Capítulo 44
Al despertar a la mañana siguiente, Ross se encontró solo en la cama. Había dormido más de lo habitual a saber por la luz que entraba por la ventana y porque podía escuchar a Garrick ya ladrando en el patio. Seguramente estaba persiguiendo alguna alimaña, ojalá cazara más conejos… Ross se acordó de aquel día en que el perro había aparecido con un conejo muerto en el hocico, como Demelza se había puesto verde al verlo y casi se descompone. Le había llamado la atención porque ella no era delicada con esas cosas; estaba acostumbrada a vivir en una granja en donde animales muertos era moneda corriente. Pero ahora su reacción tenía sentido. Y cuanto dormía por las mañanas últimamente. Eso también lo había adjudicado a otros motivos. Casi se había sentido satisfecho por eso, que ella quedara agotada después de sus aventuras nocturnas. Pero esa no era la razón. Y Ross se sentía aún más orgullo por el motivo real. Iba a ser padre. El concepto aún no terminaba de cerrarle. Aún parecía algo increíble. Pero las señales habían estado allí, y Demelza estaba en lo cierto, él tampoco las había visto.
Cuando bajó a desayunar, la cocina ya era un frenesí. Una máquina en movimiento. Con Prudie amasando lo que parecía pan suficiente para alimentar a todo Sawle y Demelza revolviendo una gran olla con lo que dedujo por el aroma era mermelada de frutillas con una mano y con la otra daba vuelta unas tostadas que tenía sobre una plancha al fuego. Mientras Jud batía con vigor el suero para hacer manteca. Las tazas estaban puestas sobre la mesa, y la pava estaba al fuego.
"Creo que esto ya está, Señorita." - Dijo Jud, inclinando la mantequera para que Demelza la inspeccionara.
"Sí, Jud. Ya está lista. Déjala allí, yo me encargo. Gracias. El desayuno ya casi está listo."
El viejo se limpió las manos con un trapo y se sentó a la mesa, y Ross interpretó que el aviso iba dirigido a él también, así que también se sentó. Pronto las tostadas estuvieron listas, y Demelza las acercó en la mesa en un plato, tomó algo de la manteca recién hecha y la sirvió también, volviendo rápidamente a seguir mezclando la mermelada en la olla. Jud se sirvió su creación con prisa. Su sirviente había ido a ayudar a la mina todos los días también, aunque él iba más tarde. La pava empezó a hervir y mientras Prudie terminaba de amasar y cubría la masa con un trapo y lo acercaba al horno, Demelza vertió el agua en la tetera y la a la mesa también.
"¿Está lista esa mermelada?" – Jud torció la cabeza mientras daba un mordisco a su tostada.
"¡Jud! Ella no es tu sirvienta…" lo regañó él, levantando un poco la voz.
"No, Jud. Esta muy caliente todavía. Pero creo que queda una en la despensa…"
"Búscala tú. Jud, ve tu a buscarla."
Demelza lo miró de reojo mientras el hombre se levantaba y ella volvía a revolver a la olla. Los dos miraron al viejo rascándose la cabeza mientras contemplaba en la despensa. El último tarro de mermelada estaba frente a sus narices. Prudie fue a su ayuda y tomó el tarro, los dos volviendo a la mesa. Prudie vertió el té en las tazas.
"¿No vienes a desayunar?" - Ross preguntó cuando solo ella faltaba en la mesa.
"Sí, en un momento."
Demelza terminó desayunando de pie bajo la atenta mirada de Ross que controló que se terminara su taza de té y comiera las tostadas con manteca que le preparó Prudie. Además, se calentó un poco de leche y repitió otra rodaja de pan con mermelada. Sabía que Ross la estaría controlando que comiera, pero no era por eso solamente. Era consciente que debía alimentarse bien, que ahora comía por dos y debía mantenerse fuerte.
Para cuando terminaron de desayunar, la mermelada ya estaba lista y esperando a enfriarse para guardarla en los frascos. Había pensado repartir algunos tarros entre sus vecinos, pero no había salido mucha cantidad y en la despensa ya no quedaba. Y la verdad era que se la quería comer ella sola. Si Ross no estuviera allí, agarraría una cuchara y comería directamente de la olla. ¡Judas! Iba a engordar como una vaca.
