulso de obligarla a levantarse y hablar.

Tomoyo llevaba ocho días de fallecida, mismo tiempo que Kurogane llevaba recluido en su propia casa a unos kilómetros de la mansión Daidoji. Él y Li habían hablado fugazmente esa mañana, y había un plan que ejecutar antes del mediodía, y el primer paso, sería una vuelta por el aún clausurado Narita.

Xiao-Lang, acompañado de Yukito y Eriol a bordo de una camioneta, se adentraron a una de las pistas privadas del aeropuerto, donde un helicóptero con el logo de Industrias Daidoji en el fuselaje aterrizó sólo para dejar a sus pasajeros en tierra, y despegó apenas cumpió su misión.

Li y la identidad falsa de su guardián hicieron una reverencia de noventa grados a los recién llegados, tres personas, familiares cercanos y queridos.

—Me llena de tranquilidad ver que pudieron llegar a salvo de vuelta… —levantó la mirada, incapaz de ocultar cierto nivel de culpa, pero completamente determinado—. Señora Daidoji, Kinomoto... —al ver a la tercera, se inclinó sobre una rodilla, extendiendo los brazos—: Yuzuki.

La niña, en un impulso, se lanzó a los brazos del que era su tío más cercano, dejándose abrazar.

—¿Por qué no vino la tía Sakura? —preguntó con voz bajita y ronca.
—Ella está… un poco indispuesta —respondió conciliador, notando los ojos hundidos de la niña, misma a la que tomó de la mano luego de levantarse, y se dirigió a Sonomi—: Lamento muchísimo todo lo que ha pasado.
—Lo sé —dijo ella, parca—, muchas gracias.

El vehículo atravesó en silencio las dramáticamente vacías calles de la ciudad, con una Sonomi que, ausente, viajaba en el asiento posterior, mirando sin mirar los terribles daños que la capital nipona había sufrido en los últimos días. El auto, conducido por Li, no tomó la curva que los llevaría a la mansión, sino que siguió un poco más, hacia un punto tanto más alejado, en los límites mismos de Tomoeda, hasta que alcanzaron un terreno mucho más modesto tanto en dimensiones como en construcción, pero muy acogedor.

Las rejas de la casa dejaron pasar al vehículo, abiertas por las mismas mujeres de negro que hacían las veces de personal de seguridad de la familia, tradición iniciada por la misma Sonomi, continuada por Tomoyo, y para ese momento, principalmente al servicio de Kurogane.

El auto se detuvo en la entrada principal de una casa con un recibidor japonés tradicional, con amplias puertas corredizas que sin lugar a dudas, llevarían a un tatami.

—Me quedaré con Yuzuki un momento —anunció Xiao-Lang, cuando la niña buscó refugio en su regazo apenas el auto se detuvo. Sonomi dio un asentimiento de conformidad—. Él quiere charlar con usted primero… a solas.
—Entiendo. Gracias, Li.

La mujer, con ese aire de suficiencia que ni aún su luto podía menguar, caminó hacia el umbral, y al estar ante él, una de las mujeres de seguridad le abrió la puerta corrediza, y se cerró al instante, dejando a los demás completamente ajenos a esa entrevista.

Tomando en brazos a una Yuzuki que también parecía agotada, Xiao-Lang hizo un gesto con la cabeza a Eriol, Touya y Yukito para que lo siguieran al jardín posterior, y así lo hicieron. Una vez ahí, puso a la niña ya dormida en una cómoda poltrona y la cubrió con su chaqueta. Luego, seguido del resto, caminó al centro del amplio jardín.

—Es momento, Yue —dijo a un Yukito confundido. El hombre se desvaneció, y al siguiente momento, el guardián de la Luna había aparecido.
—¿Qué está pasando? —preguntó Touya, al parecer, tomado por sorpresa.
—Tenemos que hablar del destino de Yukito —respondió Eriol con pesar.


—Kurogane —saludó Sonomi, luego de sentarse en seiza ante el samurai.

El amplísimo salón prácticamente no tenía menaje, pero lejos estaba de sentirse incompleto, por el contrario, su belleza consistía justo en ese minimalismo, potenciado por la generosa entrada de luz solar.

El hombre correspondió el saludo con una reverencia. Él mismo estaba sentado de forma ceremoniosa, vestido con un kimono blanquísimo, y Dragón de Plata en su regazo. A pesar de la pétrea seriedad en sus facciones, era un hecho que le pesaba más allá de lo explicable el sostener la mirada de su suegra.

Decidido al fin, dejó con suavidad su sable a una distancia razonable.

Aún sobre sus rodillas, se encorvó hasta que su frente tocó la duela, poniendo sus manos apenas un poco delante de su cabeza, mostrando absoluta sumisión.

—Sé lo que, por mis faltas, debo hacer ahora, pero no quería ejecutarlo al no estar en su presencia y la de Yuzuki. Mi debilidad e indecisión provocaron esta calamidad. He perdido a la mujer que amo, a la madre de mi hija, propósito de mis esfuerzos y timón de vida. Mi honor nunca podrá recuperarse de esto, y su memoria me seguirá hasta que llegue el momento de reunirme con ella, si es que aún soy digno de alcanzarla en la eternidad a la que ella llegó de forma tan gloriosa. Mi corazón me suplica que termine con mi miseria, y que con ello pague por mis desatinos. Si usted así lo concede, siendo la Amamiya de mayor edad, y honrando el pacto entre nuestros linajes… —su voz tembló un poco, con un sentimiento que podría ser interpretado como el de el animal que, herido, suplica por su propia muerte—. Deme la orden… y aquí mismo, tomaré mi propia vida para resarcir mi honor, e ir al lado de quien tanto extraño.

Sonomi presionó los pómulos luego de escuchar aquel soliloquio. Suspiró varias veces, dejando pasar un largo par de minutos sin responder. Finalmente, tomó aliento para una resolución:

—Levanta el rostro, muchacho —ordenó con firmeza, pero con voz suave. Apenas él obedeció, y siendo dueña de su atención, habló con la enorme determinación que la caracterizaba—: Mi Tomoyo no murió a causa de las decisiones de nadie más que de ella misma, ni tú ni Sakura tienen responsabilidad en eso, porque simplemente no estaba en sus alcances. Hay cosas dentro de todo lo que está pasando que yo simplemente no puedo entender, pero aquello que sí sé, es que mi hija era un Dragón de la Voluntad, una contendiente directa de esta batalla, por lo tanto… uno de los posibles resultados de su participación… era este. Tú conoces mejor que yo todas las responsabilidades y compromisos que ella cargaba por el simple hecho de ser quien era, y aún así, se las arregló para hacer frente a todo sin dejar de ser la mujer amable y feliz que recordamos, la que para mí fue una maravillosa hija, y que estoy segura que fue una gran esposa y madre… no seas tan egoísta como para pensar que esos juramentos de protección hasta la muerte eran unilaterales y sólo podían venir de ti. Ella, en el infinito amor que te tenía a ti y a su hija, salió a dar todo… ¿Qué será de ese inmenso regalo si tú decides morir? ¿Y qué hay de mi Yuzuki? ¿No te parece suficiente que haya perdido a su madre como para quedarse sin ti también? No voy a dejar que tu entendimiento, nublado por el dolor, interprete mal el enorme regalo que mi hija nos dio a todos. Tú cumpliste con tu deber hasta donde algo mucho más grande que tú mismo te lo permitió, y a mis ojos, esto no tiene nada que ver con el honor, y estoy segura de que a los ojos de Tomoyo es igual. Esto no ha terminado, aún hay personas a las que ella amó que tú debes cuidar, al igual que debes tomar con entereza el rol de padre y madre para mi nieta… y también es tu deber equilibrar la balanza. —Tomó el sable del suelo, luchando un poco al ser un objeto tan pesado, depositándolo en las manos de su dueño, y por primera vez, su voz se descompuso—. Que el glorioso propósito de un ser humano tan bello como era mi bebé se viera truncado de forma tan injusta, es algo que el mundo debería lamentar. Que esa retribución sea tu forma de buscar la redención y el descanso de su alma… Si pudiera hacerlo, yo misma iría en busca de ese consuelo, pero sólo soy una vieja… no tengo poder o conocimientos para imaginar una forma de reclamarle a la vida o al destino por esta injusticia, lo único que queda para mí es la resignación, y la esperanza de que tú puedas hacer lo correcto por todos nosotros. Mi niña murió para que tú, Yuzuki, yo, y todos los que le importaban pudieran vivir… y eso es lo que vamos a hacer. Tú, hijo, cumpliste tu misión: la amaste y le diste la posibilidad de formar un hogar, la cuidaste como al precioso tesoro que era, y me demostraste que mis prejuicios contra tus formas estaban equivocados, y eso es algo por lo que nunca podré dejar de agradecerte… pero aún no has terminado de recorrer ese camino, aunque nuestra familia esté rota, nada podría destruirla… la ausencia de mi pequeña sólo ha logrado reforzarla aún más. —Tomó un profundo suspiro para recomponerse y evitar que el llanto la quebrara, y resolvió—: Así que deja esos pensamientos tan vergonzosos de lado, que aún te corresponde ser fuerte por alguien más.