Cuando Ross estuvo listo para irse a la mina, Demelza estaba dando forma a los panes para darles el segundo leudado.
"No deberías trabajar tanto. Prudie debe ayudarte." La mujer lo miró con mala cara, pues ella estaba lavando los platos y las tazas que habían acabado de usar.
"Prudie me ayuda en lo que puede. Pero hay mucho que hacer."
Viendo que la mujer paraba la oreja, Ross le pidió a Demelza que lo acompañara al salón. Demelza salió de mala gana, limpiándose las manos enharinadas en el mantel.
"¿Prudie sabe?" - le pregunto cuando estuvieron solos.
"No, nadie sabe. Solo la Señora Martin, ella fue quien se dio cuenta."
"Creo que deberías descansar. Ahora tienes a alguien más en quien pensar."
"¿Y no hacer nada en todo el día? No, Ross. Hay un millón de cosas por hacer. Algunas de las familias de los mineros ya no tienen que comer. Por las tardes le llevo el pan que podemos hacer. Y algunas verduras de la granja, pero no es suficiente…"
Ross suspiró. "Lo sé." – era su culpa. – "Pero tú no tienes que sobre exigirte. ¿No puede ser peligroso? ¿Para el bebé?"
Demelza se llevó una mano a su todavía inexistente panza. Podía ver lo que Ross pensaba en sus ojos. El peso de la culpa que sentía por lo que había ocurrido en la mina. Pensar que todo lo que quería ese día era abrazarlo y protegerlo. Protegerlo de el mismo, de esa culpa que de seguro sentía.
"Ross… nunca haría algo que pensara que pudiera hacerle mal. Es mi bebé, lo amo más que a nada en este mundo…"
Ross la miró fijamente, con una punzada de ¿celos?, no estaba seguro. De lo que si estaba seguro era que Demelza era lo suficientemente prudente como para no hacer nada arriesgado, y en verdad él no sabía absolutamente nada acerca de embarazos. En eso debería confiar en ella.
"…Y lo voy a cuidar, no te preocupes por eso."
"Creo que viviré preocupado el resto de mi vida..." – Demelza le sonrió tímidamente.
"Quería preguntarte. Hemos pensado que sería buena idea que sembremos alguno de los campos para que podamos repartir la cosecha entre las familias que quedaron sin ingresos."
"¡¿No pensaras agarrar una guadaña?!"
"No. Alguno de los Martin, Jim y otros de sus amigos quieren hacerlo. Les dije que lo hablaría contigo, pero que no creía que hubiera problema."
"No, por supuesto. Pueden sembrar todo lo que quieran. Yo también los ayudaré. Después de todo ese será nuestro ingreso de ahora en más también."
"¿No hay esperanza en Leisure?"
Ross negó con la cabeza.
"Debo irme. Vamos a vender las herramientas y las máquinas. Hay que buscarlas y limpiarlas."
Por un momento pensó que iba a besarla. Demelza se quedó quieta, Ross estiró el brazo hacia su rostro y paso su dedo pulgar por su mejilla.
"Tienes mermelada en el cachete."
"Oh…"
Durante las siguientes semanas, Nampara se vio sumergida en una tensa calma. La noticia de que estaban esperando había servido para relajar la tensión entre Ross y Demelza, pero no la había subsanado del todo. Para eso alguno de los dos debería dar un paso más grande, tener un gesto más profundo que hasta ese momento ninguno de los dos se atrevía a dar. Era como si bailaran uno alrededor del otro, estudiándose, precavidos, ambos con temor a ser heridos de nuevo. Pero al menos las cosas no estaban tan mal como en esa primera semana después del derrumbe.