Sonomi se puso de pie, mientras que Kurogane la observaba con ojos enrojecidos, a nada de romper en llanto. Decidida a preservar la dignidad y fuerza de su yerno, la mujer caminó hasta la puerta contraria a la que le dio acceso, saliendo del recinto.

Un par de minutos después volvió acompañada.

Yuzuki entró a la carrera al salón, y en un instante se había lanzado a los brazos de su padre, hecha un mar de llanto. Él se aferró a ella, incapaz de procesar cuánto la había extrañado, y deseó con todo su corazón poder llorar ambos por la persona amada y perdida, pero sabía que no era el momento aún, todavía no podía lamentarse, todavía tenía que velar por la tranquilidad de Tomoyo.

Ese camino tenía dos destinos, ambos podían recorrerse sólo a través de la espada: la victoria en el Día de la Promesa… y la muerte de Sakurazuka.


—Entonces… es por eso que estamos aquí —concluyó Touya después de la detallada explicación que Eriol le diera.
—Sí. Xiao-Lang se encargó de hacer una ardua investigación, y encontramos un método, aparentemente confiable, pero con altos costos a pagar. —Eriol retiró los ojos del follaje, donde había estado absorto mientras hablaba, encarando al mayor de los Kinomoto—. Pero estamos dispuestos. Cada vida que logremos preservar, es preciosa. No pudimos proteger a Yuzuriha ni a Tomoyo… Tsukishiro tendrá una historia diferente.
—¿Tú estás bien con esto? —Esa vez, Touya miró a Yue.
—Claro que sí. Todos merecen sobrevivir, y de una forma u otra tienen los medios para buscar esa supervivencia. Yukito, al estar ligado a mí, no tiene esa ventaja, y yo quiero dársela. Ustedes pueden y deben vivir.
—El procedimiento debe ser hecho a medianoche, no sería conveniente hacerlo hoy, pues estamos en luna nueva —interceptó Li, siendo la luna el principal origen de su propio poder, conocía sus ciclos—. Además de que es necesario hacer múltiples preparativos.
—¿Y cuándo se hará? —retomó Touya.
—En dos semanas, al inicio mismo del plenilunio.
—Yo puedo ceder mi magia si…
—No. —Eriol, aunque no fue agresivo, sonó determinante ante la intención de Touya—. Tu misión será otra, Kinomoto, y te necesitaremos en la mejor condición posible. Xiao-Lang también debe conservar sus energías, al igual que Kurogane. Para hacer todo el ritual, sólo seré necesario yo, que heredo parte del poder e incluso de la tradición mágica de Clow.
—Es un gran plan, pero definitivamente no serás tú quien lo haga. —Fue Li quien habló, sonando determinante—. No es un secreto que tu magia se afectó muchísimo entre el ritual de nigromancia y la batalla que tuviste. Con todo respeto, no creo que puedas soportar una tercera intervención así de demandante. Por otro lado... —observó con intensidad al guardián—. Yukito es una persona muy cercana a mi familia, y Yue se acercó expresamente a mí para solicitar ayuda. Yo debo hacerlo.
—Yo también creo que el mocoso es el más adecuado —intervino con su voz profunda Kurogane, integrándose finalmente al grupo, con su hija en brazos.

Xiao-Lang dio un apenas perceptible suspiro de alivio al ver la calma en su mejor amigo. Desde que se había ido de la mansión, tuvo miedo de que en un impulso fuera a cazar al Dragón del Destino responsable de su tragedia, y encontrara allá su propia muerte. Después de la charla con Sonomi, y por supuesto, del reencuentro con Yuzuki, que un poco ausente jugaba con el nacimiento del cabello en la nuca de su padre, parecía mucho más sosegado. Era el primer paso de muchos para recuperar el camino.


—Gracias, maestro Wei… puede dejar la charola ahí.

Fueron las únicas palabras que en una voz rasposa abandonaron la boca de Sakura, que no levantó siquiera la cabeza de la almohada, ni se quitó la frazada.

El preocupado anciano dio un discreto suspiro al recuperar la charola con la comida de la tarde, completamente intacta, para dejar en su lugar la de la cena, que sabía que recogería por la mañana en las mismas condiciones.

—El amo Xiao-Lang ha avisado que viene en camino, estará aquí en pocos minutos.
—Gracias.

Al llegar a la puerta, Wei se volvió para hacer un escrutinio más concienzudo de la mujer, notando que había perdido al menos un par de libras de peso.

—Ama Sakura… —tanteó terreno.
—Gracias, maestro Wei. Puede ir a descansar —esquivó ella.

Pensando en que él no era la persona adecuada para hacerla entrar en razón, hizo una reverencia que ella no vio, y dejó la habitación.


El ocaso comenzaba a caer. Touya no pudo más que bajar la mirada cuando vio a Li abandonar su alcoba, con rostro compungido. Ahí, apenado, le informó que Sakura no respondía a su llamado, y que ni con la noticia de que su hermano estaba de vuelta en el país, logró hacerla despertar o levantarse.

Sonomi sugirió incluso entrar hasta quedar ante su lecho y reclamarla, pero Li le pidió al menos un par de días de espacio, y que sería él quien intentaría traerla de vuelta, agradeciendo para sus fueros internos que Kurogane no hubiera accedido a volver, pues sería el tope de su exasperación.

—De entre todos nosotros, quizás los que más podrían padecer la pérdida de mi Tomoyo, son Sakura, Kurogane, y por supuesto, Yuzuki… para ellos representaba una parte integral de su mundo —comentó la verdadera dueña de esa casa—. Mi Tomoyo ya no está, pero la misión que tienen enfrente no ha terminado, ni para ustedes ni para nosotros. Es tu deber traerla de vuelta, porque no hay tiempo para esto… Cuando todo termine, le daré al cielo todas las lágrimas que no puedo derramar ahora por mi hija, y Sakura debe afrontar con entereza esta pérdida, o el sacrificio de Tomoyo habrá sido en vano, y más personas morirán.
—Lo sé… pero… ¿cómo sacar de su cabeza la idea de que ella es la culpable de todo esto?
—Li… —la mujer endureció el gesto—. ¿Te parece que realmente Sakura puede tomar la plena responsabilidad de lo que le pasó a su padre o a Tomoyo? ¿O a toda la gente en el planeta que ha sufrido a causa del Día de la Promesa? ¿No te parece que asumir toda esa culpa es un acto increíble de egoísmo y soberbia? Si esa loca no hubiera ido por Fujitaka, quizás su sangre estaría en las manos de Sakura. Si Tomoyo no hubiera combatido como lo hizo, este lugar, Tomoeda misma no existiría más. Ella debe respetar la elección de mi hija, porque aún en la muerte… mi Tomoyo obtuvo una de las más importantes victorias de esta guerra. Su responsabilidad no es llorar por lo que no puede cambiar, sino de honrar el legado que está recibiendo de los que se marcharon.