Ross desayunaba en casa todas las mañanas. Conversaban educadamente sobre los quehaceres y el trabajo en la mina. Ya casi habían terminado de limpiar el nivel derrumbado, habían separado todas las herramientas que se podían vender y la siguiente semana serían rematadas. Ross, ayudado por Jim Carter y Jud, había comenzado a arar el campo, y con el poco dinero que les quedaba habían comprado semillas. Habían destinado una parcela cercana a las cabañas para que sus inquilinos también pudieran sembrar, Ross los había ayudado y les había regalado semillas también. El único momento irritante que habían tenido, fue cuando Ross se enteró que Demelza había salido a pescar con Jim Carter y la señora Martin y la había ido a esperar para regañarla. A ella, a Jim, y a la señora Martin también. Jinny le había contado que echaba chispas. Ella no había ido porque su panza de siete meses se lo impedía, así que se había quedado a esperarlos en la playa. No era algo que hiciera por primera vez. Salir con el bote que estaba guardado en la caleta e internarse unos cien metros dentro del mar. Durante el invierno era imposible pescar algo en los arroyos, pero allí conseguían sacar algo al menos. No era ningún esfuerzo, Jim se encargaba de empujar y sacar y guardar el bote, él y la señora Martin remaban, porque por más que ella quería ayudar, la madre de su amiga no la dejaba. Así que ella sólo se encargaba de limpiar los peces que pescaban, nada más. Pero como explicarle eso a Ross. Les había hecho prometer que no la llevarían más. Que usaran el bote cuando quisieran, pero Demelza se quedaba en la costa con Jinny. ¡Darle órdenes a la Señora Martín! Que seguramente lo había visto nacer… pues ella no prometió nada y caminó de prisa cuando regresaron a casa sin dirigirle la palabra. Pero eso había pasado ya hace varios días, y el ambiente se había distendido de nuevo.
Otra cosa que Demelza notó que se distendía, era su cintura. No era visible para nadie más aún, pero en su abdomen había ahora una pequeña hinchazón que antes no estaba. Demelza buscaba cualquier momento que tenía a solas y corría a su habitación para mirarse en el espejo. Allí, pequeño aún, estaba su bebé. Creciendo día a día. Tal vez no era una muy buena idea salir a pescar después de todo, decidió.
"Haré lo que sea por ti, chiquitín. Tú no te preocupes, mamá cuidara bien de ti." – Si, también había empezado a hablar con su chiquitín. Y a cantarle. Ross la había escuchado un par veces cuando llegaba a Nampara. Se había quedado escuchándola desde afuera hablar con alguien. Al principio creyó que era con Prudie, pero pronto descubrió que le hablaba al bebé. ¿Qué se le podía decir a un bebé que no había nacido aún? Al principio había puesto los ojos en blanco y entrado sin más. Ella se quedó en silencio apenas notó su presencia. Por eso ahora se quedaba unos minutos afuera, escuchándola. Sabía que había sido muy duro. Que ese día todo fueron desgracias y él se descargó con ella. Por más ofendido que pudiera estar. Se sintió traicionado, y sí, celoso. El solo hecho de pensar que Demelza pudiera amar a otro hombre… siempre lo hacía perder los cabales. Pero ella aún estaba allí. Y contenta, además. No cantaría si no estuviera contenta. Aunque tuviera pocos motivos para estarlo. De seguro él no le daba motivos.
Una mañana mientras estaban desayunando, alguien llamó a la puerta. Un momento después, un agitado Capitán Henshawe entró en la cocina quitándose el sombrero.
"Mis disculpas Ross, Señora, por interrumpir su desayuno. Pero los muchachos ya no querían esperar más…"
"¿Qué ocurre?"
"Anoche… los del último turno encontraron esto…" dijo el hombre, buscando algo en su cartera y colocándolo sobre la mesa entre Ross y Demelza.
Era una roca. Una gran roca color verduzca que se parecía mucho a…
"Cobre." – dijo Demelza.
"Es lo que creemos."
Ross tomó la muestra y la examinó con cuidado.
"Un poco de cobre no significa que haya una veta."
"No, pero esa no es la única muestra. Han estado despejando uno de los sectores que se derrumbaron. Encontraron esto y más… al parecer con el derrumbe también cayó la pared que daba a la vieja mina, la que estábamos buscando."
Ross levantó la vista hacia Demelza, que lo miraba con sus ojos verdes llenos de esperanzas.
"No nos hagamos ilusiones. Puede ser el resto de una veta que cayó de Leisure." – dijo Ross, para aplacar un poco las expectativas de todos. Podría ser nada. De seguro no era nada. – "Hay que inspeccionarla."
"Es por eso que he venido a buscarte." Dijo Henshawe.
"¿Puedo ir yo también?" – preguntó Demelza.
"No bajarás al túnel." Ross dijo inmediatamente. Demelza se lo quedó mirando.
"Uhm… hay muchas muestras en la superficie. No tendrá la necesidad de bajar." – intervino Henshawe.
Al final Ross accedió, y los tres se apresuraron rumbo a Wheal Leisure.
Demelza, haciéndole caso a Ross para variar, se quedó en la superficie. Separados de los montículos de tierra y roca sin valor que habían sacado en las últimas semanas, había un montoncito de rocas parecidas a la que Henshawe les había mostrado. Era cobre, sin duda. Demelza se había quedado sola sobre el acantilado en el que la mina ancestral estaba emplazada, los pocos hombres que estaban trabajando habían bajado con Ross y el Capitán a mostrarle el hallazgo. Estuvieron abajo durante un par de horas. Tiempo suficiente para que ella inspeccionara las rocas y el desorden que era el lugar. Si reabrían necesitarían capital para invertir, para arreglar lo que ya se había desmantelado, para apuntalar. En el tiempo que le quedó se puso a ordenar la vieja oficina de Ross, estaba todo revuelto.
Lo supo apenas Ross asomó la cabeza por la trampilla. Habían encontrado cobre. Ross intentaba contenerse, él sabía también lo que costaría volver a poner la mina en funcionamiento. Pero a saber por la alegría de todos los demás, al parecer valía la pena.
"Bien. Definitivamente hay cosas en que pensar. Tengo que revisar los planos. Y convocar a una reunión con los inversores. No nos hagamos muchas ilusiones, muchachos. Saben que no será fácil convencerlos. Por lo pronto apuntalemos todo ese sector antes de seguir sacando escombros. Henshawe, ¿vienes a Nampara? Hay que ir a llamar a Zacky."
"Iré a buscarlo y estaremos en tu casa en un momento."
"¿Dieron con la vieja mina? ¿Con Wheal Maiden?" le preguntó Demelza ansiosa una vez que estuvieron lo suficientemente alejados.
"Eso parece."
"¡Oh, Ross!" - exclamó.
"Puede que no sea nada. Puede que lo que hayan sacado sea lo último que queda de cobre." La interrumpió de inmediato él, resistiéndose a hacerse ilusiones. Tantas cosas malas habían pasado, esto aún podía ser otra decepción. Pero Demelza no se dejó desanimar, y una sonrisa se dibujó en su rostro.
"Pero al menos hay esperanza, y eso es mucho más de lo que había ayer."
Ross, Zacky y Henshawe se habían pasado toda la tarde encerrados en la biblioteca. Solo habían salido para ir a Leisure y habían vuelto horas después para volver a encerrarse. Demelza les llevó algo de brandy durante la tarde, a las cinco les ofreció té con torta y para cuando volvieron les tenía la cena preparada. Los dos hombres le agradecieron mucho por su gentileza. Por lo que había llegado a oír, el problema era el que ella se temía. Necesitaban dinero para comprar vigas y parantes, para pagar a los mineros y para traer carbón de Gales.
Demelza ya estaba acostada cuando escuchó que los hombres se iban. El día había sido largo, pero a diferencia de otros no se sentía tan pesaroso. Estaba leyendo cuando Ross entró arrastrando los pies, a la vez que se quitaba el chaleco y se dejaba caer de espaldas pesadamente sobre la cama. Tan pesadamente que Demelza rebotó y casi pierde la página del libro. Por suerte tuvo la delicadeza de no subir los pies, porque aún tenía las botas puestas y estaban llenas de barro.
Ross cerró los ojos apenas su cabeza tocó la almohada. Estaba exhausto, pero a diferencia de otros días ahora su mente estaba llena de ideas, de planes, de cosas que debía hacer, personas con las que debía hablar. Alguien le había dado una última carta, y era su responsabilidad jugarla bien. De eso dependía el destino de sus empleados, de decenas de familias y, más importante, el de la suya propia.