Sonomi dio las buenas noches terminada esa oración mientras hacía una reverencia. Xiao-Lang la vio ir a su antigua habitación sintiendo una inmensa admiración por ella, pues inevitablemente la comparó con su propia madre, firme e inamovible a pesar de la inmensa carga que llevaba.

Se preguntó entonces si él o Sakura serían capaces de alcanzar semejante grado de entereza.


—¿Qué es lo que está pasando? —preguntó Yukito, intranquilo, sentándose en la cama de su habitación.
—¿En serio? ¿No me has visto por semanas y esa es tu pregunta? —respondió Touya, poniendo su equipaje en la cómoda, dibujando una media sonrisa.
—No te burles de mí, sé que me estás ocultando algo… todos ustedes, de hecho.
—Es una sorpresa. Sólo te pido que confíes en mí, ¿de acuerdo?
—¡Touya! —reclamó de forma infantil, casi haciendo un puchero.
—Te eché de menos —lo ignoró el mayor de los Kinomoto, acercándose y comprimiendo la cabeza de su compañero de vida contra su pecho.
—Y yo… sin embargo…
—Dilo de una vez —apremió, notando la duda en los ojos de Yukito.
—Verte de vuelta en medio de esta situación me hace pensar que lo haces como una forma de resignación.

Touya deshizo el abrazo con delicadeza, y acercó una silla para quedar de frente a aquel hombre. Después de tantos años juntos, uno de los vínculos más fuertes entre ellos seguía intacto: seguían siendo mejores amigos. Por lo mismo, ocultarle tantas cosas a Yukito le pesaba terriblemente, y si bien no le revelaría todos los planes, al menos cedería en hacerle saber su sentir con toda la situación por delante:

—No sé qué es lo que va a pasar en los próximos días —confesó—. Papá ya no está, al igual que muchas personas cercanas a nosotros; Japón y el mundo están rotos y abrumados, y Sakura no es capaz siquiera de recibirme. Estoy tan confundido que no sé qué es lo que voy a hacer desde mañana… pero hay algo fijo en mi mente: estaré al lado de los que amo hasta el final. No podía quedarme en China mientras mi hermana estaba sufriendo pérdidas y dolor aquí, y no soy el único que lo piensa. La señora Li y mis sobrinos serán los siguientes en volver a Japón.
—Pero Touya… sin ánimo de sonar exagerado… estamos hablando de que el fin del mundo podría iniciar aquí…
—Y por eso mismo, lo recibiremos juntos. No sabes cuánto me pesa no haber podido despedirme de papá cuando murió, no haberle dicho lo mucho que lo quería y cuánto le agradecía una última vez… no voy a hacer pasar a mis sobrinos por el mismo dolor.

Conmovido, el conejo le tomó las manos, besando sus palmas con suavidad.

—Gracias por volver.
—No hay nada que agradecer. No iba a desperdiciar unos boletos en primera fila para el fin de los tiempos —dijo sonriente, para aligerar aún más el momento.
—Qué tonto.

Touya intensificó el agarre.

—Juntos hasta el final —indicó él.
—Juntos hasta el final —confirmó Yukito.

Le sabía mal ocultarle algo tan importante como lo que Yue había propuesto, pero para cumplir esa promesa de estar juntos hasta el final… era necesario.

XXV.

Fin.

Después de tan larga espera, no podía faltar mi agradecimiento a WonderGrinch por sus reacciones tan auténticas, y a CherryLeeUp por sus comentarios y acertada perspectiva.