Demelza cerró el libro y cuidadosamente lo colocó en su mesita de luz, se levantó y en puntas de pie rodeó la cama. Ross recién se dio cuenta que se había levantado cuando sintió que alguien tiraba de su bota. Sin decir nada, la ayudó a que le quitara el calzado aflojando el pie. Luego le ayudó con la otra. Y a quitarse las medias. Mientras ella llevaba las botas cerca del fuego para que se sacaran, Ross se retorció sobre la cama para sacar las mantas de debajo de su cuerpo y taparse. Con los párpados entrecerrados la vio soplar las velas que había encendidas junto a su lado y meterse en la cama.
A diferencia de otras noches, Demelza no se dio vuelta para darle la espalda. Quería que le contara cuales eran los planes, si creía que podrían abrir de nuevo.
"Ross…"
"Mmmm?"
"La mina abrirá de nuevo? ¿Qué dijeron Zacky y el señor Henshawe?"
Ross abrió un ojo perezosamente y bostezó antes de contestar.
"Si fuera por ellos abriríamos mañana mismo. Pero hay muchas cosas que hacer antes. Asegurarnos que encontramos una veta, lo primero. Y, más importante, necesitamos dinero. Y eso no es de donde va a salir. Nosotros estamos secos y dudo poder convencer a alguno de los inversores que tire más dinero en esa mina."
"Pero ahora hay seguridad de que hay cobre."
"Una mina siempre es una apuesta." Ross había entrecerrado los ojos de nuevo, casi no la veía. Pero volvió a enfocarlos cuando ella se quedó callada un momento.
"¿Qué hay del Señor Tonkin? Él estaba interesado en invertir en la mina…"
"De seguro ya invirtió su dinero en otro lado."
"Eso no lo sabes… ¿Por qué… porque no lo invitamos a almorzar con su familia? Así le puedes contar las novedades y ver si aún está interesado."
"Uhm… no lo sé, tal vez. Supongo que no perderemos nada con preguntar."
"Le escribiré a su esposa a primera hora de la mañana. La crucé un par de veces en la feria de Redruth, de seguro vendrán."
"¿Lo crees?"
Demelza asintió alegremente. Ross no pudo evitar sonreír.
"No te entusiasmes. La situación no es muy distinta a como era ayer."
"Es completamente distinta. Hoy hay esperanza…"
"¿Crees que hay esperanza para nosotros?" - Ross susurró luego de un momento.
Demelza abrió los ojos sorprendida por el repentino cambio de tema. Ross levantó algo más la cabeza sobre la almohada.
"No lo sé, Ross… me lastimaste. Y sé que yo te lastime a ti también…"
"Demelza…"
"Y tú a veces puedes ser tan… tan…"
"Cruel." – la ayudó él. – "Esa fue la palabra que utilizaste."
"Yo cometí un error, lo sé. Pero no lo hice deliberadamente. Tendría que haberte contado, pero hay tan poco que decir en verdad. Todo fue una ilusión infantil, nada comparado a lo que… nosotros teníamos. Y lo siento, y te dije que lo sentía pero tú no quisiste escucharme. Dijiste cosas horribles, y luego quisiste humillarme…"
"Demelza…"
"Así que no sé… porque ¿cómo podemos seguir adelante si cada vez que ocurre algo te disgustas de esa forma? Y desconfías de mí. Lo mismo ocurrió con tu primo…"
"Lo siento." Ross la detuvo antes que comenzara a llorar. Su labio inferior ya estaba temblando mientras hablaba. – "Siento lo de esa noche. Las cosas que dije y como te traté. Y por no haberte dejado explicarte. Es solo que… sabes cómo soy, tu conoces mi carácter…"
"Que lo conozca no significa que me agrade."
"Lo sé. Lo sé. Es solo que… antes, nunca tuve que preocuparme por lo que otra persona pensara, por lo que otra persona sintiera. Joshua, Joshua hacía su vida. Una no muy decente si quieres saberlo. Y yo solo tenía que preocuparme por mí mismo y nadie más. Y… tengo mis maneras. Se que no son muy delicadas. Se que soy impulsivo y temperamental, y que me dejo llevar por los primeros sentimientos sin detenerme a pesar si estoy haciendo daño a alguien o no. Esa noche, todo era oscuridad. Una tragedia había ocurrido y me encontré con un hombre en mi sala que decía ser el verdadero amor de mi esposa y quería llevársela."
"Y lo primero que pensaste era que me iría con él como si tu no importaras, como si todo lo que hubiera dicho fuera una mentira y todo este tiempo no hubiera significado nada para mí."
Ross suspiró. Hasta él se daba cuenta de cuanto había exagerado.
"A mi gran lista de defectos debes agregar que soy muy celoso."
"¡No es gracioso, Ross!"
"Lo sé. Pero es la verdad. Soy muy celoso de ti… Demelza, lo lamento. Lamento que te hayan hecho casar con un hombre como yo. Lamento esa noche y lamento lo de Elizabeth también. Creo, creo que quería darte celos a ti…"
"Pues lo único que conseguiste fue que me enfadara contigo."
"Y tenías toda la razón al hacerlo. Fui un tonto en eso también. Sabes, ese día me di cuenta de quién es Elizabeth realmente. Ella y yo, jamás habría funcionado. Ella jamás podría ser como tú. Tu eres tan buena y generosa. Siempre tratas de ayudar a todos los que te rodean, siempre ves el lado positivo aun cuando las cosas son malas. Siempre intentas salir adelante, llevas el corazón en la palma de tu mano… yo, entiendo por qué no me contaste lo de ese joven. Y…"
De golpe, Ross vio como Demelza saltaba como si le hubiera caído un rayo. En un segundo estuvo sentada contra el respaldo de la cama, las palmas de sus manos sobre su vientre. Ross se apoyó sobre el codo, alarmado.
"¿Demelza?"
"Shhh…" dijo mirando hacia su abdomen. "… se movió."
"¿Qué?" Ross no comprendió de que estaba hablando hasta que Demelza agarró con fuerza una de sus manos y la puso también sobre su vientre.
"El bebé… creo que se movió." Ross abrió mucho los ojos. "¿Qué ocurre chiquitín? ¿Acaso no te estamos dejando dormir?"
"Demelza…" Con la mano apoyada sobre la tela de su camisón, Ross no tenía idea que era lo que supuestamente debía sentir. "¿Qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Está bien el bebé?"
"¡Ahí! ¿Lo sentiste?"
Pues no sabía exactamente qué había sentido, pero si había sentido algo.
"A ver, di algo."
"¿Quién? ¿El bebé?"
"No, tú. Di algo. Las dos veces que se movió tu estabas hablando."
"¿Y qué digo?"
"¡No se! ¡Cualquier cosa!"
"Pues… como te estaba diciendo, de verdad lo siento mucho, Demelza… Sí, ¡sí! Lo sentí yo también. Al… pequeñín…"
"Chiquitín."
"Chiquitín. Y creo que tú, chiquitín, deberías convencer a tu madre de que perdone a papá. Porque papá de verdad lo siente mucho y de verdad intentara mejorar y no ser tan cascarrabias…"
Mientras Ross hablaba en dirección al vientre de Demelza, ambos habían sentido como su hijo se movía dentro de la panza. Era una sensación rara e inexplicable. Cuando levantó la vista, lágrimas corrían por las mejillas de Demelza y tenía una gran sonrisa en sus labios.
"¿Estás bien?" - susurró.
"Pues… pues no." Dijo ella aun sonriendo. "Yo me la paso todo el día hablándole, contándole cosas, ¡cantándole! Para que vengas tú y digas un par de tonterías y ella aparezca."
"¿Ella?"
"Creo que es ella. O él. No estoy segura aún. Es mi chiquitín."
"Nuestro chiquitín."
Los dos se volvieron a acomodar en la cama. Ross acomodó las mantas sobre sus hombros, pero volvió a llevar su mano sobre su pequeña pancita para dormir.
"¿Me perdonas entonces?" – susurró.
"Lo pensaré, Ross."
Fin del Capítulo 44
